Es interesante la seguidilla de respuestas que mis amigos me hacen llegar a mi correo sobre el amor asomado a través de Internet. Yo agradezco a todos la preocupación de hacerme llegar sus respectivas opiniones y comprendo la timidez de la mayoría por la que no me dejan esas respuestas en el mismo blog donde dice "comentario". No importa. Lo importante es la opinión que surge a partir de un artículo que, de todos modos, es un punto de vista.
Víctor, de quién poco he sabido en estos últimos meses, me dice desde Madrid que la vida pasa muy pronto y que casi no hay tiempo para flicteos y, por lo tanto, prefiere el sexo inmediato con la persona con quién se relaciona a cuentas pasionales a través de Internet.
María Teresa, me dice desde Asunción, que prefiere una previa de ablandes para llegar posteriormente al sexo fuerte y duro.
Malena, desde Villarrica ("soy gua´i ñe´e kare, pava lata", se autodefine) opina que ni lo uno ni lo otro sino que, dependiendo de las circunstancias, una relación iniciada demorará un poco más o un poco menos para llegar al sexo.
En fin, agradezco también - de paso - los comentarios de Estefana, desde Málaga y doble agradecimiento a Marisa, desde Barcelona, por haberse animado a poner el suyo en el mismo blog.
No sé si mi opinión, en esta segunda vuelta sobre el mismo tema, deba ser importante. Por si haya quién no leyó el anterior yo repito que en esto de buscarse amores por Internet nos lleva a situaciones en las que muchos quieren el sexo de entrada y de salida, en el génesis y en el apocalípsis, arriba como abajo, sexo y sexo y ya está.
Yo creo que no debe ser así. Creo, reitero, que por los medios que fueren los relacionamientos, el sexo debe ser la consecuencia y no la causa. Debe ser una feliz consecuencia, sobre todo si se busca una relación posterior a la intimidad y que, probablemente, sea la mejor en la pareja.
De lo contrario no es relación de pareja, sino unas canas al aire; una manera de sacarse de encima tantos deseos acumulados. La pareja es otra cosa mucho más placentera que dos horas de sacudidas en la cama, acaso entre dos personas que ni saben donde vive la otra con quién está intimando.
Subrayo esto de la búsqueda de parejas por Internet porque pareciera que peligrosamente los tantos se mezclan; es decir, deseos de una mera y momentánea búsqueda sexual o una verdadera relación de pareja.
Creo que hay casos en que algunos empiezan con el sexo y se llevan muy bien por mucho tiempo, acaso hasta la muerte. Pero, creo igualmente que la mayoría de las relaciones que comienzan en la cama termina por agradecerse haberse conocido y si te he visto no me acuerdo.
Sigan poniendome sus puntos de vista. Esto se pone interesante.
Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).
Temas disponibles en este blog
- Libertad de expresión (96)
- Costumbres (93)
- cultura (77)
- Política (68)
- Historia (62)
- Funcionarios públicos (54)
- Inmigrantes (48)
- Culturales (43)
- Gente (41)
- Lugares de España (31)
- Ensayo (29)
- Tradiciones (29)
- Economía (28)
- Metafísica (23)
- Caballos (21)
- Artes (15)
- Biografía (14)
- espectáculos (9)
- Cuentos (5)
- Mascotas (4)
- Tradiciones. (1)
viernes, 3 de julio de 2009
Sabiduría
En 1959 hice mi primer grado en la escuela Santa Librada, de Villarrica. Como todo niño, mi primer día fue un festival de llantos por lo que mi hermana Chingola tuvo que quedarse durante toda la jornada escolar para mi tranquilidad. Desde el segundo día, felizmente, para mí aquello fue un placer; ya no necesitaba que mi hermana mayor me acompañara.
Aquella rápida adaptación a mi maestra, mis compañeritos de clase, a toda la escuela, fue mi primera enseñanza académica. Fue mi primer aprendizaje.
Me fascinaba, al volver de la escuela, escribir en el suelo lo que aprendí. Me sentía lleno de aire fresco al mostrar a mi madre de cómo es el número uno, cómo es la letra a, como se deletrea m a, ma, m á, ma, mamá, todo escrito con un palillo en el suelo, a falta de papeles y por abundancia de pobreza.
Recuerdo que me sentía incómodo al llegar al viernes, porque el sábado y el domingo no me iría a la escuela no sólo para aprender, sino para jugar, estar con los míos del mismo grado. No olvidaré la penumbra del invierno en la que nuestra maestra, cuyo nombre con el tiempo se me escapó, nos enseñaba. Y las rendijas de ventanas y puertas por donde se filtraba el frío que soplaba en nuestros pies descalzos. Y recuerdo las tortillas de harina que hacía la maestra para venderlas y juntar el dinero que siempre falta a la escuela pobre. Aquellas tortillitas eran un manjar, dicho sea de paso.
Aprender en esa maraña de limitaciones me resultaba entretenido. En casa, después de tantos atropellos de revolucionarios hambrientos de sangre, quedó nada. Ni hablar de libros. Aprendimos lo que debíamos aprender de la mano de la maestra y ese acceso al conocimiento me hacía bien, porque también me permitía charlar con Mamuchi, Nene y Yiyo González Agüero, mis amiguitos y vecinos. Lo recuerdo claramente.
