Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 20 de mayo de 2008

Es insuficiente hablar bien el guaraní

Soy de extracción campesina; mi madre era de Buena Vista, Caazapá y; mi padre, de Santiago, Misiones. Nací en Villarrica y crucé aquella década de 1950, los años de la miseria, con niños descalzos como yo y que hablabamos en un idioma incompleto, que no era el buen castellano ni el buen guaraní. Pero, nos entendíamos y eramos - pese a todo - felices.
Cuando fui periodista del diario ABC, durante muchos años me vinculé con los campesinos compatriotas. Al menos tres días por semana conversaba con ellos en cualquier parte del país. Hablabamos en guaraní y en castellano. A cuentas del idioma nativo apelábamos al jopará o yopará. Ya tengo mucho más de cincuenta años de edad, he hablado siempre en el idioma y en el estilo campesino y nunca tuve la suerte de encontrarme con un compatriota que hable el guaraní puro, excepto algunos locutores de radio, profesores de guaraní, algunos políticos, unos cuantos poetas. No digo que no hay. Me imagino, sí, que deben ser muy pocos.
El campesino, el genuíno guaraní - parlante, adopta las palabras castellanas sin más rodeos; las músicas folkloricas son las mejores muestras de ese fenómeno: Chembo problema che celular; Virgen querida nde rovetame, Che la reina, etc. Jamás he escuchado hablar en el puro guaraní ni en el campo ni en la ciudad. No por eso dejamos de enorgullecernos de nuestro idioma.
Porque hablemos más el guaraní no seremos mejores paraguayos ni; si hablamos menos, nos quitarán la honra de cobijarnos bajo los colores de nuestra bandera.
No seremos, ni mucho menos, antipatriotas porque hablemos el castellano. Conozco algunos presidentes de Paraguay que manejan muy bien el idioma nativo pero son mentirosos, falsos, mal educados, guarangos, sinvergüenzas, atrevidos, ladrones e inútiles. Pregunto a los fundamentalistas del guaraní si quién es mejor paraguayo: esta gente marginal que habla muy bien el guaraní; o los que hablando castellano y el guaraní jopará (o yopará) se preocupan de pagar sus impuestos, son laboriosos, buenos vecinos, solidarios y respetuosos.

Esta reflexión viene al caso a propósito de unas discusiones que apuntan a encontrar al candidato ideal para ocupar el cargo de titular del viceministerio de Cultura. Pareciera ser que el mejor viceministro será aquel que domine el guaraní puro y que en lo demás se puede dar el lujo de ser un burro. Se me hace que hay una colitis de evomoralismo entre algunos compatriotas que me hacen suponer que terminarán por exigir al futuro viceministro los atuendos de nuestros ancestros precolombinos: chiripá, penacho de plumas, arco, flecha y macana. Porque para estos agraciados compatriotas en eso consistiría la cultura.
Yo creo que el futuro viceministro de Cultura debe escribir y hablar el guaraní, escribir y hablar el castellano y, si es posibles hablar y escribir tan siquiera en inglés. Porque, como decía Jorge Gestoso de la CNN, así está el mundo. Los telefonos celulares, los ordenadores, el Internet, las comunicaciones vía satelite, han tirado por la borda todo trasto viejo, entre ellos el claustro nacionalismo. Hoy somos el mundo entero. Ahora yo escribo en mi blog desde Madrid y dentro de instantes me estarían leyendo en Paraguay, Canadá, India, Australia, Japón, Argentina, Sudáfrica. En esta globalización no participan sino los idiomas globales. El guaraní, el catalán, el quéchua no son lamentablemente globales.
De todas maneras, los paraguayos debemos apreciar y defender este tesoro cultural, el guaraní, como de hecho lo hacemos, usándolo en el día a día. Pero también debemos ser pragmáticos en nuestras cosas; debemos arrimarnos a los demás y no esperar que se nos arrimen. Sigamos defendiendo el guaraní como idioma nuestro; pero procuremos hablarlo bien, escribirlo bien, como es necesario saber hablar y escribir en castellano. Los inmigrantes sabemos cuanto vale saber hablar francés, inglés, alemán, chino a más del castellano y el guaraní.

