Detrás de la puerta, esto

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Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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viernes, 28 de junio de 2013

La ley dijo NO al chacal de la trompeta

                                                        (foto: Internet)
Si el famoso programa de televisión “Sábados Gigantes” tiene su “Chacal de la Trompeta” , los paraguayos tienen lo suyo: Informconf,  empresa privada nacida al amparo y reparo de la dictadura de Alfredo Stroessner y que a los grandes perdona y a los chicos mandó al diablo.
¿Cuál es el trabajo de esta firma, ahora jaqueada por la Corte Suprema de Justicia?; en pocas palabras, me imagino que tiene un banco de datos sobre las personas, así como tenía Pastor Coronel, el despreciable jefe de investigaciones de la dictadura. Supongo que dicho banco de datos se enriquecía con lo que aportan sectores varios, especialmente los comerciantes, banqueros, prestadores de servicios y, hasta hace una semana, por la misma Justicia.
A partir de este banco de datos cuenta a los clientes si la persona averiguada es fiable o no para tal o cual transacción comercial.
Con el tiempo amplió su territorio: al laboral, para convertirse en una suerte de dueño de vidas  y haciendas. Dios perdona, Informconf no: adiós al pobre en desgracia que por falta de trabajo, por decir, no pueda pagar una cuota del celular o el servicio de agua y/o luz. Sus datos administrados  desde las tinieblas de la referida empresa privada , lo convierte  en un vivo muerto.
Es vivo muerto porque es fácil que el nombre del infortunado ingrese en las mazmorras del temible banco de datos; difícil que se borre.
Y las voces se alzaron desde el sistema comercial y financiero contra la decisión de la Corte Suprema de Justicia que cortó el chorro a Informconf.  Y lo que hizo la Corte no es nada fuera de lugar, solo se apoyó en la Constitución Nacional que manda, como el artículo 33 del derecho a la intimidad, entre otros, la inviolabilidad de la intimidad personal y familiar.
Imparable hemorragia humana hacia el exterior desde Paraguay por falta de trabajo, deuda impaga e informes confidenciales de una empresa privada (Foto: Internet)

Y las voces del silencio, las de la gente, también se escuchan siempre en torno a la mesa del mediodía hogareño, en los ruedos de tereré, en las charlas de café. Todos coinciden con que hay algo que no funciona con esto de la privacidad de la persona administrada por una empresa privada con objetivos comerciales.
Estas, las voces de la gente, no llegaban a los medios masivos de información y si llegaban no eran atendidas, sí las de los que forman el sistema contra la clase mayoritaria, la de los que compran.
La gente no se abroquela en torno a un plan definido y preestablecido para defender sus intereses como practica el empresariado (Informconf es parte de ese sistema). No. Por eso es necesario volver la vista hacia la ley. Y la ley defiende a esa mayoría.
El sistema de aquella minoría (comerciantes, empresarios varios, financistas, etc.) protege obviamente a la empresa particular mencionada. Que se sepa esta nunca informó a la mayoría si tal o cual banco de aquellos años de la década de 1990 eran fiables por lo que la gente seguía operando con ellos hasta que cerraron y dejaron en la calle a miles de paraguayos y extranjeros con una mano atrás y otra adelante.
Se proveía informaciones desde un centro de operaciones para el efecto para una minoría no para una mayoría que, dañada hasta sus cimientos económicos, provocó una feroz hemorragia humana hacia Argentina, Estados Unidos, Italia y España, especialmente. La migración de los vivos muertos.
La Justicia, que en este sentido andaba en deudas con la gente, se despabiló y se puso las pilas: dijo no a Informconf y por eso algunos del sistema minoritario patalean, cocean, se enervan. Ya comprenderán que no debe ser así cuando la ley está, claramente, del lado de la mayoría.

El “chacal de la trompeta” de los paraguayos tiene a la ley en contra y esta se hizo sentir. Eso nomás es lo que pasó. 

viernes, 18 de marzo de 2011

El árbol de la ciencia de Baroja

BAROJA, PÍO, El árbol de la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, 2008, 273 pp.
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Pío Baroja dijo que su libro El árbol de la ciencia es "el más acabado y completo de todos los míos". No sé por qué lo dijo. No me caben dudas que tuvo que haber sido para él. Leí cuatro títulos de todos los que publicó en su fecunda vida de escritor. De los leídos, me gusta más hasta ahora Las noches del buen retiro. Pero como en materia de gustos no hay nada escrito...
Tampoco me pondré a discutir aquí con el doctor Baroja, además es absurdo porque él murió en 1956 y sus restos descansan en el cementerio de La Almudena de Madrid.
No perderé mi tiempo en discusiones. Prefiero contarles qué tanto me atrajo El árbol de la ciencia y por qué.
Este libro lo escribió en el póstigo del siglo XX, en 1911, con treinta y pico largos años de edad. Era médico pero él mismo declaraba que no le gustaba la profesión, que prefería escribir. La obra tiene por personaje central a un médico, él, personaje que nunca estaba conforme con nada. Su dualidad laboral, por un lado curar enfermos y; por el otro, imaginar para escribir, le hacía poner incómodo con la medicina y, a lo mejor, ante su propia vida.
Cómo médico iba de hospital en hospital, incluso en los de algunos pueblos perdidos de España. A partir de ahí relata sus cotidianeidades con la gente común, de esa que el mundo ignora, de pequeñeces que, sin melindres, agranda con la contundencia de su pluma.
Andrés Hurtado es su alter ego. Relata su vida desde cuando ingresó a la universidad para estudiar medicina. A partir de ahí su entorno y peripecias hasta su casamiento con Lulú, una mujer que le resultaba fea al principio. El final es inesperado.
La explicación del título lo encuentro por la mitad de la obra. "La ciencia es la única construcción fuerte de la humanidad", plasma. Y se remonta al Génesis de La Biblia de donde rescata al árbol de la vida y al árbol de la ciencia que habían en el Paraíso. "No comáis del árbol de la ciencia porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá", repite la Antigua Escritura.
En verdad, en La Biblia aparece el árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:9). Unos renglones más abajo está escrito: No comas del fruto de ese árbol (del bien y del mal), porque si lo comes, ciertamente morirás (Génesis 2, 17).
Interesante es leer a Baroja porque explica con claridad qué entiende él por el árbol de la ciencia, y de su fruto, y del morir si se lo come. "Hay que reírse cuando dicen que la ciencia fracasa. Tonterías: lo que fracasa es la mentira; la ciencia marcha adelante, arrollándolo todo", mete baza.
Y dispara otro misil que cien años después todavía sus ecos retumban: "tomando como norma la verdad, se puede ir al fanatismo más bárbaro. La verdad puede ser un arma de combate".
Profundo, Baroja no deja resquicios para no entenderlo. Un maestro dando cátedras de los bueno y lo malo, lo útil y lo inútil, oportuno e inoportuno, de lo que marcan el rumbo del hombre y que ese mismo hombre no le presta atención. El árbol de la ciencia.
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(Este libro lo adquirí de la librería Quijote, de Asunción, en febrero de 2011)

