Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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viernes, 14 de diciembre de 2007

Mateo Rojas

Están en la habitación. Despiertan con el petardeo de la medianoche. Por debajo de la puerta filtran el fulgor de los fuegos artificiales y el olor a pólvora. Oli, Toño y Rafael. Las 12 de la noche. Los "tres por tres" y los "mbocavichos", los petardos comprados en los almacenes de barrio, anuncian que acaba de comenzar el año 1960 en Villarrica.
Sofía, la madre de los tres hermanos, les sirvió la cena como a las ocho de la noche. Arroz hervido sazonado en grasa de cerdo, cebollita en hoja, unas raciones de carne roja barata y zapallo. Un guiso, de esos servidos cuando hay fiesta, de las pocas, en tiempos de veda, estado de sitio, zozobras, peleas y muertes de arrieros a cuentas de insignias políticas durante aquellos violentos años de la República.
Se arriman a la ventana por cuyas rendijas observan, en la calle, a los pocos vecinos que festejan la llegada del nuevo año. Sofía, y Estela, la hija mayor de 15 años, fueron a la casa de los Mereles, hacia el bajo, a esperar la llegada del nuevo año.
En la pequeña pieza zumban los mosquitos. El espiral no fue suficiente para contener la procacidad de los anófeles que les acosa junto a la desvencijada ventana de madera carcomida por la humedad y la termita. Escuchan carcajadas y piipus de los hombres trajeados. Son los Aguilar. Parece que las están pasando bien. En la casa de los López Garrido se encuentran todos los familiares pero se festeja con moderación, hasta en silencio.
Demasiado bandoleros y guerrilleros por los montes de Caazapá, Itapúa y Alto Paraná convirtieron a Villarrica en otro escenario para las reyertas políticas donde colorados, liberales y montoneros caen de a tres, de a cinco por noche, bajo la fusilería o los puñales enemigos. Por eso Sofía, viuda desde hacía un par de años, no permitió que los hijos salieran de la casita alquilada. Las oscuras como polvorientas calles de "Paso Pé", otro barrio pobre villarriqueño, no son de fiar, aún cuando sea fiesta de Año Nuevo. Mejor será que quedasen en la pieza con las puertas trancadas y apuntaladas por sendos tirantes de lapacho.Los ruídos de tiros les despabilaron y provocaron a salir a la calle.
- No, mamá no quiere - interviene Oli - Además por ahí puede que aparezca Rojita quien, caú re, dispara su revolver hacia cualquier parte.
Mateo Rojas, pendenciero, mujeriego y, sobre todo, colorado. Este moreno retacón, nacido en las faldas del Yvytyruzú, a unos veinte y tantos kilómetros de allí, era el azote de los barrios marginales de Villarrica. Su apodo, Rojas-í, escondía su esencia criminal. Si las puertas de los ranchos se mantenían cerradas aquella noche era, sobre todo, por el peligro latente de que, repentinamente, irrumpiera en la vecindad el temible personaje del pañuelo colorado al cuello.
Las 12 y 20, y media...De la vitrola de los Aguilar escapa una polca paraguaya. Hombres y mujeres se preparan para bailar en el patio, bajo la parralera alumbrada con dos "Petromax". La caña "Parapití" anula timideces masculinas; el clericó con vino semidulce de la colonia Independencia libera risas femeninas.En la casa de los López Garrido, Eduvigis cierra la puerta, apaga la luz y se dispone a dormir. Allí no hubo música porque, Sergio, su hijo de 19 años, fue asesinado cuatro meses atrás en aquel almacén, cerca de la zapatería de don Plutarco, durante una reyerta de arrieros espoloneados por la caña, la baraja y los colores partidarios.
Las bombitas dejaron de estallar. En la piecita se escucha sólo a los mosquitos. Los tres hermanos - de seis, diez y doce años - vuelven a sus respectivos catres. Toño busca en la oscuridad la cajetilla de fósforo y prende la vela de cebo. Oli pregunta qué pasa.
- Tengo hambre.
-Yo, también - interviene desde el camastro Rafael, el más pequeño.
- No queda el guiso de la cena, de modo que esperemos el desayuno de mañana, duerman - ordena la hermana mayor.
- ¿Y si voy a la casa de don Mereles - plantea Toño - a pedir a mamá una porción de cerdo asado? Ayer mataron el chancho negro que la otra vez había entrado en la chacra de don Aguilar; a lo mejor traigo también sopa paraguaya y gallina asada a la olla, además de...
- ...¡No! Mamá será la primera en molestarse; y sabemos que por eso mañana nos pegará con cinto.
- Yo quiero comer el asado. Tengo hambre...
- ¡Nadie saldrá de acá! - se impacienta Oli.
- Sí, pero yo...
- ¡Dije que no y se acabó!