Ojalá surjan otras corrientes de opinión que defiendan la elección de un viceministro de Cultura capaz de hablar al menos tres idiomas; que sepa qué hará desde su oficina por la cultura, que sea honrado, trabajador, respetuoso, decente. Un paraguayo bien formado como moldeaban los padres paraguayos de antes con la ayuda de aquellas señoras maestras como Rosa Peña, Celsa y Adela Speratti, María Felicidad González o, monumentales maestros como Delfín Chamorro, Ramón Indalecio Cardozo, Cecilio Báez, Efrain Cardozo.
Necesitamos en los cargos públicos, en fin, paraguayos que nos den resultados por su talento y a quienes podamos pagar con simpatía y respeto. Bien por el guaraní pero mucho más bien por la sabiduría general que pudiera tener nuestros próximos hombres en la función pública

lunes, 19 de mayo de 2008

Carta a mi amigo Gustavo

Hola, Gus:
Aquella vez cuando te escuché ejecutar el piano con precoz maestría, me acordé de mi amigo de infancia Saúl. De esto hace unos cuantos años. Él habrá tenido tu edad, entre siete a nueve, tal vez diez años.
Aquella tarde todavía tengo fresca en mi memoria: “¿quieres venderme tu guitarra?”, me preguntó. Yo que no quería vender mi preciosa guitarra azul, por lo lque e propuse un alto precio: 500 guaraníes (la moneda paraguaya se llama Guaraní,), unos cuatro dólares, mucho dinero en la época en mi país, el Paraguay, sobre todo para mí, todavía niño.
Saúl volvió a su casa y rato después retornó a la mía con los 500 guaraníes en manos que su padre le había regalado para adquirir la guitarra. Claro, le vendí. Saúl quedó contento con la guitarra y yo, con el dinero.
Un guitarrista vecino le enseñó los primeros secretos en la ejecución del intrumento que él me hacía escuchar ese mismo día del primer aprendizaje. Recuerdo que su primer logro fue una composición paraguaya que se llamaba “Carreta guy” (bajo la carreta).
Pasaron los años. Sus padres querían que fuera, si mal no recuerdo, ingeniero en algo. Saúl soñaba con ser músico. Para dar el gusto a sus padres estudió la carrera de ingeniería, la terminó. Luego les dijo que a partir de ahí estudiaría lo que le gusta, la música. Así lo hizo. Pasaron los años y se incorporó a la Orquesta Sinfónica de Asunción. Continuó estudiando música llegando a dirigir grandes orquestas de América del Sur, Estados Unidos y Europa.
Hoy sigue tocando en la Sinfónica de la capital paraguaya. Saúl es un gran músico, es una persona realizada por lo que, supongo, debe ser feliz, lo cual me alegra mucho.
Cuando escuché los acordes de esa preciosa composición que ejecutaras en el piano de tus abuelos en la casa de Madrid (creo que fue el de Beethoveen, “Para Elisa”) me pareció ver a Saúl empezando a ganar tiempo y espacio con la guitarra azul que fuera mía. Me remonté a aquellos años de la segunda mitad de la década de 1960, en Fernando de la Mora, un pueblecito pegado a Asunción donde nada pasaba.
La belleza y calma con que interpretaste esa bonita pieza del notable compositor alemán me hizo pensar seriamente que llegarás muy lejos de la mano del arte, independientemente de que seas un ingeniero en minas, en obras civiles, un estupendo médico, un gran creativo gráfico, un pundonoroso militar, un maestro de escuela o un arquitecto como algunos de tus tíos.
Puedes ser un excelente abogado siendo un gran concertista de piano. Mira, Pio Baroja fue médico y escritor; Julio César fue un general romano e historiador; el uruguayo Mario Benedetti fue contable de comercio y escritor; y así, nos cansaremos de mencionar ejemplos.
Tu seductor arte de chaval dominando las blancas y negras del piano me hacen decir que eres toda una promesa. Cuando llegues a la cúspide no te olvides cumplir tu promesa: sentarte junto al piano, mejor dentro un gran teatro asunceno, y - ya maestro, como lo es Saúl - llenes la sala con los acordes de tu repertorio. Espero estar allí para aplaudirte como debe ser uno de los sueños de Jorge y Marga, tus padres. Avanza, Gus, no te detengas nunca; serás un invencible gladiador.

