Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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lunes, 19 de octubre de 2009

Naranjas asuncenas

Un refrán decía que no se ha de exprimir tanto la naranja que amargue el zumo. No sé si esta frase se habrá utilizado o no para que las plantas de cítricos desaparecieran de las calles asuncenas. En verdad, esta especie sufrió en diversos periodos los efectos de los hachazos y machetazos de las autoridades de turno. Sin embargo, debemos reconocer el esfuerzo de la intendenta Evanhy de Gallegos por retornarlas a nuestras calles.
Todas las ciudades tiene un olor, al menos para mi. Buenos Aires me huele a café y salsas; Taipei, a cloaca (disculpen mis amigos chinos) y; Asunción, a azahares, no tanto por el aroma propiamente dicho sino por la guarania "Canto al Paraguay, de Heriberto José Altimier, un médico argentino, en la parte que dice "tus naranjos y tus flores los recuerdos sin igual".
Gaspar Rodríguez de Francia fue el primer verdugo de los naranjos asuncenos. Mando cortar todos aquellos que entorpecían, al igual que las casas, para enderezar las calles. No quizo saber nada. Y conste que frente a la Casa del Gobernador, donde residía, había una planta de naranja que a más de darle frutas le servía para que, a su sombra, se fusilaran a sus enemigos, cosa que le producía un extraño placer.
Hasta por la década de 1960, las calles asuncenas estaban llenas de estas plantas reventadas de frutas y de aromas de azahares. Eran preferentemente de las llamadas "naranja hai", a las que el artista luqueño Bernardo Galeano compuso una música, con ese nombre.
Habían zonas identificadas con la fruta, como "Naranja ty", entre las actuales avenidas Fernando de la Mora, Choferes del Chaco y Eusebio Ayala. Vestigio de aquella abundancia cítrica es la calle "Naranjales" en el barrio San Pablo, de Asunción, nombre adoptado por ordenanza municipal en 1981.
Augusto Roa Bastos gustaba mencionar a la naranja en sus obras. incluso su primer trabajo se llamó "El naranjal ardiente" que no se publicó sino muchos años después de haber terminado de escribir. Algunas de sus frases evocando al cítrico dicen, por ejemplo, "que alzan en meridianos de luz los naranjales", "bajo un sol de verano con naranjas de amor", "hermano de oprimidos naranjales", "de estos altos naranjos atajados por la muerte", etc, mencionadas sobre todo en poesías varias.
Concepción Leyes de Cháves en su obra "Tava´i" también dedica espacios a los cítricos: "sin más árboles que las chilcas y las naranjas plantadas por los jesuítas", "plantas de limón y naranjas en las casas", "espina de naranjo para hilvanar ropa", etc, con los que va pintando las costumbres en un pueblo paraguayo.
Desde hace un par de décadas, en el sur del país se producen las naranjas más ricas de la región y que bajo la conocida marca "Frutika" llega al mercado nacional y extranjero convertidos en jugos (zumo le dicen los españoles) higiénica, atractiva y estéticamente envasados.
En el año 2008, la intendencia municipal de Asunción volvió a colocar plantas sobre la calle Benjamín Constant con la intención de cubrir otras calles. Parece, cosa de no asombrarse, que la idea se esfumó; al menos no se dió a conocer nada sobre el particular.
Bueno, no insistiré mucho en esto, no sea, como dice el refrán, que se amargue el jugo.

domingo, 18 de octubre de 2009

Cómo hablan los españoles (pues, los paraguayos también)

El idioma que hablamos, el castellano, tendría unas 300.000 palabras, de las que - según Camilo José Cela - el más culto no maneja más de 30.000, mientras que el común de la gente usa unas 1.500; a lo mejor, con suerte y viento a favor, como dice mi amiga María Teresa, yo estoy en este grupo de las 1.500.

