Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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lunes, 16 de junio de 2008

La Biblioteca Nacional y la historia paraguaya

Casi a diario, desde septiembre de 2006 hasta septiembre de 2007, me aboqué en leer todos los libros posibles sobre historia paraguaya de la Biblioteca Nacional de Madrid. Tuve la suerte de encontrarme con las obras de muchos historiadores extranjeros de quienes jamás tuve noticias en Paraguay, como Pedro Antonio Vives Azancot, Antonio Zinny, Willian Hadfield, Jorge L. Costamagna, Ricardo Salles y muchos otros sin dejar de mencionar a los paraguayos Carlos R. Santos y Gregorio Benitez que han escrito sobre producción rural y diplomacia paraguaya, respectivamente.
Me llamó la atención tanta documentación tan poco aprovechada por los historiadores paraguayos; al menos esa es la impresión que me causa puesto que muy pocos libros nuevos sobre nuestra historia paraguaya se han publicado en los últimos 15 años en Paraguay. Y viendo la cantidad de libros (alrededor de un millar) sobre el tema en la Biblioteca Nacional de Madrid, me parece una incongruencia de parte nuestra no aprovechar semejante cantera.
También me llamó la atención un libro sobre historia nacional publicado por Dolores Luna Guinot, una historiadora española, titulado “La Guerra Grande (1864 - 1870)”, editado por “Imagine Ediciones”, en Madrid en junio de 2005.
La obra versa sobre la guerra contra la Triple Alianza para cuya publicación la autora contó con el apoyo de la embajada paraguaya en España.
Desafortunadamente este libro tiene varios errores que la embajada paraguaya debiera exigir las correcciones respectivas para una próxima edición.
La española, por ejemplo, escribió que los primeros un toro y siete vacas fueron introducidos en Paraguay en 1546 (p. 14) cuando en realidad fue en 1555; que Delfín Chamorro fue historiador (p. 16), cuando fue docente, gramático y periodista. Menciona a “Luís Batilana De Gásperi” (p. 16) como poeta paraguayo cuando, a lo mejor, debía referirse a Raúl Batilana De Gásperi, añadiendo también como poeta compatriota a un tal Heriberto Fernández (p. 16).
Sus errores, lamentablemente, no terminan allí: afirma que “el líder de la revolución independiente y popular del Paraguay (fue) José Gervasio Rodríguez de Francia” (pág. 26), pero cuatro páginas adelante, escribe correctamente el nombre del prócer: José Gaspar.
En la página 125 Guinot trata de “mariscal” a Bernardino Caballero y afirma que Cerro Corá significa “escondido entre cerros” (p. 199). En fin, los errores son varios por lo que la oficina de Cultura de la Embajada Paraguaya en España debería reclamar las correcciones respectivas.
El doctor en historia Pedro Antonio Vives Azancot, un respetado catedrático universitario, en su libro “El confín norteño del Río de la Plata, Asunción en el último cuarto del siglo XVIII” (editorial de la Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1980) tras demostrar que Paraguay jamás llegó a niveles transcendentes ni para la corona ni ante las demás colonias, afirma: “la evolución colonial de Paraguay disfruto poco de ser la `la provincia gigante´ tal y como la pretendiera Justo Prieto” (p. 63). ¿Para qué nos hicieron creer durante tantos años que Paraguay era la “provincia gigante de las Indias”?
El libro de Vives Azancot está disponible en la Biblioteca Nacional para las personas que escriben sobre historia paraguaya. “Paraguay se quedó en lugar de paso. La precariedad económica de la región fue permanentemente motivo de que los recién llegados a ocupar cargos de gobierno considerasen su destino como provisional. Buen ejemplo eran los obispos que - siempre que lograran sobrevivir al viaje o el mismo cambio climático - procuraban salir de Paraguay en el menor tiempo posible (p. 60), afirma el historiador español.
En el libro “Anales diplomático y militar de la guerra del Paraguay” (Muñoz hermanos, Asunción, 1906, 246 páginas), que tiene la Biblioteca Nacional, Gregorio Benítez, su autor, planteaba algo útil para este tiempo: “El Paraguay conoce por propia experiencia en su pasada guerra, cómo un diplomático mediocre complica y agrava las situaciones. Sabe que un mal agente pierde una causa buena y que un diplomático improvisado compromete los intereses a él confiados” (p. 12). Este libro debiera ser leído por los historiadores paraguayos y, sobre todo, por nuestros diplomáticos y las editoras paraguayas, reeditarlo.
Como se ve, la Biblioteca Nacional de España tiene demasiados materiales como para que los historiadores compatriotas en particular y; el nuevo gobierno, en general, se mantengan de espaldas a la referida prestigiosa y antigua biblioteca europea.

