Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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lunes, 29 de junio de 2009

El ocaso de los extorsionadores de la prensa

Creo que la delincuencia periodística empieza a poner violines en bolsa y marcharse de Ciudad del Este. Pasa que los comerciantes van cambiando y, para mi percepción, muy rápido, los paradigmas en sus respectivas transacciones, dejando de lado las trampas, especialmente aquellas que afectan al fisco, para ganar dinero.
Esta primavera esteña es más que alagüeña, es algo que viene bien a todos, a todo el país. El nuevo modelo jaquea sin remedio a los buitres de la comunicación, lo mismo que a sus cómplices infiltrados en la abogacía, la Aduana, la Fiscalía, la Policía y hasta en juzgados.
Hay un viento fresco que viene de hacia el Este y que pone las barbas en remojo a los que, prensa mediante, extorsionaban a tirios y troyanos ¿De ahora en adelante con qué cuentos vendrán los que usaban la prensa para obtener miles de dólares por semana de los comerciantes extorsionados?
Me refería a la "delincuencia periodística" en el Este porque efectivamente eso son, delincuentes. No son periodistas. Son marginales, escorias de la comunicación que comprometen la honrada misión de la prensa.
Tuve la oportunidad de conversar con referentes de los comerciantes árabes en la capital del Alto Paraná para encontrarme con una agradable realidad: hay una corriente cada vez más grande que prefiere la legalidad a la ilegalidad. Ilegalidad que era pasto para los que se hacen llamar periodistas y que se hicieron de un sitio en poderosos diarios.
Esta retirada de los malandros hizo que yo fuera con mi libro ("Faceta oculta de un acusador") a Ciudad del Este. Pensé que en estos momentos la gente tendrá muchas ganas de leer la historia de Héctor Guerín en aquella ciudad con la prensa en sus manos y a los comerciantes condenador a su paredón de fusilamiento por la ventaja personal, quizás, que por la noticia misma.
Desde luego, la presencia de este libro por aquellas comarcas, por donde Guerín cree ser el cacique, no causó a este ninguna gracia porque en sus páginas contamos unas cuantas verdades que lo empelota ante la gente, respondiendo desde las páginas de los diarios de Aldo Zuccolillo que la promoción de mi libro respondía a los intereses de los contrabandistas.
Como siempre - sin el uso del sentido común y, mucho menos, de la ética - sacude lo que primero se le ocurre, como buen disparatero que fue y sigue siendo.
Lo que pasa con la gente sin decencia metida en el periodismo de las Tres Fronteras es que se le está acabando la leche de la mamadera por lo que empiezan a disparar en 360 grados, apretando a cardenales y monaguillos, pero sin el resultado de otros tiempos, de cuando los comerciantes temían las intervenciones fiscales.
Se puede decir, pues, que se estaría en el ocaso de los profesionales de la prensa (de esa que sirve para apretar allí donde se generan olores almizclados) que sin haber aprendido armonizar una frase escrita, sin practicar tan siquiera una lectura comprensiva, se metieron en las botas del periodista, pisoteando como mejor le parecía a Ciudad del Este en particular y; a la prensa, en general. Los vientos benignos del Alto Paraná empiezan a engripar a intrusos de la prensa y, por eso, arañan los muros que puedan pero ya saben que estos son muy altos y que ya no podrán derribar con una campaña extorsiva. Para ellos la farra se está acabando.