Sin embargo, saber el idioma no es sólo hablar y escribir, sino entender. Paraguayos y españoles hablamos castellano; pero el significado de muchas de nuestras palabras (del castellano paraguayo digo) no entienden los ibéricos. Un día hablando con un señor adulto, madrileño, este no comprendió cuando le dije que "esta mañana garuó un poco", porque, intervino, "en España no usamos esa palabra". Y garuar está en el diccionario de la Real Academia Española (RAE).

¡Vaya dilema!

Claro, porque esté en el diccionario no todos la usarán ni comprenderán.

Entendernos entre paraguayos y españoles con nuestro propio idioma no es tarea fácil. Mientras nosotros decimos "caminar", los españoles prefieren la palabra "andar"; mientras estos llaman "bombilla" al foco; para nosotros bombilla es el infaltable elemento de mate y tereré. Así las cosas, una primera conversación entre paraguayo y español puede ser un fácil diálogo de sordos.

"Voy aprendiendo de vuestro lenguaje"

me dijo el otro día mi amigo Enrique, "ahora ya sé que decís pieza a la habitación". Le contesté que yo también ya aprendí que "hasta ahora" es un "hasta luego" pero por breve tiempo; "voy al baño, hasta ahora"; "recogeré el diario del portal, hasta ahora". Lo de "hasta ahora" no "pega", como dicen los jóvenes, para nada en el lenguaje de los paraguayos en Paraguay donde se dice "voy al baño, esperáme na un ratito"; "voy a traer el diario, ya vengo".

Y conste que en el lenguaje de los españoles figuran aquellas palabras que están registradas en el diccionario de la RAE pero que nosotros, los paraguayos, no las conocemos por su no uso o porque no nos preocupamos leer y, sobre todo, aprender, las palabras que están en el catálogo de palabras.

Los españoles también tienen sus propias expresiones, sus giros regionales, como nosotros, y que no aparecen en el diccionario. "Joder, macho", "coño", "hostias", "me hace ilusión", "en la puta calle" palabras y frases marcas registradas de los peninsulares, como muy nuestro aquellos de "dale", "está ya", "mirá na un poco", "para qué pió me voy a ir", "¡qué purete!", etc.

A esta altura del comentario preguntaría si quién, excepto los profesionales académicos, se preocuparía de leer el diccionario, y mucho menos buscar en sus páginas razones para el entretenimiento fácil, cuando de por medio están "kamasutra", "El código de da Vinci", "Los amantes lesbianos", los divertidos libros de Helio Vera, etc., etc., etc.

Para cualquiera de nosotros, recién llegados a la tierra de Domingo Martínez de Irala, Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Juan de Salazar, María Mencia Calderón de Sanabria, Bernardo de Velasco y tantos otros que fueron "nuestros" españoles de peso, cuesta una barbaridad entender de buenas a primeras al español, cuya entonación no apreciamos en Paraguay sino de vez en cuando en los doblajes de películas norteamericanas o europeas, cuando un artista hispano, (Raphael, Miguel Bosé, etc.) visita Asunción o, cuando vuelve a casa algún futbolista paraguayo que anduvo chutando la pelota durante un par de años en algún club fifí de estas comarcas europeas, como Cayetano Ré, por mencionar solo a uno de los tantos.

¡Ah!, y también cuando escuchábamos en la redacción del diario a Tony Carmona, nuestro querido colega español, radicado en Paraguay desde hacen añares.

A la entonación hay que añadir la velocidad del pensamiento con que hablan muchos de los ibéricos. En la extraña manera de manejar las letras c, s y z, hay mucha tela por cortar.

Luego viene la parte complicada: las palabras y el sentido que las otorgan; y las causas por las que dicen; y los efectos que buscan con ellas.

