Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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viernes, 16 de mayo de 2008

Sobre el hombro de cada paraguayo

Paraguay puede volver a ser un gran país. Las condiciones políticas, entendidas como las que fueron logradas a través de las urnas el pasado 20 de abril, están dadas. De ahora en delante dependerá de todos los habitantes del país para que ese objetivo sea alcanzado, y no sólo del nuevo presidente de la República.
Hay compatriotas que abdicaron sus derechos y obligaciones a favor del presidente electo. Están equivocados. También hay dirigentes sociales que llevan adelante planes de invasión a la propiedad privada bajo el supuesto amparo del nuevo gobierno electo. También están equivocados.
El gran país que nos merecemos los paraguayos lo debemos hacer entre todos. Y lo haremos, como siempre lo hicimos con la diferencia entre el ayer y el hoy y el futuro: de que ahora hay esperanza de que el esfuerzo de cada uno de los paraguayos no caiga en saco roto por culpa de patanes y corruptos empotrados en el poder.
Más que nunca, desde ahora debemos de hacer lo que la hormiguita trabajadora. Cada uno poniendo hombros y liberándose, como se pueda, de modelos nefastos: el compadrazgo, la compra de autos robados (“tengo un maucito”), dejando de pagar impuestos o multas, de ocupar un cargo en la función pública por haber sido operador político de la lista ganadora, admitiendo el contrabando y envidiando al contrabandista.
El país que tenemos será grande, querido y respetado, en la medida que cada uno volvamos a la esencia de las cosas: decencia, trabajo, respeto, solidaridad, lealtad, tolerancia, prudencia, justicia, fortaleza y templanza; volver al hábito de obrar bien, independientemente a lo que la ley imponga para el logro de la convivencia armónica.
Entiendo que las cosas son así, el gobierno puede hacer todavía mejor su tarea, especialmente para que los paraguayos seamos sanos y tengamos un lugar para trabajar. El derecho a elegir a nuestros gobernantes no tiene mucha gracia si no hay una paga hecha bienestar colectivo.
Carlos Fuentes, escritor mejicano, quien - al igual que los paraguayos - ha sufrido a lo largo de su vida la vigencia de un partido profundamente estoqueado por la corrupción en su país, pregona que para no volver al autoritarismo se debe trabajar, emplear el capital humano, priorizar la educación, las infraestructuras de la salud, la vivienda, etc. Ser parte del mundo pero en base a la tarea localizada.
Protestar es sano y fortalece al sistema democrático. Los paraguayos debemos protestar cada vez que así lo requiera. Pero hacerlo por el simple gusto de hacerlo como acostumbran los dirigentes sociales que encuentran, incluso, un modo de vida en dichos hábitos, no nos llevará sino a nuevos atolladeros sin ni isiquiera haber salido antes de los que ya nos hemos metido.
Protestemos saliendo a las calles si vemos en el nuevo equipo de gobierno que repiten los errores del gobierno saliente, sobre todo cuando los nuevos referentes quieran enriquecerse a cuentas del erario público. Todos los paraguayos, pues, debemos ser celosos vigilantes.
Por lo demás, trabajemos.
Paraguay funcionará en la medida en que pongamos hombros y brazos. Y mucho mejor si lo hacemos en el marco del respeto mutuo. Fernando Lugo no podrá hacer solo con su equipo de ministros el país que queremos si todos no tiramos para arriba.
La democracia es la doctrina política que favorece a la intervención del pueblo en el gobierno. Ella, la democracia, sin embargo, reclama la contrapartida de la obligación para dejar gozar de las mieles del derecho. Aportando la voluntad de hacer bien nuestras tareas cotidianas como ciudadanos de a pié estaremos haciendo como que intervenimos en el gobierno. Este involucramiento activo será un alto y macizo muro contra quienes desean volver al sistema autoritario de gobierno que no hace sino, a la larga, empobrecer más a la nación y enriquecer a un puñado de sinvergüenzas.

