Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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jueves, 23 de diciembre de 2010

Liz Cramer

Ella premió a todos aquellos que consideró merecedores. Lo hizo desde que asumió el cargo, desde el 2006. Como su padre, tenaz, firme, clara. Humanizó la gestión pública; la convirtió en algo cálido, liberándola de su estado de lejanía, frialdad, vacía e inactiva.
Digo que ella, año tras año, premia a la gente que aporta lo suyo para que el área donde opera, el turismo, vuelva a ser importante en Paraguay.
Pero, ¡maldito pero!, nadie se acuerda de otorgar un premio a ella.
Sí, hablo de Liz Cramer, la ministra de Turismo, la amiga de medio Paraguay, la que defiende los intereses nacionales en todos los foros del mundo donde estemos representados por ella. Hablo de la mujer que moriría antes de ver el fracaso de una gestión que se le encomienda.
Pero, que yo sepa (bendita ignorancia si estuviera equivocado) nadie la declaró "buena" - no digo ni siquiera la mejor - funcionaria pública. No vi en las ediciones de diciembre un reportaje a doble página para que desarrolle los logros paraguayos en asuntos turísticos, ni vi por la tele.
No sé si la Unión Industrial Paraguaya la envió una carta de reconocimiento por trabajar tanto este año para traer turistas, algunos de los cuales, seguro, han mostrado interés en invertir en el sector.
Quizás, calladamente, la Asociación Rural del Paraguay, el gremio de los ganaderos, la haya enviado una carta por estas navidades para agradecerla el esfuerzo a favor del turismo rural y desearle felices fiestas. Puede que yo nomás no sepa que los dueños de estancia han sido gratos con ella.
Me dirán que los funcionarios públicos están en sus cargos para hacer bien sus tareas no para esperar un premio. Seguro estoy que ella no estará esperando un premio, que para eso tiene la dureza de un Cramer, la de un lapacho imperial.
Y me pueden decir, incluso, que estos no pasan de ser sino melindres mios. Libres somos de decir.
Dicen que lo cortés no quita lo valiente. Podemos ser corteses y reconocer con un gracias sincero a quién trabajo duro en pos de un objetivo colectivo. No debemos ser pobres en agradecimientos.
Y me dirán que el problema es el gobierno, que Lugo, que su entorno, que la mar en coche. Que por eso retaceamos reconocimientos a Liz. No sé. El mismo presidente de la República debiera reconcerla porque sencillamente tenemos una ministra de lujo, ¡qué andar dando vueltas...!
Francamente, pensé que alguna asociación, gremios, empresas, la reconocería este año, los cuatro que lleva de poner hombro desde la Secretaría de Turismo.
Desde luego, no es problema de ella, es de la sociedad infiel e ingrata. Sin reconocimientos Liz hizo un montonazo; lo que haría si la gratitud de los paraguayos le hiciera un guiño. Para ser gratos no necesitamos sino de la predisposición del corazón.
Me hubiera gustado leer en el diario, en la mañana de Navidad, que Liz Cramer fue elegida una de las paraguayas más guapas de Paraguay a lo largo del 2010. Pero parece que me quedaré con las ganas.
Nadie se dió por aludido como quién deba tomar la iniciativa de reconocer el mérito del trabajo de la compatriota que puso gente extranjera en hoteles, comercios, restaurantes, taxis, en todo el país. ¿Donde están los dómines? ¿Nos hemos amancebado con la ingratitud, con el "maerá pió", el "oi porama ningo"?
Entre tanto, tengo la certeza que no se detendrá: seguirá agradeciendo el mérito de los demás.
El año que viene, quizás, con un poco de suerte y viento a favor, la ministra, egregia compatriota, ya tenga un premio en las manos. No sé ....



