Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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martes, 13 de septiembre de 2011

El retorno del algodón

En 1984 publiqué un libro sobre la historia algodonera del Paraguay, lo llamé "Los eslabones del oro blanco" y fue, modestia aparte, un éxito de librería. El algodón andaba bien y, me percaté, que faltaba un libro que se refiera sobre los eslabones de esta fibra en la historia nacional.
Me puse a hilar fino para llegar a la meta. El recordado y apreciado amigo Alfredo Seiferheld fue quién más me alentaba para sacar el libro, incluso de sus incursiones en el Archivo Nacional de Asunción (ANA) me traía algunos datos que, finalmente, fui a buscarlos yo mismo bajo su orientación. A su cargo estuvo el prólogo del libro.
Por aquel tiempo, el algodón andaba bien; los agricultores que dedicaban su trabajo a este renglón vivían sin necesidades. Había sonrisa en sus rostros, se sentían felices.
No les apabullaré con cifras manejadas en aquel tiempo en torno al algodón. No. Además no me gusta esa parte porque, necesariamente, debemos comprar aquellas con las de hoy que casi son nada.
Recuerdo de cómo andaba bien el algodón comprado por 30 desmotadoras (hoy quedaron 11). Todos trabajaban, el niño, el adulto, el hombre, la mujer; se contrataban peones (llamados braceros) y estos volvían a sus casas con dinero pagado por el pequeño agricultor. La dignidad se anidaba en las casas de los algodoneros.
Lo que pasó, producto de una inexplicable informalidad de algunos responsables del plan algodonero nacional, llevó a la semi aniquilación de la producción de la fibra en Paraguay. Todo perdimos por irresponsabilidades como, por haber descuidado la semilla nacional conocida con el nombre de Reba P-279 y, a partir de ahí, derrumbar al gigante de los planes mixtos del país conocido con el nombre de Programa Nacional del Algodón.
Millones de dólares perdidos desde los inicios de esta loca carrera hacia el suicidio económico ¡Millones! Miles de familias campesinas sin nada que desde ese momento de la tragedia los arraigue a sus chacras que los vendieron, prestaron, o empeñaron y se marcharon hacia las ciudades de Paraguay y del exterior. Miles de estos ex algodoneros emigraron a España, Argentina y Estados Unidos. Los hogares se convirtieron en los "oga kue" sin valor.
Un joven abogado, Enzo Cardozo, ahora ocupado en el cargo de ministro de Agricultura y Ganadería, desde que asumiera está empeñado en revivir al herido de muerte. Golpea puertas varias, conversa, se alienta, cae, vuelve a levantarse y cuando ya todos están animados, no hay semilla suficiente para llegar tan siquiera al 10 por ciento de la mayor superficie sembrada alguna vez.
Y la semilla, de nuevo, genera impugnaciones. Unos quieren la transgénica, pero otros no están de acuerdo, sino solo con la convencional. Y la convencional ya no se produce. Las ideologías despiertan y surgen conversaciones que vuelan sobre territorios que poco tienen que ver con la producción propiamente dicha.
Hojeando aquel libro publicado en 1984 volví a reflescar mis ideas sobre el agricultor paraguayo, un hombre guapo, inteligente, perseverante y solidario siempre y cuando se sienta apoyado por los estamentos privilegiados de la producción (técnicos, bancos, industrias). Dejaron la siembra porque, en fin, ya no tuvo maneras de seguir en medio de tantas informalidades, como por la distribución de las semillas adquiridas en el exterior pero de casi nula capacidad germinativa.
Espero que con el abogado Cardozo tengamos mejor suerte y reflotemos esta riqueza genuínamente paraguaya (ya han pasado quizás una veintena de ministros de Agricultura desde Hernando Bertoni). Las ganas del joven secretario de Estado de recuperar terreno perdido me hacen pensar que el renglón retornará como uno de los rubros más importantes entre los agricultores de menos recursos del país. Al menos todos eso esperamos todos. Crucemos los dedos...

