Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 24 de abril de 2012

Descortesía en las redes sociales

Es llave la cortesía / para abrir la voluntad / y para la enemistad / la necia descortesía”, plasmó Lope de Vega en Fuenteovejuna ¿Somos corteses al tratar con los demás?; recorro las redes sociales y el desengaño me acosa ante la realidad vigente: cuando menos esperamos y por cualquier razón, hasta por la más nimia,  la disputa se instala entre la gente como virus en el sistema informáticos.
En las redes descubrimos nuestro lado cavernario y, no solo eso, sino lo dejamos actuar contra los demás hasta que el tema se agote y comience otro con el cual seguir la agreste carrera de destripantes como torpes  impugnaciones.
La cortesía se vio avasallada por la cultura de las refutaciones, en ciertos casos con razón pero a espaldas de la prudencia, esa virtud que hace de paño frio entre los más inteligentes, para establecer un nuevo modelo de relacionarnos en la virtualidad: el de la descortesía.
¿Los paraguayos somos naturalmente objetores?; supongo que no somos ni más ni menos que los de otras nacionalidades pero lo claro que notamos es la semilla de la disputa sin razón, sembrada por no pocos paraguayos en las redes y que, como las hierbas malas, crece con inusitada rapidez con efectos más bien negativos que positivos para nuestro mutuo crecimiento y entendimiento.
Las radios fueron las primeras vías por las que practicamos el rechazo gestándose para el efecto una casta desconocida hasta entonces, la de los “llamadores”, que al amparo de la democracia arremetió contra los demás sin más límites que lo que dicta la promiscuidad de la consciencia.

Cuando los oyentes empezaban a desprenderse de las radios como medios de información ante tal atropello en masa, aparecieron las redes como Twitter y Facebook, excelentes herramientas para vincularnos todos, con las que no pocos siguen dando golpes y porrazos a quien se asome por los parajes virtuales.
Así como hay metales nobles, como el oro y el platino, también hay gente noble. Y dice Tirso de Molina que el que es noble no habla mal. Si es un bienhablado se está ante una persona cortés exornada, desde luego, por la discreción y la benevolencia, atributos suficientes como para tratar con ella con seguridad y confianza.
La persona amable habla con discernimiento y reemplaza la palabra por el silencio cuando comprende que navega en aguas de la prudencia.
El amable es digno de ser amado; el grosero, en cambio, es rechazado. La amabilidad es una cualidad aprendida en el hogar, en el entorno en el cual se crece. Si nos desarrollamos con buenos ejemplos y, por tanto, entre buena gente seremos dignos de ser amados. Estamos pues en la largada universal, la de la educación permanente y seria.
El afable es capaz de interpretar para bien el silencio del interlocutor; para el rudo, la prudencia es un texto fácil de malinterpretar. El cortés es optimista; en el grosero, el moho del fatalismo primitivo, como decía Roa Bastos, crece por dentro.
El cortés crece en el conocimiento; el descortés, en la ignorancia. Aquel alienta; este, desalienta. Uno escucha y luego juzga; otro, va al cuerpo, murmurando, calumniando, desacreditando, impugnando a troche y moche.
San Fernando Rey - siglo XIII -  aborrecía las murmuraciones y las malas conversaciones y repetía: “Le tengo más horror a una lengua murmuradora que a un ejército de moros”.
Las redes sociales, en fin, descubren a muchos por su lado descortés, por el lado de la falta social; en las incoherencias de sus palabras, en el torrente de expresiones surgidas del pensamiento y atribuibles a fallas de educación.

Quiero pensar que la mayoría de los paraguayos seguimos siendo sencillos, hospitalarios y amables y que solo algunos son portadores del virus de la grosería que amenaza, eso sí, con extenderse si no nos percatamos a tiempo que estamos cayendo en su trampa. El alarido de los necios no debe ser sino como el borde de los precipicios a los cuales es mejor no arrimarse. De estos, de los necios, es necesario sacudirnos de modo que las redes sociales resulten efectivamente útiles para el bien, para el buen provecho de cada uno.

domingo, 1 de abril de 2012

Regálame un libro, Señor ...

