Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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jueves, 14 de julio de 2011

Fotolia, mi descubrimiento

En una época, y de esto hace ya unos cuantos años, fui a lo mejor el periodista qué más fotos publicaba en el diario, en este caso el Abc Color. En este medio trabajé varios años y para este efecto tuve por compañero a mi Pentax MX (foto), una cámara pequeño gran angular con la que tomé mis mejores fotos periodísticas. Hoy la MX ya no sirve sino para tenerla en un rincón de mi biblioteca como una valiosa pieza personal de museo.

Soy de los periodistas que cree que un artículo sin fotos es como un ser humano sin brazos. Aprendí a valorar una buena fotografía, lo mismo que la autoría de quién tomó la imagen.

Valga la introducción para comentarles que estos últimos días he recibido un mail de Rodrigo García (rgarcia@fotolia-noticias.com) quién me explicó las bondades de una empresa internacional que provee fotos a todo el mundo, a precios ínfimos. La empresa se llama Fotolia (http://es.fotolia.com/).

En Internet hay millones de excelentes fotos de temas que uno piense y no piense. Pero todas las fotos tienen un autor a quién se debe respetar o sea, este debe autorizar la publicación de su trabajo, previo acuerdo, con el interesado. No siempre se procede de ese modo sino se baja la foto y ya está. Ese manoseo tiene su consecuencia, muchas veces engorrosa.

El drama se supera con Fotolia que tiene hasta hoy 13.716.814 fotos y 135.718 vídeos. Estamos, sin dudas, ante el primer banco de imágenes del mundo.

Le decía a Rodrigo que me gustaría escribir sobre helicópteros (especialmente los de la Policía Nacional de Paraguay que los adquirió de la compañía española Proiberia SA), lácteos, narcotráfico, etc., sobre los cuales tengo mi propio banco de datos, pero sin fotos. Me dijo que Fotolia me puede proveer la foto adecuada. Me entusiasmó la idea de encontrar en Internet un compañero, Fotolia, que me facilite las fotos sin ese temor propio de quién anda pirateando las ajenas y cuyas consecuencias pueden ser mucho más grave de lo que uno piensa.

Cuando entré en la web de Fotolia, de verdad, quedé asombrado ante las hermosas e ingeniosas fotos que vi ¿De esa calidad serán las fotos que me proveerán para publicarlas en Puerta de Emergencia?, me pregunté sin esperar respuestas. Déjenme decirles que a partir de allí sueño como cuando fui niño.

Me creo un reportero gráfico. Sé el valor de una foto, las dificultades para lograrlas, los esfuerzos que demandan en muchos casos. Lo sé muy bien. A Fotolia lo encuentro en Internet para cuando redacto en mi blog como a mis antiguos compañeros fotógrafos de Abc cuando salíamos en busca de noticias para los lectores del periódico. Yo escribo, Fotolia me provee la foto; el sueño del pibe, como dicen los porteños.

Desde luego, esta noche cuando me encuentre con algunos colegas, les voy a hablar de Fotolia, mi descubrimiento...