domingo, 11 de septiembre de 2011

General César Rafael Cramer Espínola


César Rafael Cramer Espínola nació el 25 de febrero de 1941 en Pedro Juan Caballero. Es hijo del asunceno Guillermo Alfredo Cramer Henman y de la luqueña Exa Espínola. Por el lado de la madre es nieto del doctor Teodosio González (autor del libro "Infortunios del Paraguay") y de Teresa Espínola. González, sin embargo, no había reconocido a Exa como hija.
Cuando Rafael, hijo de padre y madre alemanes, tuvo dos años y medio de edad murió su padre. Guillermo Cramer fue ex combatiente de la Guerra del Chaco y; en tiempos de paz, fotógrafo y administraba un negocio de artículos fotográficos en Asunción.
El matrimonio Cramer - Espínola tuvo dos hijos: Guillermo (+) y Rafael. Guillermo fue suboficial jubilado de policía. Rafael nació en Pedro Juan Caballero porque su padre fue deportado a aquella ciudad fronteriza tras la caída del coronel Rafael Franco del poder el 13 de agosto de 1937, de quién fue adherente.
Tras enviudar Exa, ella trae a sus hijos a radicarse temporalmente en Luque, de donde pocos años después emigra a Posadas, Misiones, Argentina, a instancia de Albino Espínola, hermano de Exa, quién tenía depósitos de madera en aquella ciudad litoraleña.
Exa enviudó joven en la década de 1940 y no volvió a contraer matrimonio. Siguió trabajando un tiempo de fotógrafa y, luego, de empleada en una tienda de la Recova de la calle Colón, cerca del Puerto. Cuenta Rafael que su madre tenía muchas cualidades para las letras.
Rafael alternó sus estudios entre la "Escuela Mandi´o" de Luque, el "Roque González de Santacrúz" de Posadas y el Colegio Nacional de la Capital, de donde, cursando el segundo año de la secundaria, fue trasladado al Liceo Militar "Acosta Ñu" de donde logró pasar al Colegio Militar "Mariscal Francisco Solano López" antes de recibirse de subteniente de reserva en el liceo.
Alumno siempre aplicado, excelente, le permitió avanzar en el Colegio Militar donde los cinco años de estudios le premió ser el mejor cadete de cada año. En la ceremonia de graduación del 15 de diciembre de 1961 recibió 12 premios, como subteniente de infantería mejor egresado, de manos del general Alfredo Stroessner, presidente de la República y comandante de las Fuerzas Armadas de la Nación.
El general Alejandro Fretes Dávalos, profesor del Colegio Militar, alentó al joven oficial a trasladarse del arma de Infantería a la de la Fuerza Aérea.
Hizo estudios profesionales en las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos; fue piloto de Transporte Aéreo Militar (TAM), director del aeropuerto "Alejo García" de Ciudad Presidente Stroessner, de Aeropuertos Civiles, del Aeropuerto de Asunción, comandante de naves Boeing 707 de Líneas Aéreas Paraguayas (LAP), presidente de la empresa estatal LAP, Comandante de las fuerzas Aéreas, y Viceministro de Defensa.
Durante el gobierno de Raúl Cubas (15 de agosto de 1998 - 28 de marzo de 1999), por orden del general Lino Oviedo fue a prisión por haberse opuesto a las intenciones golpistas de éste durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy. En más de una ocasión, siendo Oviedo comandante del Ejército y; Cramer, comandante de la Fuerza Aérea, se enfrentaron, éste en defensa de la institucionalidad.
César Rafael contrajo matrimonio con Aura Beatríz Campos (fallecida el 17 de enero de 2009) y tuvieron cuatro hijos.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Aquellos locutores

