Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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lunes, 26 de mayo de 2008

La cosa se pone fea

Hoy almorcé con dos importantes referentes de las finanzas y del empresariado español. Charlamos un poco de todo, especialmente de lo que será el próximo gobierno paraguayo y de lo que pasa económicamente en la Madre Patria. Ya he escuchado de boca de otros empresarios ibéricos lo que me han dicho durante la comida; sólo que ahora estos amigos han decidido prescindir del moño, la cinta dorada y del papel de regalo para comentarme que en septiembre se producirá otra sacudida en la estructura económica, capaz de generar imprevisibles reacciones sociales.
Todavía será peor, me advirtieron, por lo que ya nadie invierte, los bancos no hacen préstamos, muchos negocios se cierran, la gente te ajusta el cinturón. ¿Qué nos importa a los paraguayos que los españoles estén pasando por lo que nosotros ya habíamos sufrido?
Nos importa mucho.
A ver:
Son unos 750.000.000 de euros al año que envían al Paraguay los paraguayos residentes en España . Envían esa suma, reducida a unos 300 a 700 euros al mes por persona, porque en España hay oportunidad de trabajo. ¿Qué hace la mayoría de los compatriotas en España para que ganen ese dinero?: lo que los españoles no quieren hacer porque, en el marco de la abundancia se pueden dar el lujo de dejar que los inmigrantes lo hagan: tareas del hogar, atención a los mayores, atención de niños, cuidados de chalet, jardinería, agricultura, etc.
Ahora, los españoles, por el cierre de sus fuentes de empleo, se ven en la necesidad de hacer lo que ocupaba a los inmigrantes. Entonces, ¿quiénes son los perdedores de la paralización de la economía?, todos los españoles y también los inmigrantes.
Muchos paraguayos comienzan a quedar sin empleo. Los que acostumbraban trabajar 30 días, incluyendo horarios extraordinarios, ahora empiezan a ocuparse apenas 10 días por mes, en muchos de ellos; otros, ni siquiera ya trabajan empezando a acumular deudas por habitación, comida, transporte, etc.
En este sentido, las asociaciones de paraguayos (que son muchísimas en España) y las iglesias católicas son verdaderos paños de lágrima para los desocupados.
Los compatriotas están quedando sin empleos. Son muchos. Amenaza con ser incontables poco más. Algunos empiezan a pasar necesidades y esto es preocupante.
Una de las medidas para evitar más hemorragia es dejar de lado todo intento de venir a España por parte de aquellos que lo estaban programando. No estoy muy seguro, pero pareciera que para las mujeres sigue habiendo un poco más de oportunidades laborales. El horno no está bollos por estas comarcas, por tanto hay que pensar muy bien antes de pagar un billete aéreo con destino a la Madre Patria.

