Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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lunes, 8 de marzo de 2010

Patria Querida puso los puntos sobre las íes

El Partido Patria Querida exige la destitución del ministro de Defensa Nacional, general retirado Luís Bareiro Spaini. Pasa que el secretario de Estado se mando una: por cuenta propia, pero como ministro de Paraguay - es decir, en representación de Paraguay - sacudió un exabrupto de padre y señor mío esta vez contra el gobierno norteamericano.
El escandalete diplomático pimponeó como Dios manda hasta que finalmente, el Ejecutivo, o sea el presidente Fernando Lugo, dijo que aquí no pasa nada y que la fiesta continúa.
Los patriaqueridistas dijeron que de aquí no pasan y se mandaron ni bien inicia esta semana un manifiesto público en el cual justifican su pedido de inmediata destitución del ministro mencionado.
Yo debo agradecer a Dios el hecho de dejarme vivir este tiempo en el cual se desarrollan las cosas más inverosímiles en materia de manejo estatal. El ex obispo ejerce el poder como le canta; como si estuviera en una iglesia. Un pecadillo, se me hace que piensa, se borra con un Padre Nuestro y dos Creo en Dios Padre.
Como los demás paraguayos, alquilamos balcones y nos estamos dando una panzada con todo esto que aparente un gobierno pero que no pasa de ser sino un desgobierno feroz.
Lugo está muy equivocado. Así no se hace Gobierno, ni aquí ni en ningún lado. Lugo cree que cualquiera de su staf puede decir lo que quiera contra quién le plazca, así sean los gobiernos de Estados Unidos, Colombia o Senegal que eso no añade ni saca nada a Paraguay. Así piensa.
Lugo - ya sabemos - es de los que destituyen por mensajitos, guachea a los ricos pero come croquetitas relajado en su yacusi y se calzaba sandalias pero viaja en aviones jet.
A una persona incongruente como él da igual que Estados Unidos nos retiren su embajada o no nos retiren. Le da igual que su mal educado y atrevido ministro diga lo que diga y después resulta como si aquí no hubiera pasado nada. Le da igual lo bueno y lo malo; lo sano y lo enfermo; lo decente y lo indecente; el atrevido y el no atrevido.
Pero, felizmente, un partido le sale al paso y le marca territorio. Le dice: de aquí no pasan. Por eso va al grano: pide la destitución del ministro. Pide lo que coresponde y lo que necesita el país. Mal se puede tener representando a 6.000.000 de paraguayos a alguien que hace lo que le canta en el gobierno central.
Si el presidente Lugo no actúa en consecuencia, capaz que después no dé otras sorpresas desagradables y hasta peligrosas por las que bien puede terminar despedido de su cargo previo juício político. Porque, a propósito, así como van las cosas, podríamos pensar que esta es una bolsa de gatos y que lo que menos tiene este gobierno es eso, juicio.

