Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 25 de octubre de 2011

Algodón y democracia en Paraguay

Alfredo Stroessner fue derrocado del poder en la madrugada del 3 de febrero de 1989 y exiliado en Brasil donde falleció en el 2006. Culminaba en la madrugada de San Blas un periodo dictatorial iniciado en 1954 y legaba el programa algodonero más exitoso de la historia económica de Paraguay.
¿Qué influyeron para que la fibra paraguaya sea exitosa en los mercados internacionales? Se podrían sintetizar en tres ejes:
1)- Largo y resistencia de la fibra, 2)- Disponibilidad abundante y creciente y; 3)- rigurosa calidad del algodón en rama.
Tal era la calidad del algodón paraguayo que logró, tras un esmerado trabajo científico, su propia identidad en el mercado de Liverpool. Este logro cruzó hacia la era democrática de la mano del ingeniero agrónomo Hernando Bertoni que, así como en el de Stroessner, continuó siendo el ministro de Agricultura y Ganadería durante los primeros meses de gobierno del general Andrés Rodríguez Pedotti.
Nadie sospecharía que la malvácea sería emboscada y que recibiera un tiro mortal en plena democracia.
Bertoni continuó en la cartera que tomara a fines de la década de 1960 con el acompañamiento de la flor y nata de los expertos que Paraguay tuvo jamás, como el ingeniero agrónomo Luís Alberto Álvarez, titular de la Dirección de Investigación y Extensión Agropecuaria y Forestal (DIEAF), un científico genetista que sacó adelante desde el Instituto Agronómico Nacional (IAN) de Caacupé la variedad Reba P- 279, la variedad algodonera estrella que permitiría la corona de oro para el algodón paraguayo en los mercados mundiales.
Desde el anonimato del laboratorio, Álvarez fue el gran estratega del programa algodonero; fue el gran capitán del Proyecto de Investigación y Experimentación Algodonera (PIEA) mediante el cual, año tras año, fue añadiendo nuevos descubrimientos sobre cepas que permitan más y mejores logros en el mercado internacional.
Un equipo de técnicos altamente capacitados, encabezado por el ingeniero agrónomo Cirilo Centurión en la Oficina Fiscalizadora de Algodón y Tabaco (OFAT) y; el agrónomo Pedro Lino Morel en el Servicio de Extensión Agrícola Ganadera (SEAG), tuvo acompañar a Bertoni en el manejo de la política algodonera.
En los momentos cumbres del algodón nacional, entre 1988 y 1992, el rubro ocupaba a 137.000 familias campesinas que, en conjunto, cubrían hasta 560.000 hectáreas de capullos blancos que, en tiempos de cosecha, ocupaban a unas 1.500.000 personas en el país.
Más de treinta industrias desmotadoras procesaron el algodón en rama y otras estaban por instalarse en el país hasta que se produjeron algunos cambios en el gobierno del general Rodríguez como, por ejemplo, el del ministro. Sin explicaciones válidas, el ingeniero Bertoni fue cambiado por uno de sus alumnos, Ing. Agr. Raúl Torres Segovia y; el gobierno decide, sin decir agua va, la importación de semilla de algodón.
Para cuando Torres asume la conducción del Ministerio de Agricultura y Ganadería hubo una notable merma de la producción de semilla nacional y que alentó la importación de la de algunos países extranjeros.
LAS INDUSTRIAS EN SU MEJOR MOMENTO
Independientemente a los vaivenes políticos, la industria algodonera seguía creciendo sostenidamente en todo el territorio nacional. Algunos empresarios a más de ampliar sus respectivas industrias desmotadoras, otros procedían a invertir en su instalación en localidades donde la producción es creciente, tal como a Herbert Willersinn quién decidió montar su industria desmotadora en Horqueta, departamento de Concepción, por lo que Alfredo Stroessner y el ministro de Industria y comercio Delfín Ugarte Centurión firmaron el decreto 29.515 del 3 de agosto de 1988.
Tres meses antes, el 13 de mayo de 1988, por decreto 28.369, la firma Lienzos del Paraguay Sociedad Anónima era beneficiada con la ley 550/75 de inversiones para instalar una hilandería en Villa Hayes, departamento de Presidente Hayes.
