Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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sábado, 17 de mayo de 2008

De la invasión a la camioneta

Los cabecillas de la invasión a la propiedad privada son delincuentes y carentes de creatividad. Son delincuentes porque entran en el patio ajeno, destrozan lo que encuentran a su paso, roban y hasta matan. Y carecen de creatividad, sobre todo los que en estos días andan entrando en el campo privado pensando que el nuevo presidente les va a dar lo que exigen a cambio de volver a dejar la propiedad ocupada, porque con el mismo argumento nos vienen cada cinco años poco antes de asumir el nuevo gobierno electo.
Siempre hacen lo mismo. Bastará con hacerse de tiempo y mirar las hemerotecas. Lo hicieron cuando Andrés Rodríguez estaba en vísperas de entregar el poder, cuando salió Wasmosy, cuando salió González Macchi y ahora cuando se va Nicanor Duarte Frutos.
Esto de hacer valer la ley sobre las apetencias de algunos dirigentes campesinos es, en estos momentos y con los que andan alborotando de aquí para allá en un país que, de hecho, está un desastre, un asunto del presidente de la República de turno (Duarte Frutos) y de la Justicia. Nada tiene que ver Fernando Lugo hasta que diga el “yo juro” el próximo 15 de agosto.
Si Duarte Frutos y su equipo no pueden frenar a los delincuentes, lo mejor que pueden hacer es poner violines en bolsa y marcharse, de modo que asuma quién corresponda (el Vicepresidente) y a restablecer orden dentro del país.
Los paraguayos podemos tener opiniones dispares y eso es bueno. Podemos disentir si tal o cual ley es buena, regular o mala. Lo que no podemos hacer es violarla. Así seamos ricos o pobres, sabios o ignorantes, jóvenes o mayores. La ley es para todos.
Podemos criticar el error de los hombres en el poder por haber facilitado la venta de extensas tierras a los productores de soja o ganado; podemos malhumorarnos porque nuestros bosques fueron arrasados por los productores de granos. Y hasta podemos tener razón. Pero si ya está consumada la tenencia de la tierra a favor de aquellos compradores, las actitudes bárbaras no son suficientes para recuperar las tierras. Somos un pueblo civilizado dentro del cual debemos hacer valer la ley.
La ley es dura pero es la ley.
Los escasamente creativos líderes campesinos debieran ir pensando en una manera de presionar a los nuevos parlamentarios para mejorar las leyes pero no alentar el ataque a la propiedad privada.
Es más.
Los paraguayos también están cansados de tantos líderes campesinos que se han vuelto ricos de la noche a la mañana a cuentas de las necesidades campesinas. El negociado escondido detrás de las invasiones viene desde los tiempos del ya célebre Marcelino Corazón Medina pasando por cada personaje que luego pasaron a ser parlamentarios o altos funcionarios de gobierno con todo el beneficio que significa esos cargos.
Los paraguayos no debemos cansarnos de defender nuestra ley que fue hecha para bien de todos. Si no está bien hecha procuremos cambiarla y que se cambie; entre tanto, la invasión no es sino el gran negocio de los cabecillas que tras cada atropello salen ganando, en el peor de los casos, al menos una flamante camioneta doble cabina cuatro por cuatro. Y esto no es otra cosa sino sinvergüencería. El tema es invadir y luego hacerse de una camioneta lujosa y ya está. Más tarde será diputado, senador, ministro …

