Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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jueves, 24 de febrero de 2011

La tempestad de shakespeare y los guaraníes

William Shakespeare, La tempestad, Losada, Buenos Aires, 2005, 177 pp.
Id, Alianza editorial, Madrid, 2008, 151 pp.

Finalmente me di el gusto de leer La Tempestad de William Shakespeare. Hace unos buenos años leí que Natalicio González, José Bernabé y Anastasio Rolón Medina se habían referido a la obra en el sentido de afirmar que el dramaturgo inglés se inspiró en los guaraníes para escribir esta obra estrenada en 1611.
Conseguí un ejemplar de la obra editada por Losada en la Casa del libro de Madrid en enero del 2011, luego de deambular por librerías asuncenas y porteñas sin ningún éxito. Para mi sorpresa, en el presente mes de febrero encontré en la librería Quijote de Asunción un ejemplar de Alianza Editorial; esto a modo de información para los que están en Asunción y quieran leerlo.
Entremos en la espesura, como decía San Juan de la Cruz:
La tempestad es la historia de unos náufragos europeos en el mar Caribe. Los investigadores coinciden en afirmar que Shakespeare se refirió a los indígenas guaraníes de América en base a 1)- un libro de viajes de Robert Eden, History of travel (1577) en el que se menciona a un dios de los aborígenes del oriente de Sudamérica, "Setebos". 2)- Un personaje de la obra, Caliban, adopta el nombre de canibal, deformación de la palabra guaraní caribe o karai ve, señores superiores. Eden registra por primera vez la palabra inglesa cannibal en 1553 (Oxford English Dictionary). 3)- Un ensayo de Michel Montaigne en el cual se refería a los caníbales y traducido al inglés en 1603. 4)- El relato de viajeros al Nuevo Mundo, en especial de Sylvester Jourdain, sobreviviente de una expedición que naufragó frente a las orillas de las islas Bermudas. Jordain publicó su relato en 1610.
Se puede afirmar, pues, que esta obra fue lograda mediante experiencias alcanzadas por europeos en el mar Caribe ocupado por los guaraníes y donde idealiza la figura de uno de ellos en Caliban ("Este es la más extraña cosa que yo haya visto", exclama Alonso, otro personaje de la obra al referirse a caliban).
Desde luego, era de esperar que un europeo como Shakespeare caricaturizara a una figura nativa de estas tierras como el salvaje y despreciable. Quizás el autor de Hamlet haya fallecido sin percatarse que escribió una obra en la cual hacía mención a valores guaraníes, ignorancia suya que a esta altura del tiempo carece de valor. Le disculpamos.
Juan Natalicio González dejó testimonios de su investigación sobre La tempestad y los guaraníes en un ejemplar de la Revista del Ateneo Paraguayo, mientras que José Bernabé escribió el 20 de abril de 1969 un extenso artículo en La tribuna bajo el título de Origen de los guaraníes en "La tempestad" de Shakespeare.



martes, 22 de febrero de 2011

Las noches del Buen Retiro, de Baroja



Pío Baroja, "Las noches del Buen Retiro, Tusquets editores, Barcelona, 2006, 273 pp.


Los restos de Pio Baroja se encuentran en el cementerio de La Almudena, en Madrid. Falleció el 30 de octubre de 1956. visité su tumba aquella primera vez en 2006 cuando, de casualidad, el cuidador del cementerio, al cual ingresé de curioso, me dijo que su tumba se encontraba allí.

Al día siguiente, un domingo, en el mercado de pulgas de la plaza Tirso de Molina de Madrid, conseguí en tres euros un viejo ejemplar de una de las numerosas obras del español, Las tragedias grotescas. A mediados del 2010 en la librería Balzac de Asunción encontré Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox y en enero último adquirí de La casa del libro en Madrid, Las noches del Buen Retiro.

En otro artículo me referí al antisudamericanismo de Baroja, desmereciendo, incluso en Las tragedias grotescas al paraguayo.

Ahora quiero referirme exclusivamente a Las noches del Buen Retiro.

