Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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jueves, 6 de enero de 2011

El pedido de Oscar Faella

Muñeca, la esposa de Alcides Roa, presidente de Autores Paraguayos Asociados (APA), estuvo de cumpleaños y sus amigos fuimos convidados a participar de una cena en el local de los artistas sobre la calle Chile para celebrar la fecha. Para mi feliz sorpresa, fue con un sustancioso show artístico con interpretes de altos quilates como Alberto Ginés y Oscar Faella. Entre los invitados también vi al abogado Óscar Martínez Pérez (primer baterista de los Blue Caps), Susy Sacco, José Magno Soler y al intendente municipal, Arnaldo Samaniego, entre muchos otros señores del arte nacional.
De esta grata velada extraigo las palabras del maestro Faella quién, desde el escenario solicitó al flamante intendente asunceno que se tenga en cuenta a los artistas paraguayos en este bicentenario de la independencia nacional porque "umi kurepí ñande agarrataité hina" (los artistas argentinos van teniendo preferencia por los responsables de los festejos del bicentenario).
Hace unos días, me enteré que a la argentina Teresa Parodi pagaron 12.000 dólares libres de gastos por venir a cantar en vísperas del bicentenario; mientras que a los artistas paraguayos regatearon precios.
Me parece estupendo contratar artistas extranjeros para celebrar nuestros 200 años de vida independiente pero sin tirar mantecas al techo y mucho menos a favor de interpretes extraños a cuentas de los artístas paraguayos.
Por eso me pareció oportuno que el maestro Faella recuerde tan siquiera al intendente asunceno que los artistas nacionales deben ser priorizados este año. En realidad esta petición debe llegar a la Comisión del Bicentenario.
Por lo demás, junto a otros amigos en común, tuve el privilegio de escuchar al notable y veterano pianista interpretar hermosas composiciones nacionales e internacionales. Ejecutó "Pájaro Campana" con maestría absoluta y dedicó a la la señora Susy Sacco, ícono de las danzas nacionales.
Estuve pensando que para escuchar buena música paraguaya debo concurrir al teatro de APA. A ver si la directiva se pone las pilas y lleva adelante un plan por el Bicentenario y que la gente concurra allí para darse una buena panzada de polcas y guaranias como Dios manda, al menos dos veces por semana.




domingo, 2 de enero de 2011

Patita, una niña precoz

Hugo Jiménez de Recalde y María Aponte Ruffinelli son un matrimonio y, amigos míos desde inicios del siglo nuevo. Ellos tienen dos hijas: Gabi y Patita. Aquella tiene 11 años y; esta, ocho. A Gabi le agrada la música y a la hermana menor, la pintura. Cuando conozcan a esta familia y, sobre todo, a las dos hijas, van a quedar felizmente atrapados como yo. Buena gente.
Les quiero hablar hoy de Patita. La conocí desde que nació. Hoy, a los ocho años de edad, a más de ir a la escuela, estudia pintura. Su padre alzó unos cuadros de ella en su Facebook que al verlos me quedé gratamente impresionado.
Cuando el otro día me visitaron en casa tuvimos la oportunidad de charlar un poco más sobre la virtud de la niña (ella y su hermana mayor también estuvieron), ocasión en que la madre dijo que todo comenzó cuando el médico descubrió que ella tiene dificultades en uno de los ojos. Claro, ya usa gafas con la que soluciona gran parte del problema oftálmico.
Me puse muy feliz al ver los cuadros de la hija menor de mis amigos. Ese talento precoz nos garantiza arte futuro; todo dependerá de Hugo y María y, francamente, estoy seguro que ambos se empeñarán en apoyar a la niña con todas sus energías. En la próxima voy a preguntar a ambos del coeficiente intelectual de la nena que, no me caben dudas, debe estar por encima del promedio general.
Muchas veces los padres envían a los hijos a cursos varios, así sea de danzas, canto, idiomas, gimnasias varias no tanto para desarrollar sus cualidades sino para que ellos (papá y mamá) tengan más libertades. Conociéndo a Hugo y María no puedo pensar sino que acompañarán hasta el final la carrera de la niña.
Ya la familia encontrará mecenas que apoyen aún más a la precoz para llegar aún más lejos. Siempre hay dómines de buena voluntad con medios para velar joyas humanas como estas.
Por de pronto, si yo fuera periodista de un diario (que ya no soy) dedicaría un buen tiempo para reportear a la pintora (quizás la más joven de Paraguay) y publicar para que la gente se asombre como yo ante abundante, copioso y fértil promesa.
La foto que acompaña es uno de los cuadros de Patita que, coincidirán conmigo, no parece haber pintado una niñita de ocho años de edad.


