Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 25 de octubre de 2011

Algodón y democracia en Paraguay

Alfredo Stroessner fue derrocado del poder en la madrugada del 3 de febrero de 1989 y exiliado en Brasil donde falleció en el 2006. Culminaba en la madrugada de San Blas un periodo dictatorial iniciado en 1954 y legaba el programa algodonero más exitoso de la historia económica de Paraguay.
¿Qué influyeron para que la fibra paraguaya sea exitosa en los mercados internacionales? Se podrían sintetizar en tres ejes:
1)- Largo y resistencia de la fibra, 2)- Disponibilidad abundante y creciente y; 3)- rigurosa calidad del algodón en rama.
Tal era la calidad del algodón paraguayo que logró, tras un esmerado trabajo científico, su propia identidad en el mercado de Liverpool. Este logro cruzó hacia la era democrática de la mano del ingeniero agrónomo Hernando Bertoni que, así como en el de Stroessner, continuó siendo el ministro de Agricultura y Ganadería durante los primeros meses de gobierno del general Andrés Rodríguez Pedotti.
Nadie sospecharía que la malvácea sería emboscada y que recibiera un tiro mortal en plena democracia.
Bertoni continuó en la cartera que tomara a fines de la década de 1960 con el acompañamiento de la flor y nata de los expertos que Paraguay tuvo jamás, como el ingeniero agrónomo Luís Alberto Álvarez, titular de la Dirección de Investigación y Extensión Agropecuaria y Forestal (DIEAF), un científico genetista que sacó adelante desde el Instituto Agronómico Nacional (IAN) de Caacupé la variedad Reba P- 279, la variedad algodonera estrella que permitiría la corona de oro para el algodón paraguayo en los mercados mundiales.
Desde el anonimato del laboratorio, Álvarez fue el gran estratega del programa algodonero; fue el gran capitán del Proyecto de Investigación y Experimentación Algodonera (PIEA) mediante el cual, año tras año, fue añadiendo nuevos descubrimientos sobre cepas que permitan más y mejores logros en el mercado internacional.
Un equipo de técnicos altamente capacitados, encabezado por el ingeniero agrónomo Cirilo Centurión en la Oficina Fiscalizadora de Algodón y Tabaco (OFAT) y; el agrónomo Pedro Lino Morel en el Servicio de Extensión Agrícola Ganadera (SEAG), tuvo acompañar a Bertoni en el manejo de la política algodonera.
En los momentos cumbres del algodón nacional, entre 1988 y 1992, el rubro ocupaba a 137.000 familias campesinas que, en conjunto, cubrían hasta 560.000 hectáreas de capullos blancos que, en tiempos de cosecha, ocupaban a unas 1.500.000 personas en el país.
Más de treinta industrias desmotadoras procesaron el algodón en rama y otras estaban por instalarse en el país hasta que se produjeron algunos cambios en el gobierno del general Rodríguez como, por ejemplo, el del ministro. Sin explicaciones válidas, el ingeniero Bertoni fue cambiado por uno de sus alumnos, Ing. Agr. Raúl Torres Segovia y; el gobierno decide, sin decir agua va, la importación de semilla de algodón.
Para cuando Torres asume la conducción del Ministerio de Agricultura y Ganadería hubo una notable merma de la producción de semilla nacional y que alentó la importación de la de algunos países extranjeros.
LAS INDUSTRIAS EN SU MEJOR MOMENTO
Independientemente a los vaivenes políticos, la industria algodonera seguía creciendo sostenidamente en todo el territorio nacional. Algunos empresarios a más de ampliar sus respectivas industrias desmotadoras, otros procedían a invertir en su instalación en localidades donde la producción es creciente, tal como a Herbert Willersinn quién decidió montar su industria desmotadora en Horqueta, departamento de Concepción, por lo que Alfredo Stroessner y el ministro de Industria y comercio Delfín Ugarte Centurión firmaron el decreto 29.515 del 3 de agosto de 1988.
Tres meses antes, el 13 de mayo de 1988, por decreto 28.369, la firma Lienzos del Paraguay Sociedad Anónima era beneficiada con la ley 550/75 de inversiones para instalar una hilandería en Villa Hayes, departamento de Presidente Hayes.
El 12 de setiembre de 1988, por decreto 114 del Poder Ejecutivo, la Algodonera Guaraní Sociedad Anónima era respaldada por la referida ley para ampliar su desmotadora localidad en Coronel Oviedo, departamento de Caaguazú.
En el marco del crecimiento industrial algodonero paraguayo, el flamante presidente Andrés Rodríguez firmó varios decretos aprobando los estatutos sociales de nuevas empresas que se incorporan al desmote de la fibra, como la compañía Textil del Paraguay sociedad Anónima (CMPEXPAR SA), Algodonera Paraná Sociedad Anónima (APASA), Prime Cottom Sociedad Anónima y; aprobando modificaciones de los Estatutos sociales de Industrial cordillerana Sociedad Anónima (INCOR SA), Manufacturas de Pilar Sociedad Anónima, entre otros. Todas las industrias apuntaban al crecimiento.
EL ERRÁTICO PLAN RODRIGUISTA
Decíamos que el presidente Andrés Rodríguez llevó muy bien el plan algodonero que hasta la revolución de febrero de 1989 no paraba de crecer. Sin embargo, a partir de la campaña agrícola 1990/91 los problemas empezaron a aflorar ya con la ausencia del padre del programa algodonero, Hernando Bertoni.
Siendo ministro de Agricultura y Ganadería el ingeniero agrónomo Torres Segovia y por decreto 7.650 del 6 de noviembre de 1990 el gobierno dispuso la destrucción de aquellas parcelas algodoneras establecidas con semillas brasileñas. Un flujo importante del material genético se registró ilegalmente a través de la frontera seca desde el vecino país por lo que Rodríguez ordenó destruir las parcelas sembradas con semillas de dicho origen.
El considerando del decreto destacaba en su primer párrafo la necesidad de evitar la entrada y la diseminación del picudo del algodonero en el territorio nacional. Esta plaga se constituía entonces en la peor amenaza de su género a la explotación de la fibra en la Nación.
En esos momentos, la siembra algodonera local todavía se realizaba en base a la variedad nacional Reba P-279.
Aquel decreto, sin embargo, no arrojó resultado alguno puesto que todas las semillas ingresas de contrabando ya estaban sembradas y eran imposibles individualizar las parcelas cubiertas con aquellas.
1991 fue el epílogo de los años de oro del algodón, con 560.000 hectáreas cubiertas y una cosecha de 753.000 toneladas.
El picudo, las inundaciones de 1992, las erráticas decisiones de Andrés Rodríguez sobre la explotación del textil, hasta algunos interés políticos electoralistas han marcado desde 1992 el final inesperado de la explotación del algodón en Paraguay.
La falta de buena semilla nacional llevó contra las cuerdas al Programa Nacional del Algodón que para aquel entonces se había convertido en el imperio blanco de la economía paraguaya y que, en un par de años, empezaría, en efecto dominó, a contagiar su drama a otras esferas empresariales, industriales y bancarias y que acelerarían, incluso, la quiebra de empresas y bancos.