sábado, 18 de diciembre de 2010

El vyro

El vyro, en sus diversas categorías - por no decir gustos y formas - integra parte del criollo mobiliario paraguayo. Están el vyro chusco, el vyro chaleco, el vyro letrado, el vyro paha, el arriero vyro a secas y; sus anexos, el vyroreí y vyreza.
Están mimetizados en todas partes: en la política, la religión, el deporte, el periodismo, el parlamento, en la Justicia, en la casa, en las redes, en la calle...
Viste de traje, corbata, camisa Oscar de la Renta, tiene maletín Samsonite, tres celulares Black Berry, calzados Guante, anda en coche japonés, es abogado pero en su tarjeta personal se presenta como doctor fulano de tal, sin haber presentado jamás una tesis para intentar el doctorado. Es el Bismarck, el pillo ilustre del pueblo de Vetusta, de Leopoldo Alas.
Este es el vyro chusco con derecho a ocupar un privilegiado sitio también entre los vyro letrado. El vyro chusco es el que se hace cargo de la cerveza que chupan los perros como condenados.
El chusco es el soberbio. En guaraní se dice "chusco ha mal gasto, arriero mondohoha" (la soberbia y el mal gasto arruinan al hombre).
Se deja llevar por lo que dicen los demás; exclama "¡¡ciertooo!!" en cada punto y aparte del discurso pronunciado por algún político de cuarta ("la política está hecha a base de las inepcias", sentenció Pío Baroja); llora amargamente en un velorio porque una señora (como "Ña suave" y "Ña Zoila", famosas "lloronas" de la Asunción de antaño) exclama entre llantos, previo pago desde luego, las virtudes del difunto. Son los vyro chaleco.
El vyro letrado es una mezcla de pícaro, rufián, truhán y de escasa academia. Generalmente gusta ser gestor de cualquier cosa, policía, inspector aduanero, hurrero.
El vyro (tonto) esencialmente es necio, ingenuo, crédulo, alelado, ignorante. Es capaz de matar o morir por tonteras.
Perú-Rimá es la personificación del vyro letrado.
Cuentan que el caudillo colorado José Gill, quién no era de saber discursear, dijo a su alicaído grupo de montoneros el día antes de atacar una ciudad y tras una derrota: "Muchachos, para la acción de mañana mi plan es solo esto": (gesto alrededor de la garganta, como degollando, gesto de recoger o robar y gesto de poseer o violar). Fue suficiente para que sus huestes se energizaran y arrasaran.
Vyro es degradante por lo que ya alguien se encargó de alejarlo como adjetivo activo para quedar con el más cómodo, elegante y respetado: letrado.
"I letrado pe tipo" dicen del pícaro, avivado y astuto para convertirlo en una suerte de héroe porque sabe salir de los trances difíciles, hace justicia a su modo y se burla de los poderosos. Dice Dionisio González Torres que representa en parte la viveza del "pila". Pero, en esencia, es el vyro.
Un político colorado no dudó asumir su marcante: "Letradito". El vyro letrado es capaz de manejar a los vyros en general. Por ejemplo aquel dice a los agricultores vyros que no planten más algodón y; estos dejan de plantar iniciando, a causa de dicha estupidez ,larga como penosa vía crucis de necesidades.
Porque entre los campesinos campea el vyro que se deja llevar por otro vyro nunca puede salir de sus necesidades. "tecove vyro pe ojhenduva, oikuane pane" (el que sigue consejos de tontos termina fracasado) decía Dolores, mi abuelita.
El Paraguay está manejado por muchos vyro letrados. Es un grave problema.
