Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 5 de octubre de 2010

Esto de invitar a un lanzamiento de libro

Ando invitando a mis amigos a asistir a la presentación de mi libro "Cómo hablan los españoles" en Villarrica, el 6 de octubre, en el Centro Español. En Asunción no es fácil reunir a mucha gente a actos de esta naturaleza. La presentación de un libro no es lo mismo que una comedia con humoristas y mujeres de exquisitas curvas. Pero los organizadores confían con que habrá concurrencia (esto lo escribo antes del lanzamiento, claro).
Villarrica es una ciudad paraguaya donde tengo una ventaja de cara al lanzamiento de mi libro: no hay mucha novedad y como no vivo allí, capaz que por curiosidad la gente concurra para ver de quién se trata el autor y, sobre todo, de qué se trata el "espectáculo".
No se si mi librero distribuidor, Julio Dominguez, logrará vender los libros lo suficiente como para cubrir los gastos, pero eso es harina de otro costal. Ya veremos, por ahora ando empeñado en invitar a todo el mundo a ver si somos algo más de cinco a ocho personas como o curre, a veces, en algunos lanzamientos de libros en Asunción.
Hay que reconocer, algunas actos de este tipo suelen ser más aburridos que chupar un clavo.
En esto de la presentación de libros es un problema no tener la fama de un García Márquez. A veces, sin embargo, me conformo con saber que el colombiano tuvo que empeñar su anillo de bodas, lo mismo que el de su esposa, para enviar sus originales a un editor de Buenos Aires para ver si era interesante su primer trabajo al que puso por título "Cien años de soledad". Yo todavía no empeñé nada para publicar mis libros.
Esto de andar escribiendo no es para ansiosos, aprendí. A la espera del éxito uno bien puede morir en el camino (lo que se llama morir en el intento). A propósito, algunos autores acceden a la fama después de muertos. La verdad es que no me atrae ese recurso para que mis libros estén en muchas bibliotecas.
Por de pronto me conformo con presentar el libro en mi querida Villarrica del Espiritu Santo. Espero ver allí a mis antiguos amigos, disfrutar de un buen vino, charlar de lo que nos gusta y dejar transcurrir, plácida, la noche al pie del Ybytyruzú a cuentas de un lanzamiento de libro.

sábado, 18 de septiembre de 2010

El fantasma de López en Cerro León

A Porfirio Cabrera (foto), el encargado del antiguo cuartel de Cerro León, Pirayú, ya no le sorprende los "movimientos" (fantasmas) que se hacen sentir por las noches en el lugar, como llenó de pavor a unos 200 soldados norteamericanos que en julio de 2008 estaban acampados ahí durante 17 días, armados hasta los dientes y apoyados con cuatro tanques de combate. Los marines no pudieron dormir las dos primeras noches en el ex cuartel a causa de ruidos extraños y "de un hombre vestido de negro que se les apareció a medianoche".
Es mediodia y estamos con Cabrera en el ex memorable cuartel del Mariscal Francisco Solano López. Pese a su juventud, él ya está familiarizado - dijo - de las cosas extrañas que pasa en el lugar periódicamente. Ya su padre, Benicio Cabrera, jubilado en el cargo que ahora aquel ocupa, le explicaba que no debía temer a los "poras" del lugar. "Yo, por eso, vuelvo a explicar a mi esposa y a mis hijos que viven conmigo en la casa vecina, que no teman porque esto es realidad permanente del lugar.
- ¿Qué experiencias tuvo usted?
- De vez en vez escucho que un caballo camina por el largo corredor del cuartel, vengo a ver, pero nada hay. Recorro toda la galería y nada encuentro.
-Un caballo...
- Sí, y que camina sobre el piso de ladrillo.
- ¿Escucha desde su casa?
- Desde mi casa, que está a unos 100 metros, se escucha en medio del silencio que la puerta se abre y que se golpea, fuerte, contra la pared. Se oye el sonido de maderas y piezas de hierro dando contra la tapia. Vengo a ver, pero todo está cerrado. Las hojas de cada puerta tienen tranca arriba como abajo y son muy seguras. Cuando vengo encuentro que todo está como cerré.
- ¿Y qué nos puede contar de los soldados norteamericanos y del extraño hombre?
- En el 2008 vinieron aquí unos 30 norteamericanos a limpiar el lugar, pintar las paredes, ponerlo en arreglo. A la semana siguiente llegó un contingente de 200 hombres totalmente equipados como para la guerra. Aquí se acapamentaron durante 17 días. Tenían cuatro tanques de guerra, con el cual salieron más de una vez por el centro de Pirayú a dar vueltas, invitando a los niños para pasearse con ellos.
-¿Fueron 17 noches de estar en el ex cuartel?
- Sí, se acapamentaron y pudieron estar en las piezas del ex cuartel solamente dos noches. Para la siguiente, los yanquis solicitaron sus carpas de campaña que las montaron en la intemperie y recién allí desde la tercera noche pudieron dormir liberados de extraño ruidos producidos dentro de la pieza durante las dos primeras noches. Pero el susto se dieron con el "hombre de negro".
-¿De negro?
- Un hombre que asustó a dos centinelas norteamericanos. Pasó que estos dos montaban guardia como en la parte central del ex cuartel. Mientras fumaban, se percataron que un hombre apareció en la punta del corredor y que caminó hasta la tercera habitación. Las luces estaban todas apagadas por un reglamento de ellos. El hombre, todo de negro, se quedó cerca de dicha habitación. Los guardias le preguntaron quién era y qué hacía allí. El que parecía ser un hombre, no respondió, marcó, marcial, dos pasos y desapareció de la vista de los centinelas.
-¿Después qué pasó?
- Se llenaron de pavor, estaban muy asustados. Fueron a despertarme y me contaron lo que pasó. Supongo que debe ser el espíritu del soldado que fuera fusilado por orden de López después de haber enterrado parte del oro del Estado en una de las piezas y que hasta ahora no se sacó.

