Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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domingo, 15 de junio de 2008

Trenes y tranvías

Nos ufanamos, a boca llena, de tener energía eléctrica en abundancia, pero no tenemos ni trenes, ni tranvías ni trolebuses que los utilicen. En los discursos políticos no faltaron en los últimos 30 años la mención de Itaipú como uno de los orgullos paraguayos, pero ningún gobierno paraguayo de los últimos 20 años explicó por qué no tenemos servicios de trenes eléctricos desde Asunción hacia las grandes ciudades de la región. Viendo en Europa los servicios de modernos y cómodos tranvías así como de trenes, como el llamado “Ave”, que se desplaza a 250 kilómetros por hora, no llego a comprender por qué y para qué todavía se mantiene en Paraguay ese feo peligroso tren de principios del siglo XIX, que no hace sino quemar maderas como manifestando nuestro desprecio a los pocos árboles que siguen en pié en nuestro territorio.
Habiendo un parque de transportes públicos de pasajeros hecho polvo que convierte, sobre todo a Asunción, en la capital de la polución, proclamamos la abundancia energética paraguaya en los folletos turísticos, en las fechas patrias, en los libros de textos, en nuestras conversaciones con extranjeros dentro o fuera del país.
Pero ni siquiera una línea de tranvía como en Madrid, Bilbao y Barcelona tenemos para que nos sintamos, de verdad, felices de tener tanta energía eléctrica. Y ni hablemos de la experiencia europea en materia de trenes subterráneos (en la foto, una línea del Metro de Madrid).
En asuntos ferroviarios nos detuvimos por la década de 1920. A partir de ahí no pasamos de quejarnos contra la inutilidad de nuestros gobernantes. Por 1925 Teodosio González ya se quejaba en su “Infortunios del Paraguay” por la incapacidad de los sucesivos gobiernos de entonces. González fue de la idea de unir Asunción con el noroeste brasileño a través del ferrocarril, pero murió sin haberse movido un papel a favor de la idea.
El tren paraguayo es herencia de los ingleses. Funcionó hasta que cayó a pedazos.
Esa es nuestra realidad.
Pero a la hora de los discursos, nuestros líderes se apresuran recordarnos con profundo e insondable espíritu patriótico que el Paraguay fue el primer país sudamericano en incorporar el servicio de trenes a mediados del siglo XIX durante el gobierno de Carlos Antonio López.
Sí ¿Y qué?
Y que también con el tren de Carlos Casado los soldados paraguayos llegaron hasta Punta Riel para combatir contra los bolivianos durante aquella guerra de la que salieron perdiendo paraguayos y bolivianos.
Y que el ferrocarril paraguayo fue parte de las tantas revoluciones así como de los sucesivos golpes cuarteleros paraguayos.
De los tranvías asuncenos recordamos sólo aquellos tirados por mulitas, parte de la Asunción que siempre dá para escribir, de vez en vez, alguna crónica nostálgica.
Muchos paraguayos se babean escuchando o leyendo historias de trenes, tranvías de mulitas y de la antigua usina de la ANDE.
A pocos, en cambio, importa hablar de la ventaja de tener pronto un veloz tren eléctrico que una la capital con Encarnación, Villarrica, Pedro Juan Caballero, Ciudad del Este y Mariscal Estigarribia. Sobre todo importa un pito a diputados, senadores, líderes de partidos políticos, ministros del Poder Ejecutivo y a los mismos presidentes de la República. A todos, sin excepción.
A ver si me explican por qué los intendentes de Asunción, Luque, Fernando de la Mora, San Lorenzo, Mariano Roque Alonso y Lambaré no unifican criterios para construir una red urbana de trenes tipo “Cercanías” de España, ya que energía eléctrica es lo que más sobra en Paraguay, después del desempleo.
¿Dónde están los concejales colorados, liberales, patriaqueridistas y encuentristas (si todavía quedan) de Asunción y de las referidas ciudades vecinas que aboguen por el servicio de modernos tranvías eléctricos?
Desde luego, no tienen la más pálida idea de emprendimientos prácticos, actuales y necesarios como estos. Claro, llegará una fecha patriótica y de nuevo proclamarán que Paraguay es un país rico, privilegiado, de caudalosos y generosos ríos, de tierra feraz y energía hidroeléctrica que ubica a la nación en posición inmejorable respecto a muchas otras. Mientras tanto, la gente ahora deberá resignarse pagando 2.400 guaraníes por el pasaje urbano porque el petróleo está cada vez más caro.
¿Quién entiende a los paraguayos?