martes, 22 de febrero de 2011

Las noches del Buen Retiro, de Baroja



Pío Baroja, "Las noches del Buen Retiro, Tusquets editores, Barcelona, 2006, 273 pp.


Los restos de Pio Baroja se encuentran en el cementerio de La Almudena, en Madrid. Falleció el 30 de octubre de 1956. visité su tumba aquella primera vez en 2006 cuando, de casualidad, el cuidador del cementerio, al cual ingresé de curioso, me dijo que su tumba se encontraba allí.

Al día siguiente, un domingo, en el mercado de pulgas de la plaza Tirso de Molina de Madrid, conseguí en tres euros un viejo ejemplar de una de las numerosas obras del español, Las tragedias grotescas. A mediados del 2010 en la librería Balzac de Asunción encontré Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox y en enero último adquirí de La casa del libro en Madrid, Las noches del Buen Retiro.

En otro artículo me referí al antisudamericanismo de Baroja, desmereciendo, incluso en Las tragedias grotescas al paraguayo.

Ahora quiero referirme exclusivamente a Las noches del Buen Retiro.

Se trata de un apasionante paseo por la ciudad de Madrid de fines del siglo XIX y comienzos del XX donde se mezclan historias de ricos, pobres, famosos, periodistas, escritores, editores, prestamistas, etc. El personaje central es el periodista norteamericano Jaime Thierry, alter ego de Baroja.

Le tomé el gusto a este tercer título que leo del médico y escritor sobre todo por la riqueza léxica que contienen sus obras, al menos en las tres mencionadas. Debo andar con un diccionario acuestas para leerlo, lo reconozco con la modestia debida y, lo hago con agrado.

Como todo escritor famoso, fue académico de la Real Academia Española, se dio el gusto de usar aquellas palabras no registradas, hasta hoy, por la RAE. Anoté 12: mascardonear, plevécula, estudianta, subictérico, procerismo, tzingnos, flamencota, caracola, ¡pse!, foyer, madajero y baculino.

Mis limitaciones idiomáticas me han obligado a buscar en el diccionario de la Real Academia el significado de 139 palabras mencionadas en La noche del Buen Retiro. Algunas de ellas me recuerdan a Madama Sui, de Roa Bastos, como hetaira, prostituta; gandul, holgazán; agraz, antes desazón y tiempo y; testero, trashoguero de la chimenea ¿Viene al caso pensar que el escritor paraguayo fue influido por las obras del español?

Al menos dos veces, Baroja utilizó en esta obra la palabra invertido, homosexual. La gente de la generación anterior a la nuestra regularmente usaba en Paraguay dicha palabra, mientras en la calle se popularizó el "puto, 108", por aquel incidente entre dos hombres que costó las vida a un locutor, Bernardo Aranda, cincuenta años atrás. Hoy la palabra invertido está prácticamente fuera de uso.

Hay palabras que Baroja gustó usar en Las noches del Buen Retiro como golfo, currutaco, hetaira, cetrino, sáfica, falena, menestral, hortera y pelmazo, encontradas en varias páginas.

Esto de que en Paraguay nos manejamos con menos de 1.000 palabras de las más de 300.000 de la cantera de la RAE, no deja de preocuparme de modo que para superar mis angustiantes limitaciones idiomáticas encontré a un buen proveedor de palabras "difíciles", Pío Baroja.

A propósito, hay escritores que son muy amenos pero despreocupados por aportar "nuevas" y abundantes palabras. Anoto entre estos al cervantes Adolfo Bioy Casares.

En la librería Quijote de Asunción vi que tenían en stock El árbol de la ciencia de Baroja, que lo compraré ni bien lo vuelva a visitar porque esto de aprenderme unas cuantas palabras más me tomé a pecho y; sé que este excelente escritor me proveerá a manos llenas.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Colección de servilletas