domingo, 15 de junio de 2008

Trenes y tranvías

Nos ufanamos, a boca llena, de tener energía eléctrica en abundancia, pero no tenemos ni trenes, ni tranvías ni trolebuses que los utilicen. En los discursos políticos no faltaron en los últimos 30 años la mención de Itaipú como uno de los orgullos paraguayos, pero ningún gobierno paraguayo de los últimos 20 años explicó por qué no tenemos servicios de trenes eléctricos desde Asunción hacia las grandes ciudades de la región. Viendo en Europa los servicios de modernos y cómodos tranvías así como de trenes, como el llamado “Ave”, que se desplaza a 250 kilómetros por hora, no llego a comprender por qué y para qué todavía se mantiene en Paraguay ese feo peligroso tren de principios del siglo XIX, que no hace sino quemar maderas como manifestando nuestro desprecio a los pocos árboles que siguen en pié en nuestro territorio.
Habiendo un parque de transportes públicos de pasajeros hecho polvo que convierte, sobre todo a Asunción, en la capital de la polución, proclamamos la abundancia energética paraguaya en los folletos turísticos, en las fechas patrias, en los libros de textos, en nuestras conversaciones con extranjeros dentro o fuera del país.
Pero ni siquiera una línea de tranvía como en Madrid, Bilbao y Barcelona tenemos para que nos sintamos, de verdad, felices de tener tanta energía eléctrica. Y ni hablemos de la experiencia europea en materia de trenes subterráneos (en la foto, una línea del Metro de Madrid).
En asuntos ferroviarios nos detuvimos por la década de 1920. A partir de ahí no pasamos de quejarnos contra la inutilidad de nuestros gobernantes. Por 1925 Teodosio González ya se quejaba en su “Infortunios del Paraguay” por la incapacidad de los sucesivos gobiernos de entonces. González fue de la idea de unir Asunción con el noroeste brasileño a través del ferrocarril, pero murió sin haberse movido un papel a favor de la idea.
El tren paraguayo es herencia de los ingleses. Funcionó hasta que cayó a pedazos.
Esa es nuestra realidad.
Pero a la hora de los discursos, nuestros líderes se apresuran recordarnos con profundo e insondable espíritu patriótico que el Paraguay fue el primer país sudamericano en incorporar el servicio de trenes a mediados del siglo XIX durante el gobierno de Carlos Antonio López.
Sí ¿Y qué?
Y que también con el tren de Carlos Casado los soldados paraguayos llegaron hasta Punta Riel para combatir contra los bolivianos durante aquella guerra de la que salieron perdiendo paraguayos y bolivianos.
Y que el ferrocarril paraguayo fue parte de las tantas revoluciones así como de los sucesivos golpes cuarteleros paraguayos.
De los tranvías asuncenos recordamos sólo aquellos tirados por mulitas, parte de la Asunción que siempre dá para escribir, de vez en vez, alguna crónica nostálgica.
Muchos paraguayos se babean escuchando o leyendo historias de trenes, tranvías de mulitas y de la antigua usina de la ANDE.
A pocos, en cambio, importa hablar de la ventaja de tener pronto un veloz tren eléctrico que una la capital con Encarnación, Villarrica, Pedro Juan Caballero, Ciudad del Este y Mariscal Estigarribia. Sobre todo importa un pito a diputados, senadores, líderes de partidos políticos, ministros del Poder Ejecutivo y a los mismos presidentes de la República. A todos, sin excepción.
A ver si me explican por qué los intendentes de Asunción, Luque, Fernando de la Mora, San Lorenzo, Mariano Roque Alonso y Lambaré no unifican criterios para construir una red urbana de trenes tipo “Cercanías” de España, ya que energía eléctrica es lo que más sobra en Paraguay, después del desempleo.
¿Dónde están los concejales colorados, liberales, patriaqueridistas y encuentristas (si todavía quedan) de Asunción y de las referidas ciudades vecinas que aboguen por el servicio de modernos tranvías eléctricos?
Desde luego, no tienen la más pálida idea de emprendimientos prácticos, actuales y necesarios como estos. Claro, llegará una fecha patriótica y de nuevo proclamarán que Paraguay es un país rico, privilegiado, de caudalosos y generosos ríos, de tierra feraz y energía hidroeléctrica que ubica a la nación en posición inmejorable respecto a muchas otras. Mientras tanto, la gente ahora deberá resignarse pagando 2.400 guaraníes por el pasaje urbano porque el petróleo está cada vez más caro.
¿Quién entiende a los paraguayos?

