Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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viernes, 1 de abril de 2011

Elisa Lynch y Pancha Garmendia

Leí el libro "Elisa Alicia Lynch" de Ana Barreto Valinotti, de la colección que el diario Abc Color viene publicando en estas semanas.

Se trata de un aporte muy interesante que nos permite comparar con otras fuentes los testimonios sobre la guerra contra la Triple Alianza y, sobre todo, para acceder a la verdad.

Las cartas de la pareja de Francisco Solano López publicadas en la segunda parte del libro son muy útiles para aclarar las dudas que todavía existen debido a las versiones ligeras parciales a las que accede la mayoría.

Las cartas de Lynch desmienten a otros testigos de la intimidad de aquella contienda, como al coronel Juan Crisóstomo Centurión quién, por ejemplo, afirmó en que López ordenó el fusilamiento de Pancha Garmendia.

La historia de este caso viene así: En la huida hacia el norte, López se entera que su madre, su hermana, el coronel Marcó y su esposa y; su hermano, Benigno, planeaban envenenarle con dulce y, una vez muerto el mariscal, terminaba la guerra y estos negociarían el poder en Paraguay con los aliados vencedores.

Dice Aveiro que Pancha Garmendia confesó que ella conocía la conspiración. El primer anillo de López se enteró del plan, como el capitán Justiniano Rodas Benitez, riflero de la guardia personal de López ("Testimonio de un capitán de la Guerra del 70", Saturnino Ferreira Pérez, Litocolor, Asunción, 1989, p. 50).

Ante la noticia "el campamento se llenó de estupor", reveló el capitán.

Juan Crisóstomo Centurión afirmó que López ordenó el fusilamiento de Garmendia junto a los demás condenados por el tribunal militar, de cuyo suceso dijo Aveiro enterarse después. En verdad, cuentan los testigos que la bella Pancha Garmendia murió lanceada para ahorrar proyectiles. Tenía cuarenta y pico de años de edad.

Algunos historiadores y enemigos de López también distorsionaron los sucesos, sobre todo en el caso de Garmendia. Según las opiniones interesadas, Lynch presionó a López para que sea fusilada. Garmendia fue convertida en una heroína y víctima de López y Lynch.

En una carta remitida por Elisa Alicia Lynch al diario La Tribuna de Asunción en 1875 desde Buenos Aires rechazó punto por punto las acusaciones publicadas contra ella en dicho periódico como que, entre otras, a ella se debe la ejecución de la asuncena, de la esposa del coronel Marcó de Benigno López y "del martirio de las hermanas del Mariscal", según puño y letra de la pareja de López.

Ella, pues, en honor a la verdad y a su honor anunció al diario que se transladará con su hijo Enrique a la capital paraguaya, así haya sido amenaza con que una turba la asesinaría a su llegada en el puerto. "El corresponsal de "La Tribuna" queda advertido para que me asesine al desembarcar, o tenga el valor de acusarme si á lo primero no se atreve", remarcó.

Ella, de cuya valentía nadie puede dudar, encaró las amenazas y llegó a esta capital encontrándose con el aprecio de la multitud.

En la carta mencionada, Lynch negó que López haya ordenado el fusilamiento de Garmendia. "Ella fue asesinada sin orden del presidente y (asesinada) por personas que se complacieron en desacreditar la causa del Paraguay ensangrentándola estérilmente" afirmó.

Mucho después de la guerra, hasta ahora, la anonimia obligó a muchos a hablar por boca de ganso. Los anti lopistas han ganado durante mucho tiempo la guerra de la comunicación. El "dice que" se convirtió en el humero por el cual escapaba la contaminante injuria, sobre todo de aquellos que, a lo mejor, como decía Lynch aspiraban o se apoderaron de los bienes de los López Lynch.

Quizás una frase de la carta de la irlandesa responda a la realidad sobre la Guerra Grande que hasta hoy sacude los pensamientos paraguayos: "Está enteramente desconocida la verdadera historia de aquellos días de sufrimiento y abnegación".

miércoles, 30 de marzo de 2011

El carro Milord

En el marco del Bicentenario Nacional, el artesano asunceno Luís Prette terminó de armar un carruaje Milord del siglo XIX, según podemos leer en el diario Última Hora del 30 de marzo de 2011. El transporte está hecho de madera de lapacho. La idea es que el coche recorra el casco histórico de Asunción.

