Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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viernes, 28 de agosto de 2009

La borracha murga nacional

Lo terrible de Paraguay se sintetiza con lo que pasó con Juan Alberto Ortíz, el chico de 19 años secuestrado y asesinado entre la noche del domingo y la madrugada del lúnes últimos en Ciudad del Este. Este caso pinta de cuerpo entero a una nación sin rumbo, anárquico, donde cada uno, creyendo que está en el ejercicio de su libertad, hace lo que le canta, dice lo que quiere, ataca, se complica y se ufana de estar en el candelero del horror.
Pareciera que todos buscan bogar del tonel de balarrasa y formar parte de la borracha murga nacional donde caben policías, periodistas, políticos, vecinos, amigos y correligionarios todos, que con enardecidos pipus colaboran con suma eficiencia para que el país esté patas para arriba.
Escuché el otro día, cuando las cosas estaban muy calientes tras el asesinato del joven mencionado, que el inefable Héctor Guerín estaba en lo suyo: prejuzgando a tirios y troyanos y, como si todo fuera poco enfocando nada menos que su propia casa como el lugar donde estuvo el chico con uno de sus hijos antes del secuestro, lo que le pareció suficiente para acusar a algunos policías de haber estado comprometidos en este secuestro. Quiero dejar claro que la conducta de algunos oficiales y suboficiales de nuestra policía a mi también me obliga a dudar de la decencia de los uniformados.
Me resulta muy curioso que en algunos importantes secuestros ocurridos en Ciudad del Este, el referido corresponsal de un diario esté involucrado. Cuando la viuda de Juan Eudes Pereira fue víctima de estas despreciables realidades paraguayas, también el cronista estuvo haciendo de protagonista de cara a la opinión pública, como si estuviera jugando al héroe tras la noticia.
En el ataque que sufriera el empresario Alí Saioum, que salvó la vida porque le protegió su vehículo blindado, Guerín no hizo de héroe tras la primicia, fue acusado de estar comprometido con uno de los que habría alentado el asesinato de quien se salvó milagrosamente. Y esto ya es como para evaluar con qué bueyes estamos haciendo el país.
Decía a principios de agosto el jefe de redacción regional de Ultima hora, Andrés Colmán, durante una conferencia que desarrollara en una universidad, "que no hay que jugar al héroe en la búsqueda de la noticia", lo que no es el caso de Guerín porque lo suyo es peor, al decir de Saioum. Pero, porque el país está de recreo (lease sin justicia, sin autoridad capaz de poner orden, sin un líder que haga respetar la ley) el mediopelaje rompió alambrada y aquí estamos en medio de la gran borrachera nacional.
Sin pecar de pesado quiero recordar lo que declaró Saioum - que según las crónicas del periodista expulsado de su efímero cargo diplomático, hay que odiar a este empresario - en el sentido de haber afirmado que Guerín le había exigido 300.000 dólares para dejar de atacarlo por el diario al cual envía sus reportes. Es bueno recordar este detalle para entender mejor donde estamos pisando, quiénes hacen de actores principales de la sociedad y hacia donde quieren llevarnos.
Hace un par de días, recordaba el colega Carlos Rodríguez, que él lamentaba que muchos periodistas hoy se manejen en base al dinero que exigen a empresarios, gobernantes, políticos, sindicalistas y funcionarios públicos. Sin que le mencionara a Guerín, recordé lo que Saioum declaró a los medios de prensa.
Se me hace que el caso secuestro y posterior asesinato de Juan Alberto es lo que queda de las sumas y las restas de esta sociedad que en 20 años en vez de defender la libertad y gozar de ella, afianzó el libertinaje que nos tiene, a propios y extraños, con el Jesús permanente a flor de labios.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Hugo Chávez y su prostituta favorita