Pirayú ante los ojos de una joven

Pirayú evoca el antiguo libro de lectura para el tercer grado - "Alegría" - de Concepción Leyes de Chaves, allá por la década de 1940.En este libro de texto había un página que bajo el título de "Un regalo" se menciona una carta llegada de Cerro León en la que se anunciaba que unos pirayuenses enviaría regalos por tren a unos parientes de Asunción. Los escolares de entonces, ahora en la ancianidad, quizás siempre asocien el pueblo con aquel útil material de lectura. No escapé a ese hechizo, ignorante de tiempo y espacio.
Por primera vez estuve en Pirayú. En la municipalidad una joven de 20 años, María Virginia Mareco (foto), me muestra su agenda donde tiene anotado el nombre de los personajes pirayuenses y me cuenta, entusiasmada, que ella forma parte de un grupo de jóvenes voluntarios que integran el Consejo de Recursos Hídricos encargado de atender cuatro de los 15 manatiales del pueblo. "Bueno, limpiamos los surgentes y dictamos charlas de concienciación en las escuelas y colegios. Fuimos elegidos por el Banco Mundial por lo que hacemos. Nos entregará 2.000 dólares para nuestras tareas y el dinero será administrado por "Gestión Ambiental", una ONG".
- ¿Usted sabe - me dice - que aquí nació el primer obispo de Paraguay? Se llamaba Basilio López, era el hermano de don Carlos Antonio, él vivió en la casa parroquial que está al lado de la iglesia y que ahora ocupan las carmelitas misioneras.
- ¿Y quiénes fueron otros famosos de Pirayú?
- Tengo anotado en mi agenda ... espere ... José Eduvigis Díaz, militar; Emiliano Gómez Rios, historiador; Marcelino Pérez Martínez, escritor; Roque Mereles, músico popular; Nieves Varesini de Niella, poetisa; Emilio Bodabilla Cáceres, músico; Francisco Pérez Acosta, historiador; José María Delgado, militar....
- Durante la Guerra Grande también fue herido en Pirayú y Acosta Ñu, Emilio Aceval, luego presidente de la República.
- ¡Ah!, eso yo no sabía. Aquí también está el arroyo Madama, muy visitada por Elisa Alicia Lynch. El lugar está a unos ocho kilómetros de aquí, hacia Cerro León. Es un lugar hermoso.
- Aquí veo que hay muchos arroyos.
- Son varios y el agua que tenemos es fresca y limpia, no contaminada. Nosotros tenemos agua corriente en el pueblo proveído por SENASA. El agua viene de un manantial que está a orillas del cerro.
- Y de los hoteles en Pirayú, ¿qué me puedes contar?
- No, no hay hoteles....
- ¿Y pensiones?
- Tampoco. Antes había en una conocida estancia hacia el ex cuartel de Solano López, en Cerro León, pero ahora ya no hay más.
- ¿Y los restaurantes y bares?
- Hay lugares donde los pirayuenses concurrimos, como el bar "María José", donde se sirve pollo asado, pastas helados; los jóvenes son habitués de la bodega "La Casona" y los domingos nos vamos a la heladería "Diego".
- ¿Hay universidades en el pueblo?
- No. Yo voy a la Nacional de San Lorenzo, donde estudio Biología. La mayoría de los jóvenes nos vamos todos los días a la universidad de San Lorenzo u otros pueblos cercanos. Hay micro regularmente que asegura nuestro retorno a casa, si volvemos a la noche.
- ¿Si vienen turistas, serías capaz de hacer de guía?
- Sí, claro, pero ponga que también Olga Martínez, mi compañera de oficina aquí en la Municipalidad, puede orientar a los turistas.
En la esquina de la municipalidad abordé una moto - taxi, conducida por Ricardo, un hombre de 40 años. Me lleva a Cerro León para ver lo que fuera cuartel del Mariscal Francisco Solano López. Cerca de ahí está el cementerio donde enterraron a los muertos en combate, más allá, el arroyo "Madama", visitada por la pareja de López, en carruaje, casi todos los días mientras estaban acampados en el lugar.
A la vuelta aprecié mejor, no sé por qué, las antiguas casas, la vieja estación de dos cúpulas, como ninguna de Paraguay; la plaza "General Díaz", donde hay una estatua del guerrero parado. Debía ser una estatua ecuestre, pensé. El viaje en motocicleta hasta el sitio histórico referido fue muy agradable y, sobre todo, barato. Ida y vuelta no costó sino 20.000 guaraníes, algo así como cuatro dólares.
Ir a Pirayú es un regalo de Dios, es una alegría, suficiente como para recordar el añejo libro de texto de la profesora Leyes de Chaves. En una próxima nota les hablaré de la chipa hecha en Pirayú, una delicia, porque ahora ya no tengo más espacio.

