Detrás de la puerta, esto

Detrás de la puerta, esto
Procuro que mi blog sea agradable como lo es un buen vino para quién sepa de cepas; como un buen tabaco para aquellos que, como Hemingway, apreciaban un buen libro, un buen vino, un buen ron y un buen puro. Es todo mi intento para cuando abra esta puerta (Foto: Fotolia.com).

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jueves, 13 de diciembre de 2007

Volver al algodón

En tiempos del gobierno de Francisco Solano López el Paraguay tenía una de las mejores producciones algodoneras de América del Sur. Michael Mulhall era el corresponsal en Buenos Aires del diario "The Standard" de Liverpool. En diciembre de 1863 había visitado Asunción para observar la producción del textil; luego, en una de sus crónicas escribiría: "veo algodón a cada paso". Esa materia prima paraguaya llegaba a las hilanderías de Inglaterra.
Durante la guerra contra la Triple Alianza, en 1867, López premiaba a los mejores productores de algodón de Paraguay. El premio instituía desde su cuartel en Paso Pucú. El general López tenía clara en qué rubro estaba depositada la suerte económica del país.
Entre los años 1920 y 1935 el Paraguay vivió un tiempo de oro en la explotación algodonera; con decir que con el algodón se llegaron a cubrir los grandes déficits fiscales acarreados por las constantes revoluciones y hasta por la guerra de tres años contra Bolivia.
Durante la administración de Alfredo Stroessner, especialmente en los años en que el Ministerio de Agricultura y Ganadería tuvo por cabeza al ingeniero agrónomo Hernando Bertoni, se puede decir que el algodón paraguayo llegó a su más alta cumbre. Los resultados científicos encarados por los profesionales paraguayos de dicha cartera de Estado ya son lejendarias. Las añoradas variedades Reba B-50 y la Reba P-279, salidas de la Dirección de Investigación y Extensión Agropecuaria y Forestal del ministerio mencionado, han permitido la tranquilidad económica de más de 130.000 familias campesinas.
Al salir Stroessner el algodón comenzó a decaer en el Paraguay. Muy pronto dejamos de producir nuestras valiosas semillas rigurosamente seleccionadas. Se prefirió la foránea que en menos de tres temporadas hizo perder mercados externos a los desmotadores nacionales. Hubo un precipitado abandono de la siembra, se cerraron varias industrias desmotadoras, creció el índice de desocupación en el campo, aparecieron las deudas impagas, los embargos pasaron a ser costumbres y se iniciaba el largo éxodo de campesinos hacia la Capital, primero y; al exterior, después.
Los investigadores del Ministerio de Agricultura y Ganadería también tuvieron que irse; las costosas infraestructuras utilizadas por la ciencia para el algodón fueron abandonadas. Los bancos privados sintieron los efectos de la recesión empujada por la producción disminuída y muchos quebraron y con aquellos, otras pequeñas, medianas y hasta grandes empresas. El efecto dominó comenzaba su apocalíptica carrera.
Ahora, a pocos meses de tener nuevas autoridades en Paraguay, bien vale volver a poner como eje para la recuperación económica paraguaya la vuelta al algodón. Comenzar de cero, pero empezar y con firmeza y decisión incorruptible. Nuestra nación no pretenda fabricar, por ahora al menos, piezas para transbordadores o automóviles de competición. No, ese no es el camino para que vuelva a generar riqueza. Debe mirar al campo y, en especial, al algodón. Debe trabajar su rica tierra. Debe volver a ser, alguna vez, uno de los mejores productores de algodón en el mundo. Esto también ayudará a que los emigrantes paraguayos volvamos a nuestro país y encontrarnos con una oportunidad de trabajo. La reactivación algodonera puede ser una respuesta oportuna a tanta desesperanza.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Si me preguntan de Barcelona...