"Museo Virtual del Paraguay" se llama una interesante página Web que me tuvo ocupado observando y paladeando, claro, cada tramo de su riquísimo contenido. Marcos Echeverría es el entusiasta y director de la página por lo que, seguro, ya habrá recibido centenares de felicitaciones merecidamente.
Bien, en esta Web encontré la foto de conocidos locutores radiales de Paraguay que me inspiró contarles algunas cosas de mi experiencia como comunicador radial al vincularme con varios de ellos.
La foto respectiva, aportada a dicha web por Rodolfo José Gómez Moreno, fue tomada en Radio Guaraní cuando era propiedad de César Sacarello. En ella están, según el epígrafe inicial las siguientes personas: Hermes Martínez, Agustín González, Herma Sosa Montanía, Juan Pablo Villalba, Aristídes Rojas, Víctor Raúl Lezcano, Celestino Álvarez, Saccarello, Juan Bernabé Apodaca y Humberto Rubín.
Conocí a González, Herma, Alvarez, Saccarello, Bernabé y, claro, Rubín.
Cuando por 1973 desembarco en Radio Comuneros en el horario de Herma, González era locutor de Radio Nacional del Paraguay; Álvarez, en Radio Guaraní; Saccarello era técnico en transmisores de radio (luego instalaría otra radio en San Juan Bautista y sería su propietario) y; Bernabé era el dueño y director de Radio Comuneros y fallecería a mediados de 1974.
Debo confesarles que yo admiraba mucho a los locutores de la época. Eran señores locutores. Herma era una señora locutora. Jamás improvisaban. Decían lo justo y necesario. Eran apoyados por libretistas serios como Rovisa, Gerardo Halley Mora, Lionel Enrique Lara y más antes, Sindulfo Martínez, por mencionar a algunos, que preparaban dariamente los mejores textos que permitían a los locutores, a más de lucirse, ser considerados verdaderos astros de la comunicación.
Herma, de quién aprendí mucho en el arte de comunicar por radio (yo tenía 21 años de edad), era de ir a la radio con un montón de libretos escritos por Rovisa. Ella tenía un programa diario, conocidísimo en la época, que se llamaba "Aquí está su bolero" (el nombre completo, en realidad, fue "Una canción para el ensueño y aquí está su bolero"). Los domingos, de 13.00 a 14.00, presentaba su programa "Disque por su disco y su pedido en el aire", no menos famoso.
El marido de esta locutora fue Aristides Rojas, el mismo de la foto; un hijo sobrevive a ambos que también lleva el nombre del padre, el muy recordado Baby.
Herma era muy audaz en todo emprendimiento que haga referencia a su profesión. Un día viajó a Buenos Aires y yo quedé cubriendo el turno en la radio. Volvió un par de semanas después con un disco "long play" (LP) que ella grabó en el sello RCA Victor. Eran poemas interpretados por ella con la musicalización de fondo del maestro Horacio Malvicino. El texto de presentación del material fonográfico, como se decía en la época, correspondió a Arnaldo André, con quién tenía muy buena y afable amistad.
A Celestino Álvarez lo conocí cuando ya tenía próximo a los 60 y pico de años. Tenía un turno a la tarde en Radio Guaraní y también por ahí veía y saludaba a Saccarello, un hombre enorme y bonachón.
Francamente todo ese inicio profesional mío al lado de estas grandes figuras de la radiofonía nacional paraguaya de aquel tiempo me parece que fue ayer. Los recuerdo perfectamente; Mis turnos a la noche y la tranquilidad con que volvía a mi casa caminando al filo de la madrugada sin que nadie me moleste; los grandes espectáculos musicales en las fonoplateas de las emisoras por donde pasé, el calor que hacía en la sala de transmisores porque en aquel tiempo estos andaban con lámparas; las llegadas tardías de Coco Bernabé quién me debía reemplazar a las 16.00, hora que arrancaba su programa "El club de los discómanos". Tantos recuerdos...
La web de Echeverría y la foto de Gómez Moreno son los comandantes de la nave imaginaria que me condujo al pasado. A ellos quedo muy agradecido por permitirme desplegar alas hacia los inicios de mi carrera.





