Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 24 de septiembre de 2013

Ómnibus asuncenos de antaño


Se llamaba “ómnibus” o directamente “camión”. Era el transporte popular; al pituco lo llamaban “micro” o, más urbano, “taxi colectivo”. En el ómnibus se pagaba 5 guaraníes por cada viaje; en los micros, 10. Por aquellos años de principios de la década de 1960 los niños cedíamos el asiento a los mayores; los caballeros, atentos como eran, ofrecían sus sitios a las damas. Caballeros eran los de antes.
Los ómnibus eran con carrocerías de madera. Don Acosta, el carpintero que vivía a la vuelta de casa, también las fabricaba. Todo era de madera, desde el piso al techo. En los costados era cubierto con chapas metálicas; el techo, con carpa pintada de verde. Las rendijas se rellenaban con bleque.
Tiempos gloriosos de un personaje urbano que el tiempo absorbió: el guarda, equilibrista de la estribera y toqueteador de primera de toda colegiala; claro, el guarda la “ayudaba” a abordar atrapándola de la cintura con el brazo derecho, mientras, firme, con la izquierda se tomaba de la estribera produciendo el ascenso como en artístico vuelo.
Hace años que fue desalojado de la estribera donde era dueño y señor de pasajeros y hasta del mismo conductor del transporte a quiénes dominaba con silbidos estridentes y largos y gritos primitivos, mientras con notable agilidad iba acomodando los billetes de cinco, diez, cincuenta y hasta de cien guaraníes  doblados, como moños, al dedo medio de la mano izquierda.
Escucharlo invitar a los pasajeros para abordar su ómnibus en las esquinas (todas estaban habilitadas para ese efecto, no habían “paradas de ómnibus” como ahora, en la mitad de cuadra) era de antonomasia: “¡¡Brasil, Herrera, Colón, Carlos Antonio López!!, vamo señoritas, señor, señora, ¡siga nomás!”, verseaba las calles por las que iba el ómnibus y; ordenaba seguir la marcha al conductor, respectivamente.
A la vuelta, el personaje de la estribera “cantaba” las calles por la que retorna, por ejemplo la línea 26 con destino a Fernando de la Mora: “¡¡Montevideo, General Díaz, Azara, Pettirossi, Zavala!! (no decía Fernando de la Mora sino Zavala, porque hasta entonces la localidad era más conocida por su antiguo nombre, Zavala Cué. “Ma´lante, má lante!! … passss (pasaje)!!”, se comunicaba con los pasajeros.
El timbre casi no se usaba. El guarda se encargaba de avisar al conductor con sonoro silbido que un pasajero descendería.
Los ómnibus eran muy limpios, el guarda se encargaba de sacudir los asientos de polvos. “Prohibido fumar y escupir” rezaban al menos dos carteles sobre las ventanillas. “Subir por detrás”, “Bajar por delante”, estaban escritos en las puertas. La puerta delantera era accionada con una manivela mecánica administrada por el conductor. En aquellos tiempos la puerta delantera siempre estaba cerrada cuando el vehículo marchaba.
El portabultos estaba sobre el techo, al cual se ascendía mediante una escalera que generalmente estaba al lado de la puerta delantera. En horas pico, los pasajeros trepaban al techo del bus y, ante el lleno de las estriberas se colgaban de la escalera.
En los ómnibus los soldaditos tenían “pase” libre (no pagaban pasaje), ocupaban todo la parte trasera del ómnibus (en aquellos tiempos del servicio militar obligatorio eran miles los conscriptos). Los choferes no querían alzar a los soldaditos, la mayoría cumpliendo mandados en las casas particulares de los oficiales superiores. Los reclutas se encargaban, por ejemplo, de retirar la carne de los cuarteles respectivos con la cual preparar la comida en la casa. La carnaza ubicaba en bolsitas de tela empapadas de sangre bovina, hacia que el fondo del transporte oliera a carnicería de mercado.
Competían con las mercaderas cuyas canastas (ayaká) cubrían los espacios junto a la puerta trasera. En aquellos tiempos las trabajadoras de los mercados vivían en Ysaty, Fernando de la Mora, San Lorenzo, Luque, Loma Pyta, Luque. Los productos que ofertaban eran los de sus propias chacras y pequeños tambos y gallineros.
Algunas eran desbocadas con el guarda quién era de subirlas a los estirones arrojando sus canastos al piso del transporte. “¡Nde aña memby, re yokapata ningo che ryguasu rupi´a!”, boceaba la mercadera al hombre del silbido, quién se limitaba, irreverente, a menear la cabeza y sonreír, pícaro, conociendo el carácter de las mercaderas, sus pasajeras de años.
Los que peinamos canas extrañamos a aquel personaje agitador  de aquella Asunción reposada de las siestas largas. Echamos de menos aquello de cuando escupía en los dedos pulgar é índice para dar el vuelto. El dinero quedaba mojado con la saliva. No olvidamos el parabrisas levantado con un dispositivo dentado, de hierro, por donde entraba el viento fresco a todo el ómnibus en los días de verano.  No había acondicionador de aire que pueda alcanzar su eficacia.
Desde luego que extrañaré la mirada del chofer a través del retrovisor interno dirigida a las piernas de la señorita minifaldera sentada inmediatamente detrás de él.  Y también el servicio durante las 24 horas, sobre todo los de los micros, de aquellas unidades VW tipo Kombi.

Tiempos de cuando los niños cedíamos asiento a los mayores y; los caballeros,  a las damas…

domingo, 22 de septiembre de 2013

PARQUE YKUA PYTA, SU HISTORIA


                                                     El parque "Ykua Pytâ antes de la Guerra del Chaco (Colección de Guillermo Girala)

“Va rumbo a la espesura donde la fontana
Late en el silencio como un alma humana”
(Manuel Ortíz Guerrero)