Colecciono servilletas de bares, restaurantes, heladerías, cafeterías, pancherías, pulperías, etc. Las tengo de Paraguay, Argentina, Brasil, España, Italia, Portugal, Estados Unidos, por donde anduve. El primero que traje a casa fue un porta tasa (un papel absorvente redondo) de la cafetería "Mallorca" de Madrid, y a partir de allí me entusiasmé.
La servilleta para mi es el mejor souvenir de mis paseos. Me recuerda si el lugar era caro, barato, confortable, concurrido; si la atención fue buena o mala y de la compañía que tuve en ese momento, si lo tuve; incluso las fechas porque en algunas servilletas las anoté.
El 24 de diciembre de 2007, como a las 17.00, estuve tomando una cerveza con un amigo mío, paraguayo, en el "Hard Rock", de la Plaza Colón de Madrid. La base para copa que tengo me recuerda a la cantidad de paraguayos sentados a esa hora de aquella fecha en la plaza, en medio del frío. Me pareció una imagen triste.
Tengo una servilleta con la dedicatoria de mi amiga María Dolores en el bar "El Reloj", en Granada, Andalucía. "Después de visitar la casa natal de Federico García Lorca (un placer) visitamos este bar para reponer fuerzas", me escribió en el papel. Fue el 31 de mayo de 2008.
En algunos limpiabocas hice, incluso, reportajes. Uf!, en uno están los testimonios de tres paraguayas reporteadas en un pueblito llamado Antequera, en Málaga. Aquel reportaje para el diario "Crónica" de Asunción me trajo dolores de cabeza. Pasó que mis entrevistadas fueron leídas por sus parientes en Paraguay, muy disconformes por salir en un diario "para cachaqueros, cachiai y ñembo modelitos".
Un día hacía mucho frio en Madrid y entré a una churrería (donde se hacen churros) llamada "La antigua chucherría", con el que calmé el frio que me llegaba a los huesos. Miro la servilleta que tengo en mi colección y siento y fresquete en la espalda.
La servilletade la "Frutería Paraguarí", de Paraguarí, me huele a sandías, melones, uvas, mangos, piñas. Es un pecado viajar por la ruta Uno y no detenerse en ese sitio para darse una panzada de ensaladas de frutas.
Tengo guardadas servilletas enormes como las de la cadena "Cañas y Tapas" de España, son de color vino; restaurante "Hontanares", de la avenida América, de Madrid, o la de "La Pérgola Jardín", de Asunción y; de la "Pastelería Suiza", de Lisboa.
De cafeterías tengo a más de ls mencionadas, las de "Café & Té" y "Juan Valdéz" (Madrid), "Corumbá" (Asunción), "El café de acá", "Lugano", en fin, de casi todos los sitios asuncenos.
Hablando de estos papeles de descarte, la guarania "Un cielo de ñandutíes" escribió Rovisa en una servilleta y, probablemente "Che Jazmín" por Teodoro S. Mongelós.
Tengo otra colección de azúcar en saquitos, lo mismo que de te y otros que "afané" de las cafeterías. Esta colección es un poco delicada, la debo controlar a menudo para que las hormigas no deban echarme a parderlos. En la foto, un popurrí de servilletas de mi colección.
¿Por qué uno colecciona cosas, como yo servilletas?, probablemente por lo que José Saramago llama "angustia metafísica", eso de no soportar la idea del caos como regidor único del universo.

sábado, 13 de noviembre de 2010

El caballo y Federico García Lorca

El caballo es mencionado por el granadino Federico García Lorca en varios de sus poemas y no es de extrañar ya que en su tiempo (1898 - 1936) el equino era aún el principal medio de locomoción. Sin embargo, la luna constituyó en el referente más recordado en los poemas del español, tema que tocaré en otra ocasión.


En al menos 31 poemas de los cien y pico de su autoría menciona al caballo. En "Romance de la luna, luna" escribe: "huye luna, luna, luna / que ya siento sus caballos (...) el jinete se acercaba / tocando el tambor del llano".
En "La monja gitana": "Por los ojos de la monja / galopan dos caballistas" mientras que en "la casa infiel" menciona: "montando en potro de nácar / sin bridas y sin estribos".
En cada poema se puede apreciar la descripción que hace tangible al cuadrúpedo, como si estuviera ante nuestra presencia. "Cobre amarillo su carne / huele a caballo y a sombra (...) soledad de mis pesares / caballo que se desboca", añade en "Romance de la pena negra".
En un poema, "Romance de la Guardia Civil Española", refiere a la tragedia de los ataques de soldados durante la guerra civil en la Península: "Los caballos negros son / las herraduras son negras / un caballo mal herido / llamaba a todas las puertas (...) / El cielo, se les antoja, una vitrina de espuelas (...) Huyen las gitanas viejas con los caballos dormidos / Los sables cortan las brisas / que los cascos atropellan".
García Lorca era buscado por los soldados por lo que se escondía de lugar en lugar; sus angustiantes momentos se refleja en "El emplazado": "ojos chicos de mi cuerpo / y grandes de mi caballo / no se cierran por la noche / ni miran al otro lado (...) Sobre los yunques sonámbulos / el insomnio del jinete / y el insomnio del caballo".
Un caballo muerto también lo inspiró en "Burla a don Pedro a caballo": "Montado en un ágil / caballo sin freno / (...) Han encontrado muerto / el sombrío caballo / de don Pedro".
Las palabras jinete, montura, brida, estribo, desbocar, caballista, mula, grupa, potro, espuela, casco, crines, relincho, jaca y belfo se incluyen en sus poemas en los que menciona al equino.
El tiempo pasó y aquello de que "Con el mundo que no se puede recorrer sin caballos" ("Navidad en el Hudson") quedó atrás. Si hoy viviera, el poeta nacido en Fuente Vaqueros hubiera escrito, a lo mejor, "con el mundo que no se puede recorrer sin aviones".

martes, 30 de diciembre de 2008

Los paraguayos y la muerte de García Lorca

Bueno, aclaro: los paraguayos nada tenemos que ver con el fusilamiento del dramaturgo granadino Federico García Lorca. Escribí "paraguayos" en el título sólo porque unos cuantos paraguayos fuimos a la exhibición de un documental sobre dicha tragedia ocurrida a la madrugada, probablemente, del 18 de agosto de 1936.
Vimos la película en el Centro Juan de Salazar. Me llamó la atención la cantidad de espectadores, unas 120 personas.
Ver esa cantidad en el salón de proyecciones me puso feliz. Algunos paraguayos también están interesados en Garcia Lorca, me dije. El público estuvo conformado por gente joven y adulta lo cual también me puso contento.
Pensé que no seríamos sino un puñadito de interesados. Demuestra que algo funciona bien en el Paraguay, al menos por el lado literario.
Ahora quiero comentarles un poco sobre la película. No alargaré: los investigadores que terminaron por producir este documental de 90 minutos, dos historiadores granadinos, ponen en manos de la platea todos los elementos como para creer que, efectivamente, uno de los culpables del fusilamiento del autor de "La casa de Bernarda Alba" fue el poeta Luis Rosales, quién habría delatado que Federico estaba escondido en su casa, de donde fue sacado por orden del gobernador civil de Granada José Valdéz.
Rosales fue amigo de García Lorca, tenía 26 años de edad (murió en 1992) y; Federico, 38 cuando éste, junto a dos banderilleros y un maestro, fue fusilado.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Equivocaciones argentinas sobre García Lorca