Ser más buenos ¿Dónde está aquella bondad olvidada?, ¿por qué no somos más buenos?; ¿donde están los amores que nos enseñaron, aprendidos y practicados? Fui a las redes sociales pregunté y nadie me contestó por lo que, cabizbajo, solo logré garabatear en mi muro lo que pensé en esos momentos sin respuestas: si hablamos de libros y aprendemos de los libros seremos mejores y más buenos.
Observo y leo cuanto piensa la gente en mi entorno sobre todo en la virtualidad, en las redes, y noto desamores, impugnaciones, odios reprimidos, envidias, la maldad en todas sus formas y me llenan de desalientos sabiendo que éstos son la mejor herramienta del mal para desmoronar el mundo. Como que el ángel caigo se friega las manos ante mi estado de angustia.
Y cuando en esa misma virtualidad veo un pestañeo de amor, un pequeño deseo de alegría, una manifestación minúscula de la buena voluntad siento como un arco iris brotado después de los granizos de la tormenta. Como si un coro angélico empezara a entonar. Como si un brazo amoroso me tomara de los hombros.
Yo quiero ser más bueno y me siento contagiado de maldades; quiero hablar de Dios y me responden carroñeras carcajadas surgidas, sulfuradas, malolientes, de las profundidades de cavernas malignas e invisibles.

Siento la trápala furiosa de los cuatro potros mencionados por las letras sagradas, ocupando espacios, levantando polvos, haciendo fuego, rugiendo, devorando a su paso. Está en cada pensamiento de los que olvidaron la bondad, el amor, la sencillez, la caridad, la paciencia, la tolerancia. Esos caballos atraparon a la gente en el enfado, la grosería, en el insulto, en la bajeza del mal. Cuatro potros zapatudos, blanco, rojo, negro y amarillo, amusgan, bufan, arremeten salivando fuego por la boca del pueblo atrapado. 
Quiero encontrar una piedra blanca en la que esté escrito el nombre nuevo que nadie conoce, que no quiere conocer y que quiero conocer. Una piedra que no sea arrebatada ni por mi miedo, ni por mis angustias, ni mis tristezas, ni por mis desorientaciones e inseguridades. Una piedra en la que esté escrito el nombre en el cual se resume la que está perdida, la bondad. Piedra argenta que no me hurten ni la cuadriga maligna ni quienes convocaron su presencia.
Hurgo, desesperado, en la oscuridad buscando ese mineral escondido. No sé donde está, pero lo busco. Sé que es la sabiduría antigua, la de los siglos de los siglos, la de todo el universo, que la olvidamos primero y nos negamos a ella, después. Es la esencia de Dios, es la sangre derramada en el Gólgota, es el manto celeste de la acongojada Madre.
Piedra, esencia, amor, Dios, ¿pero donde estás?, ¡hay tanta oscuridad en el entorno!, hay tantos galopes malignos, hay hedor de sulfuro, hay tantas maldades.
Quiero volver a saber y quiero que todos sepamos; quiero volver al amor y que todos vuelvan a amar, quiero piedad pero nadie mas clama piedad; quiero escuchar las trompetas de los ángeles de allá, arriba, pero aquí, abajo, hay tantos ruidos, cientos de gritos sodomitas vivando al terror, que nos las oigo si ellas sonaran.
Señor …
no me dejes en medio de este infierno, dame un poco de la fuerza de tu Espíritu Santo, dame una piedrecilla blanca de esta inconmensurable cantera, en la que esté escrito el conocimiento que me falta y; si me dieras, reparte también a los que hoy participan alucinados por la borrachera del mal y que mañana, quizás, tras el despertar de los arrepentidos y, ya salvados de las fauces de esa muerte atroz, busquen un fresco manantial que tienes Tú y nadie más.
Regálame un libro, Señor …