viernes, 9 de mayo de 2008

Llueve a cántaros en Ciudad del Este

En los días de lluvia, en aquellos últimos años de la década de 1950, nos fascinaba escapar de nuestros padres e ir hasta el raudal que corrían en las culebreantes canales que fueron abriéndose, naturalmente, a fuerza de la suma de torrenciales lluvias.
Las ideas de llegar a ellas eran dos: caminar por esos virtuales arroyos y; represar sus aguas sucias con barro, cascotes, ramas verdes, latas, palos secos, bosta de vaca y cuantos objetos estén a nuestro alcance para que, finalmente, liberemos el agua y se escurra hacia los bajos hasta desembocar en el arroyo Pasopé, mientras un enorme arco iris adorna el cielo guaireño.
Esas lluvias que bañaban las escarpadas faldas del cerro Ybytyruzú y sus lejanos llanos por donde decidió quedar la viajera Villarrica, retornan a nuestra memoria cuando se desatan las intensas lluvias sobre el microcentro de Ciudad del Este.
Cuando las ventas se han reducido, como en los últimos tiempos, y llueve, los “mesiteros” no tienen más opción que bajar todas las carpas de plástico, resguardar con otras las mercaderías expuestas en las precarias mesas y aguardar con paciencia que termine de llover.
Entre tanto, no tienen otra sino entretenerse mirando correr el agua sobre el asfalto hacia la próxima boca del alcantarillado.
Pocos caminantes bajo la lluvia intensa. Unos pocos “sacoleiros” buscan llegar hasta la parada del bus que les llevará hasta algún hotelucho de Foz de Yguazú, agazapados, apresuran la marcha.
Los “pancheros” se resguardan como puedan, junto a sus agujereados y frágiles carros - cocinas.
Los taxistas se encierran en sus autos de vidrios apañados.
Los vendedores, que conservadoras de por medio, ofertan gaseosas y cervezas brasileñas en latas, sencillamente te borraron de la calle, lo mismo que las chiperas, los quinieleros y los limpiadores de parabrisas de las esquinas con semáforos.
Llueve a cántaros en Ciudad del Este.
Unos niños de la calle, caminan en las veredas empapadas, manifestando travesuras en los cuencos camineros con aguas acumuladas. Sus sucias remeras con leyendas políticas de las últimas elecciones municipales y sus rotosos pantaloncitos se pegan a la piel, con días sin bañar.
Se dirigen hacia cualquier parte, hacia donde les lleve sus flacas piernas y sus pies descalzos; hacia donde pidan un bocado cuando sus pancitas reclaman o, se apoderen de algún objeto ligero, inspirados en sus incorregibles biscacherías.
Están mojados como pollitos.
Las calles de la capital departamental hacen un alto mientras llueve; mientras la tormenta eléctrica suspende el servicio de energía en la ciudad y; el viento furioso se hace oír entre las rendijas de la casa.
Desde lo alto del departamento no veo, por la intensa lluvia, los árboles de la avenida Madama Linch, y mucho menos, los de las alturas del Área Uno, el elegante barrio de las cercanías al Lago de la República.
Otra lluvia sobre la nueva ciudad. Como las que son capaces de suspender sus actividades comerciales; como las que motivan las ocurrencias de los niños de la calle; como las de Villarrica de aquellos últimos años de la década de 1950.

FUENTE: Martínez Cuevas, Efraín, “Crónicas de la misma ciudad”, Editora Ricor, Asunción, 2002, pp. 77/79.