Ni qué decir si a un paraguayo le tocara en suerte tratar con un sureño, campeones invictos en "peluquear" las palabras y las frases. "Voy a mi ca porque aquí tengo na que hacé", dice un malagueño como lo más normal del mundo y como si todos le entendieran. Claro, leyendo esa frase es fácil entender; anímese a encararla a través del oído. Le deseo buena suerte …

Cuando hablo con mi amiga María Dolores, nacida en Tíjola, Almería, y radicada en Granada, debo andar con mucha paciencia. Habla tan rápido y paseando su podadora por sobre palabras y oraciones que estoy pensando seriamente anotarme a un curso de castellano andaluz, si hubiera, para poder seguir hablando con ella porque, en esencia, me es muy grato tratar con ella como con cualquier otra persona nacida en este país europeo.

Ian Gibson, escritor irlandés, escribe sobre el granadino Federico García Lorca que habla sin parar "con un rotundo acento andaluz y escamoteando sílabas". Así que, ya sabe ….

Y conste que los paraguayos descendemos de aquellos primeros conquistadores españoles que eran de Andalucía. Ni así nos resulta pan comido entablar con ellos una conversación.

Aunque hablemos el idioma de Cervantes no me fue fácil en mis primeros meses de inmigrante en España entender los titulares de los diarios madrileños cuyas características principales pasan por el uso de las palabras regionales y la abundancia de siglas (PSOE, PP, TC, ETA, EB-IU, CGPJ, VPP, etc., que se merecen otro libro explicativo). Los compatriotas deben, por tanto, aprenderse también las abreviaturas de lo contrario, leer un diario les resultará más aburrido que bailar con la hermana.

Semanas atrás una española de Extremadura que dijo que nosotros los paraguayos somos muy "dulces" en la entonación de la palabra. A lo mejor me dijo por haberse prendado con el canto de los paraguayísimos "Los 3 Sudamericanos", verdaderos ídolos en la Península desde 1963, de quiénes me honro ser amigo, y que han sembrado dulzura en estas tierras. Esto no tiene mucho que ver con el uso del idioma, sólo les quería contar, ya que estamos en España.

Una coterránea se fastidió y volvió a los tres meses a Paraguay: ni bien llegó su jefa (patrona) - ella trabajó de interna (doméstica sin retiro) - al despedirse de aquella un día franco, usó el venga famoso de los saludos de despedida de la gente de estos valles. La compatriota entendió que la jefa la decía que no salga y, por tanto, no salió, claro. La enfadó que su castellano no encajara con el de los españoles. Compró un pasaje (billete dicen los españoles) y ahora está de nuevo en Asunción.

Les explico a mis compatriotas que no han venido aún a España lo que significa venga en este libro. A mi, francamente, me cuesta mucho utilizarla. No sé, no me cuadra, me queda argél; pareciera que no soy yo … ustedes me entienden.

El castellano de España para el paraguayo tiene sus vueltas que se supera sólo con paciencia, virtud ésta que nos arrima a la sabiduría y a la tranquilidad. "Viene a toda mecha", "¡Qué mono!", "vete a pastar", "pues, no pasa nada" son frases demoledoramente sin sentido para el recién llegado a España desde la tierra de los Carios, pero que debemos aprender, de a poco, hasta poder entendernos paraguayos y españoles a través del idioma en común que tenemos.

Ya por algo en la Comunidad Europea se plantea la necesidad de "un conocimiento básico del idioma" para la integración de los inmigrantes a la sociedad que les acoge. Claro, es mejor que el recién llegado también sepa la historia y las instituciones de la sociedad, en este caso de España de manera no se agobie y se marcha en noventa días, cuando su idea primera era permanecer aquí al menos tres años.

Esto de hablar el castellano pero no entenderse es un asunto que dejó fuera de juego al más pintado. "Menos cotilla y más curro", había dicho una vez la dueña del chalé a la cocinera y al jardinero, ambos de Paraguay, acostumbrados a pasarse horas hablando en tiempos de trabajo; las dos personas de nuevo fueron sorprendidas chusmeando otro día por lo que fueron despedidas. Si sabían el significado de "cotilla" y "curro" a lo mejor conservaban el puesto.

A España hemos venido muchos paraguayos en los primeros años del siglo XXI para que en el 2008 ya formemos un colectivo guaraní de unas 150.000 personas. Miles y miles no se adaptan por varias razones, entre ellas por el idioma, aún cuando tengamos uno en común con los de la Madre Patria.