viernes, 23 de marzo de 2012

Comunicar


Este es un tema que me apasiona.
Pienso que en la cadena de la comunicación primero está la buena voluntad de la persona. Esa voluntad que la hace ser mejor. Que la convierte en - en este caso - mejor locutor, mejor periodista, mejor escritor, mejor director de medio.
Pienso también que la voluntad nos impulsa a pulirnos hasta convertirnos en metales relucientes. El esmerilado no se logra sin esfuerzo. Se debe procurar hasta alcanzar lustre.
La televisión, la radio, el diario, la revista, los libros, Internet, las redes, el chat no son sino herramientas para transmitir pensamientos, conocimientos, sabidurías o, a falta de ellos, tonterías, majaderías, naderías.
Entonces, no es tanto el medio, sino el mensaje.
Reconozcámos que hoy, atesorando la libertad de expresión que tenemos en manos, hay carencia de mensajes útiles por expresar.
Veo, con pena, mucha inversión por parte de la gente con poder económico en radios, canales y diarios pero sin el merecido retorno económico (estoy seguro, este es mi mundo) porque sus medios no son ni escuchados, ni vistos ni leídos porque carecen del mensaje que atraiga al público. Los que venía propalando se volvieron achacosos, inútiles.
Nos pasa en Paraguay lo que a España en sus primeros años de democracia: decimos y mostramos todo hasta que la gente se cansó y se apartó de los medios que se quedan con un cuarto de narices sin saber hacia donde ir. Es como si al guitarrista en pleno escenario se le suelten las seis cuerdas del instrumento.
Creo que esta carencia se suple con lo oportuno, lo útil, lo sano. Pero, coincidirán conmigo los colegas como que andan y anduvieron en el ajetreo periodístico, que ni los dueños de medios ni los cronistas, ni los periodistas están lo suficientemente preparados para encarar esta nueva etapa de la democracia en nuestro país. Estamos en una etapa más exigente del pluralismo en nuestro país.
Ya se superó la fase de las denuncias, de los desnudos, de las groserías varias que tanto ocupó los medios de comunicación: ahora la gente espera algo más sustancioso, algo que, como Hilo de Ariadna, les permita recorrer los vericuetos de esta sociedad nueva que fuimos haciendo a puro golpe desde 1989 y retornar a la salida sin perderse en aquellos.
La gente reclama esencia y para eso debemos prepararnos, debíamos habernos preparados hace años.
Y – me avergüenzo – muchos no estamos preparados para este nuevo ciclo en nuestra nación. Entonces, las radios – por ejemplo – pasan de una mano a otra porque son pérdidas para sus dueños (nadie les escucha y, por tanto, los anunciantes se desinteresan en sus medios) y así seculá seculorum.
Fíjense: Abc Color vendía en 1980 noventa mil ejemplares por día; hoy, ni 35.000...
En resumen, a mi modo de ver, no son los medios, son los comunicadores, nosotros. Debemos ser nutritivos, nutrientes y nutridores y a muchos no nos está dando el cuero para encarar semejante compromiso. Sin mensajes útiles las herramientas son inútiles.

