Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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miércoles, 27 de junio de 2012

Nos plantamos como paraguayos

Pío Baroja es uno de mis escritores favoritos, pese a que en su novela “Las tragedias grotescas” haya escrito que él no cree que “Paraguay valga más que Inglaterra”. Por encima de su postura contra nuestro país y de América Latina toda considero que el español fue un gran escritor.
Su antiparaguayismo, si bien me molesta como paraguayo, no logró influir en mí sino para que yo procure ser mejor dentro de mis posibilidades y a partir de este esfuerzo defender mi propia autoestima.
Yo no creo que Paraguay tenga menos valor que Inglaterra ¿cuánto querrían los ingleses - por decir - tener la tierra fértil, el agua dulce, la energía eléctrica y el clima de Paraguay?
Paraguay es una nación que territorialmente es pequeña, pero es una gran nación que nos enorgullece y nos honra. Somos un gran país. Sobre todo, digno, capaz de mirar con ojos modestamente altivos.
Chiquitos en el mapa como somos (y como si fuera poco, mediterráneo) nos plantamos contra los que desde el exterior nos obligan a hacer lo ante los que sus intereses dictan en desmedro de nuestra soberanía.
Así actuaron nuestro mayores en los momentos difíciles y así, honrando sus memorias, actuamos hoy. Tal cual, seguro, repetirán nuestros descendientes si la tricolor reclama.
Los socialistas de Hugo Chávez, con su canciller como enviado a nuestro país, recibieron una dura lección de cómo el paraguayo, en su mansedumbre, sabe defender su dignidad, a su bandera, a su nación independiente. En increíble y patética intromisión en asuntos paraguayos, el venezolano intentó, en nuestra propia casa, que los tanques militares salieran a las calles a reprimir a los paraguayos y defender a Lugo, el mismo que no puso la cara por 17 muertos en Curuguaty.
Paraguay no tiene la flota inglesa, ni tampoco un Paul Mc Cartney, ni fabricamos Rolls Royce, pero tenemos, entre tantas virtudes, dignidad, somos capaces de mirar a los ojos a cualquiera porque no debemos a nadie, porque no dañamos a nadie, porque sumamos y no restamos, nos unimos y no nos separamos y, sobre todo, no nos dejamos manejar como querrían los dictadores extranjeros.
Seremos chiquitos, un poroto, en el mapeo mundial, pero grandes, gigantes, a la hora de defender lo nuestro como lo hicimos la semana pasada, con la paz, guardando nuestros tanques en cuarteles seguros.
La estupidez, esa degeneración de los instintos, no pudo contra la decencia y la firmeza paraguaya.
Que valga el ejemplo de los compatriotas a otras naciones oprimidas por sus dictadores arropados de demócratas. Que esta muralla paraguaya a las pretensiones dictatoriales del socialismo sudamericano sea el inicio de la verdadera primavera democrática en el continente. Entre tanto, disfrutemos de nuestro logro, de nuestra dignidad, decoro, pudor y grandeza.

sábado, 2 de junio de 2012

Lista desbloqueada

Pareciera que, por fin, los paraguayos vamos a elegir a nuestros directos representantes, a los futuros diputados, senadores y concejales departamentales. Digo pareciera por lo que leo en los diarios y escucho expresar a algunos referentes políticos con los que converso. El martes 5 de junio de 2012, a la tarde, es clave, ya que ese día se reune la Cámara de Senadores para tratar el desbloqueo total de las listas de candidatos.
No puedo dejar de encolarme a la duda ya que serán los senadores (la clase que se niega a la referida liberación total porque así las cosas ellos, que aspiran la reelección, no serían seleccionados por los electores), no hay otra forma, los encargados de dar semejante gigante paso a favor de la democracia. El lobo cuidando de los corderos.
De todas maneras estamos ante un amanecer que promete mucho sol. Dependerá de la ciudadanía que los senadores no sean presos del titubeo y, de una vez por todas, dictaminen a favor del desbloqueo pleno de las listas y a avanzar hacia la nueva sociedad paraguaya. 
¿Qué haremos los electores con las listas abiertas?
Primero, elegiremos a las personas que merezcan nuestra confianza, así sean del partido A, del B o de la C. Elegir es un compromiso del ciudadano; será de su responsabilidad la gestión del elegido y no tanto del partido político, por eso hay que saber escoger.
Segundo, seremos responsables de nuestros votos. Si elegimos bien, habremos de ayudar a la patria; si mal, seremos responsables del error. Esta responsabilidad depositada en el ciudadano le hará madurar como individuo elector y ayudará a granar la sociedad.
Se vienen cambios mediante la presión ciudadana. Los cambios son derechos, pero también plantean oblaciones. Para llegar a este canje la ciudadanía debe volver a la plaza el martes 5 de junio donde me verán de nuevo haciendo fuerza por la nueva patria.