Entonces, saber me resultaba una delicia.
Y si es una delicia, no entiendo aún por qué Augusto Roa Bastos dice, dos veces, en “Madama Sui” que la sabiduría es dolor entendiendo que el dolor es una sensación molesta y aflictiva.
Saber produce, creo, la sensación del aire fresco en el rostro, en medio de calenturientas ignorancias, las mismas que nos tienen de esclavos y; las que inspiraron la frase de Jesús: Sólo la verdad os hará libres. La verdad como el conocimiento y; libres, de la ignorancia.
La ignorancia no mata pero maltrata dice una frase en guaraní. Entonces, contrario al pensamiento de Roa Bastos, creo que nuestros dolores están en nuestra ignorancia, aunque para muchos el desconocimiento es un alcahuetero (“ojos que no ven…”) permanente, del cual se esclaviza.
No entiendo muy bien eso de que para acceder a la belleza a la sabiduría tengamos que pasar por la prueba de la desdicha.
Muchos se resisten a conocer convirtiéndose en refractarios a la verdad y, por tanto, en conductores del error y de la injusticia y así, seculá seculorum, por mayoría de votos, rige la sociedad ignorante acostumbrada a las limitaciones, los anti valores, a las decadencias.
Si muchos se resisten a conocer acaso sean más los que se niegan a saber. Recordemos que el conocimiento llega y; la sabiduría, queda. Y esa legión de adormilados hacen la comunidad dormida. Por eso se tiene una administración política como la que se tiene, por eso la buena salud de la mediocridad, nuestras conductas en la casa, con la pareja, con los hijos, con los amigos. Todo, por ignorancia.
Entonces vale reconocer el esfuerzo de la masonería que tiene por principal enemigo al tavycerio de generaciones. Así, el cinismo, uno de los hijos pródigos de la ignorancia, pasa por sabiduría en aquellos círculos agitados, como el nuestro.
Saber no duele, me arriesgo a afirmar sin temor a equívocos frente a lo que sostiene el escritor compatriota. A mi, personalmente, nunca me dolió. Al contrario. Cada día aprendo eso nuevo que hay en las pequeñas cosas del entorno y que me producen un py´a rory (alegría) indescriptible cuya particularidad es el de buscar más sobre las cosas que hacen a esa sabiduría. Provoca una sensación de contemplación constante. Y con semejante sensación sentimos la felicidad, también constante. Saber nos vuelven ingentes; ignorar, liendres.
Para llegar a ese estado, al de la sabiduría, solo falta activar la voluntad de aprender, de atrapar la enseñanza para bien de uno y de los demás. Todo para que seamos felices, para no dejarnos llevar por el egoísmo, la envidia, el rencor, la deslealtad, el desamor. A propósito, el amor es la sabiduría en acción.
Saber no es doloroso ¡Qué esperanza! ¡Vaya placer el de escribir en el suelo de nuestras voluntades lo que hemos aprendido hoy y, si fuera posible, aplicado de inmediato! Si todos nos adaptáramos al deseo de aprender y actuáramos en consecuencia el país sería otro, más benigno, de riqueza pura, de mútuos entendimientos.
Aquella rápida adaptación a mi maestra, mis compañeritos de clase, a toda la escuela, fue mi primera enseñanza académica. Fue mi primer aprendizaje.
Me fascinaba, al volver de la escuela, escribir en el suelo lo que aprendí. Me sentía lleno de aire fresco al mostrar a mi madre de cómo es el número uno, cómo es la letra a, como se deletrea m a, ma, m á, ma, mamá, todo escrito con un palillo en el suelo, a falta de papeles y por abundancia de pobreza.
Recuerdo que me sentía incómodo al llegar al viernes, porque el sábado y el domingo no me iría a la escuela no sólo para aprender, sino para jugar, estar con los míos del mismo grado. No olvidaré la penumbra del invierno en la que nuestra maestra, cuyo nombre con el tiempo se me escapó, nos enseñaba. Y las rendijas de ventanas y puertas por donde se filtraba el frío que soplaba en nuestros pies descalzos. Y recuerdo las tortillas de harina que hacía la maestra para venderlas y juntar el dinero que siempre falta a la escuela pobre. Aquellas tortillitas eran un manjar, dicho sea de paso.
Aprender en esa maraña de limitaciones me resultaba entretenido. En casa, después de tantos atropellos de revolucionarios hambrientos de sangre, quedó nada. Ni hablar de libros. Aprendimos lo que debíamos aprender de la mano de la maestra y ese acceso al conocimiento me hacía bien, porque también me permitía charlar con Mamuchi, Nene y Yiyo González Agüero, mis amiguitos y vecinos. Lo recuerdo claramente.
Entonces, saber me resultaba una delicia.
Y si es una delicia, no entiendo aún por qué Augusto Roa Bastos dice, dos veces, en “Madama Sui” que la sabiduría es dolor entendiendo que el dolor es una sensación molesta y aflictiva.