jueves, 25 de febrero de 2010

El privilegio de taxistas, libreros y curas

Dicen que a ley pareja nadie se queja. Pero la ley pareja todavía está lejos de nosotros, los paraguayos. Hay cosas en las que algunos están arriba y otros, incómodamente, abajo. Para no ir lejos, apelo a los ejemplos:
Cuando ya no quedan espacios para estacionar, las paradas de taxis ocupan cuadras y cuadras. Nadie dice que su servicio no es útil; lo que mucha gente dice, sí, es que es injusto que los taxistas ganen dinero apropiandose de los espacios públicos.
Como cualquiera, los taxistas debieran comprar una propiedad e instalarse allí o, de lo contrario, circular por la ciudad o, en el peor de los casos, pagar por ocupar un lugar donde estacionar, como paga cualquiera.
En algunas paradas de taxis a más de ocupar espacios para estacionar sus autos en la calzada, los empresarios taxistas restan lugar a los peatones en las veredas.
Se diga lo que se diga, los taxistas en Paraguay tienen un privilegio inmerecido. El actual parque automotor nacional no se puede dar el lujo de otorgar lo que ya no hay en las calles urbanas, sobre todo en las de Asunción, espacio para el lucro particular.
En este sentido, los taxistas están arriba y el resto, aguantando, abajo.
Duele decirlo pero hay que decirlo: la librería que se encuentra en la vereda de la Plaza Uruguaya, a cuentas de la promoción cultural, quita espacio a la gente. Si bien es cierto que los libros son necesarios para salir de nuestra ignorancia, también son la razón para el enriquecimiento de los promotores comerciales. La instalación de este negocio, en verdad, es para que su dueño gane dinero. Es antipático decirlo, pero esa es la verdad. Algunas veces debemos dejar de lado los eufemismos.
El enriquecimiento es legítimo, siempre y cuando no birle espacios que pertenecen legítimamente a todos. La calle es de todos no de unos cuantos en particular, por más argumentos culturales que hayan de por medio para justificar la invasión respectiva.
Veamos otro ejemplo:
Todos los motociclistas están obligados a utilizar cascos, pero son los policías quienes no dan el ejemplo. A los uniformados sin casco no le detiene el agente de tránsito; sí, a los civiles ¿Por qué los policías, quiénes deben dar el ejemplo de corrección y atentos a las normas, deben ser los que tengan derechos a andar como se les cante y no a los civiles?
Y todavía hay más:
¿Por qué los bancos privados no operan los sábados (excepto Banco Familiar) cuando todo el mundo está trabajando el último día de la semana?; ¿de donde nace semejante privilegio, por demás inoportuno y torpe en un país sub desarrollado como el nuesto?
Aunque pareciera cargar la tinta, no puedo evitar de recordar lo que el cura párroco nos dice en la iglesia: que no debemos desear a la mujer de nuestro prójimo, que debemos ser fieles a nuestras parejas, que tenemos que practicar la castidad y la pobreza, etc., etc.
Pero a la hora de la verdad nos encontramos con que los sacerdotes viven como reyes, hacen prolongadas siestas tras sus opíparos almuerzos y, como si todo fuera poco, muchos de ellos persiguen a nuestras madres, esposas, hermanas, primas, vecinas, como cualquier fogoso don juan de todo tiempo y lugar.
Debemos reconocer, pues, que los pastores católicos tienen privilegios prácticos que a los fieles nos prohiben. Eso es lo que llamo estar incómodamente por debajo de ellos, los sacerdotes gauchos.
no me caben dudas, algunos siguen siendo más privilegiados que nosotros.

sábado, 20 de febrero de 2010

La chambonada de Luis Bareiro Spaini

En estos días, la prensa informa que había venido un asesor militar colombiano para ilustrar a la gente de gobierno sobre qué hacer ante el secuestro de Fidel Zavala, luego liberado. Se trataba de un personal, el colombiano, que traía conocimientos para situaciones extremas como las de los secuestros protagonizados por grupos violentos.
De por medio estaba la vida de un paraguayo, tan valiosa como la de cualquier otra persona.
El colombiano, supongo, por un acuerdo de los gobiernos de Paraguay y Colombia, expuso todo cuanto sabía para liberar al ganadero y qué hacer posteriormente. Es decir, transfería a un gobierno sin experiencia en estos asuntos, la experiencia de otro que ya sabe y que está preparado para encarar otras arremetidas similares por parte del enemigo.
Pero para sorpresa de los paraguayos, el ministro de Defensa de Paraguay, expuso en un comunicado personal que él no aceptará la intromisión de "ningún asesor" extranjero. y negaba el aporte colombiano.
Si hay algo que la ignorancia utiliza para hacerse sentir es, entre tantas, la ingratitud. El gobierno de Fernando Lugo en general y el ministerio de Defensa, en particular, recibieron todo cuanto necesitaban de Colombia para el manejo de este asunto para que termine el funcionario público encargado de la cartera mencionada diciendo semejante chambonada, como cualquier desagradecido que nunca falta. En el mejor de los casos se comportó como un ingrato.
Digamos que el ministro de Defensa fue un desagradecido, para no tratarlo de mal educado, brabucón, atrevido e ignorante en las cosas diplomáticas.
No me caben dudas, el funcionario público que hoy funge de ministro de Defensa no tiene claro lo elemental en los manejos internacionales. Es carente de amor a la verdad, que debe buscar en todo y por todos antes de abrir la boca.
El ministro de Defensa tiene la obligación de no hacernos pasar vergüenza ante los extranjeros. Es, sobre todo, obligación primera del ministro ser amigo de la circunspección, "de modo que tienda a la contemplación de la esencia de las cosas", como planteara Platón.
Quiero pensar que el ministro, un ex militar de alta graduación, no llegó a leer a profundidad a Napoleón Bonaparte, paradigma europeo de las milicias del siglo XIX; porque si así lo hacía debía haber recordado lo que el francés recomendaba a los hombres de su primer anillo: "cubran sus manos de hierro con guantes de terciopelo". La respetable diplomacia francesa.
A veces pienso en qué lío nos metimos los paraguayos al haber elegido a este equipo para gobernarnos. No pasa un día sin mostrarnos su extraordinario poder de meter la pata. Ahora se manda una contra nuestro aliado tras la guerra contra la Triple Alianza, contra el mismo país con el que acordamos la doble nacionalidad directa y automática.
Desde luego, los responsables del gobierno tienen formas y formas de cargar a otros sus ineficiencias. "Los 61 años en el gobierno de los colorados" es su caballo de batalla favorito. No nos sorprendamos que la vergüenza que hoy tenemos por el comunicado de Luís Bareiro Spaini no sea sino "por la corrupción colorada".
Noto que la prudencia es la que menos tiene a manos el encargado de la defensa paraguaya. Es, lamentablemente, un bocón. Los bocones siempre fueron los enemigos número uno de la diplomacia en cualquier época y parte del mundo. A ver si Bareiro Spaini aprende a ser prudente para que los paraguayos no debamos pasar tanta vergüenza ajena.