jueves, 30 de diciembre de 2010

El guaraní

Un señor vecino me preguntó si yo hablo guaraní. Le respondí que sí, que como todos hablo el "guariñol", el mezclado o "jopará". Muy poca gente habla el guaraní puro, como los académicos, los conductores de programas radiales o de televisión, como Lucio Ruíz Díaz o Ramón Silva y por ahí se va cerrando.
Yo también digo en castellano lo que no sé cómo se diría en guaraní. "Chembo problema che celular", es el título de una conocida polka jahe´o (plañidera). ¿Cuántas veces escuchamos decir al campesino "nda conocei la solución upe problema pe" (desconozco la solución a ese problema); "a agradecé tereí ndeve" (mucho le agradezco).
Si buscamos un guaraní puro entre los campesinos paraguayos probablemente no encontremos. Todo es jopará.
El que habla guaraní es muy permeable al castellano como a los modismos. "Ijetu´u", "jaiku´a voi upeva", "oikoité", "o veveté", " e pillá pio", "purete", son frases y palabras surgidas de las profundidades de la criollada reciente. Un tiempo, por la década de 1960, era frecuente escuchar "nakore", "flamante, heí i revolver pyahuva", "ejerana"...
Hoy se dice en guaraní "gracias" cuando agradecemos o "gracia mante". Generaciones anteriores a las nuevas acostumbraban el "diose lo pague" o "aguyye ndeve". "Guyyevé" es agradecimiento que hoy prácticamente está en desuso.
En algunas partes del interior, como en Villarrica, se mantiene la costumbre del "adiós" de los caminos, una costumbre indígena y al cual se refiere Carlos Zubizarreta en "Acuarelas Paraguayas".
En Villarrica es rigor social saludarse en la calle con el sencillo "adiós". Allí solo los mal educados y desubicados dejan de saludar, todo un pecado social para la comunidad guaireña.
El "adiós", que nada tiene que ver con el idioma propiamente dicho sino con la costumbre, es para los villarriqueños algo de gente amable (jhoryva), gestado en la matriz de su antigua hospitalidad.
A propósito, la hospitalidad del paraguayo es, al decir de Zubizarreta, para él deuda "y no constituye mérito ni favor". Es profundo, solo los paraguayos entendemos este lado del coterráneo, nuestro lado.
El guaraní es rico en frases propias, aunque ellas estén matizadas de castellano; frases que sostuvieron al paraguayo en sus momentos más difíciles. En ellas se evidencian sus pensamientos, tendencias, sus deseos, angustias, rencores, su verdadero perfíl.
"Kuña ha caramelo sapy´aiterä" (mujer y caramelo es nada más que para un momento) denota el machismo heredado del indígena y del conquistador español. "Ate´y opá mboriahupe" (la haraganería genera pobreza) promueve el trabajo, la creatividad, el entusiasmo por producir. "Bailerä: músico,mitä rusú, cuñá, guaripola, mirón ha permiso" (Para un baile: músico, jóvenes varones, mujeres, caña, mirones y permiso) denota sobre todo tiempos de tensión política en Paraguay (por lo de "permiso", policial, para organizar fiestas bailables).
El paraguayo no se complica a la hora de hablar en guaraní. Habla jopará y ya está. "A cargata saldo che celularpe", no necesita traducción al castellano, es el guaraní del criollo más "puro". El campesino dice "tele" o "televisión", incluso "cable" al aparato receptor de televisión y no "ta´angá mbyry" como intentaron los puristas del guaraní. "Ndoikoi upeva" (no es así) diría el pila y a otra cosa mariposa.
Dicen que los paraguayos, sobre todo los campesinos, son resistentes al castellano, pero en su cotidiana manera de hablar se nota que no es así. Lo que sí no es del "pila" el uso del castellano como idioma corriente por temor a las chanzas del par quién no dudará en atacarle con un mordaz "moó pio ñembo castellano" (¿de donde sale este hablándonos en castellano?) con lo que todo intento por avanzar con dicha lengua queda en la nada y como caso cerrado.