Saber produce, creo, la sensación del aire fresco en el rostro, en medio de calenturientas ignorancias, las mismas que nos tienen de esclavos y; las que inspiraron la frase de Jesús: Sólo la verdad os hará libres. La verdad como el conocimiento y; libres, de la ignorancia.
La ignorancia no mata pero maltrata dice una frase en guaraní. Entonces, contrario al pensamiento de Roa Bastos, creo que nuestros dolores están en nuestra ignorancia, aunque para muchos el desconocimiento es un alcahuetero (“ojos que no ven…”) permanente, del cual se esclaviza.
No entiendo muy bien eso de que para acceder a la belleza a la sabiduría tengamos que pasar por la prueba de la desdicha.
Muchos se resisten a conocer convirtiéndose en refractarios a la verdad y, por tanto, en conductores del error y de la injusticia y así, seculá seculorum, por mayoría de votos, rige la sociedad ignorante acostumbrada a las limitaciones, los anti valores, a las decadencias.
Si muchos se resisten a conocer acaso sean más los que se niegan a saber. Recordemos que el conocimiento llega y; la sabiduría, queda. Y esa legión de adormilados hacen la comunidad dormida. Por eso se tiene una administración política como la que se tiene, por eso la buena salud de la mediocridad, nuestras conductas en la casa, con la pareja, con los hijos, con los amigos. Todo, por ignorancia.
Entonces vale reconocer el esfuerzo de la masonería que tiene por principal enemigo al tavycerio de generaciones. Así, el cinismo, uno de los hijos pródigos de la ignorancia, pasa por sabiduría en aquellos círculos agitados, como el nuestro.
Saber no duele, me arriesgo a afirmar sin temor a equívocos frente a lo que sostiene el escritor compatriota. A mi, personalmente, nunca me dolió. Al contrario. Cada día aprendo eso nuevo que hay en las pequeñas cosas del entorno y que me producen un py´a rory (alegría) indescriptible cuya particularidad es el de buscar más sobre las cosas que hacen a esa sabiduría. Provoca una sensación de contemplación constante. Y con semejante sensación sentimos la felicidad, también constante. Saber nos vuelven ingentes; ignorar, liendres.
Para llegar a ese estado, al de la sabiduría, solo falta activar la voluntad de aprender, de atrapar la enseñanza para bien de uno y de los demás. Todo para que seamos felices, para no dejarnos llevar por el egoísmo, la envidia, el rencor, la deslealtad, el desamor. A propósito, el amor es la sabiduría en acción.
Saber no es doloroso ¡Qué esperanza! ¡Vaya placer el de escribir en el suelo de nuestras voluntades lo que hemos aprendido hoy y, si fuera posible, aplicado de inmediato! Si todos nos adaptáramos al deseo de aprender y actuáramos en consecuencia el país sería otro, más benigno, de riqueza pura, de mútuos entendimientos.
jueves, 2 de julio de 2009
Nuestros amores por Internet
Se me hace que, parafraseando a Mafalda, la humanidad está carente de amor por eso esto del chat, el Orkut, el Sónico, el mail, la cámara, son herramientas para encontrar eso que en verdad nos falta o, sencillamente, querríamos experimentar. Me refiero a las relaciones sentimentales.
Supongo que por esto, esas comunidades para encontrar parejas tienen tantos afiliados. Algunos tienen millones de contactos.
Me decía hace unos días una amiga, también internauta, que muchos de sus nuevos referentes masculinos le preguntan si tiene video cámara. Al sí de ella, muchos le piden que se desvista en el acto. Como ella dice: plop.
Y así anda el mundo decía Jorge Gestoso. El mundo nos propone otros modelos de relacionarnos. Las nuevas tecnologías en nuestras manos nos llevan a ser parejas a los apuros, al aquí y ahora, no solo a uno o una sino a varios al mismo tiempo, porque así se puede desde el ordenador de la casa o la oficina.
Creo que mediante Internet, muchas de las agencias de viajes y de las compañías aéreas se hicieron de fortunas, porque la gente empezó a salir atraídas por otras, no importa cuan lejos estén. Desde luego, en esos encuentros se producirían verdaderos milagros pero también decepciones.
Para obtener parejas, hoy es demasiado fácil. Basta con activar el ordenador e ir a las páginas de parejas. ¿Para qué ir tan lejos?, en el mismo correo de uno llegan, de vez en vez, ofertas claras, contundentes, increíbles. Entonces, pienso, la fidelidad está pasando por su peor momento en todo lo que va de la historia romántica de la humanidad.
Soy medio del viejazo porque, si bien esto de enamorarse por Internet es práctico y contiene una buena dósis de seducción, soy de los que piensan que una relación debe empezar de abajo y - tolerancia de estilos - que pueda contener un poco de eso de las visitas periódicas a la pareja, sobre todo del varón a la mujer, aunque eso de ir los martes, jueves, sábados y domingos, medio que dejo para el gusto de cada uno.
Ahora, como que la relación de pareja es sólo sexo. Se empieza por el sexo y se termina al otro día o cuando a una de las partes se le ocurre pronunciar el "si te he visto no me acuerdo" y a otra cosa mariposa.