En los primeros meses de 1992, cuando las papas quemaban y las familias afectadas a la explotación del textil se desalentaban, se crea el Fondo de Apoyo al Productor de Algodón (FAPA) por decreto-ley 11 del 2 de marzo de 1992, una suerte de canilla libre para Rodríguez y el entorno afectado a la producción del algodón.
Fue así que por decreto 13.671 del 28 de mayo de 1992 el Banco Central del Paraguay transfiere al Ministerio de Hacienda 32.000.000.000 de guaraníes para ser manejado a través de la FAPA.
El Estado paraguayo terminó subsidiando el algodón ante los bajos precios pagados por la cosecha paraguaya precisamente por la baja calidad desmotada. Ya para entonces la importación de semillas Delta Pine, de procedencia norteamericana, se venía realizando sin la debida rigurosidad para los controles genéticos y fitosanitarios por parte de los paraguayos.
Los decretos 14.321 del 20 de julio de 1992 y 14.322 de la misma fecha referían a la modalidad de subsidio estatal para los agricultores, algo que no escapaba a las dudas provenientes de las subjetividades que generaban las decisiones de quiénes tenían a su cargo la administración del dinero público para tal fin.
Como el mercado de Liverpool ya no cotizaba el algodón paraguayo el referido decreto 14.322 aclaraba que el subsidio a los productores primarios se fijará en base a la cotización que decida el mercado inglés al algodón argentino. El textil paraguayo iba en picada.
El 21 de julio de 1992, el presidente Rodríguez, el ministro de Hacienda José Díaz Pérez; de Agricultura y Ganadería, Raúl Torres Segovia y; de Industria y Comercio, Ubaldo Scavone, estampaban sus respectivas firmas en el decreto 14.323 por el cual se autorizaba la importación de hasta 5.050 toneladas de semilla de algodón, “en consideración a que factores climáticos adversos motivaron las graves inundaciones afectando una gran extensión de plantaciones del citado producto”, decía el considerando del decreto respectivo. El decreto destacaba otro deseo estatal: cubrir 500.000 hectáreas en el año agrícolas 1992/93. La esperanza es lo último que se pierde.
Las campanas empezaban a doblar por el renglón agrícola más poderoso entre las familias campesinas paraguayas.
Las 5.050 toneladas de semilla cubrían una demanda de 202.000 hectáreas considerando el uso de 25 kilos de semilla por hectárea. En aquella campaña se han completa 235.450 hectáreas con un rendimiento de 1.600 kilos por hectárea.
El errático como desprolijo rumbo de la política algodonera del gobierno de Rodríguez se coronó el 10 de diciembre de 1992 cuando por decreto 15.780 ordena que de urgencia se construyan en el Instituto Nacional de Tecnología y Normalización (INTN) las salas requeridas para el montaje de un laboratorio de textiles donado de Cooperación Internacional (JICA) del Japón, cuyos equipos provenientes de aquel país estaban a días de llegar al país. El algodón paraguayo, tanto en la producción de materia prima como en su desmote e industrialización de tejidos caía en un profundo despeñadero cuyos orígenes podrían sintetizarse en 1)- inexplicable desinterés gubernamental, 2)- Importación de semillas de poca y hasta nula capacidad germinativa, 3)- ataque general del picudo a los algodonales, 4)- Escasa rentabilidad de los cultivos.
UN POLITICO SEPULTURERO
Desde agosto de 1992, cuando comenzó la campaña interna de la Asociación Nacional Republicana (ANR), partido en el gobierno, el proceso de producción nacional sintió sus efectos, sobre todo en el campo donde los discursos políticos sobre la explotación agrícola desorientaban en lugar de orientar. Algunos eran mensajes violentos contra el trabajo algodonero.
De venir golpeado, el plan algodonero sintió otro duro golpe de parte del político colorado Juan Bautista “Letradito” Ibáñez quién, como compañero de fórmula de Luís María Argaña, pregona en las concentraciones coloradas en el campo su desprecio hacia la siembra algodonera, alentando directamente a los agricultores a no sembrar el textil para que los desmotadores dejen de ganar dinero “a costillas” de los productores primarios.
Esto lo decía en directa alusión a Juan Carlos Wasmosy, candidato adversario en aquella contienda republicana, que era propietario de más de una desmotadora de algodón en Paraguay.
Los discursos del dirigente sampedrano fueron fulminantes.
Miles de campesinos seguidores de la lista encabezada por Argaña abandonaron la siembra, decisión que les obligó a soportar las consecuencias que incluyeron desde la venta de las tierras trabajadas a la separación de familias y al éxodo de agricultores sin ocupación hacia las ciudades. Logrado el terrorismo contra la producción algodonera y cumplido el papel de sepulturero, “Letradito” Ibáñez se borró de las actividades públicas.
CASTIGO ASIATICO AL ALGODÓN PARAGUAYO
La contaminación de polipropileno o plastillera en las partidas exportadas produjo no pocos dolores de cabeza a los industriales paraguayos del sector. Esta contaminación se origina en el uso de las bolsas de plástico para la recolección de los capullos. Su uso se debe a que es más barata que la de algodón y que es la recomendable.
A más de ser barata, los agricultores la prefieren porque no recoge “capi´i catî”, pero tiene el grave inconveniente que en poco tiempo se deshila y se mezcla con el algodón, partiéndose en miles de fibras mucho más finas que es imposible separar del algodón, ni siquiera en las industrias desmotadoras.
Así las cosas, el hilo y la tela que lleva la plastillera surgen como manchas muy visibles porque no toman la tintura al teñir la tela. La plastillera no se tiñe.
Partidas de algodón nacional con restos de plastillera han llegado a los mercados internacionales generando problemas graves de calidad final de los productos industrializados por lo que algunos países, incluso, han dejado de comprar la materia prima paraguaya.
En el año 2.000, según relató el Agr. Pedro Lino Morel, gerente general de Cadelpa, industriales paraguayos viajaron a Bangladesch, Asia, a los efectos de pagar una multa de 100.000 dólares por los perjuicios causados ese año a las industriales textiles de aquel país que había comprado el algodón nacional. “Lo que es peor - añadió Morel - aparte de la multa, es que esa gente ya no quiere comprar algodón paraguayo, al tener una mala experiencia” (Revista “Granos”, Año I, Núm, I, marzo de 2003, p. 55).
LOS AÑOS DE ORO DEL ORO BLANCO
Referíamos más arriba que los años de oro del algodón fueron los de inicios de 1990 de cuando los agricultores contaban con semillas nacionales suficientes de las variedades trabajadas en los laboratorios del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Para ese momento operaban unas 35 desmotadoras en el país, frente a 30 en 1983 y; 11, en 2011.