lunes, 30 de agosto de 2010

La estación de Villarrica

Ya nadie está bajo los techos de lata de la estación villarriqueña. El tren ya no viene. No están ni el boletero, ni el jefe de la estación; ni las valijas de cuero a lo largo del andén. El viejo tren "Inter" ya no anuncia con sus agudos pitidos la llegada en la extensa comba desde donde se oía su estridulado frenaje.
La visité y noté que ya no estaba el reloj inglés ni la pizarra donde se anunciaba el horario de llegada y salida. Después de cincuenta años volví a caminar por su viejo corredor de piedras. Sus cerradas puertas y ventanas marrones me recuerdan que aquel tiempo ya es muy lejano, apenas para zurearlo en medio de nostalgias.
Definitivamente ya no hay señoras y señoritas emperifolladas y vestidas con elegancia esperando abordar la primera clase; ni carumbés coloridos aguardando viajeros para distribuirlos por los barrios de la ciudad; ni cagajones de sus caballos, ni serviciales zagales.
Ña Ramona, la alojera; don Pichí, el carumbecero; Samuelito, el mellado lustrabotas y; Petrona, la chipera, ya no ocupan sus lugares hacia las tapias de la antigua terminal. Tampoco esta el paleto alcalde Rojas, el del talabarte del cual colgaban sable y revolver, el de los bruñidos botones.
¿donde estará el cogitranco Pablo, personaje infaltable de la estación, vendedor de chapuzas? Ya no hay algaradas, ni correveidiles, ni señores con chisteras, trajes oscuros y relojes con cadenas de oro, de bolsillo, aguardando parentelas de fina alcurnia.
Fui y miré.
El tiempo se había escapado de mis manos. Ya no hay vagones, ni locomotora, ni olores a alquitrán y leña quemada al mediodía junto al ingenio azucarero. Allí está, en soledad, la estación, dicotomía del tiempo. Vi el domingo lo que quedó de aquel lugar villarriqueño. Es una casa desamparada pintada de marrón y cetrino. Las nereidas guaireñas ya no esperan bajo sus altos techos a amado alguno.
En las cercanías, una parrillada deja escapar vedijas de truculentos costillares.
Y yo tampoco quise seguir estando entre esas quincallas, guarida de lánguidas tolvaneras alentadas por este norte agostero.