Soy de la antigua que prefiere que el sexo sea la consecuencia de una causa (la buena relación que va creciendo) aunque "la prueba de amor" viene de las cavernas del tiempo. Creo en la relación duradera, después del sexo, mediante el haberse frecuentado la pareja.
En algún lado leí que amar es un verbo y que sentir amor es la consecuencia del amor. Para mi gusto personal esto vale mucho.
No estoy muy seguro que esa ansiada solidez aporten las nuevas tecnologías en nuestras manos. Desde luego, no es compromiso de Internet nuestras respectivas conductas individuales. Cada uno sabrá qué hacer de su relación con la otra persona, ordenador en manos. Pienso, en un arrebato de optimismo, que se puede enamorar a alguien por Internet y no quedarse sólo con el sexo acordado y terminó la historia.
Por eso digo, depende de nuestra voluntad y esta todavía no está manejada por tecnología alguna como lo es, sí, la relación.
Como en todas las disciplinas de la vida, la causa genera consecuencias. Si se usara equivocadamente los nuevos recursos de la comunicación no darán sino resultados equivocados. A las causas desprolijas consecuencias desprolijas.
Muchos creeerían que, por fin, eso de buscar parejas y acostarse con ella antes que cante un gallo, soluciona nuestros problemas sentimentales. A lo mejor, algunos lo solucionan, pero de la mayoría se me hace que no. El diablo sabe más por viejo que por diablo.
No porque tengamos a Internet en nuestras manos, en fin, convertiremos al mundo en un enorme serrallo.
Supongo que por esto, esas comunidades para encontrar parejas tienen tantos afiliados. Algunos tienen millones de contactos.
Me decía hace unos días una amiga, también internauta, que muchos de sus nuevos referentes masculinos le preguntan si tiene video cámara. Al sí de ella, muchos le piden que se desvista en el acto. Como ella dice: plop.
Y así anda el mundo decía Jorge Gestoso. El mundo nos propone otros modelos de relacionarnos. Las nuevas tecnologías en nuestras manos nos llevan a ser parejas a los apuros, al aquí y ahora, no solo a uno o una sino a varios al mismo tiempo, porque así se puede desde el ordenador de la casa o la oficina.
Creo que mediante Internet, muchas de las agencias de viajes y de las compañías aéreas se hicieron de fortunas, porque la gente empezó a salir atraídas por otras, no importa cuan lejos estén. Desde luego, en esos encuentros se producirían verdaderos milagros pero también decepciones.
Para obtener parejas, hoy es demasiado fácil. Basta con activar el ordenador e ir a las páginas de parejas. ¿Para qué ir tan lejos?, en el mismo correo de uno llegan, de vez en vez, ofertas claras, contundentes, increíbles. Entonces, pienso, la fidelidad está pasando por su peor momento en todo lo que va de la historia romántica de la humanidad.
Soy medio del viejazo porque, si bien esto de enamorarse por Internet es práctico y contiene una buena dósis de seducción, soy de los que piensan que una relación debe empezar de abajo y - tolerancia de estilos - que pueda contener un poco de eso de las visitas periódicas a la pareja, sobre todo del varón a la mujer, aunque eso de ir los martes, jueves, sábados y domingos, medio que dejo para el gusto de cada uno.
Ahora, como que la relación de pareja es sólo sexo. Se empieza por el sexo y se termina al otro día o cuando a una de las partes se le ocurre pronunciar el "si te he visto no me acuerdo" y a otra cosa mariposa.
Soy de la antigua que prefiere que el sexo sea la consecuencia de una causa (la buena relación que va creciendo) aunque "la prueba de amor" viene de las cavernas del tiempo. Creo en la relación duradera, después del sexo, mediante el haberse frecuentado la pareja.
En algún lado leí que amar es un verbo y que sentir amor es la consecuencia del amor. Para mi gusto personal esto vale mucho.
No estoy muy seguro que esa ansiada solidez aporten las nuevas tecnologías en nuestras manos. Desde luego, no es compromiso de Internet nuestras respectivas conductas individuales. Cada uno sabrá qué hacer de su relación con la otra persona, ordenador en manos. Pienso, en un arrebato de optimismo, que se puede enamorar a alguien por Internet y no quedarse sólo con el sexo acordado y terminó la historia.
Por eso digo, depende de nuestra voluntad y esta todavía no está manejada por tecnología alguna como lo es, sí, la relación.
Como en todas las disciplinas de la vida, la causa genera consecuencias. Si se usara equivocadamente los nuevos recursos de la comunicación no darán sino resultados equivocados. A las causas desprolijas consecuencias desprolijas.
Muchos creeerían que, por fin, eso de buscar parejas y acostarse con ella antes que cante un gallo, soluciona nuestros problemas sentimentales. A lo mejor, algunos lo solucionan, pero de la mayoría se me hace que no. El diablo sabe más por viejo que por diablo.
No porque tengamos a Internet en nuestras manos, en fin, convertiremos al mundo en un enorme serrallo.
miércoles, 1 de julio de 2009
Albino Jara
No todos saben que los restos de Albino Jara, un coronel pintón y corajudo, están en un mausoleo, en plena plaza céntrica de Luque. Están allí porque él era luqueño y porque fue un personaje de la historia paraguaya. Empedernido donjuán, conspirador hasta la muerte, elegante como un caballero inglés, audaz como muy pocos.