Cuando lo de Hugo Chávez, el presidente venezolano, en una de sus visitas a Asunción transciende, uno tiene ganas de decir que todos son iguales. Si así es Fernando Lugo ("ustedes las modelos son muy caras", se supo que dijo a una veterana del modelaje paraguayo), un ex obispo, cómo sería un impresentable como Hugo Chávez.
Claro, me refiero a su supuesta aventurilla con una modelo capiateña.
La misma que le habría cobrado 25.000 dólares por unas noches de paz y amor bajo el romántico cielo estrellado de esta Asunción del Paraguay, capital de mis amores. Entre paréntesis, tuvo que haber gustado mucho a Chávez la paraguayita para que, convirtiéndola en una suerte de favorita, gastara semejante suma.
Los venezolanos quieren saber si quién pagó la noche de orgasmos de su presidente en estas lejanías. Y no dudan en afirmar que son ellos.
Tras la publicación en Puerta de Emergencia (www.puertademergencia.com) de lo que andaba haciendo por estas comarcas el presidente bolivariano, más de un venezolano trepó las paredes.
A Chávez se lo conoce por disparetero, charlatán, agresivo, grosero, tosco y bruto. Lo que no se sabía, por aquí al menos, que gusta gastar la plata de su pueblo en la cama con alguna prostituta extranjera.
Bueno, todavía es creíble que un bruto como el venezolano cometa semejante desliz. Lo que no creíamos los paraguayos es que nuestro obispo presidente ande loqueando detrás de cuantas mujeres estén en su mira. Ni a las veteranas, como la María Angela, deja en paz.
Lo que se dice, un tipo entusiasta.
Pero el hábito no hace al monge, eso lo aprendimos con Lugo.
Cada pueblo tiene el presidente que se merece. Nosotros le tenemos por aquí a Lugo; los venezolanos, por allá, al bocón de Chávez. Vamos a tener que bancarnos nuestras respectivas equivocaciones. Paraguayos y venezonalos estamos aprendiendo. Seguimos aprendiendo.
América Latina está como está porque aún no tenemos suficiente capacidad para elegir a los que sirvan para crecer, vivir en armonía, acceder a la riqueza.
Ya vemos: ahora tenemos presidentes que idolatran la pobreza, como Lugo, Morales, Chávez, Castro y Correa. Para esta camada la riqueza es pecado mortal.
Pero para algunos, como Chávez, no es pecado malgastar la plata de su pueblo en prostitutas de medio pelaje a miles de kilómetros de su casa. Entonces, esto de que estemos en el atraso y la miseria será para rato. Tenemos presidentes para la tontería, la pavada, la joda y no para vivir en paz y bienestar como nos merecemos.
Bueno, no todo es tan feo al fin, Chávez dejó 25.000 dólares en la cartera de una paraguaya para lamento de los venezolanos, a quiénes dejo mi solidaridad por escrito.

Está todo podrido

Está todo podrido ¿Qué otra cosa les puedo decir sino lo que todos dicen? No sirven de nada estos 20 años de sacarnos de encima al dictador Alfredo Stroessner?, porque ahora está peor. Desde luego, les hablo de lo que sufrimos en Paraguay tras esto que tuvo la capacidad de sacudirnos (porque muchas cosas que pasan en Paraguay ya no nos sacuden): el secuestro y asesinato del joven Juan Alberto Ortíz en Ciudad del Este.
Hoy nos enteramos de cosas terribles, que salpican a la Fiscalía y a la Policía de la capital del Alto Paraná. Hoy, temprano, nos desayunamos con que no era como la Policía nos dijo ayer, sino totalmente lo contrario. Que la Policía disparó contra uno de los secuestradores y que terminó con el asesinato del secuestrados.
Todo está podrido. Dentro del gobierno de Fernando Lugo todo huele a pudrido, así le demos el derecho a defenderse con el argumento de que el suyo viene de sufrir 60 años de un sistema perverso.
La seguridad que debía de darnos Fernando Lugo es una deuda grande como una casa. Su policía no funciona. Su ministro del Interior no funciona. Sus sistema no funciona. Y al no funcionar los delincuentes hacen de las suyas por dentro y por fuera del Gobierno.
¿Que no?, ¿que estoy magnificando? Pregunten a los padres del joven secuestrado y asesinado. Pregunten a todos los que ya fueron secuestrados en Ciudad del Este y el resto del país. Vean por qué las casas tienen altísimas murallas con alambres eléctricos en sus cumbres y; por qué se venden tantos vehículos blindados a la gente que tiene dinero.
Decía esta mañana a un amigo mío que me temía que 20 años de ejercicio democrático no nos sirva para vivir en paz y que, por tanto, puede que vuelva la dictadura militar que mantenga a esta población paraguaya a los trotes, con flexiones de brazos todos los días, con guardias armadas con fusiles de últimas generación barrio por barrio, con el servicio militar obligatorio de nuevo en plena vigencia.
El poder en manos de los que hablan como santos pero que no saben actuar con mano dura no sirve para nada. Fernando Lugo, mientras anda paseandose de aquí para allá, piropeando a cuantas modelos que encuentra en su camino, los delincuentes actúan desde el mismo poder, pero él no se da por enterado.
En 20 años de democracia ya estamos cansados de los gobiernos blandengues, de políticas mariconas contra la delincuencia organizada.
Después de lo que pasó con el joven en Ciudad del Este no me alienta a decir sino que se vayan los inútiles del poder, así sea quién sea, volvamos a elegir a los que nos defenderán y mandemos presos a los que no hacen sus tareas. Es lo mínimo que podemos decir ahora, indignados, por tantos manoseos que sufrimos por parte de quienes son inquilinos del poder.