sábado, 17 de mayo de 2008

De la invasión a la camioneta

Los cabecillas de la invasión a la propiedad privada son delincuentes y carentes de creatividad. Son delincuentes porque entran en el patio ajeno, destrozan lo que encuentran a su paso, roban y hasta matan. Y carecen de creatividad, sobre todo los que en estos días andan entrando en el campo privado pensando que el nuevo presidente les va a dar lo que exigen a cambio de volver a dejar la propiedad ocupada, porque con el mismo argumento nos vienen cada cinco años poco antes de asumir el nuevo gobierno electo.
Siempre hacen lo mismo. Bastará con hacerse de tiempo y mirar las hemerotecas. Lo hicieron cuando Andrés Rodríguez estaba en vísperas de entregar el poder, cuando salió Wasmosy, cuando salió González Macchi y ahora cuando se va Nicanor Duarte Frutos.
Esto de hacer valer la ley sobre las apetencias de algunos dirigentes campesinos es, en estos momentos y con los que andan alborotando de aquí para allá en un país que, de hecho, está un desastre, un asunto del presidente de la República de turno (Duarte Frutos) y de la Justicia. Nada tiene que ver Fernando Lugo hasta que diga el “yo juro” el próximo 15 de agosto.
Si Duarte Frutos y su equipo no pueden frenar a los delincuentes, lo mejor que pueden hacer es poner violines en bolsa y marcharse, de modo que asuma quién corresponda (el Vicepresidente) y a restablecer orden dentro del país.
Los paraguayos podemos tener opiniones dispares y eso es bueno. Podemos disentir si tal o cual ley es buena, regular o mala. Lo que no podemos hacer es violarla. Así seamos ricos o pobres, sabios o ignorantes, jóvenes o mayores. La ley es para todos.
Podemos criticar el error de los hombres en el poder por haber facilitado la venta de extensas tierras a los productores de soja o ganado; podemos malhumorarnos porque nuestros bosques fueron arrasados por los productores de granos. Y hasta podemos tener razón. Pero si ya está consumada la tenencia de la tierra a favor de aquellos compradores, las actitudes bárbaras no son suficientes para recuperar las tierras. Somos un pueblo civilizado dentro del cual debemos hacer valer la ley.
La ley es dura pero es la ley.
Los escasamente creativos líderes campesinos debieran ir pensando en una manera de presionar a los nuevos parlamentarios para mejorar las leyes pero no alentar el ataque a la propiedad privada.
Es más.
Los paraguayos también están cansados de tantos líderes campesinos que se han vuelto ricos de la noche a la mañana a cuentas de las necesidades campesinas. El negociado escondido detrás de las invasiones viene desde los tiempos del ya célebre Marcelino Corazón Medina pasando por cada personaje que luego pasaron a ser parlamentarios o altos funcionarios de gobierno con todo el beneficio que significa esos cargos.
Los paraguayos no debemos cansarnos de defender nuestra ley que fue hecha para bien de todos. Si no está bien hecha procuremos cambiarla y que se cambie; entre tanto, la invasión no es sino el gran negocio de los cabecillas que tras cada atropello salen ganando, en el peor de los casos, al menos una flamante camioneta doble cabina cuatro por cuatro. Y esto no es otra cosa sino sinvergüencería. El tema es invadir y luego hacerse de una camioneta lujosa y ya está. Más tarde será diputado, senador, ministro …