Los primeros caballos de Paraguay

En la travesía de San Vicente, actual territorio brasileño, a Asunción, el Segundo Adelantado del Río de la Plata, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, introdujo al Paraguay “los veinte y seis caballos y yeguas que habían escapado en la navegación”, según relata el propio adelantado en su obra “Naufragios y Comentarios” 1/.
Se trata de los primeros equinos introducidos a la provincia del Paraguay, que causaron temores a la población indígena, hecho apuntado por Álvar Núñez: “era cosa muy de ver cuán temidos eran los caballos por todos los indios de aquellas tierras y provincia, que del temor que les habían, les sacaban al camino para que comiesen muchos mantenimientos, gallinas y miel diciendo que porque no se enojasen que ellos le darían muy bien de comer; y por los sosegar que no desamparasen sus pueblos; asentaban el real muy apartado de ellos, y porque los cristianos no les hiciesen fuerzas ni agravios. Y con ésta orden y viendo que el gobernador castigaba a quien en algo los enojaba, venían todos los indios tan seguros con sus mujeres e hijos, que era cosa de ver; y de muy lejos venían cargados con mantenimientos sólo por ver los cristianos y los caballos, como gente que nunca tal habíha visto para por sus tierras” 2/.
El sábado 11 de marzo de 1542, a las nueve de la mañana, llegaron los primeros 26 caballos y yeguas a Asunción en medio de sustos y alegrías de la población nativa - hispana de la nueva Asunción 3/.
El inicial temor de los indígenas al equino fue superado progresivamente. Después no habría un varón nativo que no aprecie y monte esta especie. Félix de Azara apuntó que los indígenas Guanás, por ejemplo, no querían viajar “sino en buen caballo” 4/. Mientras que los Albaias “tienen bastante y buenos caballos que estiman mucho y los que destinan para las batallas no los enagenarían por nada del mundo” 5/.
Añade el historiador que cuando estos indígenas van a la guerra montan sus peores caballos para acercarse al enemigo y que cada uno conduce por la brida el destinado para la batalla y que lo monta soltando el malo “luego que está a punto de obrar” 6/. Mediante la ventaja del caballo ganaron importantes batallas a las tribus contrarias. Sus mejores caballos eran sacrificados a la hora de morir el bueno 7/.
Eran otros tiempos, lejanos a aquellos cuando los indígenas creían que caballo y caballero, al decir de Francisco Morales Padrón 8/, formaba una sola pieza. Mediante ese temor también Hernán Cortés ganó importantes batallas.
Llama la atención el hecho de que los indígenas hayan ofrecido “gallinas y miel” a los caballos. Morales Padrón se preocupa de aclarar este asunto, apelando a experiencias vividas en otras regiones del continente. “En algunos sitios - dice - creyeron los indígenas que el caballo era un ser carnívoro (…) algunos llegan a suponer que comían hombres al ver el freno ensangrentado o que se alimentaban con el hierro que les gobierna, por lo cual le llevaban como manjar oro y plata (…) Así lo cuenta el inca Garcilaso. Y los españoles, astutos, recomendaron a los indios que diesen a los caballos mucha de aquella comida si querían que los equinos se hicieran amigos suyos” 9/.
Sin dudas, el principal aporte de Alvar Núñez Cabeza de Vaca a la naciente economía de la Conquista fue la caballada. Mediante ella, la expansión española, en las nuevas tierras fue permanente, sólida y duradera. Fue más fácil con los caballos disponibles fundar nuevas ciudades. Aquellos cinco yeguas y dos caballos traídos añois antes por Mendoza a Buenos Aires fueron multiplicados por miles y abandonados en la extensa Pampa, pero - que al decir de Carlos Zubizarreta - “durante casi todo el período colonial sirvieron únicamente para alimento y medro del indio Araucano” 10/.
(Fuente: Martínez Cuevas, Efraín, “La ganadería en el Paraguay”, La Rural Ediciones, Asunción, 1987, 248 pp.)
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CITAS:
1- CABEZA DE VACA, Álvar, Núñez, “Naufragios y comentarios”, Espasa-Cape, Madrid, 1957, p. 119.
2- CABEZA DE VACA, idem, pp. 122 - 123.
3- Idem, p. 135.
4- AZARA, Félix de, “Descripciones e historia del Paraguay y del Río de la Plata”, Imprenta de Sanchiz, Madrid, 1847, p. 204.
5- Idem, p. 209.
6- Idem, p. 210.
7- Idem, p. 211.
8- MORALES PADRÓN, Francisco, “Los conquistadores de América”, Espasa-Calpe, Madrid, 1974, p. 109.
9- Idem, pp 114 - 115.
10- ZUBIZARRETA, Carlos, “Historia de mi ciudad”, Emasa, Asunción, 1964, p. 38.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Causas de la independencia de Paraguay