Se trata de un apasionante paseo por la ciudad de Madrid de fines del siglo XIX y comienzos del XX donde se mezclan historias de ricos, pobres, famosos, periodistas, escritores, editores, prestamistas, etc. El personaje central es el periodista norteamericano Jaime Thierry, alter ego de Baroja.

Le tomé el gusto a este tercer título que leo del médico y escritor sobre todo por la riqueza léxica que contienen sus obras, al menos en las tres mencionadas. Debo andar con un diccionario acuestas para leerlo, lo reconozco con la modestia debida y, lo hago con agrado.

Como todo escritor famoso, fue académico de la Real Academia Española, se dio el gusto de usar aquellas palabras no registradas, hasta hoy, por la RAE. Anoté 12: mascardonear, plevécula, estudianta, subictérico, procerismo, tzingnos, flamencota, caracola, ¡pse!, foyer, madajero y baculino.

Mis limitaciones idiomáticas me han obligado a buscar en el diccionario de la Real Academia el significado de 139 palabras mencionadas en La noche del Buen Retiro. Algunas de ellas me recuerdan a Madama Sui, de Roa Bastos, como hetaira, prostituta; gandul, holgazán; agraz, antes desazón y tiempo y; testero, trashoguero de la chimenea ¿Viene al caso pensar que el escritor paraguayo fue influido por las obras del español?

Al menos dos veces, Baroja utilizó en esta obra la palabra invertido, homosexual. La gente de la generación anterior a la nuestra regularmente usaba en Paraguay dicha palabra, mientras en la calle se popularizó el "puto, 108", por aquel incidente entre dos hombres que costó las vida a un locutor, Bernardo Aranda, cincuenta años atrás. Hoy la palabra invertido está prácticamente fuera de uso.

Hay palabras que Baroja gustó usar en Las noches del Buen Retiro como golfo, currutaco, hetaira, cetrino, sáfica, falena, menestral, hortera y pelmazo, encontradas en varias páginas.

Esto de que en Paraguay nos manejamos con menos de 1.000 palabras de las más de 300.000 de la cantera de la RAE, no deja de preocuparme de modo que para superar mis angustiantes limitaciones idiomáticas encontré a un buen proveedor de palabras "difíciles", Pío Baroja.

A propósito, hay escritores que son muy amenos pero despreocupados por aportar "nuevas" y abundantes palabras. Anoto entre estos al cervantes Adolfo Bioy Casares.

En la librería Quijote de Asunción vi que tenían en stock El árbol de la ciencia de Baroja, que lo compraré ni bien lo vuelva a visitar porque esto de aprenderme unas cuantas palabras más me tomé a pecho y; sé que este excelente escritor me proveerá a manos llenas.