viernes, 16 de mayo de 2008

Sobre el hombro de cada paraguayo

Paraguay puede volver a ser un gran país. Las condiciones políticas, entendidas como las que fueron logradas a través de las urnas el pasado 20 de abril, están dadas. De ahora en delante dependerá de todos los habitantes del país para que ese objetivo sea alcanzado, y no sólo del nuevo presidente de la República.
Hay compatriotas que abdicaron sus derechos y obligaciones a favor del presidente electo. Están equivocados. También hay dirigentes sociales que llevan adelante planes de invasión a la propiedad privada bajo el supuesto amparo del nuevo gobierno electo. También están equivocados.
El gran país que nos merecemos los paraguayos lo debemos hacer entre todos. Y lo haremos, como siempre lo hicimos con la diferencia entre el ayer y el hoy y el futuro: de que ahora hay esperanza de que el esfuerzo de cada uno de los paraguayos no caiga en saco roto por culpa de patanes y corruptos empotrados en el poder.
Más que nunca, desde ahora debemos de hacer lo que la hormiguita trabajadora. Cada uno poniendo hombros y liberándose, como se pueda, de modelos nefastos: el compadrazgo, la compra de autos robados (“tengo un maucito”), dejando de pagar impuestos o multas, de ocupar un cargo en la función pública por haber sido operador político de la lista ganadora, admitiendo el contrabando y envidiando al contrabandista.
El país que tenemos será grande, querido y respetado, en la medida que cada uno volvamos a la esencia de las cosas: decencia, trabajo, respeto, solidaridad, lealtad, tolerancia, prudencia, justicia, fortaleza y templanza; volver al hábito de obrar bien, independientemente a lo que la ley imponga para el logro de la convivencia armónica.
Entiendo que las cosas son así, el gobierno puede hacer todavía mejor su tarea, especialmente para que los paraguayos seamos sanos y tengamos un lugar para trabajar. El derecho a elegir a nuestros gobernantes no tiene mucha gracia si no hay una paga hecha bienestar colectivo.
Carlos Fuentes, escritor mejicano, quien - al igual que los paraguayos - ha sufrido a lo largo de su vida la vigencia de un partido profundamente estoqueado por la corrupción en su país, pregona que para no volver al autoritarismo se debe trabajar, emplear el capital humano, priorizar la educación, las infraestructuras de la salud, la vivienda, etc. Ser parte del mundo pero en base a la tarea localizada.
Protestar es sano y fortalece al sistema democrático. Los paraguayos debemos protestar cada vez que así lo requiera. Pero hacerlo por el simple gusto de hacerlo como acostumbran los dirigentes sociales que encuentran, incluso, un modo de vida en dichos hábitos, no nos llevará sino a nuevos atolladeros sin ni isiquiera haber salido antes de los que ya nos hemos metido.
Protestemos saliendo a las calles si vemos en el nuevo equipo de gobierno que repiten los errores del gobierno saliente, sobre todo cuando los nuevos referentes quieran enriquecerse a cuentas del erario público. Todos los paraguayos, pues, debemos ser celosos vigilantes.
Por lo demás, trabajemos.
Paraguay funcionará en la medida en que pongamos hombros y brazos. Y mucho mejor si lo hacemos en el marco del respeto mutuo. Fernando Lugo no podrá hacer solo con su equipo de ministros el país que queremos si todos no tiramos para arriba.
La democracia es la doctrina política que favorece a la intervención del pueblo en el gobierno. Ella, la democracia, sin embargo, reclama la contrapartida de la obligación para dejar gozar de las mieles del derecho. Aportando la voluntad de hacer bien nuestras tareas cotidianas como ciudadanos de a pié estaremos haciendo como que intervenimos en el gobierno. Este involucramiento activo será un alto y macizo muro contra quienes desean volver al sistema autoritario de gobierno que no hace sino, a la larga, empobrecer más a la nación y enriquecer a un puñado de sinvergüenzas.