Leí una publicación argentina llamada "Hechos" en la cual encontré un artículo sobre Federico García Lorca, sobre quién leo siempre con curiosidad. Aquella carece de fecha de edición por lo que les deberé este dato. Bajo el título de "García Lorca ha muerto", aparecen datos (sobre todo, fotografías) muy interesantes, lo mismo que algunas equivocaciones que bien valen enderezar.
Me agradaría que los visitantes de mi blog lean el artículo que escribí sobre la casa de este poeta andaluz. Lo van a encontrar en la sección "Lugares de España".
En la revista argentina se lee como primeras líneas de que el poeta granadino fue fusilado en fecha incierta y que la guardia nacionalista lo habia capturado en la casa del "comerciante" Rosales Vallecillos. Hasta donde sabemos Rosales fue, sobre todo, un poeta y que él se encargó de entregar a su amigo a los militares para salvar su pellejo.
Añade la publicación que "no se sabe exactamente cuándo, qué día" los soldados lo habían fusilado. Sí, se sabe. También el lugar que no fue el patio de un cuartel, como afirma "Hechos". En el artículo mío ("Rosales y García Lorca") encontrarán los datos que están ausentes o distorcionados en la publicación argentina. Ruego lean todas aquellas personas que deseen saber más sobre el autor de "La casa de Bernarda Alba".
También sugiero la lectura de los libros sobre este poeta y dramaturgo español de Ian Gibson, el biógrafo más respetado que escribió sobre su vida.

martes, 3 de junio de 2008

García Lorca y Rosales

Dicen que la traición es arma de la que sólo se valen los que son incapaces de toda lucha franca y honrada. Es lo que pensé cuando los textos de historia informan que Federico García Lorca fue capturado por los nacionalistas estando en la casa del poeta Luís Rosales. Un poeta designado a crear el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos, como pensara Rabindranath Tagore, pero que, por salvar el pellejo, prefirió que apresaran al autor de “La casa de Bernarda Alba” y que lo ejecutaran.
Cuando conocí la casa (foto) donde nació García Lorca (hay otra en Granada donde vivió a partir de los siete años de edad) en Fuente Vaqueros, no pensé en su gigante tarea al frente del teatro “La Barraca” con estudiantes universitarios como actores; tampoco pensé en sus geniales obras “Bodas de sangre”, “Yelma”, “Doña Rosita la soltera” ni en sus poemas.
No me impresionó tanto el dormitorio del agricultor Federico García Rodríguez y de la maestra Vicenta Lorca, sus padres, donde todos los muebles de aquellos tiempos (1895 - 1905) siguen intactos; ni la cuna donde era mecido Federico, ni el bordado a mano de Vicenta con el nombre de Luís, su bebé fallecido; ni la cuna, ni el andador ni la sillita de Federico.
Cuando miré el piano de la familia, el cual ejecutaba maravillosamente el poeta, que en su madera como en los negros y blancos de su teclado sintiera el paso de los años, seguí recordando lo que leí en los libros de textos y en los dedicados a su vida: Luís Rosales, poeta granadino, lo entregó a la guardia nacionalista, para ser fusilado el 18 de agosto de 1936.
Es la parte de esta historia escrita a fuego.
¿Qué hubiera pasado si Rosales no haya tenido la cobardía de entregarle?; “probablemente haya sido un premio Nobel, por lo menos”, dijo el guía de la casa donde nació el famoso español.
Una vez capturado García Lorca, el gobernador civil de Granada, José Valdéz, ordenó su ejecución cumplida el 18 de agosto, a la madrugada, en el camino que va de Viznar a Alfacar, junto a dos banderilleros y un maestro nacional, cuyos restos todavía están en una fosa común.
Fue asesinado por los nacionalistas con la complicidad de un "amigo", quién por más medallas que haya logrado después en su vida, sigue siendo el mismo cobarde y desleal que ayudó a cegar la vida del más grande poeta y dramaturgo español del siglo XX.