Para ese entonces unas 137.000 familias se dedicaban íntegramente a la explotación del textil ocupando a más de 1.500.000 campesinos. Existía, sobre todo, excelente conocimiento del productor sobre el manejo del renglón, la capacidad industrial instalada era cada vez mayor, los créditos fluían constantes hacia todos los sectores que protagonizan la explotación y la exportación del algodón desmotado era sólida.
Eran años de nuevas inversiones en las unidades productivas y las familias se arraigaban en sus respectivas comunidades rurales.
De aquel pico de producción en la campaña agrícola 1990/91 con 560.000 hectáreas cubiertas y 752.000 toneladas de algodón en rama cosechadas la marca fue decreciendo hasta llegar a 13.000 hectáreas en la campaña 2009/10 con 15.124 toneladas de cosecha, igual al 2 % del pico cosechado en 1991.
EXPORTACION DE TELA DE ALGODÓN NACIONAL
Pese a la escasa de materia prima en el 2011, la industria textil de Pilar no ceja en su plan expansionista. Es así que ejecutivos de la firma confirmaron a medios de prensa de Asunción que triplicará su producción para franquiciar en Centroamérica. Para agosto de 2011 iniciaba negocios con Guatemala mientras ya estaba exportando a Perú, Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia y Chile.
El grupo “Pilar” se dedica desde el desmote hasta la producción de tejidos desde varias décadas atrás en la República del Paraguay. También coopera con los agricultores para la siembra del textil. Una desprendimiento del grupo es “Tiendas Pilar” que comercializa hilos, tejidos y prendas de vestir de algodón puro.
Para el 2011 la producción de telas de la empresa es de 20 millones de metros cuadrados y aspira llegar a 60 millones de metros cuadrados para responder a la demanda centroamericana. Por ahora, los planes de exportación de la compañía a Guatemala apuntan a 600.000 metros cuadrados de tela de algodón.
Por su lado, los confeccionistas de ropas registraron record de exportación en abril/2011 con 20 millones de dólares de venta igual al 84,8 & más que en los cuatro primeros meses de 2010, según un informe elaborado por la asociación Industrial de Confeccionistas del Paraguay.
¿CONVENCIONAL O TRANSGÉNICA?
En la primera década del siglo XXI el algodón paraguayo ingresó a terapia intensiva por la falta de semilla fiable esto descontando otro importante logro nacional en el mercado internacional: la identidad de la fibra paraguaya. La semilla del renglón comenzó a importarse casi sin control a partir de 1992 si bien el Ministerio de Agricultura y Ganadería daba esporádicos señales sobre esfuerzos, también aislados, de cuanto procura en sus laboratorios para recuperar una semilla nacional.
Mientras Argentina y Brasil adoptaron la semilla transgénica, en Paraguay la novedad no es bien vista por algunos referentes campesinos que prefieren la cepa tradicional (IAN 425 y la Delta, ésta originaria de la semilla importada de Estados Unidos a principios de la década de 1990).
Para el 2011 se instaló un gran debate en Paraguay sobre la conveniencia de sembrar o no el algodón transgénico, involucrándose hasta algunos partidos políticos.
La nueva semilla que para la campaña agrícola 2011/2012 los industriales desean importar de Brasil es conocida con el nombre de “Algodón BT” (Basillus thuringiensis) es una cepa creada a través de la ingeniería genética producida por la compañía de biotecnología Monsanto. Esta semilla genera su propio insecticida matando a la oruga del algodón.
El Comité Consultivo Internacional del Algodón en su reunión 59ª realizada en Australia en noviembre de 2000 reconoció la importancia potencial que reviste el algodón que viene de la ingeniería genética estando vigilantes para no sacrificar la rentabilidad, el medio ambiente y la flora (Revista “Granos”, Año I Núm I, marzo de 2003, p. 58).
Lo claro y concreto es que hay puntos coincidentes entre los agentes de la producción, como, por ejemplo, que es necesario reactivar la producción algodonera. En medio de las idas y venidas por encontrar el punto medio en la balanza a partir de los intereses girados en el tipo de semilla a utilizarse en adelante, el ministro de Agricultura y Ganadería, abogado Enzo Cardozo, llevó durante el 2011, al que se podría llamar el año de la gestación o del renacimiento algodonero en Paraguay, incontables contactos oficiales y privados logrando, al mismo tiempo, instalar una interesante discusión en la opinión pública que redundará, a corto plazo, a favor del retorno del algodón en la mayoría de las chacras de este país sudamericano.
¿HACIA DONDE VAMOS?
El ser humano necesita alimento, vestido y vivienda; el algodón responde a una de sus necesidades básicas, por lo tanto su producción es necesaria. Paraguay, como proclamaran el sabio Moisés S. Bertoni Torreani y el doctor Manuel Domínguez, de tierra feraz puede dar no solo a los paraguayos sino a una buena parte de la humanidad la materia prima que necesita para vestirse. El resto, sobre todo la decisión, depende de los mismos paraguayos.
¿Qué necesitamos?, sólo empeñarnos en recuperar la producción algodonera que fue desapareciendo gradualmente de nuestra agricultura a partir de 1993. Ese deseo está administrado actualmente con mucho sentido de responsabilidad.
Así tengamos que volver a iniciar de cero, iniciemos. Nos conviene trabajar el algodón, es nuestra riqueza desde hace milenios. Siempre habrá necesidad de vestido, por tanto de la materia prima con qué producirla. El mandyju paraguayo tuvo presencia activa en los mercados internacionales y esa debemos recuperar, por una cuestión económica y, desde luego, de honor.
El reposicionamiento de la fibra paraguaya en el mercado internacional demandará tiempo, calidad y volumen. La cantidad, en razón de que las grandes fábricas procesadoras fabricantes de hilos y tejidos les resulta más conveniente trabajar con una fibra uniforme durante todo el año; entonces, toman la mano a las características de cada fibra y ya saben el porcentaje de mezcla.
Más importante que la cantidad es la calidad que dependen de las variedades sembradas, de las condiciones en las que se producen ese algodón y, finalmente, del manipuleo de esa fibra desde la cosecha hasta el desmote. El algodón paraguayo ocupó una privilegiada posición en el mercado internacional en la categoría de fibras de longitud intermedia y ha sido muy bien posicionado porque correspondía a una variedad que tenía finura, madurez, buena coloración, etc.
¿Cuánto nos queda por delante para recuperar lo perdido? Mucho. Pero lo más importante es poner manos a la obra y volver a comenzar. Nada está perdido cuando la buena voluntad se pone por delante.