El 12 de setiembre de 1988, por decreto 114 del Poder Ejecutivo, la Algodonera Guaraní Sociedad Anónima era respaldada por la referida ley para ampliar su desmotadora localidad en Coronel Oviedo, departamento de Caaguazú.
En el marco del crecimiento industrial algodonero paraguayo, el flamante presidente Andrés Rodríguez firmó varios decretos aprobando los estatutos sociales de nuevas empresas que se incorporan al desmote de la fibra, como la compañía Textil del Paraguay sociedad Anónima (CMPEXPAR SA), Algodonera Paraná Sociedad Anónima (APASA), Prime Cottom Sociedad Anónima y; aprobando modificaciones de los Estatutos sociales de Industrial cordillerana Sociedad Anónima (INCOR SA), Manufacturas de Pilar Sociedad Anónima, entre otros. Todas las industrias apuntaban al crecimiento.
EL ERRÁTICO PLAN RODRIGUISTA
Decíamos que el presidente Andrés Rodríguez llevó muy bien el plan algodonero que hasta la revolución de febrero de 1989 no paraba de crecer. Sin embargo, a partir de la campaña agrícola 1990/91 los problemas empezaron a aflorar ya con la ausencia del padre del programa algodonero, Hernando Bertoni.
Siendo ministro de Agricultura y Ganadería el ingeniero agrónomo Torres Segovia y por decreto 7.650 del 6 de noviembre de 1990 el gobierno dispuso la destrucción de aquellas parcelas algodoneras establecidas con semillas brasileñas. Un flujo importante del material genético se registró ilegalmente a través de la frontera seca desde el vecino país por lo que Rodríguez ordenó destruir las parcelas sembradas con semillas de dicho origen.
El considerando del decreto destacaba en su primer párrafo la necesidad de evitar la entrada y la diseminación del picudo del algodonero en el territorio nacional. Esta plaga se constituía entonces en la peor amenaza de su género a la explotación de la fibra en la Nación.
En esos momentos, la siembra algodonera local todavía se realizaba en base a la variedad nacional Reba P-279.
Aquel decreto, sin embargo, no arrojó resultado alguno puesto que todas las semillas ingresas de contrabando ya estaban sembradas y eran imposibles individualizar las parcelas cubiertas con aquellas.
1991 fue el epílogo de los años de oro del algodón, con 560.000 hectáreas cubiertas y una cosecha de 753.000 toneladas.
El picudo, las inundaciones de 1992, las erráticas decisiones de Andrés Rodríguez sobre la explotación del textil, hasta algunos interés políticos electoralistas han marcado desde 1992 el final inesperado de la explotación del algodón en Paraguay.
La falta de buena semilla nacional llevó contra las cuerdas al Programa Nacional del Algodón que para aquel entonces se había convertido en el imperio blanco de la economía paraguaya y que, en un par de años, empezaría, en efecto dominó, a contagiar su drama a otras esferas empresariales, industriales y bancarias y que acelerarían, incluso, la quiebra de empresas y bancos.
En los primeros meses de 1992, cuando las papas quemaban y las familias afectadas a la explotación del textil se desalentaban, se crea el Fondo de Apoyo al Productor de Algodón (FAPA) por decreto-ley 11 del 2 de marzo de 1992, una suerte de canilla libre para Rodríguez y el entorno afectado a la producción del algodón.
Fue así que por decreto 13.671 del 28 de mayo de 1992 el Banco Central del Paraguay transfiere al Ministerio de Hacienda 32.000.000.000 de guaraníes para ser manejado a través de la FAPA.
El Estado paraguayo terminó subsidiando el algodón ante los bajos precios pagados por la cosecha paraguaya precisamente por la baja calidad desmotada. Ya para entonces la importación de semillas Delta Pine, de procedencia norteamericana, se venía realizando sin la debida rigurosidad para los controles genéticos y fitosanitarios por parte de los paraguayos.