viernes, 18 de febrero de 2011

Con los japoneses no se juega

En el mes de noviembre de 1997 fui designado interventor de Radio Nacional del Paraguay a raíz de un problema que 13 años después me sigue avergonzando como paraguayo. Un par de funcionarios de la emisora del Estado se habían apoderado de bienes donados por el gobierno japonés en el marco de una cooperación de un millón de dólares y he aquí haciendo yo de detective de la película y; de bandido, para los investigados.
Aquel escándalo nos dejó bastante mal parados ante los japoneses y, los que aparecimos después para arreglar el mbaipy, tuvimos que poner cara por los sinvergüenzas ante la representación diplomática del país oriental.
Pasó que dos locutores de la radio administraban un espacio con músicas paraguayas que terminó convirtiéndose en una fiesta bailable casi permanente en el patio de la radio, con orquesta, transmisión radial en vivo, montaje de cantina y toda esa onda farrera.
Como la dirección de la emisora no ponía orden, los dos empleados notaron que podían hacer y deshacer lo que les venga en ganas dentro de la propiedad estatal. Fue así que se apoderaron de algunas piezas del estudio de grabaciones de la emisora.
El estudio de grabaciones de Radio Nacional del Paraguay fue montado en el local de la emisora sobre la calle Segunda de la capital con dinero donado por el gobierno del Japón. En el contrato respectivo, firmado por los gobiernos de Paraguay y Japón aclara que es compromiso de los responsables de la emisora velar que todos los equipos estén disponibles y en perfectas condiciones.
Pasó que la embajada japonesa en Paraguay se enteró a través de la prensa que dos pocokí andaban llevando micrófonos, consolas, cables y bafles a sus casas y que forman parte del equipaje donado por los japoneses. Rugieron como dragones.
La embajada japonesa emplazó al gobierno paraguayo de entonces a devolver en la brevedad los equipos faltantes so pena de suspender la ayuda japonesa a la República del Paraguay.
Desde luego, recuperamos lo robado, abrimos sumario pero de allí no pasó. El entonces secretario general de la Presidencia de la República y yo fuimos a la embajada japonesa a informar que los equipos están de nuevo en su lugar y que invitábamos a que lo vean con sus propios ojos. Fue una vergüenza pero tuvimos que hacer, no quedaba otra.
Cuando se inaguró una ampliación de la emisora los japoneses en 1998 fueron a controlarnos. El equipaje siguió completo y, por tanto, la cooperación japonesa a Paraguay continuó.
Valga esta experiencia para recordar a mi amigo Pedro González, rector de la Universidad Nacional de Asunción y; a la ministra de Salud, Esperanza Martínez, que con los japoneses no se juega, a propósito de la construcción del Hospital que nunca termina. Será mejor hablar claro con los orientales deslindando responsabilidades, porque si ellos no perdonaron el "extravío" de unos cables,bafles y micrófonos, mal perdonarían la fiesta que se pudo haber hecho con los millones de dólares ya entregados para construir el hospital.

jueves, 17 de febrero de 2011

El "he´ima" de los paraguayos

Entre los paraguayos la valentía no es tanto como lo que dijo el valiente. Quizás a Francisco Solano López no se le mencionaba tanto entre nuestros abuelos sino por lo que manifestaba, así sea en serio o en broma. La riqueza tampoco entusiasma al criollo como la palabra expresada. El "he´i voi vaekue" fulano tiene el peso de una ley.El pasado 12 de febrero, en uno de los canales de Asunción se recordó al coronel Albino Jara. En la oportunidad al menos en cuatro oportunidades los relatores y entrevistados recordaron la frase alusiva al militar "aipova pa ara tera pa Jara", un dicho popular que remarcaba la rebeldía del oficial enfrentando a gubernistas u opositores dependiendo de la época.Jara fue de aquellos que se ponían a llenarse de pólvora al pie del cañón montado en una alzaprima, audacia insuficiente frente al peso de sus palabras y frases. De él quedaron, sí, sus palabras: "he de tomar La Paz (Bolivia) a cañonazos" o, aquella otra frase: "por la razón o por la fuerza", que exponía su insastifacción constante.Más hacia acá, en el tiempo, Humberto Dominguez Dibb (HDD), el director y propietario del desaparecido diario Hoy dejó el amenazador "agante Montanaro" como parte de sus peleas con el entonces ministro del Interior, Sabino Montanaro. Stroessner nos legó su extremismo con su "café o leche, no café con leche".Aquel jefe de las montoneras coloradas, José Gill, promovió con sus algazaras el popular "shake José Gill" o su resistencia a los liberales: "jaha vaivente hina: koaga jaiumajarro hovype".En la Asunción de los años ' 40, a propósito, había un famoso curandero conocido como "Médico Ju´ai" por su enorme bocio. Este recetaba casi siempre lo mismo a sus pacientes. Al final de su recetario verbal medicaba tal o cual yuyo "para el jarro". Quedó de él también el "ikatú a javy, heí médico ju´ai".Por las décadas de 1920 a 1960 el taumaturgo Walter Bauer, alemán residente en San Bernardino, "el oráculo de Delfos",como lo definiera el periodista Sindulfo Martínez, atendía a muchas personalidades nacionales y extranjeras a quiénes les adelantaba su futuro. De la gente de su tiempo quedó la frase "ya lo dijo Bauer", que con el paso de las generaciones fue olvidada.Hasta hoy se usa el "Tarde o temprano Quintana será su sastre", surgido de un señor Quintana que sobre la calle Palma tenía una sastrería, hasta que compró una cajonería fúnebre instalado junto a su negocio. Con el tiempo siguió con el negocio de confeccionar trajes y, al mismo tiempo vender cajas mortuorias. Sobre ambos salones mandó pintar la célebre e ingeniosa frase. Lo que dijo la persona es más importante para la criollada que su acción guerrera, o su dinero o su aventura detrás del ser que ama. Tan importante que es capaz de renovarse cada día hasta llegar a esta generación de cachacas, ñoños y motocicletas Leopard, Taiga y Kenton que la repite campante y la aplica con notable precisión.