viernes, 1 de junio de 2012

Resistencia desde mi blog

Yo también estoy en las redes, sobre todo en Facebook, pero ahora estoy suspendido. Por eso me reporto a la gente a través de mi blog, éste, así sea menos efectivo y, sobre todo, inmediato que las redes.
Tengo entendido que algo hice mal en estos últimos días para que, una vez más, me sea bloqueada la cuenta. Espero equivocarme y que lo mío no sea sino una equivocación pasajera por parte de los administradores de la red.
Para que me puedan entender les debo decir que desde la red Facebook yo venía alentando, hartado como millones de paraguayos, que no se roben 50 millones de dólares de las arcas paraguayas para repartirse entre operadores políticos. Yo, como muchos, insítía desde la red para que los diputados (apodados "dipuchorros") no robaran. Tal fue la sordera de nuestros parlamentarios que copamos la plaza situada frente al Parlamento.
Finalmente, Senadores atendió nuestro reclamo.
Pero a Senadores pedimos que desbloqueen la llamada "lista sábana" (la cruel manera aplicada por los partidos políticos para meter al Parlamento a los mediopelos, ignorantes e inútiles) de modo que la ciudadanía tenga la posibilidad de elegir uno por uno a los parlamentarios que consideren de su confianza y útiles para la nación.
En este reclamo estaba yo en la red Facebook hasta que ahora no puedo entrar más a mi cuenta. En fin. Por eso vuelvo a insistir, pero ahora por medio de este blog, aunque sé que carece de la efectividad inmediata como para movilizar a la gente.
Porque ahí está la clave, en la movilización. Los senadores no hubieran prestado atención al reclamo surgido desde las redes sociales si no nos disponíamos a ocupar la Plaza de Armas, frente al Parlamento Nacional de Paraguay. Y ocupamos por tres días.
Dicen que los paraguayos nos estamos despertando. No estoy muy seguro que hayamos estamos dormidos profundamente; sí, que estabamos maniatados por un sistema perverso y de múltiples causas y efectos. De todo eso nos sacudimos finalmente. Y hoy los paraguayos salimos a la calle, gritamos, exigimos, reclamamos a nuestras autoridades a comportarse con decencia y a trabajar duro.
Ya estoy acostumbrado a recibir golpes por el uso que doy a la red social. Ya una vez me pasó con la movilización de la gente a favor de la candidatura de un paraguayo para el Premio Nobel de la Paz. Juntamos más de 50.000 adherentes en Facebook. Por detrás se filtraron los oportunistas que intentaron obtener beneficios económicos de la idea y, los que se molestaron por sugerir a un paraguayo para tan respetable galardón. Me "hakearon" (¿así se escribe?) y me sacaron del grupo que yo mismo cree.
En las redes estamos de todos, los perseverantes, los cobardes, los valientes, los sensatos, los necios, los irresolutos, los calentones, de todo.
Lo que no podemos negar es la efectividad de las redes; los egipcios tienen buenas experiencias.
En sístesis, lo que les quiero decirles es que así no esté pudiendo retornar a Facebook reclamaré desde aquí la total liberación de las listas para diputados y senadores; reclamaré decencia a los que ejercen el poder en mi país; exigiré como ciudadano la rendición de cada centavo que se pone en sus manos e, igualmente, reclamaré que los que han hecho mal la tarea reciban el castigo merecido.
La democracia no debe ser blanda con los delincuentes. No tiene por qué ser blanda.
Me quedo tranquilo con mi consciencia. No hice nada mal al reclamar, al exigir, al llevar contra las cuerdas a los parlamentarios que preparaban otro festín a nuestra cuenta. Facebook me puede sacar de la red, pero de donde no podrá sacar es a la ciudadanía que ya ganó la plaza.
En mi último post en Facebook escribí algo breve que se refería a la no sesión de los senadores porque, según argumentaron nuestros representantes, no pueden reunirse bajo presión y yo, por eso dije "¡qué maricoones!". Y fue mi último post. Para Facebook yo le habré faltado el respeto a los parlamentarios chorros de Paraguay, cuando que son ellos los que nos faltan el respeto.
De todas maneras, yo seguiré martillando desde mi blog para que los líderes paraguayos aprendan a ser gente, a portarse bien, a trabajar por la patria y no por sus bolsillos.