El paraguayo repanchigado

"Oimene ombojama silla jorconre" (seguro que debe estar sentado recostado al horcón) es una frase escuchada en las tardecitas campesinas al referirse a alguien, sobre todo al varón, que terminó su faena agrícola del día. También se dice "oimene oja jorconre" ( a lo mejor estará haraganeando). Arrimar la silla a la pared o al horcón, todo un tema en el campo.
Mi madre nos prohibía que para sentarnos apoyemos el respaldo del asiento a la tapia porque, decía, apresuraba su estropeamiento al descansar solo en dos de sus cuatro patas y, exponía, "porque esa es costumbre de haraganes".
Y repartigóse para leer lo escrito, escribió Concepción Leyes de Cháves en Tava´i. Sentarse reclinado al horcón implica repantigarse o, como también puede decirse, repanchigarse, arrellanarse en el asiento y extenderse para mayor comodidad, tal como define el DRAE.
Dime cómo te sientas y te diré quién eres. Nosotros, los paraguayos, somos de extender las piernas a la hora de sentarnos, ¿mala educación?, tal vez, pero no querría entrar en ese terreno por ahora, lo dejaré para más adelante. Diré sí que bien o mal es una costumbre de los paraguayos así se siente bajo la arboleda para disfrutar del tereré o durante una reunión de vecinos o durante un velatorio.
Desde luego, no es un hábito exclusivamente guaraní; el policía se repantigó en el asiento, anotó Arturo Pérez-Reverte en El maestro de esgrima, novela española, mientras que Pío Baroja en César o nada se refiere a un italiano en la siguiente frase: El signor Cappagutti se quedó repantigado en la silla tranquilamente.
El sofá o canapé incita a repanchigarnos y sobre todo a la hora de ver la televisión constumbre que, a su vez, estimula la obesidad ¿Se imaginan al papá un domingo a la tarde sentado frente al televisor viendo un partido de fútbol y comiendo y bebiendo como cerdo?
El paraguayo, sobre todo el campesino, pues, tiene una manera de sentarse y ya que estos en este tema diría que también adopta una forma de pararse y ubicar los brazos. Si en cualquier ciudad de España usted observa que un hombre espera el autobús parado descansando sobre una pierna y con los brazos cruzados es casi seguro que ese sea un coterráneo nuestro.
En fin, para cerrar diría que los paguayos somos repanchigados... que sabemos descansar, que aprovechamos la vida.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Paso Yobai salvaje

Una banda armada capaz de dinamitar puentes, derribar helicópteros, rociar con balas cualquier vehículo sospechoso y secuestrar a decenas de personas opera con total impunidad en un pueblito guaireño llamado Paso Yobai donde la mina de oro volvió forajidos no solo a unos cuantos hombres con pañuelos cubre rostros sino también hasta a algunos políticos y parlamentarios. He aquí la nueva historia de otra California salvaje en América del Sur.

Paso Yobai era un olvidado pueblecito del departamento del Guairá donde los días transcurrían impasibles y aburridos, donde de vez en vez un casamiento, un nacimiento o un fallecimiento eran la novedad pueblera. En la única escuelita del paraje concurrían unos cuantos niños flacos y descalzos a recibir instrucciones de la maestra mal pagada; en los miserables boliches los hombres tomaban caña y; en la cancha de carrera, algunas veces competían un par de caballos para la algarada de arrieros.
La aldea, distante 22 kilómetros de la colonia Independencia, poblada por inmigrantes alemanes a partir de la década de 1920, mientras ocupaba a los campesinos en la producción de caña dulce para proveer a los ingenios villarriqueños, guardaba su secreto: el oro entre sus piedras.
Es verdad, desde los tiempos de los tatarabuelos en las orillas de su arroyo serrano aparecían pequeñas piezas doradas que los escasos vecinos los cogían solo por su curiosa refulgencia, los ubicaban en el nicho de los santos o, envueltos en trapo los guardaban en el alero del techo sin cifrar ninguna expectativa especial en los metales hallados.
Con el paso de las generaciones, algunos vecinos cribas en ristre aplacaban horas de hastíos buscando pepitas de oro en el cauce y los encontraban. Por aquellos años de las décadas de 1950 y 1960 lo entregaban a los pequeños acopiadores del villorio a cambio de mercaderías.
A partir de la década de 1990 los medios periodísticos de la capital daban cuenta de la extracción del oro del arroyo local hasta que algunos con más visión y capital emprendieron la idea de buscar el metal en las mismas entrañas de Paso Yobai. Así, por ley 2079 del año 2003 se autorizó a la empresa nacional Minera Guairá SA explorar en una franja establecida y explotarlo legalmente.