viernes, 23 de mayo de 2008

No toleran que yo tenga fe

Para mí, Dios existe. También el Espíritu Santo. Y Jesús. Y la Virgen María. Por esta postura mía muchos se pueden molestar, porque no toleran que el periodista desarrolle determinada fe. Pareciera que un comunicador sin Dios es más creíble y, consecuentemente, más querido, que uno que profesa una fe.
Me tiene sin cuidado el que exige un periodista ateo.
Puedo dar más de un testimonio de los milagros de la Virgen María. Los experimenté desde mis ocho años de edad, en Villarrica, luego de haber peregrinado a su oratorio en las costas del río Tebicuary, en Itapé. Se trataba de la sanación de una llaga que tenía en el pié derecho que me dolía mucho desde hacía meses. Fue el 18 de diciembre de 1960 cuando caminé 18 kilómetros en compañía de mis familiares. La llaga se había sanado totalmente ese mismo día, cuando retornamos a casa.
Otra vez, en Valparaíso, Chile. Fue en 1986. Allí presencié junto a otros 300.000 creyentes y curiosos, el fenómeno del sol: Un vidente (Miguel Ángel) invita a la multitud a mirar al sol del medio día (¡vaya milagro!), sin que el astro rey dañe nuestros ojos. Tomé varias fotos de aquel momento (y del sol, claro) y lo publiqué en el diario Hoy de Asunción, donde yo trabajaba.
Lo que experimenté en mi oficina un día sábado con su presencia demandará escribir un libro si fuera necesario. Sólo les diré que La vi aquella vez. Fue por 1995. Se trata de una experiencia que las 300.000 palabras del castellano serán insuficientes para describirla plenamente.
Creo oportuno escribir, tan siquiera ligeramente, sobre esta vivencia mariana coincidente con el día de María Auxiliadora, la misma Virgen María de Don Bosco.
¿Y lo del Espíritu Santo? Todo comenzó con un libro que me prestara un joven amigo, ya fallecido. El libro se llama “Buenos días Espíritu Santo”, de Benny Hinn. Este israelí, nacido en 1952, dice en su obra que él conoció y tomó amistad con el Espíritu Santo y que habla con Él a menudo.
Yo me dije un día si Benny alcanzó esa gracia, ¿por qué yo no alcanzaría? Y me dispuse a conocer al Espíritu Santo. Y en Asunción se me hizo conocer. Llevaría otro libro relatar esta increíble experiencia.
Me importa un pito que algunos piensen que ya estoy loco para escribir esto. Hasta con maldad capaz que comenten que estoy haciendo fuerza para 1)- ganarme la simpatía de Fernando Lugo o; 2)- subir al púlpito del predicador evangélico.
Hay un tribunal de la inquisición - tácito y terrorífico - en esferas de la prensa que condena a la hoguera de la marginación a quiénes tienen la osadía de profesar la fe. Ese tribunal es implacable: deja de lado laboralmente al que rompe las reglas de juego. En el mejor de los casos, acepta al “marginal”, en tanto y en cuanto no haga público su creencia y sus experiencias. Ese tribunal no me quita mis horas de sueño.

Dicen que hay dos maneras de vivir la vida: una, como si nada fuera un milagro y; otra, como si todo fuera un milagro.
Sólo les diré que yo he vivido momentos claves en la vida que me confirman que Dios, el Espíritu Santo, Jesús y la Virgen María existen, que están siempre aquí y ahora, prestos para sostenernos, como de hecho nos sostienen, aunque no nos demos cuenta de dicho milagro. Por tanto, soy de los que creen y dan fe de que todo es un milagro. Mis vivencias, pues, me hacen dormir plácidamente todas las noches.