El académico Juan Aguiar Benitez en su "Diccionario de castellano usual del Paraguay" menciona que "letradear" es aprovecharse en beneficio propio.
El conductor del micro que recibe boletas de sus pasajeros le permite letradear a sus patrones. Ni hablar de los politiqueros que elección tras elección letradean a los campesinos e ignorantes.
Algunos políticos prometen paga por los votos y terminan por no pagar. Aquellos son vyro letrados; estos, unos vyros elevados a la quinta potencia con yapa y todo.
El vyro pahá es capaz de ahorcarse por una mujer infiel; morir en una prueba de ruleta rusa y creer lo de "sos el mejor hombre del mundo" pronunciado por la novia, también infiel.
El vyro a secas es desafiante. Colocando sus brazos en jarra y los puños en sus costados escupe su "ejuna ape nde karia´yramo" porque se cree el más fiero del universo y comarcas vecinas. Pero no hay que darle tanta corte porque es más probable que esté mintiendo porque - como afirmaba Teodosio González - los paraguayos "son perezosos y mentirosos desde el Presidente hasta el último patán"
De todos modos, de vez en vez, su tonta necedad le hace creer que todos le admiran y está convencido que si se arrojara sin paracaídas desde un avión no va a sufrir ni un rasguño.
"Omanó reieté", comentarían otros vyros si aquel muere en el intento.
El vyro es capaz de vestir un traje pero con "champiu" y camiseta Cerro Porteño. Es el vyro arriero portepe.
El trabajador y sincero no es vyro. Que conste en acta.
Pero muchos dicen de los que estudian como condenados que son vyros, que con eso no se enriquecerán; que para ser rico antes que cante un gallo se debe procurar un cargo público y ya está.
El vyro tiene un gran amigo, el ñembotavy. Es su "cuate último" porque él también, cuando le conviene, se hace del ñembotavy. Dentro de este particularísimo estado del paraguayo se añade su magno arte de evadir; va, veloz, como los monos, hasta por las ramas más frágiles en su plan evasivo siempre lleno de sorpresas.
El Paraguay, además, está minado de vyros letrados que quieren "bolear" al semejante, así sean estos presidente, diputados, senadores, ministros de la Corte, sacerdotes, periodistas, albañiles o taxistas.
¿Es vyro porque es informal en su trato, ladino y suspicaz hasta la mala fe?
Ya por la década de 1920 Teodosio González se quejaba porque "el comerciante y el agricultor aprovechan en cuanto pueden de la inadvertencia del cliente, de la ocasión propicia accidental, de la simpleza de un tonto o de la debilidad de un niño para explotarle o despojarle, con precios de excepción o con la calidad inferior de las mercaderías, o la inexactitud en el peso o la medida".
Estamos ante el vyro en plena acción y sosteniendo la alarmante decadencia de siempre en la sociedad paraguaya.
"Sonsera itereí ningo upeva" (esas son insignificancias) dijo una vez nada menos que el presidente Luís González Macchi cuando se le sorprendió con un automóvil robado como si fuera suyo. El presidente vyro chusco, paha,chaleco y letrado queriendo engañar a la gente. No es fácil llegar a ser vyro en varios frentes...
En esto de ir de contramamo en Paraguay hay muchos que no dejan de dar puntadas con hilo. Por eso, pienso, estamos como estamos. La cultura del vyro está aquí haciendo de las suyas y muchísimos haciéndole el aguante.
¿Vyresa?, puede ser, pero es nuestro día a día, nuestra identidad, koa ñande hina, nuestro yo paraguayo ¿para qué negarla? ñandereta ko la vyro hina...