viernes, 16 de mayo de 2008

Sobre el hombro de cada paraguayo

Paraguay puede volver a ser un gran país. Las condiciones políticas, entendidas como las que fueron logradas a través de las urnas el pasado 20 de abril, están dadas. De ahora en delante dependerá de todos los habitantes del país para que ese objetivo sea alcanzado, y no sólo del nuevo presidente de la República.
Hay compatriotas que abdicaron sus derechos y obligaciones a favor del presidente electo. Están equivocados. También hay dirigentes sociales que llevan adelante planes de invasión a la propiedad privada bajo el supuesto amparo del nuevo gobierno electo. También están equivocados.
El gran país que nos merecemos los paraguayos lo debemos hacer entre todos. Y lo haremos, como siempre lo hicimos con la diferencia entre el ayer y el hoy y el futuro: de que ahora hay esperanza de que el esfuerzo de cada uno de los paraguayos no caiga en saco roto por culpa de patanes y corruptos empotrados en el poder.
Más que nunca, desde ahora debemos de hacer lo que la hormiguita trabajadora. Cada uno poniendo hombros y liberándose, como se pueda, de modelos nefastos: el compadrazgo, la compra de autos robados (“tengo un maucito”), dejando de pagar impuestos o multas, de ocupar un cargo en la función pública por haber sido operador político de la lista ganadora, admitiendo el contrabando y envidiando al contrabandista.
El país que tenemos será grande, querido y respetado, en la medida que cada uno volvamos a la esencia de las cosas: decencia, trabajo, respeto, solidaridad, lealtad, tolerancia, prudencia, justicia, fortaleza y templanza; volver al hábito de obrar bien, independientemente a lo que la ley imponga para el logro de la convivencia armónica.
Entiendo que las cosas son así, el gobierno puede hacer todavía mejor su tarea, especialmente para que los paraguayos seamos sanos y tengamos un lugar para trabajar. El derecho a elegir a nuestros gobernantes no tiene mucha gracia si no hay una paga hecha bienestar colectivo.
Carlos Fuentes, escritor mejicano, quien - al igual que los paraguayos - ha sufrido a lo largo de su vida la vigencia de un partido profundamente estoqueado por la corrupción en su país, pregona que para no volver al autoritarismo se debe trabajar, emplear el capital humano, priorizar la educación, las infraestructuras de la salud, la vivienda, etc. Ser parte del mundo pero en base a la tarea localizada.
Protestar es sano y fortalece al sistema democrático. Los paraguayos debemos protestar cada vez que así lo requiera. Pero hacerlo por el simple gusto de hacerlo como acostumbran los dirigentes sociales que encuentran, incluso, un modo de vida en dichos hábitos, no nos llevará sino a nuevos atolladeros sin ni isiquiera haber salido antes de los que ya nos hemos metido.
Protestemos saliendo a las calles si vemos en el nuevo equipo de gobierno que repiten los errores del gobierno saliente, sobre todo cuando los nuevos referentes quieran enriquecerse a cuentas del erario público. Todos los paraguayos, pues, debemos ser celosos vigilantes.
Por lo demás, trabajemos.
Paraguay funcionará en la medida en que pongamos hombros y brazos. Y mucho mejor si lo hacemos en el marco del respeto mutuo. Fernando Lugo no podrá hacer solo con su equipo de ministros el país que queremos si todos no tiramos para arriba.
La democracia es la doctrina política que favorece a la intervención del pueblo en el gobierno. Ella, la democracia, sin embargo, reclama la contrapartida de la obligación para dejar gozar de las mieles del derecho. Aportando la voluntad de hacer bien nuestras tareas cotidianas como ciudadanos de a pié estaremos haciendo como que intervenimos en el gobierno. Este involucramiento activo será un alto y macizo muro contra quienes desean volver al sistema autoritario de gobierno que no hace sino, a la larga, empobrecer más a la nación y enriquecer a un puñado de sinvergüenzas.