En tardes de toros

España en el exterior es toro y flamenco. La corrida de toros tiene sus buenos siglos en estas tierras. Los primeros españoles de Paraguay llevaron esta parte de su tradición a las lejanías de América del Sur, logrando éxitos en Venezuela especialmente. En Paraguay se la practica pero como una parodia de las de España, México, Venezuela y Portugal (en este país no se mata al toro en el ruedo); protagonizando un capitulo aparte en las fiestas patronales paraguayas con nombres propios: torín, toreada, toro ñaró, etc.
Hoy les voy a contar mi experiencia en la plaza de toros de "Las Ventas", en Madrid, a la cual concurrí con unos amigos españoles, taurinos hasta los huesos (porque también están los españoles que se oponen a las corridas de toros). La plaza, habilitada en 1929, tiene vestigios de aquellos estadios romanos en los cuales los primeros cristianos eran devorados por los leones. Es imponente. Tiene capacidad para 23.000 personas sentadas.
En los alrededores de la plaza se montan pequeños quioscos, ("chiringuitos", le dicen los españoles) lo que me recuerda a las de las funciones patronales de Paraguay. En este sitio se vende de toda clase de baratijas, artículos típicos, banderas españolas con la figura de un toro en el centro, bebidas frescas (empieza el calor), etc.
La entrada no es fácil conseguir, cuesta 32 euros en el sitio que me tocó estar. Se la debe comprar con mucha antelación o, de lo contrario, adquirirla de la reventa. Los taurinos españoles no dudan dejarse llevar por los especuladores si tiene al torero favorito en el programa, actitud comprensible si se entendiera de toros, cosa que no es precisamente mi fuerte, aún cuando me agradan las corridas de toros.
Con la entrada (billete) en manos, paso dos barreras de controladores. Una vez adentro, se tiene la opción de alquilar almohadillas de cuerina en 1,20 euros para no sentarse en el frio cemento de la grada. Si los casi 22.000 asistentes de esa fiesta tuvieran almohadillas, solo este rubo por vez permite el ingreso de unos 26.400 euros. "Qué fácil es ser rico en España", anoto en mi agenda.
En las gradas la cosa está animada y colorida. Alli, me encuentro con que muchos señores van a las corridas vestidos con finísimos trajes y las mujeres, ni qué decir. Cada persona a mi alrededor era de una paquetería que para qué les cuento; "suntuosas damas y de selectos caballeros", describiría José Martí. Eso sí, la elegancia no les prohibe comer y beber en el mismo lugar del hecho (como escriben los cronistas de noticias policiales) si así les apetece, como a las dos señoras sentadas frente a mi, que a la hora del espectáculo, desenvolvieron sangüiches, cervezas y gaseosas para darse una singular merienda. Claro, con las bocas llenas de pan, jamón, queso, tomates y mayonesas también se sumaron al coro de abucheos a un "picador" (un hombre con sombrero y de a caballo) por habérsele roto la lanza al momento de dar un puntazo al toro en el ruedo.
A mi, francamente me asustó que se haya roto la lanza de madera del picador; no así a los demás. Ellos sabrán por qué. Yo me pegué un julepe en mi asiento. Que suerte, pensé, que yo esté en las gradas nomás.
Antes, el caballo de otro picador, había sido tumbado por un toro de unos 600 kilos, y no lo pudieron levantar sino varios minutos después. Menuda tarea la de los hombres encargados de hacerlo, porque el animal está protegido de las cornadas del toro con una gruesa tela de acero y plomo. Y, por tanto, cuando el caballo cae es muy difícil volver a levantarlo. Con tantos minutos que el pobre equino estaba tumbado en la arena, pensé que se había muerto. Lograron ponerlo de pié y nada pasó.
Cuando el público ruge en la plaza retumba como un trueno en la mole circular de cemento.
Más de 20.000 gargantas abuchearon al torero que dejó escapar su capa en los cuernos de uno los seis lidiados en la tarde. No sé por qué le abuchean; además quedaba muy gracioso que una enorme capa tenga que estar prendida a una de las astas del animal como un enorme moño rojo. Bueno, debe ser porque este espectáculo es para gente con cultura taurina. En la próxima estoy tentado a abuchear yo también, aunque me parezca muy simpático. No pienso desentonar entre tanta mayoría.
Dos de los toros tuvieron que ser sacados del ruedo porque uno tenía una ligera cogera y otro, por despistado (el lugar de correr hacia los toreros, iba para el otro lado).
Como en el "Defensores del Chaco", de Asunción, también en las gradas hay vendedores de gaseosas. El vendedor se ubica en el estrecho pasillo por donde andamos desde la boca de acceso y, pasamano mediante, corren el pedido, la plata, las latas de gaseosas y el vuelto ("vuelta", para los españoles) si hubiere. Así, mientras coreamos el "¡¡ooooooleeeeeeee!!, a una seguidilla de buenas intervenciones del torero, debemos hacer de "puente" para que llegue la gaseosa al señor gordo de corbata verde ubicado a diez asientos de mi izquierda.
El sol daba de lleno, felizmente. De todas maneras noté que los taurinos son precavidos: a muchos vi con paraguas. Estamos en tiempos en que de un sol fenomenal podemos pasar a una lluvia no menos fenomenal. Me cuentan que así llueva, los aficionados lo mismo concurren al ruedo; preguntado por qué, me responden que es, primero, por el espectáculo y; segundo, porque en las gradas se cultiva la amistad y se aprovecha, además, para iniciar conversaciones de negocios, que se cierran en algún almuerzo en los restaurantes (que son muchísimos) en los inmediatos alrededores de la plaza. La otra vez almorcé con otros 15 aficionados a las corridas de toro. Fue en un restaurante muy prestigioso y que está cerquita del ruedo, a la que concurre también el rey Juan Carlos.
El espectáculo duró dos horas y media. Aún cuando los españoles de mi alrededor en las gradas estuvieron disconformes, a mi me pareció inigualable. Tomé varias fotos, que pueden ver en mi Orkut, y luego fui a tomar una caña de cerveza con un amigo en un bar frente a la plaza, como parte de este rito taurino.