Jacinta Mereles extrae con el jarro de lata el clericó del cántaro de barro. Va llenando los modestos vasos de vidrio y convida a las señoras todavía presentes en su casa. La una y cuarto. Al lado, sobre la mesa, el resto de la cena: carne de cerdo, gallina asada, sopa paraguaya, mandioca en abundancia, chipas y milanesas. También quedaron los platos y cubiertos utilizados sin que nadie se preocupe de retirarlos.
- Neike, Estela, ¡fondo blanco por este 1960! - extiende el vaso a la hija de Sofía Magdalena Arce viuda de Aguilera.
El conjunto de Venancio Troche pone música a la fiesta. Polcas, corridos, galopas, kyreys y chamamés para el baile syryry para la treintena de vecinos y familiares . Jacinta estira a un parroquiano y bailan una polca zapateada. Se retira de su momentánea pareja y, con donaire, se arrima a Sofía la lleva hacia la pista de baile - el galpón entre la cocina y el dormitorio de sus padres - y la junta con su tío que, en ese momento, "toreaba", sin pareja.
Don Marcial Mereles y Eustacia Duarte de Mereles, los dueños de casa y padres de la solterona Jacinta, también bailan entre los demás invitados. Con cada vuelta de pareja, la enagua blanca de doña Eustacia se dejaba ver por debajo de su larga pollera floreada. Dos pinzas de sus faldas las alzó, una en cada mano, y las mantuvo en la cintura mientras se dejaba "torear" por el marido, quien con la polca "18" dió rienda suelta a sus ansias liberales.
- ¡Viva el 18 de octubre! - arrancó don Marcial.
- ¡Viva los revolucionarios de 1947! - acopla otro.
- ¡¡Vivaaa!!

- ¿Estás segura que no conviene que vaya a buscar algo para comer? - pregunta Toño que a esa hora - las dos y diez - no logra conciliar el sueño.
- No...

- Nosotro, lo coloradosss, vamo a mandar muuzhoss sañosch. Vamos a matar a todosch lo bandidos guerrilleros...
Remigio Aguilar abraza a Eleuterio, su cuñado y compadre, mientras la polca "Colorado", del partido de gobierno suena a todo volumen en la vitrola RCA Víctor. Las palabras brotan penosas de entre sus dientes de oro. Con cada énfasis de las eses en la desprolija frase la saliva se le escurre hasta caer y manchar su flamante blanca camisa comprada de la tienda de los Mussi en el centro de Villarica.
Están vencidos por el aguardiente libado desde las seis de la tarde del día anterior. El alcohol despierta el encendido fervor colorado de ambos.
- Ñandé, nosotro, ñandé colorado tronista. ¡Viva general Troner!
- Esos liberales comunistas van morir todos. ¡Plagas, ñarakó peguaré! - brama Remigio mientras acaricia la culata de su revolver 38 escondido bajo la camisa, en la cintura izquierda.
- Acá todavía quedan muchos liberales que deben irse, como los Mereles, que no son gente, son todos bandidos que protegen a los guerrilleros entrenados en Argentina para derrocar al gobierno del general Alfredo Trhoner...
- ¡Buenas noches, felicidades!...
- ¡É!, correligionario Mateo Rojas...¡mbaeico Roja-í, ch´amigo...!- ¡Mavape yayucata. Debiéramos empezar por esos liberales vecinos que farrean como si estuvieran en el gobierno!
- Tranquilo, Roja-í.
- Flamante co che revole, aipurusentema jhina - el recien llegado acaricia la culata de su arma, escondida en la cintura bajo el saco de brin de hilo blanco.