El paseo en él costará 30.000 guaraníes (unos 8 dólares) por persona. Este modelo, llamado también Birlocho, Cabriolet y, en Madrid, Manuela es la evolución del carruaje Victoria (en homenaje a la reina Victoria de los ingleses).

Los madrileños de fines del siglo XIX e inicios del XX lo llamaban indistintamente Manuela o Birlocho. Lo usaban las personas ricas y pudibundas. En este coche viajaban comitres y posesores de muchos sirvientes; el Simón era lo que hoy es el taxi, de uso popular. El Milord tiene capota, es bajo, ligero, cuatro ruedas, y asientos para cuatro pasajeros, a parte del del cochero en el pescante.

Un asiento para dos personas que van en el medio, entre el cochero y el asiento de atrás (en la testera), se llama "bigotera" que se esconde debajo del elevado pescante si no hay quién lo ocupe. El Milord no tiene portezuela y es tirado por uno o dos caballos adornados con cascabeles.

Hasta hoy este tipo de carro circula a diario en Sevilla, Andalucía, paseando a turistas. Se trata de un coche de ciudad para paseos a todo lujo.

Pío Baroja en "Las noches del buen Retiro" describe los paseos en tardes de verano en los alrededores de El Retiro en Madrid a bordo de carros como el Cabriolet, Milord, Berlina, Landó y Simón. "La masa de carruajes marchaba despacio y al retornar se dirigían rápidamente al centro", ofrece una evocación el escritor español.

Graham Shellby también menciona al Milord o Birlocho en su obra "Madame Lynch, el fuego de la vida".

Decíamos que el Milord es la evolución del Victoria.

A propósito, el 18 de mayo de 1920 el presidente José P. Montero firmó el decreto 11.701 por el cual autorizó subastar coches Victoria propiedad de la Presidencia de la República y que fueron adjudicados del siguiente modo: Un coche "en mal estado" al señor Franco en 1.100 pesos; otros dos, "en buen estado", fueron comprados por el señor Chiriani, en 4.850 pesos y 4.600 pesos, respectivamente.

William Barret menciona en su novela "Una amazona" que Elisa Lynch ganó en una partida de ajedrez a Francisco Solano López un Victoria inglés.