domingo, 28 de junio de 2009

Las campanas de Caazapá

Son pueblerinas. Y ahí está su lado bueno. Suenan largas, armónicas, únicas. Salmodias metálicas. Anuncian las domingueras celebraciones católicas. Las campanas de la iglesia de Caazapá, el pueblo fundado por fray Luis de Bolaños. El silencio de los domingos de este pueblo colonial se puede cortar con una tijera. Debajo de las tejas rojas pareciera que nadie vive. En sus largos corredores algunos toman mate.
Sus calles céntricas, mezcla de pueblo y ciudad, estàn desiertas.
Al alba, un gallo inicia la larga cadena de tiquiquiriíes que se prolonga hasta muy lejos. El aire fresco aporta lo suyo. Rocios.
En el bajo, hacia la terminal de ómnibus y el mercado, el remolón ronroneo de un diesel, acaso un bus listo para marchar hacia Villarrica o Asunción, promueve el despertar de la no menos remolona madrugada. Después, nada. Solo silencio.
A esa hora, Caazapá es un poco el Macondo de Gabriel García Márquez o; el Areguá de Gabriel Casaccia o; Manorá de la Madama Sui de Roa Bastos. Apático donde nada perturba a nada.
En cada casa, en todos los sitios, el recuerdo de las refriegas montoneras, donde los fusiles de milicos y guerrrilleros marcaban el compas de las liturgias políticas de 1959. En las casitas blancas asoma la abundancia oculta, generada por el trabajo del hachero y el leñador de los Fassardi. En sus campos, el blanco de los nelores de la estancia "Tarumá", del viejo doctor Sarubbi, apellido italiano mezclado con el de los criollos del montaras paraje, llenan de esperanzas las dehesas.
En las alturas, en el campanario, los badajos golpean, se gesta el mágico sonido que impregna al pueblo. Primero, el de la pequeña campana, una suerte de soprano. Al breve repiqueteo sigue otro, más rápido; interfiere la grande, que suena como más fuerte, como la voz de un barítono, cuyos ecos barnizan el cielo, los árboles, las casas, las calles, hasta los lejanos campos del pueblo de Bolaños, en los límites del cerro Ybytyruzú.
Los sonidos provenientes del bronce colgado del alto tirante impregnan la ciudad, como el incienso llevado por el el ceremonioso turiferario. Su irresistible magia llegan a los recónditos espacios del corazón hasta las dimensiones del alma. Son el llamado de Dios a concurrir a su casa ese día de guardar. Anuncian las misas mañaneras.
Son tres llamadas por celebración. Avisan, sobre todo, que Dios, su Hijo, la Virgen María, el Espiritu Santo, los Santos Apóstoles existen. Y que existirán siempre.
Los domingos son días de las campanas de la iglesia de Caazapá.
El personaje es el campanero anónimo trepado en las alturas, como un director de orquestas, quién da brazadas a las sogas.
El Día del Gran Campaneo es el domingo en Caazapá. El forastero no deja de ser hechizado por sus tañidos agudos, graves y prolongados que despiertan, animan y llenan de misteriosas ganas de conocer a Dios y a Jesús.
Y el forastero también va a misa junto al colonial altar, de imágenes de madera, de pilares salomónicas, de doradas copas sacras, donde hombres y mujeres oran el Padre Nuestro, el Ave María y pronuncian el Credo entre dientes, sisieando, como hablando al oído del Creador, con las manos juntas, en oración, con la mirada clavada a las antiguas baldosas del largo templo, como lo hacen solo los siervos buenos, los fieles de Caazapá, cada domingo, después de las campanadas.

