Detrás de la puerta, esto

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Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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lunes, 21 de enero de 2008

Los caballos de don Carlos

En Villa Dolores había un caballo, el único de aquellas comarcas guaireñas, llamado "Redención" y cuyo dueño, un fraile franciscano llamado Gregorio, había conseguido una pareja con la cual dejar descendientes, porque – pensó – sería a más de insensato, triste, que su hermoso alazán no dejara descendencia.
Por aquellos años de la década de 1830, el cura conoció al dueño de una yegua en un paraje vecino de Asunción, llamado Trinidad, hasta donde había llegado al lomo de "Redención". Se trataba del doctor Carlos Antonio López, quien algunos años después sería el primer presidente constitucional del Paraguay.
Casualmente, López le comentó que andaba en la búsqueda de un buen padrillo para cruzar con su yegua a lo que el cura le contestó que él tenía la respuesta.
Acordaron el servicio de sus respectivos animales. El dueño de casa lo invitó a quedarse en la suya por un par de días para concretar la cruza, puesto que en ese momento la yegua estaba en celo.
Los mejores caballos eran los de Villa Dolores.
El presidente López visitaba el pueblo, que fuera formado por ex funcionarios públicos condenados por el Dictador Perpetuo, Francia, por la década de 1820, para observar a los mejores peones domar los caballos que luego participarían en las carreras cuadreras de Villarrica, Ajos, San Lorenzo del Campo Grande y Caazapá, hasta donde había llegado la fama de sus veloces equinos.
Para los paseos por las calles Estrella, Palma y Oliva de Asunción, las familias ricas mandaban reservar los mejores caballos de Villa Dolores. Los caballos eran enganchados a las limoneras, berlinas, Americanas o a los carros Landó que todas las tardecitas llenaban aquellas ruidosas arterias. Sobre sus ruedas paseaban los apellidos de aquella Asunción de las décadas de 1850 y 1860: López, Decoud, Saguier, Linch, Cuevas, Lezcano, Stewart, Barrios...
La llegada de inmigrantes italianos, franceses y alemanes a Villarrica, por los años 1850, ha sido posible mediante la abundante disponibilidad de excelentes caballos en Villa Dolores, incorporando en dicha ciudad un par de décadas después el primer servicio de transporte de pasajeros en carricoches de dos ruedas tirados por fuertes y veloces caballos proveídos por Villa Dolores.
La yegua "Arpa", que así se llamaba la tordilla del doctor López, tuvo su primera cría, que después sería el montado del flamante presidente paraguayo. Al año de haber nacido dicha potrillo, el fraile recibió de regalo la yegua de parte de aquel y la llevó a Villa Dolores donde comenzó la cría de caballos; primero, a cargo del cura y, poco después, de varios vecinos.
Cuando el dictador Gaspar Rodríguez de Francia quiso convertir el poblado en una estancia del Estado, visto la buena cantidad de caballos criados allí, falleció en 1840.
Los mejores caballos eran los de Villa Dolores. El presidente López visitaba el pueblo, que fuera formado por ex funcionarios públicos condenados por el Dictador Perpetuo, Francia, por la década de 1820, para observar a los mejores peones domar los caballos que luego participarían en las carreras cuadreras de Villarrica, Ajos, San Lorenzo del Campo Grande y Caazapá, hasta donde había llegado la fama de sus veloces equinos.
Rafael Martínez, un poblador de la villa, había conseguido comprar en una estancia de Buenos Aires un padrillo y tres yeguas de la raza Shire y que de mucho sirvieron para mejorar en calidad y cantidad la caballada del pueblo. "Cuando mi caballo relincha, no hay yegua que guarde cincha", se ufanaba el viejo Martínez, un petiso gordo, que en su mocedad era pendenciero, mujeriego y altanero.
Durante muchos años, "Redención" y "Arpa" vivieron para dar crías muy apreciadas por paraguayos y extranjeros. Para cuando comenzó el siglo XX, miles de caballos eran vendidos al año por los criadores de Villa Dolores, donde todos vivían felices y en abundancia mediante la oportuna idea del fraile y la buena voluntad del doctor López quien la acompañó con entusiasmo.

1 comentario:

Efraín Martínez Cuevas dijo...

Mi "compatriota" guaireño Helio Vera tuvo la amabilidad de enviarme las siguientes líneas a mi correo personal:

"mbaeteko piko valle:
ipora pe cuento ñande vallegui oñe´eva"