Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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viernes, 29 de julio de 2011

La conversación de los paraguayos

El doctor Aristídes Villamayor, el recordado "Profesor Fisiquito", decía: "es más fácil que andar a pié", cuando no entendíamos algún pasaje de su materia, Física. Y sonreía, regla en ristre, mirándonos a los ojos. "Es más fácil que andar a pie", repetía y seguía sostenido en su sonrisa calma.
Conversar respetuosamente también es fácil. No sé si para muchos tan fácil como andar a pie.
Es que, con facilidad, la gente se desparrama, para mal no tanto para bien. Sobre todo cuando habla, impulsada por el descontrol de su pasión, obviando lo augusto que emana del conocimiento.
Conversar no es disputar, es compartir y llegar, juntos, a la verdad. De lo contrario ¿qué gracia tendría el encuentro?
Platón decía que la gente disputa en vez de conversar porque no distingue los diferentes sentidos de una proposición, deduce contradicciones aparentes, "tomando aquellos a la letra" y de ahí a la disputa, "cuando lo que se debe hacer es ilustrarse interrogándose mutuamente".
¿Los paraguayos hablamos mal? No me atrevo a juzgar; muchos, sí, son ñe´e reí (hablan todo de balde, en vulgo). Afirmamos, negamos, acusamos, endilgamos con relativa facilidad en base al perverso y criollo "la gente dice luego". El que es noble no habla mal, decía tirso de Molina.
San Fernando Rey (siglo XIII) aborrecía las murmuraciones y las malas conversaciones y repetía: "le tengo más horror a una lengua murmuradora que a un ejército de moros".
¿Somos nobles los paraguayos? Si lo ilustre del nacimiento se basara en el respeto mutuo, la formalidad en los tratos, la decencia como norma de vida, sí somos de origen ilustre. Se dice "nobleza obliga" cuando uno debe esforzarse por proceder con la misma virtud de sus antepasados, es decir de su linaje.
Por linaje uno respeta, es decente, escucha al otro, es grato, admira lo bueno, da sin condiciones, valora una conversación.
En la conversación se nota a la persona con o sin ética. No hace falta que hable mucho, con muy pocas palabras pronunciadas se sabe si el interlocutor es noble o no. Desde luego, en las escrituras también se nota, quizás mejor. Vean las redes sociales en Internet.
El conversador sostiene la charla para bien y en un mismo sentido.
El mal conversador fácilmente escapa por las ramas. El paraguayo, eso sí, es un escapista de primera. De hablar sobre la importancia del libro, en un segundo puede saltar a la gestión de Justo Villar en el arco de la Albirroja, terminando en una encendida discusión sobre los hijos del presidente Lugo. Es, en síntesis, un formidable protagonista de la virtud simia, andar por las ramas.
Muchos son gratuitamente locuaces a la hora de impugnar lo que sea y a quién sea. Habla, dice, gesticula, acusa con el índice, tantas veces sin razón. De esto tenemos casos diarios, hasta en la prensa; en las redes, ni qué decir.
"¡Pero qué va a saber ese burro!", "¡ese es un corrupto, quién no le conoce!" son frases remanidas escuchadas a diario en conversaciones cotidianas. Son frases chips listas en la punta de la lengua.
El buen conversador sabe escuchar. Es más, aprecia escuchar. Son de los que entienden que la mejor palabra es la que no se dice, al decir de Augusto Roa Bastos. "Si alguna vez quisieras hablarme, yo estaría con mi ser aquietado más que un agua nocturna para la ondulación de tus palabras" escribió nuestro Cervantes en el verano de 1942.
Prefiero apostar al optimismo; pienso que conversar bien y para bien es posible entre nosotros, los paraguayos. Con buena voluntad de por medio, dejando de lado las hojarazcas, puede que nuestras charlas también sean más fáciles que andar a pié.
(foto: Fotolia.com)

miércoles, 27 de julio de 2011

Usted es un gerifalte...