Los decretos 14.321 del 20 de julio de 1992 y 14.322 de la misma fecha referían a la modalidad de subsidio estatal para los agricultores, algo que no escapaba a las dudas provenientes de las subjetividades que generaban las decisiones de quiénes tenían a su cargo la administración del dinero público para tal fin.
Como el mercado de Liverpool ya no cotizaba el algodón paraguayo el referido decreto 14.322 aclaraba que el subsidio a los productores primarios se fijará en base a la cotización que decida el mercado inglés al algodón argentino. El textil paraguayo iba en picada.
El 21 de julio de 1992, el presidente Rodríguez, el ministro de Hacienda José Díaz Pérez; de Agricultura y Ganadería, Raúl Torres Segovia y; de Industria y Comercio, Ubaldo Scavone, estampaban sus respectivas firmas en el decreto 14.323 por el cual se autorizaba la importación de hasta 5.050 toneladas de semilla de algodón, “en consideración a que factores climáticos adversos motivaron las graves inundaciones afectando una gran extensión de plantaciones del citado producto”, decía el considerando del decreto respectivo. El decreto destacaba otro deseo estatal: cubrir 500.000 hectáreas en el año agrícolas 1992/93. La esperanza es lo último que se pierde.
Las campanas empezaban a doblar por el renglón agrícola más poderoso entre las familias campesinas paraguayas.
Las 5.050 toneladas de semilla cubrían una demanda de 202.000 hectáreas considerando el uso de 25 kilos de semilla por hectárea. En aquella campaña se han completa 235.450 hectáreas con un rendimiento de 1.600 kilos por hectárea.
El errático como desprolijo rumbo de la política algodonera del gobierno de Rodríguez se coronó el 10 de diciembre de 1992 cuando por decreto 15.780 ordena que de urgencia se construyan en el Instituto Nacional de Tecnología y Normalización (INTN) las salas requeridas para el montaje de un laboratorio de textiles donado de Cooperación Internacional (JICA) del Japón, cuyos equipos provenientes de aquel país estaban a días de llegar al país. El algodón paraguayo, tanto en la producción de materia prima como en su desmote e industrialización de tejidos caía en un profundo despeñadero cuyos orígenes podrían sintetizarse en 1)- inexplicable desinterés gubernamental, 2)- Importación de semillas de poca y hasta nula capacidad germinativa, 3)- ataque general del picudo a los algodonales, 4)- Escasa rentabilidad de los cultivos.
UN POLITICO SEPULTURERO
Desde agosto de 1992, cuando comenzó la campaña interna de la Asociación Nacional Republicana (ANR), partido en el gobierno, el proceso de producción nacional sintió sus efectos, sobre todo en el campo donde los discursos políticos sobre la explotación agrícola desorientaban en lugar de orientar. Algunos eran mensajes violentos contra el trabajo algodonero.
De venir golpeado, el plan algodonero sintió otro duro golpe de parte del político colorado Juan Bautista “Letradito” Ibáñez quién, como compañero de fórmula de Luís María Argaña, pregona en las concentraciones coloradas en el campo su desprecio hacia la siembra algodonera, alentando directamente a los agricultores a no sembrar el textil para que los desmotadores dejen de ganar dinero “a costillas” de los productores primarios.
Esto lo decía en directa alusión a Juan Carlos Wasmosy, candidato adversario en aquella contienda republicana, que era propietario de más de una desmotadora de algodón en Paraguay.
Los discursos del dirigente sampedrano fueron fulminantes.
Miles de campesinos seguidores de la lista encabezada por Argaña abandonaron la siembra, decisión que les obligó a soportar las consecuencias que incluyeron desde la venta de las tierras trabajadas a la separación de familias y al éxodo de agricultores sin ocupación hacia las ciudades. Logrado el terrorismo contra la producción algodonera y cumplido el papel de sepulturero, “Letradito” Ibáñez se borró de las actividades públicas.
CASTIGO ASIATICO AL ALGODÓN PARAGUAYO
La contaminación de polipropileno o plastillera en las partidas exportadas produjo no pocos dolores de cabeza a los industriales paraguayos del sector. Esta contaminación se origina en el uso de las bolsas de plástico para la recolección de los capullos. Su uso se debe a que es más barata que la de algodón y que es la recomendable.