lunes, 24 de agosto de 2009

En el atardecer de Gustavo Stroessner

No es que tenga ganas de filosofar, como más de uno pensaría al leer el título de este comentario. Generalmente, por regla íntima, no acostumbro filosofar los lunes, cuando debo ponerme al día con mis trabajos diarios, ir al supermercado y pagar las cuotas de la fecha, si hubieren.
Nada que ver.
Solo que hoy leí en el diario Abc que el tío de Gustavo Stroessner Mora, un señor que se llama Jacinto Matiauda, de 88 años de edad, denunció a aquel de ser "un ladrón profesional que destruyó a su padre" (Alfredo Stroessner).
El artículo, que ocupa toda una página, gira en torno a un dinero que ganó Matiauda como gestor de una empresa extranjera que ganó la licitación para construir la hidroeléctrica Yacyreta; que esta esta empresa pagó la comisión respectiva pero que cobró el hijo del ex presidente y que, el hoy anciano tío, reclama.
Han pasado 20 años de la caída de Alfredo Stroessner. Este ya murió y sus restos están en un cementerio lejano, en los confines de Brasil. Gustavo Stroessner, un todopoderoso militar de aviación durante el gobierno de su papá, hoy es apenas un hombre con dinero, pero sólo, encerrado, a quién hasta su tío le saca trapos sucios al sol.
El poder no es para todos. No lo fue para los Stroessner. Son muy pocos los que no se dejan seducir por los encantos del poder. Los Stroessner, como muchos, cayeron como unos tontos en brazos del poder. Y ahora, uno de ellos al menos, está lejos, ya viejo, sin poder disfrutar de todo cuanto robó.
¿Qué sentido tiene la vida si en lo que queda se deba vivir huyendo, cerrando portones, puertas y ventanas; espiando tras la cortina si quiénes son los que llegan en un coche a la casa; si no se atiende el teléfono por temor a que sea la de alguien que reclama deudas pendientes?
Cuando Gustavo Stroessner era una vaca sagrada en las Fuerzas Armadas y en la política paraguaya no pensó jamás que hoy su propio tío carnal le deba acusar de ladrón, empeorando su frágil situación en la justicia del país donde él lo manejaba a su antojo.
El ya anciano Gustavo Stroessner jamás tuvo que haber pensado que la vida está hecha de una infinita cadena con causas y efectos.
Para bien y para mal no tiene hijos, creo.
Si tuviera, acaso sean sus únicos leales (si él no les es desleal) hasta su muerte; pero, al mismo tiempo, sus hijos sentirían el peso de su equivocación. Nadie, en el tiempo, quiere recordar a antepasados atorrantes que andaban robando a manos llenas como vulgares piratas de mares, como abigeos de nuestros campos, como el Alibabá de los cuentos.
La milenaria enseñanza de Hermes Trimegisto (toda causa produce un efecto) no le sirvió para nada. No lo supo porque, evidentemente, no le importó, porque en su debido momento creyó que era inmortal (si hasta ya creía ser el futuro presidente de la República, por obra y gracia de las alabanzas de unos cuantos de sus paniaguados) y que esas tonteras metafísicas le tenían sin cuidado.
Pero ya ve.
Con todo el dinero que acumuló manoteando de aquí para allá cuando su papá era el mandamás del país, no puede ser feliz. Una persona, como Gustavo Stroessner, que teme hasta a su sombra, no puede experimentar la felicidad en la recta final de su vida.
Quizás ahora, encerrado en su casa de Brasilia, empiece a pensar que somos generadores de causas y consecuencias, que este fenómeno actúa sobre nosotros las 24 horas del día, a cada instante, y que lo que ahora nos parece que no repercutirá ya se hará sentir tarde o temprano.
Para Gustavo Stroessner Mora, con todas las reflexiones que pueda hacer ahora, ya nada puede revertirse. Lo que debe hacer este ciudadano es presentarse a la Justicia y pagar las deudas.
Su experiencia sirva para los que ahora hacen gobierno. Hay hombres en el primer anillo de Fernando Lugo que están haciendo lo mismo que Gustavo Stroessner. Que reflexionen sobre lo que le pasa al militar. Que sepan que las consecuencias se hacen sentir tarde o temprano.
Nota: Gustavo Stroessner falleció en un sanatorio privado de Asunción el 20 de febrero de 2011 a los 66 años de edad.