martes, 20 de mayo de 2008

Es insuficiente hablar bien el guaraní

Soy de extracción campesina; mi madre era de Buena Vista, Caazapá y; mi padre, de Santiago, Misiones. Nací en Villarrica y crucé aquella década de 1950, los años de la miseria, con niños descalzos como yo y que hablabamos en un idioma incompleto, que no era el buen castellano ni el buen guaraní. Pero, nos entendíamos y eramos - pese a todo - felices.
Cuando fui periodista del diario ABC, durante muchos años me vinculé con los campesinos compatriotas. Al menos tres días por semana conversaba con ellos en cualquier parte del país. Hablabamos en guaraní y en castellano. A cuentas del idioma nativo apelábamos al jopará o yopará. Ya tengo mucho más de cincuenta años de edad, he hablado siempre en el idioma y en el estilo campesino y nunca tuve la suerte de encontrarme con un compatriota que hable el guaraní puro, excepto algunos locutores de radio, profesores de guaraní, algunos políticos, unos cuantos poetas. No digo que no hay. Me imagino, sí, que deben ser muy pocos.
El campesino, el genuíno guaraní - parlante, adopta las palabras castellanas sin más rodeos; las músicas folkloricas son las mejores muestras de ese fenómeno: Chembo problema che celular; Virgen querida nde rovetame, Che la reina, etc. Jamás he escuchado hablar en el puro guaraní ni en el campo ni en la ciudad. No por eso dejamos de enorgullecernos de nuestro idioma.
Porque hablemos más el guaraní no seremos mejores paraguayos ni; si hablamos menos, nos quitarán la honra de cobijarnos bajo los colores de nuestra bandera.
No seremos, ni mucho menos, antipatriotas porque hablemos el castellano. Conozco algunos presidentes de Paraguay que manejan muy bien el idioma nativo pero son mentirosos, falsos, mal educados, guarangos, sinvergüenzas, atrevidos, ladrones e inútiles. Pregunto a los fundamentalistas del guaraní si quién es mejor paraguayo: esta gente marginal que habla muy bien el guaraní; o los que hablando castellano y el guaraní jopará (o yopará) se preocupan de pagar sus impuestos, son laboriosos, buenos vecinos, solidarios y respetuosos.

Esta reflexión viene al caso a propósito de unas discusiones que apuntan a encontrar al candidato ideal para ocupar el cargo de titular del viceministerio de Cultura. Pareciera ser que el mejor viceministro será aquel que domine el guaraní puro y que en lo demás se puede dar el lujo de ser un burro. Se me hace que hay una colitis de evomoralismo entre algunos compatriotas que me hacen suponer que terminarán por exigir al futuro viceministro los atuendos de nuestros ancestros precolombinos: chiripá, penacho de plumas, arco, flecha y macana. Porque para estos agraciados compatriotas en eso consistiría la cultura.
Yo creo que el futuro viceministro de Cultura debe escribir y hablar el guaraní, escribir y hablar el castellano y, si es posibles hablar y escribir tan siquiera en inglés. Porque, como decía Jorge Gestoso de la CNN, así está el mundo. Los telefonos celulares, los ordenadores, el Internet, las comunicaciones vía satelite, han tirado por la borda todo trasto viejo, entre ellos el claustro nacionalismo. Hoy somos el mundo entero. Ahora yo escribo en mi blog desde Madrid y dentro de instantes me estarían leyendo en Paraguay, Canadá, India, Australia, Japón, Argentina, Sudáfrica. En esta globalización no participan sino los idiomas globales. El guaraní, el catalán, el quéchua no son lamentablemente globales.
De todas maneras, los paraguayos debemos apreciar y defender este tesoro cultural, el guaraní, como de hecho lo hacemos, usándolo en el día a día. Pero también debemos ser pragmáticos en nuestras cosas; debemos arrimarnos a los demás y no esperar que se nos arrimen. Sigamos defendiendo el guaraní como idioma nuestro; pero procuremos hablarlo bien, escribirlo bien, como es necesario saber hablar y escribir en castellano. Los inmigrantes sabemos cuanto vale saber hablar francés, inglés, alemán, chino a más del castellano y el guaraní.