viernes, 17 de diciembre de 2010

Colección de servilletas

Colecciono servilletas de bares, restaurantes, heladerías, cafeterías, pancherías, pulperías, etc. Las tengo de Paraguay, Argentina, Brasil, España, Italia, Portugal, Estados Unidos, por donde anduve. El primero que traje a casa fue un porta tasa (un papel absorvente redondo) de la cafetería "Mallorca" de Madrid, y a partir de allí me entusiasmé.
La servilleta para mi es el mejor souvenir de mis paseos. Me recuerda si el lugar era caro, barato, confortable, concurrido; si la atención fue buena o mala y de la compañía que tuve en ese momento, si lo tuve; incluso las fechas porque en algunas servilletas las anoté.
El 24 de diciembre de 2007, como a las 17.00, estuve tomando una cerveza con un amigo mío, paraguayo, en el "Hard Rock", de la Plaza Colón de Madrid. La base para copa que tengo me recuerda a la cantidad de paraguayos sentados a esa hora de aquella fecha en la plaza, en medio del frío. Me pareció una imagen triste.
Tengo una servilleta con la dedicatoria de mi amiga María Dolores en el bar "El Reloj", en Granada, Andalucía. "Después de visitar la casa natal de Federico García Lorca (un placer) visitamos este bar para reponer fuerzas", me escribió en el papel. Fue el 31 de mayo de 2008.
En algunos limpiabocas hice, incluso, reportajes. Uf!, en uno están los testimonios de tres paraguayas reporteadas en un pueblito llamado Antequera, en Málaga. Aquel reportaje para el diario "Crónica" de Asunción me trajo dolores de cabeza. Pasó que mis entrevistadas fueron leídas por sus parientes en Paraguay, muy disconformes por salir en un diario "para cachaqueros, cachiai y ñembo modelitos".
Un día hacía mucho frio en Madrid y entré a una churrería (donde se hacen churros) llamada "La antigua chucherría", con el que calmé el frio que me llegaba a los huesos. Miro la servilleta que tengo en mi colección y siento y fresquete en la espalda.
La servilletade la "Frutería Paraguarí", de Paraguarí, me huele a sandías, melones, uvas, mangos, piñas. Es un pecado viajar por la ruta Uno y no detenerse en ese sitio para darse una panzada de ensaladas de frutas.
Tengo guardadas servilletas enormes como las de la cadena "Cañas y Tapas" de España, son de color vino; restaurante "Hontanares", de la avenida América, de Madrid, o la de "La Pérgola Jardín", de Asunción y; de la "Pastelería Suiza", de Lisboa.
De cafeterías tengo a más de ls mencionadas, las de "Café & Té" y "Juan Valdéz" (Madrid), "Corumbá" (Asunción), "El café de acá", "Lugano", en fin, de casi todos los sitios asuncenos.
Hablando de estos papeles de descarte, la guarania "Un cielo de ñandutíes" escribió Rovisa en una servilleta y, probablemente "Che Jazmín" por Teodoro S. Mongelós.
Tengo otra colección de azúcar en saquitos, lo mismo que de te y otros que "afané" de las cafeterías. Esta colección es un poco delicada, la debo controlar a menudo para que las hormigas no deban echarme a parderlos. En la foto, un popurrí de servilletas de mi colección.
¿Por qué uno colecciona cosas, como yo servilletas?, probablemente por lo que José Saramago llama "angustia metafísica", eso de no soportar la idea del caos como regidor único del universo.