sábado, 12 de febrero de 2011

Tílburi

El carro tipo Tílburi siempre me llamó la atención. No sé por qué. Quizás por la descripción de Doyle en sus novelas policiales o, tal vez, por los carumbés de Villarrica a los que subía de polizón y que de un zurriagazo el cochero me hacía bajar.
Se trata de un transporte de dos ruedas inventado por un inglés de apellido Tilbury. En el diccionario de la Real Academia Española se lo describe como un vehículo de dos ruedas grandes, ligero y sin cubiertas. En las fotos antiguas, en cambio, se lo ve que también tiene una capota, quita y pone. Es para dos personas y tirado por un caballo ("caballería", define la RAE, palabra que en Paraguay no usamos para referirnos al animal sino a una tropa de jinetes, sobre todo militares).
También tiene cierto parecido con el Calesa.
Para mi imaginario, el transporte aristocrático de la segunda mitad del siglo XIX y primeras dos décadas del XX era el Tílburi,comparable a lo que hoy sería el coche deportivo para dos personas, el "antisuegra", como le decíamos por la década de 1970, tiempos en que los novios no salíamos sólos sino con el riguroso acompañamiento de la madre de la novia o de una "Tomasita" de plena confianza de esta.
El Tílburi es un tipo de carruaje, de los varios: Americana, Berlina, diligencia, Landó, Simón, etc. Era el transporte ligero del médico, el comerciante, la madame, de los jóvenes, incluso de las jovencitas, por excelencia.
Elisa Alicia Lynch importó de Europa este y otros modelos de carro. Hizo lo propio Venancio López, hermano de Francisco Solano, para sus "trajines diarios en los días lluviosos y de mucho sol", escribió a un amigo en Buenos Aires, cuenta Arturo Bray.
En tiempos del coronel Albino Jara, los primeros 11 años del siglo XX, Asunción tenía muchos tílburis en sus calles que, según Jaegli ("Albino Jara, un varón meteórico"), algunos andaban "a trote cancino" y que sus caballos no eran precisamente fogosos. Los asuncenos pudientes se movilizaban en estos carruajes, explica.
Por aquel tiempo, relata Bray, en Asunción había una sola peinadora de oficio, Mariquita, que atendía "a las damas de alto coturno" a domicilio. Andaba de aquí para allá abordo de su Tílburi, "famoso en las calles asuncenas".
Este carro era generalmente de color negro y lustroso, como la mayoría de los carruajes de la época. Para andar a la noche, que no era muy frecuente en Asunción, contaba con uno o dos faroles a querosén. Una novela de Pío Baroja, "Las noches del Buen Retiro", describe un viaje nocturno en Tílburi.
Antiguas crónicas refieren que en noches lunadas de verano, los jóvenes aristócratas villarriqueños acostumbraban pasear en Tílburi entre la catedral y la plaza de Yvaroty, extremos de la ciudad. Hoy hacen lo mismo en motos y coches de altos cilindrajes en el trayendo denominado popularmente "Bobódromo".
Afines de 2010 estuve en Mbuyapey, a unos 200 kilómetros de Asunción, donde observé el carro tipo Tílburi de la familia Ayala, con el que, de niño, se paseaba Eligio Ayala - luego presidente de la República - en compañía de su madre. Una foto de este carro publiqué en Facebook.
En algunas ciudades, como Miami y Sevilla, hay carruajes tirados por enérgicos potros para pasear a los turistas. A ver si algún empresario entusiasta y creativo pone una flota de estos, sobre todo tílburis, para paseos en, por ejemplo, el parque Ñu Guasú.