...Les diría que por segunda vez la visité y que, como aquella vez, hace exactamente un año, volví a embelesarme por esa genialidad de Antonio Gaudí convertida templo. Si me preguntan de Barcelona les hablaré de la iglesia de la "Sagrada Familia". De la gente que forma fila desde muy temprano para entrar y cautivarse con toda esa maravilla surgida de la buena voluntad de un artista.
Les intentaría explicar de sus formas geométricas y, acaso, no puedan apreciar toda esa joya porque todas las palabras, y las frases, y los adjetivos, y los sustantivos, como los verbos, los gerundios y, sobre todo, los pleonasmos e hipérboles que puedan utilizar seguirían siendo insuficientes para describir eso que hoy, 125 años después de la colocación de su primera piedra, sigue contruyéndose.
Les hablaré de los albañiles que, en aquellas alturas, añaden una piedra, pulen otra, colocan el siguiente vitral, depositan la argamasa con delicadeza cronométrica para la siguiente hilada de ladrillos o piedras.
Les hablaré de las campanadas de su viejo reloj que suenan, fuertes y armoniosas, entre albañiles, ingenieros, guinches, cementos, motores diesel rugiendo y turistas ansiosos de ver, como yo, terminado ese templo que cada vez sube más al cielo.
Les contaré de los jubilados que juegan al bolo en la plaza que se encuentra detrás de la iglesia y que, por ser del lugar tal vez, no se enamoran de esa mole de altos picos, como yo.
Y les contaré también de la Feria de Navidad que hay en la plaza vecina. De todo lo que se vende para las fiestas próximas, como del ramo de eucalipto florecido, algo típico de la navidad barcelonesa. Y de los pequeños del preescolar de muchas escuela, vaya a saber de qué lugar, que invaden los puestos de venta en el sitio. Con esos infantes de protagonistas todo el área era Navidad pura, semanas antes de la Nochebuena.
En otra ocasión les hablaré de las esquinas octogonales de Barcelona.

Ahora quiero contarles una impresión que tuve ayer al pasear por carrer de Valencia, Rosselló, Sardenya, Marina, Lepant, Córsega, Mallorca, las calles vecinas a la iglesia: tuve la impresión que en esas cuadras es la capital de la Navidad, con la Iglesia Sagrada Familia de por medio. Nada menos que la Sagrada Familia. No sé si me explico.
En ese instante pensé que Barcelona es un gran pesebre, con millones de estrellas colgando desde su cielo; con un cartel dorado que dice Gloria, sobre la iglesia, con campanitas de plata y de oro sonando sobre toda la ciudad y, sobre sus nubes, un coro de ángeles entonando el infinito y eterno Santo, Santo, Santo y que dibuja en el rostro de la gente una franca sonrisa, que multiplica abrazos, provoca un te quiero en la familia, y genera un pedazo de pan para el mendigo, una amabilidad del policía, de la limpiadora pública y del conductor del autobús.
Eso sentí junto al templo de Gaudí. Y me sentí fortalecido con ganas de sonreír más que nunca. Con ganas de entonar el Santo, Santo, Santo, aquí en la Tierra, como en el Cielo....

(fotos propias)

lunes, 10 de diciembre de 2007

No les hablaré de Córdoba

No les hablaré de toda la cultura que guarda y luce la ciudad andaluza de Córdoba. No me referiré a sus grandes monumentos romanos y árabes, ni a los cantaores ni a la bella muchacha bailaora de flamenco de "La Bulería".
No.
No me detendré a explicarles el toc horario escuchado en los alrededores de la Plaza de Las Tendillas y que proviene de un reloj que en lugar de sonar como una campana, indica la hora mediante los acordes de una guitarra gitana.
No les fastidiaré contándoles todo lo que se escuchaba desde mi cuarto en el hotelito aquel donde me alojé durante dos noches cordobesas. ¿Para qué les voy a contar que esa entusiasta como ardiente pareja no me dejó dormir como pensé que lograría en dos noches designadas rigurosamente en mi agenda como para el descanso?
No les hablaré del rabo de toro que saboree en la taberna Salinas.
No les hablaré de los bajoneos de Lola. Tampoco les diré quién es Lola. Ni si existe o es de ficción.
Sólo quiero hablarles - permítanme - de esas dos noches llenas de luces navideñas que adornaban las calles por donde anduve. De las miles de caras felices que recorrían veredas, plazas, jardines y avenidas de esta ciudad que vio nacer a Séneca.
Sí.
De esas luces, de esos rostros felices, de ese frió que añadía lo suyo a las noches previas de la Navidad en Córdoba. Y de ese niño que recibe el globo y los chocolatines de manos del abuelo en esa plaza atestada de familias, acaso ansiosas de que la Nochebuena ya esté allí.
Sí.
Quiero referirme a la profunda emoción que sentí al escuchar desde los fuelles de un viejo acordeón las notas del Din, din, don navideño y que me llamó la atención las manos rojas del intérprete rumano, cuyos dedos se paseaban hábiles en las redondas teclas de su acordeón diatónico.