miércoles, 4 de junio de 2008

Instrucción pública

Es el momento oportuno para empezar de nuevo en el país en la instrucción pública que tanto manoseo sufrió en los últimos 60 años. Los paraguayos instruidos en escuelas y colegios durante ese período sencillamente hemos quedado rezagados.
El nuevo gobierno debiera empaparse de los logros de aquellos primeros gobiernos posteriores a 1870 cuando la señora Rosa Peña de González fue designada para reorganizar la instrucción en las instituciones de enseñanza primaria y secundaria.
Ante la falta de maestras y maestros, Rosa Peña, esa gigante de la formación intelectual del país, fue a Buenos Aires donde contactó con quienes serían los encargados de impartir las primeras enseñanzas en la República, entre quiénes estaban las hermanas Celsa y Adela Speratti. Luego creó la escuela de profesores de donde salió la primera hornada de lo que serían grandes educadores en sucesivas promociones como:
Juan Ignacio Lezcano Molinas, Ramón Indalecio Cardozo, Eduardo López Moreira, Héctor Velázquez, Juan Francisco Recalde, Adolfo Aponte, Viriato Díaz Pérez, Félix Paiva, Manuel Riquelme, Reinaldo Decoud Larrosa, Efraín Cardozo Sosa, María Felicidad González, Juan Ramón Dahlquist, entre varios otros.
Luego de la hecatombe social (no encuentro otra palabra más oportuna) que sufriera el país en los últimos años de desgobierno, bien vale aprovechar los aires nuevos para reorganizar los programas de estudios de los niños y jóvenes compatriotas.
Primero debiera recuperarse a los mejores maestros, mientras que se inicia en la preparación de otros en esta carrera contra reloj. Este gobierno debe tomarse el firme compromiso de ayudar a la excelente instrucción de la generación que dirigirá el país a partir de año 2028.
De ahora en adelante nuestros niños y jóvenes deben ser formados con la rigurosidad que exigen las sociedades competitivas en todas asignaturas, incluyendo informática e inglés, sin dejar de dominar - eso, dominar - literatura, historia, ciencias naturales, matemáticas e instrucción cívica.
Miles de jóvenes paraguayos que tuvieron que salir a las disparadas de nuestro país y afincarse en España se encuentran con la desagradable sensación de la marginación porque sus estudios primarios y secundarios (si lo han hecho) son poco menos que lamentable. Y, ni qué decir, cuando tienen la necesidad de hablar con un español. Son jóvenes que han sido vapuleados en las aulas con programa mediocres y maestros con sueldos mediocres.
Estos jóvenes emigrados, mayoritariamente, tienen la oportunidad de compararse con los jóvenes de Europa encontrándose en la dura cuan triste realidad de la marginación por sus limitaciones intelectuales.
Ahora es el momento de iniciar sobre las ruinas de 60 años de manipulación de la enseñanza oficial. Es necesario, para el efecto, reunir a los mejores talentos del país, planificar la inmediata repatriación de nuestras maestras y maestros e invitarlos a volver a clase, previa capacitación si hubiera tiempo.
La ignorancia de la mayoría de nuestra población fue caldo donde se procreó la corrupción de la cual no escapó casi nadie. Esa ignorancia debemos combatir con la buena voluntad puesta en acción No será fácil, tampoco imposible.
El Paraguay debe volver a repetir el éxito de los primeros gobiernos de la postguerra. Si así actuamos, desde algún lugar nos sonreirán las hermanas Speratti, Dahlquist, los Cardozo, Riquelme, María Felicidad González y aquella gran maestra, Rosa Peña.