Para ellos, y para los españoles que quieren saber algo más de nuestra manera de hablar el castellano, he preparado este breve compendio de unas 300 palabras, frases, modismos, y muletillas idiomáticas de los hispanos. Son palabras para aprender y salir del apuro a la hora de relacionarnos con los dueños de casa.

Las he recopilado de los diarios, libros, revistas, del diccionario. Claro está, también las escuché en la radio, la televisión; leí en los carteles de la calle, escuché en las tertulias de amigos. Son las palabras que se usan en el supermercado, el Metro, en los cafés, las plazas, entre los vecinos; en toda España y a toda hora. Las fui anotando y preguntando qué significan.

Faltan muchísimas palabras, pero pensamos que esta primera entrega (presentaremos la segunda) servirá para salirnos de apuros. Es como una aspirina para la incómoda jaqueca.

Nos sacudimos de todo intento académico y elegimos el método coloquial, hasta con un poco de sentido del humor, para explicar el significado de las palabras y frases publicadas en esta entrega. Pongo a consideración del público este aporte que, sobre todo, servirá a los recién llegados desde Sudamérica. Al menos, eso es mi deseo.

De la mano de nuestro castellano paraguayo viene a Europa el guaraní de todos los días: "Amontema", "leka", "ya poína", "chururú", que, a lo mejor, alguna vez se incorpora al lenguaje a través de la RAE, así como desde hace tiempo entró en el inglés la palabra "jaguar" (jaguareté) o en el castellano del siglo XV, "Caribe" (caraivé, más señor). El uso y la costumbre de encargará de encajarlo dentro del idioma, tarde o temprano.

Esto de meter más palabras y modismos paraguayos en el diccionario de la RAE me inspira sugerirle a mi compadre y amigo Juan Evangelista Aguiar para que, como académico, vaya haciendo fuerza de modo que alguna vez leamos las palabras puretes paraguayas entre esas 300.000 de las que nos recordaba Camilo José Cela.

La colonia paraguaya en España, entre tanto, contribuye al enriquecimiento del castellano en España con sus particulares giros idiomáticos: traé na un poco", "yo co te dije luego", "bueno, chau manté" , "chulina", "kore, che raá". Quizás algunos puristas se nieguen rotundamente a otorgar pasaporte hacia el diccionario a estas maneras de hablar del compatriota, pero como dice Antonio Galas, "es la unión vital y comercial, no la oposición lo que las lenguas persiguen", no importa de donde sean.

Creo que en esto también se fundamenta la integración.

(Del libro "Cómo hablan los españoles (pues, los paraguayos también)", a presentarse en el Centro Cultural Juan de Salazar, de Asunción, el 19 de noviembre de 2009)