"Embajadorcillo"

Me imagino que el señor Georg Bush debe estar sin dormir. Lo de Calé fue duro. Me imagino al Presidente norteamericano sin saber qué hacer ante las acusaciones del senador nicanorista. En los Estados Unidos deben estar rezando todo el mundo para que la cosa no pase a mayores.
Ni las obligaciones hipotecarias, ni la retirada de los infantes de marina y de las brigadas de combate de la provincia de Al Anbar, en Irak; ni el No child left behind (ningún niño se quede atrás) del programa educacional norteamericano, ni el aumento de la transparencia del sistema estadounidense del cuidado de la salud, ni la creación de empleos, ni la inmigración, ni toda la fuerza y crecimiento de la economía norteamericana son tan delicados como las consecuencias que pudieran acarrear las declaraciones de Calé a la prensa.
Dijo "borracho" del presidente norteamericano y trató de "embajadorcillo" y de "cachafáz" al diplomático norteño en Paraguay.
Por eso digo, Bush no habrá conciliado el sueño y debe estar muy nervioso sin poder resolver ninguno de los problemas depositados sobre su mesa de trabajo en la Casa Blanca.
Menuda situación la causada por el senador y ex locutor.
Veremos cómo afecta sus declaraciones en la Bolsa de Nueva York, en la explotación de uranio, en el balance de pago norteamericano y en la seguridad mundial toda.
Y ahora, ¿qué pasará de la humanidad?
Por las dudas, recemos...

Calé y la seguridad mundial

Sobre el escritorio de George Bush hay tres tasas con restos de café; las colillas de cigarrillos rebozan el cenicero. La noche anterior pasó en velas en su oficina de la Casa Blanca, lo mismo que la secretaria de Defensa, el de Economía, sus asesores militares y diplomáticos y, claro, sus ayudantes de la Secretaría Privada.

El presidente norteamericano está en camisas y con la corbata ligeramente holgada. La barba está sin afeitarse y lee y relee los informes remitidos por el embajador. Se sienta. Piensa y sus imprevistas gesticulaciones denotan su preocupante estado de ánimo. Se rasca la barbilla, pide otro café y pregunta si qué hay de los últimos sucesos que le obligaron a no dormir esa fría noche en Washington.

No, no se trata de Irak, ni de otra amenaza de Al Caida, ni de Fidel, ni del sistema norteamericano de la salud, ni de la amenaza hipotecaria sobre los estadounidenses. Le preocupa algo mucho más delicado.

Y así debe ser para que no se haya dado su merecido descanso nocturno.

El secretario de prensa presenta al Presidente más recortes del Times, New York Times, ABC de Madrid, El Mercurio de Chile, El Comercio de Lima, del Washington Post. Todos los medios publican en grandes titulares de tapa: "Calé le acusó de borracho", "Su embajadorcillo es un cachafaz", "Debe pedir disculpas". Las agencias de noticias repartieron en todos los diarios del mundo la foto de Calé con el dedo índice derecho apuntando a las cámaras de los periodísticas. En las fotos de tapa se notan, nítidas, las crispadas ahortas del parlamentario colorado.

Bush sintió que su transpiración corría sobre la línea de la columna vertebral y que se depositaba en ese delicado sitio de su cuerpo. Estaba pálido.

Nunca pasó por semejante situación, ni cuando las Torres Gemelas, ni cuando la invasión a Irak, ni nunca.

Tomó el teléfono y ordenó a Paulson, su secretario del Tesoro, que tome las providencias necesarias porque esas declaraciones pueden causar serias consecuencias en las finanzas estadounidenses y que convoque, urgente, a una reunión con el presidente del Banco Federal.