lunes, 2 de junio de 2008

Junto a las esculturas del cielo

Aquel domingo prometía ser mejor que otras veces en Antequera, un antiguo pueblo del sur español. Fue la primera vez que escuchamos de su existencia, aún cuando tiene más de 4.000 años de edad. Sólo sabíamos del pueblo de Antequera de Paraguay, un puerto sobre el río del mismo nombre, en homenaje al revolucionario José de Antequera.
Decimos que aquel domingo prometía lo suyo, por el viaje que haríamos en coche hasta un paraje llamado "El Torcal", en la montaña. La noche antes nos hablaron de ese extraño territorio; que cuando los dinosaurios andaban sobre la tierra, allí era una profundidad marina. De esto hace muchos años, unos 150 millones, por lo menos.
Descansamos en el hotel con la agradable sensación de la expectativa de lo que pasará mañana; nos sentíamos un niño en vísperas de Reyes ¿Qué tanto descubriremos en una montaña, en un cerro, en unas lomadas, que ya no haya visto en el Ybytyruzú de nuestra Villarrica natal?
Tomamos un desayuno en el restaurante "El Mirador" en la carretera de El Torcal, un lugar alto, desde donde se puede ver el racimos de casas blancas de Antequera, allá abajo. Hay sol, como parte de los días previos al verano en Andalucía. Café con leche y un pan con queso caliente con cierta semejanza a la chipa paraguaya en la terraza, a pleno sol.
Arriba, la carretera es envuelta en bancos de nubes y hace frio. Apelamos al abrigo. En un recodo con espacio para estacionar descendemos. Las piedras están encimadas; como lozas acomodadas unas sobre otras por manos gigantes; las tocamos (el reencuentro con el "hombre de poca fe" de nuestra intimidad), metemos el índice izquierdo entre sus rendijas, como Tomás en las heridas del Maestro. No, esto no hizo el hombre...
Leemos en un panel que esto lo hizo la sedimentación marina, el agua, el viento, el sol, los terremotos, el tiempo en no menos de 150 millones de años. Dejamos de tomar las fotos extendemos nuestros brazos a lo largo de la baranda, inhalando el viento frio de esas alturas en silencio y no se nos ocurre pensar sino en que Dios existe y que sólo Él en su infinita creatividad pudo haber hecho todo esto cuando tuvo ganas de hacerse de un martillo y de un cincel y distraerse en esta parte del mundo creando sus figuras geométricas, esculpiendo en cada parte de esta imponente montaña.
Miramos a lo lejos, por detrás del horizonte serrano, detrás esta la ciudad de Málaga y el mar y, mucho más lejos, a miles de kilómetros, Sudamérica. En esas alturas de frio, nubes bajas, viento y piedra pensamos en lo poco que sabemos de la naturaleza y el daño que la producimos todos los días. En un viaje mental, casi místico, se nos ocurre pensar en lo que sería este mismo sitio dentro de 150 millones de años. Y nada. Hay un vacío en la mente. No somos capaces de imaginar lo que será en ese remoto futuro estas alturas donde posamos nuestros pies, a unos 75 kilómetros de Granada, donde descansan los restos de los reyes de España, Fernando e Isabel, que han hecho posible que el genovés Colón descubriera las tierras hace muy poquitos años - apenas 515 - y donde nosotros naceríamos.
Contemplar esta inmensidad natural donde el agua, el viento, los movimientos telúricos y el tiempo han esculpido estas altas ondulaciones nos hacen pensar que la vida merece vivirse, como proclamaba el obispo Walter Sheen. Que aquí y ahora, entre estas esculturas del cielo, debemos vivirla intensa y felizmente como si dentro de unos minutos tengamos que morir.


jueves, 29 de mayo de 2008

En la paz del Real Monasterio de la Encarnación

La paz reside en la buena voluntad decía San Agustín. Y en el Real monasterio de la Encarnación, tengo ganas de añadir. Cuando crucé sus altas puertas y estuve en su primera sala con cuadros antiguos sentí paz. Se me ocurre repetir en silencio el refrán: aquí hay paz y después gloria. Siento que se inyecta en mi ánimo mucha tranquilidad y sosiego al andar por sus amplios corredores, sus silenciosos salones, bajo las altas bóvedas de su iglesia madrileña.
Ver los mismos cuadros de hace decenas de generaciones atrás; los mismos ventanales, la misma sala donde cantan 20 monjas. Y el órgano. Y el olor a antiguo, hacen que la paz se anide en el alma del visitante. Detrás de los muros de este monumento están guardados 397 años de historia de España y sus colonias. Desde cuando Felipe III y Margarita de Austria se dispusieron a respaldar su construcción. Todo comenzó en 1611.
El Paraguay, entre tanto, no era sino como el aleteo de una mariposa que, con el tiempo, desencadenaría tornados políticos, económicos, religiosos y sociales en el centro de esas tierras indígenas. Guaraníes, en región central y; guaicurúes y payaguaes, en el sur chaqueño, era la población paraguaya de cuando empezó la construcción del Real Monasterio. ¿Qué más?; que los españoles buscaban denodadamente las montañas del oro y de la plata y que se estaba en vísperas de iniciarse el sistema misionero de los jesuítas.
Bajo hasta el relicario del monasterio, un espacio santo; histórico y lleno de misterios cristianos. Cruces, nichos sobre nichos, huesos, calaveras de mártires, cofres, más cofres, más, más. Conjunto de unas 700 piezas, todas reliquias. Y también la sangre en estado sólido de San Pantaleón, médico de 29 años decapitado por los romanos en el año 309, un 27 de julio. Sangre licuada cada aniversario de su muerte, fenómeno para el cual la ciencia no tiene una explicación.
Y también los huesos de San Alejandro ante mis incrédulos ojos y las astíllas del madero en el cual Jesús fue crucificado.
¿Qué otra sensación se puede sentir luego de andar por los mismos corredores por los cuales han caminado reyes, principes, sacerdotes, cardenales, santos y santas que no sea el de la paz?