Artemio Franco Preda, escritor e historiador villariqueño, escribió que “Villarrica es el ´Ykua Pytâ´ como el ´Ykua Pytâ´es Villarrica” y añade que la capital guaireña sin el referido parque “es como un cuerpo sin alma” y que es “como si se mutilara su patrimonio espiritual y geográfico, desapareciera su noble esencia y el perfume de su espíritu” (“Villarrica”, Escuela Técnica Salesiana, Asunción, 1983, p. 183).
El parque se encuentra en una hondonada en el extremo noreste de la ciudad, entre los barrios Yvaroty (luego denominada “Asunción”) y San Miguel (antiguamente nombrada “Loma Pedernal”) y que adoptara el nombre de “San Miguel de Carumbey” en 1924. Rodea al parque las calles Gregorio Benites, Doctor Brotrell y Coronel Oviedo.
En 1876 se registró una prolongada sequía en Villarrica por lo que la Junta Económica Administrativa de la ciudad ordenó cavar un pozo en el sitio donde, a casi un siglo después, en 1982, se construyó un estadio deportivo. El agua obtenida de dicho pozo cubrió la necesidad de los vecinos.
En 1883, el intendente villarriqueño Francisco Gorostiaga, héroe de la Guerra Grande,  mandó construir en el lugar un tajamar. En la obra colaboraron vecinos y reclusos de la Cárcel Pública. Se lo conocería entonces con el nombre de “Tajamar Carumbey” donde abrevaban los animales del vecindario y concurrían bañistas.
Bajo la administración de la mencionada Junta presidida por Gregorio Taboada, en 1885, se procedió a la limpieza y ampliación del Tajamar además de construirse las compuertas . Un año después, de nuevo ante otra inclemente sequía, la municipalidad ordenó ahondar el pozo de agua y, en 1888, a iniciativa de Gregorio Benites, ex canciller nacional, villarriqueño y vecino del barrio, se reparó el deterioro del balneario.
En 1909, por disposición del Concejo Deliberante, presidido por Guillermo Harrison, se alambró la manzana, “dejando acceso al predio a través de espaciosos y sólidos portones”, cuenta Franco Preda (“Villarrica”, p. 185). Por los años 1959 / 1960 todo el predio del parque estaba alambrada con alambre liso de cinco hilos, con pequeños portones tipo molinetes intermedios entre los grandes.
En 1924, bajo la intendencia de josé Benitez Chilavert y siendo presidente de la Junta Municipal el señor Cirilo Cáceres Zorrilla, se planteó la necesidad de construir una piscina en lugar del viejo tajamar. En 1926 se inaugura la obra así como una casa con baños y duchas y una terraza donde funcionaba una confitería que sirvió para tertulias de villarriqueños y turistas.
En 1937, el Club Deportivo de Tennis “Ykua Pytâ” solicita al intendente José B. Scarone la concesión gratuita, durante diez años, del espacio ubicado al oeste del parque, sobre la calle Gregorio Benites, para la instalación de la cancha de tenis. Permiso concedido. Al sitio se lo conocería luego con el nombre de “Pista Ykua Pytâ”.
Bajo la administración municipal de Silvio Codas, en 1936 el nombre de “Ykua Pytâ” es cambiado al parque por el “Ortiz Guerrero”, poeta villarriqueño, fallecido en 1933 en Asunción.
En el periódico villarriqueño "El Surco" del 6 de setiembre de 1961 la municipalidad publicaba que se llamaba a concurso de ofertas "para el usufructo del Nigt Club (bar y restaurante) instalado en el Parque ´Manuel Ortíz Guerrero´".
Un par de semanas antes, el 24 de agosto de 1961, se llevó a cabo en ZP 6 Radio Guairá la reunión de un jurado designado por la municipalidad de la ciudad para elegir la frase a grabarse en el monumento alegórico levantado en el parque siendo elegida la que fuera presentada por H. Josefina Fernández y que dice: "En el cáliz de tu corazón, vuelva Villarrica su gratitud". El premio fue instituido por Eugenio Friedmann, amigo de Ortíz Guerrero. 
En 1962, siendo intendente villarriqueño don Gilberto Careaga, se dio inicio a la remodelación del parque, con nuevos jardines, camineros e iluminando con tubos fluorescentes así como la respectiva escultura alegórica.
Pocos años después, siendo intendente Atalivo Araujo, se construye el Estadio Olimpico “Ykua Pytâ”. La obra fue inaugurada en 1968. En 1969, el intendente Pablo Narvaja dispuso la construcción de la piscina olímpica.
En 1970, Nery González, propietario de una radio, logra permiso municipal para instalar temporalmente una antena de radio en el lado este del parque, en el humedal donde hoy se inician obras de construcción de un supermercado y que la Secretaría del Ambiente (SEAM) prohibió proseguir para evitar la destrucción de la naciente de agua.


jueves, 12 de septiembre de 2013

Eso que dicen que es una plaza

                                                 La "plaza" de la Democracia. 

En Asunción hay cuatro manzanas juntas que son la gran plaza emblemática de la ciudad a saber: la que está frente al Hotel Guaraní, al que llaman desde no hace mucho “Plaza de la Democracia”; la que está frente al ex cine Victoria, llamada “De la Independencia”; la que está frente al Edificio Independencia, conocida como “Plaza O´leary” y; la del Panteón Nacional de los Héroes al que llamamos “De los Héroes”.
En estas cuatro manzanas, en tiempos anteriores,  estaban las casas de Rodríguez de Francia, Francisco Solano López y el Mercado Guasú donde no sólo se mercaba sino se intercambiaban las novedades acaecidas en la Asunción colonial y por donde pasaron los personajes más populares de esta Madre de Ciudades.
Estas plazas son el centro del que al principio fuera un fuerte fundado a orillas de la Bahía de los Carios por el tropero Juan de Salazar y Espinoza el 15 de agosto de 1537.
A mediados de la década de 1990, durante la administración municipal de Carlos Filizzola la coqueta como gallarda plaza que está frente al Hotel Guaraní se fue, como se dice comúnmente, al mazo. A cuentas de aprovechar el subsuelo de la plaza para estacionamiento de vehículos, en la superficie dejó un mamotreto que solo genera indignación entre la gente, sobre todo en los asuncenos que, legítimamente, consideran que en sus derechos fueron violados por el médico, entonces intendente.
A lo mejor esta destrucción de la plaza generó también el alejamiento de la gente del microcentro. A nadie se le ocurre visitar las cuatro plazas y encontrarse con un mamotreto en el sitio donde habían flores, verdes, camineros señoriales y una fuente musical. Filizzola, el mismo senador socialista, se anotó el desprecio de la sociedad asuncena desde aquel entonces, además por haber esfumado un platal de la municipalidad cuando la crisis bancaria de aquellos tiempos.
Alguna vez se volverá a recuperar la plaza dañada, a la que desde hace casi 20 años nadie más visita sino borrachos, drogadictos, rateros y mercaderes del sexo.  A lo mejor el intendente Samaniego toma en serio la recuperación de la plaza eliminando las construcciones de cemento que el luguista mandó hacer en el sitio, dejando el estacionamiento subterráneo como está.

Recuperada la plaza destruida, a lo mejor la gente vuelva al microcentro; por ahora ,solo a un masoquista se le ocurriría andar por sus alrededores y, sobre todo, sentarse en sus bancos que tampoco tiene, sí un chimenea extraña, semejante a un extravagante y gigantesco pene.

sábado, 17 de agosto de 2013

Día de la bandera


Antes, el Día de la Bandera era el 14 de agosto. A lo mejor sigue en pie eso de que esa fecha se marca como el día de la tricolor pero de ahí a que se festeje tengo mis dudas. Últimamente no andamos haciendo tanta fiesta a la bandera, al contrario …
Las maestras nos enseñaban en las escuelas que nuestra bandera flameó por primera vez al frente del ejército paraguayo que antes de 1811 apoyó al de Buenos Aires contra la invasión inglesa. Yo no sé si eso se enseña hoy en las instituciones escolares. Hace tiempo que dejé de concurrir a las aulas y que, dicho sea de paso, mucha falta me hace.
Hoy pareciera que la tricolor bandera paraguaya no tiene más uso que en los días en que la Albirroja hace buen papel, cuando hay alguna manifestación cachiai contra algún despreciable, que nunca falta, o alguien se encadena frente a alguna institución solicitando mejor salario.
Nuestra bandera es el símbolo de todo lo que somos los paraguayos, no solo de nuestra geografía e historia. En sus colores se reflejan nuestra ser nacional, cada costumbre, cada idea, del cómo encaramos el compromiso como nación. Ella identifica soberanía, paz, justicia, trabajo, amor, solidaridad, decencia, humildad, fortaleza, dignidad de cada uno de los paraguayos.
Sin embargo, todo esto que les digo como que es mucho discurso al pensar en la realidad que nos consume en el día a día. Por ejemplo, eso que hizo Lugo el año pasado, el de dejar entrar a unos cuantos diplomáticos extranjeros (matones extranjeros) para que se haga lo que a ellos les canta: entregar la patria a los comunistas.  La bandera paraguaya casi fue entregada por el ex cura engendrador.
Si la bandera paraguaya hablara, fantaseo, pegaría una filípica contra algunos paraguayos que aceptaron los maletines chavistas que no tenían otras intenciones que arriarla de su alto mástil.
Y se sacudiría la bandera tricolor contra los paraguayos que no la honran, ni a ella, ni a sus escudos, ni a sus colores, ni a su historia llena de sangre, sudor y lágrimas.
Felizmente, todavía quedan muchos paraguayos que entienden que a la bandera tricolor para cantarla son poetas y; para defenderla, soldados. Una bandera a la que honra, no solo un 14 de agosto, fecha cada vez más desteñida para la memoria del símbolo, a la que entone la fiesta de los días de paz.