sábado, 17 de octubre de 2009

Galopas y galoperas

Muchos extranjeros piensan que la galopa es una danza bailada con frecuencia y mucho entusiasmo en Paraguay. Y eso, lamentablemente, está lejos de ser verdad. En particular, me hubiera encantado. Nunca faltó en mis viajes al exterior quién me preguntara algo más sobre la galopera.
En un comentario anterior, que lo escribí estando radicado en Madrid, me referí ligeramente a este baile que estando fuera del país los paraguayos extrañamos al borde de las lágrimas. Pero ni bien estamos en Paraguay nos olvidamos de que "debajo de la enramada ya está formada la rueda" y que "sale la galopera su galopa a bailar", porque tal cosa no existe como parte de la danza paraguaya, como lo es la polka, el chamame y la cachaca.
La galopa se hizo famosa por la composición "Galopera" de Mauricio Cardozo Ocampo (1907 - 1982), pero no se baila en las fiestas paraguayas sino en los escenarios a cargo de grupos de danzarines profesionales o aficionados.
La galopa es música para bandas resaltándose la percusión.
Por lo demás, "La Galopera" es, eso sí, una formidable carta de presentación paraguaya en el mundo entero y que fue capaz de provocar el interés constante de la gente, que esperaba - supongo - que esa se danzara permanentemente en Paraguay y que las mujeres bailan debajo de la enramada, que ellas tengan zarcillos de tres pendientes, anillos siete ramales y rosarios de coral. Pero nada de eso es verdad para estos tiempos que corren adversos para el sostenimiento de las costumbres paraguayas.
Lamento decir a los extranjeros que en Paraguay hay preferencias hacia la cachaca (un mamotreto mal copiado de la preciosa cumbia colombiana) que las galopas en general y la Galopera, en particular.
Duele decirlo: cuando nos marchamos del país, la composición de Cardozo Ocampo cantamos a grito pelado ni bien se nos dé la oportunidad y reclamamos una y otra vez que las bailarinas la dancen y que los cantores la interpreten. Ni bien salimos nos desparramamos en encendidos patriotismos.
Después, nada.
Han pasado cincuenta años y no hubo nueva composición que evoque a las mujeres que, cántaro o botella a la cebeza, bailen bajo los enramados de las casas. Nadie se preocupó de esta danza; ni los músicos, ni los poetas, ni los medios de difusión, ni los maestros, nadie. Es una doliente como amarga verdad.
La "Galopera" es bellísima; sin embargo, quiero advertir a los que vengan a Paraguay para escuchar esta y otras composiciones conocidas en todo el mundo ("Recuerdos de Ypacaraí", Mis noches sin ti", "India", "Pájaro campana", etc.) que se darán una desagradable sorpresa, porque las radios las difunden escasamente, casi nada y muy pocos espectáculos en vivo las incorporan. La televisión sencillamente ignoran esta parte de nuestro arte.
Y así sigue la función al compás de la galopa ...