Cortó y, él mismo, digitó los números telefónicos de Jackson, su secretario de Vivienda.

-Oye, Jack, postergamos la reunión sobre obligaciones hipotecarias de esta mañana. Tengo un problema serio en Sudamérica - ordenó y cortó sin ni siquiera despedirse.

Tose. Tiene la garganta seca. Pide agua mineral.

- Le he convocado, general - dice a David Petracus - para que me asesore sobre las medidas que debemos tomar como nación más poderosa del mundo ante las declaraciones de Calé. Estamos en una encrucijada.

- Debemos poner en alerta a las brigadas de combate del Ejército y a los infantes de Marina que ahora abandonan la provincia de Al Ambar en Irak y destinarlos a las bases sudamericanas - responde el militar - ¿Y nuestro Upedated National Strategy For Combating Terrorit, cómo queda?

- Suspéndalo por unos días. Es grave lo que pasa en aquel país mediterráneo. No se preocupe, general porque los terroristas exploten la alienación política, los agravios, la información errónea y lal teoría de la conspiración. Tampoco se preocupe de las armas de destrucción masiva en sus manos. La postura de Calé es de extrema delicadeza. Puede desatarse la Tercera Guerra Mundial y esa, sí, pulverizará el planeta.

El Presidente toma el teléfono.

- 00...595....21....a ver. Está sonando (...) pero, otra vez, no coge el teléfono.

click.

Vuelve a llamar, esta vez a otro número del mismo país.

- Oye, James, el Presidente de ese país no me coge el teléfono.

- Buen día, Presidente. Sí, me enteré que se hace el ñembo. A mi tampoco me atiende, bueno yo soy apenas el embajador...

- ¿Qué hacemos James?

- Creo que en 230 años de independencia nunca como ahora corremos el riesgo de perder el liderazgo en América Latina. Estamos entre la espada y la pared. Pida disculpas...

- Pero dijo de mi que soy un borracho y....

- Conmigo fue más grave: dijo que soy un "embajadorcillo" y "cachafáz", ¡que pucha!, con esto nos fuimos al remazo, koore...

- ¿Cómo dijo?

- Nada, es una palabra en guaraní que denota preocupación y que se usa en casos diplomáticos delicados como este, según me explicaron mis profesores de la lengua. Se usa en situaciones frustrantes.

- ¿Y qué le dijo Ramirez?

- Me dió una filípica de arriba a abajo. Y me exigió una inmediata disculpa de la Casa Blanca por haber cometido la equivocación de decir lo que dije. Calé está muy enojado.

- Oh!, my God...