jueves, 16 de diciembre de 2010

La bandera

Nadie la presta importancia. Se trata de una tela tricolor destrozada en la cima de un mástil al costado de la ruta, en el departamento de Caaguazú. A nadie importa que esté rota, destrozada, sucia, abandonada.
¡Va!, apenas se trata de una bandera dirán los indiferentes y ese es el problema, la indiferencia.
Pedí a Ignacio que detuviera la marcha de la camioneta. Desenfundé mi cámara y apunte al cielo azul de la media mañana y accioné el disparador y capté la imagen triste de una bandera sin paraguayos que la puedan arriar como para cambiarla por otra nueva.
Henry Miller dijo alguna vez que nadie es lo suficientemente pequeño o pobre como para ser ignorado. Pienso en aquella bandera de Caaguazú y no sé si Miller tiene razón. Al menos esa bandera paraguaya caaguaceña es muy pequeña y pobre como para que incluso quién la izó la ignore, la deje flamear, deshilachada, a lo alto de una suerte de mastil ante la mirada de miles de viajantes.
¿Amamos nuestros símbolos nacionales?
Cuando veo tanto abandono con la bandera fotografiada tengo ganas de generalizar y decir que los paraguayos somos nomás luego así. Que no amamos, ni respetamos ni defendemos la tricolor, excepto cuando once paraguayos andan corriendo detrás de una pelota a cuentas de la casaca Albirroja. Cuando se chuta hay patriotismo sin límites...
No sé, me vuelvo un poco pesimista.
Pero recuerdo ahora que en mayo vemos a miles de escolares con la cintita tricolor en el pecho, sobre el uniforme. Sonrío de nuevo y digo que no todos los paraguayos ignoran a la más bella de las banderas del mundo.
Pero unos indolentes hacia la patria nos incitan a generalizar.
Es que se trata de nuestra bandera, de ese tejido de tres colores que simbolizan la patria, el paraguayo, la costumbre nacional, el tekové apyteré del compatriota y la nación entera. Simboliza nuestra libertad, nuestros derechos, nuestra dignidad paraguaya.
Cuando veo una bandera destrozada como la de Caaguazú tengo ganas de decir que los paraguayos somos todos unos abandonados, unos parias, cimarrones, sin respeto alguno a lo genuínamente nuestro. Esa bandera destrozada me hace pensar en nuestra pequeñez, en que somos unos liendres, unos practicantes de felonías sin límites.
Me sobran ganas de decir que no sólo apoyamos a los corruptos en el poder, sino que también vendemos nuestros votos en los días eleccionarios; que abrimos universidades para enseñar nada y dar títulos vacios a jóvenes esperanzados pero también vacíos.
Que somos una nación de indolentes e irresponsables que a cuentas de la democracia seguimos tolerando la invasión a la propiedad privada y los asaltos a mano armada a bancos, cajeros automáticos o al peatón para robarle su celular, porque - supuestamente - "no hay luego trabajo" entonces que pase lo que pase y que Dios se encargue de poner orden en el desorden que nos mandamos como sociedad.
En la cabeza de esa gente intento meter el amor a la bandera. Reconozco, es una locura de parte mía.
Antes de decidirme por visitar al psicólogo prefiero pensar que hay paraguayos capaces de indignarse como yo. Muchos paraguayos. Incontables. Y me hace bien pensar en esa posibilidad. No todos somos abandonados a nuestros infortunios, no todos somos tan atorrantes como para dejar flamear una bandera paraguaya rotosa y sucia en plena ruta internacional y ni tampoco todos ignoran la bofetada a nuestro principal símbolo. Los "a mi qué",son los menos. Quiero que sean los menos.
Sí ... muchísimos amamos a nuestra bandera.....