En el diario Crónica

Cumplí un ciclo en el diario Crónica de donde me retiré a mediados de junio de 2009 para tomar nuevos rumbos profesionales. Fueron diez meses de pasarlo muy bien con un grupo humano estupendo. Un grupo de jóvenes periodistas, diseñadores, gerentes, fotógrafos, correctores y choferes. Con ellos aprendí (cada día aprendemos algo nuevo) y, sobre todo, lo pasé estupendamente bien.
Cuando Néstor Insaurralde, el director periodístico, me dió la libertad de elegir un puesto dentro del equipo, le dije que quería ser cronista. El de la calle. Ese que va tras la noticia y vuelve con la presa. Un perdiguero del suceso.
No me olvidaré de algunos de mis reportajes.
En Yaguarón me tocó reportear a algunos vecinos que estaban hartos del "sátiro del pilín", un policía que no podía pasar sin mostrar su asunto a cualquier mujer que tenga la desgracia de cruzarse en su camino.
Queda para la anécdota de cuando en Simón Bolivar, Caaguazú, fuimos amenazados de muerte por el hijo de una paraguaya que contrajo matrimonio con un español, a quien dejó en bolas y a los gritos y que, poco después, lo mandó asesinar. Es que tuvimos la ocurrencia, cámara en ristre, de hacer un seguimiento periodístico a ese truculento caso donde mis compañeros, el fotógrafo Arsenio Acuña y el chofer Cuevitas, podían haber sido también víctimas del enfurecido hijo de la ingrata.
Reflexionaré en mis tiempos de tranquilidad sobre el fenomenal lío que inicié con aquel artículo sobre la payesería descubierta en una crucecita, al lado de la ruta en la entrada de Areguá. Pasó que algunos aregüeños, al leer el artículo, habían dicho que aquello fue un "trabajo" de los artesanos de Itá, que les sentía envidia. En Itá, una pruebera, siguiendo el hilo periodístico, descubrió con sus gastadas cartas, que no era verdad lo que se decía. Pero muchos iteños, que como la mayoría no lee bien lo que se publica, fueron a la carga contra la pruebera a quién acusaron de haber sido la que hizo el paye contra los aregüeños. De mi parte, hice mutis por el foro para que ni aregüeños ni iteños se les antoje hacerme un paye o qué.
Solamente en la redacción de Crónica pude experimentar las adrenalinas al máximo enfrentando a los quinieleros ante un curioso caso de apuestas. Unos clientes habían apostado a un número de tres cifras y sacaron, pero la empresa se habría resistido a pagar, por lo que nos avisaron. En la empresa, a regañadientes, nos dijo un personal de tercera categoría, que se pagarán los premios pero que para el efecto debían los agraciados presentarse a su administración documentos personales en manos. Aquello se arregló.
Supimos que algunos (de los genios que nunca faltan en cualquier empresa) habrían sugerido manipular la premiación de una fecha para que unos cuantos apostadores jugaran el número respectivo en las boletas de los llamados quinieleros "mau" a los efectos de, desbancados, dejen de competir a la empresa legal.
Dicho y hecho.
Los espectables elegidos para la operación cumplieron. Pero entre ellos no faltaron los infieles que también jugaron en las boletas de algunos quinieleros al servicio de la empresa legal. Parece que, efectivamente, los ilegales acusaron efecto del destructivo torpedo, pero, por causa de los infieles, también la empresa legal. Fue de antología.
No me olvidaré los espeluznantes relatos de poras, muertos, espiritus y malavisiones relatados por los protagonistas y que los publiqué un tiempo en la columna "Crónicas de misterios". Las mini historias de la columna "Ilustres desconocidos", que las firmé con mi seudónimo "Taravé morotí", me divertían un montón. Quizás, más adelante, publique esas historias breves en algún libro. El tiempo dirá.
Pero lo que siempre recordaré es la calidez humana de cada uno de los que conforman la redacción. Extrañaré las quejas de Neri Insfran, el despampanante escote de Meide, los desgastados (y desgastantes) chistes de Víctor Ruíz, el cerrismo casi enfermizo de "Gato" Dominguez y la dinámica laboral de Griselda, mi "patronita", con quién cuando "invadimos" la sección policiales nos divertimos como niños.
El "qué lo que voy a contestarle" de Rocio Paredes, encargada de una columna sentimental, donde abundan los casos de cuernos y otras extravagancias de parejas, voy a extrañar en este primer periodo de mi baja del diario. A veces, Rocío estaba con los pelos de punta buscando dar una respuesta a sus lectores y lectoras sobre cada estrambóticos casos que ni el mago Merlín le encontraría salida. Más de una vez me había expulsado de su lugar de trabajo porque estaba por volar de los nervios. Hay lectores complicados que nos exigen al máximo de nuestras armonías.
Echaré de menos a los entrevistados culitos empolvados que no querían ser reporteados para el diario Crónica; sí, para La Nación y a quiénes debíamos decir que, efectivamente, era para La Nación, pero al otro día salían en tapa de Crónica. Recursos periodísticos que le llaman.
También a las prostitutas agremiadas ("mis queridas putas", diría García Márquez); a los familiares de aquella mujer que ofrecía sus servicios sexuales en la ruta ("rutera") y a la que mataron sin que la justicia se preocupara por darle seguimiento; al jovencito de Fernando de la mora que, con sus cortos 20 años, inventaba cosas a partir del hierro y del latón para venderlos y los vendía como pan caliente mediante aquel artículo que le publicamos.
Ser periodista de Crónica tiene sus ventajas. Desde nuestros escritorios, por ejemplo, se puede ver a las modelos, con ropitas asími de michimi, dejarse fotografiar a metros de nosotros, en plena redacción. Si bien no teníamos los aumentos salariales como nos hubiera gustado tener, accediamos a ese plus visual lleno de encantos. La desventaja de ese atractivo adicional en esa redacción es que se atrasa un poco el trabajo.
Recordaré siempre aquel reportaje que hice en la pieza de Néstor Insaurralde a un grupo de sordo mudos. Se imaginarán lo que fue esa entrevista, que no logré entender un pito. Y a los que ganaban al Telebingo, los nuevos ricos, a quienés por detrás de cada pregunta, se escapaban resíduos de mi íntima envidia.
En fin, empiezo a extrañar ese pequeño gran diario que me dio la oportunidad de probar que todavía me entusiasma salir a la calle, y como un reportero novato, vivir intensamente mi reportaje. Desde esta agradezco a cada uno de ellos el haberme permitido disfrutar de esta experiencia profesional conjunta. No por ajura galleta, categoria promedia paraguaya, que siento una especie de galleta en mi gargantaitè por lo que pongo punto final a este artículo.