jueves, 13 de diciembre de 2007

Volver al algodón

En tiempos del gobierno de Francisco Solano López el Paraguay tenía una de las mejores producciones algodoneras de América del Sur. Michael Mulhall era el corresponsal en Buenos Aires del diario "The Standard" de Liverpool. En diciembre de 1863 había visitado Asunción para observar la producción del textil; luego, en una de sus crónicas escribiría: "veo algodón a cada paso". Esa materia prima paraguaya llegaba a las hilanderías de Inglaterra.
Durante la guerra contra la Triple Alianza, en 1867, López premiaba a los mejores productores de algodón de Paraguay. El premio instituía desde su cuartel en Paso Pucú. El general López tenía clara en qué rubro estaba depositada la suerte económica del país.
Entre los años 1920 y 1935 el Paraguay vivió un tiempo de oro en la explotación algodonera; con decir que con el algodón se llegaron a cubrir los grandes déficits fiscales acarreados por las constantes revoluciones y hasta por la guerra de tres años contra Bolivia.
Durante la administración de Alfredo Stroessner, especialmente en los años en que el Ministerio de Agricultura y Ganadería tuvo por cabeza al ingeniero agrónomo Hernando Bertoni, se puede decir que el algodón paraguayo llegó a su más alta cumbre. Los resultados científicos encarados por los profesionales paraguayos de dicha cartera de Estado ya son lejendarias. Las añoradas variedades Reba B-50 y la Reba P-279, salidas de la Dirección de Investigación y Extensión Agropecuaria y Forestal del ministerio mencionado, han permitido la tranquilidad económica de más de 130.000 familias campesinas.
Al salir Stroessner el algodón comenzó a decaer en el Paraguay. Muy pronto dejamos de producir nuestras valiosas semillas rigurosamente seleccionadas. Se prefirió la foránea que en menos de tres temporadas hizo perder mercados externos a los desmotadores nacionales. Hubo un precipitado abandono de la siembra, se cerraron varias industrias desmotadoras, creció el índice de desocupación en el campo, aparecieron las deudas impagas, los embargos pasaron a ser costumbres y se iniciaba el largo éxodo de campesinos hacia la Capital, primero y; al exterior, después.
Los investigadores del Ministerio de Agricultura y Ganadería también tuvieron que irse; las costosas infraestructuras utilizadas por la ciencia para el algodón fueron abandonadas. Los bancos privados sintieron los efectos de la recesión empujada por la producción disminuída y muchos quebraron y con aquellos, otras pequeñas, medianas y hasta grandes empresas. El efecto dominó comenzaba su apocalíptica carrera.
Ahora, a pocos meses de tener nuevas autoridades en Paraguay, bien vale volver a poner como eje para la recuperación económica paraguaya la vuelta al algodón. Comenzar de cero, pero empezar y con firmeza y decisión incorruptible. Nuestra nación no pretenda fabricar, por ahora al menos, piezas para transbordadores o automóviles de competición. No, ese no es el camino para que vuelva a generar riqueza. Debe mirar al campo y, en especial, al algodón. Debe trabajar su rica tierra. Debe volver a ser, alguna vez, uno de los mejores productores de algodón en el mundo. Esto también ayudará a que los emigrantes paraguayos volvamos a nuestro país y encontrarnos con una oportunidad de trabajo. La reactivación algodonera puede ser una respuesta oportuna a tanta desesperanza.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Si me preguntan de Barcelona...

...Les diría que por segunda vez la visité y que, como aquella vez, hace exactamente un año, volví a embelesarme por esa genialidad de Antonio Gaudí convertida templo. Si me preguntan de Barcelona les hablaré de la iglesia de la "Sagrada Familia". De la gente que forma fila desde muy temprano para entrar y cautivarse con toda esa maravilla surgida de la buena voluntad de un artista.
Les intentaría explicar de sus formas geométricas y, acaso, no puedan apreciar toda esa joya porque todas las palabras, y las frases, y los adjetivos, y los sustantivos, como los verbos, los gerundios y, sobre todo, los pleonasmos e hipérboles que puedan utilizar seguirían siendo insuficientes para describir eso que hoy, 125 años después de la colocación de su primera piedra, sigue contruyéndose.
Les hablaré de los albañiles que, en aquellas alturas, añaden una piedra, pulen otra, colocan el siguiente vitral, depositan la argamasa con delicadeza cronométrica para la siguiente hilada de ladrillos o piedras.
Les hablaré de las campanadas de su viejo reloj que suenan, fuertes y armoniosas, entre albañiles, ingenieros, guinches, cementos, motores diesel rugiendo y turistas ansiosos de ver, como yo, terminado ese templo que cada vez sube más al cielo.
Les contaré de los jubilados que juegan al bolo en la plaza que se encuentra detrás de la iglesia y que, por ser del lugar tal vez, no se enamoran de esa mole de altos picos, como yo.
Y les contaré también de la Feria de Navidad que hay en la plaza vecina. De todo lo que se vende para las fiestas próximas, como del ramo de eucalipto florecido, algo típico de la navidad barcelonesa. Y de los pequeños del preescolar de muchas escuela, vaya a saber de qué lugar, que invaden los puestos de venta en el sitio. Con esos infantes de protagonistas todo el área era Navidad pura, semanas antes de la Nochebuena.
En otra ocasión les hablaré de las esquinas octogonales de Barcelona.