domingo, 16 de octubre de 2011

Sociedad imprecisa

Precisión es una palabra que, según el diccionario de la Real Academia Española tiene cuatro acepciones. La primera acepción dice: “Obligación o necesidad indispensable que fuerza y precisa a ejecutar algo”.
La segunda acepción: “Determinación, exactitud, puntualidad, concisión”.
La tercera acepción de la palabra precisión es: “concisión y exactitud rigurosa en el lenguaje, estilo, etc.”.
Y la cuarta: “Abstracción o separación mental que hace el entendimiento de dos cosas realmente identificadas, en virtud de la cual se concibe la una como distinta de la otra”.
Se dice que una persona es seria, formal, responsable cuando es determinante, exacto, puntual, conciso.
Quién se precia de ser serio o seria tiene en cuenta el valor de la palabra. Si promete estar, por decir, en una reunión a la hora acordada, está cinco minutos antes, nunca dos minutos después.
La persona que se ajusta a la precisión no ahorra ni se excede en la palabra. Dice lo necesario como para que su mensaje sea conciso y exacto.
La persona que se ajusta a la precisión discierne, diferencia las cosas; por eso es enemiga de la vulgaridad, de los ordinario, corriente, chabacano, rústico, tosco, grosero, trivial., herramientas y recursos de la imprecisión.
La persona que comulga con la precisión se aleja, presurosa, de los mediocres.
La persona seria separa el trigo de la paja. Discierne con exactitud, prontitud y naturalidad.
Si hablamos del hombre preciso, necesariamente debemos referirnos al hombre mediocre.
El hombre preciso es aquel que hace el bien.
El mediocre está más cerca de no hacer y es capaz de no dejar a otros a hacer el bien.
Aquel construye; este a veces piensa construir.
El hombre preciso hace hoy.
El mediocre lo deja para mañana.
El que se alía con la exactitud dice la verdad sin estridencias.
El mediocre dice la mentira con contundencias capaces de llegar al extremo de la violencia.
El que es preciso es decente; indecente, el impreciso.
El uno es respetado y admirado; el otro, temido por mentir, falsear, imprecisar.
La suma de los mediocres, víctimas de la imprecisión, forman la sociedad imprecisa; en la que no se confía; la que no sale de su estancamiento de miseria.
La sociedad imprecisa aplaude a los pillos, a los de su propio pelaje.
La sociedad imprecisa alaba la pobreza y hasta se honra de ella.
Integra legiones para atacar la constancia del trabajo y para destruir la riqueza.
En una sociedad imprecisa prolongadas huelgas de maestros y transportes públicos son nada, porque faltar a clase o al trabajo es la costumbre de siempre.
La mediocridad de una sociedad imprecisa tolera la ignorancia al amparo del temible como inexplicable “ñande ningo paraguayo minte”, reforzado con el “peichante” y el consolidado “arriero porte pe”.
La sociedad imprecisa fue levantada por los mediocres de los partidos políticos.
La sociedad imprecisa se consolidó con la masa mediocre que vende su voto a la hora de elegir.
La sociedad es imprecisa porque hay demasiados que se niegan a la excelencia. Están empotrados en la docencia, en la política, en el empresariado, entre los padres, los jóvenes y – nobleza obliga – entre los que comunicamos.
Rescaté cuanto mencionó el ingeniero Rolf Lorenzo Stockl: que estamos viviendo en una sociedad imprecisa y que depende de nosotros sacudirnos de sus tentáculos.
En la medida que seamos serios, responsables, sinceros, leales, honrados reconstruiremos la sociedad precisa, seria, responsable, sincera, leal, honrada.
Cada uno somos la sociedad.
Cada uno, pues, es responsable de la sociedad que protagoniza.
Si preferimos vivir bien en sociedad, protagonicemos la precisión, la seriedad.
No es cosa de otro mundo, al fin de cuentas.
Si queremos vivir mal, ya sabemos, sigamos tal cual estamos…