Me llamó la atención el brindis de los jóvenes en aquel bar donde durante dos noches escuché jazz a mis anchas. Que placer verles brindar, felices, por las próximas navidades.
Tuve penas por los dueños del piso que, en plena media noche cordobesa se quemó. Cómo se arreglarán en la Nochebuena, se me ocurrió preguntar mientras me sumaba a los mirones de ese momento.
Porque todos regalaban yo también entré al "Corte Inglés" de la ciudad y compré un libro de Cony Méndez y regalé por Navidad. Y me regalé otro libro que hacía años deseaba leer con tranquilidad.
Y me regalé por Navidad cinco medias italianas...
Y bebí una cerveza, en silencio en medio de la humareda y del jolgorio, porque - pensé - diciembre todo es Navidad. Y que también esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad.
En la añoranza que produce la fecha en medio de la lejanía yo también, disimulando mis callados llantos, disfruté de esa navidad cordobesa, aunque entre los miles de rostros que veía a mi paso no estaban los de Asunción, ni los de Luque, ni los de Villarrica, los de mi barrio, los de mi cuadra.
Por eso...
No, no les contaré otra cosa de Córdoba. Déjenme contarles de sus noches de Navidad....

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Guaí ñeé carê

En 1958 conocí en Villarrica a un niño de mi edad. Había ido con la madre de vacaciones. Ellos vivían en San Bernardino. Nunca me olvidaré de la entonación de su voz que me producía mucha gracia. Me causaba mucha risa y mi madre, por eso, me regañaba. Claro, yo la hacía pasar vergüenza ante la de él.
Pero, en contrapartida, él también se reía de mí al escucharme hablar. Con mi misma sinceridad de niño él se desparramaba en risa escuchándome porque, según él, era yo el que entonaba demás.
Este nene, de cuyo nombre ya no me acuerdo, hablaba con la entonación de los asuncenos; yo, con la de los villarriqueños. Yo era un ñeé carê, pava lata. Pero no me daba cuenta, ni siquiera cuando el de San Bernardino manifestaba su sorpresa a través de la risa.
No.
Me dí cuenta recien cuando nos mudamos a Asunción, en 1961.
En 1962, cuando asisto por primera vez a una escuela asuncena, no saben cuanta risa causé a mis compañeritos de clase. Y como si todo fuera poco, mi maestra me enseñó un recitado para la velada del 7 de abril, día mundial de la salud. Fue una suerte de fin del mundo para mi.
Subí - con mi guardolvo blanco, almidonado y planchado nuevo de paquete - al escenario de la escuela a recitar, con mi entonación guaireña, el escasamente serio "Mi pucherito", recitado que no terminé de decir, porque todo el mundo se reía a carcajada, incluso mi maestra y la directora y, más cuando, desafortunadamente, en medio del recitado abandoné intempestivamente ese maldito escenario.
Hasta ahora no sé si la risa que causé fue por mi ñe´é carê o por el recitado (que hoy, de grande, me parece que era más bien para una nena que para un nene de esa época), o por ambas cosas a la vez.
Debo reconocer que por ñeé guaí y por el recitado aquel casi mi madre me llevó al psicólogo, que por entonces no abundaban como hoy.
Cuando con el tiempo hablé con la entonación asuncena y me iba de visita a Villarrica me daba cuenta del tono regional en el cuarto departamento. Pero esa entonación me sedujo de grande. Los villarriqueños hablan en una nota, por llamarlo así, de alta sensibilidad, de seducción pura, de transparencia, de humildad, de profunda decencia. En su manera de hablar encuentro sinceridad, lealtad, muchisima amistad. Hay tanta humildad en ellos cuando preguntan "¿por queiko?".
Y esa entonación del hablar guaireño marca la personalidad regional. Eso también es cultura. Señala un territorio en cada uno. Es un escudo de cada guaireño. Es su bandera. Es identidad pura. El reconocimiento de un pueblo como sí mismo.
No me desagrada "hablar" como asunceno, pero hubiese preferido "hablar" como villarriqueño y ya no pude. Adopté el acento capitalino. Siempre digo que es mejor parecer auténtico que prestado. De ahí que, hoy residiendo en España, me cuido de divorciarme de mi entonación paraguaya. Muchas cosas copiaré a los españoles pero, a lo mejor, lo de la entonación no se me pegará tanto, ya que a esta altura de mi vida no me queda muy elegante que esté cambiando de tono como de camisa y medias.
Pienso que no debemos avergonzarnos por el tono de nuestra voz. Al contrario. Debemos sentirnos orgullosos. Forma parte de nuestra personalidad. Como tampoco debemos avergonzarnos por hablar en idioma guaraní. Entendiendo así y actuando en consecuencia habremos de aportar lo nuestro para que la nación paraguaya perdure en el tiempo y en el espacio. Es una cuetión de pura buena voluntad.

