Detrás de la puerta, esto

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Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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jueves, 12 de septiembre de 2013

Facundo Recalde

                              Facundo Recalde (Fa Re).
Tal como van las cosas, me temo que en pocos años ya olvidemos quiénes fueron los héroes de la Independencia, Carlos Antonio López, Francisco Solano, el mariscal Estigarribia y; la gente, a lo mejor, ya no esté segura si la guerra contra la Triple Alianza se inició en 1865 o  en 1947, todo porque la memoria se detiene a registrar cosas menos importantes.
Desde hace unos cuantos años ya no se enseña historia como cuando en mis tiempos. Cada vez se vuelve más difícil para las nuevas generaciones saber quién fue Ramón Indalecio Cardozo, Gregorio Benites(con s), Celsa y Adela Speratti o Elisa Alicia Lynch.
El día en que los de mi generación desaparezcamos de la faz paraguaya dudo que las nuevas generaciones sepan de historia paraguaya.
En este sentido lamento que ya poca gente recuerde a Facundo Recalde (Fa Re), poeta y escritor y amigo leal de Manuel Ortíz Guerrero. Recalde nació en Asunción en 1896 y murió en 1969 también en la capital paraguaya.
Bien pudo haber escrito hasta acortársele los dedos. Autor de “Virutas celestes” y “Virutas grises”, poemarios en los que despliega sus alas de vate excelso, capaz de alcanzar las alturas de grandes como Rubén Darío y hasta superar al mismo Federico García Lorca.
Conocedor del castellano, corregía los escritos de su amigo Ortíz Guerrero y, como tal, sus prosas eran incluidas en libros de texto de la instrucción primaria.
Sus encendidas posturas políticas le costó innumerables exilios.
Jesús Amado Recalde (Papotín), uno de sus hijos, siguió sus pasos literarios, publicando en 1950 su poemario “Siembra sonora” destacándose, para mi gusto, los poemas “Juanita”, “Calle Ypané”,  “Elva”, entre otros.
Otra hija de Facundo Recalde es Rosa Recalde Guanes, también escritora y poetiza y autora del poemario “Mi vida a la luz”, de misma sensibilidad literaria que el padre y el hermano.

                                                    Rosa Recalde Guanes.

Facundo Recalde se había casado con Helena Guanes, hija de Alejandro Guanes, con quién tuvo cuatro hijos: Papotín, José María (Guaíto), Rosa y Vida Recalde Guanes. Estas dos viven hoy en el barrio asunceño de Trinidad y en la ciudad de San Lorenzo, respectivamente.
Nieto de Facundo es Facundo Recalde Casartelli, también periodista.
En un libro sobre Ortíz Guerrero publicado en Asunción en 1980 se cuenta que Facundo Recalde conducía una carreta en la que llevaba a su amigo Manuel Ortíz Guerrero desde la casa de este en Asunción hasta la de su compañera Dalmacia en San Lorenzo (en las cercanías de la actual planta transmisora de Radio Nacional del Paraguay). Eran los últimos años de vida del poeta villarriqueño.


                                         La Familia de Facundo Recalde (parado en el medio. Primero, a la izquieda y parado, Jesús Amado Recalde (Papotín). En cuclillas, primero a la izquierda, Facundo Recalde Casartelli, hijo de Papotín. 

¿Quién recuerda hoy a Facundo Recalde?, unos cuantos historiadores, periodistas viejos y familiares. Dentro de poco, tal como estamos yendo, ya no habrá quién recuerde ni a Recalde (hermano de Camilo Recalde, héroe de la Guerra del Chaco y fallecido en Chile), ni a Ortíz Guerrero, ni a los López, ni a Francia, ni a nadie. Seremos una nación con historia pero sin nadie que la recuerde.

domingo, 19 de mayo de 2013

Mario Palmério, Saudade


Mario Palmério
Mario Palmério era un diplomático brasileño que estuvo cumpliendo con su misión oficial en Paraguay como por fines de la década de 1950 e inicios de la de 1960. Era, además, un bohemio, escritor, un hombre de mundo. La conocida guarania “Saudade” es de su autoría y les cuento como alguna vez alguien me contó, y que ya no recuerdo quién, de cómo se inspiró para escribir la letra.
Cuentan que él volaba hacia algún lugar del Paraguay a bordo de una avioneta hasta que se desató un temporal en la ruta que seguía la aeronave por lo que el piloto decidió aterrizar en algún descampado. Así lo hizo y ambos se dirigieron a una casita próxima para resguardarse de la lluvia.
Dicen que la casa era de esas más humildes que existía en la época. Mario llegó y con su presencia, que llenaba cualquier parte donde iba (un tipo pituco, grandote, bigotito, amable, sonriente, de traje) impresionó vivamente a la familia y, en especial, a una joven, hija del matrimonio anfitrión.
Mario, un ñe´e kuá de aquellos, se refirió en determinado momento en la casa, mientras llovía a cantaros y la avioneta se empapaba en la que sería la pista de aterrizaje (que no era, sino un descampado nomás),  sobre la nostalgia que le producía la lluvia. “Saudade”, decía.
I porâ la mitakuña que le observaba y de tanto decir “saudade” el brasileño, ella rompió fuego y le preguntó si qué lo que quiere decir esa palabra. Y medio que insistió lento luego.
Ahí nomás, oñerremanga la tipo, y extrajo su lapicera – porque él también se consideraba dueño de la lapicera – y en un papel asuká ryrukué, escribió “Si insistes en saber lo que es saudade / tendrás que antes de todo conocer / sentir lo que es querer, lo que es ternura / tener por bien un puro amor, vivir”, osoró hese.
Con la primera estrofa  nocau lento ya luego le dejó a la nena. Lo que no sé si es que ella pa le dio tan siquiera un besito kañyhape al brasilero, quién al terminar la lluvia subió otra vez a su avión y siguió viaje. Al menos así me contaron. Otros me dijeron que se quedó a dormir en la casita pero si es así, amontema. Pero yo no creo esta parte de la historia. 