viernes, 23 de mayo de 2008

En tardes de toros

España en el exterior es toro y flamenco. La corrida de toros tiene sus buenos siglos en estas tierras. Los primeros españoles de Paraguay llevaron esta parte de su tradición a las lejanías de América del Sur, logrando éxitos en Venezuela especialmente. En Paraguay se la practica pero como una parodia de las de España, México, Venezuela y Portugal (en este país no se mata al toro en el ruedo); protagonizando un capitulo aparte en las fiestas patronales paraguayas con nombres propios: torín, toreada, toro ñaró, etc.
Hoy les voy a contar mi experiencia en la plaza de toros de "Las Ventas", en Madrid, a la cual concurrí con unos amigos españoles, taurinos hasta los huesos (porque también están los españoles que se oponen a las corridas de toros). La plaza, habilitada en 1929, tiene vestigios de aquellos estadios romanos en los cuales los primeros cristianos eran devorados por los leones. Es imponente. Tiene capacidad para 23.000 personas sentadas.
En los alrededores de la plaza se montan pequeños quioscos, ("chiringuitos", le dicen los españoles) lo que me recuerda a las de las funciones patronales de Paraguay. En este sitio se vende de toda clase de baratijas, artículos típicos, banderas españolas con la figura de un toro en el centro, bebidas frescas (empieza el calor), etc.
La entrada no es fácil conseguir, cuesta 32 euros en el sitio que me tocó estar. Se la debe comprar con mucha antelación o, de lo contrario, adquirirla de la reventa. Los taurinos españoles no dudan dejarse llevar por los especuladores si tiene al torero favorito en el programa, actitud comprensible si se entendiera de toros, cosa que no es precisamente mi fuerte, aún cuando me agradan las corridas de toros.
Con la entrada (billete) en manos, paso dos barreras de controladores. Una vez adentro, se tiene la opción de alquilar almohadillas de cuerina en 1,20 euros para no sentarse en el frio cemento de la grada. Si los casi 22.000 asistentes de esa fiesta tuvieran almohadillas, solo este rubo por vez permite el ingreso de unos 26.400 euros. "Qué fácil es ser rico en España", anoto en mi agenda.
En las gradas la cosa está animada y colorida. Alli, me encuentro con que muchos señores van a las corridas vestidos con finísimos trajes y las mujeres, ni qué decir. Cada persona a mi alrededor era de una paquetería que para qué les cuento; "suntuosas damas y de selectos caballeros", describiría José Martí. Eso sí, la elegancia no les prohibe comer y beber en el mismo lugar del hecho (como escriben los cronistas de noticias policiales) si así les apetece, como a las dos señoras sentadas frente a mi, que a la hora del espectáculo, desenvolvieron sangüiches, cervezas y gaseosas para darse una singular merienda. Claro, con las bocas llenas de pan, jamón, queso, tomates y mayonesas también se sumaron al coro de abucheos a un "picador" (un hombre con sombrero y de a caballo) por habérsele roto la lanza al momento de dar un puntazo al toro en el ruedo.
A mi, francamente me asustó que se haya roto la lanza de madera del picador; no así a los demás. Ellos sabrán por qué. Yo me pegué un julepe en mi asiento. Que suerte, pensé, que yo esté en las gradas nomás.
Antes, el caballo de otro picador, había sido tumbado por un toro de unos 600 kilos, y no lo pudieron levantar sino varios minutos después. Menuda tarea la de los hombres encargados de hacerlo, porque el animal está protegido de las cornadas del toro con una gruesa tela de acero y plomo. Y, por tanto, cuando el caballo cae es muy difícil volver a levantarlo. Con tantos minutos que el pobre equino estaba tumbado en la arena, pensé que se había muerto. Lograron ponerlo de pié y nada pasó.
Cuando el público ruge en la plaza retumba como un trueno en la mole circular de cemento.
Más de 20.000 gargantas abuchearon al torero que dejó escapar su capa en los cuernos de uno los seis lidiados en la tarde. No sé por qué le abuchean; además quedaba muy gracioso que una enorme capa tenga que estar prendida a una de las astas del animal como un enorme moño rojo. Bueno, debe ser porque este espectáculo es para gente con cultura taurina. En la próxima estoy tentado a abuchear yo también, aunque me parezca muy simpático. No pienso desentonar entre tanta mayoría.
Dos de los toros tuvieron que ser sacados del ruedo porque uno tenía una ligera cogera y otro, por despistado (el lugar de correr hacia los toreros, iba para el otro lado).
Como en el "Defensores del Chaco", de Asunción, también en las gradas hay vendedores de gaseosas. El vendedor se ubica en el estrecho pasillo por donde andamos desde la boca de acceso y, pasamano mediante, corren el pedido, la plata, las latas de gaseosas y el vuelto ("vuelta", para los españoles) si hubiere. Así, mientras coreamos el "¡¡ooooooleeeeeeee!!, a una seguidilla de buenas intervenciones del torero, debemos hacer de "puente" para que llegue la gaseosa al señor gordo de corbata verde ubicado a diez asientos de mi izquierda.
El sol daba de lleno, felizmente. De todas maneras noté que los taurinos son precavidos: a muchos vi con paraguas. Estamos en tiempos en que de un sol fenomenal podemos pasar a una lluvia no menos fenomenal. Me cuentan que así llueva, los aficionados lo mismo concurren al ruedo; preguntado por qué, me responden que es, primero, por el espectáculo y; segundo, porque en las gradas se cultiva la amistad y se aprovecha, además, para iniciar conversaciones de negocios, que se cierran en algún almuerzo en los restaurantes (que son muchísimos) en los inmediatos alrededores de la plaza. La otra vez almorcé con otros 15 aficionados a las corridas de toro. Fue en un restaurante muy prestigioso y que está cerquita del ruedo, a la que concurre también el rey Juan Carlos.
El espectáculo duró dos horas y media. Aún cuando los españoles de mi alrededor en las gradas estuvieron disconformes, a mi me pareció inigualable. Tomé varias fotos, que pueden ver en mi Orkut, y luego fui a tomar una caña de cerveza con un amigo en un bar frente a la plaza, como parte de este rito taurino.

martes, 29 de abril de 2008

José Martí y las prostitutas

"Pasaron por la calle del Desengaño"
(Pio Baroja, Las noches del Buen Retiro)
Fui a esa antigua calle en pos del reportaje para el diario Crónica de Asunción; observé a las putas apostadas en sus veredas, tomé fotografías y me detuve ante el edificio de cinco pisos en la esquina del hotel "Petit Palace italia", donde una noche me había alojado. En ese edificio, de la esquina de las calles madrileñas Desengaño y Gonzálo Giménez de Quesada, vivió José Julián Martí Pérez (José Martí), el héroe cubano nacido el 28 de enero de 1853 y fallecido el 19 de mayo de 1895, durante algunos años de su destierro.
Martí fue poeta, escritor, abogado, filósofo, patriota y héroe cubano. De 1890 a 1891 fue cónsul paraguayo en Nueva york. Sus padres fueron los españoles Mariano Martí y Navarro y Leonor Pérez Cabrera.
Su primer viaje a españa fue en 1857 regresando en 1859. Por cuestiones políticas fue desterrado a Cadiz el 15 de enero de 1871 y poco después se radicó en en la casa de la dirección mencionada. Aquí estudio derecho y filosofía, volviendo luego a su país, años después.
La placa recuerda el nombre del héroe cubano en el viejo edificio mientras las prostitutas ofertan sus servicios en las veredas aledañas.

lunes, 24 de marzo de 2008

Primavera en Plaza Mayor de Madrid

La primavera en España es aprovechada desde el vamos, aún cuando estos primeros días de la nueva estación haya sido acosada por vientos, lluvias y nieve en la Península. En Madrid el sol se hizo presente como para aprovecharlo en plazas, parques y terrazas, como en la Plaza Mayor donde españoles y turistas se hicieron de un sitio en uno de los últimos domingos para aprovechar cada instante de sol como se puede ver en la fotografía.