viernes, 5 de febrero de 2010

La luz que nos prometió Lugo

Si hoy se hiciera una encuestra sobre la popularidad de Fernando Lugo es muy probable que dé el resultado más bajo en todo este tiempo que lleva sentado en el sillón de López. Con esto de la luz y el agua que se corta a cada rato o que, sencillamente, desapareció de mucho hogares desde hace más de 48 horas, debe estar pensando que la gente tiene razón si le piden que se vaya de la presidencia.
Y dirán él y sus amigos que no pueden arreglar lo que los gobiernos anteriores han destartalado. Nadie apuntó con un revolver al señor Lugo para que asuma la presidencia. Se supone que debía de haber estado bien informado sobre lo que le venía si se aventuraba a tomar tamaña responsabilidad.
Que hoy, con todo el sufrimiento que aguanta la gente no se haga el chancho rengo y nos venga con el cuento ese de que los colorados hicieron todo mal en 61 años de poder.
Si hoy el señor Lugo no puede solucionarnos el problema del agua y de la luz pues lo que debe hacer es tomar sus cosas y mandarse a mudar. Repito: nadie le obligó a ser presidente. Cuando se candidató supo que la ciudadanía podía enfrentarse a los problemas que hoy aparecieron. Pues, esto (el servicio básico) debía de haber atendido desde el 15 de agosto de 2008 cuando asumió el poder. Si así no lo hizo es su problema, producto de su ineptitud. Y la solución a su problema es una sola: su renuncia.
Si no le da el cuero para responder por lo que ahora se hizo responsable, lo mejor que puede regalarnos que se dedique a otra cosa. Para presidente, está visto, no sirve. Todo lo que pudo decirnos es que el problema continuará y así las cosas que un rayo nos parta a todos.
Estuvo 17 meses con los brazos cruzados de cara al os problemas de las empresas ahora a su cargo: la proveedora de agua y la proveedora de energía eléctrica. Está visto: no tiene capacidad para manejar estas empresas y si con estas no puede no podrá con todo lo que es el manejo del país.
Entonces que se vaya antes que la gente se junte en torno a su casa, el Palacio de Gobierno, sus ministerios para expresarle su repudio. Porque esta vez, sí, Lugo, le mostró el dedo del medio a cada uno de los paraguayos que cansados de estar en la sartén ahora cayeron al fuego.
No nos vengan después con sus explicaciones - sus insultos - amañadas, amariconadas y regastadas: que los colorados, que la corrupción pasada, que la mar en coche. No.
A ver si aguanta 50.000 personas catingudas de no bañarse durante días ocupando las veredas y murallas de Mburuvichá Roga en protesta por su notable inutilidad para dar soluciones a este problema que amenaza con convertirse en un verdadero caos nacional.
Los que lo votaron no sabían desde luego que con él terminarían iluminandose con quinqués y velas de cebo. El cambio ya está, medio incómodo y tarambano, pero cambio al fin. Tampoco es el caso de aguantarnos por otros tres años a quien no tiene la más pálida idea de cómo gestionar la administración pública y que no sea capaz de asegurarnos agua y energía eléctrica en nuestras casas.