viernes, 9 de mayo de 2008

Llueve a cántaros en Ciudad del Este

En los días de lluvia, en aquellos últimos años de la década de 1950, nos fascinaba escapar de nuestros padres e ir hasta el raudal que corrían en las culebreantes canales que fueron abriéndose, naturalmente, a fuerza de la suma de torrenciales lluvias.
Las ideas de llegar a ellas eran dos: caminar por esos virtuales arroyos y; represar sus aguas sucias con barro, cascotes, ramas verdes, latas, palos secos, bosta de vaca y cuantos objetos estén a nuestro alcance para que, finalmente, liberemos el agua y se escurra hacia los bajos hasta desembocar en el arroyo Pasopé, mientras un enorme arco iris adorna el cielo guaireño.
Esas lluvias que bañaban las escarpadas faldas del cerro Ybytyruzú y sus lejanos llanos por donde decidió quedar la viajera Villarrica, retornan a nuestra memoria cuando se desatan las intensas lluvias sobre el microcentro de Ciudad del Este.
Cuando las ventas se han reducido, como en los últimos tiempos, y llueve, los “mesiteros” no tienen más opción que bajar todas las carpas de plástico, resguardar con otras las mercaderías expuestas en las precarias mesas y aguardar con paciencia que termine de llover.
Entre tanto, no tienen otra sino entretenerse mirando correr el agua sobre el asfalto hacia la próxima boca del alcantarillado.
Pocos caminantes bajo la lluvia intensa. Unos pocos “sacoleiros” buscan llegar hasta la parada del bus que les llevará hasta algún hotelucho de Foz de Yguazú, agazapados, apresuran la marcha.
Los “pancheros” se resguardan como puedan, junto a sus agujereados y frágiles carros - cocinas.
Los taxistas se encierran en sus autos de vidrios apañados.
Los vendedores, que conservadoras de por medio, ofertan gaseosas y cervezas brasileñas en latas, sencillamente te borraron de la calle, lo mismo que las chiperas, los quinieleros y los limpiadores de parabrisas de las esquinas con semáforos.
Llueve a cántaros en Ciudad del Este.
Unos niños de la calle, caminan en las veredas empapadas, manifestando travesuras en los cuencos camineros con aguas acumuladas. Sus sucias remeras con leyendas políticas de las últimas elecciones municipales y sus rotosos pantaloncitos se pegan a la piel, con días sin bañar.
Se dirigen hacia cualquier parte, hacia donde les lleve sus flacas piernas y sus pies descalzos; hacia donde pidan un bocado cuando sus pancitas reclaman o, se apoderen de algún objeto ligero, inspirados en sus incorregibles biscacherías.
Están mojados como pollitos.
Las calles de la capital departamental hacen un alto mientras llueve; mientras la tormenta eléctrica suspende el servicio de energía en la ciudad y; el viento furioso se hace oír entre las rendijas de la casa.
Desde lo alto del departamento no veo, por la intensa lluvia, los árboles de la avenida Madama Linch, y mucho menos, los de las alturas del Área Uno, el elegante barrio de las cercanías al Lago de la República.
Otra lluvia sobre la nueva ciudad. Como las que son capaces de suspender sus actividades comerciales; como las que motivan las ocurrencias de los niños de la calle; como las de Villarrica de aquellos últimos años de la década de 1950.

FUENTE: Martínez Cuevas, Efraín, “Crónicas de la misma ciudad”, Editora Ricor, Asunción, 2002, pp. 77/79.