Un presidente en calzoncillos


                                                                       Carlos Antonio López
Hablando de elecciones presidenciales ¿se imagina usted, elegante, siendo recibido por el presidente de la República en calzoncillos?, planteo este escándalo mental porque,  repasando mis apuntes encontré con que el Mariscal López se vestía muy bien, que durante los gobiernos de Francia y los López el paraguayo disponía, generalmente de una sola ropa y que andar descalzo fue costumbre generalizada en el interior del país hasta hace unas cuantas décadas.
Voy al grano: supóngase que usted fue convocado al Palacio de Gobierno y que para el efecto se vista de lo mejor pero que el presidente lo reciba ¡en anatómico!
William Barret en “La Amazona” escribió a fines de la década de 1930 que Carlos Antonio López recibía a veces en calzoncillos a las personalidades. Y en su descargo digo que habrá sido porque hacía mucho calor (imagino que exponía su imperial desnudez en verano y no en invierno) y porque era un gordo de aquellos, aunque no son excusas suficientes como para martirizar al digno cargo con semejante desenfado.
A esta altura de la civilización digo que un presidente es un presidente y que no puede andar en cueros recibiendo gente solo porque hace calor. Y, como que ya nos estábamos yendo hacia ese lado,  últimamente con un presidente que concurría al Palacio en chancletas y se fotografiaba semi en bolas en su jacuzzi comiendo pastelitos.
Felizmente en esto de vestirse nuestros gobernantes retornó la sensatez y de nuevo tuvimos a uno que concurre a su trabajo vestido como Dios manda.
                                                           Elisa Alicia Lynch

Y eso del calzoncillo de don Carlos me anima a rescatar la ingente labor de Elisa Alicia Lynch para que los paraguayos (y las “paraguashas”) se vistan mejor ¡y lo logró! Francisco Solano López, a propósito, no era de vestir mal y menos con una mujer como doña Elisa a su lado que, seguro, le marcaba el compas del buen gusto.
Vaya elegancia la que habrá sido la del mariscal López que el coronel Silvestre Aveiro relató en sus memorias militares que en diciembre de 1868 en Lomas Valentinas, durante el fragor de la batalla, “una bala llevó la punta de la corbata del mariscal desatándosele”.
Le siento pena, en el tiempo, a la señora Lynch por todo el esfuerzo que habrá puesto todos los días para conseguir que los asuncenos  mejoren su manera de vestir. Por aquellos años de paz, antes de la guerra contra la Triple Alianza, los asuncenos preferentemente andaban descalzos. Correspondió a la pareja de López encarar y sostener una fuerte campaña personal para romper con dicha costumbre indígena.
Y hablando de nuestros ancestros nativos, cuenta el sabio Bertoni que los guaraníes andaban desnudos y que en verano se bañaban en los arroyos y manantiales, en abundancia de aquí para allá en todo el territorio de la nación, al menos 12 veces al día y que les resultaba incómodo las ropas impuestas por los españoles precisamente porque debían sacarse antes de cada baño. Bueno, si se bañaban 12 veces al día (en verano, obvio) eso de andar vestidos era casi una falacia.
                                                         Mcal. Francisco Solano López

El mandyju había en estas tierras cuando llegaron los españoles, las indígenas sabían el arte del hilvanar y tejer; o sea, se entiende que los nativos guaraníes no andaban desnudos completamente.
Cuadros pintados en tiempos de Francia por viajeros europeos muestran a hombres y mujeres de la época vestidos con ropas tejidas en lienzos y confeccionadas por las mujeres paraguayas vestidos elementales que tras la Guerra Grande comenzó a desaparecer lentamente no así la costumbre de andar descalzos en el interior del país y las periferias de Asunción y que, esta, comenzó a opacarse a partir de la década de 1950.
Pero un buen retazo de historia relatado sobre nuestras prendas de vestir no es suficiente para justificar que un presidente como don Carlos ande recibiendo a las personalidades en calzoncillos que, dicho sea de paso, no habrán sido precisamente slips capaces de seducir de un vistazo a doña Juana Pabla; aunque … quién sabe … 

sábado, 18 de mayo de 2013

Sarita Montiel y Margareth Tatcher


                                                       Sarita Montiel, "la violetera", españolísima y bella. 

Dos grandes mujeres, dos doñas, murieron el lunes último: Sarita Montiel, cantante española y; Margareth Thatcher, política inglesa. Las dos eran de peso pesado en sus respectivos campos de influencia. La humanidad pierde a dos kuñakarai guasu, de esas que aparecen de vez en cuando en la faz de la Tierra.
Doña muerte hizo de las suyas el lunes, convocó a “la violetera” Sarita Montiel (nacida el 10 de marzo de 1928) y a “la dama de hierro”, Tatcher (nacida el 13 de octubre de 1925).
Murieron dos mujeres poderosísimas.
Supongo que soy como todos, que con cada muerte reflexiono que la vida es corta y que la muerte es segura, que en la vida actuamos tantas veces con soberbia contra los demás como si no nos moriremos nunca.
Buenos y malos, dóciles y altaneros, católicos y no católicos, vamos nomás luego a morirnos.
Al enterarme de la muerte de ambas personalidades de la humanidad digo: si ellas se mueren, ¿por qué yo no voy a morir?; es que, en medio de mi incontrolada, aunque raleada, fatuidad a veces pienso que no me voy a morir.
Suelo visitar el cementerio de la Recoleta cada vez que tengo un poco de tiempo. En un comentario anterior les dije que llevo flores a la tumba de Elisa Alicia Lynch, otra gran mujer, una heroína, en el Paraguay. Voy al cementerio para hacer cable a tierra, para recordarme que los restos míos serán también las que ocupen un espacio de ese u otros cementerios.

                                                 Margareth Tatcher, la dama de hierro. 

Cuando salgo de mis visitas al cementerio me perdono, (¡pienso y hago cada disparate!). Y más me valga morder freno para que no sufra tanto como miles que pierden a sus seres queridos, como Juan E. O´leary que en 1915 al morir Rosita, su hija, escribió “no ves, hija del alma, cómo sufro el más cruento dolor” en su poema que tituló “A mi muerta”.
“¡Oh!, muerte, creadora de misterios!” escribió Amado Nervo es uno de sus poemas.
Pero si no estamos preparados para el día final no hay poema que nos contente, porque vemos a la muerte como a nuestro cuerpo metido en un ataúd, con coronas de flores en los alrededores y velas encendidas y llantos y nuestros dedos amarillos entrecruzados sobre la barriga endurecida y fría.
Y que después nuestros restos serán depositados entre monumentos funerarios, al lado de otro nicho ocupado por los restos de vaya a saber quién, cerca de algunas lápidas lisas y labradas, estatuas yacentes, ángeles de alas caídas, palomas marmóreas, en fin. La nueva casa o sencillamente la casa de los muertos, como la de Fedor Dostoievski. Nuestra futura casa…
Y de todo eso tememos. Y tememos porque, a mi modo de ver, no damos la debida importancia al Creador, a su Hijo y al Espíritu Santo. Y al no dar importancia a esa Santísima Trinidad la muerte nos aparece como la peor de la vida, la indeseable.
En otra oportunidad me explayaré un poco más sobre lo que dijo Jesús: Solo la verdad os hará libres. Si supiéramos la verdad no sufriríamos tanto con cada muerte y, menos, con la que nos espera.  Pero será para la próxima.
Por ahora no dejo de sorprenderme porque dos grandes mujeres se hayan ido sin más trámites, porque así debe ser, porque así dispuso Ña La Muerte que no perdona a nadie.