El castellano paraguayo

No estoy muy seguro, pero creo que los paraguayos somos medio ingratos con nuestra manera de hablar. Ingratos con nuestros giros, términos y, sobre todo, con nuestro guaranismo. Ni qué decir contra el "guarango", esa persona que prefiere expresarse en guaraní.
La gente fifí es la que se molesta con quién es "guarango". Yo prefiero molestarme contra el cachiaí. Hablar en guaraní no es lo mismo que ser el cachiai, el arriero portepe, el arriero paite. No. El cachiai, ese guaso, apesta igual entre quienes hablan el castellano, o el inglés o el aristocrático francés, en cualquier parte del mundo.
Los porteños que ocuparon Asunción junto a los brasileños durante la Guerra contra la Triple Alianza, acaso hayan sido los primeros en oponerse a la nativa lengua de los paraguayos y, como vencedores, procuraron a luz y sombra desterrarla. Aquella resistencia del vencedor quedó y, con el tiempo, se sumergió en las profundidades de nuestros ADNs para que hoy continuaramos, muchos, torpemente, en veredas opuestas, cuando de hablar o no hablar en guaraní se trata.
Por todo eso, cuando Juan Aguiar, mi apreciado compadre, sacó a luz su último trabajo, el "Diccionario de castellano usual del Paraguay", sentí como que pese a los rayos y centellas de algunos momentos de nuestra vida diaria como país bilingüe, el guaraní y, sobre todo, el castellano paraguayo que nada tiene qué ver con el castellano universal y el guaraní autóctono, tiene, felizmente, su vuelo propio.
Y la nacionalidad también es nuestra lengua, nuestra manera de decir, nuestros giros y abusos, y hasta nuestras equivocaciones. Todo es un cúmulo nimbus del paraguayismo al que, pareciera, muchos rechazan, problema éste (el rechazo) que, sin dudas, es de quién lo sufre y no tanto de la nación.
Juan Aguiar, sin tapujos, nos recuerda que en nuestro lenguaje, por ejemplo, está la palabra "reservado" y de períodico uso, dicho sea de paso, en nuestro trajín idiomático. En Paraguay no decimos "motel" sino "reservado". También en su diccionario menciona la palabra "quilombo" y "quilombear", como prostíbulo o hacer lio, respectivamente.
"Serenatear", "serenatero", son expresiones, dice Aguiar, propias de los paraguayos y que el diccionario de la Real Academia Española aún no las registró. Roa Bastos, en "Madama Sui", utiliza en tres partes la palabra "serenateros".
¿Se imagina la persona "lechuché", de esas pitucas emperifolladas, escuchando a otro, supongamos, en una recepción en el Centenario, utilizar "terminologías de carreteros" como "purear", "programera", "pelotuda", "pendeja", "empelotarse", "en pedo" y tantas otras miles de expresiones, más o menos usuales entre los paraguayos? Ya las veo santigüarse con el mohín de quién no acepta llevar esas palabras "callejeras" a los salones de espejos.
¿Qué dirían los que escuchen mencionar "monflórito" en lugar de homosexual, por ejemplo? Roa Bastos usó la palabra "monflórito" en su poesía "Aquiles" ("Las hembras, los machos, los castrados, los monfloros, los monflóritos, gozamos de los mismos derechos") escribió en la década de 1940. En este sentido, la palabra "homo", como homosexual, es mencionado por Aguiar en su último libro.
Aunque para algunos son detestables, las "buenas" y "malas" paralabras, incluyendo las "guarangadas" forman parte de la dinámica de nuestro castellano paraguayo que, como todo idioma debe buscar la manera de sostenerse con sus propias creaciones, así como de otras lenguas, para que, en fin, podamos seguir entendiéndonos entre todos.

