Quedé gratamente impresionado con la novela "Madame Lynch, una reina sin corona", del paraguayo Nelson Aguilera. Publicado en abril de 2009, la obra de 200 páginas, ofrece un atractivo paseo por 41 capítulos donde personajes varios, especialmente los que han protagonizado la Guerra Grande, se refieren a la pareja de Francisco Solano, incluyendo a éste.
Veo que Aguilera se empapó lo suficiente con nuestra historia para publicar la novela como para poner en primer plano, incluso, a personajes poco conocidos pero que hicieron lo suyo en aquel escenario guerrero, como Juliana Insfrán, la esposa del coronel Martínez; Isidora Díaz, hermana de José Eduvigis, Henry, el peluquero de "la inglesa", como es conocida también en las páginas del flamante libro, entre varios otros, que van presentando a Lynch en facetas varias.
Frente a la novela de Graham Shelby la de Aguilera está mucho mejor documentada. Shelby, de repente, fantasea más allá de las fronteras de lo creíble y si algo debe tener una novela histórica debe ser la credibilidad.
El estilo de redacción del novelista asemeja al de Augusto Roa Bastos en "Yo, el Supremo", aunque un poco más sencillo y breve como para que lector tenga ganas de enganchar al capitulo siguiente.
Para los que no lo conocen, Nélson Aguilera (leo en la solapa del libro) nació en Asunción en 1961, estudios Letras y Lengua Inglesa en la Universidad Nacional de Asunción, haciendo el postgrado en Escocia. Es doctor en Ciencias de la Educación y escribió varios libros.
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AGUILERA, Nelson, "Madame Lynch una reina sin corona", Talleres gráficos de M&M, Asunción, 2009.
Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).
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domingo, 3 de mayo de 2009
viernes, 24 de abril de 2009
La vida privada de un funcionario público
Fernando Armindo Lugo Méndez se equivoca. Un presidente de la República está obligado a llevar una vida decente y disciplinada porque es la cabeza del país. Si él sabía que antes de las elecciones sus desarreglos personales afectarían no sólo a su gobierno sino a toda la sociedad paraguaya no debía haberse presentado a elecciones. No debía haber engañado a sus votantes.
Desde el momento en que Lugo Méndez toma la responsabilidad del gobierno debe saber que por cinco años (si lo completa) su vida privada está íntimamente ligada a su vida pública. A los paraguayos debe interesar la vida privada de su presidente.
Si, así como él y sus voceros nos quieren hacer creer, su vida privada nada tiene que ver con su gestión como primer funcionario público, estaría en el derecho de emborracharse por la calle, mostrar sus partes íntimas a todas las mujeres como lo hace uno de sus policías de la 911 en pleno ejercicio de sus funciones; o puede contrabandear como empresario privado (total lo privado es privado); o puede recaudar para sí como cualquier corrupto; o puede andar por las discotecas farreando como loco en horas de la madrugada y al volver a casa levantarse a algún travesti de la avenida Mariscal López.
Sí, su vida privada tiene mucho que ver con sus gestiones. Hemos tenido en la última década un presidente que en su vida privada fue borracho. Y como nadie le decía nada ya pasó a ser borracho en su vida pública. Ahora que el señor Lugo sepa que muchos le van a sacar en cara su indisciplina privada porque de presidentes indisciplinados el país está hartado.
Un dictador tenía un criadero (nunca mejor utilizada la palabra) de doncellas para que él, en su vida privada, hiciera lo que le cante. Y así nos fue. Porque nadie podía decirle nada (desde luego, era un dictador) hemos tenido toda clase de barbaridades en el país. Stroessner, a él me refiero desde luego, fue un indisciplinado en su vida privada así como descubrimos que es hoy el señor Fernando Lugo. Y por ese desorden íntimo también tuvimos el país que tuvimos y así seguirá siendo en sus manos, porque como es arriba es abajo, como es adentro es afuera, principio metafísico que él sabe como ex cura. Al intentar hacernos creer que su vida privada nada tiene que ver con su vida pública está equivocado por definición y por experiencia.