viernes, 9 de mayo de 2008

Llueve a cántaros en Ciudad del Este

En los días de lluvia, en aquellos últimos años de la década de 1950, nos fascinaba escapar de nuestros padres e ir hasta el raudal que corrían en las culebreantes canales que fueron abriéndose, naturalmente, a fuerza de la suma de torrenciales lluvias.
Las ideas de llegar a ellas eran dos: caminar por esos virtuales arroyos y; represar sus aguas sucias con barro, cascotes, ramas verdes, latas, palos secos, bosta de vaca y cuantos objetos estén a nuestro alcance para que, finalmente, liberemos el agua y se escurra hacia los bajos hasta desembocar en el arroyo Pasopé, mientras un enorme arco iris adorna el cielo guaireño.
Esas lluvias que bañaban las escarpadas faldas del cerro Ybytyruzú y sus lejanos llanos por donde decidió quedar la viajera Villarrica, retornan a nuestra memoria cuando se desatan las intensas lluvias sobre el microcentro de Ciudad del Este.
Cuando las ventas se han reducido, como en los últimos tiempos, y llueve, los “mesiteros” no tienen más opción que bajar todas las carpas de plástico, resguardar con otras las mercaderías expuestas en las precarias mesas y aguardar con paciencia que termine de llover.
Entre tanto, no tienen otra sino entretenerse mirando correr el agua sobre el asfalto hacia la próxima boca del alcantarillado.
Pocos caminantes bajo la lluvia intensa. Unos pocos “sacoleiros” buscan llegar hasta la parada del bus que les llevará hasta algún hotelucho de Foz de Yguazú, agazapados, apresuran la marcha.
Los “pancheros” se resguardan como puedan, junto a sus agujereados y frágiles carros - cocinas.
Los taxistas se encierran en sus autos de vidrios apañados.
Los vendedores, que conservadoras de por medio, ofertan gaseosas y cervezas brasileñas en latas, sencillamente te borraron de la calle, lo mismo que las chiperas, los quinieleros y los limpiadores de parabrisas de las esquinas con semáforos.
Llueve a cántaros en Ciudad del Este.
Unos niños de la calle, caminan en las veredas empapadas, manifestando travesuras en los cuencos camineros con aguas acumuladas. Sus sucias remeras con leyendas políticas de las últimas elecciones municipales y sus rotosos pantaloncitos se pegan a la piel, con días sin bañar.
Se dirigen hacia cualquier parte, hacia donde les lleve sus flacas piernas y sus pies descalzos; hacia donde pidan un bocado cuando sus pancitas reclaman o, se apoderen de algún objeto ligero, inspirados en sus incorregibles biscacherías.
Están mojados como pollitos.
Las calles de la capital departamental hacen un alto mientras llueve; mientras la tormenta eléctrica suspende el servicio de energía en la ciudad y; el viento furioso se hace oír entre las rendijas de la casa.
Desde lo alto del departamento no veo, por la intensa lluvia, los árboles de la avenida Madama Linch, y mucho menos, los de las alturas del Área Uno, el elegante barrio de las cercanías al Lago de la República.
Otra lluvia sobre la nueva ciudad. Como las que son capaces de suspender sus actividades comerciales; como las que motivan las ocurrencias de los niños de la calle; como las de Villarrica de aquellos últimos años de la década de 1950.

FUENTE: Martínez Cuevas, Efraín, “Crónicas de la misma ciudad”, Editora Ricor, Asunción, 2002, pp. 77/79.