Ojalá surjan otras corrientes de opinión que defiendan la elección de un viceministro de Cultura capaz de hablar al menos tres idiomas; que sepa qué hará desde su oficina por la cultura, que sea honrado, trabajador, respetuoso, decente. Un paraguayo bien formado como moldeaban los padres paraguayos de antes con la ayuda de aquellas señoras maestras como Rosa Peña, Celsa y Adela Speratti, María Felicidad González o, monumentales maestros como Delfín Chamorro, Ramón Indalecio Cardozo, Cecilio Báez, Efrain Cardozo.
Necesitamos en los cargos públicos, en fin, paraguayos que nos den resultados por su talento y a quienes podamos pagar con simpatía y respeto. Bien por el guaraní pero mucho más bien por la sabiduría general que pudiera tener nuestros próximos hombres en la función pública

lunes, 19 de mayo de 2008

Carta a mi amigo Gustavo

Hola, Gus:
Aquella vez cuando te escuché ejecutar el piano con precoz maestría, me acordé de mi amigo de infancia Saúl. De esto hace unos cuantos años. Él habrá tenido tu edad, entre siete a nueve, tal vez diez años.
Aquella tarde todavía tengo fresca en mi memoria: “¿quieres venderme tu guitarra?”, me preguntó. Yo que no quería vender mi preciosa guitarra azul, por lo lque e propuse un alto precio: 500 guaraníes (la moneda paraguaya se llama Guaraní,), unos cuatro dólares, mucho dinero en la época en mi país, el Paraguay, sobre todo para mí, todavía niño.
Saúl volvió a su casa y rato después retornó a la mía con los 500 guaraníes en manos que su padre le había regalado para adquirir la guitarra. Claro, le vendí. Saúl quedó contento con la guitarra y yo, con el dinero.
Un guitarrista vecino le enseñó los primeros secretos en la ejecución del intrumento que él me hacía escuchar ese mismo día del primer aprendizaje. Recuerdo que su primer logro fue una composición paraguaya que se llamaba “Carreta guy” (bajo la carreta).
Pasaron los años. Sus padres querían que fuera, si mal no recuerdo, ingeniero en algo. Saúl soñaba con ser músico. Para dar el gusto a sus padres estudió la carrera de ingeniería, la terminó. Luego les dijo que a partir de ahí estudiaría lo que le gusta, la música. Así lo hizo. Pasaron los años y se incorporó a la Orquesta Sinfónica de Asunción. Continuó estudiando música llegando a dirigir grandes orquestas de América del Sur, Estados Unidos y Europa.
Hoy sigue tocando en la Sinfónica de la capital paraguaya. Saúl es un gran músico, es una persona realizada por lo que, supongo, debe ser feliz, lo cual me alegra mucho.
Cuando escuché los acordes de esa preciosa composición que ejecutaras en el piano de tus abuelos en la casa de Madrid (creo que fue el de Beethoveen, “Para Elisa”) me pareció ver a Saúl empezando a ganar tiempo y espacio con la guitarra azul que fuera mía. Me remonté a aquellos años de la segunda mitad de la década de 1960, en Fernando de la Mora, un pueblecito pegado a Asunción donde nada pasaba.
La belleza y calma con que interpretaste esa bonita pieza del notable compositor alemán me hizo pensar seriamente que llegarás muy lejos de la mano del arte, independientemente de que seas un ingeniero en minas, en obras civiles, un estupendo médico, un gran creativo gráfico, un pundonoroso militar, un maestro de escuela o un arquitecto como algunos de tus tíos.
Puedes ser un excelente abogado siendo un gran concertista de piano. Mira, Pio Baroja fue médico y escritor; Julio César fue un general romano e historiador; el uruguayo Mario Benedetti fue contable de comercio y escritor; y así, nos cansaremos de mencionar ejemplos.
Tu seductor arte de chaval dominando las blancas y negras del piano me hacen decir que eres toda una promesa. Cuando llegues a la cúspide no te olvides cumplir tu promesa: sentarte junto al piano, mejor dentro un gran teatro asunceno, y - ya maestro, como lo es Saúl - llenes la sala con los acordes de tu repertorio. Espero estar allí para aplaudirte como debe ser uno de los sueños de Jorge y Marga, tus padres. Avanza, Gus, no te detengas nunca; serás un invencible gladiador.