sábado, 3 de septiembre de 2011

Rubén Darío y el Paraguay



Algunos personajes nicaragüenses nos unen al país centroamericano. Uno de ellos fue Anastasio Somoza; otro, Rubén Darío. Sobre los prolegómenos del asesinato del dictador escribí un artículo en este blog (http://efrainmartinezcuevas.blogspot.com/2009/09/el-asesinato-de-anastasio-somoza.html) por tanto lo dejaré a un lado para dedicarme a quién fuera el famoso, apreciado y respetado poeta.
Félix Rubén García Sarmiento (Matagalpa , 1867 - León, 1916), más conocido como Rubén Darío, fue cónsul paraguayo en Paris, cargo ocupado desde el 4 de setiembre de 1912 hasta el 30 de setiembre de 1914. El nombramiento respectivo fue mediante decreto firmado por el presidente Eduardo Schaerer el 4 de setiembre de 1912.
Mientras el nicaragüense era cónsul en Paris, Silvio Pettirossi, estudiaba para piloto aviador en aquel país europeo por lo que el contacto entre ambos tuvo que haberse dado con la frecuencia necesaria, puesto que Pettirossi era becado por el gobierno de Schaerer.
Hay un poema de Rubén Dario muy conocido y que lleva por título "Canción de otoño en primavera" y que en las escuelas se enseñaba en mi niñez, dice: "Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! .../ Cuando quiero llorar, no lloro, / y a veces lloro sin querer ...".
Rubén Dario no fue santo de la devoción de Pío Baroja (ateo, dicho sea de paso, condición que creó todo un problema a la Iglesia española y al ayuntamiento de Madrid para las ceremonias fúnebres y posterior entierro de sus restos), quién en "El gran torbellino del mundo", una de sus novelas, sacude:
- "¿De donde saldrá esta gente tan fea? - preguntó Larrañaga.
-Serán de las colonias.
- Es un producto horrible. porque un negro o un chino puro tienen su prestancia, pero esta mezcla es horrenda.
Delante del "Embarque para Citarea", de Watteu, se agrupaban cuatro o cinco negros jóvenes, elegantes, con otro negro viejo de aire académico y doctoral, con anteojos y melenas, que les daba explicaciones en francés parisiense y con gstos amanerados y expresivos.
-¿Quién era Rubén Darío? Un poeta americano, ¿no es eso? - preguntó Pepita.
- Sí
- ¿Y era negro?
- Espiritualmente un tanto negro.
- ¿A ti no te gusta?
- Sí, a veces; pero es un snob sin imaginación, con un talento puramente verbal. Es un poeta a la moda de hace veinticinco años".

viernes, 26 de agosto de 2011

Un fenómeno en Facebook


Para cuando estoy escribiendo este comentario, una comunidad paraguaya en Facebook está por los 48.000 y pico de miembros, convirtiéndose por tanto en la más grande en su género de la República de Paraguay. Allí unifican voces para que la Academia de Noruega nomine al creador de la Cruzada Mundial de la Amistad, el doctor Ramón Artemio Bracho, al Premio Nobel de la Paz.
A la comunidad no se suman solamente paraguayos sino también miles de extranjeros, incluso de los países más alejados de los guaraníes, como India, Nepal, China, Corea, Islandia. Se trata de un extraño fenómeno de coincidencias de criterios.
Lo iniciamos el 31 de julio de 2011, un domingo a la mañana, cuando llovía y hacía frío en Asunción, la capital paraguaya. Para la tarde de aquella fecha ya eran 9.000 los adherentes, mientras que ahora está a punto de llegar a los 50.000.
Se suman jóvenes, mayores, hombres y mujeres, políticos, funcionarios públicos, empresarios, artistas, periodistas, comerciantes, policías, militares, choferes, obreros, estudiantes...
¿Qué la hace atractiva a esta comunidad de Facebook si allí no hay más que fotos, miles de fotos, de los rostros de cada uno de los adherentes e informes de gestiones de la comisión que lidera el grupo? No caben dudas que la unidad y el crecimiento se basan en el deseo de que, por fin, se otorgue un premio tan importante al hombre que desde el corazón de América del Sur procuró porque todos, la humanidad toda, se unan, se entiendan, se abracen mediante la práctica efectiva de la amistad.
La gente quiere por lo visto lo esencial. Reclama lo esencial. Cree en la figura del hombre como agente de paz. La humanidad procura por la paz en el planeta, empezando por la individualidad misma, luego por la familia, el barrio, el pueblo, la ciudad, el país, el continente, todo el mundo. La gente quiere paz.
Por esa necesidad, pienso, el entusiasmo en esa comunidad, conocida con el nombre de "Ramón Artemio Bracho, Premio Nobel de la Paz", no se paraliza; al contrario, crece como levadura hacia todo el mundo. Por eso la gente participa y agradece en su idioma que no hubiéramos entendido si Google no nos ponía a manos el traductor. Como nunca esta herramienta es usada a todo dar por los participantes de la comunidad.
La página "Ramón Artemio Bracho, Premio Nobel de la Paz", ya movilizó prensa, contactos de la Academia de Noruega, autoridades nacionales y municipales y, quién más quién menos propone la realización de tales o cuales ideas para seguir aumentando la cantidad de adherentes.
"Qué bueno, no sé quién me adhirió, pero agradezco; aquí me siento bien", es frase símbolo en esta comunidad, ni bien aparezcan los "nuevos" que por cientos se suman a cada hora en el espacio virtual.
Algunos, de vez en vez, se molestan por haber sido añadido por anónimos amigos por lo que piden retirarse y se retiran. Poco después vuelven y los coordinadores los reciben con alegría. En menos de un mes, mucha gente ya hizo amistad efectiva con varios otros. Rosa Zamphirópolos, una de las coordinadoras, logró sumar a no pocos asiáticos al grupo. Para estos momentos, muchos son activos participantes en la página.
¿A cuantos llegará esta marea humana en un sitio virtual?, buena pregunta; lo que los responsables del grupo llaman el "cuantímetro" aumenta en forma constante. Cincuenta mil es la próxima meta, después - seguro - la gente seguirá sumando. Esto, por lo que se ve, apenas está comenzando...
(Foto: Fotolia.com)