martes, 3 de junio de 2008

Inmigrantes, como las amantes

Los inmigrantes somos como las amantes: todos nos niegan, pero todos nos necesitan. Quisiera fundamentarles por qué somos como las amantes:
A los que somos inmigrantes nos necesitan donde estamos afincados. Por ejemplo, nosotros los que estamos en España. Aquí, los políticos, algunos columnistas de diarios, los de derecha, los policías, la gente bien vestida y perfumada y otros cuantos señores y señoras dicen de nosotros, en el mejor de los casos, que somos “sudacas” (despectivo de sudamericanos). Y en mi limitada bondad les comprendo.
Pero esos mismos políticos, columnistas de diarios, derechistas, policías y gente bien vestida y perfumada en la sombra de la necesidad recurren presurosos, casi llorosos, buscando consuelos en nosotros, porque sin nosotros no puede construir la casa, no puede refaccionar el piso, no puede atender a los niños y ancianos, no puede limpiar la casa y hacer la comida; no puede sacar los yuyos y recortar el césped del jardín; no tengan quién les sirva la “caña” en la barra del bar al cual concurren . El mundo, en fin, sin nosotros se le viene abajo.
Los inmigrantes sufrimos el desprecio de muchos, sencillamente porque somos inmigrantes; aunque mediante nosotros muchos dueños de casa puedan darse el gusto de tomar un café en algún sitio costoso; aunque mediante nuestras mujeres inmigrantes pueden darse el gusto de asistir a un concierto, a un restaurante, a un parque; aunque mediante ese inmigrante los ancianos puedan sentirse limpios, alimentados, medicados y con el derecho a pasearse tan siquiera por los alrededores de su casa; aún así, somos “sudacas”, los mismos ignorantes, bajados de los árboles, que no saben sino de "necesidades, suciedades y hacinamientos".
Pero ni bien cae la oscuridad de la emergencia, son los inmigrantes quienes dan calma al salvaje galope de sus pasiones. A la luz de su luna nos promete amores eternos y nos dicen que somos los que ellos jamás han conocido. En esas noches nos recitan sus poemas encendidos, nos confiesan sus amores fracasados, nos reafirman sus lealtades a toda prueba.
Los inmigrantes somos las amantes también en Paraguay.
A la luz de la opinión pública nos manosean, reflexionan profundamente inspirados por “nuestras equivocaciones”, generan programas enteros de radio y televisión para poner en tela juicio nuestra decisión de salir de casa. Lo menos que se dice es que somos infieles a nuestras parejas, que todas las inmigrantes se prostituyen, que los inmigrantes viven de sus mujeres, que se emborrachan y que son haraganes; que, en fin, como dijo el mismo impresentable Nicanor Duarte Frutos, hemos venido a España porque tenemos dinero para pagar nuestro pasaje y pasearnos como Dios manda.
Pero ni bien viene la sombra de la necesidad, son los inmigrantes paraguayos los que “se ponen” en Paraguay con sus 750 millones de euros por año, para que el gobierno de Nicanor Duarte Frutos equilibre los desajustes producidos por el robos que practica a diario con todos sus cómplices a las arcas del Estado; para que en las casas no falte que desayunar, comer, merendar y cenar; para que la ANDE no corte el servicio eléctrico; para que el agua no falte en la canilla; para que los importadores vendan heladeras, televisores, vídeos, radios, cocinas; para que los albañiles tenga trabajo; para que los colegios privados cobren por los niños y jóvenes que estudian en sus aulas.
Somos como las amantes furtivas: nos buscan en la oscuridad porque saben que nosotros somos sus fuentes de infinitos placeres, porque somos nosotros los que satisfacemos sus pasiones, porque sin nosotros sus noches se vuelven largas, frías, solitarias, tristes y trágicas.
Todos nos tiran piedras, como a la planta con frutos maduros,
Todos nos niegan como Pedro a Jesús,
Todos pronuncian nuestros nombres en noches de sueño,
Todos nos aman,
todos simulan que nos odian …