Si engañó a sus seguidores en tiempos electorales nos engañará a gusto y paladar con el poder del Presidente en sus manos. Eso está visto.
Fernando Lugo debía decir antes de las votaciones del 20 de abril de 2008 que él tenía compromisos de padre con más de un niño. Su sinceridad hubiera sido premiado con el voto de algunos, pero la mayoría lo hubiera rechazado como depositario del voto. Pero no dijo porque él, como cualquier paraguayo, es inteligente y sabe que esa vida privada desbolada lo llevaba a la derrota segura.
Una vez que está en la presidencia como que Lugo busca obligar a entender que una cosa (su privacidad) nada tiene que ver con su calidad de Presidente. Y, pese a sus asesores, mucho tiene que ver, al extremo de promover su obligación moral de dar un paso al costado.
Desde el momento en que Lugo Méndez toma la responsabilidad del gobierno debe saber que por cinco años (si lo completa) su vida privada está íntimamente ligada a su vida pública. A los paraguayos debe interesar la vida privada de su presidente.
Si, así como él y sus voceros nos quieren hacer creer, su vida privada nada tiene que ver con su gestión como primer funcionario público, estaría en el derecho de emborracharse por la calle, mostrar sus partes íntimas a todas las mujeres como lo hace uno de sus policías de la 911 en pleno ejercicio de sus funciones; o puede contrabandear como empresario privado (total lo privado es privado); o puede recaudar para sí como cualquier corrupto; o puede andar por las discotecas farreando como loco en horas de la madrugada y al volver a casa levantarse a algún travesti de la avenida Mariscal López.
Sí, su vida privada tiene mucho que ver con sus gestiones. Hemos tenido en la última década un presidente que en su vida privada fue borracho. Y como nadie le decía nada ya pasó a ser borracho en su vida pública. Ahora que el señor Lugo sepa que muchos le van a sacar en cara su indisciplina privada porque de presidentes indisciplinados el país está hartado.
Un dictador tenía un criadero (nunca mejor utilizada la palabra) de doncellas para que él, en su vida privada, hiciera lo que le cante. Y así nos fue. Porque nadie podía decirle nada (desde luego, era un dictador) hemos tenido toda clase de barbaridades en el país. Stroessner, a él me refiero desde luego, fue un indisciplinado en su vida privada así como descubrimos que es hoy el señor Fernando Lugo. Y por ese desorden íntimo también tuvimos el país que tuvimos y así seguirá siendo en sus manos, porque como es arriba es abajo, como es adentro es afuera, principio metafísico que él sabe como ex cura. Al intentar hacernos creer que su vida privada nada tiene que ver con su vida pública está equivocado por definición y por experiencia.
Si engañó a sus seguidores en tiempos electorales nos engañará a gusto y paladar con el poder del Presidente en sus manos. Eso está visto.
Fernando Lugo debía decir antes de las votaciones del 20 de abril de 2008 que él tenía compromisos de padre con más de un niño. Su sinceridad hubiera sido premiado con el voto de algunos, pero la mayoría lo hubiera rechazado como depositario del voto. Pero no dijo porque él, como cualquier paraguayo, es inteligente y sabe que esa vida privada desbolada lo llevaba a la derrota segura.
Una vez que está en la presidencia como que Lugo busca obligar a entender que una cosa (su privacidad) nada tiene que ver con su calidad de Presidente. Y, pese a sus asesores, mucho tiene que ver, al extremo de promover su obligación moral de dar un paso al costado.
lunes, 13 de abril de 2009
Perdió Lugo
A Fernando Lugo se le hará cuesta arriba a partir de hoy en su gestión de gobierno porque perdió lo que le hizo ganar las elecciones del pasado 20 de abril de 2008: la credibilidad. Esa credibilidad que raya lo sublime, santo y crístico. La gente votó al ex obispo por eso especialmente, por haber sido obispo, porque la gente supuso que ser sacerdote es otro cantar en cuanto a confianza y; si es obispo, ni qué decir.