martes, 22 de marzo de 2011

En mi biblioteca

Juan Luís Gauto, el apreciado Gautín, esperaba en una gomería, a la vuelta del diario Abc, que le cambiaran la rueda a su coche. Casualmente paso por allí y me fue muy grato encontrarlo. Para quienes no lo conocen, les diré que él es un economista que nunca ejerció su profesión porque, así como Pio Baroja, Gregorio Marañón, Luís Agote, Arthur Conan Doyle o Mijail Bolgakov que cambiaron la profesión de médico por la de escritor, aquel cambió por el periodismo.
Y, claro, el periodismo agradecido y los lectores también.
Ahora que ya presenté al colega a la gente que no le conoce, entro en tema.
En la breve charla me preguntó en qué ando, creyó que todavía yo estaba por España o Ciudad del Este. Le expliqué que no, que ando por Asunción y que llevo una vida menos tensa que de aquellos tiempos de la juventud y, sobre todo, de cuando llevaba sobre mis hombros algunas responsabilidades que no viene al caso comentar ahora.
Le dije que me entusiasma leer y escribir en mi biblioteca. Yo no sé si Juan Luís tiene el privilegio mío. No creo. Está todo el día, desde hace más de 30 años en la redacción del diario y desde hace un buen tiempo como jefe de Redacción. Vaya compromiso el de él.
No tengo la mejor biblioteca del mundo pero es la que me calza. Aquí tengo todos los libros que fui adquiriendo en Paraguay y el exterior a lo largo de los últimos 35 años. Empecé con tres libros que lo tenía sobre una mesa muy pequeña. Uno de los primeros fue "El hombre mediocre" de José Ingenieros.
Al despedirme de Gauto seguí pensando en lo agradable que resulta encontrarse con el libro de autores como Arturo Pérez-Reverte, José Saramago, Roa Bastos, Benito Pérez Galdós o; sumergirnos en la filosofía de Platón, con La República o releer "Hombres y pasiones" de Sindulfo Martínez, por mencionar unos cuantos formidables ocupantes de mi biblioteca.
Me apasiona revisar en esos días feriados o domingos, sin apuros, el contenido del Registro Oficial, esa colosal cantera de nuestra historia. Allí me encuentro con cada hecho, situaciones y hasta de absurdos que en su momento, a lo mejor, no era tal.
La biblioteca es un excelente refugio para protegerse contra la mediocridad externa. Un sillón, una buena música orquestada suavemente sonando y un libro extraído del anaquel más alto.
De la hemeroteca extraigo con relativa frecuencia aquellos casos curiosos que me hacen mucha gracia, incluso aquellos artículos que escribía en el diario en mi juventud. Ya son hojas muy sepiadas, algunas ya sin bordes, otras remendadas. El papel diario no aguanta mucho. Siempre ando diciendo que mis recortes de diarios los voy a encuadernar pero hasta ahora nada pasa.
Me agradaría seguir aprendiendo más, leyendo, claro. Cuentan, a propósito, que Adolfo Aponte poseía una de las bibliotecas más selectas y ricas de Paraguay; Natalicio González tuvo una con 25.000 volúmenes. De vez en vez los historiadores recuerdan que la de Elisa Alicia Lynch también era una gran biblioteca.
La mía - foto - es sencilla, con unos 1.500 volúmenes, sin bargueño ni casilleros. tiene estantes y puertas corredizas con vidrio. Me es útil como está; con una escalera alcanzo los más altos y a cada libro lo tengo en el lugar donde lo encontraré en la próxima.
Algunos de los libros que tengo en mi biblioteca no lo puedo leer, por ejemplo "Canaíma" de Rómulo Gallegos, que me han regalado en Caracas en 1981. Han pasado 30 años y no puedo avanzar más allá de la página 30 de dicha obra. Ya lo voy a terminar de leer alguna vez.
"Yo, el Supremo", de Roa Bastos, tampoco pude leer y tras varios intentos, como el que aprendió a fumar, le tomé la mano y resultó muy agradable. "Todos los nombres", de Saramago, está escrito en el mismo estilo que el de Roa Bastos en "Yo, el Supremo".
No, no presto mis libros. Pasa que todos mis libros tienen apuntes al margen y que vueltos a anotarlos en un archivo. Si presto un libro y en el momento en que salió de la biblioteca hago un trabajo que, justo, requiere de ese libro, paraliza mi actividad. A propósito, decía don Mario Benedetti en "Confesionario, Segunda parte", de Juan Ramón Iborra, que él escribía bastante rápido "si me dejan tranquilo". Yo también, pero necesito mis fuentes de consultas a mano.
Además es tonto aquel que presta libro y, doblemente, el que devuelve.
Un día encontré en Selecciones que leer tiene poder curativo. Leer, o saber, da paz. Me recuerdo el rostro lleno de paz y armonía de don Augusto Roa Bastos quién se hizo escritor leyendo en la biblioteca de su tío Hermenegildo Roa.
Tengo frente mío un libro de José Martí, "Ensayos y crónicas". Creo que hasta aquí les escribo, porque a esa obra la voy a llevar a leer tan siquiera unos minutos antes de descansar. Ya pasó medianoche...