El travesti Carla



Una persona llamó a plantearme escribir una crónica evocativa de aquella asunción de la dictadura; de esa ciudad igual a la de hoy, pero más discreta: de cuando casi no habían travestis por sus calles excepto uno, Carlos Ramírez, la famosísima “Carla”, que no era “travesti” como se dice hoy, sino un “invertido”, “marica” o sencillamente “puto”, y que dejó su huella en quiénes lo conocieron por dentro y por fuera, porque vestido como mujer era capaz de despertar – y despertaba – las envidias más intensas de las féminas asuncenas más bonitas de la época.
Ante Carlos Ramírez, vestido de mujer, famoso en aquellos años de las décadas de 1970 y 1980, cualquier hombre caía desplomado; era imposible negar un piropo a esa morena de nalgas y pechos así de bien puestos y con su cuidada cabellera hasta por aquí mientras caminaba por las siestas asuncenas.
Era Carlos en su rol de “Carla”.
Las siestas asuncenas era otras, distintas a las de hoy. Por aquel tiempo eran las prolongas horas de descanso, con tiendas y almacenes (no habían supermercados sino uno con ese nombre, “El país”, que no era sino una despensa grande de hoy) también cerradas hasta las 16.00. Esas horas de calma eran aprovechadas por el transformista para andar sin apuros por las veredas del centro.
La morena de pelo lacio y largo y de una cinturita de asimi, generalmente con blusa clara, pantalón vaquero y tacones, andaba sin apuros, discreta, por las veredas cercanas del diario Abc, algunas veces; por la calle Chile, otras. Carla, el puto más bello de la capital paraguaya.  
Para mi modo de ver, Carlos Ramírez fue el campeón de la feminidad. Fue el hombre más mujer que pudo conocer la Asunción pudorosa de aquellos años dictatoriales.

La pequeña y coqueta Asunción de los tiempos de Carla, el más famoso travesti de su época.

Femenina como aparentaba, provocador de delirios, el bujarrón podía trenzarse en infernales moquetes con el hombre que no cumplía con los ritos finales de sus ninfos servicios; es decir, si no pagaba. Era el momento en que era capaz de repartir moquetes y patadas hasta dejar hecho un puré al avivado que gozó de sus extraños atributos.
Carla era famosa en los círculos áulicos de la sociedad asuncena. Su presencia no dejó de sacudir despedidas de solteras y de solteros, hoteles lujosos, famosos restaurantes y clubes y fue, ¡menudo problema para más de una esposa fifí!, rival dura de roer.
Un día, como todas las siestas,  iba yo caminando de mi casa, en Parapití y Segunda, hasta mi trabajo, en el diario Abc Color, cuando vi a una mujer andando en el mismo sentido al mío. Luego de apreciar semejante pecado en tacos altos apresuré el paso y junto a ella no pude sino regalarla un piropo de aquellos. Era Carla para mi desgraciado curriculum de criollo Casanova. Felizmente era de siesta y nadie vio mi papelón. A esta altura de mi vida no puedo sino admitir, como un humilde derrotado, que Carla figura en mi lista de piropeadas.
Travestido hubo siempre, aquí y en todas partes del mundo. Sin embargo, Carla tuvo que haber sido el súcubo pionero en enfrentar la calle asuncena vestido de mujer, por demás de alta peligrosidad visto y considerando que la dictadura no toleraba semejante audacia. Recordemos que durante el gobierno de Alfredo Stroessner fueron detenidos 108 homosexuales por el asesinato de aquel locutor de Radio Comuneros, Bernardo Aranda.
Carlos Ramírez rompió los moldes y se hizo a la vía pública.
Cuando Carla cubría su zona en Asunción, el "Sultana" de Brújula viajaba a Buenos Aires. 

Los pudores no pudieron con él como con los clientes. Vestido de mujer era una princesa extraída de un cuento imposible. I porâ de vicio. Las mujeres de la época tenían mucho por aprender de ese “dulce andrógino”, al decir de  Roa Bastos, refiriéndose vaya a saber a quién otro travesti de tiempos anteriores a Carla.
“Amores monstruosos entre invertidos”, escribió Pío Baroja en “Las noches del Buen Retiro”, tan monstruosos que los pecadores (¿y pecadoras?) de aquella sociedad asuncena de puro recato, de absoluta dependencia católica, preferían eludirlas como tema de conversación informal o, mucho menos, formal.  Era de reconocer esa conducta esquiva ante el travestismo en esa Asunción todavía casi colonial cuando predominaba un creciente conflicto entre los instintos naturales y los condicionamientos culturales impuestos.
No pocos asuncenos han conocido las virtudes íntimas del más famoso transformista  de aquellos tiempos. Con él estuvieron los que experimentaron lo que la iglesia católica llama “amores de concuspiscencia”, del pecado del sexo entre los del mismo género. Y, seguro, lo conocieron del derecho y del revés, arriba y abajo, en el dolor y en el placer; porque, en esto de intimar en pareja, cuentan que Carla era un hombre a carta cabal. Acaso, por eso, en algún diario íntimo, de los más arcanos, debe estar escrito en riguroso manuscrito, que Carla hizo hombre a algún hombre de la A a la Z.
Murió de sida el pobre. Flaco, extenuado, consumido fue fotografiado alguna vez por un reportero del semanario "Esto". El sida lo abrazó como él, en su papel de Carla, esclava y odalisca, a sus clientes y amantes en pasión sexual intensa, como las pasiones descritas por José Luis Sampedro en su novela “El amante lesbiano”. Murió para convertirse en pasado glorioso para, quién sabe, algunos; en leyenda íntima de una ciudad que despertaba para protagonizar poco después el travestismo en todas las instancias con protecciones oficiales, inclusive.
Carla, definitivamente, forma parte de la galería secreta de personas famosas de esta sociedad de la que tenemos arte y parte. Carla, la travesti más bella de Asunción, ya es parte de los genuinos episodios de esta ciudad comunera de las Indias, madre de ciudades y cuna del primer grito de libertad en América. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Gregorio Benites y algunos descendientes



Gregorio Benítes Inchausti (1834 - 1909).