Ahora quiero contarles una impresión que tuve ayer al pasear por carrer de Valencia, Rosselló, Sardenya, Marina, Lepant, Córsega, Mallorca, las calles vecinas a la iglesia: tuve la impresión que en esas cuadras es la capital de la Navidad, con la Iglesia Sagrada Familia de por medio. Nada menos que la Sagrada Familia. No sé si me explico.
En ese instante pensé que Barcelona es un gran pesebre, con millones de estrellas colgando desde su cielo; con un cartel dorado que dice Gloria, sobre la iglesia, con campanitas de plata y de oro sonando sobre toda la ciudad y, sobre sus nubes, un coro de ángeles entonando el infinito y eterno Santo, Santo, Santo y que dibuja en el rostro de la gente una franca sonrisa, que multiplica abrazos, provoca un te quiero en la familia, y genera un pedazo de pan para el mendigo, una amabilidad del policía, de la limpiadora pública y del conductor del autobús.
Eso sentí junto al templo de Gaudí. Y me sentí fortalecido con ganas de sonreír más que nunca. Con ganas de entonar el Santo, Santo, Santo, aquí en la Tierra, como en el Cielo....

(fotos propias)

lunes, 10 de diciembre de 2007

No les hablaré de Córdoba

No les hablaré de toda la cultura que guarda y luce la ciudad andaluza de Córdoba. No me referiré a sus grandes monumentos romanos y árabes, ni a los cantaores ni a la bella muchacha bailaora de flamenco de "La Bulería".
No.
No me detendré a explicarles el toc horario escuchado en los alrededores de la Plaza de Las Tendillas y que proviene de un reloj que en lugar de sonar como una campana, indica la hora mediante los acordes de una guitarra gitana.
No les fastidiaré contándoles todo lo que se escuchaba desde mi cuarto en el hotelito aquel donde me alojé durante dos noches cordobesas. ¿Para qué les voy a contar que esa entusiasta como ardiente pareja no me dejó dormir como pensé que lograría en dos noches designadas rigurosamente en mi agenda como para el descanso?
No les hablaré del rabo de toro que saboree en la taberna Salinas.
No les hablaré de los bajoneos de Lola. Tampoco les diré quién es Lola. Ni si existe o es de ficción.
Sólo quiero hablarles - permítanme - de esas dos noches llenas de luces navideñas que adornaban las calles por donde anduve. De las miles de caras felices que recorrían veredas, plazas, jardines y avenidas de esta ciudad que vio nacer a Séneca.
Sí.
De esas luces, de esos rostros felices, de ese frió que añadía lo suyo a las noches previas de la Navidad en Córdoba. Y de ese niño que recibe el globo y los chocolatines de manos del abuelo en esa plaza atestada de familias, acaso ansiosas de que la Nochebuena ya esté allí.
Sí.
Quiero referirme a la profunda emoción que sentí al escuchar desde los fuelles de un viejo acordeón las notas del Din, din, don navideño y que me llamó la atención las manos rojas del intérprete rumano, cuyos dedos se paseaban hábiles en las redondas teclas de su acordeón diatónico.

Me llamó la atención el brindis de los jóvenes en aquel bar donde durante dos noches escuché jazz a mis anchas. Que placer verles brindar, felices, por las próximas navidades.
Tuve penas por los dueños del piso que, en plena media noche cordobesa se quemó. Cómo se arreglarán en la Nochebuena, se me ocurrió preguntar mientras me sumaba a los mirones de ese momento.
Porque todos regalaban yo también entré al "Corte Inglés" de la ciudad y compré un libro de Cony Méndez y regalé por Navidad. Y me regalé otro libro que hacía años deseaba leer con tranquilidad.
Y me regalé por Navidad cinco medias italianas...
Y bebí una cerveza, en silencio en medio de la humareda y del jolgorio, porque - pensé - diciembre todo es Navidad. Y que también esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad.
En la añoranza que produce la fecha en medio de la lejanía yo también, disimulando mis callados llantos, disfruté de esa navidad cordobesa, aunque entre los miles de rostros que veía a mi paso no estaban los de Asunción, ni los de Luque, ni los de Villarrica, los de mi barrio, los de mi cuadra.
Por eso...
No, no les contaré otra cosa de Córdoba. Déjenme contarles de sus noches de Navidad....