Y todavía quedan, y muchos, paraguayos que aman y respetan a la bandera de nuestra patria tan querida, a la bandera de nuestro cielo guaraní; a esa cintita tricolor que orgullosos lucíamos en nuestros pechos de niño en los días de los desfiles estudiantiles de mayo y de agosto y que hoy, si se realizan estas marchas, no son sino con ánimo carnavalesco que patriótico. 

domingo, 19 de mayo de 2013

El mate, Bertoni y nuestro descaro


                                          (Foto: www.argentur.com)
Yo les puedo decir que el mate nos vuelve desvergonzados. En serio, a mí y a un grupo de amigos nos volvió descarados, desfachatados. Y les adelanto que en mi grupo de “materos” estuvo el entonces ministro de Agricultura y Ganadería, Hernando Bertoni. 
Les cuento cómo viene la mano y de qué se trata.
Una vez, allá por 1986, fui a cubrir periodísticamente la Exposición Rural de Palermo en Buenos Aires. El ministro Bertoni viajó en compañía de tres de sus principales directores, entre ellos el director general del ministerio (lo que sería hoy el viceministro), ingeniero Luís Pampliega Caballero.
La noche antes del retorno a Asunción el ministro me invitó a viajar con ellos en el avión Cessna 210 con el que habían llegado a Buenos Aires. Acepté. Temprano fuimos al Aeroparque y mientras esperábamos los trámites aduaneros en el salón vips nos pusimos a tomar mate. Los minutos corrían y seguíamos tomando mate.
No terminaba la gestión aduanera pero no nos importaba. Estábamos muy cómodos en la sala de espera con nuestro mate, por demás delicioso y oportuno visto y considerando que hacía frío.
Terminó el agua en el termo y volvimos a pedir más agua caliente. Interín, el ministro plantea la idea de, camino a Asunción, desviáramos a Uruguay para visitar una estancia donde se cría ovejas. Aceptada la idea seguimos tomando mate.
Cuando abordamos el avión monomotor me entraron ganas de hacer pipi. Pregunto al piloto, Angel Valle, si cuanto demoraremos para llegar a la estancia uruguaya y me dijo que unos 40 minutos. De acuerdo, aguantaré cuarenta minutos.
                                          Cessna 210 semejante al que hicimos el épico viaje.
Decolamos, la nave toma altura y velocidad crucero, estamos sobre el gran estuario del Río de la Plata y, las ganas de hacer pipí crecía. En la otra orilla, pensé ya estaba Uruguay, nos bajamos y allí a desagotarme.
A los 20 minutos de vuelo, el ministro dice que prefería continuar viaje hasta Asunción (son unas tres y media de vuelo en ese avioncito) y yo empezando a inquietarme. Mal de otros, consuelo de tontos, los demás también estaban igual que yo.
Y como si todo fuera poco no funcionaba la calefacción de la máquina. Había un frío espantoso en la carlinga lo que nos daba más ganas aún de mear allí nomás ya. Fue el viaje más largo de mi vida, insoportable, dramático, épico. Todos estábamos desesperados por encontrar un mingitorio por el amor de Dios, pero en ese espacio tan reducido, con casi cero grado de temperatura y hacinados como estábamos entre seis hombres que solo querían evacuar aquello se convertía en un micro infierno.
En fin….
Llegamos a Asunción, aterrizó la máquina, fuimos hacia el hangar pero, dijo el ministro al piloto, “aquí nomás quedate Valle”, junto a lo que nos pareció un alto yuyal al lado de uno de los hangares. El aviador apagó el motor, nos tiramos los seis ocupantes y nos fuimos hacia el “yuyal” (unas plantitas de crotos) donde unos al lado de otros nos pusimos a hacer pis todo el tiempo que necesitábamos, pienso que habremos estado fácil unos cinco minutos desagotando vejiga.
Entre tanto, pasaba la gente por cerca nuestro lo que nos importó un pito. Los pitos reclamaban lo suyo y le dimos el gusto.
Por eso les digo que el mate nos vuelve desvergonzados. A uno le puede hacer cosas extremas como lo del hangar, así sea uno un científico y ministro como lo fue Bertoni.
Sí, el mate nos vuelve desvergonzados….
Solo para ilustrar, entrevista a Hernando Bertoni de cuando era periodista en Abc Color. El de la derecha es Andrés Colmán Gutierrez. 

domingo, 10 de febrero de 2013

Gregorio Benites y algunos descendientes



Gregorio Benítes Inchausti (1834 - 1909).

Mi carnet de investigador número 147.866 otorgado por el Ministerio de Cultura de España me permitió entre octubre de 2006 y noviembre de 2007 realizar de lunes a sábado mi trabajo de investigación sobre historia paraguaya en la Biblioteca Nacional (BN) de Madrid. Fue ahí, entre millones de libros que encontré un ejemplar de “anales diplomáticos y militar de la guerra del Paraguay” publicado en 1906. Un libro que jamás vi. Fotocopié todo cuanto pude y lo archivé.
Lo que no pude archivar fue mi curiosidad por seguir conociendo más de este señor que me llamó la atención por varias cosas: 1)- Era de Villarrica, 2)- fue protegido de Francisco Solano López, 3)- sobrevivió a la guerra, 4)- fue colorado, 5)- fue amigo y confidente de Juan Bautista Alberdi, en fin….
En apretada síntesis para no agobiarles les diré algo que también a mí me llamó la atención lo de Benítes con “s”, voy a seguir preguntando la causa porque todos los demás familiares contemporáneos y los descendientes lo tienen con “z”.

El panteón de la familia Benitez Melgarejo en uno de los cementerios de Villarrica y donde están los restos de Gregorio Benítes.

Apuntes al margen.
Bien,
Gregorio Benítes, periodista y diplomático, nació el 25 de mayo de 1834 en Villarrica. Fue hijo de Wenceslao Benítez y Magdalena Inchausti. Gregorio tuvo al menos tres hermanos, Américo, Eduvigio y J. Wenceslao.
Estudió las primeras letras en Villarrica. En 1851 se incorporó al ejército, con 17 años de edad, formado en el campamento de Paso de Patria bajo las órdenes del general Francisco Solano López; su batallón fue el número 1, a cargo del coronel Vicente Barrios.
En 1856, el guaireño fue nombrado como escribiente del Ministerio de Guerra y Marina a cargo de López desde cuyo puesto empezó a introducirse en la administración estatal. Junto a otros se ocupó de las correspondencias de López quién, luego de un tiempo de entrenamiento e instalación de la mutua confianza, el ministro le permitió acceder a su biblioteca para adquirir los conocimientos necesarios para administrarse en la sociedad.
Alentado por López comenzó a estudiar francés con el teniente Paulino Alen, su compañero de trabajo y, de la mano de Carlos Saguier, pariente y amigo personal de López.  Consignaría después de la guerra que el mariscal fue “suficientemente ilustrado” y de “inteligencia nada común” y que “tenía una fuerza moral inquebrantable”.

En la lápida el nombre del guaireño ilustre. Su apellido está escrito con "z" y dice que falleció el 31 de diciembre de 1909. 

En 1859, Benítes acompañó al general Francisco Solano López cuando este actuó de mediador entre el gobierno de la Confederación Argentina y de la Provincia de Buenos Aires. Aquella misión concluyó exitosamente con la firma del Pacto de San José de Flores con el que se aseguró la unidad argentina.
Para pulir asperezas entre Paraguay y Gran Bretaña por un caso de menor cuantía que involucró al cónsul inglés en Asunción, Benítes fue designado por el presidente Carlos Antonio López a viajar a Londres como secretario de un tal Carlos Calvo, montevideano,encargado de negocios de Paraguay en Francia y Gran Bretaña.
Para cumplir con dicha misión, Benítes salió de Paraguay en 1860 sin retornar sino a más de 11 años después. En Londres Benítes prosiguió sus cursos de francés y cuando le cupo radicarse en Paris ya hablaba y escribía correctamente en dicho idioma.
Siendo primer secretario de la embajada paraguaya en Paris, fue designado por Francisco Solano López  a visitar al rey Guillermo de Prusia lo que cumplió entre octubre de 1864 y febrero de 1865 a los efectos de hacerle entrega de 6.000 libras de yerba mate en el marco de una idea de López de introducir el producto para le consumo en el ejército prusiano. Benítes fue invitado por el rey a varios banquetes en el palacio de Berlín. La historia cuenta que a pedido del rey una mañana lo visitó para mostrarle cómo se prepara el mate para cuyo efecto llevó la yerba, el mate y la bombilla. “Encontré con Su Majestad muchos personajes ansiosos de conocer y probar el mate paraguayo” testimonio Benítes.
La Guerra contra la Triple Alianza truncó la primera gran exportación de yerba mate a la antigua Prusia, luego Alemania. El rey de Prusia otorgó a Benítes la Cruz de Caballero de la Orden de la Corona de Prusia.