Mi carnet de investigador número 147.866 otorgado por el Ministerio de Cultura de España me permitió entre octubre de 2006 y noviembre de 2007 realizar de lunes a sábado mi trabajo de investigación sobre historia paraguaya en la Biblioteca Nacional (BN) de Madrid. Fue ahí, entre millones de libros que encontré un ejemplar de “anales diplomáticos y militar de la guerra del Paraguay” publicado en 1906. Un libro que jamás vi. Fotocopié todo cuanto pude y lo archivé.
Lo que no pude archivar fue mi curiosidad por seguir conociendo más de este señor que me llamó la atención por varias cosas: 1)- Era de Villarrica, 2)- fue protegido de Francisco Solano López, 3)- sobrevivió a la guerra, 4)- fue colorado, 5)- fue amigo y confidente de Juan Bautista Alberdi, en fin….
En apretada síntesis para no agobiarles les diré algo que también a mí me llamó la atención lo de Benítes con “s”, voy a seguir preguntando la causa porque todos los demás familiares contemporáneos y los descendientes lo tienen con “z”.

El panteón de la familia Benitez Melgarejo en uno de los cementerios de Villarrica y donde están los restos de Gregorio Benítes.

Apuntes al margen.
Bien,
Gregorio Benítes, periodista y diplomático, nació el 25 de mayo de 1834 en Villarrica. Fue hijo de Wenceslao Benítez y Magdalena Inchausti. Gregorio tuvo al menos tres hermanos, Américo, Eduvigio y J. Wenceslao.
Estudió las primeras letras en Villarrica. En 1851 se incorporó al ejército, con 17 años de edad, formado en el campamento de Paso de Patria bajo las órdenes del general Francisco Solano López; su batallón fue el número 1, a cargo del coronel Vicente Barrios.
En 1856, el guaireño fue nombrado como escribiente del Ministerio de Guerra y Marina a cargo de López desde cuyo puesto empezó a introducirse en la administración estatal. Junto a otros se ocupó de las correspondencias de López quién, luego de un tiempo de entrenamiento e instalación de la mutua confianza, el ministro le permitió acceder a su biblioteca para adquirir los conocimientos necesarios para administrarse en la sociedad.
Alentado por López comenzó a estudiar francés con el teniente Paulino Alen, su compañero de trabajo y, de la mano de Carlos Saguier, pariente y amigo personal de López.  Consignaría después de la guerra que el mariscal fue “suficientemente ilustrado” y de “inteligencia nada común” y que “tenía una fuerza moral inquebrantable”.

En la lápida el nombre del guaireño ilustre. Su apellido está escrito con "z" y dice que falleció el 31 de diciembre de 1909. 

En 1859, Benítes acompañó al general Francisco Solano López cuando este actuó de mediador entre el gobierno de la Confederación Argentina y de la Provincia de Buenos Aires. Aquella misión concluyó exitosamente con la firma del Pacto de San José de Flores con el que se aseguró la unidad argentina.
Para pulir asperezas entre Paraguay y Gran Bretaña por un caso de menor cuantía que involucró al cónsul inglés en Asunción, Benítes fue designado por el presidente Carlos Antonio López a viajar a Londres como secretario de un tal Carlos Calvo, montevideano,encargado de negocios de Paraguay en Francia y Gran Bretaña.
Para cumplir con dicha misión, Benítes salió de Paraguay en 1860 sin retornar sino a más de 11 años después. En Londres Benítes prosiguió sus cursos de francés y cuando le cupo radicarse en Paris ya hablaba y escribía correctamente en dicho idioma.
Siendo primer secretario de la embajada paraguaya en Paris, fue designado por Francisco Solano López  a visitar al rey Guillermo de Prusia lo que cumplió entre octubre de 1864 y febrero de 1865 a los efectos de hacerle entrega de 6.000 libras de yerba mate en el marco de una idea de López de introducir el producto para le consumo en el ejército prusiano. Benítes fue invitado por el rey a varios banquetes en el palacio de Berlín. La historia cuenta que a pedido del rey una mañana lo visitó para mostrarle cómo se prepara el mate para cuyo efecto llevó la yerba, el mate y la bombilla. “Encontré con Su Majestad muchos personajes ansiosos de conocer y probar el mate paraguayo” testimonio Benítes.
La Guerra contra la Triple Alianza truncó la primera gran exportación de yerba mate a la antigua Prusia, luego Alemania. El rey de Prusia otorgó a Benítes la Cruz de Caballero de la Orden de la Corona de Prusia.

ALGUNOS DESCENDIENTES

Como les decía, no les quiero fastidiar con retasos históricos sino, más bien, de a poco, relatarles lo que fui juntando desde mis tareas en la BN de Madrid.
En el año 2010 conocí a la señora Miriam Beatriz Buzeta Melgarejo, hija de León Valeriano Buzeta Dominguez,un militar argentino, y de la villarriqueña Nidia Beatriz Melgarejo Benítez, hija de Rolando Melgarejo y Fructuosa Concepción Benítez, prima segunda de Gregorio Benítes.

La señora Miriam Beatriz Buzeta Melgarejo, hija de Nidia Beatriz y nieta de Fructuosa Concepción Benitez (prima segunda de Gregorio Benítes). 

Nidia Beatriz es hermana de Luis Arsenio, Carlos Francisco, Manuel Francisco, Teresa Catalina (casada con Óscar Liberato García Noguera, nacido en 1930 - cuyo tío abuelo fue Pantaleón Benítez, primo hermano de Gregorio Benítes -  residentes en Ciudad del Este) y Guillermo Antonio.
Miriam Beatriz – hija, repito, de Nidia Beatriz y León Valeriano -  me relataría que los restos de Gregorio Benítes se encuentran depositados en un panteón familiar pintado de amarillo en uno de los cementerios de Villarrica, junto a los restos de Fructuosa (1876 – 1959), Carlos Francisco Melgarejo (1930 – 1949), Manuel Francisco Melgarejo (1932 – 1955), Nene Benítez, odontólogo, hijo de Susanita y Leopoldo Elizeche y nieto de Gregorio Benítes y de Susana Aramburu.
Óscar Liberato García Noguera, marido de Teresa Catalina Melgarejo Benítez me contaría que fueron primos hermanos de Gregorio Benítes las siguientes personas: Pantaleón Benítez, “Taílo” Benítez, Rubén Benítez y Osvaldo Benítez.
Son hermanos de Miriam Beatriz: Rolando Isidro y Marta Graciela.

Teresa Catalina Melgarejo Benitez y su marido Óscar Liberato García Noguera en su domicilio de Ciudad del Este. 