jueves, 25 de agosto de 2011

El silencio del karai guasu

En el Paraguay de hasta no hace mucho el karai guasu era merecedor de toda admiración, cariño y respeto. En castellano sería literalmente gran señor. Se trataba del hombre sin manchas, solidario, prudente, tolerante, jovial, respetuoso, ejemplar.
El karai guasú, registra nuestra historia, era elegido padrino de incontables niños en toda la comarca por donde el buen nombre del hombre era conocido. Y cuidaba paternalmente a todos sin pedir nada, era generoso por antonomasia. El "paíno", pues, era el sumum de la buena persona, por eso accedía a la categoría de padre espiritual del niño; de otro modo no hubiera alcanzado la confianza de los padres biológicos.

Sin dudas, su decencia, lo convertía en la personalidad del barrio, del pueblo, de la compañía o de la comarca. Por decente era consultado ya sea para decidir sobre tal o cual negocio, o para concretar un matrimonio, o para armonizar relaciones entre dos personas víctimas del desamor gestados, a lo mejor, por "sonseras".

Tenía la recomendación justa, la última palabra, porque el karai guasu era gente limpia que lo aprendió de sus angustias, de sus pupilas mojadas, sin que nadie se enterara.

Era señor por decente, acaso con poca academia pero con la luz de los sabios; no era ni doctor, ni licenciado, ni abogado, ni ingeniero, ni contador. Era nada menos que señor, el karai guasu para quién lo conocía.

Su linaje era la india y el el sureño de España. Aprendió de la madre india el valor de la familia y; del padre, la defensa del hogar y la familia.

Aprendió en su familia el respeto y el cariño a los mayores, la lealtad al semejante, el respeto a los símbolos, la prudencia, la humildad, el trabajo constante, el entusiasmo puesto al servicio de los objetivos, así sean los más modestos y sencillos.

Era el hombre que decía "cuida la chacra, trabajá y nunca la vendas" cuando el vecino era tentado por migrar a la ciudad. No valía solo por su palabra sino por su directa protección si así las circunstancias reclamaban.

No era de deslumbrarse ni por el dinero, ni por el poder ni por la gloria.

Procuraba ser nada menos que gente limpia, respetuosa, amiga, siempre solidaria. Si era elegido como juez o caudillo era por el mérito venido por el lado de su decencia.

Desconocía el robar, el mentir o estafar y no dudaba declarar la guerra a los sinvergüenzas así sean abigeos, pendencieros, violadores, majaderos irremediables. Si era necesario, su revolver escupía plomo porque también era hombre de temple cuando exigían los vaivenes ya sean por efectos de las carreras por plata o las barajas por caña.

