Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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miércoles, 19 de diciembre de 2007

Chongo Ferreira

El accidente de aviación ocurrido el 18 de diciembre en las cercanías de Asunción y por el cual fallecieron cinco personas, me recuerda a un veterano y legendario piloto, también fallecido hace un par de años: Chongo Ferreira, un verdadero maestro del aire y amigo leal. Volar con él era una verdadera garantía de llegar y volver sano y salvo.
Ferreira fue piloto de Alfredo Stroessner, de Juan Carlos Wasmosy y de aquel Convair accidentado en un aeropuerto porteño por la década de 1960 o 1970 pero sin saldos trágicos entre sus pasajeros de artistas argentinos que volvían de unas actuaciones en Paraguay.
Era un piloto a toda prueba, jamás la improvisación se hizo parte de su oficio. Al mando de la nave se hacía respetar ante sus jefes; "yo soy el piloto y comandante de esta nave. Aquí usted no ordena", decía - como si nada - a sus jefes, así sean los ex presidentes Stroessner o Wasmosy - cuando estos querían influir sobre sus decisiones en pleno vuelo.
En sus años mozos volaba a metros del río Paraná con un pequeño Cessna para ubicar a los guerrilleros venidos de hacia Argentina. El tiempo lo volvió sabio y prudente al lado y dentro del avión. Jamás levantó vuelo sin estar absolutamente seguro de que todo está justo y perfecto en la máquina.
Comandó aviones jet de grandes portes, pero se deleitaba como un niño al mando de su antiguo avión mono motor Cessna, que por la década de 1950 perteneciera a su ex jefe Stroessner. Un avioncito de color plateado que en verdad era su pasión. Lo tomaba, en sus momentos tensos, volaba por sobre las cordilleras de Ybytyruzú, el lago de Ypacaraí, a lo largo del río Paraguay con rumbo norte, planeaba sobre los campos de Misiones y retornaba renovado, feliz, animado.
Para la noche estaba listo y con ganas desbordantes de invitar a sus amigos peñeros a un asado en el quincho de su casa. Rabadilla, vino, guitarra y voces bohemias en la madrugada de su residencia. ¡Aquellas jornadas de amistad ya no volverán!
Chongo jamás hubiera decolado del Alto Paraguay, como lo hizo el piloto del Bonanza que capotó en las cercanías de la capital paraguaya, sabiendo que le faltaba combustible. De todas manera creo que si partía de aquellas lejanías del Chaco, aterrizaría en el aeropuerto más próximo, la de Concepción, por ejemplo.
El comandante Ferreira, como también era conocido, hubiera pegado una filípica ante el referido accidente si todavía frecuentaba los hangares del Silvio Pettirossi. Su voz habría retumbado bajo los tinglados de avionetas y el estentóreo ¡¡chambón!! salido de su garganta, hubieran tomado los demás pilotos como la última lección del maestro.

Otra deuda del dictador

Se cumplirán 47 años del asesinato de seis paraguayos en Brasil por orden del dictador Alfredo Stroessner. Fue en la noche del 24 de diciembre de 1960 en un paraje de Paranhos, Matto Grosso, en la frontera con Paraguay, cuando policías y militares paraguayos vestidos de civil masacraron a un grupo de guerrilleros huidos hacia el vecino país. Stroessner, Edgar Linneo Insfrán, coronel Ramón Duarte Vera y el general Patricio Colmán fueron los principales responsables de aquel crimen de Nochebuena. La historia pudo ser contada tal cual fue mediante el relato de dos sobrevientes: Remigio Giménez Gamarra y Gualberto Antonio Arce, que pasaron a ser protegidos por el gobierno brasileño de Getulio Vargas. Giménez (fallecido hace un par de años) y Arce fueron entrevistados en Foz de Yguazú, estado de Paraná por el autor de este blog publicando después la tragedia en el libro "Masacrados en Nochebuena" (2002) en Brasil. Este y otros dos libros publicados ese año permitieron al autor acceder al título de "periodista del año", premio instituido por la Universidad Americana y el Rotary Club.

Un pesebre de luces

En la plaza de "Las Tendillas", en pleno centro de Córdoba, Andalucía, mucha gente se reune en torno al pesebre de luces que el Ayuntamiento de la ciudad había montado. Pese al frio (los paraguayos recién llegados a España no estamos acostumbrados a que en diciembre haga frio) cordobeses y turistas se reunen todas las noches en el espacio público para admirar la Sagrada Familia representada en miles de foquitos. A los efectos de ahorrar energía eléctrica (la Península carece de rios caudalosos como los de Paraguay para contar con usinas hidroeléctricas) el belén es apagado pasada la medianoche.A pocas cuadras de esta famosa plaza cordobesa se encuentra la mezquita de los musulmanes que tras la expulsión de los árabe de España pasó a ser ocupada por la Iglesia Católica. (foto gentileza María Dolores Martínez Cuevas)