Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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miércoles, 3 de febrero de 2010

Carretas alzaprimas

Cuando Paraguay (406.752 kilómetros cuadrados) todavía era boscoso (hoy no tiene más de 600.000 hectáreas de monte virgen) las carretas alzaprimas abundaban en todo el territorio. Este transporte era utilizado sobre todo para el transporte de troncos o "rollos" como le conocen los paraguayos. Se trata, como lo define el diccionario de la Real Academia Española (RAE) de un carro estrecho, sin caja, de grandes ruedas, empleado para transportar troncos u objetos de mucho peso. Casi ya no hay, aunque por el 2004 todavía se mencionaba que en Capiivary, San Pedro, todavía se utilizaba, como en la deforestación de Argentina, Brasil y Uruguay.
El vehículo tiene ruedas de diversos tamaños, mucho más grandes que los de las carretas convencionales. En Paraguay se conoce al alzaprima número 14 como el más grande; "los alzaprimas gigantes transportando montañas de rollizos y troncos de las selvas taladas", describe Augusto Roa Bastos las actividades forestales del Guairá en su novela "Madama Sui".
Son tiradas por, al menos, dos yuntas de bueyes. El carretero, o boyero, se ubica sentado en horcajadas sobre el rollo, desde donde, picana en mano, va incitando a los cuadrúpedos a mantener la marcha.
Por el departamento de Caazapá, un carrero alzaprimero al servicio de la maderera Fassardi, fue Faustino Brizuela, ascendiente del músico Marcos Brizuela. Este rememora que Faustino era de aquellos buenos carreteros "porque trabajaba solo".
Entrando en la espezura, como dice San Juan de la Cruz, y mezclando los datos, nos percatamos que el escritor paraguayo escribe "los alzaprimas", mientras la RAE sostiene que el género de la palabra es femenino.
Por femenino que sea, esta carreta fue utilizada por varones guerreros dispuestos a matar y morir en los tiempos revolucionarios de Paraguay; así se tiene que en Villa Hayes, los opositores al gobierno del coronel Juan A. Escurra, al mando del teniente de navío Elías Ayala, montaron sobre ruedas de alzaprimas, "antiquísimos cañones coloniales", como describiera Alfredo L. Jaegli en "Albino Jara, un varón meteórico". Los revolucionarios ganaron iniciando en 1904 su hegemonía de más de 35 años en el poder.
La alzaprima fue herramienta imprescindible en la producción rural paraguaya sobre todo en la explotación forestal. Pueblos enteros de Paraguay se crearon en los espacios que fueron ocupados por los bosques, para lo cual este transporte fue vital. Los colonos alemanes que fundaron Hohenau, en las cercanías del río Paraná, en Itapúa, incorporaron en el escudo municipal la figura de esta carreta, junto a la del Espiritu Santo, la fachada de la iglesia y los productos del lugar (yerba mate, tung, soja, trigo).
Por la década de 1920, Leopoldo Ramos Giménez y Manuel Ortíz Guerrero caminaban, como sin rumbo, por la carretera que conduce de Villarrica a Caaguazú volviendo en horas de la madrugada en las carreteras transportadoras de rollizos. Fue en uno de aquellos viaje que el poeta guaireño escuchó silbar a los boyeros canciones guaraníes de la época, mezcla de lamentos y alegrías, que las copió a su manera (por carecer conocimientos sobre la escritura de la música) y que, José Asunción Flores se encargó de mejorarla. Mediante aquellas canciones de los conductores de alzaprimas nació lo que después se conocería con el nombre de guaranía, bautizada así en homenaje a los indígenas guaraníes.
El escritor Mario Halley Mora (1926 - 2003) aportó por su lado que la guarania se inspiró en lo que se llamaba "polka lasánima", que se cantaba en noches de difuntos.
"Yo carrero que trabajo para cumplir mi destino / llevo pesados rollizos para sacar el tanino / yo conozco todo el Chaco nadie recuerda de mí,/ mi consuelo es beber caña y cantar en guaraní", dice la canción correntina "Carrero cachapecero" de Heraclio Pérez y Marcos Ramirez. En Corrientes y Entre Ríos, Argentina, se lo llama "carro diablo" o "carro del diablo"; en el Chaco argentino se lo identifica como "cachapé" y al que lo conduce "carrero cachapecero" o "chapecero". En Corrientes se denominaba "playada" al lugar donde eran depositados los rollos traídos por las alzaprimas.
Los carreteros encargados de transportar los rollos, acostumbrados a los largos y solitarios viajes, se alimentaban preferentemente del reviro, comida hecha de harina de trigo, aceite, agua y sal, recuerda el profesor Juan Evangelista Aguiar.
El nombre del transporte no es único en la región y, en apariencias, tiende a desaparecer, a la par de los bosques. En las últimas décadas las alzaprimas dieron paso a los potentes camiones para trasladarlos desde los montes a los aserraderos. A estos vehículos motorizados se los llaman "rolleros" o "rolliceros", por lo que a las carretas destinadas a los troncos también se las identificaban como "carretas rolleras" o "rolliceras".
(Foto: www.todocoleccion.net)