sigamos en la vaguedad, en lo indefinido, en el emblemático "peicha peichante" del criollismo paraguayo.


(Foto: Fotolia.com)

sábado, 1 de octubre de 2011

La escuela de locutores

Como todas aquellas de fines del siglo XIX, la casa fue de las que los tatarabuelos llamaban chorizo, de característica fachada del renacimiento italiano. Ventanas enrejadas y puerta cancel altas. Vivienda destinada a alguna familia rica, patriarcal, de la post Guerra contra la Triple Alianza.
El zaguán conectaba al patio.
La puerta principal era maciza lo mismo que las paredes; sus revoques, de barro y bosta y; su pintura, amarilla encalada. El piso, con baldonas hexagonales rojas y negras, daban al sitio un aire aristocrático.
En el patio todavía estaba el aljibe entre el alto techo del corredor y la intemperie. Un caño de hojalata descendido de hacia las tejavanas que, con cada lluvia, dejaban correr, abundante, el agua a las profundidades de la cisterna.
El patio interior, rodeado con altos muros de las casas vecinas, habría lucido con las mejores plantas ornamentales de la época y, el tórrido verano tuvo que haber sido aplacado con su extensa y alta parralera, cuyos pilares se negaban al derrumbe con el paso de los años.
En esta casona antigua de la esquina de las calles Montevideo y Oliva, en la capital, funcionaba la Escuela de Locución y Arte Escénico, “Roque Centurión Miranda” que la adaptó para este fin la Municipalidad de la capital.
La que tuvo que haber sido la sala de aquellas familias patricias se convirtió en la dirección de la Escuela; los dormitorios, en aulas. En el fondo del patio se montó un escenario donde se presentaban los nuevos actores y actrices al término del año lectivo.
Los jóvenes que soñábamos ser locutores como los grandes de la época – 1972 – debíamos anotarnos en dicho centro de formación artística y vocacional.
Simón Nicolás Casola, el del traje azul y desgastado, del pelo lacio y rubio, del cigarrillo entre los dedos, el locutor de la entonces prestigiosa Radio Guaraní, fue nuestro profesor de locución.
Un gran maestro que ante nuestros ojos de jóvenes aspirantes a ganar un espacio en la cabina de locutores fue un astro, intensamente brillante, de la radiofonía nacional.
Nos enseñaba impostación de voz, a engolarla; técnicas varias de lectura, cómo leer una glosa, un aviso comercial; nos llevó, en fin, hacia el verbo profesional, tembloroso primero; firme y llano, después, con el que forjaríamos nuestros respectivos futuros.
Copiaba los avisos comerciales leídos en la radio y que todos escuchábamos. Esos textos leíamos en clase, en voz alta acicateados por la fantasía de sentirnos ya locutores de radio.
Él nos escuchaba y nos orientaba. “Module la voz, expréselo con calma, enfatice esa oración, sienta lo que está leyendo”, iba orientando en frases sueltas y contundentes en el aula atestada y poco iluminada.
El primer día de clase fue memorable.
El profesor Casola preguntó a cada uno de nosotros la razón que nos trajo aquí ¿Para qué quieren ser locutores de radio? fue al cuerpo.
Unos dijimos que para ganar dinero, otros que para ser famosos y Milciádes Quintero, un rubio enorme, alto, de cara cuadrada, recorte cepillo con facha de boxeador peso pesado, no dudó para contestar que él asistía a la Escuela de Locutores para trabajar en La Voz de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
- ¿Cómo dice? – inquirió Casola, con la madura parsimonia del maestro.
- Para trabajar en la Voz de la Organización de los Estados Americanos, desde Washington D. C.
Desde luego, todos nos echamos a reír.
Quintero, tras pasear su mirada en los rostros de la sala, insistió con que en menos de dos años él sería escuchado en Paraguay desde los Estados Unidos hablando en una radio. No le creímos.
Al año siguiente ya no asistió a clase, ya no estaba en Paraguay, había viajado al país del norte y poco tiempo después, efectivamente, lo estábamos escuchando desde aquel país. Con el tiempo se convertiría en un importante referente en la radiofonía norteamericana.
Otro compañero de clase, Víctor Alderete, también había viajado a los Estados Unidos y se había integrado a Radio Martí donde trabajó durante largo tiempo. Precisamente con Víctor Alderete, Carlos Sánchez Martínez y yo comenzamos haciendo radio en junio de 1972 cuando, convocados por un locutor jovencito y muy escuchado por entonces, Miguel Ángel Argüello, salimos a ser “movileros” los sábados a la tarde. Ya les contaré en otras páginas.
Carlos Sánchez Martínez (Jhonny Sánchez) fue a trabajar en la radio de César Saccarello en San Juan Bautista por donde formó familia y se radicó.
Una jovencita veinteañera, núbil, hermosa y de minifaldas, era nuestra profesora de declamación y dialéctica. Sus atractivos nos hacían los más puntuales para sus clases. Sería absurdo negar que los varones nos disputábamos las primeras filas para estar más cerca de la encantadora profesora.
Ya para esa época, ella tenía su camino recorrido en el teatro nacional. Para cuando se publica estas líneas, ella es Directora del Teatro Municipal, Clotilde Cabral.
Tuvimos la suerte de contar con la escritora Josefina Pla como profesora de literatura. También en el bachillerato la tuve como tal. En esto de aprender de ella yo gané por partida doble. Era muy seria y sabía demasiado no solo de literatura sino de historia de teatro, historia griega, filosofía, gramática, castellano, como para desperdiciar sus clases.
Aspirantes a locutores y a actores (y locutoras y actrices, claro) estábamos en la misma clase donde hacíamos práctica de teatro, inclusive. En las periódicas “presentaciones de gala”, entendidas como partes de los exámenes parciales y finales, la “platea” estaba conformada por la directora de la institución, nosotros y los de los cursos superiores (segundo y tercero), todos en la salita de clase, apretados.
Aquel año, 1972, cursaban el segundo curso de Locución y Arte Escénico Manuel Cuenca y José Tomás Cabriza y; Ángel Antonio Gini Jara andaba por el tercer curso.
María Elena Sachero nos enseñaba teatro puro y duro. Otro profesor teatrero nuestro fue Victorino Báez Irala, un señor alto, flaco, correcto, un caballero.
Aquella casona ya no está. Allí fue construido un edificio alto de oficinas que, también, de a poco se está volviendo viejo. La escuela fue trasladada sobre la calle Mariscal Estigarribia casi Curupayty y cuya dirección estaría, poco después, a cargo del flamante egresado de la misma institución, José Tomás Cabriza Salvioni, epígono de aquellos maestros que ya se marcharon.
(foto: Fotolia.com)

