Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 14 de julio de 2009

La misteriosa mano de la foto en el Orkut


Mónica, mi hija, alzó en su Orkut una buena partida de fotos familiares. Varias son de cuando ella era niña. Cuando mi fijé me causó mucha gracia varias de ellas y, debo reconocer, mucha nostalgia. Una de la tanda de fotos corresponde a una visita que hicimos en familia, hace muchos años, al cementerio de Villarrica donde están los restos de Justo Pastor Martínez, mi papá.
Esta foto yo la había tomado junto a la tumba de papá. Era un día domingo, coincidente con el aniversario de su muerte, que se produjo el 15 de julio de 1954.
A esta foto alzada al Orkut de Moni, David, su hermano mayor, añadió un comentario que dice "si mirás bien la foto vas a ver que abuelo hace al pelo al lado de tu pié". No le di importancia.
Comentando la tanda de fotos de Moni, David me preguntó si vi la mano de su abuelo, como emergiendo por detrás de un nichito que está sobre tu tumba. Me reí, volví a no darle importancia. "Es que es una mano con el pulgar arriba", me insiste. En medio de mi trabajo le pido que me muestre. Me mostró. Y noto para mi sorpresa que, efectivamente, una especie de mano aparece con el pulgar hacia arriba.
Me causó mucha gracia seguida de una formidable confusión.
Me recuerda la anécdota que mamá, quién aparece también en la referida foto (ella murió en agosto de 1999), contaba sobre una de sus visitas diarias a la tumba de papá en aquellos días de julio de 1954. Siempre nos contaba que ella escuchó la voz de papá, "claramente", cuando ella estaba, sola, junto a la nueva tumba en una de sus visitas. Ella se asustó y no volvió por varias semanas al cementerio.
Tal experiencia yo no tuve jamás.
Me decían, de pequeño, que cuando rugían las casuarinas de los fondos del cementerio, la gente abandonaba a sus muertos y se marchaban de allí antes que se produjeran "cosas extrañas" que anoto en la agenda de los miedos.
Hay fotos, volviendo a la del Orkut de Moni, que de repente hace que los que no estaban aparecieran. La hago simple: aparecen fantasmas. De estos casos hay miles.
¿Y si la mano que aparece en la foto (en círculo) sea efectivamente del abuelo Justo como respondiendo desde el más allá su alegría por la visita de los suyos? Sabiéndo, por mamá, que papá era capaz de dar sorpresas, no dudo que esta sea una más de él ...

