Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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miércoles, 9 de enero de 2008

Rigurosa y seductora

Si fuera hombre hubiese sido un guerrero espartano si ya no lo fue en sus anteriores vidas. Su innato sentido del orden la torna especial entre las de su misma edad. En la tabla de prioridades de su vida, primero la disciplina, el orden, el punto justo; ni el más ni el menos, la exactitud constante, la armonía por voluntad y vocación.
Después, el resto.
Porque detesta el desorden todo lo tiene organizado, desde sus apuntes, sus ropas, sus tarjetas, los adornos navideños de la casa hasta sus planes semanales. Es de las personas, no muchas por cierto, que piensan que la disciplina y el esfuerzo pagan dividendos porque allí está la parte más importante del éxito.
Su estilo de vida es la disciplina. y como tal hubiese sido una de las mejores, si no la mejor, alumnas de Carlos Zuckmayer quien enseñaba que la mitad de la vida es suerte, que la otra, disciplina; y que ésta es decisoria ya que, sin disciplina, no se sabría por dónde empezar con la suerte.
Duerme, despierta, desayuna, almuerza en las horas marcadas. Levantarse de la cama, ducharse y vestirse demandan de ella planificadas conductas que cumplen con naturalidad. La cama que primorosamente la arregla ni bien la desocupa en horas tempranas y; la toalla limpia y sus ropas planchadas acomodas delicadamente sobre una silla, destilan amor al orden.
Se la debiera ver lustrando sus calzados y ubicarlos con cuidado en las cajas del zapatero de la habitación.
Metódica por donde se la mire.
Es de las que con ejemplos enseña que mediante la disciplina se puede alcanzar la libertad. "Vierte agua en un vaso y podrás beber. Sin el vaso el agua salpicaría por todas partes. El vaso es la disciplina", diría.
Detesta lo que ya no sirve.
Diferente a muchas mujeres, ella prefiere deshacerse de las cosas viejas, de las irremediables. "La mayonesa cuando se corta, se tira" es una de sus frases favoritas que cencerrea de vez en vez, así se refiera a prendas rotas o a un amor irrecuperable.
Si aquellos objetos, sin embargo, envuelvan sus mejores recuerdos, incluso los acompañan con oportunos y primorosos apuntes: "la primera vez que cayó fue de la cama de los papis", anota en una cepiada agenda de las primeras fotos de su hijo, hoy con 27 años de edad. En algún rincón de su casa, que sólo ella lo sabe, guarda un mechón de pelo de sus dos hijos, de cuando se los habían cortado por primera vez.
Su ancestral empadronamiento de cuantas cosas hacen a lo suyo y su envidiable memoria le permiten recordar los asuntos que, en apariencias, parecieran insignificantes, los que, con notable sentido de oportunidad, los aplica en sus actividades cotidianas. Su disciplina le añade fortaleza y templanza.
Todo anota: Sus gastos, sus fechas de vencimientos, sus planes. Sus agendas anuales están llenas de sus manuscritos, que al 31 de diciembre se vuelve un fenomenal archivo.
En cuanto a sumas, restas, divisiones y multiplicaciones de sus responsabilidades financieras es singularísima.
Cuando sus números no cierran se apodera de ella un extraño cuan insondable mal humor. Es cuando se envuelve con una pesada capa de silencio. A partir de ahí, como tocada por alguna mágica varita, se las agencia para salir de sus eventuales apuros que, a la larga, son vencidos por la aplicación de su personal sistematizada estrategia.
Sí, producto de su auto disciplina, es una mujer de carácter, que a su vez la vuelve atractiva como aquellas bellas etruscas. Su maestría la trae de niña, de cuando supo vivir sin la protección del padre y con la angustia de su madre joven con tres niños muy pequeños; de madre separada, y con dos hijos, tuvo necesidad de trabajar por un salario.
Una mujer con firmeza, en fin, que por disciplina se hizo de respetable carácter y engendró un modelo de coraje. Una mujer disciplinada que también irradia feminidad, alegría por y para la vida, sabiduría y seducción a su paso. (Asunción, Paraguay, enero de 2006)

martes, 8 de enero de 2008

Mi escoba y la vereda

De vez en cuando me agrada limpiar la vereda de casa.
Debo ser sincero: solo de vez en cuando.
Pienso que pocos deben ser los que obsesionadamente desean limpiar sus veredas todos los días, círculo al cual no pertenezco.
Pero cuando le tengo ganas, lo hago con gusto. No hay nada mejor que hacer las cosas con ganas, así sea limpiar de yuyos el cordón de la vereda, leer un buen libro o controlar las tareas escolares de los hijos.
Ese domingo, como a las 11.00, cuando octubre ya se presenta con los primeros rigores del verano austral, también me pongo a limpiar los 20 metros de vereda que corresponden a mi familia en uno de los dos frentes de la casa.
Este frente, a propósito, me gusta. Esta calle es más ancha que la otra y tiene árboles que los vecinos pusimos en nuestras respectivas aceras. En Paraguay no se concibe una casa sin árboles. Y por eso en este verano volvemos a gozar de la sombra de los árboles que plantamos. Son de los llamados Castaña o Sombrero de Playa.
Las primeras plantas del barrio traje de la ciudad de Concepción, por el año 1981, que me habían sido regaladas por la madre de Pedro Alvarenga, un periodista e historiador de reconocida solvencia académica.
Eran dos plantitas que transladé en un viaje aéreo. Los planté frente a la casa y cuando fueron grandes algunas de sus semillas las volví a plantar en latas de leche Nido para regalar a vecinos y amigos.
Creo que esta especie es originaria del Brasil. Ahora hay, abundante, en todo el Paraguay.
Retomo el tema.
Limpiar la vereda me agrada, les decía, porque también es una excusa para arrimarme a los vecinos.
"Buen día, don Plate", "Buen día, doña Lilí" les saludo, escoba en manos, a los más próximos. "Adios, ¡qué guapo!", me responden otros que van camino a la iglesia cercana. En Paraguay decimos guapo a la persona diligente. Si fuera por puridad idiomática probablemente no me dirían "¡qué guapo!".
Esto de limpiar me lleva a las fronteras de mi compromiso público. Si bien es cierto que hay un pago por la recolección de basura, no pagamos a la municipalidad de mi jurisdicción ninguna tasa por limpieza de vereda, por lo que mal podría esperar que la administración comunal se encargue de limpiar mi vereda. Por tanto, lo hago por y los míos de casa en el espacio que nos corresponde. Lo hacemos con gusto. Con muchísimo gusto. Es una manera de practicar el bien público, así sea apenas limpiando la vereda de nuestra casa y por la que caminan los demás.
Debo confesar que ver limpia la vereda donde resido me hace bien. Es una manera de sentirme realizado. Me siento bien al observar la vereda sin las últimas hojas caídas de los árboles de la cuadra, sin las colillas de cigarrillos en las ranuras del empedrado, sin yuyos entre las baldosas, sin arenas que tape los caños de desagüe que se orientan hacia la calle. Sí, en mi barrio se arroja el agua sobrante en la calle, como en las ciudades europeas del siglo XVll.
Barrer la vereda me hace apreciar mucho más esa calle, esos árboles, la vecindad, el barrio. Excelente terapia es tomar la escoba. Es tarea motivadora que contagia al vecino que, pronto, hace lo mismo frente a su casa.
Y nos añade autoestima. Esto yo lo puedo hacer y lo hago. La autoestima nos da confianza y ésta, fortaleza. Si somos firmes seremos capaces de desarrollar otras virtudes. Por ejemplo, la justicia. Si no pago una tasa municipal por limpieza de calle, no pretenderé que la institución pública lo haga. Por tanto, la limpio yo. Limpiarlo me ayuda a ser más junto conmigo mismo y con los demás.
Además barrer es un buen ejercicio para la cintura. De vez en vez debo ponerme de cuclillas para arrancar con las manos los yuyos y volver a levantarme. También debo cargar la basura en la bolsa de plástico. Volver a agacharme. Un ejercicio que viene como anillos al dedo a los músculos y a las articulaciones en general; un santo remedio para aquellos que se resisten a las caminatas, por ejemplo, por la razón que fuera. A propósito, cuando uno superó los 45 años de edad necesita estirar los músculos y con más razón para una persona con 50, como yo.
Cuando la calle de casa está limpia, como que el aire se vuelve más fresco y los árboles responden con más verdor. Como que todo es más amable, solidario y pacífico. (Luque, Paraguay, octubre de 2003)

Sólo, en un cuarto de Paris

Desde una modesta radioemisora del norte del Paraguay denunció a los delincuentes y a sus cómplices en el poder; publicó sus fechorías; reveló sus nombres y apellidos. Como un galgo tras la liebre les persiguió, tenaz, teniendo por arma sólo el micrófono de la radio de corto alcance y de su noticia confirmada.
Luego desapareció. Nadie más supo de él. El consecuente revuelo periodístico fue infernal. Los días, las semanas y los meses pasaron y nada se sabía de él por lo que el reclamo fue unánime: que los delincuentes lo devuelvan con vida. Otros pensaron que fue liquidado.
Hasta que reapareció fuera del país, en Uruguay ¡con vida!
Pero, vaya hipocresía, todo el mundo se molestó, desde el Presidente de la República, hasta varios colegas periodistas porque no haya muerto. Todos lo acusaron de mentiroso y falso. El escándalo llegó al mismo Parlamento Nacional y a la Presidencia de la República.
Es que Enrique Galeano - de él se trata - logró salvar el pellejo mediante haber tenido la suerte de salir de su pueblo, Yvy Yaú, infectado de narcotraficantes a quiénes él tuvo la osadía profesional de denunciarlos y; luego, esconderse en algún lugar de la región.
Desapareció por meses y cuando reapareció con vida, mediante la intervención de piadosas personas y entidades, la gente de Paraguay se molestó, se razgó las vestiduras, pegó gritos al cielo, convocaron a los seres del infierno, deshonraron el nombre de las madres, publicaron manifiestos, bandos, solicitadas y resoluciones.
Porque Enrique estaba con vida los miserables e hipócritas se autoflagelaban ante la opinión pública, sus muros de lamentos.
La idea de tener a un periodista muerto en manos del narcotráfico no pudo ser posible. Muchos reclamaban un héroe y Enrique reunía las cualidades necesarias para responder a esa necesidad colectiva. Pero - ¡qué pelada! - Enrique no tuvo mejor idea que aceptar la idea de refugiarse en un país europeo.
Y aquí está con vida.
Con vida, pero con la indiferencia de casi toda una sociedad paraguaya. Digo "casi" porque, estoy seguro, no todos los paraguayos son hipócritas como para dejar a ese valiente compatriota a la deriva, como ahora está en algún cuarto parisino, sin la menor posibilidad de reunirse con su mujer y sus hijos.
Enrique Galeano es un excelente paraguayo. Es valiente y un gran profesional del periodismo. Hizo desde una modesta radio lo que muchos se niegan a hacer desde las grandes cadenas radiales y televisivas, como desde los más grandes diarios, de Paraguay. Se enfrentó cara a cara con los narcotraficantes y hoy paga su valentía porque, se sabe, en Paraguay - ese nuevo nido de narcos - casi todo está manejado por los delincuentes de la cocaína y de la marihuana. Puede molestarse conmigo quién quiera: la prensa paraguaya también está infectada de narcotraficantes y de sus cómplices.
Enrique paga su valentía sumergido en el silencio de una habitación francesa, sin medios para comunicarse (¡qué castigo para un periodista!), con frío, y sin lo mejor que tiene y reclama: su familia junto a él, bajo un mismo techo.

viernes, 28 de diciembre de 2007

¿Cómo usamos Orkut?

Sin dudas, estamos en la Edad de Oro de las comunicaciones. La informática nos acercó a este bello paraíso de los teléfonos celulares, de las transmisiones vía satélite, de Internet, del chat, del blog y de eso más nuevo y cuyo nombre es de un turco: Orkut. Esta red social promovida por Google desde enero de 2004 para todo el mundo nos permite comunicaciones instantáneas con cualquiera de la red en cualquier parte de la Tierra.
Referirme a las nuevas posibilidades que ofrecen la comunicación hoy me apasiona, como a cualquiera que aprecia este regalo de los sabios contemporáneos. Y teniendo a mano todo estos milagros no nos quedan otras que usarlos para bien, con la misma filosofía de quienes lo inventaron o descubrieron.
Por eso, deseo referirme particularmente a Orkut.
Hasta hace muy poco yo no conocía este recurso inserto en Internet. Me enteraría días atrás que mi hija, Mónica, es parte de ese complejo virtual desde el 2004, ni bien los brasileños (ella estudia en una universidad paulista) accedieron a la red. Desde mi ingreso al día de alzar este comentario, muchos miles se habrán convertido en fervientes "orkutienses".
Leo en Wikipedia que "la red está diseñada para permitir a sus integrantes mantener relaciones existentes y hacer nuevos amigos, contactos comerciales, relaciones más íntimas".
Son millones de contactos a cada instante charlando de todo un poco. Y ahí está la gracia de este recurso comunicacional: charlar de lo que a uno le plazca.
Abordar el tema que se quiera sin faltar el respeto a nadie, sin desarmonizar, con alegría, desparramando optimismo, regalando y recibiendo sabiduría, con franqueza, sin otras intenciones más que el de comunicarse con decencia. Si yo actuo de ese modo habré de honrar el esfuerzo de los científicos encargados de poner en mis manos esta preciosa herramienta.
Y tampoco me molestaría porque algunos se equivoquen en su uso, ya sea por las pasiones que le mueven o por la ideología que sostiene y defiende. El hombre naturalmente es pasión y esta debe ser tolerada por más que estemos en desacuerdo. No me molestaría por sus opiniones, como de hecho no me molestan, porque en esta actitud mía aporto mi grano de arena para ir sacando de entre nosotros la ignorancia, esa maldita roña, por lo que muchos se resisten a no respetar los derechos elementales de las personas.
Orkut es una invitación a la libertad de expresión y lo entiendo como la ocasión para demostrar que con respeto, decencia y transparencia podemos hablar de todo, incluso de eso que los más resagados temen tratar: política y religión. Nunca me expliqué por qué no incorporar a la política y la religión como temas de conversación. Ambas forman parte de nuestra esencia humana por tanto me parece sano abordarlas.
La red orkutiana permite charlar de todo. Depende, sí, de cada uno para que Orkut todavía sea más útil de lo que ya es mediante nuestra manera de encarar las charlas, de usar este mecanismo, de los temas que abordamos, de la madurez con que nos hacemos acompañar cuando estamos ante el ordenador. También sirve para la pavada, para preguntar y responder tonteras, para quemar leñas del tiempo, para eso insípido, intranscendente y anodino que también forman parte de nuestras vidas, especialmente entre muchos jóvenes. Al fin de cuentas de qué sirve la vida sin matices.
Si tenemos los medios con qué hacer llegar nuestros pensamientos a los demás no nos queda más que comunicarnos. Depende de cada uno para que aporte lo suyo para ayudar a mejorar a los demás, así se trate el tema que se trate. La sabiduría que viene de la mano de los decentes y respetuosos no debe tener a su paso barricadas, muros ni altos portones candadeados como los resagados quieren hacer valer. La maldita ignorancia se vale de estos para envolvernos en su repugnante y sucio manto.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Los que se han ido

El dato sobre la migración de compatriotas publicado el 27 de diciembre de 2007 por el Ministerio de Relaciones Exteriores es preocupante: nada menos que 776.000, el 12,8 % de la población paraguaya.
Sin embargo, como bien dice el informe oficial "la Cancillería publica estos números de acuerdo a las gestiones que realizan los compatriotas en consulados y embajadas que tienen secciones consulares". Escapa al control oficial los paraguayos que no han realizado gestiones y que, creemos, no deben ser pocos.
Quizás no nos equivoquemos, pues, si pensaramos que los emigrados de Paraguay en los últimos diez años sean mucho más que 1.000.000 de paraguayos, sin contar a los inmigrantes de varios países que se habían asentado en Paraguay desde la década de 1970 hasta principios de los de la década de 1990.
La avasallante mayoría de los emigrados abandonaron el país en busca de trabajo y si bien muchos de estos desearían volver, no lo harán hasta que los hombres y mujeres que gobiernan el Paraguay no decidan ser formales, respetuosos, trabajadores, decentes, honrados; en una palabra, ejemplares.
En los últimos 18 años Paraguay no ha tenido la suerte de contar con gobernantes decentes capaces de evitar la hemorragia de compatriotas hacia el exterior. Tampoco se han preocupado por los que abandonan el país, al contrario, algunos hasta se burlan de los emigrantes, como el actual inquilino del Palacio de López.
El incompleto dato de la Cancillería paraguaya debe ser aprovechado por la Secretaría Técnica de Planificación y, sobre todo, por cada uno de los candidatos presidenciales para trazar planes que permitan rever la incómoda como vergonzosa posición de la economía del país. Rever y actuar en consecuencia.
No actuar en función de este desastre social desde el próximo gobierno (porque este se encargó de darle el tiro de gracia a la suerte paraguaya) es conspirar directamente contra el sentido común.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Mira quién ordena

El domingo 30 de diciembre de 2007 los afiliados del partido oficialista, Asociación Nacional Republicana (ANR), votarán de nuevo en un barrio asunceno, por esas cosas que sólo el colorado sabe explicar porque así es en el partido de Alfredo Stroessner, Mario Abdo, Sabino Montanaro y de los Macheteros de Santaní de Pastor Milciades Coronel.
Puede que después del último domingo de 2007 se sepa quién será el ganador de esta primaria colorada y que sea el candidato presidencial para las votaciones de abril próximo. Digo puede porque, como se sabe, uno nunca sabe si las elecciones coloradas son legales o ilegales, transparentes o turbias, oportunas o inoportunas.
Dicen que el presidente paraguayo está hecho un trapo por lo preocupado que le pone saber que Blanca Ovelar (de quién, por una cuestión de género, no podemos decir que es su caballo sino que es su yegua) no tiene los votos necesarios para avanzar hacia el Palacio de López.
Por eso, don Nicanor ya ordenó a todos los funcionarios públicos a votar a Blanca. Ordenó como Stroessner, Mario Abdo, Montanaro o Coronel a sus macheteros de San Pedro.
Lo que pasa que Nicanor olvida que ya no está como en los tiempos de Stroessner, Mario Abdo, Montanaro y Coronel, excepto que aquel asuma el papel de dictador, tras un autogolpe (que ganas, seguro, no le faltan) contra todo el sistema democrático.
Los funcionarios públicos de Paraguay deben estar temblando como una hoja porque el Presidente ya les ordenó a votar a Blanca Ovelar. Estarán sin dormir. Miles deben estar con calmantes y té de tilo. Estarán rezando a la Virgen de Caacupé para que les saque la preocupación de encima. seguro que a más de uno ya le dio un síncope.
¿Qué se puede esperar de alguien que se burla de sus compatriotas por haber huido de Paraguay hacia España para trabajar; de uno que quiere ser como Hugo Chávez; de uno que tiene por brazo ejecutor (Calé) para pelearse con las potencias del mundo; de un presidente en cuyo avión se hacen viajes nocturnos con sospechosas cargas y pasajeros; de alguien, en fin, que tiene por amigo y protegidos a feroces contrabandistas (los Careaga, por ejemplo) de Ciudad del Este?
Se puede comentar, pues, que Nicanor es consecuente con su catadura moral. Puede "ordenar" a los funcionarios públicos (que no son suyos) a que voten a su candidata. Y su "orden" no será sino para generar más burlas y rabias contra él, un indecente metido a presidente del país, porque los funcionarios públicos habrán de hacer exactamente lo que les venga en ganas a la hora de entrar en el cuarto oscuro. Mira quién ordena...