Una vez radicado en España y de haber hurgado en la Biblioteca Nacional de Madrid (foto) durante un buen tiempo, me queda claro que muy poco he aprendido en Paraguay sobre la independencia de nuestro país. Me queda más que claro, contundente, que el golpe militar de aquella noche del 14 de mayo de 1811 no fue precisamente por las ansias de libertad, sino por una situación coyuntural que debía de aprovecharse, se aprovechó y desde aquel momento Paraguay es libre y soberano.
Trataré de explicarme.
Los reyes de entonces de España estaban en otra cosa: cuidaban los jardines de Aranjuéz, donde estaban residiendo; hacían buenos platillos de peces, jamones, corderos; gustaban vestirse bien, escuchar lindas músicas de la época, presenciar festivales de danzas, toda esa onda.
Entre tanto, el ejercito de Napoleón Bonaparte ya estaba en las cercanías de Madrid, listo para hacerse del poder español.
El 2 de mayo de 1808, indignado, el pueblo salió a la calle a defender con las armas a su alcance a la nación contra el invasor francés. Aquello fue una carnicería. A la larga, Napoleón no salió con la suya. Con el tiempo España supo ponerse de pié.
¿Qué pasaba, entre tanto, en las colonias españolas en América? Los representantes del rey, desde luego, no serían más papistas que el Papa, por lo que aquello quedó a lo que Dios es Grande. Eran tiempos del cada uno para si y Dios para todos.
La historia secreta de la conspiración independentista de Paraguay no es precisamente la que nos cuentas como en las historias de hadas y príncipes. Paraguay nunca fue el favorito de la monarquía española, no por eso - sin embargo -dejaba de apreciar, seguramente, los tributos respectivos que llegaba a la corona desde tierras guaraníes.
Historiadores españoles, europeos y norteamericanos, cuyos libros hay en la Biblioteca Nacional, coinciden con que Paraguay no pasó de ser sino la modesta villa en el camino que conduce al Alto Perú, donde, sí, había suficiente interés español por sus minerales.
Los hermanos Robertson cuentan en “Letters on Paraguay” que unos años después de la independencia, españoles residentes en Paraguay derrocados del poder, entre ellos Bernardo de Velasco, nunca se han marchado de Asunción por el hecho de haber salido del poder. Por el contrario, cuentan los referidos hermanos ingleses que Velasco no faltaba a ninguna fiesta de la alta alcurnia asuncena realizada en esa época, compartiendo con Fulgencio Yegros, Fernando de la Mora, etc., como en la que organizó la anciana Juana Esquivel en su casa en las afueras de Asunción, en Trinidad.
Queda claro que Paraguay se independizó porque España no atendía lo suyo. Hasta podríamos decir que mediante la invasión napoleónica a España, un grupo de paraguayos pudo pegar el golpe independentista aquella noche del 14 de mayo a 13.000 kilómetros de Madrid.
En las historias contadas en los libros de textos de Paraguay hay mucha fantasía que no se justifican. Valga el comentario a poco de celebrarse los 197 años de nuestra independencia política de la Madre Patria.

martes, 29 de abril de 2008

José Martí y las prostitutas

"Pasaron por la calle del Desengaño"
(Pio Baroja, Las noches del Buen Retiro)
Fui a esa antigua calle en pos del reportaje para el diario Crónica de Asunción; observé a las putas apostadas en sus veredas, tomé fotografías y me detuve ante el edificio de cinco pisos en la esquina del hotel "Petit Palace italia", donde una noche me había alojado. En ese edificio, de la esquina de las calles madrileñas Desengaño y Gonzálo Giménez de Quesada, vivió José Julián Martí Pérez (José Martí), el héroe cubano nacido el 28 de enero de 1853 y fallecido el 19 de mayo de 1895, durante algunos años de su destierro.
Martí fue poeta, escritor, abogado, filósofo, patriota y héroe cubano. De 1890 a 1891 fue cónsul paraguayo en Nueva york. Sus padres fueron los españoles Mariano Martí y Navarro y Leonor Pérez Cabrera.
Su primer viaje a españa fue en 1857 regresando en 1859. Por cuestiones políticas fue desterrado a Cadiz el 15 de enero de 1871 y poco después se radicó en en la casa de la dirección mencionada. Aquí estudio derecho y filosofía, volviendo luego a su país, años después.
La placa recuerda el nombre del héroe cubano en el viejo edificio mientras las prostitutas ofertan sus servicios en las veredas aledañas.