viernes, 22 de mayo de 2009

Mirtha Ayala

Van como 30 años, un poco más quizás, que la opinión pública paraguaya se vio sacudida por la fuga y posterior asilo en la embajada de México en Asunción de una conocida periodista del diario La Tribuna: Mirtha Ayala. Yo empezaba a dar mis primeros pininos en la prensa escrita mientras ella ya era una veterana profesional.
Aquello que pasó con Mirtha, con la policía de Stroessner tras sus pasos, nos metió esa mezcla de miedo y audacia en nuestras sangres juveniles. Ella, empedernida opositora a la violencia del dictador, hacía sus cosas desde la sombra pensando que eran suficientes para liquidar al gigante opresor.
Era una periodista que nos inyectó coraje y decencia. Aunque la policía de la dictadura era salvaje, también queríamos tener la oportunidad de enfrentarla y luego escapar, todo porque hubo una valiente de ejemplo. Cuando se es joven tenemos ganas de ese calibre.
Viajó a México donde estuvo varios años. Después recaló en Francia.
Tuve la suerte de conocerla personalmente en Madrid, cuando ella viajaba desde Francia a Portugal. Se trata de una gran señora, una paraguaya que honra a nuestros país en la lejanía.
La dije más de una vez que Paraguay perdió mucho con su alejamiento del terruño.
Está en Francia con los suyos, sin probabilidades de retorno. Los que han estado en el poder la han robado su derecho a querer volver. Su castigo fue duro ¿cuántas Mirthas nos han robado los malos gobiernos?
No sé si el gobierno de hoy, hecho con hombres que se oponían a Stroessner, se preocupa de rescatar a nuestras Mirthas, o tan siquiera, arrimarse a constatar cómo están allí donde estén.
Vuelvo a lo mío.
Mirtha Ayala me obsequió su amistad y la tengo como uno de mis mejores regalos. No sé si me siento tanto amigo como admirador de ella, una gran periodista, llena de sabidurías, una madre estupenda, una mujer como pocas.

jueves, 21 de mayo de 2009

El fracaso de Eduardo Petta

En la edición del miércoles 20 de mayo de 2009, en el canal 11, estuve viendo el programa de Germán Martínez Vierci llamado "Señales". Estuvieron como entrevistados el coronel Angel Darío Benitez y el abogado Eduardo Petta San Martín. Benitez fue jefe de la seguridad de los presidentes Alfredo Stroessner y de Juan Carlos Wasmosy; Petta, el actual director de la Policía Caminera.
Ambos fueron invitados al programa para hablar sobre la polémica detención del Presidente Fernando Lugo cuando iba conduciendo un vehículo sobre la ruta I, a la altura de Villa Florida.
La historia se sabe: por orden de Petta se detuvo el convoy oficial encabezado por Lugo y este, en resumen, fue multado ("todavía no pagó",revelò el abogado) por carecer del registro actualizado.
Benitez, un veterano lobo pegado a los talones de dos presidentes, fue al grano: si él era el responsable de la seguridad de Lugo no hubiera tolerado que le pararan en la ruta, por la seguridad presidencial.
Petta respondió que la seguridad vial en la ruta corresponde a la Caminera y que no sabía que el Presidente estaba en la ruta.
Esta afirmación de Petta - que no sabía que Lugo estaba manejando en la ruta I - denota la primera falla del equipo de seguridad presidencial y, en general, del primer anillo. Querría suponer que si Petta sabía que el Presidente conduciría por la ruta no correrìa este el riesgo de la detención.
Pero, para mayor incongruencia, Petta dijo en el programa que él accede a la frecuencia de radio de la Policía, entonces uno se pregunta si por qué no estaba enterado.
El titular de la Caminera afirmó que él fue quién sacó las fotos de la detención.
Ahora hagamos un pensamiento mágico, como dice Humberto Rubín: ¿y si en vez de Petta estaba un delincuente y, en lugar de accionar una cámara fotográfica, haya accionado el gatillo de una ametralladora?
El conductor del programa preguntó a Petta si en vez de inspectores verdaderos, los que detuvieron a Lugo hayan sido falsos al que dió una respuesta evasiva, carente de seriedad y de responsabilidad.
El programa fue suficiente para que sepamos con qué bueyes estamos arando en el poder. Estamos con gente arisca, irresponsable, cruelmente ignorantes de la seguridad de un presidente.
Que Petta aprenda de las explicaciones escuchadas de un antiguo vaqueano (Benitez)en el delicado oficio de cuidar la espalda del primer hombre del país. Y, de paso, que su jefe, Efraín Alegre, se anote este fracaso en su agenda de gestiones.