Fue presidente de la República en un breve periodo en la alborada del siglo XX y se lo mató por Paraguarí, en su ley, resistiendo al gobierno de entonces.
En el fondo, pareciera que a Jara lo que le apasionaba era la riña, el olor a pólvora, la sangre en el filo de la espada y las mujeres bellas. No bebía, solo aquella vez cuando, en Bonete, supo que su adversario Adolfo Riquelme fue asesinado. Si Jara era un hombre común, de la calle, hubiera sido un moquetero cualquiera.
En Santiago de Chile, cuando estudiaba en la Academia Militar, compartía la pieza de la pensión con Eugenio Alejandrino Garay. Jara, un mujeriego; Garay, un bebedor de vinos como pocos, luqueño era de invitar a las mujeres a la modesta habitación de ambos y; Garay, un despatarrado, desparramaba las botellas vacías de la bebida en todo el piso.
Un día Jara le reclamó al compañero que cuidara de no tirar botellas por todo el cuarto. "¿donde se a visto un prostíbulo sin botellas de vino?", le respondió sin asombrarse.
Un 2 de julio de 1908, Jara estaba en lo suyo: derrocaba a Benigno Ferreira de su cargo de Presidente de la República. Pero esto de hacer revoluciones, contaban los abuelos, no era cosa de otro mundo para los paraguayos. Jara siempre andaba bramando como el trueno por algún recóndito paraje al frente de sus leales. "Aipova pa ara tera pa Jara", pronunciaban al santiguarse las viejas cubiertas de mantos negros.
Sus restos están en una urna, juntos a otra con los del general Elizardo Aquino, héroe de la Guerra contra la Triple Alianza. Pero pocos visitan el sitio, ingratitud que acaso provenga del desconocimiento de la mayoría sobre el pasado de nuestros referentes.
Fue presidente de la República en un breve periodo en la alborada del siglo XX y se lo mató por Paraguarí, en su ley, resistiendo al gobierno de entonces.
En el fondo, pareciera que a Jara lo que le apasionaba era la riña, el olor a pólvora, la sangre en el filo de la espada y las mujeres bellas. No bebía, solo aquella vez cuando, en Bonete, supo que su adversario Adolfo Riquelme fue asesinado. Si Jara era un hombre común, de la calle, hubiera sido un moquetero cualquiera.
En Santiago de Chile, cuando estudiaba en la Academia Militar, compartía la pieza de la pensión con Eugenio Alejandrino Garay. Jara, un mujeriego; Garay, un bebedor de vinos como pocos, luqueño era de invitar a las mujeres a la modesta habitación de ambos y; Garay, un despatarrado, desparramaba las botellas vacías de la bebida en todo el piso.
Un día Jara le reclamó al compañero que cuidara de no tirar botellas por todo el cuarto. "¿donde se a visto un prostíbulo sin botellas de vino?", le respondió sin asombrarse.
Un 2 de julio de 1908, Jara estaba en lo suyo: derrocaba a Benigno Ferreira de su cargo de Presidente de la República. Pero esto de hacer revoluciones, contaban los abuelos, no era cosa de otro mundo para los paraguayos. Jara siempre andaba bramando como el trueno por algún recóndito paraje al frente de sus leales. "Aipova pa ara tera pa Jara", pronunciaban al santiguarse las viejas cubiertas de mantos negros.
Sus restos están en una urna, juntos a otra con los del general Elizardo Aquino, héroe de la Guerra contra la Triple Alianza. Pero pocos visitan el sitio, ingratitud que acaso provenga del desconocimiento de la mayoría sobre el pasado de nuestros referentes.
¿De qué se quejan?
A veces tengo ganas de decir a los nuevos periodistas que no se quejen de su trabajo y, mucho menos, que anden afirmando, sin ton ni son, que el periodismo es estresante (no hay nada más divertido que este oficio). Deben reconocer que hay mucha libertad de prensa en Paraguay ¡Vaya que se puede escribir y decir cualquier cosa!
Los colegas, de esos que nunca faltan, que se quejan hoy me hubiera gustado que hayan estado en los tiempos de la dictadura para que sepan - para que sean libres de la ignorancia - lo que era ejercer la comunicación a punta de fusiles. "Para que vos sepas", como decía el recordado Chiqui Lezcano, cronista de deportes.
Casualmente hoy, 1 de julio de 2009, se cumplen 40 años de un decreto de Alfredo Stroessner que, una vez más, llevaba contra las cuerdas a la libre expresión. El 1 de julio de 1969, el dictador firmaba el decreto 5.904 que "prohibe la propagación de toda información o noticia oral o escrita que directa o indirectamente contrinbuyera a la susistencia o agravación de los hechos de conmoción interior que son del dominio público, durante la vigencia del Estado de Sitio".
Un 1 de julio de 1986 también fue expulsado del país el padre Javier Alcorcón, director de radio Cáritas, sin que la Justicia por eso haya movido un dedo.