¿Y si adoptamos un arbolito del Parque Ñu Guazú?


De vez en vez voy al Parque Ñu Guazú a caminar. Es una delicia. Miles de árboles ya están crecidos y otros miles fueron recien plantados y están dando sus primeros "pininos" de sombras. Todo el mundo admira la preciosa reforestación que experimenta esas 250 hectáreas, frente al puro campo de hace 30 años.
En estos días de calor, las plantas más pequeñas, amenazan con secarse. Entonces se me ocurrió una idea: regarlas.
La última vez que estuve allí compré una botella de agua y me puse a caminar. Andando terminé de consumir el agua. Pensé que como yo las plantitas tenían sed, entonces volví a cargar mi botellita con agua de uno de los tantos grifos y fui echancho a la raíz de algunas más pequeñas y que amenazaban secarse. Esa vez habré regado a una docena de plantitas.
Si todos los caminantes que tengan a mano una botellita de agua para su consumo hicieran lo mismo, las plantitas nos asegurarán oxigeno en el futuro.
No tengo idea de cuantos caminantes visitan por día el Parque Ñu Guazú. Si anoto 10.000 a lo mejor no me equivoco. Si cada uno tuviera "su" arbolito y lo regara todos los días con las botellitas que lleva en la mano , tendremos árboles, aire fresco, oxigeno puro, vida a plenitud en esas 250 hectáreas.
Los caminantes del parque debemos pensar que así como nosotros tenemos sed en medio del agobiante calor los arbolitos recien plantados también reclaman agua; bien vale darles de tomar para que después nos pague con su sombra y su oxigeno.
No es suficiente plantar un árbol, debemos regarla. A propósito, acompaña a este artículo una fotografía donde se lo ve al presidente Lugo plantando un arbolito en el Parque Ñu Guazú. Bueno sería que él, de vez en vez, también dé de tomar agua a tan siquiera una plantita del parque.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Carretas alzaprimas