domingo, 12 de julio de 2009

Ramón Avila

Roberto Sanchez, el Gitano, el Sandro de América, nos marcó con su estilo de decir amores con el canto. Sobre todo a Ramón Avila, aquel flaco, moreno y alto de Fernando de la Mora de fines de la década de 1960, que cantaba igual que el artista argentino, sobre todo aquel "Te propongo" que, acaso en sus fantasías jóvenes, hubiera gustado hacerlo al frente de los Blue Caps, del Equipo 87 o de Los Hobbies, que empezaban a tocar en el Club Alemán. Pero su timidez lo vencía provocando la hilaridad de sus amigos, nosotros.
Escucho esta noche a Sandro y recuerdo aquella esquina de Julia Miranda Cueto y Primero de Marzo de Fernando de la Mora de 1969. El almacén "Gloria Graciela", el baldío de la Asociación Fernandina de Jóvenes, el arbolito en cuyas horcajada se ubicó una precaria silla para el réfere, las calles de arena, los chivatos plantados por los Amarilla Jara en cuya sombra nos juntábamos los adolescentes de aquel tiempo.
Ramón Avila era un cantante que quedó en el camino. Su timidez le jugó una mala pasada. Pero cristalizó sus aspiraciones de cara a la vida con Olga Velázquez, aquella bella muchacha, la maestra de la no menos tímida sonrisa. Olga sí era, a lo mejor, todo el objetivo de sus interpretaciones calladas. Era su Sandro.
Y con Sandro y Ramón esta noche escuchando el "te propongo, disfrutar de una mañana, caminando de la mano, una flor en tu ventana, o que un violín gitano nos regale con su voz", me dejo llevar a aquellos tiempos fernandinos de cuando concurríamos a las funciones populares de los martes del Cine Terraza o, trepábamos al yvapovo de la Calle Última para mirar, de polizón, las películas del cine Continental, proyectadas al aire libre.
¡Vaya modo de viajar al pasado con este "yo no te propongo ni el sol ni las estrellas" de "Te propongo"! De aquellos cócteles en las casa de Olga, Marilé o en la pista de la muni. O de las fiestas en el Sport Colombia.
Y de Francisca, una noviecita furtiva mía a la que pretendía Lorenzo Giménez, mi amigo de infancia y que ella negaba.
"Tampoco yo te ofrezco un castillo de ilusión", extraigo de la canción de Sandro y recuerdo la bonita casa de Alfonso Colmán, al otro lado de la casa de los Irala. "Polla" Irala murió hace más de 30 años. Ramón también hace tres años, un día 29 de enero. No lo sabía, me contó Chiqui Velázquez, en un cruce de mensajes por Orkut. Quedaron sus hijos para recordarlo siempre, como nosotros, como yo que lo veo cantando, sin estridencias, el "Te propongo" gitano.
Seguro que lo recuerdan también Tito y Gustavo Rolón, Roberto, Caserula, Miguel Bazán, Rey, Nena, Tico Amarilla, Ulises y Javier Demestral; Marcelo, mi hermano, Victorito Amarilla; Rey y Carlos Benegas; Charles Delorme y Calixto Almirón.
Esas calles fernadinas tienen huellas de Ramón Avila y en las paredes de sus casas quedan impregnadas, en la sutileza de lo intangible, su voz y la sonoridad de sus carcajadas felices.
Me queda el grato recuerdo de aquel moreno espigado, del amigo que en sus largos brazos sostenía a Jorge Luís, mi primer sobrino, en aquellas mañanas domingueras de cuando, impecablemente vestido, a lo Sandro, compartíamos tiempos sin relojes a la sombra del mango, frente a casa.
Esta noche, el video de You Tube me transporta y deja en Fernando de la Mora, en 1969, sentado en el banco de la vereda de Tico, Marilé, Cármen y Pachani, escuchando a Ramón cantar estrofas tímidas del "Te propongo", su pasaporte, supongo, para llegar al corazón de Olga.

Vagos y haragánes

Los primeros gobernantes de Paraguay no se preocupaban tanto de la educación, la salud, la red vial, las relaciones internacionales, etc., como ahora, sino de aplicar un buen escarmiento a los vagos y haragánes, verdaderas plagas sociales de aquellas alboradas de la República.
Al doctor José Gaspar Rodríguez de Francia le producía un pire vai jefe los que, vagando por las calles, no hacen sino molestar a los demás. Francia, de hecho, era un tipo de muy pocas pulgas.
Ser vago y haragán en aquellos tiempos de la Asunción del siglo XIX era un delito como robar, matar, estafar.
El haragán era un vago por añadidura.
Un vago está a milímetros de las tentaciones marginales: la borrachera, la vizcachería, la violación. De ahí que los decretos de Francia y Carlos Antonio López se referían en abundancia contra los que sentían fobia al trabajo
Los barzones - también - han motivado a los gobernantes de aquellos días a aplicar el estado de sitio y, trabajo a los guardias urbanos de a caballo ¿Qué podría estar haciendo un desocupado por las calles desiertas y oscuras de Asunción?; probablemente de todo, menos de los buenos.
Se me hace que vagos y haragánes todavía hay muchos en estos tiempos.
Muchos son de guantes blancos. Se ingenian para ubicarse en fiestas copetudas y hasta salen en las páginas de sociales de los diarios asuncenos. Se infiltran en los poderes del Estado, en gremios deportivos y empresariales. No se sabe muy bien qué hacen pero están. No se tiene certeza donde estás sus oficinas ni si a cuántos empleados pagan, pero se los ve en conferencias, congresos y talleres de alto voltaje reservados para los que en verdad trabajan.
Se los puede ver al mando de paquetísimos coches último modelo, vestidos de saco confeccionado en los mejores sastres de Buenos Aires pero, que se sepa, no se levantan temprano como cualquier otro empresario (porque entre ellos se mimetizan) ni que hayan habilitado tal o cual fuente de empleo.
Son protagonistas modernos de la bordonería alegre, que si vivieran en tiempos de Rodríguez de Francia iban, engrillados, sin trámite alguno, a la cárcel pública.
Hoy, porque la modernidad también sabe compadecerse de ellos, no se los llama vagos y haragánes, son cancaneros. Otros le llaman oportunistas, figuretis, recomendados, asesores, hasta consultores. El desarrollo del lenguaje les pasa una mano. De todos modos, son esencialmente bribones, semidioses del ocio, de la holganza y de la pereza.