lunes, 27 de diciembre de 2010

Escribir

Leí en un blog que para escribir bien se necesita, sobre todo, manejar correctamente el lenguaje. También leí en el mismo blog la opinión de varias personas que han manifestado que de nada sirve el buen manejo del castellano si no tenemos una historia por contar. Yo pienso igual.
Me agrada escribir cuando tengo algo por contar. La escritura se me torna difícil cuando no tengo qué escribir.
Cuando al tema tengo atrapado de la cola procuro tener ganas de digitar los teclados. De lo contrario, para mi, es una pérdida de tiempo el intento de escribir.
En contrapartida aprovecho el tiempo para leer.
Para contar hay que conocer, inspirarse, rebuscarse en la vivencia diaria o en los libros y revistas. Hay que leer. Y mucho.
Hay autores que escribieron bastante, como San Agustín que produjo 232 libros; Isaac Asimov, unos 500; Lauren Paine, 850 libros y paramos la lista. Son varios los escritores prolíficos.
¡Vaya panzada de lecturas previas que se habrán pegado estos autores! No van a estar escribiendo así por que sí, supongo.
Sin embargo, están los caraduras que escriben sin ton ni son y a los que Lópe de Vega en "fuenteovejunas" dedicó unas líneas: "Mas mucho que opinión tuvieron grave / por imprimir sus sobras la perdieron: / tras esto, con el nombre del que sabe, / muchos sus ignorancias imprimieron / otros, en quién la baja envidia cabe / sus locos desatinos escribieron / y con nombre de aquel que aborrecía /impresos por el mundo los envía".
Para escribir, pues, saber lo que se quiere escribir y arremeter con muchas ganas. Escribir por el gusto de hacerlo. En verdad, da gusto representar las palabras y las ideas con letras cuando tenemos entre manos lo que queremos decir.
Comunicar adecuándose a las reglas gramaticales; no quiera como Juan Silvano Godoy cambiar la "y" por la "i" solo porque así se le antoja. Las reglas son las reglas y se las cumplen.
A propósito, esto del sujeto, el verbo y el predicado no a todos cae simpático y ni hablar de las reglas de ortografía. Pero si a uno le gusta la literatura va aprendiendo.
Al que quiera escribir debe gustar el diccionario y las enciclopedias Sobre todo el primero. Debe leerlo de cabo a rabo y aprender lo más que pueda.
Dicen que de las más de 300.000 palabras del castellano, el mejor escritor no maneja más de 30.000 palabras. Camilo José Cela decía que el común de los hispanoahablantes se manejan con no más de 1.500 palabras.
El paraguayo se manejaría por debajo de ese promedio mencionado por el Nobel de Literatura. Con las disculpas por el pesimismo (entre fantasmas no nos pisemos la sábana) con un poco de suerte y viento a favor creo que andamos por estas comarcas guaraníes por las 800 palabras y nada más.
El Cervantes Augusto Roa Bastos fue un escritor que se preocupó usar la mayor cantidad de palabras posibles en sus novelas. De su obra "Madama Sui" (El Lector, Asunción, 1996) extraje 127 palabras "difíciles"; de "Bodas de sangre", García Lorca, 19; "Fuenteovejuna", 21; "Lazarillo de Tormes", 70, por dar algunos datos que quién escribe debe tener muy en cuenta.
Hay escritores que tomamos como ejemplo de estilo. En este sentido me agradan Roa Bastos, Sindulfo Martínez, Concepción Leyes de Cháves, Helio Vera, Arturo Bray, Gabriel Casaccia, Natalicio González, entre otros
En fin, volviendo al principio para no perder el hilo de la charla, para contar es bueno saber lo que será contado, tener ganas de contar y manejar correctamente la herramienta respectiva (el idioma) para que lo que se cuenta se haga con galanura y donaire y guste a los lectores.