viernes, 3 de junio de 2011

Alfredo Seiferheld

A Alfredo Seferheld conocí en la redacción del diario Abc, cuando la década de 1970 empezaba a marcharse. Era un joven de anteojos grandes. Sonreía siempre y de mirada gacha. Usaba ropas claras y muy pocas veces lo vi sin un papel en la mano. Andaba en permanente conversación con los editorialistas del diario, entre ellos con el doctor Enrique Bordenave, con el director; con Luis Alberto Mauro, el jefe de redacción. Ocupaba un espacio al lado de la jefatura de redacción; un espacio sencillo, con un escritorio, una mesita de la máquina de escribir, una silla y sus apuntes ordenadamente puestos sobre la mesa.
Tenía un "Escarabajo" celeste, que estacionaba frente al diario, a la sombra de un lapacho. Su coche le parecía, suelo pensar; como él, sencillo, modesto.
Un día le dije que quería escribir la historia del algodón de Paraguay. Le mostré mis apuntes en una agenda negra que aparté para este tema. Se entusiasmó. Pocos días después me trajo un papelito en el cual anotó referencias del Archivo Nacional de Asunción sobre el algodón. Me dijo que podía acompañarme al Archivo hasta familirizarme con los documentos. Así lo hicimos.
Alfredo fue mi compañero para publicar mi primer libro en 1984. Me fue orientando día a día, hasta publicarlo. No logré la perfección del maestro, fue mi deuda. Y me escribió el prólogo. Y me acompañó a Villarrica, nuestra ciudad, a presentar el libro en el Centro Hispano-Guaireño.
Después del libro sobre algodón ("Los eslabones del oro blanco") me dijo que mal no estaría pensar en la publicación de la historia de la ganadería nacional. Tomé el guante. Publiqué "La ganandería en el Paraguay" en 1987 y lo lancé en la antigua sede de la Asociación Rural del Paraguay, sobre la calle Antequera, de Asunción.
Cuando supe que estaba muy enfermo ya no quería que se le visitara. Prefiero puentear ese momento. Para mi, Alfredo sigue dándome ideas, orientando mis trabajos de investigación cuando, solo, estoy en mi biblioteca.
Entre los años 2006 y 2007 cuando hacía mis tareas diarias en la Biblioteca Nacional de Madrid me preguntaba si qué haría Alfredo si estaba haciendo lo mismo que yo en ese importante centro documental europeo.
Cuando Humberto Rubín me manifestó su deseo de donar la Hemeroteca que lleva el nombre del historiador al Estado me dijo que lo haría, siempre y cuando se mantenga el nombre que ya lo puso: "Hemeroteca Alfredo Seiferheld".
Yo era el director de la Imprenta Nacional donde en un enorme salón montamos estanterías y en los cuales, hasta hoy, están las valiosas colecciones de diarios. La transferencia se realizó con todas las pompas. Me pareció verle siempre a Alfredo andar por dicha hemeroteca queriendo encontrar algún eslabón perdido de la historia que investigaba.
Hoy es 3 de julio de 2011. Muy temprano leí en Facebook unas recordaciones que han hecho Lylian Raquel, su hija y; David, su sobrino, por estos 23 años que se cumplen del fallecimiento del apreciado amigo y maestro. No puedo dejar de adherirme y asombrarme porque el tiempo pase feloz.

domingo, 22 de mayo de 2011

Este blog

En diciembre de 2007, estando radicado en Madrid, empecé a escribir en este blog. Al comienzo no entendía muy bien qué era esto nuevo a mi alcance y, mucho menos si a donde me conduciría. Como es más fácil escribir en la computadora que en el cuaderno de 200 hojas que tenía, me dispuse a cargar mis apuntes en el blog. Ya veremos, me dije por aquel entonces, a donde voy a parar con esto al que le bauticé con el nombre de "Puerta de emergencia".
Desde aquel diciembre de 2007 a esta parte, al menos 100 mil visitas ya me prestigiaron. Desde noviembre de 2009 a esta parte unas 60 mil y colita están registradas. Uf!, qué honor!


Y que conste que en este blog no hay ni fotos de desnudos, ni rock, ni farándulas, ni modas, ni modelos de coches, ni fútbol ni nada de esos temas que a tanta gente atrae en Internet. No. Yo solo escribo sobre lo que me place en el momento, como ahora, de escribir.


La gente visita mi blog y lee lo que le parezca mejor de los 400 y no sé cuantos comentarios que alcé. En estos días hay mucha y sostenida lectura sobre el artículo que titulé "Causas de la independencia paraguaya", supongo que debe ser por el Bicentenario nacional.


Cuando el tzunami de Japón escribí "Profecías sobre Japón", que atrajo a muchos lectores.


Estando en Madrid hice un trabajo de investigación sobre la prostitución de paraguayas en España. Fijé por eje de mis averiguaciones los avisos clasificados de los grandes diarios madrileños y publiqué "Cuanto cobras las prostitutas paraguayas en Madrid", artículo que se lee en forma permanente hasta hoy, a más de tres años de publicación.


Un domingo sentí el aroma del café proveniente de alguna cocina del vecindario. Me inspiró escribir "El café" que, parece, gusta a la gente.


"Nombre de caballos famosos" es otro artículo del blog que tiene sus lectores, preferentemente de España, México, Colombia, Argentina y Uruguay. Parece que, pese a la modernidad, mucha gente tiene apego a los equinos. Yo, también.


"Estafan por envío de carga a Paraguay" es un tema que promueve comentarios de paraguayos estafados en España.


En fin, hoy puedo arriesgar pensar que hay lectores para cada tema que expongo en el blog.