A más de ser barata, los agricultores la prefieren porque no recoge “capi´i catî”, pero tiene el grave inconveniente que en poco tiempo se deshila y se mezcla con el algodón, partiéndose en miles de fibras mucho más finas que es imposible separar del algodón, ni siquiera en las industrias desmotadoras.
Así las cosas, el hilo y la tela que lleva la plastillera surgen como manchas muy visibles porque no toman la tintura al teñir la tela. La plastillera no se tiñe.
Partidas de algodón nacional con restos de plastillera han llegado a los mercados internacionales generando problemas graves de calidad final de los productos industrializados por lo que algunos países, incluso, han dejado de comprar la materia prima paraguaya.
En el año 2.000, según relató el Agr. Pedro Lino Morel, gerente general de Cadelpa, industriales paraguayos viajaron a Bangladesch, Asia, a los efectos de pagar una multa de 100.000 dólares por los perjuicios causados ese año a las industriales textiles de aquel país que había comprado el algodón nacional. “Lo que es peor - añadió Morel - aparte de la multa, es que esa gente ya no quiere comprar algodón paraguayo, al tener una mala experiencia” (Revista “Granos”, Año I, Núm, I, marzo de 2003, p. 55).
LOS AÑOS DE ORO DEL ORO BLANCO
Referíamos más arriba que los años de oro del algodón fueron los de inicios de 1990 de cuando los agricultores contaban con semillas nacionales suficientes de las variedades trabajadas en los laboratorios del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Para ese momento operaban unas 35 desmotadoras en el país, frente a 30 en 1983 y; 11, en 2011.
Para ese entonces unas 137.000 familias se dedicaban íntegramente a la explotación del textil ocupando a más de 1.500.000 campesinos. Existía, sobre todo, excelente conocimiento del productor sobre el manejo del renglón, la capacidad industrial instalada era cada vez mayor, los créditos fluían constantes hacia todos los sectores que protagonizan la explotación y la exportación del algodón desmotado era sólida.
Eran años de nuevas inversiones en las unidades productivas y las familias se arraigaban en sus respectivas comunidades rurales.
De aquel pico de producción en la campaña agrícola 1990/91 con 560.000 hectáreas cubiertas y 752.000 toneladas de algodón en rama cosechadas la marca fue decreciendo hasta llegar a 13.000 hectáreas en la campaña 2009/10 con 15.124 toneladas de cosecha, igual al 2 % del pico cosechado en 1991.
EXPORTACION DE TELA DE ALGODÓN NACIONAL
Pese a la escasa de materia prima en el 2011, la industria textil de Pilar no ceja en su plan expansionista. Es así que ejecutivos de la firma confirmaron a medios de prensa de Asunción que triplicará su producción para franquiciar en Centroamérica. Para agosto de 2011 iniciaba negocios con Guatemala mientras ya estaba exportando a Perú, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Chile.
El grupo “Pilar” se dedica desde el desmote hasta la producción de tejidos desde varias décadas atrás en la República del Paraguay. También coopera con los agricultores para la siembra del textil. Una desprendimiento del grupo es “Tiendas Pilar” que comercializa hilos, tejidos y prendas de vestir de algodón puro.
Para el 2011 la producción de telas de la empresa es de 20 millones de metros cuadrados y aspira llegar a 60 millones de metros cuadrados para responder a la demanda centroamericana. Por ahora, los planes de exportación de la compañía a Guatemala apuntan a 600.000 metros cuadrados de tela de algodón.
Por su lado, los confeccionistas de ropas registraron record de exportación en abril/2011 con 20 millones de dólares de venta igual al 84,8 & más que en los cuatro primeros meses de 2010, según un informe elaborado por la asociación Industrial de Confeccionistas del Paraguay.
¿CONVENCIONAL O TRANSGÉNICA?
En la primera década del siglo XXI el algodón paraguayo ingresó a terapia intensiva por la falta de semilla fiable esto descontando otro importante logro nacional en el mercado internacional: la identidad de la fibra paraguaya. La semilla del renglón comenzó a importarse casi sin control a partir de 1992 si bien el Ministerio de Agricultura y Ganadería daba esporádicos señales sobre esfuerzos, también aislados, de cuanto procura en sus laboratorios para recuperar una semilla nacional.