viernes, 18 de marzo de 2011

El árbol de la ciencia de Baroja

BAROJA, PÍO, El árbol de la ciencia, Alianza Editorial, Madrid, 2008, 273 pp.
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Pío Baroja dijo que su libro El árbol de la ciencia es "el más acabado y completo de todos los míos". No sé por qué lo dijo. No me caben dudas que tuvo que haber sido para él. Leí cuatro títulos de todos los que publicó en su fecunda vida de escritor. De los leídos, me gusta más hasta ahora Las noches del buen retiro. Pero como en materia de gustos no hay nada escrito...
Tampoco me pondré a discutir aquí con el doctor Baroja, además es absurdo porque él murió en 1956 y sus restos descansan en el cementerio de La Almudena de Madrid.
No perderé mi tiempo en discusiones. Prefiero contarles qué tanto me atrajo El árbol de la ciencia y por qué.
Este libro lo escribió en el póstigo del siglo XX, en 1911, con treinta y pico largos años de edad. Era médico pero él mismo declaraba que no le gustaba la profesión, que prefería escribir. La obra tiene por personaje central a un médico, él, personaje que nunca estaba conforme con nada. Su dualidad laboral, por un lado curar enfermos y; por el otro, imaginar para escribir, le hacía poner incómodo con la medicina y, a lo mejor, ante su propia vida.
Cómo médico iba de hospital en hospital, incluso en los de algunos pueblos perdidos de España. A partir de ahí relata sus cotidianeidades con la gente común, de esa que el mundo ignora, de pequeñeces que, sin melindres, agranda con la contundencia de su pluma.
Andrés Hurtado es su alter ego. Relata su vida desde cuando ingresó a la universidad para estudiar medicina. A partir de ahí su entorno y peripecias hasta su casamiento con Lulú, una mujer que le resultaba fea al principio. El final es inesperado.
La explicación del título lo encuentro por la mitad de la obra. "La ciencia es la única construcción fuerte de la humanidad", plasma. Y se remonta al Génesis de La Biblia de donde rescata al árbol de la vida y al árbol de la ciencia que habían en el Paraíso. "No comáis del árbol de la ciencia porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que os destruirá", repite la Antigua Escritura.
En verdad, en La Biblia aparece el árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:9). Unos renglones más abajo está escrito: No comas del fruto de ese árbol (del bien y del mal), porque si lo comes, ciertamente morirás (Génesis 2, 17).
Interesante es leer a Baroja porque explica con claridad qué entiende él por el árbol de la ciencia, y de su fruto, y del morir si se lo come. "Hay que reírse cuando dicen que la ciencia fracasa. Tonterías: lo que fracasa es la mentira; la ciencia marcha adelante, arrollándolo todo", mete baza.
Y dispara otro misil que cien años después todavía sus ecos retumban: "tomando como norma la verdad, se puede ir al fanatismo más bárbaro. La verdad puede ser un arma de combate".
Profundo, Baroja no deja resquicios para no entenderlo. Un maestro dando cátedras de los bueno y lo malo, lo útil y lo inútil, oportuno e inoportuno, de lo que marcan el rumbo del hombre y que ese mismo hombre no le presta atención. El árbol de la ciencia.
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(Este libro lo adquirí de la librería Quijote, de Asunción, en febrero de 2011)