Felizmente los periodistas de hoy ni siquiere tienen idea de lo que fue un estado de sitio que, por ejemplo, obligaba a que los restaurantes se cierren a la 1 de la madrugada, que los policías o militares entraban a la casa de uno sin aviso previo, o que se era detenido en la calle para, si los represores así querían, desaparecer de un plumazo.
Hacer periodismo en medio de ese trajín era otro cantar. La dictadura fue implacable con toda la prensa.
Hoy, mediante la libertad de prensa se llega a las fronteras del hartazgo, contaminación, obesidad, exceso, informativos, a lo que debemos añadir aquellas difamaciones y calumnias arropadas de noticias.
Entonces, ¿de qué se quejan algunos periodistas del nuevo tiempo?
Los colegas, de esos que nunca faltan, que se quejan hoy me hubiera gustado que hayan estado en los tiempos de la dictadura para que sepan - para que sean libres de la ignorancia - lo que era ejercer la comunicación a punta de fusiles. "Para que vos sepas", como decía el recordado Chiqui Lezcano, cronista de deportes.
Casualmente hoy, 1 de julio de 2009, se cumplen 40 años de un decreto de Alfredo Stroessner que, una vez más, llevaba contra las cuerdas a la libre expresión. El 1 de julio de 1969, el dictador firmaba el decreto 5.904 que "prohibe la propagación de toda información o noticia oral o escrita que directa o indirectamente contrinbuyera a la susistencia o agravación de los hechos de conmoción interior que son del dominio público, durante la vigencia del Estado de Sitio".
Un 1 de julio de 1986 también fue expulsado del país el padre Javier Alcorcón, director de radio Cáritas, sin que la Justicia por eso haya movido un dedo.
Felizmente los periodistas de hoy ni siquiere tienen idea de lo que fue un estado de sitio que, por ejemplo, obligaba a que los restaurantes se cierren a la 1 de la madrugada, que los policías o militares entraban a la casa de uno sin aviso previo, o que se era detenido en la calle para, si los represores así querían, desaparecer de un plumazo.
Hacer periodismo en medio de ese trajín era otro cantar. La dictadura fue implacable con toda la prensa.
Hoy, mediante la libertad de prensa se llega a las fronteras del hartazgo, contaminación, obesidad, exceso, informativos, a lo que debemos añadir aquellas difamaciones y calumnias arropadas de noticias.
Entonces, ¿de qué se quejan algunos periodistas del nuevo tiempo?
Aldo Zuccolillo y sus 80 carraspeos
El 1 de julio, hoy, es el cumpleaños de Aldo Zuccolillo, el dueño y director del diario ABC Color, a quién sus empleados y sus ex empleados, como yo, no lo llamamos ni por su nombre ni por su apellido y, mucho menos, con el agregado de "señor" o "don", porque él nos enseñó así. Le decimos "Dire" a secas. Con el tiempo, a mi al menos, no me sale y hasta me veo ridículo imaginando decirle "Don Aldo", "don Acero" (su apodo) o "Señor Zuccolillo". Si le llamara así me parece que no sería él. El dire es el "Dire" y ya está.
Su escuela de periodismo es su diario. El Dire jamás estudió en universidad alguna para hacerse periodista, porque es periodista (un día, cuando fue mi testigo de casamiento, a la pregunta del juez, contestó que era periodista). Y le voy a trepar bien ya luego: es un gran periodista.
Vuelvo a su cumple.
Recuerdo aquellos años de cuando yo tenía la honra de formar parte del cuerpo de redactores de su diario. ¡Qué panzada nos dábamos con el borí - borí que nos servía Graciela, su esposa, en la misma redacción! Supongo que esa costumbre debe mantenerse ya que, el 1 de julio, es fecha feliz en ABC Color.
El Dire no era de esos que gustaban aparentar. Pero su austeridad no era como para que todos sus empleados vivamos en limitaciones. Doy fe que a todos sus colaboradores da una mano oportunamente. El primer coche cero kilómetro me lo dió él, prestado, pero era como si fuera mío. A todos nos ayudó a hacernos de la casa. Por muchos años se desplazaba en su coche Mercedes azul oscuro, mientras otros empresarios cambiaban de auto cada año.
¡Cómo olvidar aquellos tres meses de sueldo que nos pagó tras el cierre de ABC en 1984 y nosotros, periodistas, nos quedamos en pelotas!
Decía que el Dire es un gran periodista.
Viene de los tiempos de los belinógrafos (con mucho cariño) y se mete como un piloto de caza, en las brumas de las nuevas tecnologías haciendo suya cada herramienta virtual de Internet para que su diario siga siendo líder.
Tiene el olfato del cronista que está ante una "bomba", una barrega como dicen en México a una noticia falsa, o; un "cañonazo", la noticia inesperada, como cuando murió asesinado Aldo Moro en Italia y de cuando ordenó, como en los antiguos periódicos, colocar una pizarra en la vereda de ABC con un escrito a tiza: "Asesinaron a Aldo Moro". Es todo un almuédano asunceno.
No puede ser de otro modo para poner adelante durante 42 años un diario. Ontendé la vitrola.