Mi autoestima, arriba, por esta respuesta formidable. "Hay que tener confianza en sí mismo. Si uno no la tiene, ¿cómo la va a comunicar a los demás?", dijo Pio Baroja en "El gran torbellino del mundo". Mi confianza se volvió mucho más grande mediante ustedes. Gracias, a todos.







lunes, 16 de mayo de 2011

Carumbé y cachapé

Hay varios modelos y tipos de carro. Según la Real Academia Española, generalmente se llaman carros aquellos vehículos de dos ruedas tirados por animales. También están los carromatos los que, sí, pueden tener dos o cuatro ruedas. Se llama carreta sobre todo al transporte de carga tirado por bueyes.
Se le llama coche al carruaje de cuatro ruedas. Se llama carruaje a todo carro y/o coche.


Hay diversas modelos de carruajes: Americana, Berlina, Birlocho, Cachapé, Calesa, Carricoche, carromato, diligencia, Faetón, Galera, Guayín, Landó, Landeaux, Simón, etc.


El Carumbé (foto) es el carro de dos ruedas y su nombre absolutamente paraguayo. Es el transporte villarriqueño por antonomasia, ya que Encarnación, la otra ciudad paraguaya que lo tenía entre sus mobiliarios, ya le dió de baja. No hay otro carumbé; sí, otros tipos de carros, como los cachapés entre los brasiguayos y los mennonitas y; el berlina, entre los mennonitas de Rio Verde, San Pedro.


Volviendo a los modelos de carruajes, no debiera confundirse uno con otro. Es una tontera, por no decir ignorancia, llamar "Escarabajo" a un Ford tipo "Cordel", así sean ambos automóviles.


Mal podríamos llamar "despensa" a un supermercado, por más que en ambos lugares se venden las mismas mercancías.


Lo mismo diríamos de los carruajes. El carumbé, es un modelo de carro para pasajeros; el cachapé es un tipo de carro para pasajeros y cargas. Aquel tiene dos ruedas y; este, cuatro.


Digo todo esto porque veo que en los diarios de Asunción se insiste en llamar carumbé al transporte tirado por un caballo, que tiene cuatro ruedas y está acondicionado para transladar gente.


No es carumbé, es cachapé, también conocido con el nombre de Carro polaco.


Supongo que los periodistas encargados de las coberturas respectivas no saben diferenciar un carro de otro y; quizás, efectivamente, no sepan los nombres de cada uno por lo que le dan el nombre que les venga en ganas, en este caso carumbé al cachapé o carro polaco.


Una de las misiones primeras del periodista es saber. El periodista debe estudiar siempre. No es difícil, mucho menos en estos tiempos del Internet, saber el nombre de los carros. Se "guglea" y ya está.


Para los que insisten llamar "Carumbé" al "Cachapé", cero en conocimiento general. El único carumbé de Paraguay es el de Villarrica. El carumbé es un tipo de carro; no todos los carros son carumbés. No sé si me explico.

martes, 3 de mayo de 2011

Club de lectores de Federico García Lorca

Visité a Julio Dominguez, mi librero. Hace muchos años que él está sumergido entre los libros; se sabe todos los títulos y autores, como todo buen librero. Me agrada mucho hablar con él de los temas que me apetece abordar con alguien como él, empapado de libros. Además siempre tiene en su morral de ofertas algo que me interesa.
Cuando en su pequeña librería de la calle 25 de Mayo nos encontramos con Francisco Pérez Maricevich, la charla se vuelve más intensa, apasionante en algunos tramos, llena de gracia mediante las anécdotas que Pancho sabe de tirios y troyanos.
Un par de veces "atrapé" al doctor Miguel Angel Pangrasio en ese sitio que, felizmente, se va convirtiendo en una suerte de guarida de gente interesante y hasta de verdaderos íconos del conocimiento como Pangrasio. Escucharlo es todo un regalo de la Providencia.
Le dije a julio que compré cuatro títulos de Pío Baroja en mi reciente visita a las librerías de Buenos Aires. Él - Julio, no el escritor español, quién, además, hace más de cincuenta años está muerto - sabe que yo sigo las novelas de Baroja. Me prometió que ni bien caiga una en sus manos, me reservaría.
Le suelo comentar algunos pasajes de las novelas que leo. Y le confesé que él es mi único interlocutor para charlar sobre Baroja. Un interlocutor válido, porque él sigue con interés lo que le cuento que hasta lo anota, inclusive, supongo que para cuando encuentre los libros para su venta posterior. Y por el gusto de saber, ¿por qué no?, imagino.
Le dije también que él, como librero, debiera formar club de lectores de algunos autores. Supongamos,de Baroja, o de Federico García Lorca, o de Augusto Roa Bastos. Que al comienzo sea de tres, cuatro, nueve, quince miembros; hasta que, llegando a cierta cantidad mayor, se cierra y se reinicia otro círculo.
El otro día, por el Facebook, intercambiamos José Luís Ardissone y yo, algunas palabras sobre García Lorca, cuya casa donde nació en Granada, Andalucía, visité ya les comenté en otro escrito en mi blog.
Me agradaría que Julio Dominguez aliente a algunos de sus clientes a formar un ruedo de amigos lectores del poeta y dramaturgo español. Yo tengo un póster de él - del granadino, no de Julio - en mi biblioteca (foto). A lo mejor adopto su nombre para este pequeño refugio de libros.
Pienso que un grupo de amigos de, por decir, los libros de García Lorca no necesita reunir exclusivamente a escritores, poetas, dramaturgos o actores, sino y sobre todo, de esa gente que le gusta su obra y que, eso sí, haya leído algo, algún poema, una obra de teatro, del español para charlar, café de por medio.
¡Cómo me gustaría tener amigos que hayan leído los libros de Baroja!
Sería para mi muy placentero escucharles comentar sus lecturas. Yo aportaría los míos. De eso se trata la idea de formar estas células literarias, como antes se practicaba sin esfuerzo alguno, en las casas, los clubes, las instituciones de enseñanza.
A ver si Julio se pone las pilas y lleva adelante esta idea que, pienso, no es tan alocada. Al fin de cuentas busca la unión de personas consuntivas de libros. A lo mejor hasta es nuestro hilo de Ariadna, en medio de tantas confusiones, quién sabe...

jueves, 28 de abril de 2011

Bravísima

No, los teatros de revista de Buenos Aires, no son para vejetes currutacos como yo. Si mis médicos, los doctores Osmar Centurión Alcaráz y Jorge Gómez Otaño, se enteran que yo me anduve apoltronando en complicidad con Teresita en butacas del teatro Metropolitan me retiran sus respectivas atenciones profesionales.

¿De qué servirán todas las medicinas - reconozco - las dietas, los ejercicios físicos, el régimen diario que debo llevar para que el sistema coronario funcione sin sobresaltos si no puedo evitar una función de "Bravísima" con toda su parafernalia de mujeres desnudas hasta el pensamiento?

Pero, supongo, que ustedes no andarán chusmeando por ahí y menos con mis médicos que yo me escapé y, en alianza con la Snead, me di un atracón visual de esos encantos argentinos que si se cubrieran demasiado apenas apelan a las plumas de vaya a saber qué aves de los desiertos argentinos.

Supongo que, al mismo tiempo, Snead aguantó bien la prueba del espectáculo, porque allí, abajo, en el escenario, también se presentaron unos cuantos potros de aquellos que arrancaron suspiros, aplausos y zapateos de parte de las jovencitas, no tan jovencitas, casadas, solteras, viudas, separadas y abandonadas que ocuparon los asientos del atestado teatro de la calle Corrientes.

Una señora entrada en edad, sentada en la fila seis, frente a mi, en medio de tantos varones en bolas en el espectáculo, buscó, presurosa, algo en su cartera. Me imagino que apeló a su pastilla para el corazón, de esas que se ponen debajo de la lengua. Es que "Bravísima" estuvo verdaderamente brava y no hay señora ni señor (de edad, claro) que aguanten tanta audacia masculina como femenina entre candilejas y bambalinas.

Yo tengo mis quejas contra los porteños. Son medio chantas, por no decir chantas enteros. Todos sabemos ese lado detestable del porteño. Pero si de espectáculos revisteriles se trata, dejemos que ellos se encarguen de ello porque son garantías de hacer bien la tarea. Además sus actrices y bailarinas son super formidables a la hora de desvestirse. Y ¿qué quieren que les diga?, a mi también me fascina verlas como se presentan en el escenario.

Ya sé. Lo calculé desde un principio. El pa´i Carlos se va a enojar conmigo, pero arriero portepe, capaz que no tenga en cuenta este pecadillo mío. Tres Padre Nuestro, dos Ave María y uno Yo Pecador y recuperado a full con el Jefe.