domingo, 27 de abril de 2008

Volver a casa

En estos últimos días no volví a escribir en mi blog. Me detuve un par de días para pensar mi futuro. Debo decirles, con sinceridad, que en España lo paso bien; tengo a varios de mis parientes por aquí, tengo buenos amigos paraguayos, españoles y de otras nacionalidades, trabajo como cualquier otro compatriota emigrado, disfruto de todo lo que es España en particular y; de Europa, en general, que me ofrece a diario oportunidades para asombrarme.
Claro, he sufrido como todos los duros comienzos, los fracasos agazapados detrás de cada emprendimiento equivocado o de ideales irrealizables. Luego de sentir el peso de mi cuerpo caído sobre mis sangrantes rodillas, y volver a levantarme puedo decir que me siento bien en España.
Pero...
Siempre hay un pero...
Yo también miré con buenos ojos que los zares de la corrupción se separen del poder en nuestro país. Ellos fueron los principales causantes de la desgracia económica y social de nuestro pueblo fenómeno que motivó el desplazamiento de al menos 1.000.000 de compatriotas a lejanos países. Me pone muy feliz saber que los colorados en el poder irán a la llanura a buscar la merecida y justa purificación. Reitero: colorados en el poder; porque - seguro estoy - los colorados decentes siempre estuvieron en la llanura.
Y miré con esperanza la nueva patria que comenzó el 20 de abril de 2008.
Reflexioné en estos últimos días sobre mi compromiso como paraguayo; pensé en mis naturales derechos de quién nació en ese bello país. Me preguntaba si era suficiente que yo alentara que los delincuentes colorados que deseaban seguir en el poder sean marginados y que gane Fernando Lugo o que, también acompañe mis deseos iniciales con acciones personales coherentes y útiles.
Pienso seriamente volver a Paraguay.
Sí, lo sé: no hay trabajo en Paraguay, pero ya hay una esperanza. Antes no había ni trabajo ni esperanza. La esperanza es el sueño del hombre despierto, dijo Aristóteles. Me creo despierto y, como tal, comprendo que mis reinicios en mi país volverán a ser duros para mis intenciones laborales. Pero deseo volver más pronto que más tarde. Es un derecho que tenemos los que fuimos rechazados por un sistema perverso, felizmente derrotado.
Y volver y hombrear de nuevo.
Volver a empezar. Y cuando hay esperanzas se puede empezar, desarrollar y terminar las buenas ideas. Hace unos días me dijo una compatriota que volverá este fin de mes a Paraguay, luego de estar cuatro años en España y que ella tampoco sabe en qué va a trabajar, que lo que gane no será suficiente, pero que "algo voy a hacer con ganas", dijo entusiasmada.
Digo que no es suficiente que aliente el cambio sino que, creo, yo también me debo involucrar en el compromiso del cambio. Los primeros momentos serán duros y para las cosas duras estamos hechos los inmigrantes, los parias de la transición democrática del Paraguay cuyas mieles no fueron sino para los barones del coloradismo, ni siquiera para la mayoría colorada. Más duro de lo que habíamos pasado lejos de casa no pasaremos con los colorados fuera del poder en Paraguay. Eso creo y espero.
Pienso que debo volver y acompañar el esfuerzo de los nuevos gobernantes. Acompañar como un vecino más que trabaja, que procura cumplir sus compromisos ciudadanos, de volver a las reuniones de barrio; de procurar hacer lo que hasta hace unos 15 años atrás hacíamos con gusto y esperanza, porque - ¿se acuerdan? - había caído el régimen de Alfredo Stroessner. Con lo que no habíamos contado era que con sus herederos políticos no había mucho cambio. Dicho y hecho.
Sé que muchos inmigrantes acaso se enfaden conmigo por esta postura. Les quiero responder que está inspirada en un deseo íntimo de sumar y no de restar. El deseo de volver ser yo mismo en mi país, donde pueda soñar con algún emprendimiento que ayude, desde mi puesto, a rehacer lo destruido por gobernantes inútiles y rapaces.
Pero también me imagino que todos los inmigrantes desean volver a Paraguay y que muchos de ellos esperan que primero esté bien el país y luego hacer maletas para volver. A esos inmigrantes les concedo razón. Particularmente pienso que cada uno debemos aportar nuestro grano de arena para levantar lo arrasado. Yo quiero aportar lo mío, y lo haré con gusto.Por eso, estoy pensando seriamente volver a casa, más temprano que tarde, aún cuando en Europa me sienta bien y me tratan muy bien.

jueves, 24 de abril de 2008

Yo, el supremo obispo

(Luis Agüero Wagner)