domingo, 16 de marzo de 2008

Primavera en Madrid

Como visualizando pista, la primavera procede a aterrizar en Madrid. Esta última semana de invierno es "robada" por esta estación de flores y brotes nuevos. El sol empieza a ser distinto en esta península elegida; cómo que incita a los nórdicos a venir a su encuentro en esta capital hispana. Y se me ocurre escribir lo escrito por Pablo Neruda: "podrán cortar todas las flores pero no podrán detener la primavera" y, añado, al menos esta que ya está en España. Porque con la nueva estación ya están aquí los miles de jóvenes concentrados en la Plaza Mayor para hacer uso de cada instante del nuevo tiempo. Y porque en sus parques y jardines como en la Plaza España (foto) las flores se abren paso luego de las hojas secas, de los tallos y ramas desnudos, del viento frio y hasta de las heladas y de las nieves. Y en los rostros de cada español, de los turistas y los inmigrantes como que brotan esperanzas nuevas. En este domingo 16 de marzo de 2008, la primavera hizo presencia en la antigua ciudad y pintó sonrisas en cada rostro y puso color en los gramados públicos; y aroma de flores y canto de aves recien llegadas de grises lejanías.

Ramos en la Catedral de La Almudena

Me imaginaba una de esas películas que rememoran las celebraciones eucarísticas de siglos pasados; el coro convertía a la catedral como en un lugar donde miles de ángeles revoloteaban a lo largo y ancho de sus extensas y altas naves. Daba la impresión que, en efecto, Jesús entraba en Jerusalén mientras cien voces entonaban "bendito es el que viene en nombre del Señor..." desde lo alto del coro, los vitrales y el órgano castellano de altos y macisos tubos. Mediodía del 16 de marzo en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.
La nave de éste templo católico no está silenciosa como la catedral descripta por Pio Baroja en su "Las tragedias grotescas". De vez en vez, retumba el coro y los acordes escapados de los tubos a fuelle, hasta sus 73 metros de altura. En el interior de esa mole me siento muy pequeño y me remonto a Gustave Flaubert para quién se juzga una catedral por la altura de sus torres.
Los fieles rezan, con los ramos de olivos y palmas en manos. Los cientos de turistas toman fotos de la ceremonia, y de la tumba de José de Escribá de Balaguer, y de San Isidro Labrador, patrono de Madrid, y de la imágen de la Virgen de la Almudena. El constante alumbrar de flashes hacen del sitio un lugar de espectáculos, de oraciones, de fe, de maravilla arquitectónica, del gran poder católico.
Esa pareja de madrileños mayores - él de riguroso traje azúl marino; ella, de conjunto blanco y negro estilo Cocó Chanel - no presta atención a la turista de blusa ligera y al rubio de bermuda y ojota verde que salpican con sus fogonazos cada instante de su oración al Jesús de aquel domingo en Jerusalén.
En esta Almudena consagrada por Juan Pablo II se siente este mediodía dominguero la esencia de esta Madrid cristiana. Hoy sus gargantas entonan con unción sacramental el "bendito el que viene en nombre del señor" como cuando, después de cenar con Lázaro y sus hermanas María y Marta, Jesús entrara al lomo del borrico en la ciudad de David y Salomón.
Hay religiosidad católica en cada centímetro cuadrado de esos 102 metros de largo de la imponente catedral. Hay presencia de Escribá de Bálaguer, de San Isidro Labrador, de ángeles y arcángeles que cantan el eterno "Santo, Santo, Santo", que retumba en sus altos muros y en sus imponentes columnas escapando hacia el cielo azul bañado de sol de este domingo primaveral madrileño a través de sus altos y coloridos vitrales. Sí, hoy La Almudena de los reyes españoles es como de esas escenas de cine que asombra hasta al más pintado.
En sus entrañas ha comenzado el ritual de la Semana Santa.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Aquella visita a San Lorenzo de El Escorial

Venir a Madrid y no visitar San Lorenzo de El Escorial es como visitar Barrero y no degustar sus chipas. Estuve en esta parte de la sierra de Guadarrama a fines del verano de 1991, luego de haber visitado Jerez de la Frontera y Sevilla y alquilado, junto a otros coterráneos, un perezoso autobús que nos dejó a medio camino al volver de aquel monasterio.
Fue un grupo de amigos y que integraron (de los que recuerdo) Arsenio Vasconsellos Portas y señora; Alberto Spinzi y señora; el ingeniero Pedro González, entonces decano de la Facultad de Agronomía y actual rector de la Universidad Nacional de Asunción; doctor Enrique Froilán Peralta (cantor y guitarrero como pocos), decano hasta hoy de la Facultad de Ciencias Veterinarias.
No olvidaremos de cuando el viejo ómnibus alquilado nos dejó en plena carretera y a pleno sol durante un par de horas, más que para enfados para el deleite de los aventureros paraguayos.
Claro, visitamos el monaterio, situado a 47 kilómetros al noroeste de la provincia de Madrid y a 1.032 metros sobre el nivel del mar. Nos paseamos por la inmensidad del monasterio, del castillo y de la catedral; bajamos a las catacumbas reales y paseamos por los salones donde vaya a saber cuántas fiestas reales han sido llevadas a cabo desde el siglo XVIII.
Recuerdo habernos escapado del grupo González, Peralta y yo. Fuimos a mezclarnos con los sanlorentinos por sus calles y plazas y nos tomamos fotografías junto a una suerte de monumento que recuerda a la República del Paraguay, mientras los demás compraban postales de San Lorenzo de El Escorial (en aquel tiempo era más difícil que hoy tomar fotografías y ni pensabamos que hoy tendríamos en nuestras manos las cámaras digitales).
Desde que estoy radicado en Madrid voy a San Lorenzo de El Escorial ni bien me sobre un espacio de tiempo. Y cada vez que recorro el Monasterio y el Real Sitio recuerdo a aquel formidable grupo de paraguayos de 1991 y de las noches antes y posteriores en España a pura bulería, a esencia gitana ...