El karai guasu estaba lejos de ser el timorato, el buenudo, el estúpido a quién se pueda letradear con la facilidad con que querrían los mal intencionados.

A aquellos karai guasu que conocí en mi Villarrica y Asunción de mi niñez, extraño con notable insistencia. Hoy también tenemos señores, verdaderos señores de la sociedad paraguaya, pero arrinconados, olvidados, casi despreciados. Sus ejemplos son postergados, los marginales han ganado estos combates en la sociedad activa.

Por ahora han ganado...

La voz de un decente no tiene espacio ni en los poderes del Estado, ni entre los políticos, ni entre los educadores, ni entre los periodistas, ni entre la gente común de a pie. Los tiempos de la marginalidad han llegado y debemos resistirlos y, si fuera posible, combatirlos.

Por ahora el karai guasu es un bello recuerdo de los mayores. Los menores no están teniendo la alegría de conocer un karai guasu contemporáneo y seguir sus ejemplos. Lo siento por ellos que no tienen la suerte de ver a un verdadero señor influyendo en la sociedad y en su tiempo.

Hoy más vale el po kare, el po pinda, el ñemonda, el yaporo jode. La maldad está aquí, entre nosotros, vistiendo sotanas, trajes ingleses o bermudas carnestolendas.

Ahora no es tiempo de señores. Los tramposos están de fiesta. El karai guasu no tiene voz, está postergado.

(Foto: Fotolia.com)