martes, 4 de diciembre de 2007

Caballos en los inicios del siglo XX en Paraguay

Aunque le parezca increíble, el caballo aportó lo suyo en la historia paraguaya hasta que fuera sustituido por el motor. Este, el motor a combustión, acaso como merecido homenaje al noble bruto, lleva en si un poco del equino por lo que su fuerza se mide por la que es capaz de tener un caballo (Horse Power, HP).
En los primeros veinte años del siglo XX fue, como en todo el mundo donde existía caballo, el elemento indispensable de trabajo. Por entonces, y por muchos años posteriores, el equino y, consecuentemente, el carro, estuvieron presentes entre ricos y pobres cabalgadura o tiro.
Su importancia se inyecta, así las cosas, a los documentos oficiales en los cuales aparecen como parte de los gastos e inversiones del Estado. La Presidencia de la República del Paraguay, las Fuerzas Armadas y la Policía se constituyen en este sentido como las instancias que más mencionan al caballo (incluyendo a mulas, bueyes, carros y carretas) en resoluciones, decretos y leyes y que pueden ser leídos en los archivos de la Imprenta Nacional, Biblioteca Nacional y algunas bibliotecas privadas.
El Paraguay sufrió varias guerras civiles a lo largo de su historia; en la etapa comprendida entre 1900 y 1920 transcendieron las de 1904, 1909 y 1912, en los cuales el caballo fue el principal medio de transporte de los combatientes. El tren fue otro.
En cada revolución las estancias paraguayas eran ocupadas por los revolucionarios (de uno u otro bando) en busca de caballos que eran requisados sin decir agua va. Los ganaderos sufrían la permanente requisa por la que cobraban, con suerte y paciencia, algún tiempo después al gobierno, siempre que no hayan guerras civiles que entorpezcan las gestiones.
Desde 1912, los sucesivos gobiernos paraguayos se vieron en la necesidad de pagar a los ganaderos por sus animales requisados, a la fuerza claro, por uno u otro contendor. La revolución, estaba vista, era imposible sin caballos.
Grandes empresas proveedoras de forrajes han funcionado en el Paraguay en los primeros veinte años del siglo XX al sólo efecto de responder la demanda de alimentos para caballos. Grandes sumas de dinero eran destinados del presupuesto nacional a la compra de forrajes para la caballada de la administración pública.
Por el año 1920, cuando el gobierno ya usaba vehículos motorizados, no dejaba sin embargo de apelar a sus caballos. Así, en la Presidencia de la República había unos cincuenta equinos (caballos, yeguas y potrancas) para montado y tiro y que, según un decreto firmado por José P. Montero, fueron llevados parcialmente a remate, incluyendo tres coches “Victoria” y dos coches (carros) “Coupé” “en mal estado”. Los animales habían comprado “el señor Papalardo” (sic.) y Chiriani. Este también fue el adquirido el coche “Victoria” “en buen estado”.
Hipología se llamaba una materia en la flamante Escuela Militar (que luego sería el Colegio Militar “Mariscal Francisco Solano López”) donde estudiaban los primeros cadetes. Por lo que se puede deducir, no era concebible un militar de aquella época que no supiera de caballos.
Consecuentemente, los veterinarios eran verdaderas piezas humanas claves en las estructuras militares del país, por lo que La Remonta pasó a ser como la niña bonita del Ejército paraguayo.
Con la masificación de los transportes motorizados, el caballo pasó a segundo plano en el Gobierno paraguayo. A partir de la década de 1950 su uso fue reducido a lo necesario para cubrir necesidades de seguridad.