La Americana de Paso Pucú

El mariscal Francisco Solano López ocupó la testera de pana roja y almohadones de cuerina negra del coche esa fresca mañana del 12 de setiembre de 1866. Dió la orden de partida y el cochero, un sargento, pronunció su imperativa interjección mientras, brusco, manipuló las riendas con ambas manos.

Los cuatro caballos de tiro se pusieron en marcha iniciando el cascabeleo de los arreos, el ruido crujiente de la cincuentema de monturas y el chirrido de estornijas, bocatijera y del buje en roce con el enjarbe de esta Americana.

Con la habilidad del sargento, la tralla del lático restalla en un chasquido en el aire con el que los animales, estimulados, toman velocidad.

Este faetón de cuatro ruedas del Ejército Paraguayo fue trasladado hasta el cuartel general de Paso Pucú en un barco de guerra cuando el mariscal se puso al frente de sus tropas en combate en la frontera de esteros con la Confederación Argentina, en el sur.

Sus adrales de madera, pintados de negro, crujían al contacto con las piezas de hierro y bronce en cada bamboleo por la rodera que conduce a la línea enemiga. En las partes anteriores de sus tapiales, lucían sendas estrellas del escudo nacional y la inscripción "República del Paraguay".

Aunque hacía fresco, López prefirió descapotar el charabán y esquivar las esporádicas ramas costaneras mientras ensayaba mentalmente sus argumentos con que responder a su próximo interlocutor, el general argentino Bartolomé Mitre. Le esperan en Yataity Corá cinco horas de dialéctica con el comandante en jefe de las fuerzas aliadas donde jugará la suerte de la nación.

Una caballería integrada por 30 oficiales y 24 guardias del escuadrón de dragones siguió de cerca el coche presidencial a medio trote y en doble fila, encabezada por el general Vicente Barrios, con el coronel Venancio López a su derecha.

Benigno López, ubicado inmediatamente detrás de su hermano, Venancio, de vez en vez apresura la marcha, adelantándose a la fila y ubicándose al lado del mayoral por el lado izquierdo del atelaje para dar indicaciones sobre vados e islas de montes por donde marcharían hasta salir tras un largo rodeo al Paso Gómez, de manera a hacer creer al enemigo que ese era el único camino que había.

El fresco mañanero obligó al mariscal abrigarse con su poncho de paño crema forrado de vicuña sobre la casaca militar sin charreteras, complementando con el quepi, botas granaderas con espolines y un par de guantes.

En cada barquinazo el lodo negro de las lagunillas vadeadas salta, violento, en los salpicaderos y el lecho del carruaje oficial; en tanto, desde el pescante, el auriga pega otro manotazo a las ramaleras mientras vomita un par de interjecciones comprensibles sólo por las bestias, antes que la Americana se entorque.

El olor a barro se mezcla al de los cagajones de los caballos que van quedando, humeantes, a lo largo del camino. De vez en vez, en medio de la trapala, un relincho, unos bufidos por ollares dilatados; una perdiz que, asustada, huye en vuelo rasante; una manada de venado en las periferias boscosas y; venteveos en las altas ramas convocando parejas.

López se fija en su remontoir y lo vuelve a ubicar en el bolsillo derecho del pantalón. Son las 8 y 20. Había pedido a Mitre la reunión que éste fijó para las 9.

"Apure la marcha", ordena al cochero quién, tras responder con el "a su órden" de estilo, hace una bolea de zurriaga que zumba amenazadora sobre los pescuezos sudorosos de los cuadrúpedos, que arremeten con ímpetu, a toda rienda.

Mientras, del otro lado, desde Concordia, Mitre marchaba hacia Yataity Corá, López descendió de la Americana junto a una isla de yataíes, en plena trinchera paraguaya, donde un capitán, dos sargentos y un caballerizo aguardaban con "Mandyju", trasladado el día antes desde el cuartel general de Paso Pucú, ricamente enjaezado de plata, con las mismas que compró en Europa cuando su padre era el presidente de la República. Está listo para montarlo hasta el lugar del encuentro.

El tintineo de los espolines del mariscal provocan un bufido y un relincho del animal que al ver al amo, lleva con energía el pescuezo hacia arriba obligando al palafrenero militar acortar amarras y tomarla con firmeza para tranquilizarlo.

"Mandyjú" es un ejemplar de equilibradas medidas longitudinales y verticales, acaso una mezcla de árabe y criollo, que los hipólogos clasifiquen como un animal eumético, es decir de unos 400 kilos de peso. Una magnífica estampa.

López y "Mandyju" se conocen bien. Este es compañero natural de aquél.

Vienen de andar por polvorientos caminos y calles asuncenos en tiempos de paz; de cabalgar, claro, por los parajes de Recoleta y Trinidad en compañía de la bella Elisa, montada en otro caballo. El mismo "Mandyjú" con el que fuera retratado un año atrás por Aurelio García; el caballo cuyo fin, las miserías de la guerra se encargaron de esconder para siempre.

Tras la venia respectiva, el capitán entrega las gamarras del equino al mariscal quién, de inmediato, lo monta con agilidad y elegancia. Él es un magnífico jinete; "Mandyjú", un espléndido caballo blanco.

Saluda y se retira del área de zanjas con taludes. Cabalga a la pierna del caballo que pingotea, piruetea, caracolea, gallardea, travesuras equinas que rescatan una enguantada palmada del jinete.
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Portera de los milagros

En medio de tanta corrupción que nos golpea a cada instante allí donde pongamos nuestros sentidos, quiero referirme hoy al milagro que está curando a Salvador Cabañas. No me cabían dudas: los milagros existen, como existen Dios, El Espiritu Santo, Jesús, los ángeles, los santos, la Virgen María.

Decía Dale Carnegie que si ninguna de sus fórmulas para el éxito no funcionaban se debía orar. Con Salvador Cabañas pienso que pasó lo mismo. Todo el mundo se largó a orar. El resultado es que el fútbolista paraguayo terminó abriendo los ojos y pidiendo comer un asado.
Los últimos días fueron suficientes para que la humanidad entienda que en la aparente nada están los seres superiores; que el supuesto vacio está lleno de energías capaces de hacer a favor nuestro todo lo que nosotros, desde aquí, no podemos, siempre y cuando pidamos. El "pide y os daré" retumbó en las nubes del alma de todos.
Al otro lado de lo tangible están todos Ellos de entre quiénes quiero referirme a la Gran Madre: La Virgen María, portera de los milagros.
Sé que Ella me conoce tan mundano como, quizás, la mayoría. Con mis pecados, pecadillos y pecadazos a cuestas, no deja de escuchar mis plegarias de abundancia, paz, amor, serenidad, comprensión, armonía y humildad. Ella bien sabe que no soy su mejor hijo, pero no deja de ser la Madre que necesito. Siempre está vigilante para que evitar más caídas.
Si les contara todas mis experiencias con ella, capaz que muchos no crean ¿Cómo contarles que a los ocho años de edad ella me curó de un plumazo una llaga de meses en uno de los dedos de mi pié derecho?; ¿me creerían que también vi la danza del sol, en Chile, por un milagro suyo?
No olvidaré jamás su presencia en mi oficina aquel sábado de mediados de la década de 1990. Me dejó su mensaje y se fue.
¡Uf!, la virgen María es muy sencilla. No complica para hacerse sentir. Está allí donde uno menos espera. Ella pide oraciones y no todos, pareciera, responden como pide. Se ora un poco y luego nada.
Aparece en las casas humildes, en los nichos, en las paredes; deja sus profundos mensajes de amor y se va. Ciertas veces se presenta llenando de luz el sitio visitado.
No sólo apareció en Fátima a aquellos partorcillos; lo sigue haciendo hasta hoy. Ella pide orar, nada más que eso. No pide que juntemos todas las joyas de Paraguay para engalanar su imagen; no pide una propiedad en San Bernardino, un piso en Punta del Este, una cuenta corriente en las Bahamas, un cupo para viajar en primera clase, ni un auto nuevo de paquete. Pide oración; un Padre Nuestro, un Ave Maria y un perdón por los pecados.
A cambio Ella deja milagros. Nos devuelve a nuestro querido Salvador Cabañas, por ejemplo.
Si todos nos pusiéramos a orar para que termine la corrupción, estoy seguro que seremos escuchados y terminará la corrupción.
Entonces, si ya no tenemos otros recursos como recomendara Carnegie, si Cabañas se va curando rápidamente (que asombra hasta al mismo Papa) ¿por qué no oramos todos para que termine la corrupción en Paraguay y la humanidad toda?
De nuevo tenemos una prueba a manos para saber que si golpeamos las puertas se nos abrirá. Yo creo que la Virgen María siempre está parada junto a la puerta para abrirla a quienes quieren un milagro. Ella es la portera de los milagros.

martes, 2 de febrero de 2010

La tilinguería de los parlamentarios que crearon una ley

A lo mejor soy uno de los miles de paraguayos, acaso millones, que se preguntan si para qué se prende la luz de los vehículos, con luz solar, en las rutas nacionales. Sé que es porque hay una ley que lo obliga. Y sé lo que dice la ley respectiva, la 1.939/02, en su artículo 39: "Todo vehículo que circule en las rutas nacionales e internacionales de la República, están obligados a llevar encendidas las luces reglamentarias (luz baja o luz corta) durante las veinticuatro horas del día".
¿En qué se basaron los responsables de semejante artículo?, ¿en la ley de los argentinos, los brasileños, los coreanos? Si así fuera, ¿cuántos muertes se evitaron con las luces prendidas en aquellos países y, sobre todo, evitan los accidentes a la luz del día?
Lo que me queda claro es que las luces prendidas en las rutas nacionales durante el día no han disminuído el índice de accidentes y que sí han aumentado las rabietas de los conductores que por prenderlas queman focos y quedan a oscuras cuando circulan en horarios nocturnos; que se acaban las baterías en menor tiempo y que, la verdad de la milanesa es que la ley mencionada no hace sino crear dificultades a los que conducen y, oportunidad para los efectivos coimeros de la Caminera, que nunca faltan.
Si yo fuera el director de la Policía Caminera no solo me aferraría a lo que dice la ley, sino procuraría porque la misma sea derogada no para cosechar simpatías entre la gente sino porque a mi también, como conductor, me parece una tontería prender la luz en la ruta en horas diurnas.
Se entiende que cuando hay menos visibilidad en días brumosos o con lluvias, las luces son prendidas porque así lo dicta el sentido común que no necesita de ninguna ley para que actúe. Nadie que tenga dos dedos de frente conducirá un día de lluvia y poca visibilidad sin las luces activadas. Esto cae de maduro. A eso se llama sentido de supervivencia.
Toda ley debe servirnos; la 1.939 del año 2002 no nos sirve ni para tranca de puerta. En casi ocho años de aplicación no conseguimos sino dolores de cabeza a la hora de sentarnos junto al volante. Es lo que deben entender Eduardo Petta, los de Obras Públicas todos, los parlamentarios, los policías y cuantas autoridades que asumen la responsabilidad de manejar las cosas públicas.

viernes, 29 de enero de 2010

Quitadol

No soy de ver la televisión, me agrada escuchar las noticias a través de la radio. Me hubiera gustado mucho más el invento de Guillermo Marconi si la publicidad actual no fuera tan desagradable como la que propone la marca Quitadol a las mujeres.
Para los que no escucharon, diré que en el aviso una mujer llama a una amiga para que le preste su ropa, pero esta le dice que no tiene pero que otra, amiga de ambas, la puede hacer ese favor; la que precisa prestar la prenda llama a la recomendada y desesperada la solicita, "porque nada la queda bien" a lo que recibe por respuesta que tome un Quitadol fem.
Un mensaje lleno de histeria, mal gusto y pésima onda a lo mejor vende Quitadol (o no venda) lo que no me quedan dudas es que contamina el espectro radial y genera estilos que gustando a unos "creativos" (también probablemente histéricos) pueda introducir otros que poco benefician a la armonía toda, al buen gusto.
El tipo de aviso al cual me refiero también contagió a otra marca que puso por personaje a un supuesto empresario que se le había quemado el negocio y que hablando no hacía sino pintar con bleque a los empresarios en general; quejones, mal expresados, amarretes, negativos por donde se los mire.
¿Cómo afecta a la mayoría un aviso como el de Quitadol?
No sé; lo que sé es que a mi me obliga a bajar el volumen de la radio en el mejor de los casos o, cambiar de estación, en el peor ¿A quién se le ocurre aguantar histerias como las que se escucha a cada rato a través de la radio arropada de una inofensiva publicidad?
Si en la sociedad encontramos síntomas de disfunciones anímicas en las esquinas con semáforos, en los restaurantes, los transportes de pasajeros, etc., es también porque estamos contaminados de los antimodelos publicitarios, como los que nos plantea el laboratorio que fabrica la marca respectiva.
Por esta manera de pretender vender, las radios van perdiendo espacio y dejando que los recursos de Internet se conviertan en sus sepultureros. Vender a través de la publicidad radial demanda no dejar de lado, jamás, la ética y la estética. Hay que reconocer que hay mucha basura en el mundo publicitario radial de Paraguay, que me disculpen los señores publicistas y las empresas publicitadas.
Bastará con escuchar avisos de este tipo para que piensen igual que yo. No es mi idea modificar el pensamiento de nadie; sí, quejarme porque las publicitarias no me agredan como oyente de radio.
No creo, finalmente, que las mujeres, faltándole el respeto a su inteligencia, compren más Quitadol, con semejante adefesio comuncacional. A ver si me doy a entender y que los "genios" de la publicidad radial se sacudan a favor de los que estamos al otro lado de la radio creando algo menos agresivo a los oídos.

sábado, 23 de enero de 2010

El Pato Donald

Cuando Luís María Argaña dijo alguna vez que hasta el Pato Donald podía ser presidente de la República se refería a que no habían líderes capaces de aspirar la primera magistratura del país. Paraguay carece de líderes y los pocos que emergen de vez en vez desde el sector que fuere y por las causas que fueren inmediatamente son apoyados para ocupar el cargo de presidente, intendente, senador, diputado, gobernador, para que finalmente lamentemos la pobre gestión de quién fue elegido.
Vean lo que pasó con este joven al que llaman "el borracho de la arbolada": por decir lo que dijo en estado etílico se convirtió en menos que cante un gallo en el ídolo de miles. Ahora es estrella pura y puede que, en cualquier momento, aparezca en la radio o en la televisión orientando opinión pública y de ese cargo trepar a vaya a saber qué cargo público.
Una sociedad es complicada cuando no hay líderes útiles en cada sector.
Fidel Zavala ahora es potencial candidato de los liberales para ocupar el cargo de intendente de Asunción todo porque aguantó 94 días de cautiverio en manos de sus secuestradores. A Zavala se le obligará a hacer bien la limpieza de calles y plazas, la recolección de basuras y otorgar nuestro registro de conducir en plazo y forma y que deje de lado lo que en realidad sabe hacer: criar ganado, buscar los mejores mercados para su hacienda, reducir la mortandad de terneros, etc.
La misma Evannhy de Gallegos ocupa el cargo de intendenta de Asunción por su fama como periodista. Esta herramienta, la fama, no fue suficiente para mantener la ciudad limpia y con los desagües destaponados como lo hacían, por ejemplo, hombres con vocación como Porfirio Pereira Ruíz Díaz o Pedro Bruno Guggiari.
A Fernando Lugo se le critica su gestión de 17 meses como presidente de la República. Quienes lo han votado que reconozcan que Lugo jamás se preparó para ser presidente de los paraguayos sino para administrar la comunión y decir misa. Y si para eso se formó que la gente no se queje por su pobre gestión en el poder político.
Los políticos, que son los primeros asignados a aspirar los cargos electivos, deben preocuparse porque entre ellos hoy no exista alguien que merezca la confianza del voto mayoritario. Es evidente que hoy carecemos de hombres de la talla de Emilio Acval, Cecilio Báez, Manuel Gondra, Pedro P. Peña, Eduardo Schaerer, Manuel Franco, Eusebio y Eligio Ayala, Natalicio González, Manuel Dominguez, Juan León Mallorquín y otros como para dejar en sus manos la conducción nacional.
Por eso la gente apela a, por ejemplo, José Luís Chilavert para ocupar algún cargo electivo, incluyendo el de presidente de la nación. Su mérito de atajar pelotas para que no entren goles es suficiente para que sea nuestro presidente durante cinco años.
Debemos pensar como paraguayos una manera de salirnos de esta falta de liderazgo, no solo para los cargos electivos nacionales sino para todos los frentes. Veamos: no tenemos liderazgo en periodismo, en producción primaria, en transporte, en educación (las carreras universitarias son un verdadero desastre), en casi nada. Nos salvamos por el lado deportivo, de donde queremos extraer algunos elementos para que nos dirijan.
De haber personas capaces de conducirnos por su solidez intelectual y moral, las hay, pero los partidos políticos (plataformas para llegar a los altos cargos) no lo aceptan porque no serán útiles para el sistema que apaña la corrupción practicada por los principales de la política, así sea del color que fuera.
Ante tanta pobreza, mal no estará volver a golpear ls puertas del cielo a ver si Dios, Jesús y el Espiritu Santo no nos iluminan y nos indiquen el camino para no equivocarnos otra vez a la hora de elegir a nuestros autorizados a gerenciar las cosas públicas.
Entre tanto debemos "pescar" porque alguien haya sido secuestrado durante 94 días, que ataje pelotazos en el arco o que, en un accidente de motos, vuele por los aires y caiga sobre una arboleda para entregarle todo nuestro aprecio, respeto y confianza y que finalmente les elijamos como candidatos para vivir en Mburuvicha Roga, sea el intendente capitalino o que dirija el Parlamento Nacional.
Así no se elijen a los hombres públicos en democracia, pero eso es lo que hay, como dice un amigo español. Creo que Argaña tuvo razón; aquí hasta el Pato Donald puede ser el presidente de la República.