Muchos paraguayos estaban cansados de los políticos mentirosos, entonces decidieron no votarles.
Para los votantes Lugo era sincero, incapaz de hacer eso que alguna vez Lino Oviedo alentó: embarazar a las mujeres a diestra y siniestra.
Pero...
Desde la mañana de hoy, Lugo perdió. Ya no se le va a creer, porque para ganar las elecciones engañó a la gente. Premeditadamente calló haber tenido relaciones sexuales con una jovencita a quién finalmente embarazó. Engañó con su silencio. Desde luego, que no le quepan dudas: hubiera perdido como en la guerra las elecciones de abril pasado si se sabía que siendo pastor de la iglesia católica andaba haciendo sexo con una mujer de su iglesia.
Hay cosas que en el Paraguay no funcionan: como que nuestros sacerdotes anden acostándose con nuestras hermanas, hijas, primas, sobrinas y hasta esposas. Está visto que lo hacen y, tal vez, con frecuencia regular como los que no visten la sotana. En Paraguay estas cosas no son toleradas. Ni por hombres ni por mujeres.
Muchos paraguayos sabían que Lugo no tendría muñeca para gobernar un país (como ya lo está demostrando, pero le votaron porque preferían un decente que, finalmente no pasó de ser sino "decente") a un patán político que no haría sino lo que ya estaba acostumbrado a hacer desde muchas décadas atras.
Lugo perdió desde ayer.
Perdió lo que tenía ante la gente, la credibilidad, y la confianza, y el respeto. Desde ayer no pasa de ser sino un paraguayo con quién hay que andar con cuidado, hasta con mañas, porque las suyas son iguales a las nuestras. O peores.
Lo siento por sus seguidores, entre quiénes me anoté. Desde luego, me retiro de la manada. Pero no dejo de creer que entre tantos mentirosos de Paraguay deba haber uno que sea capaz de gobernar el país (acortemos: Lugo no sabe cómo gobernar) y que no tenga problemas de hijos okara, como este presidente,cuyo engaño salpicó a profundidad a la iglesia de donde fue jefe y a donde concurre la mayoría de los paraguayos para encomendarse a Dios.
Muchos paraguayos estaban cansados de los políticos mentirosos, entonces decidieron no votarles.
Para los votantes Lugo era sincero, incapaz de hacer eso que alguna vez Lino Oviedo alentó: embarazar a las mujeres a diestra y siniestra.
Pero...
Desde la mañana de hoy, Lugo perdió. Ya no se le va a creer, porque para ganar las elecciones engañó a la gente. Premeditadamente calló haber tenido relaciones sexuales con una jovencita a quién finalmente embarazó. Engañó con su silencio. Desde luego, que no le quepan dudas: hubiera perdido como en la guerra las elecciones de abril pasado si se sabía que siendo pastor de la iglesia católica andaba haciendo sexo con una mujer de su iglesia.
Hay cosas que en el Paraguay no funcionan: como que nuestros sacerdotes anden acostándose con nuestras hermanas, hijas, primas, sobrinas y hasta esposas. Está visto que lo hacen y, tal vez, con frecuencia regular como los que no visten la sotana. En Paraguay estas cosas no son toleradas. Ni por hombres ni por mujeres.
Muchos paraguayos sabían que Lugo no tendría muñeca para gobernar un país (como ya lo está demostrando, pero le votaron porque preferían un decente que, finalmente no pasó de ser sino "decente") a un patán político que no haría sino lo que ya estaba acostumbrado a hacer desde muchas décadas atras.
Lugo perdió desde ayer.