lunes, 18 de mayo de 2009

Un presidente irresponsable

Me agradaría escribirles de muchas cosas agradables, pero dos cosillas sobre el Presidente de la República, que - advierto - son desagradables, me motivan a distraer mi tiempo, y el de ustedes.
El primero es lo de su supuesta licencia de conducir vencida y; el segundo, lo de las basuras en la casa de su hijo, Armindito.
A los que no saben diré que estuve cinco años con un Presidente de Paraguay para un sólo objetivo, procurar, junto a otros, que la imagen de ese hombre sea la mejor posible ante la opinión púbica.
En aquel empleo aprendí que las tareas se deben hacer, sí o sí, en equipo.
Vayamos a los ejemplos:
El presidente, tras decidir, por ejemplo, un viaje al interior, coordina con el que organiza el destino final. Supongamos, una inauguración en San Juan Bautista, o; la visita a un amigo, en Encarnación. Aquella, una visita oficial; esta, privada. En cualquiera de los casos, su viaje se planifica entre quién lo va a recibir en el destino final, Inteligencia Militar, la Policìa Nacional, el Secretario Privado y, en nuestro caso, el asesor de prensa.
Si el presidente viaja por avión, las Fuerzas Aéreas están involucradas en la planificación. Si, por el contrario, fuera por tierra, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, encargado de la Policía Caminera.
Desde que el Presidente sale de Mburuvicha Roga, la seguridad entra en absoluta y coordinada acción. Desde que sale los semáforos de su hoja de ruta están en amarillo, con policías dirigiendo el tráfico en esas esquinas. En la ruta, igual, hasta que llegue a destino, imprimiendo altas velocidades al sólo efecto de la seguridad del Presidente.
Ahora voy al caso de la Policía Caminera y el reciente viaje del presidente Lugo al interior.
¿En qué cabeza cabe que la Caminera no haya estado informada del viaje presidencial?, ¿displicencia de Efraín Alegre, el ministro o; de Eduardo Petta, Director de la Caminera, o de ambos?
Se supone en un servicio de seguridad presidencial serio y coordinado que la comitiva presidencial debe desplazarse sin contratiempos, siempre por la seguridad de la vida del Ejecutivo, así como se procede en cualquier parte del mundo.
¿Qué es eso de que un agente de la Caminera detiene al Presidente y que le exige su licencia de conducir? ¿donde se ha visto semejante irresponsabilidad? ¿Y si un emboscado pegaba un bazucazo al presidente como ligó el dictador Somoza en setiembre de 1980 en una calle asuncena?
¿O la detención de la comitiva no fue sino una escena planificada?, ¿para qué?, ¿para enseñar que todos, desde ahora, somos iguales ante la ley? Me parece una torpeza grande como una casa de parte de los involucrados.
Los asesores del Presidente y el mismo Presidente han demostrado excesiva irresponsabilidad al no rechazar semejante situación de riesgo. En cualquier gobierno serio estas ideas son anuladas de cuajo.
Ahora quiero referirme a la fiesta del sábado 16 de mayo en la casa de Vivi Carrillo. Como ya todos saben el señor Fernando Lugo compró o alquiló una casa para la residencia de la mencionada mujer y del hijo de ambos, Armindo.
De nuevo los asesores metieron la pata.
Y la seguridad también.
Solo los asesores torpes pueden dejar de escribir, tan siquiera a mano en un papel para que recuerde la dueña de casa: 1)- No dejar los vehículos en la calle, porque llaman la atención, excepto que la presencia del Presidente sea oficial. 2)- No farrear a grito pelado porque los vecinos escuchan y cuentan. 3)- No deje la basura de la fiesta en el basurero de la calle, porque la prensa puede llegar a ver qué tomaron y comieron, información suficiente para hacer merecídas críticas al Presidente de los paraguayos.
Y como no asesoraron, dejaron sus vehículos en la calle, farrearon a grito pelado y pusieron los envases de las costosas botellas de bebidas importadas en el basurero de la calle, evidenciandose la escasa capacidad de guardar la imagen (incluso la seguridad) del Presidente por parte del mismo Presidente y de su equipo asesor, si así se puede llamar a los que forman su primer anillo.