sábado, 11 de julio de 2009

Libros en nuestra web

En la web de Puerta de Emergencia (www.puertademergencia.com) hemos agregado una columna sobre libros, no tanto para dar a conocer los últimos, sino en un intento de que la gente, sobre todo en Paraguay, lea. Los libros son silenciosos como marginados maestros en tanto no se los hojeen y se llenen de polvos en las bibliotecas donde duermen sus sueños, incluso de generaciones.
Una notable lectora de libros es Virginia, la hija de 17 años de mi apreciada Dolores, una formidable profesora de la Universidad de Derecho de Granada. Un día la joven me dijo que si ella tuviera todos los libros que querría tener en su biblioteca, sus padres quebrarían.
Una reflexión como la de Virginia no tuve la suerte de escuchar aún en Paraguay entre los de la nueva generación con las que me vinculo. Esa postura viene de quienes se vinculan a diario con los libros.
Familiarizarse con los libros, los textos, los autores, las editoriales, las exposiciones, las librerías nos facilitan acercarnos con rapidez al Primer Mundo, aún residiendo en el Tercer Mundo. La respuesta de Virginia es contundente para subrayar una de los detonadores de la columna sobre libros en dicha página.
Es mejor leer bien un libro, aprender de él y aplicar la enseñanza, que disponer de una biblioteca con 10.000 volúmenes en un cuarto de la casa sin que se los deban leer jamás. Apenas sirven para las apariencias y como estas no conducedn a nada, pues nada es tener semejante inversión, sino para alimentar la vanidad tonta.
Retomando diría, entonces, que en la columna de libros de la web rescataremos aquellos libros que ya hemos leído y cuyos datos los tenemos archivados para cuando haya la ocasión de usarlos. Es así que pensamos comentar aquellos publicados muchos años atrás, inclusive, como los que sacara a luz la editorial Napa u otros nacionales y extranjeros.
Los que fueron producidos por el sabio Moisés Santiago Bertoni Torreani son una verdadera delicia de sabiduría que bien valen refrescar a las nuevas generaciones. Bertoni publicó sus trabajos en Alto Paraná hasta días antes de su fallecimiento en setiembre de 1929.
El deseo, en fin, reiterando, es que los libros se lean. Que se lean para liberarnos de la esclavitud de la ignorancia. Para acceder a tan siquiera un poco de cada sabiduría. En una revista científica americana se publicó hace algunos años una reflexión que viene como anillo al dedo: Si Sócrates - decía - levantara la cabeza y viera a filósofos que se niegan a opinar de terrorismo, clnación, etc., se vlvería a morir.
El conocimiento siempre tiene las puertas abiertas para quienes deseen llegar tan siquiera a los umbrales de la sabiduría.
En esta misma columna y en otra oportunidad me referiré a los sitios asuncenos por donde se puedan acceder a libros usados, baratos y útiles para el intelecto.