Perdió lo que tenía ante la gente, la credibilidad, y la confianza, y el respeto. Desde ayer no pasa de ser sino un paraguayo con quién hay que andar con cuidado, hasta con mañas, porque las suyas son iguales a las nuestras. O peores.
Lo siento por sus seguidores, entre quiénes me anoté. Desde luego, me retiro de la manada. Pero no dejo de creer que entre tantos mentirosos de Paraguay deba haber uno que sea capaz de gobernar el país (acortemos: Lugo no sabe cómo gobernar) y que no tenga problemas de hijos okara, como este presidente,cuyo engaño salpicó a profundidad a la iglesia de donde fue jefe y a donde concurre la mayoría de los paraguayos para encomendarse a Dios.
La biblioteca
Pero el deseo, explican los metafísicos, es el detonante de la intención y ésta de la ejecución, que es igual que decir que la buena voluntad todo lo hace posible.
Decía que quería ver mi biblioteca.
También, a partir de ese deseo, le reflexioné que lo más importante no es la cantidad de libros sino los libros leídos y aprovechados. Soy de la opinión de leer bien a un autor, aprender y aplicar lo aprendido. En otro comentario decía que el Paraguay necesita de muchos que lean, por ejemplo, "La República", de Platón y que de esos, por dar una cifra menor, al menos 1.000 lectores sean políticos y periodistas. Tendríamos un país diferente.
Si al menos 5.000 paraguayos hayan leído "Yo, el Supremo", el poemario de Ortíz Guerrero y las obras completas de Arturo Bray, y que de esos, al menos 500 sean periodistas y estos, al menos 100 usen lo aprendido a favor de la gente, podemos decir que empezamos a estar en buen camino.
Para que una biblioteca sirva primero debe tenerse la voluntad de divorciarse de la ignorancia. "El yo no leo luego porque soy pobre", "los libros son muy caros", "debo trabajar, no tengo tiempo para leer" no son sino permeables excusas para que sean furgones de cola de quienes desde algún secreto manipula a la gente de escasa formación intelectual.
Es mejor tener una biblioteca con muchísimos libros, pero si se quiere saber para ser más feliz no hace falta sino aprender y aplicar lo bueno que hay en esos libros.
No tengo una biblioteca para mostrar; es más, los tengo en muebles cerrados para cubrirlos del maldito polvo de las comarcas por donde vivo. Tengo una biblioteca, sí, para leerlos en los tiempos que procuro para los libros, así sea en la hora que sea y en el lugar que sea (hoy estuve leyendo una antigua obra de William Barrett sobre Madama Lynch en la larga fila de la Essap aguardando pagar mi factura de agua).
La lectura es un hábito que debemos cultivar siempre en tanto y en cuanto tengamos la gracia de la vista. Se puede leer allí donde se pueda: en la cama, en el living, en el patio, con un mate o tereré de por medio, en el micro, en el avión, en la antesala médica. Este hábito hará que se vaya cimentando el conocimiento en el lector para dar paso, con el tiempo, a la sabiduría.
Me preguntarán cuantos libros tengo, como muchos me han preguntaron. Es que, digo, la cantidad no es importante. ¿Qué tan importante es decir que uno tiene 2.000 o 30.000 volúmenes si en una conversación no aporta, no sugiere, no orienta, no critica por causa de tener 40.000 libros que nunca leyó y que los tuvo solo para decir que tiene una biblioteca muy rica?
(Foto: Fotolia.com)
martes, 7 de abril de 2009
Laura
Laura es la hija de Juan y de Hucha, personas de mi más íntimo afecto. Ella, Laura, está en Alemania, ya que el marido anda de estudios por esas lejanías. La vida es un soplo. Recuerdo cuando ella nació, creció, fue la compañera de Moni, mi hija, en el jardín de infantes luego en la primaria. Recuerdo su adolescencia en casa o en la de algún familiar en común, luego su casamiento y sus viajes.
Laura, o Lauri, como todos la llamamos.