Camioneta de LAMPASA acribillada por los "artesanales" (foto de Abc Color)
Este emprendimiento levantó la oreja de los vecinos y, a partir de ahí provistos de palas, barrenas y picos, comenzaron la tarea de cavar y romper piedras. Los primeros resultados fueron alentadores por lo que los más audaces se hicieron de más equipamientos entre los que incorporaron la dinamita y el mortal mercurio para extraerlo así dañe lo que dañe. La fiebre del oro minó Paso Yobai.
Latin American Minerals Paraguay S.A. (LAMPASA), subsidiaria de la compañía minera canadiense Latin American Minerals Inc., adquiere el 70 % de las acciones de Minera Guairá SA e inyecta más capital para la exploración y explotación de las minas auríferas.
La empresa incorpora nuevas infraestructuras, contrata centenares de asalariados, paga impuestos, trabaja a cara descubierta mientras entre los mineros informales se crean ágoras de informales mineros a cuyas cabezas se instalan políticos de Paso Jobai, Villarrica, Asunción y Cordillera.
Paso Yobai se convirtió en la base de un cartel criollo no menos peligro capaz de rociar con balas nueve milímetros cualquier persona u objeto sospechoso; el pueblo se convirtió en el salón de puertas vaivén del oeste californiano donde cualquiera y en cualquier momento puede terminar muerto porque allí la impunidad ya se ha instalado.
El revolver y las cananas repletas de balas son la ley y en Paso Yobai las leyes de este calibre se cumplen...
LAMPASA, más conocida como LAMPA, está amparada por la ley referida para operar en una superficie de 7.200 hectáreas, mientras que en los alrededores se instalaron pequeños molinos de mineros informales que extraen el mineral al amparo del cartel respaldado por políticos y parlamentarios que, alentados y engreídos por el padrinazgo, solicitan dejar de lado a LAMPA mediante argucias maquinadas por algunos parlamentarios: la derogación de la ley respectiva a cambio de otra que apoya a los informales bajo la denominación de mineros artesanales.
Como el sol sale para todos y vista la desvergonzada acción de los forajidos que operan a cara descubierta, LAMPA intenta acordar con los mineros ilegales un plan de trabajo conjunto y en base a las normas internacionales de explotación y comercialización del oro. Estos no aceptan la idea; al contrario, embarran aún más la cancha y Paso Yobai está a un paso de convertirse en un polvorín listo para estallar.
Mientras los ejecutivos de LAMPA explican que una de las condiciones internacionales para la explotación del oro es el no uso del mercurio y que, por tanto, operan en ese riguroso marco, los artesanales ensayan sus actividades con el masivo uso del elemento tóxico que empiezan a envenenar los arroyos de la zona.
El cartel integrado por algunos políticos y parlamentarios hoy se siente en su esplendor. A la cabeza, Óscar Chávez, político colorado y primer intendente de Paso Yobai; lo acompaña su hijo, Edgar, actual intendente, también colorado. En la sombra, algunos diputados y senadores pertenecientes a los partidos Colorado, Liberal y Unace. Por ejemplo, organizan turbas que atacan a personas vinculadas a LAMPA, destrozan puentes para evitar la presencia de estos, cercan la planta industrial de la empresa con hombres armados, atacan a periodistas, amenazan, destruyen.
Pequeño, inseguro y caótico, Paso Yobai es la base de la nueva mafia del oro al cual no le importa ni la caña dulce para los ingenios, ni si el camino está en deplorable estado, ni si algunos mineros mueren enterrados en las minas. Les importa que LAMPA se marche y explotar lo iniciado por los canadienses bajo el rótulo de minería artesanal.
De hecho los artesanos ya están en plena tarea sin ningún amparo legal, como LAMPA. Están extrayendo el oro que comercializan en el mercado negro con el cual se hacen de dinero para el enriquecimiento rápido y la compra de influencias, incluso de la justicia, que ahora está literalmente borrada en aquellas comarcas donde rige la ley del maleante, del bellaco, del criminal.