jueves, 23 de diciembre de 2010

Liz Cramer

Ella premió a todos aquellos que consideró merecedores. Lo hizo desde que asumió el cargo, desde el 2006. Como su padre, tenaz, firme, clara. Humanizó la gestión pública; la convirtió en algo cálido, liberándola de su estado de lejanía, frialdad, vacía e inactiva.
Digo que ella, año tras año, premia a la gente que aporta lo suyo para que el área donde opera, el turismo, vuelva a ser importante en Paraguay.
Pero, ¡maldito pero!, nadie se acuerda de otorgar un premio a ella.
Sí, hablo de Liz Cramer, la ministra de Turismo, la amiga de medio Paraguay, la que defiende los intereses nacionales en todos los foros del mundo donde estemos representados por ella. Hablo de la mujer que moriría antes de ver el fracaso de una gestión que se le encomienda.
Pero, que yo sepa (bendita ignorancia si estuviera equivocado) nadie la declaró "buena" - no digo ni siquiera la mejor - funcionaria pública. No vi en las ediciones de diciembre un reportaje a doble página para que desarrolle los logros paraguayos en asuntos turísticos, ni vi por la tele.
No sé si la Unión Industrial Paraguaya la envió una carta de reconocimiento por trabajar tanto este año para traer turistas, algunos de los cuales, seguro, han mostrado interés en invertir en el sector.
Quizás, calladamente, la Asociación Rural del Paraguay, el gremio de los ganaderos, la haya enviado una carta por estas navidades para agradecerla el esfuerzo a favor del turismo rural y desearle felices fiestas. Puede que yo nomás no sepa que los dueños de estancia han sido gratos con ella.
Me dirán que los funcionarios públicos están en sus cargos para hacer bien sus tareas no para esperar un premio. Seguro estoy que ella no estará esperando un premio, que para eso tiene la dureza de un Cramer, la de un lapacho imperial.
Y me pueden decir, incluso, que estos no pasan de ser sino melindres mios. Libres somos de decir.
Dicen que lo cortés no quita lo valiente. Podemos ser corteses y reconocer con un gracias sincero a quién trabajo duro en pos de un objetivo colectivo. No debemos ser pobres en agradecimientos.
Y me dirán que el problema es el gobierno, que Lugo, que su entorno, que la mar en coche. Que por eso retaceamos reconocimientos a Liz. No sé. El mismo presidente de la República debiera reconcerla porque sencillamente tenemos una ministra de lujo, ¡qué andar dando vueltas...!
Francamente, pensé que alguna asociación, gremios, empresas, la reconocería este año, los cuatro que lleva de poner hombro desde la Secretaría de Turismo.
Desde luego, no es problema de ella, es de la sociedad infiel e ingrata. Sin reconocimientos Liz hizo un montonazo; lo que haría si la gratitud de los paraguayos le hiciera un guiño. Para ser gratos no necesitamos sino de la predisposición del corazón.
Me hubiera gustado leer en el diario, en la mañana de Navidad, que Liz Cramer fue elegida una de las paraguayas más guapas de Paraguay a lo largo del 2010. Pero parece que me quedaré con las ganas.
Nadie se dió por aludido como quién deba tomar la iniciativa de reconocer el mérito del trabajo de la compatriota que puso gente extranjera en hoteles, comercios, restaurantes, taxis, en todo el país. ¿Donde están los dómines? ¿Nos hemos amancebado con la ingratitud, con el "maerá pió", el "oi porama ningo"?
Entre tanto, tengo la certeza que no se detendrá: seguirá agradeciendo el mérito de los demás.
El año que viene, quizás, con un poco de suerte y viento a favor, la ministra, egregia compatriota, ya tenga un premio en las manos. No sé ....