Los primeros caballos de Paraguay

En la travesía de San Vicente, actual territorio brasileño, a Asunción, el Segundo Adelantado del Río de la Plata, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, introdujo al Paraguay “los veinte y seis caballos y yeguas que habían escapado en la navegación”, según relata el propio adelantado en su obra “Naufragios y Comentarios” 1/.
Se trata de los primeros equinos introducidos a la provincia del Paraguay, que causaron temores a la población indígena, hecho apuntado por Álvar Núñez: “era cosa muy de ver cuán temidos eran los caballos por todos los indios de aquellas tierras y provincia, que del temor que les habían, les sacaban al camino para que comiesen muchos mantenimientos, gallinas y miel diciendo que porque no se enojasen que ellos le darían muy bien de comer; y por los sosegar que no desamparasen sus pueblos; asentaban el real muy apartado de ellos, y porque los cristianos no les hiciesen fuerzas ni agravios. Y con ésta orden y viendo que el gobernador castigaba a quien en algo los enojaba, venían todos los indios tan seguros con sus mujeres e hijos, que era cosa de ver; y de muy lejos venían cargados con mantenimientos sólo por ver los cristianos y los caballos, como gente que nunca tal habíha visto para por sus tierras” 2/.
El sábado 11 de marzo de 1542, a las nueve de la mañana, llegaron los primeros 26 caballos y yeguas a Asunción en medio de sustos y alegrías de la población nativa - hispana de la nueva Asunción 3/.
El inicial temor de los indígenas al equino fue superado progresivamente. Después no habría un varón nativo que no aprecie y monte esta especie. Félix de Azara apuntó que los indígenas Guanás, por ejemplo, no querían viajar “sino en buen caballo” 4/. Mientras que los Albaias “tienen bastante y buenos caballos que estiman mucho y los que destinan para las batallas no los enagenarían por nada del mundo” 5/.
Añade el historiador que cuando estos indígenas van a la guerra montan sus peores caballos para acercarse al enemigo y que cada uno conduce por la brida el destinado para la batalla y que lo monta soltando el malo “luego que está a punto de obrar” 6/. Mediante la ventaja del caballo ganaron importantes batallas a las tribus contrarias. Sus mejores caballos eran sacrificados a la hora de morir el bueno 7/.
Eran otros tiempos, lejanos a aquellos cuando los indígenas creían que caballo y caballero, al decir de Francisco Morales Padrón 8/, formaba una sola pieza. Mediante ese temor también Hernán Cortés ganó importantes batallas.
Llama la atención el hecho de que los indígenas hayan ofrecido “gallinas y miel” a los caballos. Morales Padrón se preocupa de aclarar este asunto, apelando a experiencias vividas en otras regiones del continente. “En algunos sitios - dice - creyeron los indígenas que el caballo era un ser carnívoro (…) algunos llegan a suponer que comían hombres al ver el freno ensangrentado o que se alimentaban con el hierro que les gobierna, por lo cual le llevaban como manjar oro y plata (…) Así lo cuenta el inca Garcilaso. Y los españoles, astutos, recomendaron a los indios que diesen a los caballos mucha de aquella comida si querían que los equinos se hicieran amigos suyos” 9/.
Sin dudas, el principal aporte de Alvar Núñez Cabeza de Vaca a la naciente economía de la Conquista fue la caballada. Mediante ella, la expansión española, en las nuevas tierras fue permanente, sólida y duradera. Fue más fácil con los caballos disponibles fundar nuevas ciudades. Aquellos cinco yeguas y dos caballos traídos añois antes por Mendoza a Buenos Aires fueron multiplicados por miles y abandonados en la extensa Pampa, pero - que al decir de Carlos Zubizarreta - “durante casi todo el período colonial sirvieron únicamente para alimento y medro del indio Araucano” 10/.
(Fuente: Martínez Cuevas, Efraín, “La ganadería en el Paraguay”, La Rural Ediciones, Asunción, 1987, 248 pp.)
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CITAS:
1- CABEZA DE VACA, Álvar, Núñez, “Naufragios y comentarios”, Espasa-Cape, Madrid, 1957, p. 119.
2- CABEZA DE VACA, idem, pp. 122 - 123.
3- Idem, p. 135.
4- AZARA, Félix de, “Descripciones e historia del Paraguay y del Río de la Plata”, Imprenta de Sanchiz, Madrid, 1847, p. 204.
5- Idem, p. 209.
6- Idem, p. 210.
7- Idem, p. 211.
8- MORALES PADRÓN, Francisco, “Los conquistadores de América”, Espasa-Calpe, Madrid, 1974, p. 109.
9- Idem, pp 114 - 115.
10- ZUBIZARRETA, Carlos, “Historia de mi ciudad”, Emasa, Asunción, 1964, p. 38.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Causas de la independencia de Paraguay