¿Qué tiene que ver una persona descollante, un jefe, con el ave de la foto?; ¿Escuchó la palabra gerifalte?, ¿en qué caso se usa? Y voy a más: ¿qué tiene que ver esa palabra con los nórdicos europeos? Procuraré explicarme y les adelanto que es apasionante.
¿Cómo reaccionaría si alguien le dijera "usted es un gerifalte"?
En Paraguay no somos de usar mucho la palabra gerifalte, admitida por la Real Academia Española con cinco acepciones. Los paraguayos la usamos, a veces, como jefe, mandamás, con sentido coloquial e irónico, por eso es que si, por ejemplo, expresáramos "el gerifalte de la Iglesia Católica" refiriéndonos a la jerarquía eclesiástica, capaz que más de un católico paraguayo se moleste. Sin embargo, su uso y su sentido son correctos.
No hay palabras mal dichas sino mal interpretadas.
Gerifalte, pues, es un halcón de gran tamaño que vive ordinariamente en el norte de Europa, nos recuerda la RAE. Geirfalki es una palabra nórdica que viene de geiri, objeto en forma de dardo y falki, halcón, por las listas semejantes a flechas de su plumaje.
Para que llegue al castellano, tuvo que cruzar la civilización francesa que la utilizó como girfalt, gerfalt y gerfalc.
Gerifalte es una persona descollante en cualquier actividad. Justo Villar es el gerifalte de la Copa América. John F. Kennedy fue el gerifalte de los demócratas norteamericanos.
Pío Baroja escribió en "El árbol de la ciencia": "prometía ser un gerifalte como el tío". Prometía ser descollante, importante.
Vean cómo una civilización lejana, en el tiempo y el espacio, como la escandinava, influye en la nuestra a través de la palabra, en este caso. Halcón, plumaje, flecha, jefe. De hecho, el halcón es uno de los jefes entre las aves.
Curioso, ¿no?
(foto: Fotolia.com)

martes, 26 de julio de 2011

La vereda no es del peatón


Me anoto entre la gente positiva; soy de los que ven las cosas preferentemente por el lado bueno, no por eso soy ciego de la realidad, al menos de mi propio entorno. Hay temas que no quiero tocar porque, digo, no sé qué gano con hacerme mala sangre. Luego, me pongo a reflexionar y digo que yo también soy no tanto el protagonista con derecho sino el protagonista con responsabilidad en la sociedad de la que formo parte. Entonces me veo obligado a decir algunas cosas.
Por ejemplo, que entre nosotros hay mucha gente irresponsable. Personas que no meditan sobre sus derechos y obligaciones. Personas atrevidas, irresponsables, necias.
¿Qué me pasa?....
Lo que puede pasarle a cualquiera con un dedo de frente. Estoy indignado contra quienes violan con toda impunidad; hasta con alevosía, el derecho de los demás. Me refiero, para hacerla corta, a los que se adueñan de las veredas. A los que sin importarle un pito el peatón construyen murallas, instalan feroces planteras, o, sencillamente estacionan sus coches porque "la vereda es mía".
¿A usted no le molesta que en la vereda por la que va caminando alguien está lavando su coche porque es “su” acera?
A mi me molesta, lo confieso, y mucho.
También están los que roban el derecho de los demás extendiendo sus negocios en las veredas instalando en ese espacio público heladera, lavarropas, muebles, bicicletas, motos en oferta, edredones, vestidos, pantalones, bombachas, zapatos, como si fuera salones de venta.
Desde luego, están también los que les importa un cuerno las ordenanzas municipales y sus veredas pueden estar como cuando llegó Juan de Salazar a estas comarcas y que si a alguien le molesta que se vaya a quejarse a su abuela.
¿Y qué me dicen de los vecinos que amontonan sus basuras en las veredas de las plazas?; ¡las plazas!, ¡pobres espacios públicos!, llenos de vendedores ambulantes, abandonados, sucios, miserablemente tratados, invadidos por indecentes por días, semanas y meses a cuentas de sus respectivas pobrezas sin que una autoridad sea capaz de mover un dedo a favor de la comunidad afectada y dañada.
Pero vuelvo a las veredas ¿Y qué me dicen de los bares de medio pelaje instalados en ese espacio destinado a los que caminan? Conozco uno, en la esquina de Azara y Antequera de Asunción; una guarida de borrachos. Anímese a caminar por ahí a ver cómo le va. Ya me dirá. Por de pronto les deseo buena suerte y que Dios les acompañe.
Los mal educados, atrevidos, ignorantes, necios, palurdos, golfos están entre nosotros y nos prohíben caminar por las veredas ¿El intendente?, ¿los concejales?, bien nomás, les manda saludos ¿Les importa esto de que los peatones deben caminar sin andar eludiendo mercaderías, borrachos sentados en sillas y mesas fijas?, si les importaba las calles debían haber vuelto a ser de los peatones; por ahora, están en manos de los sinvergüenzas, atrevidos, mal educados, de los necios.
¿Ciegos, ancianos y paralíticos?, pues chúpense el codo; anden como puedan y que Dios se apiade de ustedes. No. La vereda no es ni para nosotros ni para ustedes. Es para los marginales de la sociedad, de los indios urbanos que les da igual comer con la mano o con los cubiertos, vivir en una casa o un árbol, hacer sus necesidades en el water o en la calle, andar con ropa o desnudos. Indios.
Están entre nosotros. Algunos tienen carné de socio de clubes importantes; otros, ejercen la enseñanza en universidades, son funcionarios públicos, políticos y son empresarios. Sus hijos van a los mismos colegios a los que van los nuestros. Algunos de los invasores de las veredas van de vacaciones a Punta del Este; otros, no van nunca de vacaciones ni a su pueblo de origen. Les da igual.
Entre estos ocupantes ilegales de los espacios públicos están representantes de nuevas como de viejas generaciones. No aprendieron nunca ni les importa aprender que la vereda es pública; que es para caminar y que por haber pagado el costo de la construcción de ella no le autoriza a hacer de ella lo que le cante. No tiene la más mínima responsabilidad.
Habiendo gente de esta calaña me cuesta desarrollar mi preciado lado optimista. Ya dirán de mi que soy un viejo plagueón y no faltarán quienes crean que los invasores tienen razón. Es lo que hay, es la sociedad que hacemos.
Y una acotación final: la foto que acompaña fue tomada en una sociedad seria, donde se respetan los derechos de la demás; no es una fotografía captada, lamentablemente, en Paraguay.