viernes, 10 de julio de 2009

El paraguayo y el casamiento

Esto de que los varones paraguayos sean los únicos informalidad a la hora de asumir compromisos de matrimonio se me hace que es un asunto (la informalidad) compartido con las mujeres.
Más que el antecedente colectivo latino, el paraguayo tiene lo suyo y que viene tras la Guerra Grande, cuando de un 1.200.000 habitantes quedaron apenas 200.000 integrado por mujeres, ancianos, niños y unos pocos varones jóvenes.
Si bien está presente en el historial casamentero paraguayo el hombre que prometió a la amada el altar para fugarse ni bien obtuvo la ansiada prueba de amor no todo está perdido a favor de quienes forman las huestes de valientes capaces de decir efectivamente el sí a la vestida de blanco elegida.
Me niego, pues, aceptar que los paraguayos sean informales ante la idea de formar familias. Aunque están los que no quieren casarse sino por civil nomás, y otros que prefieren el concubinato no caben dudas que muchos paraguayos se quieren casar. Y esto merece un aplauso de la platea.
Desde que terminó la Guerra Grande y las familias se tuvieron que rehacer en Paraguay, los hombres fueron como verdaderas perlas. Dicen que las mujeres mismas se encargaban de darles alas porque eran de los pocos a los que ellas podían echar manos para el sostenimiento de la familia. El "che memby, caria´y" sitetizaba todo el orgullo de las madres porque sabía que este le daría vaya a saber cuantos nietos antes de morir.
Tras la guerra aquella hubo, sin duda alguna, mucho desprolijo en esto de crearse parejas, formar familias y hasta casarse. Quizás en aquella escasez de sementales se inicie la honra femenina (espero equivocarme) de ser la esposa de fulano, o la viuda de fulano. Acaso el doble apellido paraguayo apunte hacia aquella época de vacas flacas para las mujeres. Tener un marido propio en aquellos tiempos de la post guerra tuvo que haber sido todo un logro. No me imagino tanto egoismo de aquellas casadas que se negaban a prestar sus esposos a las atribuladas vecinas paraguayas que también querían colaborar en la regeneración con la patria. Las mezquindades siempre se ganaron su propio espacio. Así es la vida.
Monseñor Sinforiano Bogarín era el paladín de los casamientos en masa. Pueblo que llegaba era escenario para casamientos colectivos de parejas aconcubinadas. Cuentan que monseñor muchas veces no avisaba que llegaría a tal o cual pueblo para evitar que algunos hombres ariscos pongan pies en polvorosa antes de verse diciendo el sí ante el pa´i de Asunción.
En 1946, cuando a esto de no casarse el hombre le tomó el gusto hasta el mismo gobierno tuvo que remangarse al lado de la Iglesia Católica. Higinio Morínigo, presidente paraguayo, entendió que había ue regularizar las parejas como Dios manda entonces puso a funcionar los registros civiles, mientras los curas salían a caballo a casar a la gente. El Registro Oficial guarda varios decretos de este tenor en los cuales el Poder Ejecutivo, meterete Juan Bonete, se metía de monaguillo en los asuntos eclesiasticos.
Por eso, el 10 de julio, un día como hoy, de 1946, por decreto 14.395, se exoneraba de impuestos a los actos matrimoniales y legitimaciones a celebrarse los días 12 y 13 de julio en Ñemby en ocasión de una misión pastoral a cargo de monseñor Anibal Mena Porta. ¡Vaya fiesta habrá sido aquella de aquel pueblo!
Es bueno recordar, empero, que el clavo entra a golpes. Así se tuvo que restituir, golpeando, los casamientos en Paraguay, lo cual no quiere decir que todos los paraguayos no quieran asumir compromisos de matrimonio. Algunos deben ser huesos más duros de roer pero, es bueno desempolvar aquello de que todo bicho que camina va a parar al asador.

Mercado nocturno

En Taipei, isla de Taiwan, hay un mercado nocturno muy interesante. Allí concurre la gente a hacer sus compras luego de cumplir con la jornada laboral. Aprovechan para cenar. Es un gran tinglado donde se oferta de todo. Le llaman mercado nocturno.
Lo he visitado una noche. Me había llamado la atención la oferta de carne de víbora que se servía en sus patios de comidas. Pero lo que me llenó de sorpresa, al extremo del susto, fue el servicio de sangre de estas serpientes como bebida. El mozo trae una reptil tomado de la cabeza,desde un acuario que está al costado de las mesas. Con un enorme cuchillo separa la cabeza con notable maestría criminal junto a una copa de cristal. La sangre vierte a esta y el comensal la bebe como si fuera un jugo de frutilla. Repugnante para cualquier occidental como yo extraviado por esos parajes.
Al volver a Asunción propuse desde unos artículos periodísticos que el mercado nocturno sea practicado en Paraguay. Pero no pasó a mayores. Han pasado 24 años.
Esta semana estuve por Ciudad del Este donde me percaté que allí sí hay un mercado nocturno. Fui a verlo.
Está al lado de la terminal de ómnibus y está abierto de miércoles a viernes.
Se trata de un mercado como el de Taipei (pero sin la oferta de serpientes, claro) con muchísima gente visitándolo. Es una feria popular donde se oferta desde caburé y mbeju, hasta mandioca pelada (como en los supermercados de España), frutas y verduras frescas y todo cuanto se vende en cualquier mercado del mundo.
La iniciativa es de la municipalidad de Ciudad del Este, que - pienso - por tener por titular a una mujer, entiende mejor las necesidades de la casa. En estas cosas prácticas, las mujeres nos ponen en veredas a los hombres.
Estuve allí el miércoles último (hoy es viernes) junto a muchísimos otros visitantes. Supongo que debe ser el primer mercado nocturno de nuestro país y que se constituye en un atractivo turístico para los visitantes. Vale la pena pegar una vuelta por allí.