lunes, 13 de diciembre de 2010

Anónimos

Repito lo que todo el mundo afirma: la humanidad creció, crece y seguirá creciendo mediante la mayoría anónima; de esa que pese a exponer pechos a las metrallas sus nombres no serán recordados por la historia, excepto que la casualidad haya metido mano para que así no fuera.
Paraguay no es la excepción. Aquí también hubieron señoras y señores anónimos que aportaron lo suyo para que la nación siga adelante. Pese a ser los don nadies, vulgares juanes pueblos ayudaron a que el colectivo nacional tenga y sostenga su identidad.
De los cumulunimbus de la nada, sin embargo, y mediante un guiño de la casualidad, fueron rescatados algunos, apenas algunos, nombres para ventura de quienes desean reconocer, aunque tarde, el aporte pretérito que viajó en el tiempo, hasta nuestros días, hacia el infinito.
Acaso en Luque ya nadie recuerde a Isidro Martínez ("Maestro Chiró"). Fue el maestro albañil que comandó la construcción de la iglesia.
¿Y "María Ykua Satï", aquella famosa por su garbo y donaire, amiga de hacer favores, reina de las danzas populares asuncenas? ¿Y quién recuerda al teniente coronel Américo Benitez, quién en Laureles venció al montonero colorado José Gill?
Si bien en 1911 tuvo que haber sido comentado entre los combatientes, ¿quién sabe hoy a quién regalo el coronel Albino Jara su pistola al quedar herido para su pronta muerte?; aquí se lo decimos: a un tal Ángel I. González, un poeta de Paraguarí.
Un piadoso anónimo fue Tomás Aquino, el que fuera dueño del panteón en el cementerio de Paraguarí donde se depositaron los restos del coronel Albino Jara (huesos y polvos ahora se conservan en una urna en el mausoleo de los héroes en la plaza central de Luque).
Carmelita Cordal era, afirmaban algunos sobrevivientes de la Guerra contra la Triple Alianza, una hermosa mujer que, al igual que Pancha Garmendia, rechazó las pretenciones sentimentales de Francisco Solano López. Ella se anovió con Carlos Decoud, a quién López hizo matar, por celos probablemente ¿Quién recuerda a Carmelita?
¿Y Pedro Egusquiza?, era el novio de Pancha Garmendia a quién López también mandó asesinar. El Mariscal practicaba, sin dudas, el amor a tiros y sablazos.
Waldino Palacios no aportó nada bueno a Paraguay pero algunos libros lo registraron para la posteridad. Fue el que huyó a Buenos Aires con la pintura de la Anunciación de la Iglesia de San Ignacio y jamás volvió, mucho menos fue rescatada la pintura. Waldino fue hijo de Bernardino Caballero y María del Socorro Palacios, ex sargenta en la Guerra Grande y en directa dependencia de Elisa Alicia Lynch. Una madre llena de coraje; un hijo lleno de sinvergüencía.
¿Quién recuerda a Waldino y a María del Socorro?
Rosalía González, una vecina asuncena, vió, escondida entre unos matorrales, cómo Solano López era sacado en la mañana del 1 de marzo de 1870 del arroyo Aquidaban Nigüi con vida, según relata el coronel Silvestre Aveiro en sus memorias.
"Ña Zoila" y "Ña Suave" eran famosas lloronas de Trinidad que cobraban por llorar en los velorios; "Toro Pychai", el lanceador de mujeres en la Guerra Grande; "Tomás Carapeguá", un famoso guitarrista de los años 1830 y 1840 y; "Rubén Campoamor" el seudónimo de Aparicio de los Ríos en su juventud.
Desde luego, no es todo de la infinita lista de anónimos que para su momento quizás no pasaron desapercibidos, sí para la historia.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Serenatas