García Lorca y Rosales

Dicen que la traición es arma de la que sólo se valen los que son incapaces de toda lucha franca y honrada. Es lo que pensé cuando los textos de historia informan que Federico García Lorca fue capturado por los nacionalistas estando en la casa del poeta Luís Rosales. Un poeta designado a crear el eco de la melodía del universo en el corazón de los humanos, como pensara Rabindranath Tagore, pero que, por salvar el pellejo, prefirió que apresaran al autor de “La casa de Bernarda Alba” y que lo ejecutaran.
Cuando conocí la casa (foto) donde nació García Lorca (hay otra en Granada donde vivió a partir de los siete años de edad) en Fuente Vaqueros, no pensé en su gigante tarea al frente del teatro “La Barraca” con estudiantes universitarios como actores; tampoco pensé en sus geniales obras “Bodas de sangre”, “Yelma”, “Doña Rosita la soltera” ni en sus poemas.
No me impresionó tanto el dormitorio del agricultor Federico García Rodríguez y de la maestra Vicenta Lorca, sus padres, donde todos los muebles de aquellos tiempos (1895 - 1905) siguen intactos; ni la cuna donde era mecido Federico, ni el bordado a mano de Vicenta con el nombre de Luís, su bebé fallecido; ni la cuna, ni el andador ni la sillita de Federico.
Cuando miré el piano de la familia, el cual ejecutaba maravillosamente el poeta, que en su madera como en los negros y blancos de su teclado sintiera el paso de los años, seguí recordando lo que leí en los libros de textos y en los dedicados a su vida: Luís Rosales, poeta granadino, lo entregó a la guardia nacionalista, para ser fusilado el 18 de agosto de 1936.
Es la parte de esta historia escrita a fuego.
¿Qué hubiera pasado si Rosales no haya tenido la cobardía de entregarle?; “probablemente haya sido un premio Nobel, por lo menos”, dijo el guía de la casa donde nació el famoso español.
Una vez capturado García Lorca, el gobernador civil de Granada, José Valdéz, ordenó su ejecución cumplida el 18 de agosto, a la madrugada, en el camino que va de Viznar a Alfacar, junto a dos banderilleros y un maestro nacional, cuyos restos todavía están en una fosa común.
Fue asesinado por los nacionalistas con la complicidad de un "amigo", quién por más medallas que haya logrado después en su vida, sigue siendo el mismo cobarde y desleal que ayudó a cegar la vida del más grande poeta y dramaturgo español del siglo XX.

lunes, 2 de junio de 2008

Junto a las esculturas del cielo

Aquel domingo prometía ser mejor que otras veces en Antequera, un antiguo pueblo del sur español. Fue la primera vez que escuchamos de su existencia, aún cuando tiene más de 4.000 años de edad. Sólo sabíamos del pueblo de Antequera de Paraguay, un puerto sobre el río del mismo nombre, en homenaje al revolucionario José de Antequera.
Decimos que aquel domingo prometía lo suyo, por el viaje que haríamos en coche hasta un paraje llamado "El Torcal", en la montaña. La noche antes nos hablaron de ese extraño territorio; que cuando los dinosaurios andaban sobre la tierra, allí era una profundidad marina. De esto hace muchos años, unos 150 millones, por lo menos.
Descansamos en el hotel con la agradable sensación de la expectativa de lo que pasará mañana; nos sentíamos un niño en vísperas de Reyes ¿Qué tanto descubriremos en una montaña, en un cerro, en unas lomadas, que ya no haya visto en el Ybytyruzú de nuestra Villarrica natal?
Tomamos un desayuno en el restaurante "El Mirador" en la carretera de El Torcal, un lugar alto, desde donde se puede ver el racimos de casas blancas de Antequera, allá abajo. Hay sol, como parte de los días previos al verano en Andalucía. Café con leche y un pan con queso caliente con cierta semejanza a la chipa paraguaya en la terraza, a pleno sol.
Arriba, la carretera es envuelta en bancos de nubes y hace frio. Apelamos al abrigo. En un recodo con espacio para estacionar descendemos. Las piedras están encimadas; como lozas acomodadas unas sobre otras por manos gigantes; las tocamos (el reencuentro con el "hombre de poca fe" de nuestra intimidad), metemos el índice izquierdo entre sus rendijas, como Tomás en las heridas del Maestro. No, esto no hizo el hombre...
Leemos en un panel que esto lo hizo la sedimentación marina, el agua, el viento, el sol, los terremotos, el tiempo en no menos de 150 millones de años. Dejamos de tomar las fotos extendemos nuestros brazos a lo largo de la baranda, inhalando el viento frio de esas alturas en silencio y no se nos ocurre pensar sino en que Dios existe y que sólo Él en su infinita creatividad pudo haber hecho todo esto cuando tuvo ganas de hacerse de un martillo y de un cincel y distraerse en esta parte del mundo creando sus figuras geométricas, esculpiendo en cada parte de esta imponente montaña.
Miramos a lo lejos, por detrás del horizonte serrano, detrás esta la ciudad de Málaga y el mar y, mucho más lejos, a miles de kilómetros, Sudamérica. En esas alturas de frio, nubes bajas, viento y piedra pensamos en lo poco que sabemos de la naturaleza y el daño que la producimos todos los días. En un viaje mental, casi místico, se nos ocurre pensar en lo que sería este mismo sitio dentro de 150 millones de años. Y nada. Hay un vacío en la mente. No somos capaces de imaginar lo que será en ese remoto futuro estas alturas donde posamos nuestros pies, a unos 75 kilómetros de Granada, donde descansan los restos de los reyes de España, Fernando e Isabel, que han hecho posible que el genovés Colón descubriera las tierras hace muy poquitos años - apenas 515 - y donde nosotros naceríamos.
Contemplar esta inmensidad natural donde el agua, el viento, los movimientos telúricos y el tiempo han esculpido estas altas ondulaciones nos hacen pensar que la vida merece vivirse, como proclamaba el obispo Walter Sheen. Que aquí y ahora, entre estas esculturas del cielo, debemos vivirla intensa y felizmente como si dentro de unos minutos tengamos que morir.