Los primeros caballos de Paraguay

En la travesía de San Vicente, actual territorio brasileño, a Asunción, el Segundo Adelantado del Río de la Plata, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, introdujo al Paraguay “los veinte y seis caballos y yeguas que habían escapado en la navegación”, según relata el propio adelantado en su obra “Naufragios y Comentarios” 1/.
Se trata de los primeros equinos introducidos a la provincia del Paraguay, que causaron temores a la población indígena, hecho apuntado por Álvar Núñez: “era cosa muy de ver cuán temidos eran los caballos por todos los indios de aquellas tierras y provincia, que del temor que les habían, les sacaban al camino para que comiesen muchos mantenimientos, gallinas y miel diciendo que porque no se enojasen que ellos le darían muy bien de comer; y por los sosegar que no desamparasen sus pueblos; asentaban el real muy apartado de ellos, y porque los cristianos no les hiciesen fuerzas ni agravios. Y con ésta orden y viendo que el gobernador castigaba a quien en algo los enojaba, venían todos los indios tan seguros con sus mujeres e hijos, que era cosa de ver; y de muy lejos venían cargados con mantenimientos sólo por ver los cristianos y los caballos, como gente que nunca tal habíha visto para por sus tierras” 2/.
El sábado 11 de marzo de 1542, a las nueve de la mañana, llegaron los primeros 26 caballos y yeguas a Asunción en medio de sustos y alegrías de la población nativa - hispana de la nueva Asunción 3/.
El inicial temor de los indígenas al equino fue superado progresivamente. Después no habría un varón nativo que no aprecie y monte esta especie. Félix de Azara apuntó que los indígenas Guanás, por ejemplo, no querían viajar “sino en buen caballo” 4/. Mientras que los Albaias “tienen bastante y buenos caballos que estiman mucho y los que destinan para las batallas no los enagenarían por nada del mundo” 5/.
Añade el historiador que cuando estos indígenas van a la guerra montan sus peores caballos para acercarse al enemigo y que cada uno conduce por la brida el destinado para la batalla y que lo monta soltando el malo “luego que está a punto de obrar” 6/. Mediante la ventaja del caballo ganaron importantes batallas a las tribus contrarias. Sus mejores caballos eran sacrificados a la hora de morir el bueno 7/.
Eran otros tiempos, lejanos a aquellos cuando los indígenas creían que caballo y caballero, al decir de Francisco Morales Padrón 8/, formaba una sola pieza. Mediante ese temor también Hernán Cortés ganó importantes batallas.
Llama la atención el hecho de que los indígenas hayan ofrecido “gallinas y miel” a los caballos. Morales Padrón se preocupa de aclarar este asunto, apelando a experiencias vividas en otras regiones del continente. “En algunos sitios - dice - creyeron los indígenas que el caballo era un ser carnívoro (…) algunos llegan a suponer que comían hombres al ver el freno ensangrentado o que se alimentaban con el hierro que les gobierna, por lo cual le llevaban como manjar oro y plata (…) Así lo cuenta el inca Garcilaso. Y los españoles, astutos, recomendaron a los indios que diesen a los caballos mucha de aquella comida si querían que los equinos se hicieran amigos suyos” 9/.
Sin dudas, el principal aporte de Alvar Núñez Cabeza de Vaca a la naciente economía de la Conquista fue la caballada. Mediante ella, la expansión española, en las nuevas tierras fue permanente, sólida y duradera. Fue más fácil con los caballos disponibles fundar nuevas ciudades. Aquellos cinco yeguas y dos caballos traídos añois antes por Mendoza a Buenos Aires fueron multiplicados por miles y abandonados en la extensa Pampa, pero - que al decir de Carlos Zubizarreta - “durante casi todo el período colonial sirvieron únicamente para alimento y medro del indio Araucano” 10/.
(Fuente: Martínez Cuevas, Efraín, “La ganadería en el Paraguay”, La Rural Ediciones, Asunción, 1987, 248 pp.)
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CITAS:
1- CABEZA DE VACA, Álvar, Núñez, “Naufragios y comentarios”, Espasa-Cape, Madrid, 1957, p. 119.
2- CABEZA DE VACA, idem, pp. 122 - 123.
3- Idem, p. 135.
4- AZARA, Félix de, “Descripciones e historia del Paraguay y del Río de la Plata”, Imprenta de Sanchiz, Madrid, 1847, p. 204.
5- Idem, p. 209.
6- Idem, p. 210.
7- Idem, p. 211.
8- MORALES PADRÓN, Francisco, “Los conquistadores de América”, Espasa-Calpe, Madrid, 1974, p. 109.
9- Idem, pp 114 - 115.
10- ZUBIZARRETA, Carlos, “Historia de mi ciudad”, Emasa, Asunción, 1964, p. 38.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Causas de la independencia de Paraguay