martes, 24 de abril de 2012

Descortesía en las redes sociales

Es llave la cortesía / para abrir la voluntad / y para la enemistad / la necia descortesía”, plasmó Lope de Vega en Fuenteovejuna ¿Somos corteses al tratar con los demás?; recorro las redes sociales y el desengaño me acosa ante la realidad vigente: cuando menos esperamos y por cualquier razón, hasta por la más nimia,  la disputa se instala entre la gente como virus en el sistema informáticos.
En las redes descubrimos nuestro lado cavernario y, no solo eso, sino lo dejamos actuar contra los demás hasta que el tema se agote y comience otro con el cual seguir la agreste carrera de destripantes como torpes  impugnaciones.
La cortesía se vio avasallada por la cultura de las refutaciones, en ciertos casos con razón pero a espaldas de la prudencia, esa virtud que hace de paño frio entre los más inteligentes, para establecer un nuevo modelo de relacionarnos en la virtualidad: el de la descortesía.
¿Los paraguayos somos naturalmente objetores?; supongo que no somos ni más ni menos que los de otras nacionalidades pero lo claro que notamos es la semilla de la disputa sin razón, sembrada por no pocos paraguayos en las redes y que, como las hierbas malas, crece con inusitada rapidez con efectos más bien negativos que positivos para nuestro mutuo crecimiento y entendimiento.
Las radios fueron las primeras vías por las que practicamos el rechazo gestándose para el efecto una casta desconocida hasta entonces, la de los “llamadores”, que al amparo de la democracia arremetió contra los demás sin más límites que lo que dicta la promiscuidad de la consciencia.

Cuando los oyentes empezaban a desprenderse de las radios como medios de información ante tal atropello en masa, aparecieron las redes como Twitter y Facebook, excelentes herramientas para vincularnos todos, con las que no pocos siguen dando golpes y porrazos a quien se asome por los parajes virtuales.
Así como hay metales nobles, como el oro y el platino, también hay gente noble. Y dice Tirso de Molina que el que es noble no habla mal. Si es un bienhablado se está ante una persona cortés exornada, desde luego, por la discreción y la benevolencia, atributos suficientes como para tratar con ella con seguridad y confianza.
La persona amable habla con discernimiento y reemplaza la palabra por el silencio cuando comprende que navega en aguas de la prudencia.
El amable es digno de ser amado; el grosero, en cambio, es rechazado. La amabilidad es una cualidad aprendida en el hogar, en el entorno en el cual se crece. Si nos desarrollamos con buenos ejemplos y, por tanto, entre buena gente seremos dignos de ser amados. Estamos pues en la largada universal, la de la educación permanente y seria.
El afable es capaz de interpretar para bien el silencio del interlocutor; para el rudo, la prudencia es un texto fácil de malinterpretar. El cortés es optimista; en el grosero, el moho del fatalismo primitivo, como decía Roa Bastos, crece por dentro.
El cortés crece en el conocimiento; el descortés, en la ignorancia. Aquel alienta; este, desalienta. Uno escucha y luego juzga; otro, va al cuerpo, murmurando, calumniando, desacreditando, impugnando a troche y moche.
San Fernando Rey - siglo XIII -  aborrecía las murmuraciones y las malas conversaciones y repetía: “Le tengo más horror a una lengua murmuradora que a un ejército de moros”.
Las redes sociales, en fin, descubren a muchos por su lado descortés, por el lado de la falta social; en las incoherencias de sus palabras, en el torrente de expresiones surgidas del pensamiento y atribuibles a fallas de educación.

Quiero pensar que la mayoría de los paraguayos seguimos siendo sencillos, hospitalarios y amables y que solo algunos son portadores del virus de la grosería que amenaza, eso sí, con extenderse si no nos percatamos a tiempo que estamos cayendo en su trampa. El alarido de los necios no debe ser sino como el borde de los precipicios a los cuales es mejor no arrimarse. De estos, de los necios, es necesario sacudirnos de modo que las redes sociales resulten efectivamente útiles para el bien, para el buen provecho de cada uno.

domingo, 1 de abril de 2012

Regálame un libro, Señor ...