La Navidad y "Los 3 Sudamericanos"

Por aquellos años de la década de 1950 y comienzos de los de 1960, en Villarrica era un placer visitar los pesebres de los vecinos de Santa Librada, Paso Pé y Lomas Valentinas. El pesebre de los Aguilar, cerca de la escuela "Paso pé", era muy concurrido por las sopas paraguayas, el clericó y las gallinas asadas a toda hora con los que convidaban a las visitas. Eran días felices que los mitaíes teníamos licencia de nuestros padres para el mbocapú de los mbocavichos y bombitas que comprabamos del almacén de don "Pichí", a dos por un guaraní.
Por aquellos años todavía, que yo recuerde, las fiestas navideñas paraguayas no tenía un grupo musical nacional como luego, a partir de mediados de la década de 1960 por ahí, serían "Los 3 Sudamericanos".
Desde entonces no solo recordaré las navidades villarriqueñas de ni niñez sino también de cuando escuchaba en las radios asuncenas (para entonces ya nos mudamos a la Capital) los acordes del "Din, din don" o "Navidad de flor de coco" sonando por radio Teleco, Paraguay, Comuneros, Nacional, Ñandutí, Guaraní y Cáritas (las únicas radios capitalinas de entonces) con la ya inconfundible primera voz de Alma María Vaezquen de "Los 3 Sudamericanos".
Desde entonces, las navidades paraguayas no son completas sin las canciones de ese genial grupo paraguayo y que hasta hoy cantan cada vez mejor. Desde entonces no me son completas las fiestas de Nochebuena si no están a través del disco Alma María, Johnny Torales y Dionny (quién reemplazo hace muchos años a Casto Darío Martínez) desde que comienza el mes de diciembre.
Hoy, estando yo radicado en Madrid no me son suficientes las bombillas lumínicas de las calles Alcalá, Paseo de Recoletos, de Gran Vía, de las iluminaciones magestuosas del Palacio de las Comunicaciones (que son todas muy bellas) si no escucho, tan siquiera un poco, algunas añejas canciones alusivas a las cristianas fechas, pero interpretadas por "Los 3 Sudamericanos". Como a miles de paraguayos, a mi también se me antoja que la Navidad no es completa sin estos estupendos intérpretes paraguayos y que se ganaron el cariño de todo el mundo latino.
Los paraguayos damos mucha importancia a la Navidad y a todos los elementos que la componen: al clericó, a la flor de coco, al ñembocapú ape ha pepe, la reunión familiar en el jardín, el calor de infiernos de esas noches paraguayas, a los abrazos de la medianoche y a las canciones interpretadas por "Los 3 Sudamericanos" y que habrán de sonar a todo volumen en el equipo de sonidos sacado en el jardín para el efecto.
Todos esos componentes no tendremos los paraguayos que pasaremos esas importantes fechas en España. Pero tenemos cerca nuestro lo que no tendrán todos los paraguayos que pasarán en nuestro país esta Navidad. Nosotros tenemos en España a "Los 3 Sudamericanos" y yo, como si todo fuera poco, les tengo como amigos. A ver si por ahí me doy el gusto de ser invitado por ellos...o que yo les invite. Será una de mis mejores 55 navidades. Es que ellos son excelentes...son la Navidad con aroma a flor de coco, son la Navidad del Paraguay.