lunes, 24 de diciembre de 2007

Catorce nochebuenas atrás

Nochebuena de 1992. la reunión en las oficinas de Ecomipa, sobre la avenida Artigas de la capital paraguaya, era animadisima. Los veinte hombres presentes - no habían mujeres - se encontraban sentados en torno a la larga y lustrosa mesa de nogal. La cabecera principal estaba ocupada por un oficial general de 51 años de edad y que era el jefe del grupo: Lino César Oviedo Silva.
Era la última reunión del equipo comando de la lista 2 del Partido Colorado de entonces, de cara a las elecciones internas fijadas para tres días después en todo el país. Se elegiría al futuro candidato colorado para la presidencia de la República. Aquel domingo 27 de diciembre de 1993 los del partido fundado por Bernardino Caballero debían optar por Juan Carlos Wasmosy (de la lista 2) o por Luís María Argaña (de la lista 4).
La batuta de la campaña política estuvo en manos del mencionado oficial de caballería.
Aquella Nochebuena era animada en la oficina privada de Wasmosy.
Asistieron, entre otros, Juan Carlos Wasmosy, Angel Roberto Seifart, Juan Carlos Galaverna, Blas N. Riquelme (entonces presidente del Partido Colorado), el mayor Víctor Maldonado (ayudante de Lino Oviedo), Nicanor Duarte Frutos y quien suscribe. Nicanor y yo eramos asesores de prensa del grupo político.
Aquella memorable Nochebuena se ataron todos los cabos, fueron revisados todos los espineles, se hicieron todas las pruebas a la máquinaria de la lista y se comprobó que estuvo a punto, minuciosamente engrasada. Lino Oviedo vuelve a repasar su agenda de operaciones. vuelve a preguntar. Cada uno de los responsables de sus respectivas áreas fueron respondiendo a tu turno. Todo estaba justo y perfecto.
Cercano a las 22.00, Oviedo deseó una feliz Nochebuena a cada uno de los asistentes y terminó por ordenar a su ayudante que trajese del Toyota, su automovil blanco, las bolsas de papel manila. Maldonado trajo tres, grandes, y las dejó en el piso, junto a la silla que ocupaba su comandante. De ella éste extrajo decenas de fajos de cinco millones de guaraníes cada uno y lo fue repartiendo a cada uno de los asistentes, supuestamente para que no falte dinero para las operaciones del domingo próximo (que, si por dinero fuera, todo estaba puntillosamente cubierto). Sobre la lustrosa mesa fue repartiendo fajos, como naipes en una mesa de poker. Y todos fueron guardando como puedan: en los bolsillos, los maletines, las medias, bajo el cinto. Fue la piñata navideña más divertida que pudieron haber experimientado más de uno de los asistentes.
Catorce Nochebuena después se me ocurre pensar que, en el fondo, la política es divertida y generosa con sus protagonistas y que por eso nadie quiere soltarla. Lo de la víspera de Navidad de 1993 fue un botón de muestra para entender que la política no es tanto como nos quieren pintar algunos picos de oro partidarios: sacrificada, desgastante, patriótica.