El pecado de la carne, pa´i; la carne es débil...

En fin, hagan como que no leyeron mi comentario. Esto de andar formando fila para comprar un par de entradas para ver "Bravísima" no es para pacientes de clínicos y cardiólogos como yo que de puro tova ata (caradura) acepta el reto del travieso interior y me sometí a la prueba de resistencia. Ya dirán de mi que soy un irresponsable por esta trastada contra la salud del corazón pero, escúchenme, ¿quién me quita lo bailado?

miércoles, 27 de abril de 2011

El uso de las palabras

En estos días se viene desarrollando la 37a. Feria Internacional del Libro en Buenos Aires. Estuve allí ya que dos títulos míos fueron expuestos en el stand de Paraguay. Este año el escritor principal invitado fue el Nobel 2010 Mario Vargas Llosa. Todos los medios facilitan copiosos espacios al evento.

A propósito, en el diario porteño Clarín del domingo 24 de abril de 2011 leí el comentario de la señora Susana Viau refiriéndose a la feria del libro y a los funcionarios públicos principales de Argentina afectados a la cultura.

El título del artículo dice: "Cuando el poder no lee, no piensa".

Tras referirse a Vargas Llosa y la resistencia de algunos referentes principales del poder argentino a los pensamientos del célebre escritor, la columnista apuntó hacia un nacionalismo argentino, por demás innecesario como desafortunado. Recordó que el ministro de Educación del vecino país, Alberto Sileoni, había utilizado las palabras "aparcar" y "carro" en un discurso en el marco de la feria del libro a lo que la señora Viau replicó con que "aquí se trata de estacionamiento y coches".

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) acepta las palabras "aparcar" y "carro".

A la palabra aparcar de cuatro acepciones en el diccionario de la RAE, edición 2001, dedica la primera definiéndola así: "colocar transitoriamente en un lugar público, señalado al efecto por la autoridad, coches u otros vehículos".

La Academia dedica 9 acepciones a la palabra carro y en la novena define: "(Am. - América -) coche (//vehículo, automóvil).

En castellano se puede decir, indistintamente aparcar, estacionar, ubicar, colocar, situar, parar; coche, carro, vehículo, auto, automóvil.

No porque en México se diga "carro" a lo que nosotros conocemos en Paraguay como "coche", la palabra "carro" no tenga espacio, ni autorización para ser usado aquí. Sería una descomunal estupidez.

Vayamos más hacia atrás, en el tiempo, históricamente primero estuvo la palabra carro que, con la invención de los transportes motorizados, cedió espacio a la palabra automóvil (que se mueve por sí solo; es decir, sin necesidad de los caballos).

También estuvo antes la palabra cochero, el conductor de coches tirados por caballos. Luego, con los automóviles, apareció la palabra de origen francés, chófer o chofer (en España se dice chófer) pero se dejó de lado la palabra pescante que originalmente era el asiento en el cual se ubicaba el cochero (de los carruajes) aunque en el diccionario de la Real Academia lo tiene en cuenta como tal.

Por tanto, hoy se dice generalmente "asiento del conductor" en vez de pescante (// 5 (p. us.) delantera del vehículo automóvil desde donde lo dirige el mecánico o conductor).

Las palabras fueron hechas para ser usadas por todos, sin complejos ni ataduras, sin nacionalismos desaforados y torpes. No entenderlo así es caer en una pobreza conceptual infelizmente desacertada.

Antonio Muñoz Molina, escritor y académico de la RAE, dijo que las palabras para que sean útiles necesitan dos cosas: "ser compartidas por la comunidad de hablantes y ser precisas" y añade que los enemigos del idioma son hoy la pobreza y la ignorancia.

La lengua castellana tiene algo más de 330 mil palabras registradas oficialmente en el diccionario oficial del idioma. El mejor escritor, decía el académico Camilo José Cela, se maneja con 30.000 palabras, el común de la gente se campanea con unas 1.500.

Lo siento por los argentinos porque algunos de sus líderes intelectuales rechacen algunas palabras castellanas para limitarse a otras. Con esa crueldad mental nunca podrán superar su pobreza léxica. Cuanto más usemos los sinónimos estaremos más lejos de la pobreza y de la ignorancia acarreadas por nuestra limitación en el lenguaje.