Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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jueves, 7 de mayo de 2009

La orgía de Ciudad del Este

No sé si estoy volviendome excesivamente viejo. Lo que me queda claro es que veo que algo no funciona entre los jóvenes de hoy. Han perdido el respeto a todo aquello que nosotros, a su edad, respetabamos: a los padres, a los maestros, a los hermanos, a los amigos.
Leo hoy, espantado, lo que unos jovencitos menores de edad han hecho en una casa en Ciudad del Este: una feroz orgía con filmación incluída donde una jovencita de 17 fue violada por 15 jovencitos tilingos.
Discúlpenme, pero si yo era el padre de esta joven de a uno les metía un par de cintarazos a cada uno de esos mita´i descarriados. Y después, con el mismo cinto, a sus padres irresponsables que no lo enderezaron (todavía tienen tiempo) cuando niños.
Y que por esto me manden a la cárcel. No me importaría.
Si yo era el padre de esta jovencita a quién casi matan haré todo porque no le salga barata ni a los pendejos calentones que abusaron de ella, ni a sus padres, ni a nadie. Haría todo a mi alcance para que estos no se conviertan en asesinos (que les queda apenas a la vuelta de la esquina) porque lo que han hecho son de delincuentes puros.
Me estoy volviendo viejo porque no tolero que se enseñe hoy a los chicos como se está enseñando. Sin embargo, aún con la ley (esa absurda ley traída de los pelos) yo sacaría mis uñas cuando veo que mis hijos intentan salir del carril de la buena educación. Y no dudaría usar el cinto si las cosas amenazan con peores.
Echo de menos los tiempos en que las maestras eran verdaderas fortalezas de la educación y que tampoco dudaban usar la regla contra los que que intentábamos interrumpir el orden.
El cinto es un gran maestro, así se opongan los empolvados de hoy.
Estos quince chicos de Ciudad del Este que casi matan a una jovencita son el fiel reflejo de lo mal que está la instrucción en los colegios y; la educación, en las casas.
Asumo mi papel de viejo, de superado por el nuevo tiempo, pero debo decirles que así no nos merecemos el cambio. Y que lo entiendan los chicos, sus padres y sus maestros. Este es el resultado de los padres y maestros blandengues, miedosos de poner orden, pusilámines, irresponsables.
Asumo mi indignación de viejo contra una ley hecha no se en qué estado de embriaguez para cubrir las criminalidades de unos jovencitos imbéciles que les protege en su intimidad. Me indigna que no se pueda publicar el rostro de los marginales, sus nombres y apellidos para que se sepan quiénes son los peligrosos de la sociedad, sus direcciones particulares para que todos sepan que allí vive un antisocial capaz de matar y que lo hacen porque la ley les protege.
Más que despertar el morbo, el caso (estos atorrantes jovenzuelos distribuyeron las fotos a tirios y troyanos, como si todo fuera poco) despierta la necesidad de que cada uno cambiemos. los valores están demasiado golpeados a fuerza de salirnos del camino de la convivencia.
Y los delincuentes de la orgia de Ciudad del Este deben parar con sus huesos en la cárcel, aún cuando tenemos una Fiscalía con muy pocos fiscales dispuestos a hacer valer la sensatez, la razón y el decoro, que también deben practicar los niños y los jóvenes. Todos.

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