Ese "fideito" que salía de su máquina eléctrica azul (¿la tendrá todavía?) era terrorífico para los cronistas.
Resulta que él era el primero en llegar al diario. Llegaba habiendo leído la edición del día, se sentaba junto a su máquina y escribía, por ejemplo: "Mauro: reportear a fulano sobre el titular de tapa de hoy; Gautín: el presidente del Banco Central debe explicar tal cosa; Efra: ¿qué pasó con el contrabando de semilla?; Inchi: leña, leña; Juan Carlos: aplazado, salimos tarde". Extraía el papel de la máquina y, con una tijera, cortaba en rodajas (a esto le llamabamos "fideíto") y entregaba a cada periodista, "su" tira, a la hora del desayuno en la Redacción, a las 7.30.
Así, pisando los talones al periodista, al fotógrafo, al chofer, al gerente de publicidad, al distribuidor, armó un gran diario del cual han salido, con algunas excepciones claro, grandes periodistas, fotógrafos, escritores, historiadores, hombres de empresa.
Yo me hice periodista en el diario del Dire, de la mano de "Lubén" Cèspedes, mi profe en la universidad. Bien o mal me siento un profesional realizado mediante la buena voluntad del Dire que me dió la oportunidad de formarme allí (en otra oportunidad les contaré que tres veces me dijeron en mis tiempos de practicante en la Redacción que no me tomaría como periodista de planta. Perseveré).
hoy, al cumplir años, un virtual abrazo a Acero Zuccolillo, un tipazo, alguien que marcó el nuevo rumbo del periodismo en Paraguay; un hombre que, de un carraspeo, creó un nuevo estilo de nuestra prensa ¡Felicidades, Dire!
Su escuela de periodismo es su diario. El Dire jamás estudió en universidad alguna para hacerse periodista, porque es periodista (un día, cuando fue mi testigo de casamiento, a la pregunta del juez, contestó que era periodista). Y le voy a trepar bien ya luego: es un gran periodista.
Vuelvo a su cumple.
Recuerdo aquellos años de cuando yo tenía la honra de formar parte del cuerpo de redactores de su diario. ¡Qué panzada nos dábamos con el borí - borí que nos servía Graciela, su esposa, en la misma redacción! Supongo que esa costumbre debe mantenerse ya que, el 1 de julio, es fecha feliz en ABC Color.
El Dire no era de esos que gustaban aparentar. Pero su austeridad no era como para que todos sus empleados vivamos en limitaciones. Doy fe que a todos sus colaboradores da una mano oportunamente. El primer coche cero kilómetro me lo dió él, prestado, pero era como si fuera mío. A todos nos ayudó a hacernos de la casa. Por muchos años se desplazaba en su coche Mercedes azul oscuro, mientras otros empresarios cambiaban de auto cada año.
¡Cómo olvidar aquellos tres meses de sueldo que nos pagó tras el cierre de ABC en 1984 y nosotros, periodistas, nos quedamos en pelotas!
Decía que el Dire es un gran periodista.
Viene de los tiempos de los belinógrafos (con mucho cariño) y se mete como un piloto de caza, en las brumas de las nuevas tecnologías haciendo suya cada herramienta virtual de Internet para que su diario siga siendo líder.
Tiene el olfato del cronista que está ante una "bomba", una barrega como dicen en México a una noticia falsa, o; un "cañonazo", la noticia inesperada, como cuando murió asesinado Aldo Moro en Italia y de cuando ordenó, como en los antiguos periódicos, colocar una pizarra en la vereda de ABC con un escrito a tiza: "Asesinaron a Aldo Moro". Es todo un almuédano asunceno.
No puede ser de otro modo para poner adelante durante 42 años un diario. Ontendé la vitrola.
Ese "fideito" que salía de su máquina eléctrica azul (¿la tendrá todavía?) era terrorífico para los cronistas.
Resulta que él era el primero en llegar al diario. Llegaba habiendo leído la edición del día, se sentaba junto a su máquina y escribía, por ejemplo: "Mauro: reportear a fulano sobre el titular de tapa de hoy; Gautín: el presidente del Banco Central debe explicar tal cosa; Efra: ¿qué pasó con el contrabando de semilla?; Inchi: leña, leña; Juan Carlos: aplazado, salimos tarde". Extraía el papel de la máquina y, con una tijera, cortaba en rodajas (a esto le llamabamos "fideíto") y entregaba a cada periodista, "su" tira, a la hora del desayuno en la Redacción, a las 7.30.
Así, pisando los talones al periodista, al fotógrafo, al chofer, al gerente de publicidad, al distribuidor, armó un gran diario del cual han salido, con algunas excepciones claro, grandes periodistas, fotógrafos, escritores, historiadores, hombres de empresa.
Yo me hice periodista en el diario del Dire, de la mano de "Lubén" Cèspedes, mi profe en la universidad. Bien o mal me siento un profesional realizado mediante la buena voluntad del Dire que me dió la oportunidad de formarme allí (en otra oportunidad les contaré que tres veces me dijeron en mis tiempos de practicante en la Redacción que no me tomaría como periodista de planta. Perseveré).
hoy, al cumplir años, un virtual abrazo a Acero Zuccolillo, un tipazo, alguien que marcó el nuevo rumbo del periodismo en Paraguay; un hombre que, de un carraspeo, creó un nuevo estilo de nuestra prensa ¡Felicidades, Dire!