martes, 12 de enero de 2010

La historia jamás contada del peluquero Freddy

Si me dicen que todo lo oculto de la época de Stroessner ya fue revelado y juzgado, lamento decirles que están equivocados. Yo también pensé que todo ya se supo mediante el descubrimiento del "archivo del terror" y de las tumbas NN, pero también me equivoqué. A casi 21 años del derrocamiento de Alfredo Stroessner Matiauda y a cuatro años de su muerte, los hechos van revelándose como por encanto, por temor al olvido o como conjuro contra el maldito miedo.
No todos recordarán al peluquero Freddy a quién se mató hace unos 25 años en su departamento sobre la avenida Mariscal López, en Asunción.
Por aquel tiempo su muerte escandalizó a muchos, mientras no pocos decían que murió en su ley: en manos de sus amantes (era homosexual). Los diarios de la época (Abc estaba cerrado) le dieron el ligero destaque necesario y luego, nada. Su muerte debía quedar en el olvido.
El actual director periodístico de un dario asunceno había sido despedido, por aquel entonces, de su puesto de periodista en el diario de Humberto Dominguez Dibb (yerno de Stroessner) por haber publicado un suelto sobre el asesinato de Freddy. Nada debía publicarse.
Se dijo que su muerte fue por motivos pasionales. El informe policial así lo avalaba. Era jefe de Investigaciones de la entonces Policía de la Capital Pastor Coronel; era ministro del Interior Sabino Augusto Montanaro.
Con el tiempo, como liberados mediante la muerte de Stroessner, algunos ex calificados testigos sueltan prendas y dejan que la verdad germine en la sociedad asuncena.
La verdad es que aquel peluquero que atendía sobre la aristocrática avenida Mariscal López no habría muerto en manos de algún amante, como transcendió, sino en las de los mismos efectivos de Pastor Coronel.
Parece que, en verdad, la historia real iba por otro camino.
Freddy, el peluquero más caro y mejor relacionado entre las más copetudas mujeres asuncenas de la década de 1980, escuchaba en su salón las más variadas historias de sus clientes: chismes de menor cuantía hasta quejas por desamores, negocios alcanzados o truncos, maldades, infidelidades y - lo clave de esta historia - las insatisfacciones de algunas mujeres solteras, casadas, divorciadas, separadas y viudas. Originadas en las necesidades sexuales, claro.
Freddy volvía a comentar las versiones escuchadas en la peluquería a un amigo suyo, un chileno, quién (rápido para ganar dinero) le propuso un negocio para explotar dichas angustias femeninas: instalar una casa de citas donde hayan prostitutos argentinos contratados especialmente para el efecto, siempre y cuando reunan algunas condiciones: jóvenes, buen físico y bien dotados.
Aceptada la idea, fue montado el prostíbulo para las "fifí" de Asunción. Un edificio de unos tres pisos, en un sitio discreto donde se amoblaron las habitaciones como para que las clientes se sientan a gusto y tengan ganas de volver. Una casa donde no haya porteros ni vecinos y que adentro haya copa y amor, como en el tango. Los hombres, cuentan los que sabían de estos intríngulis del poder, eran atractivos y discretos de manera que una próxima visita era casi una fija.
El negocio tomó vuelo.
Las exclusivas parroquianas accedieron a la novedad en el mismo sillón donde se arreglaban el cabello con el peluquero. Este susurraba con las reservas debidas en sus delicadas y perfumadas orejas el nuevo sitio donde podían dar corte a sus problemas.
La esposa de un poderoso general de aquella época no dudó utilizar los servicios, previo acuerdo sobre los precios: Fuera del local, 1.000 dólares (por poner una cifra); dentro, 800 dólares.
La mujer del referido general, por lo visto muy entusiasta, contrataba con relativa frecuencia los servicios de uno de los prostitutos y lo llevaba a su estancia, escándalo que se sabría de a poco mediante los servicios de inteligencia del finado Pastor Coronel.
Las hijas y sobrinas de esta paquetuda mujer también experimentaron el agradable y extasiante servicio de los musculosos "servidores" de la sociedad aterciopelada.
Lo que no sabrían, hasta mucho después, las habitués del engalanado pero hermético sitio es que allí estaba activado, por obra y gracia de los dueños del negocio, un sistema de filmación de alta fidelidad, como para fotografiar y filmar cada escena de sexo practicado entre sus paredes.
Las fotos y los vídeos eran otra cantera porque se venderían a compradores que ya esperaban la mercancía en sus lejanas oficinas en Estambul, Hong Kong, Taipei y Tokio.
De esta - la filmación - se enteraría un equipo de ex funcionarios de Ministerio de Relaciones Exteriores que había viajado a Japón, donde - casualmente - encontraron en una revista porno la foto de la esposa de uno de los altos funcionarios de dicha cartera en una fuerte escena sexual con un musculoso joven.
La revista terminaría en manos del mismísimo presidente Stroessner quién, enfurecido hasta decir basta, ordenó a Montanaro que iniciara de inmediato las investigaciones respectivas. No pasó mucho tiempo como para tener los datos completos en la carpeta reservada de Pastor Coronel: el peluquero Freddy regenteaba un prostíbulo para mujeres (pero también para hombres inclinados hacia la homosexualidad).
La orden no se hizo esperar: el peluquero debía desaparecer. Y así fue. Se lo mató en su propio departamento. Fueron los hombres de Pastor Coronel.
Una vez asesinado, la policía deStroessner revisó cada centímetro cuadrado del prostíbulo. Allí encontraron miles de fotografías y filmaciones que eran negociadas en Asia. Y, desde luego, las fotos de esposas, novias, amantes, hermanas, tías, vecinas, primas de los que estaban en el poder. También las fotos de algunos conocidos hombres. Todos fueron clientes de la casa de los "hetairos".
En un lugar secreto de la casa encontraron hasta piedras preciosas ingresadas de contrabando desde Brasil para su venta entre las copetudas asuncenas, otro negocio de Freddy con el chileno.
Aquello fue un verdadero escándalo entre los stronistas. Unos se asombraban y avergonzaban por haber sido descubiertos en semejante distracción; otros, sencillamente por vergüenza ajena. Pero todo el lío de las mujeres enjoyadas quedó al amparo del más completo silencio del cual era capaz la dictadura.
Cuentas que el mismo Alfredo Stroessner participó de la quema de las fotos y de los vídeos. Nunca el hombre se sintió más ofuscado con las mujeres pilladas in fraganti y con el peluquero de la avenida Mariscal López.
El audaz estilista pagó con su vida semejante aventura; las clientes (y los clientes) acaso con el remordimiento.