ALGUNOS DESCENDIENTES

Como les decía, no les quiero fastidiar con retasos históricos sino, más bien, de a poco, relatarles lo que fui juntando desde mis tareas en la BN de Madrid.
En el año 2010 conocí a la señora Miriam Beatriz Buzeta Melgarejo, hija de León Valeriano Buzeta Dominguez,un militar argentino, y de la villarriqueña Nidia Beatriz Melgarejo Benítez, hija de Rolando Melgarejo y Fructuosa Concepción Benítez, prima segunda de Gregorio Benítes.

La señora Miriam Beatriz Buzeta Melgarejo, hija de Nidia Beatriz y nieta de Fructuosa Concepción Benitez (prima segunda de Gregorio Benítes). 

Nidia Beatriz es hermana de Luis Arsenio, Carlos Francisco, Manuel Francisco, Teresa Catalina (casada con Óscar Liberato García Noguera, nacido en 1930 - cuyo tío abuelo fue Pantaleón Benítez, primo hermano de Gregorio Benítes -  residentes en Ciudad del Este) y Guillermo Antonio.
Miriam Beatriz – hija, repito, de Nidia Beatriz y León Valeriano -  me relataría que los restos de Gregorio Benítes se encuentran depositados en un panteón familiar pintado de amarillo en uno de los cementerios de Villarrica, junto a los restos de Fructuosa (1876 – 1959), Carlos Francisco Melgarejo (1930 – 1949), Manuel Francisco Melgarejo (1932 – 1955), Nene Benítez, odontólogo, hijo de Susanita y Leopoldo Elizeche y nieto de Gregorio Benítes y de Susana Aramburu.
Óscar Liberato García Noguera, marido de Teresa Catalina Melgarejo Benítez me contaría que fueron primos hermanos de Gregorio Benítes las siguientes personas: Pantaleón Benítez, “Taílo” Benítez, Rubén Benítez y Osvaldo Benítez.
Son hermanos de Miriam Beatriz: Rolando Isidro y Marta Graciela.

Teresa Catalina Melgarejo Benitez y su marido Óscar Liberato García Noguera en su domicilio de Ciudad del Este. 

Teresa Catalina Melgarejo Benítez y Óscar Liberato García Noguera tuvieron los siguientes hijos: Elisa Concepción, Teresita del Niño Jesús, María Verónica, Ana María, Ana Beatriz (fallecida en el 2009), Carmen María, Óscar Rafael, Carlos Luis y Rolando Rafael.  
Gregorio Benítes y Susana Aramburu, una francesa, tuvieron por hijos a J. Wenceslao y a  Susanita, nacida en 1873, quién contrajo matrimonio con el intelectual y músico Leopondo Elizeche.  Susanita, contó Teresa Catalina Melgarejo Benítez, hermana de Nidia Beatriz y tía de Miriam Beatriz, “era finísima y de modales aristocráticos” y fijaron residencia sobre la calle Yegros casi Segunda en Asunción y, falleció en la década de 1950 con más de 90 años de edad.
J. Wenceslao Benítes Aramburu nació en Paris y fue magistrado. Falleció en Asunción en 1919.
Susanita, ahijada de Juan Bautista Alberdi, y Leopoldo tuvieron los siguientes hijos: María, que contraería matrimonio con un Estigarribia de quién nació Hugo Estigarribia Elizeche, padre del doctor Hugo Estigarribia, actual senador nacional, Josefina de Lavigne, Susana de Codas, Eduardo y Nene.
Gregorio Benítes Inchausti falleció el 31 de diciembre de 1909, dejando, como está visto, una frondosa y calificada descendencia.


viernes, 12 de octubre de 2012

Itapé


La ermita de la Virgen del Paso, a orillas del Tebicuary mi,

Coqueto, ordenado, limpio; un pueblito donde la paz es tangible; un rincón paraguayo donde se siente la armonía. Claro, les hablo de Itapé, en el Guairá, a orillas del Tebicuary mi, el de las playas blanquísimas, el de los enormes dorados. Fui una vez más al pueblo como lo hago desde 1960 para llenarme de su magia, para entregarme a la Reina de aquel paso, junto a la balsa, la Virgen del Paso, esa Santa María, Reina de las reinas.
Visitar Itapé el 18 de diciembre, Día de la Virgen del Paso, no es lo mismo a un día como ayer, 11 de octubre. En el día de la Virgen aquello es un estallar de gente, romerías, de ocupantes en las sombras de las arboledas en toda la redonda de la ermita. Fui el 11 de octubre para sentir su vida pueblera, su intimidad.
Al intendente, Ignacio Rotela, le regalé unos libros de mi autoría y me dijo lo que dicen los de tierra adentro: “a las órdenes”, le respondí lo mismo, quedamos en seguir conversando. “¿Cómo ve a Itapé?”, me pregunta un joven que me atendió en la municipalidad, una casita, al costado de la iglesia San Isidro Labrador. Le dije que está hecha una ciudad pero me reservé lo que me produce este lugar: enamoramiento.


La Fiscalía de Itapé.

Bueno, soy de enamorarme con facilidad de los pueblos y cuando estos son más pequeños, más aún. Todo me enamora de Itapé: el canto estridente del gallo en medio del constante silencio; su escaso tráfico automotor, su aire limpio, su gente con ganas de sonreír al visitante y su saludo sincero y efusivo, sus casitas blancas, las mismas que conozco desde hace más de medio siglo, sus patios amplios donde conviven la familia, el pato, la guinea, las gallinas, los árboles frutales y, en el fondo, el chiquero, con un par de cerdos, cada vez más gordos y listos para la faena en diciembre.
Pero más me enamora la Virgen del Paso de Itapé; de ella sí que me fascina y tengo mis buenas razones. Ya les conté que esta buena Mujer me ha regalado su milagro aquel 18 de diciembre de 1960 y que les comenté en otro artículo en este blog. Ella me atrae a Itapé y no puedo negarme, voy a visitarla, la oro, agradezco y charlo un rato con Ella y, desde luego, aprovecho para energizarme con todo ese aire puro, extrañamente sanador, que existe en el entorno de su ermita verde limón.


La plaza, al fondo la iglesia. Serenidad, paz ...

En 1954 la imagen de la Virgen de Caacupé cruzó el Río Tebicuary para llegar al pueblo de Itapé. Antes, para llegar desde Asunción se debía cruzar el río, ahora ya no. Desde entonces la gente dice que la virgen María hace milagros en el lugar por lo que, de inmediato, se construyó un oratorio alto, con 13 escalones a orillas del río porque cuando crece el Tebicuary aquello se convierte en un extenso lago. Hay una placa en la ermita que recuerda aquel peregrinar de la imagen de Caacupé. Seis años después, yo experimenté el milagro de la Señora de Itapé.
Lo que ya sé, porque leí en una placa frente a la iglesia, es que el fray franciscano Buenaventura Villasboa se radicó en Itapé en algún momento entre los siglos XVII y XVIII amansando, vistiendo y evangelizando indios. Rafael Eladio Velázquez cuenta que la reducción de Itapé y al cuidado de los franciscanos se fundó en 1686 y que un tal José Bernardino Servín (1643 – 1705) tuvo participación decisiva en la fundación de este pueblo.


El centro Cultural de Itapé, aquí funciona una biblioteca pública.