Me recuerda la música y la pelicula de Rafaél, "Laura", que nos llenó de instantes de amores imposibles y suspiros inspirados por el único culpable, Cupido. Aquellos jovenes de la década de 1960, entrando en la de 1970, estamos hecho a la medida de aquella canción con nombre de Mujer.
Desde luego, mucho antes, por aquellos inicios de la era cristiana, Laura no era el nombre de una mujer sino el de los monasterios de la iglesia griega, especialmente en Athos y en Rusia, donde desarrollaban sus respectivas sabidurías, aquellos grandes santos como San Palemón y San Pacomio a fuerza de vigilias, ayunos y oraciones.
Laura también es mi compañera de trabajo, una joven madura mujer que es toda una promesa en las investigaciones históricas paraguayas. Ella es hija de un lejendario futbolista, Adolfo Riquelme, que por la dècada de 1950 llenaba con las glorias de su equipo grandes titulares de los diarios La Tribuna y El País de Asunción.
En mis apuntes sobre el Registro Oficial de Paraguay tengo un decreto, que por curioso lo separé: "Laura" se llamaba una yegua de tiro y silla de la Presidencia de la República subastada junto a otros equinos al servicio del Presidente allá por 1920.
Decía que la vida es un soplo porque la "Laura" de Rafaél va quedando lejos, aunque parezca ayer y; Lauri, ya es una esposa, una mujer grande llena de compromisos con la pareja en un país extraño, hasta que vuelvan ella y él (ojalá muy pronto) y, a lo mejor, comienzan a dar forma a ese compromiso con la naturaleza, sostener la especie.
Laura, o Lauri, como todos la llamamos.
Me recuerda la música y la pelicula de Rafaél, "Laura", que nos llenó de instantes de amores imposibles y suspiros inspirados por el único culpable, Cupido. Aquellos jovenes de la década de 1960, entrando en la de 1970, estamos hecho a la medida de aquella canción con nombre de Mujer.
Desde luego, mucho antes, por aquellos inicios de la era cristiana, Laura no era el nombre de una mujer sino el de los monasterios de la iglesia griega, especialmente en Athos y en Rusia, donde desarrollaban sus respectivas sabidurías, aquellos grandes santos como San Palemón y San Pacomio a fuerza de vigilias, ayunos y oraciones.
Laura también es mi compañera de trabajo, una joven madura mujer que es toda una promesa en las investigaciones históricas paraguayas. Ella es hija de un lejendario futbolista, Adolfo Riquelme, que por la dècada de 1950 llenaba con las glorias de su equipo grandes titulares de los diarios La Tribuna y El País de Asunción.
En mis apuntes sobre el Registro Oficial de Paraguay tengo un decreto, que por curioso lo separé: "Laura" se llamaba una yegua de tiro y silla de la Presidencia de la República subastada junto a otros equinos al servicio del Presidente allá por 1920.
Decía que la vida es un soplo porque la "Laura" de Rafaél va quedando lejos, aunque parezca ayer y; Lauri, ya es una esposa, una mujer grande llena de compromisos con la pareja en un país extraño, hasta que vuelvan ella y él (ojalá muy pronto) y, a lo mejor, comienzan a dar forma a ese compromiso con la naturaleza, sostener la especie.
lunes, 6 de abril de 2009
Jakare Valija

Los paraguayos somos de llorar sobre la leche derramada. Porque somos así casi no tenemos una identidad capaz de cautivar a los extranjeros, como nos cautivan la tradición y la riqueza mantenidas por los europeos, los peruanos, los mexicanos y los centroamericanos.
Los paraguayos llegamos siempre tarde para llorar después esa llegada tardía. Así lo fuimos y así seguimos siendo. Por eso tumbamos la Casa del Gobernador desde donde dirigió el país Francia y Carlos Antonio López, como todas las construcciones que fueron testigos de grandes momentos de nuestra historia.