domingo, 18 de septiembre de 2011

Quiindy

Durante la dictadura de Alfredo Stroessner, Quiindy - siendo pueblo - era conocido como el de la caña fabricada clandestinamente a la que se conocía popularmente con el nombre de "caña clandé" -. Era caña clandestina porque, prácticamente, la única catalogada como legal en el rubro de bebidas destiladas era la que producía y vendía la industria estatal Administración Paraguaya de Alcoholes (APAL).
En la actualidad, con todo el perfil de una ciudad, A Quiindy se la conoce por su producción de pelotas de cuero y yo diría, de las mejores pelotas del Mercosur.


Y pocos saben que es el pueblo del doctor Ramón Artemio Bracho, creador de la Cruzada de la Amistad, hoy con transcendencia mundial. Mediante este importante aporte del médico a la humanidad, Quiindy es conocida como "Ciudad de la amistad" y cvomo la "Perla del Ypoá".


Más de una persona me preguntó desde el exterior cómo es Quiindy, ya que ya muchos saben que el doctor Bracho es quiindyense . A más de lo que se puede encontrar en Internet, le aporto algunos datos sueltos que fui juntando de lo que leí en publicaciones varias.


El musicólogo Luís Zsaran nos recuerda en su "Diccionario de la música en el Paraguay" que la revolución de 1922 inspiró el compuesto "Crimen de Quiindy".


Después de la Guerra contra la Triple Alianza, en 1874, Juan Carlos Herken Krauer apunta en "Paraguay 1869 - 1913" que Quiindy tenía 200 habitantes. En 1945, por decreto 6.954 del 25 de enero de 1945 se transfiere la suma de 70.000 guaraníes al Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones para la construcción de una escuela rural modelo en el kilómetro 105, jurisdicción del pueblo, según planos y presupuestos presentados por una compañía denominada "Hebard".


A más del Dr. Bracho, ¿quiénes son otros hijos destacados de Quiindy? Veamos:


En 1879 nació aquí Higinio Arbo Isasi, docente, parlamentario y diplomático; en 1904, Basiliano Caballero Irala, militar; el 11 de marzo de 1906, Antonio E. González Rodríguez, militar y jefe durante la Guerra del Chaco.