Mario Abdo Benitez
Los tiempos pasan rápido. Han transcurrido 20 años desde que se fue Alfredo Stroessner y ya hay una nueva generación paraguaya que vino después. Estos, quizás, sepan poco de los protagonistas de los 35 años de poder de aquel militar fallecido en Brasilia. Entre estos Mario Abdo Benitez (en la foto, a la Der., con Gustavo Stroessner y Alfredo Stroessner) jugó un papel de mucha importancia desde su cargo de secretario privado en la Presidencia de la República.Abdo fue un hombre de escasa formación académica pero su inteligencia y su practicidad nadie puso en dudas, por eso fue muchos años la sombra de Stroessner en el Palacio de López.
Muchas bromas y chistes han brotado a su costilla, precisamente por eso que él adolecía, según la gente, su ignorancia. Sin embargo, alguien que estuvo 44 años en la función pública (un desierto lleno de serpientes) no puede ser tan despistado. De todos modos fue un contador público. Se diga lo que se diga de él, manejó los asuntos políticos como no lo han hecho los más renombrados de su partido, la ANR, llegando a ser reconocido (claro, por los más trepadores) como el “padre espiritual de la juventud paraguaya”.
En la noche del 2 de feberero de 1989 cayó preso en Ciudad Presidente Stroessner, fue procesado por enriquecimiento ilícito y luego liberado. No se marchó del país. A poco tiempo se lo veía frecuentar el parque Ñu Guazú donde practicaba su caminata diaria. Nunca más volvió a las actividades políticas, espacio que ocupó uno de sus hijos.
Nació el 22 de octubre de 1927.
En primera nupcia se casó el 15 de junio de 1946, en Yaguarón, con Modesta Antonia Jara. Él tenía 19 años de edad; ella, 17. Tuvieron tres hijas (una de ellas se llama Rita). Luego se casaría con Ruth Benitez Terrier de Abdo Benitez (Manón) bella y elegante hija de un oficial de caballería. Inmediatamente después del golpe, Ruth abandona a Benitez.
Pudimos rescatar del Registro Oficial dos antiguos decretos del Poder Ejecutivo de la década de 1940 que testimonias sus inicios en las cosas públicas. El 19 de marzo de 1945, por decreto 7.795, se nombra a otro Auxiliar de 4ª. De la Dirección General del Personal del Ministerio de Defensa Nacional en reemplazo del Abdo Benitez, quien pasó a ocupar otro cargo. El 13 de junio de 1947, por decreto 20.357, se acepta su renuncia como empleado militar categoría B-9 de la Secretaría del Ministerio de Defensa Nacional.
Llegó a administrar una importante fortuna. Fue propietario, por ejemplo, de tres edificios en Rosario (Argentina) que, a exigencia de su segunda esposa, los transfirió a nombre de esta.
Muchas bromas y chistes han brotado a su costilla, precisamente por eso que él adolecía, según la gente, su ignorancia. Sin embargo, alguien que estuvo 44 años en la función pública (un desierto lleno de serpientes) no puede ser tan despistado. De todos modos fue un contador público. Se diga lo que se diga de él, manejó los asuntos políticos como no lo han hecho los más renombrados de su partido, la ANR, llegando a ser reconocido (claro, por los más trepadores) como el “padre espiritual de la juventud paraguaya”.
En la noche del 2 de feberero de 1989 cayó preso en Ciudad Presidente Stroessner, fue procesado por enriquecimiento ilícito y luego liberado. No se marchó del país. A poco tiempo se lo veía frecuentar el parque Ñu Guazú donde practicaba su caminata diaria. Nunca más volvió a las actividades políticas, espacio que ocupó uno de sus hijos.
Nació el 22 de octubre de 1927.
En primera nupcia se casó el 15 de junio de 1946, en Yaguarón, con Modesta Antonia Jara. Él tenía 19 años de edad; ella, 17. Tuvieron tres hijas (una de ellas se llama Rita). Luego se casaría con Ruth Benitez Terrier de Abdo Benitez (Manón) bella y elegante hija de un oficial de caballería. Inmediatamente después del golpe, Ruth abandona a Benitez.
Pudimos rescatar del Registro Oficial dos antiguos decretos del Poder Ejecutivo de la década de 1940 que testimonias sus inicios en las cosas públicas. El 19 de marzo de 1945, por decreto 7.795, se nombra a otro Auxiliar de 4ª. De la Dirección General del Personal del Ministerio de Defensa Nacional en reemplazo del Abdo Benitez, quien pasó a ocupar otro cargo. El 13 de junio de 1947, por decreto 20.357, se acepta su renuncia como empleado militar categoría B-9 de la Secretaría del Ministerio de Defensa Nacional.
Llegó a administrar una importante fortuna. Fue propietario, por ejemplo, de tres edificios en Rosario (Argentina) que, a exigencia de su segunda esposa, los transfirió a nombre de esta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)