martes, 20 de julio de 2010

Obama, Clynton, Leonardo da Vinci y yo

Como miles, yo también soy medio zurdo o ambidiestro; o sea, uso las do manos: escribo con la derecha como con la izquierda; el cuchillo uso en la mesa con la izquierda y los demás cubiertos con la derecha. La guitarra, mi instrumento musical favorito, ejecuto con la izquierda sin las cuerdas cambiadas, lo que - dicho sea de paso - es un problema para mis amigos peñeros que quieren copiar mi estilo a la hora de ejecutar mis repertorios.
Para que sepan, como decía mi amigo Chiqui Lezcano, el alicate manejo con maestría tanto a la derecha como la izquierda cuando me corto las uñas de las manos.
Pero para todo el mundo soy simplemente un zurdo, nadie considera mi ambidiestralidad (acabo de inventar una palabra) aunque - reconozco - no es como para destacarlo, y mucho menos con un resaltador, en mi curriculum a la hora de solicitar un empleo.
Para los zurdos nos es un problema el uso de algunas cosas, como la tijera que está hecha para los diestros. Los relojes de pulsera también están fabricados pensando en los que usan la mano derecha; algunas empresas y/o instituciones se apiadan de nosotros y, por ejemplo, distribuyen chequeras con los talonarios al lado derecho, como el Banco Honolulú. Pero eso de que los inventores se olviden generalmente de nosotros nunca me ha restado horas de sueño.
Soy zurdo y ya está, que quede claro.
Entre tanto, me reconforta saber que el señor Obama, el presidente norteamericano, es zurdo como yo o; que yo sea ambidiestro como lo fue Leonardo de Vinci.
Cuentan que en el Ybytyruzú reinaba el cacique Asú, temible por donde se lo mire. Dicen que se hacía llamar Asú (zurdo, en guaraní) porque con la furia de su brazo izquierdo era capaz de matar a cualquier persona de un solo golpe.
Bueno, yo no soy como aquel y ni tampoco quiero immitarle, solo les cuento lo que leí en un libro sobre los guaraníes.
Se decía alguna vez que la zurdera era la causa de la dislexia y tonteras por el estilo. Con el tiempo se sabría que la dislexia se origina en el confuso o mixto predominio de los hemisferios.
Reconozco que no podré ser un buen esgrimista por lo que "un zurdo no es hábil en ejecutar la flanconada, por la dificultad que encuentra en formar una recta o posición" al decir de Arturo Pérez-Reverte en su "El maestro de esgrima". Felizmente, hacerme del espadachín por ahí me parece una pelada de modo que yo sea un cero a la izquierda para ese deporte no me preocupa en lo más mínimo.
Como no me importa la esgrima tampoco me ocupo de averiguar qué es "flanconada" algo que, supongo, tendrá que ver con los revuelos de floretes y sables. Dejaré esta tarea a los amables lectores, si tienen ganas...
A propósito, los que escriben no recuerdan que un ñurdo, como se le dice al zurdo en Chile, El Salvador y Honduras, puede ser el que blande una espada en tiempos guerreros; de ahí que algunos, como Sindulfo Martínez, escribieran con toda alevosía "y la espada, llameante, audaz y dominadora,venía en la diestra de sus capitanes".
¿Por qué no podían haber traído en la izquierda si todos fueran zurdos?
Otros, como Benito Pérez Galdós ("El dos de mayo") al referise a los que usamos la izquierda es innecesariamente inclemente: "en el lado siniestro (qué palabra injusta) todo es torpeza, todo subordinación, todo ineptitud; cuanto hace por sí resulta torcido, y su inferioridad es tan notoria, que ni aún en el desarrollo puede igualar al otro lado". Aplazado, don Benito.
Yo no quiero cambiar mi zurda por la diestra. A más de Obama, también Clynton fué zurdo; ¿qué más puedo pedir a la vida como ejemplos de poder? A ver si por ahí, mediante esta virtud mía, llego a ser tan siquiera el presidente de la comisión vecinal de mi barrio.