(Foto: Fotolia.com)

sábado, 23 de julio de 2011

Poema "A mi muerta"



(Juan Emilio O´Leary)

¿No ves, hija del alma, como sufro
...El más cruento dolor,
Desde el día fatal de tu partida,
Desde aquel día atroz
En que cayó la noch de tu ausencia
Sobre mi corazón?
¿Hasta el oscuro fondo de la tumba
No te llega mi voz?
¿La soledad de tu postrer morada
No turba mi clamor...?

Ah!, sí, yo sé que en realidad me oyes,
Yo sé que nuestro amor
Sobrevive a la muerte y a la tumba,
En todo su esplendor!
Yo sé que me contemplas, compasiva,
Y lloras como yo,
Desde la opuesta playa en que el Destino
Por siempre te dejó!

Yo sé que en esta hora, en que evocando
Nuestra separación,
Siento aumentar mi pena, mi amargura,
Mi desesperación...
Tú resonar escuchas en tu frente
Aquel beso de amor
Que al cerrarse tu caja funeraria
Te dí como un adios!

Yo sé que en tí mi vida y mis dolores
Tienen su vibración,
Y un eco todos los recuerdos dulces
Del tiempo que pasó;
Pués que la esencia de tu alma pura
Es mi prolongación,
Una parte de mi alma en ti fundida,
Por la mano de Dios.

Tú vives en mi ser, como en tí vivo:
Si tu carne murió,
Si el hambriento sepulcro tus celestes
Encantos devoró...
La llama de mi vida y de tu vida
Encendida quedó,
Frente a la boca de la nada
Que tu cuerpo tragó.

Yo se que no concluye lo infinito,
Que hay algo entre los dos,
Que es como un puente sobre el hondo abismo
Que la muerte extendió
Al arrancarte al tapernal cariño,
Implacable y feroz! ...

Y en la espantosa soledad que siento
Llenar mi corazón,
Es tu recuerdo realidad viviente,
Tangible a mi pasión,
Más que un fantasma que forjó aturdida
Mi desesperación
En la tétrica noche de tu ausencia,
Sin aurora y sin sol!

Yo te siento flotar sobre mi vida,
y yo escucho tu voz
Llegar hasta mi oído en el más leve,
Recóndito rumor,
Y en las alas del viento me acaricia,
En un eterno son,
De tu argentina risa bullanguera
La diáfana canción ...

En el hogar estás: todo te nombra,
Y es una evocación
De los días risueños de tu infancia,
Días de floración,
En que exhalabas el perfume grato
De un divino candor.

Yo te veo cruzar en la penumbra,
Y me llega el fulgor
De tu tierna mirada acariciante,
Llena de compasión.
En tu alcoba, en tu lecho, en tu piano ...
Algo de tí quedó,
Algo real, que sobre mí gravita,
Algo que no murió!