sábado, 18 de diciembre de 2010

El vyro

El vyro, en sus diversas categorías - por no decir gustos y formas - integra parte del criollo mobiliario paraguayo. Están el vyro chusco, el vyro chaleco, el vyro letrado, el vyro paha, el arriero vyro a secas y; sus anexos, el vyroreí y vyreza.
Están mimetizados en todas partes: en la política, la religión, el deporte, el periodismo, el parlamento, en la Justicia, en la casa, en las redes, en la calle...
Viste de traje, corbata, camisa Oscar de la Renta, tiene maletín Samsonite, tres celulares Black Berry, calzados Guante, anda en coche japonés, es abogado pero en su tarjeta personal se presenta como doctor fulano de tal, sin haber presentado jamás una tesis para intentar el doctorado. Es el Bismarck, el pillo ilustre del pueblo de Vetusta, de Leopoldo Alas.
Este es el vyro chusco con derecho a ocupar un privilegiado sitio también entre los vyro letrado. El vyro chusco es el que se hace cargo de la cerveza que chupan los perros como condenados.
El chusco es el soberbio. En guaraní se dice "chusco ha mal gasto, arriero mondohoha" (la soberbia y el mal gasto arruinan al hombre).
Se deja llevar por lo que dicen los demás; exclama "¡¡ciertooo!!" en cada punto y aparte del discurso pronunciado por algún político de cuarta ("la política está hecha a base de las inepcias", sentenció Pío Baroja); llora amargamente en un velorio porque una señora (como "Ña suave" y "Ña Zoila", famosas "lloronas" de la Asunción de antaño) exclama entre llantos, previo pago desde luego, las virtudes del difunto. Son los vyro chaleco.
El vyro letrado es una mezcla de pícaro, rufián, truhán y de escasa academia. Generalmente gusta ser gestor de cualquier cosa, policía, inspector aduanero, hurrero.
El vyro (tonto) esencialmente es necio, ingenuo, crédulo, alelado, ignorante. Es capaz de matar o morir por tonteras.
Perú-Rimá es la personificación del vyro letrado.
Cuentan que el caudillo colorado José Gill, quién no era de saber discursear, dijo a su alicaído grupo de montoneros el día antes de atacar una ciudad y tras una derrota: "Muchachos, para la acción de mañana mi plan es solo esto": (gesto alrededor de la garganta, como degollando, gesto de recoger o robar y gesto de poseer o violar). Fue suficiente para que sus huestes se energizaran y arrasaran.
Vyro es degradante por lo que ya alguien se encargó de alejarlo como adjetivo activo para quedar con el más cómodo, elegante y respetado: letrado.
"I letrado pe tipo" dicen del pícaro, avivado y astuto para convertirlo en una suerte de héroe porque sabe salir de los trances difíciles, hace justicia a su modo y se burla de los poderosos. Dice Dionisio González Torres que representa en parte la viveza del "pila". Pero, en esencia, es el vyro.
Un político colorado no dudó asumir su marcante: "Letradito". El vyro letrado es capaz de manejar a los vyros en general. Por ejemplo aquel dice a los agricultores vyros que no planten más algodón y; estos dejan de plantar iniciando, a causa de dicha estupidez ,larga como penosa vía crucis de necesidades.
Porque entre los campesinos campea el vyro que se deja llevar por otro vyro nunca puede salir de sus necesidades. "tecove vyro pe ojhenduva, oikuane pane" (el que sigue consejos de tontos termina fracasado) decía Dolores, mi abuelita.
El Paraguay está manejado por muchos vyro letrados. Es un grave problema.
El académico Juan Aguiar Benitez en su "Diccionario de castellano usual del Paraguay" menciona que "letradear" es aprovecharse en beneficio propio.
El conductor del micro que recibe boletas de sus pasajeros le permite letradear a sus patrones. Ni hablar de los politiqueros que elección tras elección letradean a los campesinos e ignorantes.
Algunos políticos prometen paga por los votos y terminan por no pagar. Aquellos son vyro letrados; estos, unos vyros elevados a la quinta potencia con yapa y todo.
El vyro pahá es capaz de ahorcarse por una mujer infiel; morir en una prueba de ruleta rusa y creer lo de "sos el mejor hombre del mundo" pronunciado por la novia, también infiel.
El vyro a secas es desafiante. Colocando sus brazos en jarra y los puños en sus costados escupe su "ejuna ape nde karia´yramo" porque se cree el más fiero del universo y comarcas vecinas. Pero no hay que darle tanta corte porque es más probable que esté mintiendo porque - como afirmaba Teodosio González - los paraguayos "son perezosos y mentirosos desde el Presidente hasta el último patán"
De todos modos, de vez en vez, su tonta necedad le hace creer que todos le admiran y está convencido que si se arrojara sin paracaídas desde un avión no va a sufrir ni un rasguño.
"Omanó reieté", comentarían otros vyros si aquel muere en el intento.
El vyro es capaz de vestir un traje pero con "champiu" y camiseta Cerro Porteño. Es el vyro arriero portepe.
El trabajador y sincero no es vyro. Que conste en acta.
Pero muchos dicen de los que estudian como condenados que son vyros, que con eso no se enriquecerán; que para ser rico antes que cante un gallo se debe procurar un cargo público y ya está.
El vyro tiene un gran amigo, el ñembotavy. Es su "cuate último" porque él también, cuando le conviene, se hace del ñembotavy. Dentro de este particularísimo estado del paraguayo se añade su magno arte de evadir; va, veloz, como los monos, hasta por las ramas más frágiles en su plan evasivo siempre lleno de sorpresas.
El Paraguay, además, está minado de vyros letrados que quieren "bolear" al semejante, así sean estos presidente, diputados, senadores, ministros de la Corte, sacerdotes, periodistas, albañiles o taxistas.
¿Es vyro porque es informal en su trato, ladino y suspicaz hasta la mala fe?
Ya por la década de 1920 Teodosio González se quejaba porque "el comerciante y el agricultor aprovechan en cuanto pueden de la inadvertencia del cliente, de la ocasión propicia accidental, de la simpleza de un tonto o de la debilidad de un niño para explotarle o despojarle, con precios de excepción o con la calidad inferior de las mercaderías, o la inexactitud en el peso o la medida".
Estamos ante el vyro en plena acción y sosteniendo la alarmante decadencia de siempre en la sociedad paraguaya.
"Sonsera itereí ningo upeva" (esas son insignificancias) dijo una vez nada menos que el presidente Luís González Macchi cuando se le sorprendió con un automóvil robado como si fuera suyo. El presidente vyro chusco, paha,chaleco y letrado queriendo engañar a la gente. No es fácil llegar a ser vyro en varios frentes...
En esto de ir de contramamo en Paraguay hay muchos que no dejan de dar puntadas con hilo. Por eso, pienso, estamos como estamos. La cultura del vyro está aquí haciendo de las suyas y muchísimos haciéndole el aguante.
¿Vyresa?, puede ser, pero es nuestro día a día, nuestra identidad, koa ñande hina, nuestro yo paraguayo ¿para qué negarla? ñandereta ko la vyro hina...




