Detrás de la puerta, esto

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Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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sábado, 16 de febrero de 2008

Aquellas penurias económicas de Nicanor

Lo elemental en su cédula de identidad policial: Óscar Nicanor Duarte Frutos, paraguayo, nacido en Coronel Oviedo el 11 de octubre de 1956, de nacionalidad paraguaya. En el camino se haría de profesiones varias: relator de fútbol, cronista político, abogado, profesor. Después fungiría de viceministro de Culto, jefe de prensa de un movimiento político, ministro de Educación y Culto (luego de Cultura, presidente de la Asociación Nacional Republicana y de Presidente Constitucional de la República del Paraguay). No fue heredero de ninguna industria ni de fortuna alguna (su padre fue un modesto alcalde policial), jamás ganó la lotería de fin de año de Madrid ni "El Gordo" de la Lotería Paraguaya, ni fue accionista mayoritario de empresa alguna. Pero hoy, después "de las penurias que han curtido el día a día de su existencia", como a "La Burrerita" de Mayans, es dueño de estancias, granjas, mansiones lujosas, aviones, vehículos blindados, envía a sus hijos a costosas universidades extranjeras, y quiso formar parte del exclusivo y aristocrático Club Centenario de la capital paraguaya. Su historia hacia el enriquecimiento comenzamos relatando sus inicios en Coronel Oviedo y, luego, de su inclusión en la lista de cronistas del diario de Demetrio Rojas, sobre la calle Benjamín Constant, en Asunción.
Era un muchacho pobre, acosado por las mismas limitaciones económicas que los chicos de su cuadra, su aula y su núcleo familiar, en el barrio "El tronquito" de Coronel Oviedo. En los inviernos ovetenses también sufrió los rigores de la helada que quemaba las plantas de sus pies, camino a la escuela o al del mercado en cumplimiento de un mandado. El sueldo de alcalde policial del padre no era suficiente como para abrigar a toda la familia y aliviar el torrente de moco tras el resfrío de semanas.
Adolescente, gustó del periodismo deportivo. Oviedo Javier Talavera, desde su "Panorama Deportivo", por radio Nacional del Paraguay, primero y; Radio Ñandutí, después, sintonizado en la vieja radio a válvula en su casa, fue su modelo de periodista. Flaviano Díaz, su compueblano y "volkitero" de Talavera, le motivaba aún más para ser, algún día, relator de fútbol a través de la radio emisora de Hilarión Correa, en Coronel Oviedo, donde también hacía de jefe de prensa. Soñaba con ser famoso como el director de "Panorama Deportivo".
Perseveró y se hizo de un lugar en el periodismo deportivo ovetense. Relató los partidos de su pueblo, viajó a Asunción, Villarrica y Caaguazú detrás del oficio. Ganó su primera plata mediante los avisos comerciales que conseguía en Oviedo. Se hizo de una moto y terminó el ciclo secundario de enseñanza en el colegio "Pedro P. Peña" de su pueblo.
Un día, Arturo Rubín, relator de fútbol, le hace el enlace para practicar en el diario Ultima Hora. Para esos primeros dos años de la década de 1980, Nicanor Duarte Frutos ya estaba residiendo en Asunción buscando proseguir sus estudios en la carrera de derecho en la Universidad Nacional de Asunción. Estudiar lejos de la casa paterna tiene sus bemoles económicos que demandan más rebusques, aunque para eso Nicanor tenga que empezar algo nuevo, como el periodismo escrito.
Félix Humberto Paiva, secretario de Redacción del vespertino, ex periodista deportivo y cronista de informaciones rurales, ordena enviarlo a Toro Cuá, cuenca del Ñacunday, al sur del Alto Paraná, para una cobertura sobre producción de trigo. La sección "Fotografía" del diario le provee de una antigua cámara Pentax y un rollo de película blanco y negro de reserva. De la noche a la mañana, el novato cronista se vió ante la responsabilidad de sacar fotos para un diario, cuando en Coronel Oviedo sólo veía la cámara fotográfica para aficionados de sus amigos en los cumpleaños, la colación estudiantil o en los paseos domingueros a las playas del Tebicuary, camino a Villarrica.
Aquella primera cobertura periodística de Nicanor Duarte Frutos tuvo sus consecuencias. Veamos de qué se trata.
Marissa, la secretaria de Takao Moriya, gerente general de la empresa norteamericana "Agriex", por orden de su jefe tomó el teléfono e invitó a viajar a la finca de la empresa en Toro Cuá, al redactor de este artículo – entonces periodista del diario ABC Color - y a un periodista de Ultima Hora, que resultaría ser Duarte Frutos. La cita era a las 7.30 en el hangar de Latourrette y Parini, para volar a bordo del bimotor de Agriex. El comandante de la nave, el coronel Ramón Guerra, aguardaba a los dos únicos pasajeros.
Nicanor Duarte Frutos ocupó el asiento ubicado inmediatamente detrás del piloto. Guerra le indicó cómo se ajusta el cinturón de seguridad y, a partir de ahí, el enviado de Ultima Hora se mantuvo en silencio. Un viaje tranquilo que, sin embargo, tampoco motivó ningún comentario por parte del ovetense.
A ambos periodistas se sumaron los enviados de canal 8, de Ciudad Presidente Strossner.
En los trigales propiamente dichos, Nicanor continuó siendo el introvertido viajero del asiento trasero del avión. No preguntaba, no festejaba los chistes y las bromas de los concurrentes a los sembradíos, ni tomaba parte de las rondas de tereré. Un periodista atípico.
El retorno a Asunción fue tras caer la noche. Este articulista ocupó el asiento del copiloto, al lado del comandante Guerra y; Nicanor, el mismo asiento trasero de la mañana.
Por aquellos años, pocas poblaciones del interior contaban con el servicio proveído por la Administración Nacional de Electricidad (ANDE). A más de mitad de camino, Ramón Guerra bajo unos grados la proa del avión para dirigirse a Nicanor:
- Periodista, ¿vez aquel círculo de luces que está a lo lejos? – le preguntó, apuntando con el índice apoyado sobre la carcaza del tablero de comando.
- Sí – responde Nicanor, ubicando el codo izquierdo en el respaldo del asiento del comandante.
- Ese es Coronel Oviedo.
- ¡Añeté pico eré!, peaningó che valle...
Nicanor Duarte Frutos dejó de lado su timidez campesina y se desparramó en comentarios sacados como de una galera.
- ¡Ndé, comandante!, ¿le puedo pedir un favor?
- Sí, como no...
- Hacena un poco una pasada sobre el pueblo.
- ¿Un vuelo rasante?
- Upea. Ta saludami che chica pe. Ella vive en Coronel Oviedo.
- ¡Cómo no! – responde Guerra y se prepara para la travesura.
Desactiva el piloto automático, inició el descenso, ordenó que nos ajustáramos los cinturones y puso rumbo a las luces del pueblo. Sobre el caserío, la nave rugió en vuelo rasante, retomando altura para volver a precipitarse en furiosa carga sobre los techos de teja del centro ovetense y las de paja y eternit del modesto barrio "El tronquito", de los orígenes de Nicanor. La nave volvió a subir, esta vez en la búsqueda de su altura crucero con rumbo al aeropuerto de Luque.
- ¿Te gustó? – preguntó el oficial de la Fuerza Aérea Paraguaya al enviado del vespertino.
- Mi novia habrá visto. ¡Sí, me gustó. Gracias, comandante!. Mañana voy a llamar a mi chica í para preguntarla si le gustó mi "pasada".
Nicanor Duarte Frutos no salía de su feliz asombro.
Un par de días después, volvimos a vernos en alguna cobertura en la capital. Le pregunté si había llamado a su novia, respondiéndome que sí y que él le había dicho que le estaba haciendo "una pasada nomás". Esa novia llevaría después su apellido, como legítima esposa: Gloria Penayo de Duarte.
En el diario, la rutina era la de siempre: cobertura de sucesos económicos, deportivos, políticos, judiciales. Lo bueno del practicante era su deseo de aprender y ganar su espacio por mérito. Terminó por afianzarse, con los años, en la cobertura periodística en el sector político. Se relacionó con los dirigentes partidarios, con los parlamentarios, los "poguazú" de los últimos años de gobierno de Alfredo Strossner. Sus comentarios firmados eran dardos envenenados contra el Partido Colorado y de sus dirigentes. Comenzó a ocupar las tribunas populares de la universidad y de los movimientos sociales de aquellos tiempos. Ensayaba sus primeros discursos como aprendiz político, mientras su salario no alcanzaba sino para estudiar, comer y comprarse, de vez en cuando, una nueva camisa. En el diario afianza relaciones con otro nuevo periodista: Arístides da Rosa. Toma amistad con dos jóvenes colorados: Artemio Castillo y José Alberto Alderete; aquel de Félix Pérez Cardozo, Guairá y; este, de San José de los Arroyos, Caaguazú. Todos, pobres de solemnidad al extremo de esconderse de la vendedora de empanadas que todas las mañanas se apostaba en la vereda del diario Ultima Hora, a quién siempre debía por "unas cuantas empanadas", según comentan sus ex compañeros de redacción.