Aquí nació un blibliófilo impenitente, al decir del profesor Luís G. Benitez: Adolfo Aponte (1874 – 1949). Poseía una de las bibliotecas más ricas del Paraguay, fue literato y filólogo, a más de abogado, parlamentario, ministro en el gabinete del doctor Eligio Ayala, presidente de la Corte Suprema, decano de la Facultad de Derecho y rector de la Universidad Nacional.
Me inspiré en él y llevé unos libros de mi autoría y regalé al intendente así como a la biblioteca del Centro Cultural de Itapé. Aquí me atendió un joven maestro cuyo apellido no es difícil memorizar, González; “bueno, le voy a ser franco, el director de la biblioteca ahora no está y yo estoy interinando”, me dijo a lo que respondí que no importaba, que lo mismo yo le entregaba los libros para la biblioteca.
Cuando estuve allí no había lectores, solo un joven que forma parte de un equipo encargado del censo poblacional. Los maestros y los libros son lo más importante para salir adelante, le digo; “sí, señor”, asiste. Esta biblioteca no sé cómo se llama, no pregunté, debiera llevar el nombre de Adolfo Aponte si ya no llama así.
Para escribir nada mejor que la paz, una biblioteca con los libros que uno leyó, relee y seguirá leyendo. Sueño con instalar un lugar modesto pero cómodo en Itapé para escribir las historias del pueblo, de la Virgen, de la gente del Guairá ¿cómo no inspirarse en semejante santuario de la paz como lo es este pueblecito ribereño?, además está en mi Guairá entrañable. Hay algo que me atrae a este rincón paraguayo que me tiene enamorado desde niño.


La iglesia San Isidro Labrador.

Me detengo en la plaza callada frente a la iglesia donde el santo patrón es San Isidro Labrador. El portal musgo del dorado templo está cerrado; dos campanas en sendas espadañas anuncian las misas domingueras y redoblan en el funeral y también proclaman el ángelus en su espacio inmenso por el sobre el pueblo, el río, los cañaverales y el ingenio cercano.
El largo corredor sacro de la iglesia con sus baldosas viejas rojas y negras y sus columnas en curvas me recuerdan a rigurosidades eclesiales de otros tiempos, de cuando el sacerdote oficiaba la misa en latín, de cuando nadie comulgaba sin previa confesión y las mujeres no participaban de la ceremonia sin velo en la cabeza, faldas por debajo de las rodillas y los pechos cubiertos pudorosamente.


Lo sacro de la iglesia en rojo, negro y amarillo.

¿Cuántos habitantes tiene Itapé? Pregunté al profesor González; ya debe andar por los 8.000 a 10.000 habitantes, responde.
Tomé la ruta que conduce de Coronel Martínez para llegar a Itapé. Las máquinas están trabajando en esta carretera que más temprano que tarde está completamente asfaltada. El empedrado avanza, lo mismo que la construcción de un puente de hormigón armado que sustituye a otro de madera. Son 22 kilómetros entre campos de pastoreo y de cañaverales. Cuando las obras viales terminen, desde Asunción a Itapé se podrá llegar en coche en menos de dos horas y media. Obras son amores…


La ruta Coronel Martínez - Itapé (22 kilómetros) próximo a ser asfaltada. Aquí, el puente viejo y la construcción del nuevo.

Itapé, esta capital de la fe guaireña, promete sorpresas a los que llegan a sus orillas. Si me preguntaran cual es la que descubrí no puedo dudar para responderles: la paz. Itapé es pura paz a tal extremo que los vecinos dejan hasta sus sillas, motos y coches frente a sus casas, en la calle, porque los marginales no se animan a violar esa paz. De todas maneras, la comisaría local está alerta para alojar a todo aquel que se anime a quebrantarla.


Las casas antiguas y sus patios solariegos, el asfaltado, la luz eléctrica en el pueblo de Itapé.

La paz se siente en Itapé. Hagan la prueba, vayan, visiten la ermita, oren, recorran las calles del pueblo y me darán la razón porque sentirán en su piel el sociego, el reposo, la armonía. Como siempre digo, no me crean, vayas ustedes mismos, experimenten, y después cuéntenme sus experiencias.
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ITAPE, GUAIRÁ, PARAGUAY

Fundación: 02/05/1686.
Fundador: Fray Buenaventura de Villasboa.
Población: 8.000 / 10.000 Habitantes.
Categoría: Municipio.
Ubicación: Orillas río Tebicuary mi.
Patrón: San Isidro Labrador.
Fiesta mayor: 18/XII, Virgen del Paso.
Barrios: S. Isidro, Dulce Nombre de Jesús, S. Francisco, Corazón de Jesús, Inmaculada Virgen del Paso.
FUENTES: Wikipedia, datos propios.
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jueves, 11 de octubre de 2012

Caballero pueblo, sus ruinas


Las casas de Caballero, tras el esplendor la inadmisible ruina. Las fotos que ilustran este artículo son las que fueron tomadas en la casa de la derecha.

Me parece apropiado el título, las ruinas del pueblo de Caballero. Restos, escombros, decadencia. Las matas del guapo´y, el higuerón, el devastador de casas, convirtiendo en desecho lo que habrá sido alguna vez una vivienda solariega, de gente fina, educada, de pudientes. Casas y casas de Caballero arrasadas por el abandono. Eso vi desde la carretera y me detuve. Cámara en ristre caminé hacia ellas, hacia el abandono, la que ya es nada.
El tren ya no cruza por aquí pero cuando en aquellos tiempos iba y venía por estas comarcas el Caballero pueblo que enamoró al demiurgo Emiliano era otra cosa: floreciente, con sus cáfilas de carretas y berlinas que fluían entre el centro y la estación del ferrocarril, entre chiperas, alojeras y cagajones de caballos junto a los palenques de los corredores largos.
El tren que hacía de Caballero un pueblo unido a Asunción y Buenos Aires, pero también a Villarrica, Luque, Encarnación y ramales ferroviarios, hoy ya no está.


La casapuerta de la casa que fue, a lo mejor, tienda o residencia, a 200 metros de la estanción de Caballero.

Gente rica era la de aquellos inicios del siglo XX en Caballero, con tiendas de primera, almacenes de ramos generales acopio de frutos del país. Eran años de cuando el judío León Ravinovich compró un extenso monte en la zona. Y mujeres bonitas, de familias modestas y de abolengo, tan bonitas como para que Emiliano R. Fernández escribiera “Caballero pueblo che pepó o mo peva / ikatuve´y va nde hegüi avevé”.
Pero hoy muchos echaron a volar del pueblo.
Muchas otrora residencias hoy están en completo abandono y destrucción. “No, no sé de quién es la casa, algunos dicen que era de un ingeniero que trabajaba en el ferrocarril”; habrán sido ingleses, digo intentando una conversación, el joven de encoge de hombros. Sale del negocio que atiende y observa conmigo la casona de en frente cuyas rejas del ventanal son sorteadas por la rama, ya gruesa, de un higuerón atrevido y perverso. Pienso que salió del negocio más por educación conmigo, un extraño, que por sorprenderse como yo por tanto abandono.


El esqueleto de las ruinas, una imagen del páramo de Caballero.

Sentí en su impasibilidad un poco de su desprecio hacia esa ruina, como que prefería que nada haya en el sitio donde están los muros, las puertas, las ventanas, el techo decadentes; “¿quiere entrar a sus habitaciones?”, me pregunta, impertérrito, y le respondo que no. Me despedí y caminé calles abajo, hacia la que fuera la estación.


Y por este portal entraron la flor y nata del pueblo de Caballero, en el departamento de Paraguarí. Años de bonanza.

Esta siesta perezosa sin más que yo como caminante por estas calles de pasto, arenas y vacas, sorteando las bostas de estas, me hacen suponer que la larga casa de hacia mi izquierda habría sido algún hotel con un bar en uno de sus salones.
Me arrimo a ella.
Las ventanas están cerradas; pareciera que alguien vive aquí. Si fuera el bar quién sabe cuántos famosos pasajeros o sencillamente anónimos del tren tuvieron que haber ocupado sus mesas para comer presurosos o para hablar mal de los amigos o, sencillamente, para divagar con placidez mientras se aguardaba que alguien llegue en el próximo convoy.
Esa otra casa de la esquina pudo haber sido una tahona que llenaba de vedijas aromadas escapadas por la vieja chimenea.


El higerón se hizo de las paredes y del techo como el reptil a su presa.