Este es Paso Yobai, el último pueblo guaireño que hoy puede ser el primer inspirador de estupendas novelas policiales y de películas de acción como las que desde hace tiempo Hollywood dejó de producir para añadir otra mancha más en el ensombrecido pelaje de la escandalizada fama exterior paraguaya. Paso Yobai empieza a hablar el idioma de los bandidos, de los salones atestados de rufianes catingudos, del sherif impotente, de diligencias destrozadas a tiros...

viernes, 16 de marzo de 2012

Baroja y los libros conducen a Roma

LCésar o nada, de Pío Baroja. Ubica la novela en Roma en general y; El Vaticano, en particular. El escritor español es un campeón para hacernos pasear por los lugares elegidos en sus relatos. Así, por ejemplo, en La ciudad de la niebla, nos lleva a Londres; en Las noches de El Buen Retiro, a Madrid; en Las tragedias grotescas, a París; en La Feria de los discretos, a Córdoba, España y así, por varias ciudades.
En César o nada "visitamos" monumentos, museos, oficinas públicas, recónditos lugares de El Vaticano que al terminar de leer me dispuse a buscar más libros especialmente de aquellos que necesito saber más a partir de lo que leí en la novela de Baroja. Por ejemplo, en unos de sus capítulos se sumerge en la vida de San Ignacio de Loyola, de los Borgia, Miguel Ángel, entre otros.
Las descripciones que hace de Roma y de la sede papal no hicieron sino encender en mi el deseo de leer más libros y fue así que visité a mi librero Julio Domínguez ( "Domínguez libros", 25 de Mayo casi México) a quién solicité algunos títulos que me permitan satisfacer mi curiosidad de lector.
Me ofreció "El devoto por San Ignacio de Loyola", "Yo Claudio, César y Dios" de Robert Graves, y los álbumes "El color de Roma", "Roma y el vaticano", "Miguel Ángel" y "Todo Roma" en 800.000 guaraníes. Dije que si todo comprara me puedo considerar un aprendiz ilustrado sobre Roma y El Vaticano.
Quien lo quiera comprar le paso los teléfonos de Julio: 021 445 459 y/o 0982 317 248. Me dijo que a quien le interese le puede conseguir la obra de Baroja, César o nada, que cuesta 60.000 guaraníes.
Pagar 860.000 guaraníes para conocer casi de pe a pa esa cuna de la civilización y centro neurálgico de la religiosidad católica creo que bien vale. Por ese dinero todavía no se viaja a Italia. Diría más: todos los que van a Roma debieran leer dichas obras de modo que aproveche al ciento por ciento cada lugar que visite y no le pase lo que a un amigo mío le ocurrió: que fue de turista a El Vaticano, visitó la plaza, ingresó a la basílica, recorrió todo, entró al Castillo del Ángel pero este, el castillo, le pareció demasiado aburrido "porque casi nada hay adentro" y; como si todo fuera poco, ni idea tenía del nombre del río que cruza el lugar, el Tíber. Todo porque no se enteró de nada. Pagó un montonazo y hasta se aburrió de andar por esos sitios.

Vuelvo a Baroja.
César o nada es una novela seductora, que incita conocer los lugares mencionados; cada plaza, cada calle, callejas y avenidas; los edificios, las obras de arte, las estatuas, las fuentes, las tendillas de El Vaticano. De repente pareciera que soy yo quién se pasea por los lugares explicados por el médico y escritor.
Me agradaría que mis amigos compren esa colección (son libros usados, advierto) y que empiecen leyendo César o nada. Estoy leyendo los demás títulos sobre la capital italiana y quiero decirles la sensación de paz que transmite conocerlos a través de los libros. Espero tener amigos que toman el guante para que disfruten y una vez disfrutado comprendan el sentido del título de este artículo, Baroja y los libros conducen a Roma.

sábado, 11 de febrero de 2012

Se vende una vaca

Si yo tuviera una vaca que da mucha leche al día y que, por tanto, me permite vivir tranquilo con la que me da no tiene ninguna gracia que yo ande por ahí ofreciendo a los vecinos mi vaca lechera. De mi parte, sería una torpeza tan grande como una casa. Al contrario, progresando con la producción diaria pensaría comprarme otra vaca y seguir creciendo en la lechería.