Una vez radicado en España y de haber hurgado en la Biblioteca Nacional de Madrid (foto) durante un buen tiempo, me queda claro que muy poco he aprendido en Paraguay sobre la independencia de nuestro país. Me queda más que claro, contundente, que el golpe militar de aquella noche del 14 de mayo de 1811 no fue precisamente por las ansias de libertad, sino por una situación coyuntural que debía de aprovecharse, se aprovechó y desde aquel momento Paraguay es libre y soberano.
Trataré de explicarme.
Los reyes de entonces de España estaban en otra cosa: cuidaban los jardines de Aranjuéz, donde estaban residiendo; hacían buenos platillos de peces, jamones, corderos; gustaban vestirse bien, escuchar lindas músicas de la época, presenciar festivales de danzas, toda esa onda.
Entre tanto, el ejercito de Napoleón Bonaparte ya estaba en las cercanías de Madrid, listo para hacerse del poder español.
El 2 de mayo de 1808, indignado, el pueblo salió a la calle a defender con las armas a su alcance a la nación contra el invasor francés. Aquello fue una carnicería. A la larga, Napoleón no salió con la suya. Con el tiempo España supo ponerse de pié.
¿Qué pasaba, entre tanto, en las colonias españolas en América? Los representantes del rey, desde luego, no serían más papistas que el Papa, por lo que aquello quedó a lo que Dios es Grande. Eran tiempos del cada uno para si y Dios para todos.
La historia secreta de la conspiración independentista de Paraguay no es precisamente la que nos cuentas como en las historias de hadas y príncipes. Paraguay nunca fue el favorito de la monarquía española, no por eso - sin embargo -dejaba de apreciar, seguramente, los tributos respectivos que llegaba a la corona desde tierras guaraníes.
Historiadores españoles, europeos y norteamericanos, cuyos libros hay en la Biblioteca Nacional, coinciden con que Paraguay no pasó de ser sino la modesta villa en el camino que conduce al Alto Perú, donde, sí, había suficiente interés español por sus minerales.
Los hermanos Robertson cuentan en “Letters on Paraguay” que unos años después de la independencia, españoles residentes en Paraguay derrocados del poder, entre ellos Bernardo de Velasco, nunca se han marchado de Asunción por el hecho de haber salido del poder. Por el contrario, cuentan los referidos hermanos ingleses que Velasco no faltaba a ninguna fiesta de la alta alcurnia asuncena realizada en esa época, compartiendo con Fulgencio Yegros, Fernando de la Mora, etc., como en la que organizó la anciana Juana Esquivel en su casa en las afueras de Asunción, en Trinidad.
Queda claro que Paraguay se independizó porque España no atendía lo suyo. Hasta podríamos decir que mediante la invasión napoleónica a España, un grupo de paraguayos pudo pegar el golpe independentista aquella noche del 14 de mayo a 13.000 kilómetros de Madrid.
En las historias contadas en los libros de textos de Paraguay hay mucha fantasía que no se justifican. Valga el comentario a poco de celebrarse los 197 años de nuestra independencia política de la Madre Patria.

martes, 29 de abril de 2008

José Martí y las prostitutas

"Pasaron por la calle del Desengaño"
(Pio Baroja, Las noches del Buen Retiro)
Fui a esa antigua calle en pos del reportaje para el diario Crónica de Asunción; observé a las putas apostadas en sus veredas, tomé fotografías y me detuve ante el edificio de cinco pisos en la esquina del hotel "Petit Palace italia", donde una noche me había alojado. En ese edificio, de la esquina de las calles madrileñas Desengaño y Gonzálo Giménez de Quesada, vivió José Julián Martí Pérez (José Martí), el héroe cubano nacido el 28 de enero de 1853 y fallecido el 19 de mayo de 1895, durante algunos años de su destierro.
Martí fue poeta, escritor, abogado, filósofo, patriota y héroe cubano. De 1890 a 1891 fue cónsul paraguayo en Nueva york. Sus padres fueron los españoles Mariano Martí y Navarro y Leonor Pérez Cabrera.
Su primer viaje a españa fue en 1857 regresando en 1859. Por cuestiones políticas fue desterrado a Cadiz el 15 de enero de 1871 y poco después se radicó en en la casa de la dirección mencionada. Aquí estudio derecho y filosofía, volviendo luego a su país, años después.
La placa recuerda el nombre del héroe cubano en el viejo edificio mientras las prostitutas ofertan sus servicios en las veredas aledañas.