sábado, 17 de mayo de 2008

De la invasión a la camioneta

Los cabecillas de la invasión a la propiedad privada son delincuentes y carentes de creatividad. Son delincuentes porque entran en el patio ajeno, destrozan lo que encuentran a su paso, roban y hasta matan. Y carecen de creatividad, sobre todo los que en estos días andan entrando en el campo privado pensando que el nuevo presidente les va a dar lo que exigen a cambio de volver a dejar la propiedad ocupada, porque con el mismo argumento nos vienen cada cinco años poco antes de asumir el nuevo gobierno electo.
Siempre hacen lo mismo. Bastará con hacerse de tiempo y mirar las hemerotecas. Lo hicieron cuando Andrés Rodríguez estaba en vísperas de entregar el poder, cuando salió Wasmosy, cuando salió González Macchi y ahora cuando se va Nicanor Duarte Frutos.
Esto de hacer valer la ley sobre las apetencias de algunos dirigentes campesinos es, en estos momentos y con los que andan alborotando de aquí para allá en un país que, de hecho, está un desastre, un asunto del presidente de la República de turno (Duarte Frutos) y de la Justicia. Nada tiene que ver Fernando Lugo hasta que diga el “yo juro” el próximo 15 de agosto.
Si Duarte Frutos y su equipo no pueden frenar a los delincuentes, lo mejor que pueden hacer es poner violines en bolsa y marcharse, de modo que asuma quién corresponda (el Vicepresidente) y a restablecer orden dentro del país.
Los paraguayos podemos tener opiniones dispares y eso es bueno. Podemos disentir si tal o cual ley es buena, regular o mala. Lo que no podemos hacer es violarla. Así seamos ricos o pobres, sabios o ignorantes, jóvenes o mayores. La ley es para todos.
Podemos criticar el error de los hombres en el poder por haber facilitado la venta de extensas tierras a los productores de soja o ganado; podemos malhumorarnos porque nuestros bosques fueron arrasados por los productores de granos. Y hasta podemos tener razón. Pero si ya está consumada la tenencia de la tierra a favor de aquellos compradores, las actitudes bárbaras no son suficientes para recuperar las tierras. Somos un pueblo civilizado dentro del cual debemos hacer valer la ley.
La ley es dura pero es la ley.
Los escasamente creativos líderes campesinos debieran ir pensando en una manera de presionar a los nuevos parlamentarios para mejorar las leyes pero no alentar el ataque a la propiedad privada.
Es más.
Los paraguayos también están cansados de tantos líderes campesinos que se han vuelto ricos de la noche a la mañana a cuentas de las necesidades campesinas. El negociado escondido detrás de las invasiones viene desde los tiempos del ya célebre Marcelino Corazón Medina pasando por cada personaje que luego pasaron a ser parlamentarios o altos funcionarios de gobierno con todo el beneficio que significa esos cargos.
Los paraguayos no debemos cansarnos de defender nuestra ley que fue hecha para bien de todos. Si no está bien hecha procuremos cambiarla y que se cambie; entre tanto, la invasión no es sino el gran negocio de los cabecillas que tras cada atropello salen ganando, en el peor de los casos, al menos una flamante camioneta doble cabina cuatro por cuatro. Y esto no es otra cosa sino sinvergüencería. El tema es invadir y luego hacerse de una camioneta lujosa y ya está. Más tarde será diputado, senador, ministro …