martes, 8 de febrero de 2011

Masacrados en Nochebuena

El tiempo hatä oikó dice la canción y ese tránsito conspira contra la memoria. Ya pocos recuerdan a aquellos combatientes que tenían mucho de bohemios, los guerrilleros de la Columna 14 de Mayo. Jóvenes y no tan jóvenes paraguayos radicados la mayoría en Argentina y otros pocos en Brasil. Pusieron pecho a la metralla y enfrentaron a Alfredo Stroessner. Pocos hoy recuerdan a aquellos paraguayos que murieron al amparo de sus ideales. Han pasado 52 años de aquellos combates en Itapúa, Alto araná, Caaguazú y los alrededores de Asunción.
Stroessner, coronel Ramón Duarte Vera, Edgar L. Insfrán y el general Patricio Colmán fueron los brazos ejecutores de la masacre de aquellos hombres.
Sobre la historia de ocho guerrilleros escribí un libro en el 2002. Se llama "Masacrados en Nochebuena", donde hay testimonios de primera mano de Gualberto Antonio Arce y del ya lejendario Remigio Giménez a quienes entrevisté varias veces en Foz de Yguazú, Brasil.
Ellos formaron parte de aquella columna entrenada en Misiones, Argentina y que, en número de ocho atacó a través de Alto Paraná. Finalmente, ya en territorio brasileño fueron masacrados en la Nochebuena de 1960 en el sitio que sería llamado "Kurusú seis" en memoria de seis asesinados. Giménez y Arce se salvaron.
El tiempo, implacable en su gestión, hace que muchos paraguayos ya no sepan este capítulo dentro de estos 200 años de independencia paraguaya.

sábado, 5 de febrero de 2011

El Berlina de la señora Lynch

Berlina se llamaba un tipo de carruaje creado en Berlín. Hasta la aparición de los automotores era uno e los más lujosos de los transportes, que en Paraguay fue introducido unos pocos en el siglo XVIII y, en mayor cantidad en tiempos de Elisa Alicia Lynch junto a otros modelos de coches. Se trataba de un carro cerrado comúnmente de dos asientos.
Por 1785 un obispo, Luís de Velazco, poseía un Berlina, cuenta Fulgencio R. Moreno.Que se tenga noticias, Rodríguez de Francia prefería recorrer las calles asuncenas a caballo que en carruajes, mientras que Carlos Antonio López tenía a mano uno suerte de carromato por lo gordo que era y para su uso exclusivo.
Hablar de coche de lujo y resistente era referirse al Berlina. Un día, Napoleón Bonaparte efectuó un viaje a bordo de un Berlina sin más detenciones que las necesarias para cambiar los caballos desde Burgos, España, hasta París (1.032 kilómetros), a una velocidad que habría permitido recorrer no más de unos cinco a siete kilómetros por hora.
Los caballos resisten hasta 25 kilómetros de distancia a trote rápido por lo que, cada 25.000 metros había una posta para cambiar los animales de tiro.
La pareja de Francisco Solano López,la señora Lynch, se preocupó en importar de Europa los mejores Berlinas de la época tanto para su uso como del general López. Los técnicos contratados de Europa se han esmerado en tener lo suyo.
Elisa recorría el centro asunceno en su Berlina, mientras en el pescante se ubicaba el cochero José Eduvigis Díaz, hasta que la guerra convirtió a éste en el héroe de Curupayty.
Refiriéndose a Lynch, Concepción Leyes de Cháves escribió "su personalidad latía en las flamantes berlinas" mientras Sanchez Quell redundaba en los coches de este modelo adquiridos por la madame y que los aparcaba en las caballerizas de la calle Palma, después Facultad de Derecho.