Cuando Paraguay (406.752 kilómetros cuadrados) todavía era boscoso (hoy no tiene más de 600.000 hectáreas de monte virgen) las carretas alzaprimas abundaban en todo el territorio. Este transporte era utilizado sobre todo para el transporte de troncos o "rollos" como le conocen los paraguayos. Se trata, como lo define el diccionario de la Real Academia Española (RAE) de un carro estrecho, sin caja, de grandes ruedas, empleado para transportar troncos u objetos de mucho peso. Casi ya no hay, aunque por el 2004 todavía se mencionaba que en Capiivary, San Pedro, todavía se utilizaba, como en la deforestación de Argentina, Brasil y Uruguay.
El vehículo tiene ruedas de diversos tamaños, mucho más grandes que los de las carretas convencionales. En Paraguay se conoce al alzaprima número 14 como el más grande; "los alzaprimas gigantes transportando montañas de rollizos y troncos de las selvas taladas", describe Augusto Roa Bastos las actividades forestales del Guairá en su novela "Madama Sui".
Son tiradas por, al menos, dos yuntas de bueyes. El carretero, o boyero, se ubica sentado en horcajadas sobre el rollo, desde donde, picana en mano, va incitando a los cuadrúpedos a mantener la marcha.
Por el departamento de Caazapá, un carrero alzaprimero al servicio de la maderera Fassardi, fue Faustino Brizuela, ascendiente del músico Marcos Brizuela. Este rememora que Faustino era de aquellos buenos carreteros "porque trabajaba solo".
Entrando en la espezura, como dice San Juan de la Cruz, y mezclando los datos, nos percatamos que el escritor paraguayo escribe "los alzaprimas", mientras la RAE sostiene que el género de la palabra es femenino.
Por femenino que sea, esta carreta fue utilizada por varones guerreros dispuestos a matar y morir en los tiempos revolucionarios de Paraguay; así se tiene que en Villa Hayes, los opositores al gobierno del coronel Juan A. Escurra, al mando del teniente de navío Elías Ayala, montaron sobre ruedas de alzaprimas, "antiquísimos cañones coloniales", como describiera Alfredo L. Jaegli en "Albino Jara, un varón meteórico". Los revolucionarios ganaron iniciando en 1904 su hegemonía de más de 35 años en el poder.
La alzaprima fue herramienta imprescindible en la producción rural paraguaya sobre todo en la explotación forestal. Pueblos enteros de Paraguay se crearon en los espacios que fueron ocupados por los bosques, para lo cual este transporte fue vital. Los colonos alemanes que fundaron Hohenau, en las cercanías del río Paraná, en Itapúa, incorporaron en el escudo municipal la figura de esta carreta, junto a la del Espiritu Santo, la fachada de la iglesia y los productos del lugar (yerba mate, tung, soja, trigo).
Por la década de 1920, Leopoldo Ramos Giménez y Manuel Ortíz Guerrero caminaban, como sin rumbo, por la carretera que conduce de Villarrica a Caaguazú volviendo en horas de la madrugada en las carreteras transportadoras de rollizos. Fue en uno de aquellos viaje que el poeta guaireño escuchó silbar a los boyeros canciones guaraníes de la época, mezcla de lamentos y alegrías, que las copió a su manera (por carecer conocimientos sobre la escritura de la música) y que, José Asunción Flores se encargó de mejorarla. Mediante aquellas canciones de los conductores de alzaprimas nació lo que después se conocería con el nombre de guaranía, bautizada así en homenaje a los indígenas guaraníes.
El escritor Mario Halley Mora (1926 - 2003) aportó por su lado que la guarania se inspiró en lo que se llamaba "polka lasánima", que se cantaba en noches de difuntos.
"Yo carrero que trabajo para cumplir mi destino / llevo pesados rollizos para sacar el tanino / yo conozco todo el Chaco nadie recuerda de mí,/ mi consuelo es beber caña y cantar en guaraní", dice la canción correntina "Carrero cachapecero" de Heraclio Pérez y Marcos Ramirez. En Corrientes y Entre Ríos, Argentina, se lo llama "carro diablo" o "carro del diablo"; en el Chaco argentino se lo identifica como "cachapé" y al que lo conduce "carrero cachapecero" o "chapecero". En Corrientes se denominaba "playada" al lugar donde eran depositados los rollos traídos por las alzaprimas.
Los carreteros encargados de transportar los rollos, acostumbrados a los largos y solitarios viajes, se alimentaban preferentemente del reviro, comida hecha de harina de trigo, aceite, agua y sal, recuerda el profesor Juan Evangelista Aguiar.
El nombre del transporte no es único en la región y, en apariencias, tiende a desaparecer, a la par de los bosques. En las últimas décadas las alzaprimas dieron paso a los potentes camiones para trasladarlos desde los montes a los aserraderos. A estos vehículos motorizados se los llaman "rolleros" o "rolliceros", por lo que a las carretas destinadas a los troncos también se las identificaban como "carretas rolleras" o "rolliceras".
(Foto: www.todocoleccion.net)

La Americana de Paso Pucú

El mariscal Francisco Solano López ocupó la testera de pana roja y almohadones de cuerina negra del coche esa fresca mañana del 12 de setiembre de 1866. Dió la orden de partida y el cochero, un sargento, pronunció su imperativa interjección mientras, brusco, manipuló las riendas con ambas manos.

Los cuatro caballos de tiro se pusieron en marcha iniciando el cascabeleo de los arreos, el ruido crujiente de la cincuentema de monturas y el chirrido de estornijas, bocatijera y del buje en roce con el enjarbe de esta Americana.

Con la habilidad del sargento, la tralla del lático restalla en un chasquido en el aire con el que los animales, estimulados, toman velocidad.

Este faetón de cuatro ruedas del Ejército Paraguayo fue trasladado hasta el cuartel general de Paso Pucú en un barco de guerra cuando el mariscal se puso al frente de sus tropas en combate en la frontera de esteros con la Confederación Argentina, en el sur.

Sus adrales de madera, pintados de negro, crujían al contacto con las piezas de hierro y bronce en cada bamboleo por la rodera que conduce a la línea enemiga. En las partes anteriores de sus tapiales, lucían sendas estrellas del escudo nacional y la inscripción "República del Paraguay".