Por mediados del siglo XVII, el ganadero Gabriel de Riquelme de Guzmán recibió la "mayor merced real de la provincia", al decir del historiador Roberto Quevedo, que consistía en una extensa tierra iniciada en Quiindy hasta el río Tebicuary. Riquelme vendería parte de sus tierras a un tal Fernández Montiel donde, con el tiempo, se crearía el pueblo de Caapucú.




martes, 13 de septiembre de 2011

El retorno del algodón

En 1984 publiqué un libro sobre la historia algodonera del Paraguay, lo llamé "Los eslabones del oro blanco" y fue, modestia aparte, un éxito de librería. El algodón andaba bien y, me percaté, que faltaba un libro que se refiera sobre los eslabones de esta fibra en la historia nacional.
Me puse a hilar fino para llegar a la meta. El recordado y apreciado amigo Alfredo Seiferheld fue quién más me alentaba para sacar el libro, incluso de sus incursiones en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) me traía algunos datos que, finalmente, fui a buscarlos yo mismo bajo su orientación. A su cargo estuvo el prólogo del libro.
Por aquel tiempo, el algodón andaba bien; los agricultores que dedicaban su trabajo a este renglón vivían sin necesidades. Había sonrisa en sus rostros, se sentían felices.
No les apabullaré con cifras manejadas en aquel tiempo en torno al algodón. No. Además no me gusta esa parte porque, necesariamente, debemos comprar aquellas con las de hoy que casi son nada.
Recuerdo de cómo andaba bien el algodón comprado por 30 desmotadoras (hoy quedaron 11). Todos trabajaban, el niño, el adulto, el hombre, la mujer; se contrataban peones (llamados braceros) y estos volvían a sus casas con dinero pagado por el pequeño agricultor. La dignidad se anidaba en las casas de los algodoneros.
Lo que pasó, producto de una inexplicable informalidad de algunos responsables del plan algodonero nacional, llevó a la semi aniquilación de la producción de la fibra en Paraguay. Todo perdimos por irresponsabilidades como, por haber descuidado la semilla nacional conocida con el nombre de Reba P-279 y, a partir de ahí, derrumbar al gigante de los planes mixtos del país conocido con el nombre de Programa Nacional del Algodón.
Millones de dólares perdidos desde los inicios de esta loca carrera hacia el suicidio económico ¡Millones! Miles de familias campesinas sin nada que desde ese momento de la tragedia los arraigue a sus chacras que los vendieron, prestaron, o empeñaron y se marcharon hacia las ciudades de Paraguay y del exterior. Miles de estos ex algodoneros emigraron a España, Argentina y Estados Unidos. Los hogares se convirtieron en los "oga kue" sin valor.
Un joven abogado, Enzo Cardozo, ahora ocupado en el cargo de ministro de Agricultura y Ganadería, desde que asumiera está empeñado en revivir al herido de muerte. Golpea puertas varias, conversa, se alienta, cae, vuelve a levantarse y cuando ya todos están animados, no hay semilla suficiente para llegar tan siquiera al 10 por ciento de la mayor superficie sembrada alguna vez.
Y la semilla, de nuevo, genera impugnaciones. Unos quieren la transgénica, pero otros no están de acuerdo, sino solo con la convencional. Y la convencional ya no se produce. Las ideologías despiertan y surgen conversaciones que vuelan sobre territorios que poco tienen que ver con la producción propiamente dicha.
Hojeando aquel libro publicado en 1984 volví a reflescar mis ideas sobre el agricultor paraguayo, un hombre guapo, inteligente, perseverante y solidario siempre y cuando se sienta apoyado por los estamentos privilegiados de la producción (técnicos, bancos, industrias). Dejaron la siembra porque, en fin, ya no tuvo maneras de seguir en medio de tantas informalidades, como por la distribución de las semillas adquiridas en el exterior pero de casi nula capacidad germinativa.
Espero que con el abogado Cardozo tengamos mejor suerte y reflotemos esta riqueza genuínamente paraguaya (ya han pasado quizás una veintena de ministros de Agricultura desde Hernando Bertoni). Las ganas del joven secretario de Estado de recuperar terreno perdido me hacen pensar que el renglón retornará como uno de los rubros más importantes entre los agricultores de menos recursos del país. Al menos todos eso esperamos todos. Crucemos los dedos...

domingo, 11 de septiembre de 2011

General César Rafael Cramer Espínola


César Rafael Cramer Espínola nació el 25 de febrero de 1941 en Pedro Juan Caballero. Es hijo del asunceno Guillermo Alfredo Cramer Henman y de la luqueña Exa Espínola. Por el lado de la madre es nieto del doctor Teodosio González (autor del libro "Infortunios del Paraguay") y de Teresa Espínola. González, sin embargo, no había reconocido a Exa como hija.
Cuando Rafael, hijo de padre y madre alemanes, tuvo dos años y medio de edad murió su padre. Guillermo Cramer fue ex combatiente de la Guerra del Chaco y; en tiempos de paz, fotógrafo y administraba un negocio de artículos fotográficos en Asunción.
El matrimonio Cramer - Espínola tuvo dos hijos: Guillermo (+) y Rafael. Guillermo fue suboficial jubilado de policía. Rafael nació en Pedro Juan Caballero porque su padre fue deportado a aquella ciudad fronteriza tras la caída del coronel Rafael Franco del poder el 13 de agosto de 1937, de quién fue adherente.
Tras enviudar Exa, ella trae a sus hijos a radicarse temporalmente en Luque, de donde pocos años después emigra a Posadas, Misiones, Argentina, a instancia de Albino Espínola, hermano de Exa, quién tenía depósitos de madera en aquella ciudad litoraleña.
Exa enviudó joven en la década de 1940 y no volvió a contraer matrimonio. Siguió trabajando un tiempo de fotógrafa y, luego, de empleada en una tienda de la Recova de la calle Colón, cerca del Puerto. Cuenta Rafael que su madre tenía muchas cualidades para las letras.
Rafael alternó sus estudios entre la "Escuela Mandi´o" de Luque, el "Roque González de Santacrúz" de Posadas y el Colegio Nacional de la Capital, de donde, cursando el segundo año de la secundaria, fue trasladado al Liceo Militar "Acosta Ñu" de donde logró pasar al Colegio Militar "Mariscal Francisco Solano López" antes de recibirse de subteniente de reserva en el liceo.
Alumno siempre aplicado, excelente, le permitió avanzar en el Colegio Militar donde los cinco años de estudios le premió ser el mejor cadete de cada año. En la ceremonia de graduación del 15 de diciembre de 1961 recibió 12 premios, como subteniente de infantería mejor egresado, de manos del general Alfredo Stroessner, presidente de la República y comandante de las Fuerzas Armadas de la Nación.
El general Alejandro Fretes Dávalos, profesor del Colegio Militar, alentó al joven oficial a trasladarse del arma de Infantería a la de la Fuerza Aérea.
Hizo estudios profesionales en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos; fue piloto de Transporte Aéreo Militar (TAM), director del aeropuerto "Alejo García" de Ciudad Presidente Stroessner, de Aeropuertos Civiles, del Aeropuerto de Asunción, comandante de naves Boeing 707 de Líneas Aéreas Paraguayas (LAP), presidente de la empresa estatal LAP, Comandante de las fuerzas Aéreas, y Viceministro de Defensa.
Durante el gobierno de Raúl Cubas (15 de agosto de 1998 - 28 de marzo de 1999), por orden del general Lino Oviedo fue a prisión por haberse opuesto a las intenciones golpistas de éste durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy. En más de una ocasión, siendo Oviedo comandante del Ejército y; Cramer, comandante de la Fuerza Aérea, se enfrentaron, éste en defensa de la institucionalidad.
César Rafael contrajo matrimonio con Aura Beatríz Campos (fallecida el 17 de enero de 2009) y tuvieron cuatro hijos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Aquellos locutores