Teresa Catalina Melgarejo Benítez y Óscar Liberato García Noguera tuvieron los siguientes hijos: Elisa Concepción, Teresita del Niño Jesús, María Verónica, Ana María, Ana Beatriz (fallecida en el 2009), Carmen María, Óscar Rafael, Carlos Luis y Rolando Rafael.  
Gregorio Benítes y Susana Aramburu, una francesa, tuvieron por hijos a J. Wenceslao y a  Susanita, nacida en 1873, quién contrajo matrimonio con el intelectual y músico Leopondo Elizeche.  Susanita, contó Teresa Catalina Melgarejo Benítez, hermana de Nidia Beatriz y tía de Miriam Beatriz, “era finísima y de modales aristocráticos” y fijaron residencia sobre la calle Yegros casi Segunda en Asunción y, falleció en la década de 1950 con más de 90 años de edad.
J. Wenceslao Benítes Aramburu nació en Paris y fue magistrado. Falleció en Asunción en 1919.
Susanita, ahijada de Juan Bautista Alberdi, y Leopoldo tuvieron los siguientes hijos: María, que contraería matrimonio con un Estigarribia de quién nació Hugo Estigarribia Elizeche, padre del doctor Hugo Estigarribia, actual senador nacional, Josefina de Lavigne, Susana de Codas, Eduardo y Nene.
Gregorio Benítes Inchausti falleció el 31 de diciembre de 1909, dejando, como está visto, una frondosa y calificada descendencia.


domingo, 11 de septiembre de 2011

General César Rafael Cramer Espínola


César Rafael Cramer Espínola nació el 25 de febrero de 1941 en Pedro Juan Caballero. Es hijo del asunceno Guillermo Alfredo Cramer Henman y de la luqueña Exa Espínola. Por el lado de la madre es nieto del doctor Teodosio González (autor del libro "Infortunios del Paraguay") y de Teresa Espínola. González, sin embargo, no había reconocido a Exa como hija.
Cuando Rafael, hijo de padre y madre alemanes, tuvo dos años y medio de edad murió su padre. Guillermo Cramer fue ex combatiente de la Guerra del Chaco y; en tiempos de paz, fotógrafo y administraba un negocio de artículos fotográficos en Asunción.
El matrimonio Cramer - Espínola tuvo dos hijos: Guillermo (+) y Rafael. Guillermo fue suboficial jubilado de policía. Rafael nació en Pedro Juan Caballero porque su padre fue deportado a aquella ciudad fronteriza tras la caída del coronel Rafael Franco del poder el 13 de agosto de 1937, de quién fue adherente.
Tras enviudar Exa, ella trae a sus hijos a radicarse temporalmente en Luque, de donde pocos años después emigra a Posadas, Misiones, Argentina, a instancia de Albino Espínola, hermano de Exa, quién tenía depósitos de madera en aquella ciudad litoraleña.
Exa enviudó joven en la década de 1940 y no volvió a contraer matrimonio. Siguió trabajando un tiempo de fotógrafa y, luego, de empleada en una tienda de la Recova de la calle Colón, cerca del Puerto. Cuenta Rafael que su madre tenía muchas cualidades para las letras.
Rafael alternó sus estudios entre la "Escuela Mandi´o" de Luque, el "Roque González de Santacrúz" de Posadas y el Colegio Nacional de la Capital, de donde, cursando el segundo año de la secundaria, fue trasladado al Liceo Militar "Acosta Ñu" de donde logró pasar al Colegio Militar "Mariscal Francisco Solano López" antes de recibirse de subteniente de reserva en el liceo.
Alumno siempre aplicado, excelente, le permitió avanzar en el Colegio Militar donde los cinco años de estudios le premió ser el mejor cadete de cada año. En la ceremonia de graduación del 15 de diciembre de 1961 recibió 12 premios, como subteniente de infantería mejor egresado, de manos del general Alfredo Stroessner, presidente de la República y comandante de las Fuerzas Armadas de la Nación.
El general Alejandro Fretes Dávalos, profesor del Colegio Militar, alentó al joven oficial a trasladarse del arma de Infantería a la de la Fuerza Aérea.
Hizo estudios profesionales en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos; fue piloto de Transporte Aéreo Militar (TAM), director del aeropuerto "Alejo García" de Ciudad Presidente Stroessner, de Aeropuertos Civiles, del Aeropuerto de Asunción, comandante de naves Boeing 707 de Líneas Aéreas Paraguayas (LAP), presidente de la empresa estatal LAP, Comandante de las fuerzas Aéreas, y Viceministro de Defensa.
Durante el gobierno de Raúl Cubas (15 de agosto de 1998 - 28 de marzo de 1999), por orden del general Lino Oviedo fue a prisión por haberse opuesto a las intenciones golpistas de éste durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy. En más de una ocasión, siendo Oviedo comandante del Ejército y; Cramer, comandante de la Fuerza Aérea, se enfrentaron, éste en defensa de la institucionalidad.
César Rafael contrajo matrimonio con Aura Beatríz Campos (fallecida el 17 de enero de 2009) y tuvieron cuatro hijos.

viernes, 14 de enero de 2011

Iturbe, el pueblo de Roa Bastos

Visité el pueblo de Augusto Roa Bastos, Iturbe. Pequeño y atormentado por el olor del guarapo salido de su ingenio azucarero en estos días de enero de 2011. Hace demasiado calor como para andar por su calles casi vacías ni bien llegué esta tarde por lo que decido salir a caminar un poco más hacia la noche, después de ducharme en la pensión.
Lo hice.
Una calle se llama Buenos Aires, sobre la que está la casa de Víctor Alfredo Bastos, un primo del Premio Cervantes. Fue Intendente del pueblo - Víctor - durante 15 años, me comentan los vecinos y ahora anda bien entrado en años y enfermo. Vive en una farmacia pintada de verde, frente a la oficina de la telefónica, a la izquierda de la foto, tomada una mañana temprano.
Ahora el nuevo intendente es Darío Cabral, del Partido Liberal. La gente confía con que hará una buena gestión como aquel.
Los cañeros, por otro lado, no cobran así como los empleados y obreros de la azucarera. El pueblo vive de lo que paga la industria cuyos dueños son los Friedmann. Los iturbeños andan de mal humor y tienen razón. Pasaron las fiestas sin plata.
Hay sombras en las veredas mediante los árboles plantados por don Víctor cuando era intendente. Pequeños remolinos rebullen y luego huyen por sobre los empedrados en medio del estridente y transgresor canto de cigarras, venidas de las ramas de ovenias, galileas y chivatos.
A lo lejos, el prolongado bocinazo de un ómnibus, anunciando su viaje a Villarrica.
Iturbe, bajo este sol, parece un pueblo flojo, perezoso y negligente.
Aquí vivió cuando niño el escritor. Por aquel tiempo ya el pueblo se llamaba Iturbe; más antes, Santa Clara.
Su casa era cómoda pero austera como toda vivienda de Iturbe. Supongo que habrá sido igual que la pieza que ocupé en la pensión de la esquina de las calles Buenos Aires y Portón de los Sueños, anexo bar, hamburguesería y atendida por su propio dueño. En el cuarto que ocupé se olía antigüedad, a paredes de adobe, a almidón de las sábanas limpias.
Iturbe debe ser visitado para comprender mejor los códigos escondidos por detrás de "Madama Sui", "El trueno entre las hojas", "El baldío", "Madera quemada", "Hijo de hombre" o los poemas de "El naranjal ardiente" de Roa Bastos.
Al empaparme de sudor andando en una de sus tardecitas supuse que este es el pueblo inspirador del Premio Cervantes, así como fue Oviedo (Vetusta, en "La Regenta") para Leopoldo Alas y; Aracataca (Macondo, en "Cien años de soledad") para Gabriel García Márquez. Pensé, camino a la pensión, que Iturbe debe ser un pueblo que atraiga a todos aquellos que han leído en el mundo a Roa Bastos. no puedo dudar con que Iturbe es el "Manorä" de "Madama Sui" del Cervantes paraguayo.
Hacia el río, la azucarera, de donde brota el guarapo feroz, rompiente de mucosas olfativas del visitante e, inócuo para el iturbeño, deja escapar una vedija de humo por la alta chimenea .
Andar por sus calles me hizo entender mejor las obras de don Augusto; hizo como que penetrara en la espesura de sus pensamientos.
Creo que voy a volver. Sí, voy a volver...