Mientras Argentina y Brasil adoptaron la semilla transgénica, en Paraguay la novedad no es bien vista por algunos referentes campesinos que prefieren la cepa tradicional (IAN 425 y la Delta, ésta originaria de la semilla importada de Estados Unidos a principios de la década de 1990).
Para el 2011 se instaló un gran debate en Paraguay sobre la conveniencia de sembrar o no el algodón transgénico, involucrándose hasta algunos partidos políticos.
La nueva semilla que para la campaña agrícola 2011/2012 los industriales desean importar de Brasil es conocida con el nombre de “Algodón BT” (Basillus thuringiensis) es una cepa creada a través de la ingeniería genética producida por la compañía de biotecnología Monsanto. Esta semilla genera su propio insecticida matando a la oruga del algodón.
El Comité Consultivo Internacional del Algodón en su reunión 59ª realizada en Australia en noviembre de 2000 reconoció la importancia potencial que reviste el algodón que viene de la ingeniería genética estando vigilantes para no sacrificar la rentabilidad, el medio ambiente y la flora (Revista “Granos”, Año I Núm I, marzo de 2003, p. 58).
Lo claro y concreto es que hay puntos coincidentes entre los agentes de la producción, como, por ejemplo, que es necesario reactivar la producción algodonera. En medio de las idas y venidas por encontrar el punto medio en la balanza a partir de los intereses girados en el tipo de semilla a utilizarse en adelante, el ministro de Agricultura y Ganadería, abogado Enzo Cardozo, llevó durante el 2011, al que se podría llamar el año de la gestación o del renacimiento algodonero en Paraguay, incontables contactos oficiales y privados logrando, al mismo tiempo, instalar una interesante discusión en la opinión pública que redundará, a corto plazo, a favor del retorno del algodón en la mayoría de las chacras de este país sudamericano.
¿HACIA DONDE VAMOS?
El ser humano necesita alimento, vestido y vivienda; el algodón responde a una de sus necesidades básicas, por lo tanto su producción es necesaria. Paraguay, como proclamaran el sabio Moisés S. Bertoni Torreani y el doctor Manuel Domínguez, de tierra feraz puede dar no solo a los paraguayos sino a una buena parte de la humanidad la materia prima que necesita para vestirse. El resto, sobre todo la decisión, depende de los mismos paraguayos.
¿Qué necesitamos?, sólo empeñarnos en recuperar la producción algodonera que fue desapareciendo gradualmente de nuestra agricultura a partir de 1993. Ese deseo está administrado actualmente con mucho sentido de responsabilidad.
Así tengamos que volver a iniciar de cero, iniciemos. Nos conviene trabajar el algodón, es nuestra riqueza desde hace milenios. Siempre habrá necesidad de vestido, por tanto de la materia prima con qué producirla. El mandyju paraguayo tuvo presencia activa en los mercados internacionales y esa debemos recuperar, por una cuestión económica y, desde luego, de honor.
El reposicionamiento de la fibra paraguaya en el mercado internacional demandará tiempo, calidad y volumen. La cantidad, en razón de que las grandes fábricas procesadoras fabricantes de hilos y tejidos les resulta más conveniente trabajar con una fibra uniforme durante todo el año; entonces, toman la mano a las características de cada fibra y ya saben el porcentaje de mezcla.
Más importante que la cantidad es la calidad que dependen de las variedades sembradas, de las condiciones en las que se producen ese algodón y, finalmente, del manipuleo de esa fibra desde la cosecha hasta el desmote. El algodón paraguayo ocupó una privilegiada posición en el mercado internacional en la categoría de fibras de longitud intermedia y ha sido muy bien posicionado porque correspondía a una variedad que tenía finura, madurez, buena coloración, etc.
¿Cuánto nos queda por delante para recuperar lo perdido? Mucho. Pero lo más importante es poner manos a la obra y volver a comenzar. Nada está perdido cuando la buena voluntad se pone por delante.

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