Ser más buenos ¿Dónde está aquella bondad olvidada?, ¿por qué no somos más buenos?; ¿donde están los amores que nos enseñaron, aprendidos y practicados? Fui a las redes sociales pregunté y nadie me contestó por lo que, cabizbajo, solo logré garabatear en mi muro lo que pensé en esos momentos sin respuestas: si hablamos de libros y aprendemos de los libros seremos mejores y más buenos.
Observo y leo cuanto piensa la gente en mi entorno sobre todo en la virtualidad, en las redes, y noto desamores, impugnaciones, odios reprimidos, envidias, la maldad en todas sus formas y me llenan de desalientos sabiendo que éstos son la mejor herramienta del mal para desmoronar el mundo. Como que el ángel caigo se friega las manos ante mi estado de angustia.
Y cuando en esa misma virtualidad veo un pestañeo de amor, un pequeño deseo de alegría, una manifestación minúscula de la buena voluntad siento como un arco iris brotado después de los granizos de la tormenta. Como si un coro angélico empezara a entonar. Como si un brazo amoroso me tomara de los hombros.
Yo quiero ser más bueno y me siento contagiado de maldades; quiero hablar de Dios y me responden carroñeras carcajadas surgidas, sulfuradas, malolientes, de las profundidades de cavernas malignas e invisibles.

Siento la trápala furiosa de los cuatro potros mencionados por las letras sagradas, ocupando espacios, levantando polvos, haciendo fuego, rugiendo, devorando a su paso. Está en cada pensamiento de los que olvidaron la bondad, el amor, la sencillez, la caridad, la paciencia, la tolerancia. Esos caballos atraparon a la gente en el enfado, la grosería, en el insulto, en la bajeza del mal. Cuatro potros zapatudos, blanco, rojo, negro y amarillo, amusgan, bufan, arremeten salivando fuego por la boca del pueblo atrapado. 
Quiero encontrar una piedra blanca en la que esté escrito el nombre nuevo que nadie conoce, que no quiere conocer y que quiero conocer. Una piedra que no sea arrebatada ni por mi miedo, ni por mis angustias, ni mis tristezas, ni por mis desorientaciones e inseguridades. Una piedra en la que esté escrito el nombre en el cual se resume la que está perdida, la bondad. Piedra argenta que no me hurten ni la cuadriga maligna ni quienes convocaron su presencia.
Hurgo, desesperado, en la oscuridad buscando ese mineral escondido. No sé donde está, pero lo busco. Sé que es la sabiduría antigua, la de los siglos de los siglos, la de todo el universo, que la olvidamos primero y nos negamos a ella, después. Es la esencia de Dios, es la sangre derramada en el Gólgota, es el manto celeste de la acongojada Madre.
Piedra, esencia, amor, Dios, ¿pero donde estás?, ¡hay tanta oscuridad en el entorno!, hay tantos galopes malignos, hay hedor de sulfuro, hay tantas maldades.
Quiero volver a saber y quiero que todos sepamos; quiero volver al amor y que todos vuelvan a amar, quiero piedad pero nadie mas clama piedad; quiero escuchar las trompetas de los ángeles de allá, arriba, pero aquí, abajo, hay tantos ruidos, cientos de gritos sodomitas vivando al terror, que nos las oigo si ellas sonaran.
Señor …
no me dejes en medio de este infierno, dame un poco de la fuerza de tu Espíritu Santo, dame una piedrecilla blanca de esta inconmensurable cantera, en la que esté escrito el conocimiento que me falta y; si me dieras, reparte también a los que hoy participan alucinados por la borrachera del mal y que mañana, quizás, tras el despertar de los arrepentidos y, ya salvados de las fauces de esa muerte atroz, busquen un fresco manantial que tienes Tú y nadie más.
Regálame un libro, Señor …