domingo, 27 de abril de 2008

Volver a casa

En estos últimos días no volví a escribir en mi blog. Me detuve un par de días para pensar mi futuro. Debo decirles, con sinceridad, que en España lo paso bien; tengo a varios de mis parientes por aquí, tengo buenos amigos paraguayos, españoles y de otras nacionalidades, trabajo como cualquier otro compatriota emigrado, disfruto de todo lo que es España en particular y; de Europa, en general, que me ofrece a diario oportunidades para asombrarme.
Claro, he sufrido como todos los duros comienzos, los fracasos agazapados detrás de cada emprendimiento equivocado o de ideales irrealizables. Luego de sentir el peso de mi cuerpo caído sobre mis sangrantes rodillas, y volver a levantarme puedo decir que me siento bien en España.
Pero...
Siempre hay un pero...
Yo también miré con buenos ojos que los zares de la corrupción se separen del poder en nuestro país. Ellos fueron los principales causantes de la desgracia económica y social de nuestro pueblo fenómeno que motivó el desplazamiento de al menos 1.000.000 de compatriotas a lejanos países. Me pone muy feliz saber que los colorados en el poder irán a la llanura a buscar la merecida y justa purificación. Reitero: colorados en el poder; porque - seguro estoy - los colorados decentes siempre estuvieron en la llanura.
Y miré con esperanza la nueva patria que comenzó el 20 de abril de 2008.
Reflexioné en estos últimos días sobre mi compromiso como paraguayo; pensé en mis naturales derechos de quién nació en ese bello país. Me preguntaba si era suficiente que yo alentara que los delincuentes colorados que deseaban seguir en el poder sean marginados y que gane Fernando Lugo o que, también acompañe mis deseos iniciales con acciones personales coherentes y útiles.
Pienso seriamente volver a Paraguay.
Sí, lo sé: no hay trabajo en Paraguay, pero ya hay una esperanza. Antes no había ni trabajo ni esperanza. La esperanza es el sueño del hombre despierto, dijo Aristóteles. Me creo despierto y, como tal, comprendo que mis reinicios en mi país volverán a ser duros para mis intenciones laborales. Pero deseo volver más pronto que más tarde. Es un derecho que tenemos los que fuimos rechazados por un sistema perverso, felizmente derrotado.
Y volver y hombrear de nuevo.
Volver a empezar. Y cuando hay esperanzas se puede empezar, desarrollar y terminar las buenas ideas. Hace unos días me dijo una compatriota que volverá este fin de mes a Paraguay, luego de estar cuatro años en España y que ella tampoco sabe en qué va a trabajar, que lo que gane no será suficiente, pero que "algo voy a hacer con ganas", dijo entusiasmada.
Digo que no es suficiente que aliente el cambio sino que, creo, yo también me debo involucrar en el compromiso del cambio. Los primeros momentos serán duros y para las cosas duras estamos hechos los inmigrantes, los parias de la transición democrática del Paraguay cuyas mieles no fueron sino para los barones del coloradismo, ni siquiera para la mayoría colorada. Más duro de lo que habíamos pasado lejos de casa no pasaremos con los colorados fuera del poder en Paraguay. Eso creo y espero.
Pienso que debo volver y acompañar el esfuerzo de los nuevos gobernantes. Acompañar como un vecino más que trabaja, que procura cumplir sus compromisos ciudadanos, de volver a las reuniones de barrio; de procurar hacer lo que hasta hace unos 15 años atrás hacíamos con gusto y esperanza, porque - ¿se acuerdan? - había caído el régimen de Alfredo Stroessner. Con lo que no habíamos contado era que con sus herederos políticos no había mucho cambio. Dicho y hecho.
Sé que muchos inmigrantes acaso se enfaden conmigo por esta postura. Les quiero responder que está inspirada en un deseo íntimo de sumar y no de restar. El deseo de volver ser yo mismo en mi país, donde pueda soñar con algún emprendimiento que ayude, desde mi puesto, a rehacer lo destruido por gobernantes inútiles y rapaces.
Pero también me imagino que todos los inmigrantes desean volver a Paraguay y que muchos de ellos esperan que primero esté bien el país y luego hacer maletas para volver. A esos inmigrantes les concedo razón. Particularmente pienso que cada uno debemos aportar nuestro grano de arena para levantar lo arrasado. Yo quiero aportar lo mío, y lo haré con gusto.Por eso, estoy pensando seriamente volver a casa, más temprano que tarde, aún cuando en Europa me sienta bien y me tratan muy bien.