jueves, 9 de julio de 2009

Templanza

Mi abuelo, Valentín Cuevas, administraba un obraje en Mburica Potrero, Luego Buena Vista, en los montes de Caazapá. Todas las semanas entregaba rollos y maderas aserradas a la compañia Fassardi que, a su vez, los exportaba a Buenos Aires. Cada viernes pagaba a su personal y los sábados, a horas tempranas, montado en un elegante parejero tomaba rumbo al pueblo de Caazapá para farrear con sus amigos.
Contaba mi madre que dejando todo en orden lo respectivo de la casa se marchaba y volvía el domingo, avanzada la noche.
Iba a farrear con dinero suficiente, como para gastarlo en los naipes, las carreras cuadreras, los bailes y en todo cuanto un arriero paraguayo como él practicaba con dinero en el bolsillo. Con semejante respaldo metálico era capaz de pagar una vuelta de caña a los presentes en el boliche del pueblo o acaso en los bailes de los domingos al mediodía bajo algún naranjal de los patios caazapeños.
Los paraguayos llaman a estos, "arriero paité", un amigo completo y desprendido, que, supongo, tuvo que haberle producido una sobre dósis de confianza, convirtiéndole en una suerte de arriero "chusco", seguro de sí mismo.
Se me hace que mi abuelo no escapó al promedio de los paraguayos del campo, que con un poco de poder otorgado por el dinero es capaz de poner pecho a todas las metrallas y hasta de morir con la sonrisa en los labios, como describió Francisco Casabianca en su libro "Memorias" al referirse a la forma en que algunos paraguayos de la Guerra Grande morían por Estero Bellaco.
El 22 de diciembre de 2000, a propósito, en un día con nieve y mucho frio en Nueva York, un joven paraguayo me preguntó en un restaurante en Queens, barrio ocupado por miles de compatriotas, si donde había un lugar donde concurren los paraguayos. Tocándose el bolsillo derecho del pantalón me dijo "aquí tengo mucho dinero y quiero farrear. Yo le invito si conoce donde podemos ir a tomar cerveza. A mokoso lomitandive (quiero beber con los amigos)". Paraguayo por donde se lo mire.
Me recordé de lo que podía haber sido mi abuelo por aquellos años de su juventud cuando iba a Caazapá.
Ya llegará el lunes sin si un peso en el bolsillo retomando las tareas sin que, a lo mejor, tenga dinero para encarar las responsabilidades personales mínimas.
No quisiera que fuera así pero sospecho que el hombre paraguayo tiene algunas deudas con la templanza; que no se pone freno a si mismo, que no es dueño de si. La destemplanza de muchos paraguayos conduce, incluso, a extremos trágicos, porque no domina sus apetencias del origen que fuere. Las borracheras y las cuchilladas son hijas predilectas de la destemplanza.
En Paraguay se conoce al hombre tranquilo, firme, orientador como a un "karai sereno" y esta serenidad le otorga el título de "karai guasu" (señor respetable). El hombre sereno también es el "py´a guasu", el que no teme a los peligros y que no los provoca. Este es preferido al audaz, al arremetedor, como José Gill, un caudillo colorado de otros tiempos. El caudillaje es de los hombres serenos y de los audaces generalmente. En los pueblos se prefiere al caudillo sereno, el que practica la templanza.
La templanza es el cadalso del ego, por tanto, una virtud propia de los santos. Se me hace que Pablo, el converso camino a Damasco, fue hasta cuando escuchó la Voz de "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?", un fanfarrón con poder que terminó siendo tocado por la templanza.
En estos días una noticia sacudió a Paraguay: unos policías de Ciudad del Este sometieron sexualmente a una joven mujer dedicada a levantar apuestas de la quiniela ilegal. Los policías filmaron sus detestables conductas. A esto llamaríamos descontrol de si mismo, no ser dueño de uno mismo. Estos policías, pues, viven de espaldas a la templanza.
El Paraguay está colmado de abusos. Abusan los sindicalistas con sus huelgas, los campesinos con sus cierres de rutas, los periodistas con sus críticas muchas veces desacertadas, los aduaneros con las coimas feroces. Nos falta templanza, esta virtud que nos permite actuar con medida, sin excesos.
Aunque no pretendamos ser santos, bien vale por nuestra propia felicidad y la de nuestro entorno, probar un buen trago de la templanza. Estoy seguro que no nos arrepentiremos.