Pero si a veces siento que me llamas,
Y miro en derredor,
Para verte surgir ante mis ojos,
Como una aparición!...
No! no es posible que sucumba todo,
Que muera hasta el amor,
Que en la tumba concluya del espíritu
La Peregrinación!

Existe un mas allá, donde me esperas,
Hija del corazón,
Donde mi vida fundiré en tu vida
Y mi amor en tu amor,
Donde la noche de la amarga ausencia
Tendrá, por fin, su sol,
Y de mi llanto secará la fuente
La mirada de Dios!

(Dedicada a Rosita O´Leary, fallecida el 21 de abril de 1915. El poema fue publicado en la revista "Letras", año 1, Nº 4, Tomo II, Asunción, 21 de abril de 1916, pp. 200 y 201. Incluye la foto de la fallecida)

viernes, 22 de julio de 2011

El dramático fin de la TV por aire

Después de algunos años tengo una tele nueva en casa. La verdad es que la televisión por aire en Paraguay no me atraía tanto que digamos ¡Va!, no me atrae. Hasta hace algunos años, hasta el 2006 por ahí, cuando emigré a Madrid (aclaro que no fui corrido por la pésima programación de los canales, sino por el pésimo gobierno de Nicanor que dejó sin trabajo a miles de paraguayos), veía televisión por aire. Al volver, tres años después, la cosa se puso peor y entonces procedí a actuar como hombre práctico: no veo la tele.

Más antes me justificaba diciendo que de la televisión solo veía los noticieros, como era cierto. Ahora ni los noticieros porque son un auténtico vertedero.

No tengo el servicio de cable. A lo mejor entro en uno de los planes que ofrecen las compañías respectivas. El cable ofrece más opciones. Me cuentan que un noticiero de uno de esos canales asuncenos por cable es muy bueno. Me agradaría ver. Esta es una de las razones por las que volveré a ser televidente.

El otro es mi amigo Carlos Alberto Rodríguez, el apreciado Carloncho. Supe que está en un empresa por cables. Buen valor, Carloncho; tiene conocimiento, es un veterano periodista de primerísimo nivel y capaz de ayudar a poner en pantalla materiales que agraden a los televidentes. Sabe tanto de periodismo como de buen gusto. Sé que no hará de papelonero.

El otro día conversaba con un colega español sobre la televisión paraguaya. Me dijo que en España también hay decadencia de la televisión por aire pero no "tanto" como en Paraguay. Los noticieros dejaron de ser noticieros en los canales paraguayos; los programas varios son un bodrio, así intenten ser, por ejemplo, educativos. La tomadura de pelo es total.

Bueno, pero me hice de una tele nueva. Sí. Me es muy útil porque mediante la tele nueva veo fútbol de la Copa América, que transmite Telefuturo (es lo único rescatable, la transmisión de la Copa, digo); desde luego, el aparato está en off, solo en imagen, porque los comentarios de sus relatores no son como para andar escuchando durante todo el partido. Disculpenme los colegas periodistas semejante sinceridad. El partido Paraguay - Venezuela vi con las interpretaciones de Matt Monro que desde un CD las disfrutaba. Ver fútbol por televisión escuchando buena música es una experiencia estupenda, hagan la prueba. De nada, gente, de nada...

A este ritmo, en serio les digo, me apena pensar el futuro de los canales de aire de Paraguay. Supongo que terminarán por cerrar sus respectivas empresas con lo que quedará mucha gente sin trabajo. Me parece que la gente se hartó de tanta mediocridad; yo, primero. Si fuera yo el único disconforme, qué tanto pueden incomodarse los dueños de los canales, pero si somos muchos y, hasta la mayoría, debieran sacudirse. De lo contrario perderán ellos. Los televidentes no perderán nada. Así nomás es la cosa.

Se ve venir su dramático fin, las campanas empiezan a doblar por ellos.

(foto: Fotolia.com)


miércoles, 20 de julio de 2011

Viejo ridículo

Uno llega a determinada edad en que corre el riesgo de ser acusado de anticuado hasta de ridículo. Creo que le pasa a todo el mundo. A mi también. De repente todavía seguimos vistiendo aquella camisa Christian Dior de 1985, de esa que habíamos comprado de alguna tienda famosa de Buenos Aires, Nueva York y Madrid en viajes de juventud. Sin percatarnos pasaron casi 30 años.