Y esa otra casa – qué manera de quebrantar el corazón - que parecía ser una residencia, en plena diagonal, totalmente ganada por el guapo´y mañero que como reptil a su presa, se hizo de sus muros y de las tejavanas.
Detrás, los árboles frutales centenarios y los dos pozos de agua abandonados. La arboleda muestra en sus tallos heridos por los termiteros y sus ramas desfallecidas el cansancio en su vejez. Los brocales de las cisternas pueden desmoronarse de un momento a otro. Los achacosos mangos, el naranjero seco, muerto, fulminado por la cancrósis, la ovenia que se niega a marcharse de su vida vegetal.
¿Vino alguna vez Herminio Giménez a esta casa?, a lo mejor en aquel solariego patio, hoy apelechado, abatido, haya ejecutado el bandoneón para alegría de sus amigos o, quizás, para seducir a la niña más bonita de la residencia. Los artistas fueron así y seguirán siendo en Caballero, en Villarrica, Asunción y donde haya un sentimiento incapaz de decir sino a través del canto, del bandoneón, la guitarra, el arpa, el violín, o de un piano.
Quizás en la ventana de esta mansión, hoy arrasa por el abandono, Nereo Alvarenga, Chocho Alvarenga, Juan Torales y Aristides Valdez hayan llenado de música en aquellas madrugadas del verano caballerense.
Tiempos de bonanza y poder fueron aquellos de principios de siglo pero, también, de amenazas de revoluciones constantes. Años de poder de Cirilo Cardozo, Marcos Álvarez, Aniceto Ferreira, algunos de sus influyentes jefes políticos. Años de cuando José Gill atacaba a liberales, posteriores a los de cuando Albino Jara secuestraba trenes.


El patio con su pozo y su arboleda comenzó a morir.

La educación no quedaba atrás.
Se licitaba por aquel 1912 la construcción de dos aulas en la escuela sobre un plano aprobado por decreto en 1909. Los niños se instruían en la de aquí como en una de cualquier ciudad importante. Y los que fueron educados en aquellos tiempos ya no están, al menos en las casas que observo, todas abandonadas, destruidas ante los ojos de propios y extraños sin que importe a nadie, ni a los dueños, los herederos, a la autoridad, extrañamente a nadie. Un pueblo de fantasmas en horas de sus siestas excesivamente holgadas.
Cuando el tren dejó de venir la gente se marchó hacia no se sabe dónde. Y también murieron, como los ingenieros ingleses mucho antes. Y Herminio Giménez, Aristídes Valdez, todos sus artistas de aquellos años de oro de Caballero. Y fueron desapareciendo, claro, los herederos.
Son cien años...
Y las casas, aquellas distinguidas, de las que en sus salas sonaban en las media mañanas y en las tardecitas cuando el cielo se tiñe de rojo, los acordes de algún piano alemán, mientras los varones, vestidos de traje y sombrero, caminaban o cabalgaban por sus calles retornando y, las damas, amparadas en recatos a toda prueba, ocupaban sus zaguanes, las sombras de sus parraleras, de sus mangos y ovenias a la espera de aquellas noches únicas, románticas, a pura luz de luna, estrellas y luciérnagas, a puro canto de grillos, sapos y ranas.
Y esas casas hoy son apenas las que, angustiado, observé: unas ruinas, con las mismas sensaciones, acaso, de las de Honoré de Balzac que les hicieron escribir sobre aquellas de su "Eugenia Grandet": "fantasmagóricas, lúgubres y siniestras lugares".

lunes, 8 de octubre de 2012

Yhú

Arena en todas partes, el perfil de Yhú, Caaguazú.

Aquí bien se puede filmar películas sobre desiertos. Arena por aquí, arena por allá; una curiosa réplica sin querer de las ciudades del desierto de Néguev, aunque sin camellos y dromedarios. Yhú, o Río Negro, se encuentra aquí, en Caaguazú, ocupando 678 kilómetros cuadrados en estas planicies arenosas y amparada por el norte y el este por las sierras de Caaguazú.
A yhú llegué por primera vez en 1980 por la ruta de 50 kilómetros que parte de Caaguazú. Ruta es una forma de decir, un camino miserable de arena en gran parte; un viejo camino indio que carga como la maldición de los infiernos. Así y todo, los yhuenses forjaron el pueblo. Fui en VW, “escarabajo”, y aquella última vez dije “nunca más” porque me era torpe eso de, sabiendo que los arenales de sus caminos me obligan a bajar del coche, pala en ristre, para ir sacando por metros al vehículo del atasco, insistir en la aventura de visitar la comarca.


La plaza "Uno de Mayo", bien iluminada, sitio de los yhuenses.

A más de 30 años, sabiendo que se puede llegar por ruta asfaltada por Cecilio Báez y General Resquín, retorné este fin de semana y me encontré con un pueblo como sacado de la galera de un mago. Sobre las ruinas de su pasado, una ciudad cambiada, con ganas, floreciente; “esto comenzó a crecer hace tres años”, me dijo el intendente, Arturo Jara, un joven médico de unos 30 años de edad.

( De Izq. a Der.) Eladio Jara, María Antonia Espinoza de Jara (dueña del hotel Jar Esp), Miriam Buzeta Melgarejo (una de las dos herederas de la Casona Melgarejo) y Arturo Jara Espinoza, intendente municipal de Yhú.

A ver, cuénteme, le digo al intendente, cuénteme las cifras de Yhú y soltó: 42.000 habitantes, 1.044 kilómetros de caminos vecinales, 107 compañías, ocho comunidades indígenas, con una termal, la única quizás, en medio de una extraña duna que casi nadie conoce.
Le pido que mencione los apellidos de Yhú y desgrana: Cuevas, Melgarejo, Jara, Espinoza, Oviedo, Cardozo, Aquino, Roberti, Salmena, González, Elizeche, Gutierrez… y recorro el pueblo y veo algunas casonas ocupadas por los abolengos del pueblo. En una de las cuatro esquinas de la plaza “Primero de Mayo” está aún en pié la que construyó Luís Rolando Melgarejo, aquel yhuense de porte aristocrático, modales finos y del traje blanco de lino puro en las fiestas de gala en el pueblo.
La casa de adobe tacuarillas y madera, que sirviera de sede de la sucursal del Banco del Paraguay, luego Banco Central del Paraguay y; finalmente de un respetable almacén de ramos generales y compra y venta de frutos del país, fue construida por Melgarejo, heredada tras su fallecimiento por su hija Nidia Beatriz Buzeta de Melgarejo y, tras el fallecimiento de esta por sus hijas Marta y Miriam Buzeta Melgarejo. La emblemática casona, blanqueada de cal, hoy sigue su trámite sucesorio, cuenta Miriam.

La "Casona Melgarejo" era vivienda de Luís Rolando Melgarejo y sede del Banco del Paraguay.

Vuelvo a la historia genérica. Por el siglo XVII el pueblo fue creado por los primeros conquistadores españoles; en sus cercanías, en San Joaquín, los jesuitas montaron sus misiones y de estas influencias Yhú se hizo de lo suyo. Tras la Guerra contra la Triple Alianza se refundó con los apellidos mencionados como de otros. Fue capital departamental hasta 1945, quizás por su riqueza forestal y la gran producción de yerba mate.
Recorro sus calles. Veo la terminal, la municipalidad, la plaza “Primero de Mayo”, la flamante iluminación pública, la escuela “Luís Rolando Melgarejo”, con cien años de existencia, la iglesia donde se venera la imagen de la Virgen del Rosario, el club social que, me cuentan, fue creada por Melgarejo, que por lo visto era un hombre muy importante de Yhú e interesado por la excelencia.
El Club social fue fundado por León Valeriano Buzeta, yerno de Melgarejo. La idea del intendente actual es convertirlo en un ciber que me parece desacertada, debe seguir siendo el club social que, me cuentan los memoriosos, reunía a la mejor gente en aquellos años de esplendor. No puedo dejar de alentar la recuperación de su biblioteca. Con buena voluntad todo se puede.
A propósito, fui a mironear en la fiesta bailable organizada en el marco de los festejos patronales. Pensé que, como cae en el rango de las fiestas oficiales, los varones irían vestidos de traje, pero vi que algunos iban en bermudas y chancletas. El evento, como si todo fuera poco, empezaba a medianoche. No me sentí atraído por ingresar al recinto, fui a dormir.
El domingo 7 de octubre de 2012 ando por sus calles arenosas y pienso que es muy extraño esto de la arena en Yhú; de repente arenas blancas, otras rojas, o marrones y; arenas como de las playas de ríos y mares o; en cualquier parte de talco. Pienso: un rally como en los desiertos de Arabia será una buena razón turística para Yhú. Debieran considerar esta posibilidad los del Touring Club como los de la Secretaría de Turismo.