viernes, 23 de marzo de 2012

Comunicar


Este es un tema que me apasiona.
Pienso que en la cadena de la comunicación primero está la buena voluntad de la persona. Esa voluntad que la hace ser mejor. Que la convierte en - en este caso - mejor locutor, mejor periodista, mejor escritor, mejor director de medio.
Pienso también que la voluntad nos impulsa a pulirnos hasta convertirnos en metales relucientes. El esmerilado no se logra sin esfuerzo. Se debe procurar hasta alcanzar lustre.
La televisión, la radio, el diario, la revista, los libros, Internet, las redes, el chat no son sino herramientas para transmitir pensamientos, conocimientos, sabidurías o, a falta de ellos, tonterías, majaderías, naderías.
Entonces, no es tanto el medio, sino el mensaje.
Reconozcámos que hoy, atesorando la libertad de expresión que tenemos en manos, hay carencia de mensajes útiles por expresar.
Veo, con pena, mucha inversión por parte de la gente con poder económico en radios, canales y diarios pero sin el merecido retorno económico (estoy seguro, este es mi mundo) porque sus medios no son ni escuchados, ni vistos ni leídos porque carecen del mensaje que atraiga al público. Los que venía propalando se volvieron achacosos, inútiles.
Nos pasa en Paraguay lo que a España en sus primeros años de democracia: decimos y mostramos todo hasta que la gente se cansó y se apartó de los medios que se quedan con un cuarto de narices sin saber hacia donde ir. Es como si al guitarrista en pleno escenario se le suelten las seis cuerdas del instrumento.
Creo que esta carencia se suple con lo oportuno, lo útil, lo sano. Pero, coincidirán conmigo los colegas como que andan y anduvieron en el ajetreo periodístico, que ni los dueños de medios ni los cronistas, ni los periodistas están lo suficientemente preparados para encarar esta nueva etapa de la democracia en nuestro país. Estamos en una etapa más exigente del pluralismo en nuestro país.
Ya se superó la fase de las denuncias, de los desnudos, de las groserías varias que tanto ocupó los medios de comunicación: ahora la gente espera algo más sustancioso, algo que, como Hilo de Ariadna, les permita recorrer los vericuetos de esta sociedad nueva que fuimos haciendo a puro golpe desde 1989 y retornar a la salida sin perderse en aquellos.
La gente reclama esencia y para eso debemos prepararnos, debíamos habernos preparados hace años.
Y – me avergüenzo – muchos no estamos preparados para este nuevo ciclo en nuestra nación. Entonces, las radios – por ejemplo – pasan de una mano a otra porque son pérdidas para sus dueños (nadie les escucha y, por tanto, los anunciantes se desinteresan en sus medios) y así seculá seculorum.
Fíjense: Abc Color vendía en 1980 noventa mil ejemplares por día; hoy, ni 35.000...
En resumen, a mi modo de ver, no son los medios, son los comunicadores, nosotros. Debemos ser nutritivos, nutrientes y nutridores y a muchos no nos está dando el cuero para encarar semejante compromiso. Sin mensajes útiles las herramientas son inútiles.

El paraguayo repanchigado

"Oimene ombojama silla jorconre" (seguro que debe estar sentado recostado al horcón) es una frase escuchada en las tardecitas campesinas al referirse a alguien, sobre todo al varón, que terminó su faena agrícola del día. También se dice "oimene oja jorconre" ( a lo mejor estará haraganeando). Arrimar la silla a la pared o al horcón, todo un tema en el campo.
Mi madre nos prohibía que para sentarnos apoyemos el respaldo del asiento a la tapia porque, decía, apresuraba su estropeamiento al descansar solo en dos de sus cuatro patas y, exponía, "porque esa es costumbre de haraganes".
Y repartigóse para leer lo escrito, escribió Concepción Leyes de Cháves en Tava´i. Sentarse reclinado al horcón implica repantigarse o, como también puede decirse, repanchigarse, arrellanarse en el asiento y extenderse para mayor comodidad, tal como define el DRAE.
Dime cómo te sientas y te diré quién eres. Nosotros, los paraguayos, somos de extender las piernas a la hora de sentarnos, ¿mala educación?, tal vez, pero no querría entrar en ese terreno por ahora, lo dejaré para más adelante. Diré sí que bien o mal es una costumbre de los paraguayos así se siente bajo la arboleda para disfrutar del tereré o durante una reunión de vecinos o durante un velatorio.
Desde luego, no es un hábito exclusivamente guaraní; el policía se repantigó en el asiento, anotó Arturo Pérez-Reverte en El maestro de esgrima, novela española, mientras que Pío Baroja en César o nada se refiere a un italiano en la siguiente frase: El signor Cappagutti se quedó repantigado en la silla tranquilamente.
El sofá o canapé incita a repanchigarnos y sobre todo a la hora de ver la televisión constumbre que, a su vez, estimula la obesidad ¿Se imaginan al papá un domingo a la tarde sentado frente al televisor viendo un partido de fútbol y comiendo y bebiendo como cerdo?
El paraguayo, sobre todo el campesino, pues, tiene una manera de sentarse y ya que estos en este tema diría que también adopta una forma de pararse y ubicar los brazos. Si en cualquier ciudad de España usted observa que un hombre espera el autobús parado descansando sobre una pierna y con los brazos cruzados es casi seguro que ese sea un coterráneo nuestro.
En fin, para cerrar diría que los paguayos somos repanchigados... que sabemos descansar, que aprovechamos la vida.