lunes, 10 de marzo de 2008

Puerta de Madrid

Esta es la Puerta de Madrid situada en la entrada principal de la ciudad de Alcalá de Henares. Está en la calle Andrés Saborit. Durante el reinado Carlos III fue reedificada en 1788. Es de pura piedra. Entre esta y la llamada "Puerta de Alcalá" (ver "Puerta de emergencia", de fecha 15 de diciembre de 2007) hay un antiguo camino que unía a Alcalá de Henares con Madrid y que se cerraban a las 18.00, hora en que nadie podía ni entrar ni salir de la ciudad por seguridad, hasta cuando salga el sol, al día siguiente (foto Puerta de Emergencia).

domingo, 9 de marzo de 2008

Pío Baroja y el Paraguay

"No creo que el Paraguay valga más que Inglaterra, ni que los bolivianos sean superiores a los franceses o a los alemanes", escribió Pío Baroja ("Las tragedias grotescas", Espasa- Calpe, Buenos Aires, 18 de marzo de 1952, p. 24). El escritor español (1872 - 1956) produjo más de 60 novelas para lo cual incluso dejó de lado su profesión de médico. Comenzó su vida de escritor en 1900. El 8 de marzo de 2008 visté - una vez más - la tumba (foto) del fecundo literato hispano. Sus restos se encuentran en el Cementerio de la Almudena, en Madrid, a pocos metros de los de Francisco García Lorca, otro no menos importante cultor de las letras y hermano de Federico. Periodistas, escritores y familiares visitan el sitio, dejando de vez en cuando algunas flores sobre su lápida.
A propósito, en "César o nada" Baroja pone en boca de César, el personaje principal de la novela, la frase siguiente: "Me parece que sería mejor haber muerto, no dejando la tumba y el nombre y otras cosas ridículas y desagradables sino desapareciendo en el aire o en el mar".
En "Las tragedias grotescas", se refiere a los paraguayos y bolivianos con escasa piedad. Hace decir a los personajes de su novela que los ingleses son superiores a los paraguayos y que los franceses y alemanes a los bolivianos. De todas maneras zafa un poco al poner en boca de uno de ellos el texto "es posible; yo no lo creo".

jueves, 6 de marzo de 2008

Cuatro Caminos, un barrio paraguayo en Madrid

Cuatro Caminos (foto) es una de las zonas más activas y populares de Madrid. Es uno de los lugares por donde frecuentan los paraguayos. En sus alrededores están las discotecas, los bares y restaurantes a los cuales concurren con frecuencia. En realidad los inmigrantes latinos, que serían la mayoría de ese barrio (llamado Chamberí), lo llaman "La pequeña Dominicana" por haber sido los inmigrantes de este país del Caribe los primeros en ocuparlos.
El centro de este barrio, que bien se puede llamar también "El pequeño Paraguay", es la estación del Metro en la glorieta (rotonda) Cuatro Caminos. Aquí llegan las líneas 1, 2 y 6 (de las 12 con que cuenta la ciudad de Madrid). El 17 de octubre de 1919 fue inaugurada esta estación por el rey Alfonso XIII. Tiene la particularidad de contar con la estación - la de la línea 6 - más profunda del metro de Madrid (50 metros por debajo del nivel de la calle).
En Cuatro Caminos está el restaurante paraguayo Rincón Guaraní y a unas cuadras de alli, La Paraguayita. En ambos sitios frecuentan los paraguayos para degustar comida de nuestro país.
Aquí es una convergencia de antiguos caminos que hoy son conocidos como Bravo Murillo, Avenida Reina Victoria, San Francisco de Sales, Pablo Iglesias y Raimundo Fernández Villaverde. La calle Bravo Murillo es la más conocida por los inmigrantes, sobre todo paraguayos. Esta une a Cuatro Caminos con la famosa Plaza de Castilla, donde también están radicados millares de paraguayos.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Donde se entrega el premio Cervantes

El domingo 2 de marzo de 2008 estuve en Alcalá de Henares. Visité, otra vez, varios sitios: la casa de Cervantes, el hospital de Antezana, donde cocinaba Ignacio de Loyola (Íñigo Oñaz de Loyola, fue su verdadero nombre), la plaza Cervantes, la antiquísima calle Mayor, la catedral y, obviamente, el edificio del Rectorado de la Universidad de Alcalá (foto) donde todos los años se entrega el premio "Cervantes" al mejor escritor del año.
No me referiré en demasía sobre esta famosa universidad donde el Rey de España se encarga de entregar el premio anual de literatura, sino lo que me había pasado el aquel domingo luego de visitar la Universidad.
Eran como las 13.00 cuando voy a un bar sobre la calle Mayor a tomarme una manija de chop ("caña", le dicen los españoles), donde veo en la pared una foto grande de la universidad (el antiguo Colegio "San Ildefonso") por lo que pregunto a la joven camarera si cuan importante es esa universidad. "Sí, es una de las universidades de Aquí. No sé qué se enseña allí", me respondió. Medio desanimado por su respuesta hice la última: "Ahí es donde se entrega el premio a los mejores escritores, ¿verdad?". Meneó la cabeza, se fregó las manos con el repasador amarillo y luego de pintar un labio medialunado y encogerse de hombros me respondió que "ni idea" tenía. La muchacha es española.
Felizmente dos historiadores que se ubicaron a mi lado en la barra tuvieron la gentileza de dar la respuesta correcta. "Estos jóvenes no les importa lo que hay en su ciudad", dejó escapar uno de ellos, asumiendo vergüenza ajena. Charlamos sobre algunos literatos españoles, sobre Granada, Alcalá y la conquista española a partir de Colón y, la universidad.
Luego de la charla no quiero juzgar a los jovenes acusándolos de desinteresados por la cultura. Prefiero una dosis de tolerancia, al fin de cuentas yo también fui joven y ni siquiera sabía si Francisco Solano López se había casado o no con Elisa Linch, como muchos - quizás - hasta hoy no lo sepan.