domingo, 23 de agosto de 2009

La Coca Cola de Angelo

Angel Afrodicio Mendoza es mi amigo. En su familia prefieren llamarlo Afrodicio, o Afro. Yo prefiero llamarle Angel nomás, o Angelo. Lo de Afrodicio no me cierra. Pero les quiero hablar de él no por su curioso nombre sino porque prefiere tomar Coca Cola.
Es verdad. A Angelo no le gusta tomar ninguna de esas bebidas que terminan haciéndonos hablar tonterías a la hora de consumirlas. Y así y todo, es un amigo divertidísimo. En algún otro comentario ya les conté que él no necesita del alcohol para pasarlo bien. Con su Coca Cola le basta.
Con amigos en común que tenemos lo solemos pasar estupendamente, como anoche, en su casa por el cumple de Dolly, su amable esposa. Yo creo que Angelo toma solo Coca Coca u otros refrescos no porque casi a diario comanda un avión, sino porque es su costumbre.
Con consumidores como él, los licoreros serían afortunados. Un poco en broma y otro poco en serio diría que el licorero asunceno Acosta no tuvo que haber ganado tanto dinero después de la aparición de la empresa Paraguay Refrescos, por 1964, la envasadora de la famosa marca norteamericana.
El primer slogan, a propósito, de la Coca Cola en Paraguay fue "tome bien helada". Era una frase didáctica porque, la verdad, en Paraguay no se conocía esta bebida y, por ignorancia, tomarla a temperatura ambiente del verano paraguayo, era una total antipropaganda para la marca.
La marca y el slogan pintados en una hojalata de unos 50 centímetros de alto por otros tantos de ancho se fijaban con cuatro clavos en las paredes de los almacenes (así se llamaban los que después se denominarían despensas).
El producto venía en botellas pequeñas de vidrio, cambiables, hasta que, un par de años después, aparecieron las botellas tipo "familiar", toda una novedad en las mesas paraguayas.
Ni bien apareció "Paraguay Refrescos", llegó a nuestro país la Pepsi, marca que evoca los relatos de fútbol del recordado y talentoso narrador de fútbol, Carlos Alberto Gómez, ya que esta fue uno de sus principales anunciantes. Pepsi tenía por slogan "el sabor de vivir", y que en los relatos radiales de Carlitos sonaba con eco, algo muy novedoso en las emisoras por la década de 1970.
Volviendo a la Coca Cola, por el año 2004 leí un artículo donde se consignaba que Islandia era el país con más consumo per cápita. A propósito, supongo que en ese país nórdico nunca hubo necesidad de aclarar a los consumidores que tomen la bebida "bien helada", como en Paraguay por 1965.
En una revista "Muy Interesante" leí que Mexico es el país donde se bebe más Coca Cola en todo el mundo. Lo que será la Coca mezclada con tequila para qué les cuento.
Un día, mi amigo Celso Castillo me contó que en una universidad de Baviera, Alemania, se había planteado durante una clase magistral que el presidente norteamericano John F. Kennedy se oponía al consumo de la Coca Cola en las escuelas, por lo que la CIA y la empresa norteamericana habrían conspirado contra aquel.
No creo tanto, puede que sea.
Lo que pasa es que la Coca Cola, un imperio dentro de otro imperio, genera tantos comentarios en el mundo, lo que me ponen en guardia como para creer, de buenas a primera, lo que se ande diciendo por ahí.
Hay demasiados intereses de por medio como para que yo me complique en ellos, con juicios y prejuícios particulares sin ton ni son. Y como dice Alvin Toffler ("El shock del futuro") también "a los norteamericanos les cuesta comprender tan apasionada reacción contra una fuente gaseosa (la Coca Cola) tan inofensiva".
Tengo anotado en mis apuntes sobre gaseosas que el 8 de marzo de 1985 había fallecido en Atlanta, EE.UU., Robert W. Wooddruff, a los 95 años de edad. Fue el fundador de la Coca Cola. Este si que habrá sido un rico de verdad.
En fin, lo cierto es que a mi amigo Angelo sólo le gusta tomar Coca Cola.