viernes, 16 de mayo de 2008

Sobre el hombro de cada paraguayo

Paraguay puede volver a ser un gran país. Las condiciones políticas, entendidas como las que fueron logradas a través de las urnas el pasado 20 de abril, están dadas. De ahora en delante dependerá de todos los habitantes del país para que ese objetivo sea alcanzado, y no sólo del nuevo presidente de la República.
Hay compatriotas que abdicaron sus derechos y obligaciones a favor del presidente electo. Están equivocados. También hay dirigentes sociales que llevan adelante planes de invasión a la propiedad privada bajo el supuesto amparo del nuevo gobierno electo. También están equivocados.
El gran país que nos merecemos los paraguayos lo debemos hacer entre todos. Y lo haremos, como siempre lo hicimos con la diferencia entre el ayer y el hoy y el futuro: de que ahora hay esperanza de que el esfuerzo de cada uno de los paraguayos no caiga en saco roto por culpa de patanes y corruptos empotrados en el poder.
Más que nunca, desde ahora debemos de hacer lo que la hormiguita trabajadora. Cada uno poniendo hombros y liberándose, como se pueda, de modelos nefastos: el compadrazgo, la compra de autos robados (“tengo un maucito”), dejando de pagar impuestos o multas, de ocupar un cargo en la función pública por haber sido operador político de la lista ganadora, admitiendo el contrabando y envidiando al contrabandista.
El país que tenemos será grande, querido y respetado, en la medida que cada uno volvamos a la esencia de las cosas: decencia, trabajo, respeto, solidaridad, lealtad, tolerancia, prudencia, justicia, fortaleza y templanza; volver al hábito de obrar bien, independientemente a lo que la ley imponga para el logro de la convivencia armónica.
Entiendo que las cosas son así, el gobierno puede hacer todavía mejor su tarea, especialmente para que los paraguayos seamos sanos y tengamos un lugar para trabajar. El derecho a elegir a nuestros gobernantes no tiene mucha gracia si no hay una paga hecha bienestar colectivo.
Carlos Fuentes, escritor mejicano, quien - al igual que los paraguayos - ha sufrido a lo largo de su vida la vigencia de un partido profundamente estoqueado por la corrupción en su país, pregona que para no volver al autoritarismo se debe trabajar, emplear el capital humano, priorizar la educación, las infraestructuras de la salud, la vivienda, etc. Ser parte del mundo pero en base a la tarea localizada.
Protestar es sano y fortalece al sistema democrático. Los paraguayos debemos protestar cada vez que así lo requiera. Pero hacerlo por el simple gusto de hacerlo como acostumbran los dirigentes sociales que encuentran, incluso, un modo de vida en dichos hábitos, no nos llevará sino a nuevos atolladeros sin ni isiquiera haber salido antes de los que ya nos hemos metido.
Protestemos saliendo a las calles si vemos en el nuevo equipo de gobierno que repiten los errores del gobierno saliente, sobre todo cuando los nuevos referentes quieran enriquecerse a cuentas del erario público. Todos los paraguayos, pues, debemos ser celosos vigilantes.
Por lo demás, trabajemos.
Paraguay funcionará en la medida en que pongamos hombros y brazos. Y mucho mejor si lo hacemos en el marco del respeto mutuo. Fernando Lugo no podrá hacer solo con su equipo de ministros el país que queremos si todos no tiramos para arriba.
La democracia es la doctrina política que favorece a la intervención del pueblo en el gobierno. Ella, la democracia, sin embargo, reclama la contrapartida de la obligación para dejar gozar de las mieles del derecho. Aportando la voluntad de hacer bien nuestras tareas cotidianas como ciudadanos de a pié estaremos haciendo como que intervenimos en el gobierno. Este involucramiento activo será un alto y macizo muro contra quienes desean volver al sistema autoritario de gobierno que no hace sino, a la larga, empobrecer más a la nación y enriquecer a un puñado de sinvergüenzas.