La serenata no surgió en Paraguay como a muchos serenateros nos hubiera gustado que fuera. Viene de lejos y se pierde en el tiempo; primero anduvo por Europa, luego, a través de los españoles se instaló en varios lugares de América, también en Paraguay.
A lo mejor miles de familias no se hubieran formado en nuestros países sin el recurso nocturno de la serenata. La timidez del pretendiente se encargaba de barnizar el cantor y las guitarras junto a la ventana cuyas rejas abrazadas por santarritas y jazmineros. Muchos miles habremos nacido mediante un bolerazo de aquellos o una guarania ejecutados en el justo momento en algunas de aquellas juglarescas madrugadas paraguayas.
Me recuerda las músicas nacionales que refieren a las serenatas. "Serenata triste" de Juan B. Mora; "Al pie de tu reja", de Remberto Giménez y Fernando Rivarola; "Nde rendape aju", de Flores y Ortíz Guerrero, los clásicos infaltables en el rovetä (ventana) de la amada.
Porque la serenata, en verdad, se inspira en el sentimiento pasional de un hombre con una mujer, aunque también se serenatea a la madre, la hermana, el padre, el abuelo, la abuela, en fin.
El repertorio musical paraguayo tiene una veintena de músicas para los momentos de declarar el amor con la complicidad de los seis caminos de la guitarra: "Serenata clásica", de Julián Alarcón; "Serenata" de Agustín Barboza; "Serenata agreste", de Alcibiades Cartes; "Serenata guaraní", Fernando Centurión; "Serenata", Epifanio Méndez Fleitas; "Nde rovetame che ama apurahei", Toledo Núñez y Teodoro S. Mongelós.
Sigue con "mi serenata de amor", Carlos Federico Reyes; "Serenata arribeña", Emilio Bobadilla Cáceres; "Serenata de adios", Alejandro Villamayor; "Serenata viajera", del caballerense Juan A. Torales; "Nde rovetame Elenita", también del caballerense Aristídes Valdéz; "Noche de serenata", del encarnaceno Filiberto Zarza; "Serenata okara", Herminio Giménez y M. González; "Serenata para ", Raúl Achón; "Serenata a mi azucena", Dionisio Delgadillo.
Agustín Barrios también compuso "Serenata marisca", mientras que César Antonio Cardozo algo menos exquisito pero, quizás, también cargado de sinceridad, "Serenata Cañaditare" y de buena voluntad de aportar al cancionero madruguero de la nación.
A todas estas canciones, desde luego, se añaden las de siempre, una sentida guarania o un bolero mejicano que para qué les cuento.
Finalmente, tras repasar esta incompleta lista de composiciones inspiradas en las serenatas me entran nostalgias de aquellos tiempos cuando con mi dúo Chiqui Velázquez caímos en manos de un policía que andaba patrullando las madrugadas de Fernando de la Mora y con quién llegamos a un feliz como oportuno acuerdo: en vez de ir presos por carecer de permiso para andar cantando por ahí, fuimos a llevar serenata a su esposa hasta el alba.
Claro, tengo otras anécdotas que les debo para la próxima ....

Letizia Ruíz y Yennifer Pedrozo

Me agrada esto de que las mujeres marquen grandes pasos hacia adelante, ocupando sus espacios; es decir, espacios reservados para la gente más talentosa. Mónica, mi hija, es una de ellas, pero ahora no hablaré de ella (me babeo cuando cuento sus logros académicos) sino de otras paraguayas, Letizia Ruíz (foto), que a sus 36 años de edad es nada menos que comandante de una aeronave de la compañía TAM y de Yennifer Pedrozo (27) piloto militar.
El otro día vi la foto de Letizia en los diarios ¡Comandante de un avión!, exclamé; y, sí, nada más y nada menos. No, no la conozco personalmente, supongo que sus padres estarán muy orgullosos de ella, como yo de Moni, mi flamante médica veterinaria, especializada en tortugas, osos polares, elefantes marinos y pingüinos (eso sí: no sé si por aquí hay esos animales para que ella les sirva).
No les quepan dudas: yo viajaría a ojos cerrados en una máquina conducida por una mujer. No soy tan machista como para no darme el gusto de volar en un avión comandada por una del supuesto sexo débil, más todavía si fuera paraguaya.
Esto de volar siempre atrajo a muchas compatriotas mías. Berta Servián de Flores fue la primera aviadora paraguaya. Trabajó en el correo aéreo Asunción - Encarnación, durante los primeros años del gobierno de Alfredo Stroessner. Excelente piloto, pero fue despedida por Stroessner porque a ella se le antojó gustarle el Partido Revolucionario Febrerista.
Después vinieron Mary Picco, Chela de Lird y María Teresa Fragnaud, que al igual que Amelia Earhart, Carola Lorenzini, Linda Pauwels, Diana Barnato Walker, María Harts y otras que se pusieron al mando de sus respectivos aviones y volaron alto y lejos.
En diciembre del 2008 egresó con 25 años de edad de las aulas de las Fuerzas Aéreas la paraguaya Yennifer Pedrozo. Se recibió de piloto militar y seguro que alguna vez, cuando tengamos, se pondrá a comandar un avión de guerra. Emocionante por donde se lo mire.
¡Bien, Letizia!, comandante de esos avionazos de TAM ...
¡Bién, Yennifer! .... ¡bien, paraguayas!....