sábado, 22 de agosto de 2009

Mis libros y yo

Para estar en lo mío he aprendido a pasar muchas horas en aparente soledad. Digo aparente porque, en realidad, no estoy solo. Cuando estoy hurgando mis archivos, cuando ordeno las informaciones que extraigo de mis libros y cuando escribo me siento muy bien acompañado, aunque nadie esté, en apariencias, conmigo.

En esos instantes no estoy solo con las hojas, las letras, la tapa dura, la solapa, los apuntes al margen del libro. Como que estoy con el mismo autor. De repente siento que mi pieza está llena de personalidades, de antes y de ahora, de aquí y de allá; todas, en calma, diciéndome desde los renglones subrayados de rojo, azul o en resaltadores, lo que debo escribir, inspirándome.
Justificar a ambos lados
Cuando escribo, como todos los que han adoptado este oficio, estoy con mucho ajetreo interno. Cuando estoy en eso, así sea para escribir un comentario para este blog o para mi libro, me siento un estibador de muelle, hombreando datos, organizando una pila de referencias para un lado, reservando otras para otra oportunidad; sintiendo el peso de las referencias de un peso pesado como Séneca, cuando apelo a un sabio o; a un novelista como Pío Baroja.

Siento el peso de una frase llena de sabidurías que, como al estibador las bolsas de harina, me provocan profundas transpiraciones. A veces algunos amigos míos me preguntan qué hago tan solo, una noche como la de hoy, en pleno sábado, entre los apuntes, libros, diarios y revistas. Siempre les respondo lo mismo: yo no me siento solo, siempre estoy acompañado.

Cuando me doy un descanso, me agrada leer un buen libro en el living de mimbre de casa. Leerlo y llenarlo de rayas. Es un verdadero placer.

En otros comentarios les conté que había días en que comenzaba a estar en mis cosas a partir de las 4 de la madrugada y no me levantaba ni para ir al baño. Varias veces, pensando que era la hora del desayuno, suspendía mis tareas y me iba a la cocina y, de paso, miraba, el reloj: eran las tres de la tarde. Comía y volvía a la carga. El sueño me vencía como a la medianoche.

No todos me dan bolilla cuando les digo que lean. Me dicen que no tienen tiempo. O que lo van a hacer y que para eso se están organizando. Tengo amigos que llevan años organizándose; que ya han comprado cientos de libros, inclusive y que tienen hermosas bibliotecas. Hasta ahora no leen. Supongo que lo harán alguna vez.

Saber, aligera la carga en la vida. La ignorancia es demasiado pesada. Pero no todos quieren romper lanzas con la ignorancia prefiriendo que el cenagoso círculo de la mediocridad siga grande, fuerte, profundo y maloliente.

Prefieren no saber. La sabiduría les es indiferente. De ese horno salen nuestros políticos, periodistas, abogados, jueces, fiscales, maestros. Por eso tenemos caudillos estólidos y deslayazados.

Conozco profesores universitarios de Paraguay que leen muy poco, que tienen graves disputadas con la gramática, que jamás han hecho un sólo trabajo de investigación.

Y también conozco a otras personas que leyeron mucho en Paraguay pero que viven de la caridad ajena.

Están los que leyeron mucho y se convirtieron en verdaderos sinvergüenzas. Son contados, pero influyentes. Son los palurdos ilustrados.

Nuestra historia está protagonizada por gente escasamente formada. A un Fulgencio Yegros, ladrón de caballos, se lo recuerda más que al sabio Moisés Santiago Bertoni Torreani que durante toda su vida se empeñó en dar brillo a su país adoptivo, Paraguay.