Ver: http://efrainmartinezcuevasbologspot.com/2007/12/la-galopera-en-mlaga.html

Atrapado en las redes


Antes que nada debo decir a los que me leen que soy un ignorante en todo esto que es muy nuevo: las redes sociales virtuales. Ignoro los nombres. Conozco unos pocos como Orkut, Sónico, Badoo, Facebook y se me van acabando los datos.
Dentro de mis limitaciones procuro adecuarme para disfrutar de sus gratuitos beneficios.
Pienso que son oportunidades para tener más amigos, para que, ordenador de por medio, durmamos menos porque ya tenemos amigos en India, Tokio y Taipei o para que la cerveza, con el notebook en la mesa, nos resulte más rica en un bar cualquiera.
Escucho y leo muchas opiniones sobre estas redes sociales.
Algunos, cuyos nervios se exitan fácilmente, sin piedad mandan al garete al grupo con el cual no simpatiza y; por el otro lado, hasta casi idolatra al que simpatiza. Noto mucho fanatismo futbolero por una y otra estructura social. Se me antojan olimpistas gritando contra cerristas, boquenses contra riveristas, liberales contra colorados y; hasta - ¿por qué no? - feministas contra machistas.
Un día entré a Badoo, una cadena como cualquier otra, donde propuse amistad a todo el mundo que tenga por sobre los 40 años de edad. Ni bien me afilié ya tuve mis detractores: que es un grupo de "levante" (en Paraguay decimos levante al "programa", al hacer relaciones de parejas con propósitos sexuales; para "ligar", como dicen los españoles), integrado por ardientes hombres y mujeres que no encuentran más placer que el orgasmo al paso. Escuché sobre esta red insultos y dichos graciosos varios que, felizmente, no me dan ni frio ni calor, al menos no me desaniman lo suficiente como para salir despavorido del círculo.
En Badoo tengo amigos con los que me llevo muy bien. Y amigas, claro. Encontré, es verdad, a hombres con inclinaciones homosexuales que sin decir agua va plantean sus intenciones, como mujeres que, haciendo de Badoo su quinqué, va alumbrando camino en busca de quién ofrezca matrimonio.
Si uno no está de acuerdo con las ofertas, pues no las acepta y ya está.
Por lo demás, con la gente que elijo me llevo excelentemente bien sin que la moneda de cambio sea precisamente la relación sentimental. Entonces, Badoo, para mi vale para que amplíe mi círculo de amigos.
En Orkut estoy desde hace un par de años. Ahí también estamos un poco de todos, especialmente la "pendejada" como algunos dicen de los jóvenes que lo ocupan. En este grupo tengo buenos amigos con quienes cruzo saludos y comentarios breves permanentes. Preferentemente utilizo Orkut para alzar mis fotos para que las personas que quieran las vean.
Se dice que en Orkut se habla mucho de pavada. Y a lo mejor. Pero también en nuestro círculo diario se dice muchas tonteras para lo cual basta con escuchar la radio, leer los diarios y ver la televisión. Entre nuestros compañeros de trabajo también escuchamos tonterías a diario. La pavada no es exclusividad de tales o cuales grupos, es un virus sin remedio que ataca a toda la humanidad con o sin grupos virtuales de por medio.
En Sónico tengo un grupo de amigos que en años anteriores fuimos compañeros de trabajo en el diario ABC Color. En nuestro grupo nos divertimos un montonazo a partir de algunas fotos que vamos aportando; a veces, hasta charlamos en serio y sacamos en limpio algunas perlas que nos permiten liberarnos de ciertas ignorancias. Se trata de un círculo muy interesante que, seguro, es semejante a otros que estén en Sónico, Facebook, Orkut y otros que existirían sobre los cuales no tengo la menor idea.
En España hay un círculo que se llama "Rincón de la armonía" integrado por gente que gusta escribir. Es un círculo muy activo y del que participo con gusto. Se habla de poesías, libros, música, un poco de todo. Muy agradable.
Cada uno busca su propio sitio y relaciones. En todas partes hay gente que grita, dice guarangadas, insulta; pero también está la que ejerce la decencia, es alegre y desea una relación sin egoismos con mucho respeto. Están en Orkut, Facebook, Sónico, Badoo...
No es el martillo lo peligroso para el dedo; es la impericia para manejarlo. No es Orkut el ordinario, es el indivíduo que lo usa. Las herramientas están en nuestras manos; de nosotros depende obtener con ellas lo que necesitemos. No es la guitarra la que desentona, sino su ejecutante.
Es una suerte de creacionismo: los relojes son atendidos por un relojero.
Si voy a quejarme de tantos maleducados que andan por ahí, capaz que me olvide de lo que obtengo en mis relaciones con la gente educada. Entonces, mi ignorancia sobre estas redes sociales incluye ignorar a sus marginales y, a partir de ahí, disfrutar, de las ventajas de esta estupenda creatividad del hombre sabio a mi alcance desde la computadora de mi casa.

viernes, 16 de octubre de 2009

"Llamame por cualquier cosa"