sábado, 17 de julio de 2010

El siete de nuestro bicentenario

El siete, número cabalístico, también marca al bicentenario de Paraguay, aunque usted no lo crea como decía Ripley. Lo mágico, esotérico, embrujado o como quiera llamarsele, se filtra en los dos siglos de la vida independiente de la nación aunque pocos adviertan este fenómeno emergido de las insondables profundidades del misterio.
Veámos:
- Doscientos años son siete generaciones de 70 años cada una.
- Fueron siete los principales gobernantes: José Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López, Francisco Solano López, Eusebio Ayala, José Félix Estigarribia, Higinio Morínigo y Alfredo Stroessner.
- Son siete las principales épocas del país: La de Francia, los López, la postguerra (el renacimiento), Guerra del Chaco, guerra civil de 1947, de Alfredo Stroessner y la actual.
- Son siete las guerras principales (nacionales e internacionales): Contra la Triple Alianza, la de 1904, 1908, 1911, 1922, delChaco y, la de 1947.
Desde luego, hurgando un poco más encontraremos más coincidencias de la historia paraguaya en estos dos siglos que pasan con el número que pagaba doble en los juegos de azar de los parques de diversiones.
Como se ve, en algunos casos el siete no es tan benigno como uno piensa o como nos quieren hacer creer, como que el 13 es un número maligno, de lo cual hablaremos en otra ocasión.
Algunos de los referentes de estos sietes del bicentenario nacional no son de la simpatía para muchos, pero de lo que nos gusta o no nos gusta, de hecho, nos pasamos hablando todo el tiempo.
A lo mejor al cumplirse estas siete generaciones paraguayas tras la emancipación de 1811 ya podríamos pensar en otros dos siglos con menos guerras, dictadores y disparateros fungiendo de gobernantes.
Ojalá que para dentro de 200 años nuestros descendientes puedan afirmar a partir de 2011 que el país ha tenido siete fructíferas época, siete excelentes presidentes, siete grandes logros de la nación, siete galadonados con el Premio Nobel, siete grandes sabios, siete generaciones de paraguayos orgullosos de su tricolor bandera.

lunes, 12 de julio de 2010

La enciclopedia de Luís Verón

Luís Verón es amigo mío desde hace muchos años. Leí las críticas a su último trabajo, "Enciclopedia biográfica paraguaya del bicentenario", muy fuertes por cierto. Según los medios periodísticos habría sido sensurado porque escribió en el referido libro que el presidente Lugo tiene muchos hijos y cosas por el estilo. No solo criticado sino que, al menos parte de los 500 ejemplares que habría entregado a la Comisión Nacional de Conmemoración del Bicentenario de la Independencia del Paraguay, no habría sido distribuído.
Leí el libro. Contiene datos interesantes.
Pero también presenta otros que nada tiene que ver con la excelencia, como debe ser un libro publicado en el marco del bicentenario de la República. De promíscuo tratamiento, en el libro se encuentran algunos biografiados mencionados solo por apodos (Titito López Moreira) o nombres artísticos (Marizza), mientras que otros con identidades equivocadas (José Silvio Lezcano por José Livio Lezcano, Efraim Alegre, por Efraín Alegre).
Las imprecisiones y generalidades redundan y ni hablar de los errores ortográficos. Sin considerar la mínima rigurosidad para un libro que intenta asemejar al de Francisco Monte Domecq ("Quien es quién en el Paraguay"), Arsenio López Decoud ("Album Gráfico del Paraguay"), Ramón Monte Domecq ("La república del Paraguay en su primer centenario"), Gomes Freire Esteves ("Historia contemporánea del Paraguay, 1869 - 1920) entre otros.
La enciclopedia de 670 páginas contiene, repito, datos importantes pero la ligereza con que se manejaron la redacción y la edición compromete el prestigio de mi apreciado amigo Luís Verón que - lo conozco - fue haciendose en las investigaciones históricas de a poco y con mucho sacrificio.
Quizás, una manera de salvar esta dificultad sea corrigiendo de punta a punta el material y presentarlo de nuevo, así la tarea demande todo el tiempo necesario. Una reedición sin modificación y como se anuncia, no hará sino mandar al autor más al fondo del fango.
Me queda la enorme duda del porqué se publicó con tantas desprolijidades este libro que hubiera coronado la tarea investigativa del historiador misionero. Lo lamento, de verdad.