Ahora una jueza de San lorenzo dispuso que se rematara la casa (foto) de Manuel Irala Fernández, el lejendario "Jakaré Valija", pese a haber sido declarada patrimonio nacional.
En el tiempo Blanca Rojas de Benitez, la jueza en cuestión, se borrará de la memoria de la gente así como borra la casa histórica de Luque. Y pasarán también los herederos que disputan la casa y el supermercado que la quería comprar para ampliar, quizás, su playa de estacionamiento. Todos ellos no serán sino polvos en el infinito universo, no así el legado del valiente guerrero del Chaco. He aquí el punto donde los paraguayos flaquean, para que ante el resto del mundo aparezcan como pusilámines, atrasados, sin ganas de sostener sus tradiciones, sus historias; que somos apenas, en fin, los que lloramos sobre la leche derramada.
viernes, 3 de abril de 2009
La higiene entre los guaraníes

"La civilización guaraní" es probablemente uno de los últimos libros escritos por el sabio Moisés Santiago Bertoni Torreani. Él había fallecido en 1929 y el libro fue impreso en 1927 en la imprenta Ex Silvis, propiedad del suizo.
Este trabajo que nos legara es apasionante. Describe constumbres varias del guaraní de todo el continente, incluso del Caribe, sin dejar de destacar cuestiones curiosas como que algunos guaraníes han vivido más allá de los 150 años de edad.
Pone especial énfasis en la higiene y es lo que me agradaría considerar ahora.
Probablemente el paraguayo, con las excepciones que siempre debe haber, sea uno de los que más se bañan en el mundo, por la temperatura tórrida de la zona. Según Bertoni, los guaraníes se llegaban a bañar hasta 12 veces al día, por lo que - afirmaba - la ropa que los españoles les obligaban a vestir les resultaba incómoda, por el hecho de sacarse a cada rato para darse un baño.
El paraguayo, por varias generaciones, vivió sin zapatos, pero con los pies siempre limpios. Las mujeres pretendidas por algún hombre miraban, primero los pies de éste y si los encontraba limpios eran capaces de ganar su corazón. Pero "el arriero py ky´a" (hombre de pies sucios) estaba condenado a la indiferencia y hasta al rechazo de la dama. Primero estar limpios para llegar al amor.
La "raida poty" tenía por orgullo su higiene en la que basaba la fuerza de su donaire. La frase "che mboriajhu pero che delicado" (soy pobre pero delicado), contempla la limpieza. Una camisa acaso puede estar remendada pero, sobre todo, limpia y planchada. Es el orgullo de los de ésta tierra como un precioso legado de los guaraníes.
La siesta era reservada por los nativos y los paraguayos para dedicarse a la higiene de la cabeza, sobre todo las mujeres. El piojo (ky) perseguía a los guaraníes como estos al piojo. A la siesta era la hora de buscarlos y matarlos, aunque los esfuerzos nunca eran suficientes. El cáncano inspiró palabras que hacen a la cabeza de los guaraníes. Así, por ejemplo, aka (cabeza) y ky, o (sacar piojos) significan lavarse la cabeza o el cabello; kygua, es el utensilio que sirve para extraér piojos del pelo y no tanto el que sirva para arreglarlo. A la larga kygua es el peine. Se decía "kygua verá" a las mujeres que danzaban la galopera con una peineta, de las que introdujeron las españolas al Paraguay y que las usaban especialmente las sevillanas, y que tenías incrustaciones de oro y plata.
La pintura que acompaña este comentario es un trabajo de Roberto Holden Jara y muestra un instante de la ceremonia del "ky´o" o eliminación del piojo en una parcialidad indígena del Chaco.
Cuenta Bertoni que los chiriguanás se lavaban la cabeza con semillas machacadas de ñandyra.
La limpieza, pues, es una de las cualidades de los antecesores de los paraguayos la que se practica hasta hoy. si bien tal vez ya no se bañe, por ejemplo, 12 veces como aquellos en verano, al menos se duchan dos veces al día.
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