La procesión de la imagen de la Virgen del Rosario, patrona de Yhú.

Acompañé la procesión de la imagen de la Virgen del Rosario por varias calles del pueblo (el intendente dice “ciudad” y aclarando que quiere que Yhú siga manteniendo el señorío del pueblo rico de los tiempos de puros abolengos) y me lleno de polvo. No le vi al intendente en la procesión; había mucha gente en la marcha mariana, a lo mejor yo nomás no le ubiqué en el gentío.
Me alojé en un coqueto y flamante hotel llamado “Jar Esp” que tiene 20 habitaciones para albergar hasta a 50 pasajeros y que se encuentra en la esquina de las calles Julia Miranda Cueto y 14 de Julio en diagonal con la plaza. La hostería, que es de los padres del intendente, garantiza buen pasar en Yhú. Yo lo pasé bien, les cuento.

El flamante hotel "Jar Esp", en la esquina de la plaza.

Dos palabras sobre la plaza: Pregunté al intendente la razón de su nombre, “Primero de mayo” Alguna vez lo de "primero" debería cambiarse por "uno"), y no supo explicarme. Será por lo de los trabajadores, aunque Yhú no tiene mucho por ofrecer, por ahora al menos, en cuanto a fuentes de empleos como para hablar de empleados y obreros. La plaza es muy coqueta, amplia, arbolada, con muchos bancos y juegos para los niños. Es el sitio donde concurren los yhuenses cuando las tareas han culminado. En los días de la festividad de la Virgen del Rosario la plaza era una fiesta permanente, todo un ejemplo social.
“La gente está en la plaza con toda garantía porque aquí la seguridad es total. No hay asaltantes, ladrones, drogados; los jóvenes de la ciudad rechazan el crack, no dan lugar a la indecencia”, dice el médico intendente.
Y vuelvo a pensar sobre la casa que está en una de las esquinas de la plaza, la que fuera sede del banco: está muy abandonada aun cuando una mujer y sus hijos vivan bajo sus derruidos techos por las termitas. “La voy a mejorar”, dijo una de las herederas.

Un alto de la procesión de la imagen de la Virgen Rosario en el barrio que lleva su nombre para una serenata.

La bocina del ómnibus suena en la siesta calurosa anunciando que parte hacia Caaguazú. Algunos visitantes abordan en la esquina de la casona abandonada mientras la “cachaca” sonaba estridente desde el poderoso equipo de sonidos de una camioneta lujosa estacionada frente a un negocio de comidas.
Victoriana Talavera Villalba es una maestra jubilada y me cuenta de los esfuerzos por instruir a los niños a lo largo de estos últimos 50 años en estos lugares yermos, rasos y desabridos. “Anduve a caballo recorriendo las escuelas del extenso territorio todas las semanas y hoy, al término de mi misión, puedo decir que el esfuerzo no fue en vano: muchos ciudadanos útiles han egresado de aquellas aulas administradas con mucho entusiasmo aunque con pocos recursos”.
Faltan universidades en Yhú. Hoy con las rutas asfaltadas y su conexión directa con varios puntos del país anuncian convertía la ciudad en un punto neurálgico de Caaguazú.

La maestra jubilada Victoriana Talavera Villalba, amada y respetada por la comunidad.

En el pueblo funciona una nueva cooperativa y sus miembros se remangan: quieren sacar ventajas a las vacas lecheras de los vecinos; “esto debe ser una cuenca lechera para vender la producción a los compradores menonitas”, me dicen entusiasmados.
El intendente quiere montar una radioemisora legal “para difundir buena música paraguaya y clásica”; los cooperativistas también quieren tener su propia radio. En Yhú hay una radio comunitaria pero de escaso alcance. En el pueblo, pues la gente escucha una radio de Vaquería y otra de Caaguazú. Los canales de televisión por aire de Asunción se ven vía satélite.
De la bodega de la esquina del hotel compro gaseosas y agua mineral y cargo al coche. Son las seis y media de la tarde del primer día de la temporada con horario cambiado. Tomo el camino empedrado hacia San Joaquín mientras el arrebol tiñe el cielo sobre las sierras de Caaguazú; formo parte de la caravana que retorna de Yhú luego de su principal festividad religiosa.
Escucho una música paraguaya, bebo mi agua mineral y pienso en lo que queda atrás, en los arenales, la casona abandonada, la procesión de la mañana, la radio que falta al pueblo, en esta historia paraguaya atrapada en el desierto.
El aire fresco de la sierra pega en mis brazos y mi rostro. Me encanta el pueblo, volveré…

jueves, 15 de diciembre de 2011

La azucarera de Villarrica

La Azucarera Friedmann cumplía 50 años aquel 1960 pero los niños descalzos de la época no lo sabíamos ni tampoco nos importaba como cuando pasaban las carretas tiradas por dos yuntas de bueyes a cuyos boyeros repetíamos el quejumbroso "eme´e cheve nde takuare´e mi", hasta que nos arrojaba una o dos cañas...
La sirena de la fábrica de azúcar, allá, al lado de la ajetreada estación del ferrocarril de entonces, marcaba la hora del inicio de la siesta en casa, el cierre del almacén de Don Pichí y de la tienda de los padres de Juancito Elizaúr, cerca de la escuela Paso Pé.
La producción azucarera en la gigantesca fábrica de los descendientes de Jacobo Friedmann era para nosotros, sobre todo para mi amigo Luís Aguilar, mi hermano Marcelo y yo, las carretas arrimando la materia prima desde las lejanías de San Francisco Potrero, las estribaciones del Ybytyruzú, mucho más allá de la temible comisaría de Paso Pé.
Tiempos muy difíciles en la Villarrica de entonces.
Desde mediados de la década de 1950 la cosa se ponía fea y más aún entre 1959 y 1960 porque los guerrilleros de la Columna 14 de mayo que pululaban por San Juan Nepomuceno y que no eran otros sino que los liberales salidos de Paraguay desde 1947 hasta 1959 por cuestiones políticas, amenazaban con atacar Villarrica.
El temible Rojita, colorado hasta los tuétanos, gustaba disparar su revolver 44 sobre las casas de los opositores a cuentas de los guerrilleros. Virgilio Ramón Legal, que ya era funcionario de la delegación de gobierno, andaba armado con un fusíl, mientras Chiripepé, borracho consuetudinario, entregaba sus hurras al partido que fuere a cambio de un vaso de caña.
En medio de aquellas inestabilidades y necesidades, la fábrica no paró en ningún momento ni, por tanto, el tráfico de carretas siguiendo la profunda cambera en la arribada de la calle de la iglesia Santa Librada.
"E me´emina cheve nde takuere´e mi", coreabamos lastimeros los niños del barrio a los picadores, varios insensibles a nuestras primeras súplicas, mientras acompañábamos por un trecho la carreta hasta que, compasivo o fastidiado, nos lanzaba una par de las deliciosas cañas.
El machetillo de don Aguilar, el olero vecino, servía para pelar la caña que luego, mordíamos hasta dejarlo hecho bagazo y que don Aguilar le daba de comer a su albina y enclenque yegua.
Si habré tomado caña dulce reclamada a los administradores de los largos chuzos...
La zafra de 1960 era también el cencerro de las carretas y las interjecciones y onomatopeyas brotadas, viriles, de las gargantas del arriero montado a lo alto de la carga.