Una vez radicado en España y de haber hurgado en la Biblioteca Nacional de Madrid (foto) durante un buen tiempo, me queda claro que muy poco he aprendido en Paraguay sobre la independencia de nuestro país. Me queda más que claro, contundente, que el golpe militar de aquella noche del 14 de mayo de 1811 no fue precisamente por las ansias de libertad, sino por una situación coyuntural que debía de aprovecharse, se aprovechó y desde aquel momento Paraguay es libre y soberano.
Trataré de explicarme.
Los reyes de entonces de España estaban en otra cosa: cuidaban los jardines de Aranjuéz, donde estaban residiendo; hacían buenos platillos de peces, jamones, corderos; gustaban vestirse bien, escuchar lindas músicas de la época, presenciar festivales de danzas, toda esa onda.
Entre tanto, el ejercito de Napoleón Bonaparte ya estaba en las cercanías de Madrid, listo para hacerse del poder español.
El 2 de mayo de 1808, indignado, el pueblo salió a la calle a defender con las armas a su alcance a la nación contra el invasor francés. Aquello fue una carnicería. A la larga, Napoleón no salió con la suya. Con el tiempo España supo ponerse de pié.
¿Qué pasaba, entre tanto, en las colonias españolas en América? Los representantes del rey, desde luego, no serían más papistas que el Papa, por lo que aquello quedó a lo que Dios es Grande. Eran tiempos del cada uno para si y Dios para todos.
La historia secreta de la conspiración independentista de Paraguay no es precisamente la que nos cuentas como en las historias de hadas y príncipes. Paraguay nunca fue el favorito de la monarquía española, no por eso - sin embargo -dejaba de apreciar, seguramente, los tributos respectivos que llegaba a la corona desde tierras guaraníes.
Historiadores españoles, europeos y norteamericanos, cuyos libros hay en la Biblioteca Nacional, coinciden con que Paraguay no pasó de ser sino la modesta villa en el camino que conduce al Alto Perú, donde, sí, había suficiente interés español por sus minerales.
Los hermanos Robertson cuentan en “Letters on Paraguay” que unos años después de la independencia, españoles residentes en Paraguay derrocados del poder, entre ellos Bernardo de Velasco, nunca se han marchado de Asunción por el hecho de haber salido del poder. Por el contrario, cuentan los referidos hermanos ingleses que Velasco no faltaba a ninguna fiesta de la alta alcurnia asuncena realizada en esa época, compartiendo con Fulgencio Yegros, Fernando de la Mora, etc., como en la que organizó la anciana Juana Esquivel en su casa en las afueras de Asunción, en Trinidad.
Queda claro que Paraguay se independizó porque España no atendía lo suyo. Hasta podríamos decir que mediante la invasión napoleónica a España, un grupo de paraguayos pudo pegar el golpe independentista aquella noche del 14 de mayo a 13.000 kilómetros de Madrid.
En las historias contadas en los libros de textos de Paraguay hay mucha fantasía que no se justifican. Valga el comentario a poco de celebrarse los 197 años de nuestra independencia política de la Madre Patria.