lunes, 12 de julio de 2010

La enciclopedia de Luís Verón

Luís Verón es amigo mío desde hace muchos años. Leí las críticas a su último trabajo, "Enciclopedia biográfica paraguaya del bicentenario", muy fuertes por cierto. Según los medios periodísticos habría sido sensurado porque escribió en el referido libro que el presidente Lugo tiene muchos hijos y cosas por el estilo. No solo criticado sino que, al menos parte de los 500 ejemplares que habría entregado a la Comisión Nacional de Conmemoración del Bicentenario de la Independencia del Paraguay, no habría sido distribuído.
Leí el libro. Contiene datos interesantes.
Pero también presenta otros que nada tiene que ver con la excelencia, como debe ser un libro publicado en el marco del bicentenario de la República. De promíscuo tratamiento, en el libro se encuentran algunos biografiados mencionados solo por apodos (Titito López Moreira) o nombres artísticos (Marizza), mientras que otros con identidades equivocadas (José Silvio Lezcano por José Livio Lezcano, Efraim Alegre, por Efraín Alegre).
Las imprecisiones y generalidades redundan y ni hablar de los errores ortográficos. Sin considerar la mínima rigurosidad para un libro que intenta asemejar al de Francisco Monte Domecq ("Quien es quién en el Paraguay"), Arsenio López Decoud ("Album Gráfico del Paraguay"), Ramón Monte Domecq ("La república del Paraguay en su primer centenario"), Gomes Freire Esteves ("Historia contemporánea del Paraguay, 1869 - 1920) entre otros.
La enciclopedia de 670 páginas contiene, repito, datos importantes pero la ligereza con que se manejaron la redacción y la edición compromete el prestigio de mi apreciado amigo Luís Verón que - lo conozco - fue haciendose en las investigaciones históricas de a poco y con mucho sacrificio.
Quizás, una manera de salvar esta dificultad sea corrigiendo de punta a punta el material y presentarlo de nuevo, así la tarea demande todo el tiempo necesario. Una reedición sin modificación y como se anuncia, no hará sino mandar al autor más al fondo del fango.
Me queda la enorme duda del porqué se publicó con tantas desprolijidades este libro que hubiera coronado la tarea investigativa del historiador misionero. Lo lamento, de verdad.

domingo, 11 de octubre de 2009

Martín Escalante

Ya superó sus 82 escalones de vida, pero no temía a los desafíos diarios de su arte. Una presentación aquí y; otra, allá, con su último dúo, Toribio Ruíz Díaz. Siempre alegre, con una franca sonrisa, me recibe Martín Escalante en su casa de Asunción.
Ese día llueve y hace frío. Al saludo siguen las anécdotas, los recuerdos que acumuló por más de 50 años con su par, su otro yo, Valerio Quintana, desde que se conocieron en el Bar La Esmeralda en un otoño cincuentista.
Yo periodista, él cantor, no pudimos dejar de intimar sobre el dúo Quintana Escalante; él, en sus vivencias de artista; yo, en mis recuerdos de niño.
Martín y Valerio son para mi aquellos regalos que tuve Villarrica en mis días de niño cuando Los Tres Reyes Magos existían, de verdad, en mi angelical imaginación.
En este setiembre del 2008 cuando tengo la suerte de un mano a mano con don Martín vuelve a mi memoria, fresca y casi tangible, la bolsita de celofán con una decena de caramelos "Culturales", la "musculosa" clara y la sandía, mis regalos de reyes.
Porque Martín Escalante y Valerio Quintana fueron, son y serán siempre el "Seis de enero" de Clementino Ocampo y Martín Escalante. El canto de reyes para los niños pobres, de los tyre´y de padres de los extramuros de la ciudad, de los carentes de zapatos para la vana espera en una ventana de enero.
Don Martín, este urunde´y de nuestro canto, es para mí, mi infancia del typyraty, el cocido negro y de las vedas de carne, azúcar y harina en la Villarrica acosada por la montonera añil y encarnada.
Pero don Martín también es para mi la historia de una mujer de armas tomar, Delfina Servín, la inspirara del motivo popular "Mateo Gamarra", una historia cantada de amores, infidelidades, celos y violencias.
Y, también, don Martín, es para mí su temblorosa y entrecortada firma en el disco que me regalara esa mañana de frío y lluvia al terminar de entonarme su "Seis de enero" triste, un salmo implorante en las sagradas escrituras del folclore paraguayo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Juan Ezequiel González Alsina

Conocí a al doctor Ezequiel González Alsina siendo él titular de la rama de Periodismo, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Fue un excelente escritor y polemista ganado por el régimen de Alfredo Stroessner. Para conocerlo mejor, apelo a unos datos de Alfredo Boccia Paz al final del texto. Los datos siguentes fueron obtenidos de fuentes varias, sobre todo del Registro Oficial de Paraguay.

12 de enero de 1919 – Nació en San Lorenzo. Sería político, periodista y escritor.

21 de noviembre de 1945 – Por decreto 10.926 es nombrado adicto cultural a la embajada paraguaya en Montevideo.

29 de marzo de 1946 – Por decreto 12.728 se nombra agregado cultural ad-honorem a la embajada paraguaya en Buenos Aires, ejerciendo el mismo cargo en la de Montevideo.

24 de julio de 1947 – Por decreto 21.219 se autoriza su liquidación de sueldos como Adicto Cultural en el Uruguay.

15 de agosto de 1948 – Son nombrados como Secretario General de la Presidencia de la República, a Manuel Frutos Pane; Secretario Privado de la Presidencia de la República, J. Ezequiel González Alsina; intendente de Asunción, Enrique Volta Gaona; presidente de la Administración Nacional de Teléfonos, al mayor Nélson A. Rolón; comandante interino de la DC 1, mayor de Caballería Adalberto Canata; Comandante en Jefe de las fuerzas Armadas de la Nación, al general de brigada Mutshuito Villasboa.

1 de setiembre de 1948 – Por decreto 175 es nombrado como Director de la Oficina de Informaciones dependiente de la Presidencia de la República en reemplazo de Andrés Aguirre, quién presentó renuncia.

23 de noviembre de 1948 – Renuncia al cargo de director de la Oficina de Informaciones de la Presidencia de la República., “se declara en comisión al personal dependiente” de esta oficina y se nombra director interino a Luis Mesquita.

1 de julio de 1989 – Falleció en Asunción a los 70 años de edad.

“Abogado, escritor y periodista nacido el 12 de enero de 1919 en San Lorenzo. Ocupó muchas funciones públicas: senador, director del diario “Patria”, interventor del Colegio Nacional de la Capital, Interventor de la Universidad Nacional de Asunción, Ministro de Agricultura y Ganadería y luego de Justicia y Trabajo y secretario Privado de la Presidencia de la República. Lo notable de su trayectoria es que antes de convertirse en la pluma lúcida del fascismo gubernamental fue – en su juventud – un escritor y pensador crítico que firmaba sus artículos con el seudónimo Gastón Chevalier Paris. Ensayista y dramaturgo, escribió “Un canto a Pablo Neruda” saludando al formidable poeta y luchador chileno. Repudió luego a todas sus amistades de la época y se convirtió en un fiel escriba de la dictadura” (Alfredo Boccia Paz, “Diccionario Usual del Stronismo”, Servi – Libro, Asunción, 2004, p. 96)

domingo, 13 de septiembre de 2009

Luis Alberto del Paraná

Como si fuese ayer. El 15 de setiembre de 2009 se cumplen 35 años del fallecimiento de Luis Alberto del Paraná en Londres. Aquel domingo, cuando sonó el teléfono de radio Guaraní mientras yo estaba de turno como locutor y, Pedro Angelino, como operador, una voz femenina pregunta desde el otro lado de la línea si era verdad que había fallecido el cantante paraguayo.
"Claro que no", la respondí. "Hace un par de meses - la comenté - le reporteé en el Hotel Guaraní donde estaba alojado y me dijo que volvería para fin de año a Asunción para quedarse". Me supuse que porque lo vi muy bien aquella vez durante el reportaje no moriría aquel 15 de setiembre en la capital británica. No se me pasaba por la cabeza que deba morir.
A nadie se le ocurriría pensar que al ver a un hombre lleno de vida como Paraná deba provocar la reacción de las teletipos y los noticieros de las radios de onda corta por la tragedia. Por tanto, sin saber lo que pasó la noche antes, respondí que el artista paraguayo no murió.
Como al mediodía me enteré que efectivamente había fallecido.
En aquellos días no era fácil, como ahora, que la noticia llegue al instante a nosotros desde cualquier parte del planeta.
Dicen que el gran intérprete habría fallecido estando en compañía de una amiga alemana que, para ese efecto, viajó desde su país a Inglaterra. Artistas paraguayos dispersos por el mundo desde hace años conocen una historia sobre Luis Alberto del Paraná que todavía no es admitida, por pudor, amor, respeto y admiración al fallecido.
En una revista madrileña se publicó hace un par de años, que Paraná pudo haber sido víctima de una sobredósis de algún estimulante, caso que la Scotland Yard tendría registrado en sus archivos todos los detalles del incidente. La justicia británica realizó las investigaciones respectivas y en sus dossieres están todos los informes de cada uno de los testigos del suceso.
Volvamos a 1974: Su velatorio en el Teatro Municipal fue impresionante. Acaso sólo el del Mariscal Estigarribia haya juntado tanta gente. La fila de compungidos paraguayos que deseaban darle el último adiós llegaba hasta Palma e Independencia Nacional.
Apenas tenía 48 años al fallecer.

sábado, 29 de agosto de 2009

Nicolás Sarubbi, médico y ganadero

El fundador de la Estancia "Tarumá", Nicolás Sarubbi, nació el 14 de diciembre de 1896 en Caazapá, Paraguay. Era hijo de Salvador Sarubbi y de María Luisa de Sarubbi. Sus estudios primarios los realizó en Villarrica y, el secundario en Asunción.

Al término de dicho ciclo de enseñanza fue becado por el Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública para seguir sus estudios universitarios en Italia, matriculándose en la Facultad de Medicina de Nápoles, junto con otro paraguayo, el doctor Gerardo Laguardia.

Egresó con notas sobresalientes siendo elegido, de inmediato, entre 21 profesionales postulantes, para ocupar el cargo de Jefe y Partero de la Maternidad Municipal de Nápoles, que desempeñó durante cuatro años.

Reintegrado al Paraguay fue elegido como profesor titular de la cátedra de Obstetricia. Posteriormente, fue designado cónsul de Paraguay en Campo Grande, Brasil, donde también ejerció su profesión de médico. En el vecino país contactó con los principales ganaderos dedicados a la cría del ganado cebú.

Contrajo matrimonio con Josefa Angulo Jovellanos, teniendo dos hijas: María Isabel y María Luisa.

Durante la Guerra del Chaco fue director del Hospital de Fortín Boquerón.

Tras la guerra se dedicó íntegramente a la faena de campo y como tal fue el segundo presidente de la Asociación Rural del Paraguay, en los primeros años de la década de 1940.

Efectuó tres importantes importaciones de ganado cebú; la primera, a su vuelta de Brasil, tras ejercer el cargo de cónsul paraguayo; la segunda, en 1952, mediante un crédito del entonces Banco del Paraguay. Entonces adquirió 405 ejemplares de Aurelio Ferreira Azuaya, de Campo Grande, Brasil. Los animales adquiridos eran de la raza “Zebú finos”.

Esta compra motivó la incorporación de pasturas a la estancia porque, al decir del mismo Sarubbi en una nota enviada al presidente del Banco del Paraguay en marzo de 1953, “no bastan los reproductores para tener buen ganado, sino que el campo debe tener muy buenos pastos para que la hacienda se desarrolle plenamente. Para tener buenos pastos se requiere del cultivo de las variedades mejor adaptadas al suelo de nuestro país. Tengo experiencias maravillosas de los resultados del Campín Colonial. Mi propósito es cultivarlo en mis campos”.