La ignorancia de muchos altos copetudos referentes del país rayan la grosería. Y si así está el mundo, como decía Jorge Gestoso, muchas ganas no suelo tener para hablar de tonteras con muchos que aparentan mucho pero son nada. Prefiero el living de casa, una música suave, orquestada, un mate si hace frío o; un tinto, si ya fueran las siete de la tarde, y, de paso, disfrutar de un buen libro.

lunes, 17 de agosto de 2009

¿Somos celosos los paraguayos?

En un aviso publicitario difundido por radio Ñandutí, escuché hoy, una voz masculina preguntar "¿donde estás?"; "en el super", responde una voz femenina. El hombre hace entender que la tiene en su mira. Hacen de una pareja, al parecer.
Se trata de la promoción de un sistema de rastreos por satélite.
Para que podamos entender mejor: ahora hay unos aparatitos que se puede poner al coche y se puede saber, desde donde uno esté, donde está el vehículo. Un marido celoso, por ejemplo, puede confirmar si la esposa que salió con el coche está en la casa de la amiga, en el super o en la peluquería como le anunció, o en otros sitios.
Con aparatitos de esa envergadura, digo, los celosos estarán de parabienes.
¿Somos celosos los paraguayos? ¿Y las paraguayas?
El celo al cual me refiero es al que el diccionario de la Real Academia Española define en su séptima acepción como sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra.
Alguien dijo que los celos lo único que reflejan es la inseguridad en nosotros, y la falta de confianza en la pareja. Contrariamente a lo que se piensa en el imaginario colectivo, los celos son más bien una muestra de desamor. Cuando hay verdadero amor, existe confianza plena, total en nuestra pareja.
Los paraguayos (me refiero a ambos sexos porque me fastidia eso de de decir "paraguayos/ paraguayas, niños/niñas, como insiste el feminismo del nuevo cuño) somos de morirnos por amor. Si no creen escuchen esas polcas ja´e o o participen en esas asadeadas donde hay mariachis, donde se canta a grito pelado "El rey", el himno de los perdidamente enamorados, por no decir algo más fuerte.
Los psiquiatras dicen que los celos son una enfermedad excesiva y sin fundamentos y que no tiene cura. O sea, los celosos son celosos de por vida.
Entre mis amistades tengo referentes muy celosos. Y, a lo mejor, yo también soy celoso.
Recuerdo que un novio celoso había destruido la red telefónica de una oficina pública de la que fui temporalmente su director. El celoso en cuestión había coimeado a algunos compañeros de la amada, que trabajaba allí, e instaló unos chirimbolos para escuchar las llamadas de la que, para él, resultaba ser una sospechosa infiel.
El hombre no logró escuchar - esa vez al menos - las llamadas de la mujer; sí, dejarnos sin teléfono.
Pero los hombres no somos los únicos celosos. Las mujeres, también. Pero dejaré que ustedes mismos me hagan los comentarios que quieran sobre las mujeres celosas en este blog, ya que en esto de los celos y tutti cuanti no es lo más importante lo que yo diga.
Yo creo que las tecnologías conspiran a favor de los celosos. El GPS, sistema que permite conocer la posición de un objeto móvil gracias a la recepción de señales emitidas por una red de satélites, a más de ayudar a encontrar vehículos robados u orientar a los pilotos en vuelo, también ayudan a los celosos a comprobar si sus parejas infieles están por algún motel o en el apartamento del amante y no precisamente en el super.
Los teléfonos celulares y, sobre todo, los inoportunos mensajitos que se olvidan de borrar del mensajero, no hacen sino avivar el fuego en el juego de los celos. ¿Y qué me dicen de los registros de llamadas en el teléfono celular?
Este tiempo de acuario, que dicen que es el de las revelaciones, es sobre todo tiempo de los celosos. La tecnología le anda macaneando bastante a los celosos y a los infieles. Entonces puedo pensar que, así como marcha la ciencia, los celos estarán campantes, haciendo de las suyas en las parejas y los infieles perfeccionando argumentos y excusas para continuar la marcha ascendente hacia las borrascosas cumbres del cuernerismo criollo.
O si no, escuchen la publicidad esa, de la radio de la que les hablé, a ver si coinciden conmigo. Puede que yo nomás haya pensado en los celos al escuchar dicho anuncio.