¿Se imagina usted durmiendo plácidamente a las tres de la madrugada y que suene su teléfono para que un amigo le cuente que una rata no le deja dormir o; que tiene un chiste demasiado bueno sobre un cura que andaba embarazando a las jovencitas de la parroquia o; que no está de acuerdo con que el Premio Nobel de la Paz se le otorgue al presidente Obama o; que el último exabrupto de Maradona contra los periodistas de su país no es tan importante como que el equipo argentino se haya clasificado y; así, escuchando todas las pavadas que le puedan desvelar en sus mejores horas de sueño?
Sin embargo, asuma su responsabilidad: usted es el culpable. Su amigo le tomó la palabra al pie de la letra. ¿Se acuerda la última vez cuando le dijo "cualquier cosa y llamame"?
Y, bueno. Por cualquier cosa le llamó.
Es que usted ni se dió cuenta lo que su amigo pensó que era verdad. Como a todo el mundo, le dijo a este buen hombre que le llama "por cualquier cosa" Y le llamó a la madrugada por lo que el llamador pensó que era importante. Además desde que usted le dijo "llamame por cualquier cosa" él pensó que usted le tiene mucha consideración y que, incluso, sin él no será posible que usted viva.
No es sosería, la última vez le dijo que "por cualquier cosa" le llamara. Le autorizó y asuma. No se queje por que no puede dormir, porque hay gente mal educada, o los tekorei que con tal de cortarle el sueño le llama para decirle que no está de acuerdo con el premio instituído al número uno de la Casa Blanca.
A lo mejor en la realidad no se llegue a estos extremos. Pero no faltará un buey corneta que crea a pies juntillas su frase hecha, la misma que se repite miles de veces por día entre los paraguayos. "Sí ... sí ... llamame pues después; o sino, "yo te llamo por cualquier cosa. Dale, dale, llamame por cualquier cosa".
De qué folklórico karameguá se extrajo semejante frase, no tengo la menor idea. Lo que me queda claro es que dice nada, que no conduce sino a confusiones a quiénes escuchan por primera vez y que puede, en algún momento, generar algunas incomodidades.
"Llamame por cualquier cosa" es igual, en castellano paraguayo, a "de acuerdo, nos vemos", "hablamos después, hasta luego", "un gusto saludarte".
Alguien me dijo recientemente que cuando el paraguayo dice "llamame por cualquier cosa", o "cualquier cosa y te llamo" no está sino practicando lo que damos en llamar la "bolaterapia" nacional que no es sino un vulgar engaño. Es igual a "me voy a ir a venir" (del guaraní, ahata aju). El paraguayo sabe que quién lo pronuncia capaz que no vuelva en años.
Entonces podemos decir que nuestra manera de hablar es muy simpática pero imcomprensible para cristiano alguno venido de parroquias lejanas. A lo mejor ofendo si digo que el promedio de los paraguayos hablamos mal, creamos frases sin pensar, arreados desde el guaraní a tambor batiente. A lo mejor no me equivoco si digo que nuestro castellano es engañoso.
Me agradaría que los lectores aporten lo suyo sobre este asunto. Incluso me pueden llamar para que los anote. Pero, por el amor de Dios, no me llamen por cualquier cosa...