viernes, 17 de diciembre de 2010

Colección de servilletas

Colecciono servilletas de bares, restaurantes, heladerías, cafeterías, pancherías, pulperías, etc. Las tengo de Paraguay, Argentina, Brasil, España, Italia, Portugal, Estados Unidos, por donde anduve. El primero que traje a casa fue un porta tasa (un papel absorvente redondo) de la cafetería "Mallorca" de Madrid, y a partir de allí me entusiasmé.
La servilleta para mi es el mejor souvenir de mis paseos. Me recuerda si el lugar era caro, barato, confortable, concurrido; si la atención fue buena o mala y de la compañía que tuve en ese momento, si lo tuve; incluso las fechas porque en algunas servilletas las anoté.
El 24 de diciembre de 2007, como a las 17.00, estuve tomando una cerveza con un amigo mío, paraguayo, en el "Hard Rock", de la Plaza Colón de Madrid. La base para copa que tengo me recuerda a la cantidad de paraguayos sentados a esa hora de aquella fecha en la plaza, en medio del frío. Me pareció una imagen triste.
Tengo una servilleta con la dedicatoria de mi amiga María Dolores en el bar "El Reloj", en Granada, Andalucía. "Después de visitar la casa natal de Federico García Lorca (un placer) visitamos este bar para reponer fuerzas", me escribió en el papel. Fue el 31 de mayo de 2008.
En algunos limpiabocas hice, incluso, reportajes. Uf!, en uno están los testimonios de tres paraguayas reporteadas en un pueblito llamado Antequera, en Málaga. Aquel reportaje para el diario "Crónica" de Asunción me trajo dolores de cabeza. Pasó que mis entrevistadas fueron leídas por sus parientes en Paraguay, muy disconformes por salir en un diario "para cachaqueros, cachiai y ñembo modelitos".
Un día hacía mucho frio en Madrid y entré a una churrería (donde se hacen churros) llamada "La antigua chucherría", con el que calmé el frio que me llegaba a los huesos. Miro la servilleta que tengo en mi colección y siento y fresquete en la espalda.
La servilletade la "Frutería Paraguarí", de Paraguarí, me huele a sandías, melones, uvas, mangos, piñas. Es un pecado viajar por la ruta Uno y no detenerse en ese sitio para darse una panzada de ensaladas de frutas.
Tengo guardadas servilletas enormes como las de la cadena "Cañas y Tapas" de España, son de color vino; restaurante "Hontanares", de la avenida América, de Madrid, o la de "La Pérgola Jardín", de Asunción y; de la "Pastelería Suiza", de Lisboa.
De cafeterías tengo a más de ls mencionadas, las de "Café & Té" y "Juan Valdéz" (Madrid), "Corumbá" (Asunción), "El café de acá", "Lugano", en fin, de casi todos los sitios asuncenos.
Hablando de estos papeles de descarte, la guarania "Un cielo de ñandutíes" escribió Rovisa en una servilleta y, probablemente "Che Jazmín" por Teodoro S. Mongelós.
Tengo otra colección de azúcar en saquitos, lo mismo que de te y otros que "afané" de las cafeterías. Esta colección es un poco delicada, la debo controlar a menudo para que las hormigas no deban echarme a parderlos. En la foto, un popurrí de servilletas de mi colección.
¿Por qué uno colecciona cosas, como yo servilletas?, probablemente por lo que José Saramago llama "angustia metafísica", eso de no soportar la idea del caos como regidor único del universo.