"Museo Virtual del Paraguay" se llama una interesante página Web que me tuvo ocupado observando y paladeando, claro, cada tramo de su riquísimo contenido. Marcos Echeverría es el entusiasta y director de la página por lo que, seguro, ya habrá recibido centenares de felicitaciones merecidamente.
Bien, en esta Web encontré la foto de conocidos locutores radiales de Paraguay que me inspiró contarles algunas cosas de mi experiencia como comunicador radial al vincularme con varios de ellos.
La foto respectiva, aportada a dicha web por Rodolfo José Gómez Moreno, fue tomada en Radio Guaraní cuando era propiedad de César Sacarello. En ella están, según el epígrafe inicial las siguientes personas: Hermes Martínez, Agustín González, Herma Sosa Montanía, Juan Pablo Villalba, Aristídes Rojas, Víctor Raúl Lezcano, Celestino Álvarez, Saccarello, Juan Bernabé Apodaca y Humberto Rubín.
Conocí a González, Herma, Alvarez, Saccarello, Bernabé y, claro, Rubín.
Cuando por 1973 desembarco en Radio Comuneros en el horario de Herma, González era locutor de Radio Nacional del Paraguay; Álvarez, en Radio Guaraní; Saccarello era técnico en transmisores de radio (luego instalaría otra radio en San Juan Bautista y sería su propietario) y; Bernabé era el dueño y director de Radio Comuneros y fallecería a mediados de 1974.
Debo confesarles que yo admiraba mucho a los locutores de la época. Eran señores locutores. Herma era una señora locutora. Jamás improvisaban. Decían lo justo y necesario. Eran apoyados por libretistas serios como Rovisa, Gerardo Halley Mora, Lionel Enrique Lara y más antes, Sindulfo Martínez, por mencionar a algunos, que preparaban dariamente los mejores textos que permitían a los locutores, a más de lucirse, ser considerados verdaderos astros de la comunicación.
Herma, de quién aprendí mucho en el arte de comunicar por radio (yo tenía 21 años de edad), era de ir a la radio con un montón de libretos escritos por Rovisa. Ella tenía un programa diario, conocidísimo en la época, que se llamaba "Aquí está su bolero" (el nombre completo, en realidad, fue "Una canción para el ensueño y aquí está su bolero"). Los domingos, de 13.00 a 14.00, presentaba su programa "Disque por su disco y su pedido en el aire", no menos famoso.
El marido de esta locutora fue Aristides Rojas, el mismo de la foto; un hijo sobrevive a ambos que también lleva el nombre del padre, el muy recordado Baby.
Herma era muy audaz en todo emprendimiento que haga referencia a su profesión. Un día viajó a Buenos Aires y yo quedé cubriendo el turno en la radio. Volvió un par de semanas después con un disco "long play" (LP) que ella grabó en el sello RCA Victor. Eran poemas interpretados por ella con la musicalización de fondo del maestro Horacio Malvicino. El texto de presentación del material fonográfico, como se decía en la época, correspondió a Arnaldo André, con quién tenía muy buena y afable amistad.
A Celestino Álvarez lo conocí cuando ya tenía próximo a los 60 y pico de años. Tenía un turno a la tarde en Radio Guaraní y también por ahí veía y saludaba a Saccarello, un hombre enorme y bonachón.
Francamente todo ese inicio profesional mío al lado de estas grandes figuras de la radiofonía nacional paraguaya de aquel tiempo me parece que fue ayer. Los recuerdo perfectamente; Mis turnos a la noche y la tranquilidad con que volvía a mi casa caminando al filo de la madrugada sin que nadie me moleste; los grandes espectáculos musicales en las fonoplateas de las emisoras por donde pasé, el calor que hacía en la sala de transmisores porque en aquel tiempo estos andaban con lámparas; las llegadas tardías de Coco Bernabé quién me debía reemplazar a las 16.00, hora que arrancaba su programa "El club de los discómanos". Tantos recuerdos...
La web de Echeverría y la foto de Gómez Moreno son los comandantes de la nave imaginaria que me condujo al pasado. A ellos quedo muy agradecido por permitirme desplegar alas hacia los inicios de mi carrera.