jueves, 17 de marzo de 2011

La mejor carne del mundo

Publicó el Financial Times: la carne bovina paraguaya es mejor que la argentina, lo que es decir que la nuestra es la mejor del mundo. Bueno, ahora que lo dice el prestigioso periódico inglés espero que la gente crea, por fin, lo que ya publiqué en la revista Granos en agosto de 2004 bajo el título en tapa de "La mejor carne del mundo es paraguaya" (foto).
Pa´i ma he´i: la mejor carne es paraguaya. Ahora, espero que de una vez por todas, el mundo responda amén, como desde hace rato debía decir. Pero ni nosotros los paraguayos nos dábamos cuenta del manjar que teníamos todos los días en nuestras mesas desde hace algunos años.
Recuerdo aquellos tiempos en que las "clorinderas" traían costillares de aquellos de la vecina ciudad argentina de Clorinda. Traían bajo pedido. Después los despenseros se avivaron y fueron a su búsqueda al otro lado del río. En las carnicerías se ofertaba "asado Santa " o "costilla Santa ". Todo el mundo compraba porque era una carne tierna, palatable, mientras que nuestros cortes eran duros como suelas.
Ya han pasado unas dos décadas.
Después, los carniceros vendían carne paraguaya como "asado Santa Fe", la gente compraba. Pasaron los años (volvamos a los inicios del nuevo siglo) y la carne paraguaya ya era demasiado buena, jugosa, la gente ya no iba al super a buscar carne "Santa Fe", sino carne nomas porque todas eran buenas.
Buenísimas, me animo a decir.
A mediados de 2004 le dije a Tomás Riquelme, colega con quién sacábamos la revista Granos, que mal no estaría llevar al tapete este tema. Coincidimos y sacamos un artículo a profundidad. "Carne bovina paraguaya, La mejor del mundo" titulamos a doble página de aquel número 11 de la revista nacional.
En este artículo, Fidel Zavala Serrati, entonces presidente de la Asociación de Criadores de Nelore, declaraba que "hoy tenemos buena carne en cualquier supermercado en cualquier día y hora".
En julio de 2005, en la misma revista varios ganaderos paraguayos dejaron sus testimonios sobre la calidad de la carne paraguaya y, sobre todo, la exportación en el año 2010. El artículo tenía por título: "Profecías del 2010".
Javier Martínez, vicepresidente de la comisión de ferias de la ARP, decía en la publicación respectiva: "Para el año 2010 creo que estaremos conquistando todos los mercados de la ganadería, creo que estaremos conquistando todos los mercados internacionales", mientras que Marcelo Serrati, conocido productor, había adelantado que "una vez que en el 2006 nos den la autorización de la Comunidad Europea, que creo que va a ser factible, ya que nuestra carne es muy buena, una carne orgánica que es una de las mejores del mundo (...), visualizo que las cosas van a ir muy bien para ese tiempo" (2010).
Pienso que este avance en la producción pecuaria nacional debe hacer sentir muy bien a todos los paraguayos. La carne bovina local considerada como una de las mejores del mundo nada menos que por la revista inglesa mencionada nos hace sentir campeones, nuestra autoestima está por los cielos, como cuando la querida Albirroja gana sus partidos.
Para mi es doblemente gratificante esta apreciación del Financial Times porque, profesionalmente hablando, avala mi artículo de agosto de 2004 cuando me animé a decir con todas las letras: "La mejor carne del mundo es paraguaya". Desde luego, no transcendió tanto porque se publicó en una revista paraguaya nomas.

martes, 15 de marzo de 2011

El castellano paraguayo

En las redes sociales frecuentadas por los paraguayos se reflejan el regionalismo en cuanto al uso del lenguaje castellano se refiera. Nuestra manera de hablar corre como por un tubo en los grupos tipo Facebook, Twiter y Orkut sin temor al qué dirán los académicos, puristas y todos aquellos que buscan el pelo en la sopa para criticar.
Dicen que no es tanto el idioma como el regionalismo el que nos une. Y por ahí va la cosa.
Los paraguayos decimos agarrar viaje, le apalabró fulano, me argela lo que dice, el periodista le bajó la caña, los colorados armaron un bolonqui, se pasó boludeando, capaz que llueva o qué, había sido que su mujer le corneaba todito mal, la reunion se fijó para las ocho hora paraguaya, ya sabés luego, etc., etc.
De esto tenemos montones pero probablemente no nos damos cuenta al calor de las conversaciones. Esto es regionalismo. Los ñembo chuchi no están de acuerdo con nuestra manera de hablar, porque - dicen - eso es estar en la joda aunque los criticones encuentran con que hablar bien es nomás luego jodido.
En esto de crear palabras y frases somos tan creativos como cualquier hispanohablante. Lista sábana, localía, yo no sé luego, malandro, indivíduo, carritero, limpiacoche, cuidacoche, peajero, mal que mal, es un pichado, picho, pichicata, plaguear son frases y palabras marcas registradas paraguayas.
Nosotros los villarriqueños hacemos valer allí donde nuestras voces puedan ser escuchadas el entonado porkeiko que automáticamente nos concede nuestra pasaporte de gua´i ñe´e karê. Regionalismo guaireño puro que hacen que los de la tierra de Ortíz Guerrero se abroquelen y defiendan lo suyo.
Bien o mal hablados, los paraguayos tenemos una identidad dentro del castellano universal. Esto forma parte de su nacionalidad, es su costumbre, es parte de su personalidad paraguaya.
El libro de mi compai Juan Aguiar, titulado "Diccionario de castellano usual del Paraguay", es como para que todos tengamos en nuestra casa porque nada tiene de libro muá y porque el profe no está en la joda: es académico de la RAE. Su libro es realmente purete.
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Ya da ya...