miércoles, 14 de octubre de 2009

Duele decirlo pero Stroessner fue mejor

Muchos de mis amigos a lo mejor se molestan por lo que voy a decir, pero creo tener razón para decirlo: Alfredo Stroessner fue inteligente y actuó como tal. Para avalar lo que afirmo dos perlitas: nunca tuvo un vicepresidente de la República e implantó orden en Paraguay.
Ahora todo el mundo se queja o, en el mejor de los casos, se burla de la Vicepresidencia de la República en la estructura del poder. Es un cargo florero, dicen todos, mientras Juan Carlos Wasmosy, ex presidente paraguayo, fue un poco más allá: "es como un florero chino, todo el mundo lo tiene, pero no sabe donde ubicarlo".
Y si no sirve ¿para qué lo tenemos? Stroessner fue muy práctico cuando alguien debía reemplazarlo cuando viajaba al exterior: nombraba a un "encargado", que este caso era su ministro sin cartera, Juan R. Cháves. Cuando no había vivepresidente de la República, el presidente de la Cámara de senadores suplía el cargo en ausencia del Presidente.
Si no sirve el cargo sino para gastar más la plata pública y para que los medios de prensa tengan siempre un tema para hablar de peleas de parejas, lo mejor que podemos hacer los paraguayos es anular el cargo. Para eso creo que vale la pena rever la Constitución Nacional, corregirla y ya está.
Stroessner fue inteligente y sabía ejercer el poder. Ordenaba que haya seguridad en el país y su orden se cumplía. Digan lo que digan de su gestión, como que ordenó la tortura y la desaparición de compatriotas. Es su lado oscuro. Pero, en cuanto a la seguridad general en el país, puso orden. Después de él nadie puso orden. Nadie.
Por eso hoy sufrimos inseguridades de todos los colores y calibres, desde secuestros a la presencia diaria de los no menos temidos "peajeros" en cualquier parte y en cualquier hora; inseguridades que llegan a afectar a la misma Policía Nacional, entre cuyos referentes saltan las denuncias por supuestos vínculos con el narcotráfico y el crímen organizado.
Yo no sé si esta manera de manejarnos en democracia me sea útil, lo mismo que a los demás. Prefiero la de Stroessner, con sus policías con cascos, recortes cadetes y patrullando en la temible "Caperucita roja".
Veinte años de experiencia en medio de un desorden generalizado ya son suficientes como para pensar seriamente con que es mejor un sistema de seguridad fuerte como el que aplica Stroessner y que aplica, sin contemplación alguna para quién sale de la ley, la policía norteamericana.
Se enojarán conmigo algunos amigos que me leen, incluso los demócratas de cartón de los que nunca faltan, por decirles que prefiero la seguridad a lo Stroessner.
No sabemos comportarnos como ciudadanos decentes con obligaciones y derechos en el sistema democrático, entonces deberá actuar la fuerza policial, y aguantémos las consecuencias. Desde luego, para que la policía actúe con firmeza debe tener en sus filas a gente decente y profesional y, si hace falta, volver a cambiar la ley, si hace falta.
Tantos muertos en las calles, en las casas, a lo largo y ancho del país; tanto desorden en todo el Paraguay en 20 años de democracia, tanto robos, asaltos y secuestros, a mi me hace pensar que fue mejor la seguridad aplicada por Stroessner que todos los que vinieron después de él.
Lo del vicepresidente de la República no me sacan horas de sueño; por mi puede seguir como no seguir. Pero, como ciudadano, me preocupa la inseguridad de 20 años que sufrimos, por lo que no dudo en afirmar que, al menos para mi, antes vivíamos mejor con la policía de Stroessner.

domingo, 11 de octubre de 2009

Martín Escalante

Ya superó sus 82 escalones de vida, pero no temía a los desafíos diarios de su arte. Una presentación aquí y; otra, allá, con su último dúo, Toribio Ruíz Díaz. Siempre alegre, con una franca sonrisa, me recibe Martín Escalante en su casa de Asunción.
Ese día llueve y hace frío. Al saludo siguen las anécdotas, los recuerdos que acumuló por más de 50 años con su par, su otro yo, Valerio Quintana, desde que se conocieron en el Bar La Esmeralda en un otoño cincuentista.
Yo periodista, él cantor, no pudimos dejar de intimar sobre el dúo Quintana Escalante; él, en sus vivencias de artista; yo, en mis recuerdos de niño.
Martín y Valerio son para mi aquellos regalos que tuve Villarrica en mis días de niño cuando Los Tres Reyes Magos existían, de verdad, en mi angelical imaginación.
En este setiembre del 2008 cuando tengo la suerte de un mano a mano con don Martín vuelve a mi memoria, fresca y casi tangible, la bolsita de celofán con una decena de caramelos "Culturales", la "musculosa" clara y la sandía, mis regalos de reyes.
Porque Martín Escalante y Valerio Quintana fueron, son y serán siempre el "Seis de enero" de Clementino Ocampo y Martín Escalante. El canto de reyes para los niños pobres, de los tyre´y de padres de los extramuros de la ciudad, de los carentes de zapatos para la vana espera en una ventana de enero.
Don Martín, este urunde´y de nuestro canto, es para mí, mi infancia del typyraty, el cocido negro y de las vedas de carne, azúcar y harina en la Villarrica acosada por la montonera añil y encarnada.
Pero don Martín también es para mi la historia de una mujer de armas tomar, Delfina Servín, la inspirara del motivo popular "Mateo Gamarra", una historia cantada de amores, infidelidades, celos y violencias.
Y, también, don Martín, es para mí su temblorosa y entrecortada firma en el disco que me regalara esa mañana de frío y lluvia al terminar de entonarme su "Seis de enero" triste, un salmo implorante en las sagradas escrituras del folclore paraguayo.