viernes, 30 de mayo de 2008

El ordenador y los trapos sucios

Internet hoy nos convierte a todos en vecinos. De esos que pueden mirarse a través de sus respectivas ventanas. Mediante las páginas web, los blogs, el chat y los mails, comunicarnos desde Paraguay a alguna isla del océano Indico no lleva sino lo que dura un suspiro. Los que estamos en España chateamos o hablamos por teléfono o nos “mensajeamos” con nuestros parientes y amigos de Asunción, Buenos Aires o Nueva York como lo más normal de las actividades diarias. Los diarios de Asunción aquí, en Madrid, leemos cuando en Paraguay son las dos de la madrugada por tanto, cuando nuestros familiares se despiertan, nosotros ya sabemos todas las noticias y hasta los dimes y diretes de los políticos, los deportistas y los de la farándula.
Del mismo modo, en Asunción se “devoran” los diarios de España o los de otros países donde están los paraguayos. Y escuchamos la radio de los respectivos países mediante Internet.
Aunque 13.000 kilómetros nos separen, estamos muy conectados. Por tanto, eso de que el mundo hoy es una aldea global es verdad, al menos para quienes usamos esta estupenda tecnología digital.
Valga esta introducción para referirme a un comentario de un compatriota que tuvo la amabilidad de leer un artículo mío en este blog, referente a la cachaca de los paraguayos en España. Este lector no está de acuerdo que dicho artículo mío haya sido publicado previamente en un periódico de Madrid (“Euro Mundo Global”), porque, dijo, no debiéramos ventilar “nuestros trapos sucios” ante los extraños.
Esa manera de ver la realidad es de cuando el Queen Mary o el Mayflower trasladaban a la gente, las cargas y las cartas de uno a otro lugar lejano en travesías de semanas. Creer que publicar nuestras cosas en un periódico europeo es violar nuestra intimidad paraguaya, es como creer que Antoine de Saint-Exepery todavía lleva cartas desde Buenos Aires en su avión Late 25, biplaza hasta Asunción.
Con ese criterio, los diarios de Paraguay no debieran publicar todos “los trapos sucios” porque nuestros periódicos también leen los extranjeros a través de Internet en todo el mundo.
Hoy, desde los satélites no sacan fotos en primerísimo plano cuando estamos caminando por la calle o tomando sol en nuestro patio con altos muros. Los tiempos que corren son, felizmente, muy distintos a los de antes. Esta interacción sostenida entre todos reclama de cada uno que seamos mejores, que procuremos mostrar nuestra capacidad creativa en la música, en la gastronomía, en el espacio intelectual, como gente de a pie. Cuando limitamos nuestra cultura musical exclusivamente a eso foráneo paraguayo, la cachaca, y venimos con esta a Europa, ni siquiera podemos decir que es música paraguaya, porque en verdad, todo viene de la influencia colombiana que supieron vender lo suyo, sí, a los demás, al extremo de hacer creer a los compradores que la música es suya.