En uno de los pasajes fantásticos de la celebrada novela “Yo, el Supremo” de Augusto Roa Bastos, un bando del Supremo Dictador de Paraguay Gaspar Rodríguez de Francia aparece clavado en las puertas de una iglesia mucho después de su muerte. La historiografía colonial presenta como el más abominable tirano a este atrayente personaje de la historia sudamericana, que gobernó su país con mano de hierro en la primera mitad del siglo XIX.
La escena imaginada pareciera una metáfora de los recurrentes fantasmas de la política paraguaya, donde los espectros de los dictadores parecen saturar hasta el aire que se respira y los vicios de la contracultura sobrevivir mucho más allá de la muerte.
Era común en el Paraguay en tiempos del dictador Stroessner que sus adulones compitan por el favor del autócrata con ingeniosas zalamerías. Una de las más pintorescas constituyó en proponer al presidente para el ascenso a Mariscal, de modo a equipararlo con la figura de Francisco Solano López, el Mariscal-presidente que enfrentó a la coalición entre Argentina, Brasil y Uruguay que en 1865 Inglaterra financió para abrir el Paraguay al libre comercio de sus productos.
Era normal en tiempos del dictador Stroessner que se establecieran paralelismos entre su figura y la de admirados personajes de la historia política paraguaya como Francisco Solano López, Carlos Antonio López o el dictador Gaspar Rodríguez de Francia. La propaganda del dictador, a la que contribuyeron con entusiasmo muchos empresarios que aún son propietarios de la mayoría de los medios de comunicación en Paraguay, ordenaron, procesaron, inventaron o fabricaron discursos que comenzaban, se articulaban y concluían en la refulgente figura del gran conductor y presidente.
La adulonería hacia el Señor Presidente debía ser explícita para resultar efectiva, y cuanto más exagerada era la proclama de virtudes del dictador, y más gestos la acompañaban, se suponía que también eran mayores sus resultados.El dogma principal que se difundía insistentemente a través de los medios del partido, los comunicadores adictos, los libros de instrucción pública y hasta manuales escolares era sencillo: Stroessner era un sucesor lineal de Solano López y el héroe de la guerra de 1865 a 1870 contra la Triple Alianza, el general Bernardino Caballero. En el guión oficial, Stroessner incluso superaba a los héroes en algunos pasajes.
La trilogía entre el Supremo Dictador que inspiró a Roa Bastos su famosa novela “Yo, el Supremo”, sus sucesores los López y el gobierno de Stroessner se elevó a la altura de lo sagrado y discutirla o ponerla en duda podía traer como consecuencia la prisión, el destierro o el cementerio.La realidad, sin embargo, no se compadecía con tales analogías, dado que el dictador jamás demostró en sus asuntos la honestidad a toda prueba del Supremo Dictador, ni luchó por una política internacional independiente como lo hizo Solano López, sino que aceptó con obsecuencia las directivas de Washington. Tampoco impulsó el desarrollo de los medios de prensa, como lo hizo Carlos Antonio López, más bien se dedicó a clausurarlos.
De todas maneras, es evidente que la costumbre de alabar al poder de turno ha echado raíces en la idiosincrasia popular paraguaya.Según declaraciones de Pompeyo Lugo, hermano del obispo Fernando Lugo, el presidente electo gobernará al Paraguay hasta el año 2013 y posteriormente volverá a la Iglesia Católica para convertirse en sucesor de Benedicto XVI como máximo líder del Vaticano. Antes el parlamentario Cándido Vera Bejarano había afirmado que el Obispo era un mesías enviado por Dios para salvar al Paraguay.
Para comprender esta tradición de adulonería, basta recordar el ejemplo del dictador Stroessner, que de presidente provisional pasó a vitalicio y como vitalicio se auto ascendió a general de ejército, para luego ser propuesto como Mariscal por sus adulones.
Otras similitudes propias de la idiosincrasia paraguaya van apareciendo en las filas del religioso católico, como la costumbre de invocar la representación o el padrinazgo del hombre fuerte para ganar en consideración.
Un partidario del obispo que constantemente se arroga atribuciones en nombre del presidente electo, Hermes Rafael Saguier visitó el martes último junto al saliente vicepresidente de la República, a las 17:30, invocando la representación del obispo Lugo para trabajar con Francisco Oviedo como interlocutor de la Alianza, en la preparación de informes sobre gestión, los presupuestos de cada ministerio, las ejecuciones hasta hoy, cuál va ser el saldo presupuestario, cuáles son las grandes licitaciones. Media hora más tarde, llegó al mismo lugar el diputado Rafael Filizzola , diciendo que también era enviado del Obispo. Posteriormente la prensa reveló que ni Saguier ni Filizzola son los nexos de la Alianza con el gobierno para el traspaso de mando, sino Federico Franco.
Como las cabezas de una hidra, van apareciendo así los nuevos sátrapas de la comarca de la que con perspicacia dijera alguna vez Roa Bastos, el infortunio parece haberse enamorado.