Se puede decir, pues, que el doctor Sarubbi fue uno de los primeros, si no fue el primero, en introducir el pasto Colonial a la zona de Caazapá.

La tercera importación correspondió a la una partida de ejemplares de la raza Nelore en 1961.

El médico y ganadero falleció en 1974 y, desde entonces, las estancias San Agustín (Caazapá) y Tarumá (Yute) fueron administrados por María Luisa Sarubbi de Burró, quién en la década de 1980 importó unos 400 vientres de quinta generación ascendente de la raza Nelore.

La foto que acompaña esta biografía, corresponde a una agenda personal que tenía el doctor Sarubbi donde apuntaba las tareas que debía realizar en la estancia, los pagos, preñeces, mortandades, nacimientos, sus compromisos en general.

Una persona que se hace conocer como doctor Nicolás Sarubbi Espinach escribió en la sección comentarios una aclaración que se añade a su pedido. El anonimato del envío no me habilitó a tomar a pies juntillas el aporte, pero hoy (8 de noviembre de 2010) lo añado, porque en otro comentario que publico también hoy, la misma persona insiste en que que yo añada el dato que, de hecho, ya lo agregó en el anónimo comentario respectivo.

domingo, 9 de marzo de 2008

Anselmita Heyn y su supuesta relación amorosa con el Mariscal Estigarribia

Un dato, hasta si se quiere de poca monta, nos evoca a una de las mujeres más bellas que registró la historia paraguaya: Anselmita Heyn. El 9 de marzo de 1973, por decreto 31.272 firmado por Alfredo Stroessner Matiauda, se exoneraba a la embajada del Brasil en Paraguay del pago de impuesto a la transferencia de un inmueble, en el distrito de San Roque de Asunción, “propiedad de la señora María Anselma de Mujía”. Hoy, 9 de marzo de 2008, pues, bien vale recordar a la ya legendaria primera Miss Paraguay.
María Anselma Clotilde (“Anselmita”) Heyn Denis de Mujía nació en Asunción el 7 de septiembre de 1896. Fue hija del carioca Víctor Hugo Heyn (1850 - 1908) y de la asuncena Anselma Denis (1856 - 1936). Anselma Denis fue hija del héroe de la Guerra contra la Triple Alianza, Juan de la Mata Denis, fallecido en 1865 y; de Olivia Vázquez Espínola. Víctor Hugo Heyn fue hijo de Augusto Guillermo Heyn Hamman y de Bárbara Tembring Vitencourt. Anselmita tenía un hermano mayor: Arturo Leopoldo, nacido en 1887 y fallecido en 1931. Arturo se había casado con Facunda Morales (1899 - 1995) en 1911 y tuvieron un hijo: Diómedes. Anselmita tenía11 hermanos, nacidos todos de un mismo matrimonio.
Deidamia, hermana de Anselmita, se casó con Juan Patri, hijo del millonario Luiggi Patri, quien fuera dueño de la casa que hoy ocupa la Dirección de Correos. Deidamia y su marido se mudaron a Francia donde, por ser tan o más bella que Anselmita, fue retratada por pintores famosos, entre ellos por el mismo Pablo Picasso.
Contrajo matrimonio en 1920 con Benjamín Mujía, quién llegaría a ocupar el cargo de Vicepresidente de Bolivia. De este matrimonio había nacido Hugo Mujía Heyn. Es única hija de Hugo, María Magdalena “MagüiMujía.
La casa asuncena a la cual hace referencia el decreto mencionado es la que está en la manzana situada entre la avenida Mariscal López ("Colombia") y las calles Perú ("Salinares"), Eligio Ayala y Coronel Luís Irrazabal, ocupada en la actualidad por el Centro Cultural Brasileño. Esa era la quinta de la familia de Anselmita, puesto que la vivienda la tenía en Palma y Montevideo. Ella era de una familia acomodada.
La belleza de esta mujer quedó para la feliz historia asuncena. Ella fue electa en 1915, con 19 años de edad, como primera Miss Paraguay, durante una fiesta realizada en el emblemático club Unión, sobre la calle Palma.
Una famosa poesía de Manuel Ortíz Guerrero, “Endoso lírico”, surgió a raíz de que Anselmita había enviado un dinero como pago por una poesía que el poeta villarriqueño lo dedicara al día siguiente de haber sido electa Señorita del Paraguay, Ofrendaria”, en la que la trata de “señora”. Ortíz Guerrero escribió "Endoso Lírico" en el mismo billete que enviara la flamante Miss Paraguay.
Rumores palaciegos de la época, atribuían a Anselmita Heyn un apasionado romance furtivo con el presidente de la República, José Félix Estigarribia, los que han llegado a oídos de Julia Miranda Cueto, esposa de éste y que habría desencadenado una discusión muy fuerte el 7 de setiembre de 1940 y que terminó con la muerte de ambos, en un accidente aéreo en las cercanías de San Bernardino.
En voz baja comentaban los del primer anillo del poder que Julia habría dicho aquella mañana del 7 de setiembre a su marido que él estaba interesado en participar de la recepción de la embajada brasileña en Paraguay (se celebraba el Grito de Ipiranga) "para ver a esa mujerzuela" (refiriéndose a Anselmita, que por entonces ya llevaba 20 años de casada y también estaba invitada).
Casualmente y para que Julia se ponga aún más alerta contra Anselmita, ese día ,7 de setiembre, era el cumpleaños de ésta.
Acaso para liberarse de los celos de parejas, Estigarribia habría decidido salir hacia cualquier parte, por lo que habría tomado el avión aún cuando se le advirtió que la máquina no estaba en condiciones de volar.
Para avivar el fuego de los rumores, el armador privado José Pablo Apezteguía (nacido en Concepción el 30 de junio de 1897) en homenaje al Mariscal Estigarribia donó a la Armada Nacional el 26 de setiembre de 1940 la lancha "Anselmita" y que fuera aceptada por decreto 3.194 de aquella fecha. Esta lancha se llamaría después "L P 1", cuenta Harmut Ehlers en "Historia y arqueología marítima, la armada paraguaya".
Sin descartar un sutil aval a aquella secreta relación con la donación de la lancha del sugestivo nombre, debe aclararse que José Pablo estaba casado con Anselma Giribaldi con quién y sus hijas vivía en Mariscal Estigarribia 478 de la capital.
Anselmita falleció el 21 de diciembre de 1973, a los 77 años de edad, casi nueve meses después de haberse firmado el referido decreto de transferencia de su casa.

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