sábado, 13 de agosto de 2011

Señores Lugo, Benitez y Oviedo

Señores Fernando Lugo Mendez, Luís María Benitez Riera y Jorge Oviedo Matto:
No se sorprendan por mi carta. Nunca les escribí una sola línea. Personalmente no los conozco. Nunca nos hemos cruzado en la vida y por tanto, en apariencias, no tiene sentido que les escriba una carta. Pero esta vez les pido que se hagan de tiempo, sé que son muy ocupados, y lean mi carta, así no seamos ni conocidos ni, mucho menos, amigos.
Tengo algo muy importante - vital - por decirles, por eso les escribo.
Observen:
Ustedes son los tres paraguayos más importantes y poderosos en estos momentos. El presidente de la República, el presidente de la Corte Suprema de Justicia y el presidente del Parlamento Nacional, ustedes, respectivamente, son los que ejercen los poderes del Estado.
Les escribo para pedirles seguridad como responsables que son de los poderes del Estado.
Les pido en el lenguaje llano del hombre de calle; de ese que en las madrugadas, antes que ustedes, a lo mejor, se levanten de la cama, ya está en las esquinas aguardando un colectivo que les lleve al trabajo.
Me dirijo a ustedes en el lenguaje limpio del joven estudiante que, mochila al hombro, va con miedo al colegio andando por las calles infectadas de delincuentes prestos a matarles por esa mochila.
Les hablo como quién crió hijos y sabe de los sufrimientos cuando ellos están en la calle, en los transportes públicos, en el coche, entre la gente.
Hemos perdido la esperanza hacia la seguridad. Y eso todavía es peor porque, lo saben, la esperanza es lo último que se pierde. Estamos sin saldos de esperanza.
Permítanme reclamarles, entonces, que ejerzan el poder para que los delincuentes ya no nos maten. No les diré que están aflojando las cinchas porque, quién sabe, en una de esas me toman como un operador político a favor de algunos partidos y, les ruego, no me tomen por ahí porque si yo entrara en ese terreno solo diría tonterías.
Lo que que nos pasa a los paraguayos demanda mi seriedad como ciudadano de calle. Este estado de violencia que sufrimos no es tontería para hacerles perder su tiempo en tonterías.
Soy un hombre común, uno de los 6.500.000 paraguayos que puede morir desangrado en una vereda cualquiera, en momento imprevisto, en manos de un motochorro, un adolescente drogado o un polibandi de franco, de gandules, golfos y degenerados para quienes nuestras vidas son nada.
Nuestras vidas, respetados señores Lugo, Benitez y Oviedo, deben ser defendidas por ustedes. Para eso están en sus cargos. Ustedes tres deben ser los primeros en actuar contra la violencia, porque para eso se les dio el poder; nosotros también rechazamos la violencia pero no tenemos poder para poner la casa en orden.
¡Uf!, nuestra casa, nuestra querida casa...
¡La casa está en desorden! Y ustedes tres son los responsables de esta casa. En esta, más que casa, nuestro hogar, el Paraguay, vean que los muebles no están en su lugar; hay ropas sucias tiradas sobre el sofá, los platos sucios en la bacha amontonan cucarachas y atraen ratones, la heladera huele a carne y verduras podridas, vea cómo está el water y los papeles higiénicos tirados en el piso; las camas sin arreglar, el techo cubierto de telaraña.
¡Nuestra casa está patas para arriba! Nadie pone orden en nuestra casa. Ustedes son quienes deben poner orden.
Apliquen la escoba de la ley; si esta escoba está muy gastada, traigan otra que sirva para limpiar. Pongan la casa en orden. Actúen como responsables de la casa. No se queden mirando desde donde están. Asuman sus respectivas responsabilidades, para eso son los tres paraguayos con más poder en el país. Ejerzan sus poderes a favor de la ciudadanía decente, esa mayoría, y directamente contra los delincuentes. Vayan al cuerpo contra la marginalidad.
Les pido, por favor, que no nos discurseen más. Actúen nomas. No se justifiquen, hagan. No nos pidan más paciencia, ya tenemos demasiados muertos porque ustedes están aflojando. Yo, ciudadano común, tengo la responsabilidad de comportarme con respeto hacia los demás. Sean respetuosos también ustedes actuando con la responsabilidad del gobernante. Demuestren respeto hacia los paraguayos actuando con firmeza contra los que nos atacan a diario.
Ya no hay cien días de tolerancia (el señor Lugo ya lleva tres años en el poder y todavía la policía a su cargo no nos garantiza seguridad); no nos pidan más tolerancia porque ya no hay, porque ustedes ya gastaron todas las que les dimos.
Despreocúpense de tomar los micrófonos y las cámaras de los medios periodísticos para justificarse ante este desastre social que sufrimos. Hagan que los jueces, fiscales y policías sirvan a la comunidad paraguaya. De eso se trata la tarea de ustedes. Así como administran no nos sirve. Nos dirán que la ley no acompaña, pues cambien la ley. Cambien ahora, no mañana. Ahora. Porque ahora están matando los delincuentes a nuestras familias.
No esperen que la delincuencia cobre la vida de uno de sus seres queridos para actuar. Actúen como estadistas, como hombres con coraje, como gobernantes augustos.
Les escribo un sábado a la noche, en casa, sin ganas como antes para salir a un bar asunceno o a la casa de mis amigos o familiares a juntarme con ellos porque la calle no es segura, porque todas las calles están en manos de los marginales y ustedes tres lo saben.
Les escribo la noche antes de un domingo que, vaya saber, con cuantas noticias de muertes nos sorprenderá al amanecer.
Jamás les hubiera molestado ni siquiera con una línea de mi carta si ustedes se remangaban contra la delincuencia. Me hubiera gustado pedirles personalmente, pero ustedes están muy ocupados en otras cosas que también son importantes, reconozco, como para que me reciban y escuchen mi reclamo. Estoy de acuerdo. Sin embargo, lo más importante de ahora no están haciendo, la seguridad. Esta es la deuda de ustedes con la ciudadanía. Y les pido por escrito que hagan lo que deban hacer.
Finalmente, no anoten lo que les digo. Actúen. Ya no hay tiempo para deliberar en un nuevo equipo de seguridad nacional, el túnel secreto por donde escaparon otros irresolutos que les precedió en el cargo. Por tanto, por favor, no nos prometan estudiar nuestra petición. No. Hagan lo que el cargo les permite. Para eso fueron electos. Hagan un esfuerzo por la vida, ya no permitan más muertos. Dennos la oportunidad de vida. Dennos tan siquiera la oportunidad de volver a creer en la autoridad electa y; de que ni ustedes ni nosotros sigamos siendo la burla de quienes pistola y cuchillos en ristre hacen de nosotros lo que mejor les parece.
Atentamente.
Efraín Martínez Cuevas


(foto: fotolia.com)