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Guaí ñeé carê

En 1958 conocí en Villarrica a un niño de mi edad. Había ido con la madre de vacaciones. Ellos vivían en San Bernardino. Nunca me olvidaré de la entonación de su voz que me producía mucha gracia. Me causaba mucha risa y mi madre, por eso, me regañaba. Claro, yo la hacía pasar vergüenza ante la de él.
Pero, en contrapartida, él también se reía de mí al escucharme hablar. Con mi misma sinceridad de niño él se desparramaba en risa escuchándome porque, según él, era yo el que entonaba demás.
Este nene, de cuyo nombre ya no me acuerdo, hablaba con la entonación de los asuncenos; yo, con la de los villarriqueños. Yo era un ñeé carê, pava lata. Pero no me daba cuenta, ni siquiera cuando el de San Bernardino manifestaba su sorpresa a través de la risa.
No.
Me dí cuenta recien cuando nos mudamos a Asunción, en 1961.
En 1962, cuando asisto por primera vez a una escuela asuncena, no saben cuanta risa causé a mis compañeritos de clase. Y como si todo fuera poco, mi maestra me enseñó un recitado para la velada del 7 de abril, día mundial de la salud. Fue una suerte de fin del mundo para mi.
Subí - con mi guardolvo blanco, almidonado y planchado nuevo de paquete - al escenario de la escuela a recitar, con mi entonación guaireña, el escasamente serio "Mi pucherito", recitado que no terminé de decir, porque todo el mundo se reía a carcajada, incluso mi maestra y la directora y, más cuando, desafortunadamente, en medio del recitado abandoné intempestivamente ese maldito escenario.
Hasta ahora no sé si la risa que causé fue por mi ñe´é carê o por el recitado (que hoy, de grande, me parece que era más bien para una nena que para un nene de esa época), o por ambas cosas a la vez.
Debo reconocer que por ñeé guaí y por el recitado aquel casi mi madre me llevó al psicólogo, que por entonces no abundaban como hoy.
Cuando con el tiempo hablé con la entonación asuncena y me iba de visita a Villarrica me daba cuenta del tono regional en el cuarto departamento. Pero esa entonación me sedujo de grande. Los villarriqueños hablan en una nota, por llamarlo así, de alta sensibilidad, de seducción pura, de transparencia, de humildad, de profunda decencia. En su manera de hablar encuentro sinceridad, lealtad, muchisima amistad. Hay tanta humildad en ellos cuando preguntan "¿por queiko?".
Y esa entonación del hablar guaireño marca la personalidad regional. Eso también es cultura. Señala un territorio en cada uno. Es un escudo de cada guaireño. Es su bandera. Es identidad pura. El reconocimiento de un pueblo como sí mismo.
No me desagrada "hablar" como asunceno, pero hubiese preferido "hablar" como villarriqueño y ya no pude. Adopté el acento capitalino. Siempre digo que es mejor parecer auténtico que prestado. De ahí que, hoy residiendo en España, me cuido de divorciarme de mi entonación paraguaya. Muchas cosas copiaré a los españoles pero, a lo mejor, lo de la entonación no se me pegará tanto, ya que a esta altura de mi vida no me queda muy elegante que esté cambiando de tono como de camisa y medias.
Pienso que no debemos avergonzarnos por el tono de nuestra voz. Al contrario. Debemos sentirnos orgullosos. Forma parte de nuestra personalidad. Como tampoco debemos avergonzarnos por hablar en idioma guaraní. Entendiendo así y actuando en consecuencia habremos de aportar lo nuestro para que la nación paraguaya perdure en el tiempo y en el espacio. Es una cuetión de pura buena voluntad.