domingo, 13 de marzo de 2011

Profecías sobre Japón

El terremoto de Japón alarmó al mundo. La gente pregunta porqué y cómo de la catástrofe. Y pide perdón y clemencia a Dios. Escuché en las radios ese fatídico día del 11 de marzo (otra vez 11) algunos intentando ensayar explicaciones esotéricas y metafísicas, hasta donde sus entendimientos alcancen. Porque lo de Japón da como para mirarlo con el cristal de los profetas.
Esta tragedia me inspira, particularmente, observarla a través de las profecías.
La humanidad, felizmente, tuvo muchos profetas (San Malaquías, Nostradamus, Saint Germain, el Mago Merlín, por mencionar a algunos de los últimos 20 siglos) que fueron adelantándonos la película, hablando mal y pronto.
Las profecías de la Virgen María son puntuales y exactas como relojes suizos, lo mismo que sus milagros ¿Cuántos anuncios de la Santa Madre tienen los registros católicos? no es fácil responder.
Para referirme al caso Japón quiero concentrarme en las profecías de un joven quizás menos famoso que Nostradamus pero cuyos anuncios recorrieron el mundo. Me refiero a Joe Brant, un joven norteamericano que en 1937 sufrió una conmoción cerebral al caer de un caballo por lo que tuvo que ser hospitalizado en Fresno, California, y que, ínterin, tuvo extraños sueños que lo fue anotando en un papel días tras día.
Las experiencias de Joe se han publicado en libros, supongo que en varios idiomas. Yo leí uno en versión castellana que se titula "El gran libro de las profecías" editado por Ediciones Martínez Roca SA, Barcelona, con acuerdo con la revista especializada "Año Cero". La tapa de este libro es el que acompaña a este comentario.
En esta publicación el joven (profeta, vidente, adivino o como quiera llamársele) adelantó en 1937 que "Japón desaparecerá bajo las aguas del océano con tal rapidez que apenas dará tiempo para que una expresión de sorpresa se pinte en el rostro de sus habitantes, antes de ser barrido por las olas".
En otra publicación dice:
"Lejos, a lo lejos, yo podría ver a Japón comenzar a adentrarse de lleno en el mar. Yo no puedo saber la hora y no veía a las personas porque se parecían a los muñecos, vistos desde muy lejos. Yo no podía oírlos chillar, pero podía ver la mirada sorprendida en sus caras. Miraron al mar todos asombrados. Los veía tan lejos que yo que yo apenas los podía ver. En un minuto o dos pareció acabar todo. Todos desaparecieron. El mar no dejó a nadie". Esto se puede leer aquí: http://apocalipticus.over-blog.es/article-el-extrano-sueno-de-joe-brandt-48534846.html.
Joe dijo mucho más que no desarrollaré para no cansarles, mas sugiero que lo gugleen y lo sigan con atención, si fuera posible.
Tampoco les hablaré de otros libros reveladores, como los de Triguerinho ("Miz Tli Tlan" y "Erks"), en los cuales el autor va al cuerpo: no sólo a Japón alcanzará a cubrir el mar sino, incluso, a gran parte de América del Sur. A este fenómeno lo llama "purificación de la Tierra". En el mapa que publica Triguerinho, Paraguay prácticamente desaparece. Los Andes peruanos no se sumergirán, adelanta.
Lo de Triguerinho, el aspecto llamativo y curioso tiene mucho que ver con los seres de otras dimensiones que, según él, ya están aquí a los que llama "intraterrenos" y "extraterrenos".
Y por aquí me quedo porque, como dice el autor de los dos últimos libros, "hay verdades que, aunque hayan sido reveladas desde los orígenes de la Tierra, serán conocidas tan solo por una minoría restringida de seres espiritualizados; y hay otras que sólo ahora pueden ser reveladas, dada la situación de emergencia en la que el planeta se encuentra".