Aunque hacía fresco, López prefirió descapotar el charabán y esquivar las esporádicas ramas costaneras mientras ensayaba mentalmente sus argumentos con que responder a su próximo interlocutor, el general argentino Bartolomé Mitre. Le esperan en Yataity Corá cinco horas de dialéctica con el comandante en jefe de las fuerzas aliadas donde jugará la suerte de la nación.

Una caballería integrada por 30 oficiales y 24 guardias del escuadrón de dragones siguió de cerca el coche presidencial a medio trote y en doble fila, encabezada por el general Vicente Barrios, con el coronel Venancio López a su derecha.

Benigno López, ubicado inmediatamente detrás de su hermano, Venancio, de vez en vez apresura la marcha, adelantándose a la fila y ubicándose al lado del mayoral por el lado izquierdo del atelaje para dar indicaciones sobre vados e islas de montes por donde marcharían hasta salir tras un largo rodeo al Paso Gómez, de manera a hacer creer al enemigo que ese era el único camino que había.

El fresco mañanero obligó al mariscal abrigarse con su poncho de paño crema forrado de vicuña sobre la casaca militar sin charreteras, complementando con el quepi, botas granaderas con espolines y un par de guantes.

En cada barquinazo el lodo negro de las lagunillas vadeadas salta, violento, en los salpicaderos y el lecho del carruaje oficial; en tanto, desde el pescante, el auriga pega otro manotazo a las ramaleras mientras vomita un par de interjecciones comprensibles sólo por las bestias, antes que la Americana se entorque.

El olor a barro se mezcla al de los cagajones de los caballos que van quedando, humeantes, a lo largo del camino. De vez en vez, en medio de la trapala, un relincho, unos bufidos por ollares dilatados; una perdiz que, asustada, huye en vuelo rasante; una manada de venado en las periferias boscosas y; venteveos en las altas ramas convocando parejas.

López se fija en su remontoir y lo vuelve a ubicar en el bolsillo derecho del pantalón. Son las 8 y 20. Había pedido a Mitre la reunión que éste fijó para las 9.

"Apure la marcha", ordena al cochero quién, tras responder con el "a su órden" de estilo, hace una bolea de zurriaga que zumba amenazadora sobre los pescuezos sudorosos de los cuadrúpedos, que arremeten con ímpetu, a toda rienda.

Mientras, del otro lado, desde Concordia, Mitre marchaba hacia Yataity Corá, López descendió de la Americana junto a una isla de yataíes, en plena trinchera paraguaya, donde un capitán, dos sargentos y un caballerizo aguardaban con "Mandyju", trasladado el día antes desde el cuartel general de Paso Pucú, ricamente enjaezado de plata, con las mismas que compró en Europa cuando su padre era el presidente de la República. Está listo para montarlo hasta el lugar del encuentro.

El tintineo de los espolines del mariscal provocan un bufido y un relincho del animal que al ver al amo, lleva con energía el pescuezo hacia arriba obligando al palafrenero militar acortar amarras y tomarla con firmeza para tranquilizarlo.

"Mandyjú" es un ejemplar de equilibradas medidas longitudinales y verticales, acaso una mezcla de árabe y criollo, que los hipólogos clasifiquen como un animal eumético, es decir de unos 400 kilos de peso. Una magnífica estampa.

López y "Mandyju" se conocen bien. Este es compañero natural de aquél.

Vienen de andar por polvorientos caminos y calles asuncenos en tiempos de paz; de cabalgar, claro, por los parajes de Recoleta y Trinidad en compañía de la bella Elisa, montada en otro caballo. El mismo "Mandyjú" con el que fuera retratado un año atrás por Aurelio García; el caballo cuyo fin, las miserías de la guerra se encargaron de esconder para siempre.

Tras la venia respectiva, el capitán entrega las gamarras del equino al mariscal quién, de inmediato, lo monta con agilidad y elegancia. Él es un magnífico jinete; "Mandyjú", un espléndido caballo blanco.

Saluda y se retira del área de zanjas con taludes. Cabalga a la pierna del caballo que pingotea, piruetea, caracolea, gallardea, travesuras equinas que rescatan una enguantada palmada del jinete.
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