Y ahí sigue, impasible, en el guardarropas, cubierto con un plástico blanco y que, hasta ahora, lo sacamos de vez en vez para lucirla en alguna boda de familiares o amigos. Delata su extemporaneidad los gemelos, el apreta corbata y el chaleco que son modas superadas aquí y en cualquier parte del mundo.

Lo único que nos faltaría es calzarnos las polainas para que terminemos siendo el hazmerreir de la gente.

De todas maneras, las nuevas generaciones no son muy dadas que digamos a tolerar la "vejentud" de los mayores.

Vean lo que dijo el periodista Juan Ramón Iborra en su libro "Confesiones, segunda parte" de Mario Vargas Llosa: "Podría comenzar esta entrevista con un repaso a su figura de escritor de primera, de político raro, de galán decimonónico..."

Galán decimonónico. Hombre que galantea a una mujer pero como en el siglo XIX. No puedo creer. Me resisto a aceptar que Iborra lo trate de viejazo. Y que conste, que este "galán decimonónico" es hoy el Premio Nobel de Literatura.

Por eso es lo que dice la RAE cuando define la palabra: perteneciente o relativo al siglo XIX y, como segunda acepción, "anticuado, pasado de modo". Así que ya sabe, cuando digan de usted que es un decimonónico, no es que quieran contar que usted es tan sano que duerme hoy diez veces más que antes, ni que es diez veces más atractivo, ni que diez veces más tendrá suerte en la vida. No. Le están diciendo que es un viejo anticuado.

Un amigo mío, currutaco, que ya andará por cerca de los setenta años, suele pasear en su Mercedes, super sport, descapotable de los años 70 ¿Es ridículo por andar paseandose con los pocos cabellos que le quedan revoloteando al viendo? Ya habrá quién diga de él que es otro "galán decimonónico".

Si uno quiere usar polainas, manejar un coche modelo 1928, usar sombrero panamá o llamar "plaza" al mercado, pasa a ser un ridículo, porque no sube al carro de la moda, porque es un desatento con la movida provocada por los modistos.

Sin embargo, de que se lo trate de ridículo no mueve ni un pelo al adulto. La vida le enseñó, después de mucho, a tolerar lo que digan los demás, a contemplar, y esos logros son, de verdad, generadores de paz a cada instante en este tramo final de la vida.


(Foto: Fotolia.com)

Registro Oficial

El Bicentenario de Paraguay permitió la publicación de muchos libros sobre nuestro país. Los escritores, editores, libreros y, sobre todo, el gobierno, tiraron la casa por la ventana. Eso está bien. Me sirvió para juntar toda la producción posible que vio la luz, sobre todo aquellos publicados en los diarios. Mi hemeroteca agradecida.

Desde luego, y esto es un poco como la basura que preferimos guardar bajo la alfombra, también algunos artículos francamente no eran completos como espera cualquier lector que guste de la investigación histórica. De todas maneras bien valió el esfuerzo.

A lo largo de este tropel de materiales sobre la historia paraguaya no encontré interés hacia el Registro Oficial (RO), el corazón de la historia paraguaya. Y que conste que está disponible en la Imprenta Nacional donde se imprimía en papel desde mil ochocientos setenta y pico.

El Registro Oficial hubiera ayudado a muchos historiadores que publicaron sus trabajos este año a presentarlos completitos.

Yo tengo algunos volúmenes del RO y les puedo garantizar que es, en verdad, sumamente útil para quién escriba con seriedad sobre la historia paraguaya.

Supongo que los nuevos investigadores obvian esta fuente porque 1)- No saben donde encontrarla y/ó 2)- Trabajar el RO demanda mucha paciencia y capacidad de clasificación de los decretos y leyes que guardan sus voluminosas unidades.

No hay nada más agradable que, sentado junto al buró, se empiece a escribir en base a los datos identificados y clasificados. Esa sensación siempre me produce cuando mis apuntes del RO están a mi alcance cuando algo sobre la historia paraguaya me dispongo a escribir.

En el RO está todo - política, educación, salud, vivienda, deportes, modas, hasta lo más insólito - pero para encontrar los materiales hay que investigarlo con ganas, sin apuros, como cuando se disfruta de un buen puro o de un buen vino en la quietud de la biblioteca de casa.

Alguna vez las universidades darán mayor importancia al RO, incluso la Academia Nacional de la Historia. Alguna vez...

(Foto: Fotolia.com)