No descubro nada nuevo al plantearles mi decisión sobre la hipótesis de mi tenencia de una vaca formidable que me da leche en abundancia.
Cualquiera, pues, haría lo mismo que yo.
¿Quién vendería su vaca lechera excepto que alguna necesidad feroz se le cruce en su camino?
Puede que también el tambero venda su lechera si todo el mundo tuviera una igual a la de él.
También puede darse que la gente prefiera tomar Coca Cola o cerveza que leche...
La vaca también pudo haberse enfermado de un día para otro por lo que intenta primero vender a algún comprador de buena fe (también puede vender a un iluso) o faenarla para ver si no vende la carne.
A medida que escribo voy encontrando más causales para vender su preciosa vaquita: el dueño pudo haber alcanzado todos los puntos del lotobingo y de un plumazo de hizo de unos 500.000 dólares y una flamante camioneta cero kilómetro nuevo de paquete por lo que se dedicará a otra actividad menos exigente (¡uf!, eso de levantarse a la madrugada, los 365 días del año para ordeñar la vaca no es para cualquiera).
Pero, en contrapartida, pudo haberse enfermado el dueño de la vaca; o un familiar.
"Bendo baca, por biage", puede, a lo paraguayoité, anunciar un cartelito clavado en el portón de la casa.
Pero si todo marcha normal, si no hay drama para seguir con la tranquilidad de una vaca que da leche y dinero, ¿para qué pensar en la venta del provechoso cuadrúpedo?

Esto es lo que me pregunté cuando unos señores venidos de Buenos Aires se metieron presurosos a la oficina del señor Lugo para hablar precisamente de eso: de la venta de la vaca lechera; es decir, de un canal por cable que, según dijeron, factura de maravillas, que tiene cero problema y dentro de la empresa es todo paz y amor.
Mmmmm ... me puse a pensar y llamé a un amigo que se sabe todas a preguntarle si qué dramas tiene el canal por cable de los argentinos para que ofrezca en ventas al gobierno del señor Lugo que, a propósito, acaba de montar su (es decir del Estado) propio canal (no sé si por cable o aire, yo no llego a ver en mi casa y aclaro que no tengo cable); pero, los compradores, es decir los potenciales compradores, estaban más felices que los vendedores.
Mi amigo estaba desorientado, esta vez no tenía a manos la precisa. En fin ...
Con una sonrisa medialunera, de esas que inspiran ternura y pasión, un alto funcionario del palacio de gobierno salió de la reunión con los empresarios argentinos y dijo con llamativa sobredósis de encanto que el canal cuesta solo 180 millones de dólares y que se pondrán a hablar a profundidad con los dueños de la vaca, es decir del canal, que "factura de maravillas".
Un negocio que funciona a las mil maravillas pero que se quiere vender ... mmmm... y que el potencial comprador como que se pone a bailar en una pata con semejante oferta, me desorienta aún más. En estos días, reconozco, las neuronas no me responden como querría que me respondieran por lo que no logro entender este negocio que no es negocio (o no debiera ser) para una persona que fue elegida (Lugo) para gobernar la nación y no para andar comprando canales de televisión, aunque le entusiasma comprarse empresas en quiebras como la de la telefónica celular que no logra salir de su letargo, a casi dos años de haberla comprado.

¿De donde saldrá la plata para pagar la vaca lechera que anda, supuestamente, a las mil maravillas?; no será de otra parte sino de la caja comunitaria, es decir de la gente, de los contribuyentes, "de los paraguayos todos de adentro y de afuera que el olvido apague si existe rencor". Total, son 180 millones de dólares nomás y para eso trabajamos, viejo. 
- Disculpe, quería decirle que la soja y la carne este año ...
- ¡Nooo, pamplinas!, todo eso se supera de un saque y ya está. Dale, vamos a comprar un canal por cable, que si los curepas nos dicen que anda a las mil maravillas debe ser porque anda de maravillas.
- ¡Ah!, cierto, antes nomás vendían buzones; hoy ya no se necesitan buzones, para eso están los correos electrónicos. Vamos si que a comprar o qué...
- ¡Claro!, tranquilidá total...