Los últimos tiempos de Nicanor

Dentro de ocho meses el presidente Nicanor Duarte Frutos habrá de juntar sus pertenencias personales de los cajones de su escritorio y se vá del Palacio de Gobierno. Seguramente días antes se habrá de marchar de la Casa Presidencial de la avenida Mariscal López. Estrenará, seguro, una casa de película. Ese 15 de agosto, a lo mejor, ni bien entregue la banda presidencial al sucesor electo se habrá de mandar a mudar a alguna playa porque, para eso y muchos caprichos más, plata es lo que más le sobra.
Desde luego, a partir de finales de abril será el hombre más solo del Paraguay, así gane su candidata Blanca Ovelar. Ni bien las urnas revelen quién será el nuevo inquilino del Palacio de López, don Nicanor tendrá suficiente tiempo para leer las últimas obras de García Marquez, las felices ocurrencias de Helio Vera o, si quiere, "Nido de narcos", mi libro sobre narcotráfico en el Paraguay.
Porque tiempo, sí va a tener de sobra. Nadie le visitará. Nadie le llamará por teléfono sino para reclamarle algo. Nadie perderá su tiempo sometiéndose a largas antesalas en la pieza contigua a su oficina. No le invitarán para inaugraciones de escuelas, hospitales, calles, plazas, seccionales coloradas, puentes; ni para cumpleañitos infantiles. Será el campeón del tiempo libre. Tendrá tiempo para recorrer los pasillos del Palacio y hasta puede que visite la sala de prensa para charlar con los colegas, con los mismos a quienes tenía por enemigos.
Empezará a sentir la soledad del poder.
Y, como lo conocemos un poco acelerado, se pondrá nervioso. Esta soledad será para él lo que fue el viento norte de julio y agosto para Rodríguez de Francia. Y despediría a embajadores, ministros, presidentes de entes públicos. Los militares de alta graduación que vayan buscando pista para bajar. A lo mejor, igualmente, se enojará mucho porque los funcionarios a su cargo ya no le darán bolilla sino al electo.
Como el nuevo presidente habrá de ser el nuevo ocupante de Mburuvichá Roga tendrá que desalojar ese recinto con cierta antelación para que se arreglen los baños, se destranquen las cañerías, se cambien las tejas rotas, se pinten las paredes, se fumigue y se metan los muebles nuevos de la nueva familia presidencial. Serán meses de atender la mudanza.
Me supongo que sus últimos días de poder utilizará igualmente para la transferencia de propiedades. A lo mejor desde el 15 de agosto de 2008 aparecerá como absoluto propietario de las estancias, que por ahora supuestamente es nomás de un pariente suyo, y aquel avión a chorro que le regaló un industrial cigarrillero, ¡por fin!, estará a su nombre y no al de un militar de la Fuerza Aérea. A propósito, a lo mejor ya está muy preocupado por ese avión a reacción que venía usando y que estaba guardado en el hangar de Ramón, un amigo suyo, y que casi todas las noches salía con rumbo desconocido.
Sus vecinos de barrio "El Tronquito" de Coronel Oviedo, también ¡por fin!, podrán documentar todo lo que sabían de antemano: las casas que había comprado usando a la parentela.
A lo mejor, desde el 15 de agosto de 2008 aparezca al frente de alguna empresa de comunicación. Quizás algún diario, alguna radio o un canal de televisión. O un holding. Plata tiene para comprarse ahora mismo ABC, Ultima Hora, La Nación, Ñandutí, Canal 9, Primero de Marzo, Cardinal. Sí, el gobierno le fue fructífero, ya verán.
Y no faltará periodista que de criticarle pase a defenderle cuando trabaje bajo el peso de su dinero. Como hizo Wasmosy ni bien pasó a ser ex presidente. Se recordarán que (Wasmosy)había comprado radio Uno, el diario El Día y El Popular. