Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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sábado, 22 de marzo de 2008

24 años atrás

Aquel 22 de marzo de 1984 abordé temprano, casi al alba, el pequeño avión ministerial, un Cessna 210, como lo cumplía al menos dos veces por semana en el marco de mis misiones periodísticas. Mi tarea consistía en informar a los lectores del diario donde trabajaba, el ABC Color de Asunción - Paraguay, sobre todo cuanto se refería a las actividades del sector agropecuario. Volaba en la aeronave utilizada por el ministro de Agricultura y Ganadería, el flemático Hernando Bertoni.
"Autorizado a proseguir a pista 02, con QNH 29, viento diez grados ocho nudos, temperatura 25 grados", dicen desde torre de control a Ángel Valle, el veterano comandante de la nave. "Recibido", contesta y empuja hacia adelante la palanca aceleradora al tope. Tomó rumbo noreste, a Kanindeyú, en la frontera con el Brasil. Fuimos a una reunión de agricultores.
Bertoni, quién me charlaba las noticias del día en estos vuelos, se mantuvo muy callado. Valle también. Juan Molinas, el director del Servicio de Extensión Agrícola Ganadera (SEAG), sentado en el asiento del medio, al lado de Pedro Lino Morel, otro alto funcionario ministerial, tampoco rompió el silencio en esas una hora y pico de vuelo. Raúl Torres Segovia, a mi lado, en la última fila, se sumergió en la lectura de un diario. El ronroneo del monomotor no era suficiente para tapar semejante silencio de los pasajeros.
En Kanindeyú, al descender, ésta vez Bertoni no me preguntó si qué me pareció el viaje, como religiosamente me preguntaba. "Qué mal le fue la noche", pensé. Pero tampoco los demás eran los mismos compañeros conversadores de cualquier tema.
Como que todos han tenido una noche de perros...
Ni siquiera el joven genetista Raúl Torres, con quién hablábamos hasta por los codos, tuvo ganas de conversar.
En la reunión de agricultores, bajo unos frondosos árboles, hice lo profesional de siempre: grabé, tomé fotos, apunté en mi agenda y efectué un par de reportajes a los agricultores sobre soja y las deforestaciones que comenzaban a ser intensas en aquellos montes fronterizos.
Tras la reunión, en un almuerzo organizado por las autoridades de la zona, el presidente de seccional despliega el panegírico de todo caudillo colorado para "el único líder", para el Partido Colorado y para "las honrosas Fuerzas Armadas" y aprovechó el momento para atacar a la "prensa subversiva y antipatriota" (o sea, ABC Color, atacado por todos los flancos por los colorados de entonces) y cerrar la intervención con una cadena de hurreros. Las polcas "Colorado" y "General Stroessner" se mezclaron con los tintineos de botellas de whiskies y cervezas, con el humo des leñas, los aromas de rabadillas, costillas, chorizos y chinchulines, las cantingas campesinas y con los aguarapados alientos de borrachos tempraneros.
Una joven morena, vestida de sai pyta y typoi morotí y pynandí, pide permiso al "mburuvichá" (jefe, autoridad) para colocarle el tradicional pañuelo colorado al cuello, sin cuyo rito el encuentro no estaba completo.
A la media tarde volvimos a abordar el Cessna. En el vuelo los pasajeros durmieron (o hacían como que dormían) mientras que yo daba algunos cabeceos.
En el aeropuerto "Presidente Stroessner", Ángel Valle no enfiló la avioneta directamente al hangar, como siempre, sino - a pedido de la torre de control - a plataforma principal, donde un policía tomó nota de los pasajeros de la máquina; anotó nuestros nombres, me preguntó si en qué medio trabajo, si cuántos años llevo de trabajar en ABC, si donde vivo, si tengo teléfono en casa, etc. "¿Qué novedades hay m´hijo?", preguntó el ministro al uniformado; "todo normal, señor ministro", le respondió al llevar la mano a la vicera.
En el hangar, nuestra despedida fue breve y fría, por decisión de los demás compañeros de vuelo. Arranqué mi auto y fui a casa, cerca del aeropuerto, para darme una ducha y marcharme al diario. En casa me comentan que el gobierno de Alfredo Stroessner ordenó el cierre del diario. Que no hacía falta ir a la redacción porque, de todas maneras, no podría entrar, ya que un cordón policial bloqueó la manzana. Aún así, fui, pero no pude entrar. El 22 de marzo de 1984 Stroessner, Montanaro, Pastor Coronel, Brítez y el Partido Colorado cerraron ABC. Bertoni y su equipo ya lo sabían. La decisión fue tomada la noche antes.

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