Me contaba mi abuelo, en Buena Vista, en las lejanías de Caazapá, que luego de cortar árboles para José Fassardi, también plantó caña dulce para la azucarera de Friedmann. Y me relataba de los inicios de la industria allá por 1910. Don Jacobo como era conocido por los cañeros el dueño de la fábrica, montó su planta industrial pero no dejaba de participar en el quehacer villarriqueño, en todo estamento donde se requería de su concurso.
Cuentan que por 1912 era el encargado de correos y que inscribió su industria recién en 1916 como sociedad en los registros públicos. Claro, por entonces - 1916 - todavía la fábrica de Villarrica abastecía todo lo necesario. Ese año el Estado importó 500 toneladas de azúcar argentina.
Villarrica se agitaba en la nueva modernidad de aquellos años teñidos con la sangre de los revolucionarios. A la par de la inscripción de la fábrica de azúcar, nacía el Porvenir Guaireño, la Cervecería Nacional y el Auto Club Paraguayo.
Las primeras zafras de la azucarera coincidían con las visitas del coronel Albino Jara a don Simón Mussi, caballero sirio dedicado al comercio y la industria en Villarrica. Jara moriría en mayo de 1912 en Paraguarí bajo el peso de su ley montonera y donde también caería un batallón de soldados guaireños adherentes de Jara.
Han pasado cien años desde aquella primera zafra coincidente con el nacimiento de Gumersindo Ayala Aquino; de cuando Efraín Cardozo tenía 6 años de edad; Juan Natalicio González, 13; Manuel Ortíz Guerrero, 16; Juan Boggino y Carlos Talavera, 10; Leopoldo Ramos Giménez, 19. Este, a propósito, sería nombrado por decreto firmado por Eduardo Schaerer y el doctor José P. Montero, como auxiliar de la oficina de correos de Villarrica en octubre de 1912, a los 21 años de edad.
Dos años antes de la habilitación de la azucarera, en 1908, Agustín Pio Barrios actuó en Villarrica con Dionisio Basualdo, ambos formados por el maestro Gustavo Sosa Escalada.

Fui a Villarrica y, después de unos 20 años, vuelvo a la estación del ferrocarril. Está el viejo silo que como gigantes misiles blancos apuntan al cielo, la misma estación pintada de amarillo y marrón, la playa donde paraban los carumbés, sin el tren que pitaba al mediodía su llegada minutos antes o después de la sirena de la azucarera.
Ya no están las tiendas famosas que rodeaban a la estación pero la centenaria industria sigue firme convirtiendo cañas en azúcar. Ya no hay gente vestida con elegancia a la espera de los conocidos y parientes en el viejo andén y, más arriba, hacia la derecha, ya no hay filas de carretas con aromada materia prima, hay camiones de gran capacidad de arrastre y velocidad a cuyos conductores, si hoy yo fuera niño, no pediría su "takuare´e mi" porque dar y recibir para este caso depende de la marcha lenta de las carretas y de la paciencia de los carreteros. Han pasado cincuenta años ....

martes, 13 de diciembre de 2011

Alcance de la palabra GANADERO

En algún momento se discutió sobre qué hay que criar para ser reconocido como ganadero en Paraguay. Algunos dicen que ganadero es aquel que solamente cría vacas. Creo interesante seguir el debate iniciado sobre la ganadería. Yo defiendo la teoría de que las cabras, las ovejas, los cerdos, hasta las abejas son especies contempladas dentro de la denominación general de GANADERIA, al menos en puridad (cualidad de puro) y que, por tanto, el que las cría también están en el rango de ganaderos.
La Real Academia de la Lengua Española (RAE) en su edición XXII del año 2001, otorga tres acepciones a la palabra ganadería:
  1. Conjunto de los ganados de una región o país. //
  2. Conjunto de reses bravas de la misma casta que se conocen con el nombre del propietario (1).//
  3. Crianza, granjería o tráfico de ganados. //
En cuanto a la palabra ganadero, según la máxima autoridad académica mencionada tiene cuatro acepciones:
  1. Perteneciente o relativo al ganado //
  2. Dicho de un animal: que acompaña al ganado. //
  3. Dueños de ganados, que trata en ellos y hace granjería. //
  4. Persona que cuida del ganado.
La RAE aclara además que también se llama ganadero a aquel que tiene mayor número de cabezas (2).
Veamos como define la RAE la palabra ganado:

  1. Dicho de una persona: Que gana (3). //
  2. Dicho de una cosa: Que se gana (4). //
  3. Conjunto de bestias que se apacientan y andan juntas. Ganado ovino, cabrío, vacuno (5). //
  4. Conjunto de abejas que hay en una colmena (6). //
  5. Acción y efecto de ganar (7).
  6. (No viene al caso).
Todo cuadrúpedo es bestia según la RAE. Ovejas, cabras y cerdos son cuadrúpedos,  por tanto, también son bestias las ovejas, las cabras, los cerdos. La segunda acepción de la palabra dice: animal doméstico de carga, por ejemplo el caballo, la mula, el burro, etc.
¿Cómo define la RAE la palabra ovejería?; la primera de las tres acepciones dice: "ganado ovejuno". La oveja, pues, es ganado y se dice ganadero al dueño del ganado, en puridad según la academia española y; en consecuencia, el criador de ovejas es ganadero.

Hasta hace algunos años, la Asociación Rural del Paraguay tenía como asociaciones incorporadas a las de los criadores de cerdos, cabras, ovejas, etc. Se entiende perfectamente que estas son incorporadas a una entidad de ganaderos porque también los criadores de las llamadas "especies menores" son ganaderos.
No deseo pecar de desorbitádamente preciso, sin embargo rescato la cuarta acepción de la palabra ganado que dice: Conjunto de abejas que hay en una colmena. Por tanto, no nos equivocamos si llamáramos ganadero al criador de abejas.
Pero, en Paraguay al criador de abejas se llama apicultor; no por eso deja de calzarle la palabra ganadero a la luz de la definición otorgada por la RAE.
Redundando un poco más diría que en España a la estancia se llama preferentemente ganadería. En España como en Paraguay se dice ganadero al que cría ganado. También aquí llamamos estanciero al que tiene un establecimiento ganadero. En España también se conoce con el nombre de estanciero al que tiene una casa de campo.
En un criadero de cabras de Paraguay al que cuida de ellas se le llama peón y no cabrero como se usa en Argentina, México y España. Cabrero es el pastor de cabras según la RAE.
En Paraguay mucha gente dice "es un bodrio". Bodrio es un caldo mal hecho con sobras (*). También es la sangre del cerdo condimentado para la morcilla. Pocos usarían aquí la palabra bodrio para referirse al contenido de la morcilla, nuestro conocido y apetecible mbusiá.
El desuso o desconocimiento regional de la palabra no anula el sentido puro y universal de la misma.
En Paraguay, la ganadería se divide en dos grandes grupos: 1)- Mayor y; 2)- Menor.
En la primera están los bovinos y los equinos, preferentemente; en el segundo, las cabras, ovejas, cerdos, etc. Los que crían ganado mayor también suelen dedicarse a la de los menores. Los que crían ganado mayor y menor son, esencialmente, ganaderos.
Espero que en otra oportunidad podamos intercambiar ideas y pareceres sobre la trastocación de la palabra, la idea y de los conceptos. Digo esto porque en Paraguay, cuando de lenguaje se trata, existe una peligrosa corriente de alterar lo puro por algún interés (que nada tienen que ver con la gramática, la lexicología, la lingüistica, el castellano propiamente dicho) en este caso proveniente, sobre todo, de sectores sociales que confiesan su enemistad con los criadores de ganado. La palabra ganadero fue vilmente manoseada y nunca defendida no tanto a favor de los criadores sino por el valor y el significado de las palabras.
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 REFERENCIAS:
(1)- Es España, por ejemplo, se dice que tal toro de Lidia, presentado en tales o cuales corridas o faenas, pertenece a, por ejemplo, la "ganadería de Juan Pedro Domeq". Para la Unión de Criadores de Toros de Lidia de España la palabra ganadería es definida como conjunto de "reses vacunas bravas, de todas las edades y sexos, cuya crianza y conservación es común".
(2)- No especifica de qué especie, tampoco se refiere a que sea la especie bovina.
(3)- No viene al caso.
(4)- No viene al caso.
(5)- Viene al caso.
(6)- Viene al caso.
(7)- Apiario.
(*) “A nadie le faltaba el bodrio necesario para ir pasando” (Pío Baroja, “La feria de los discretos”).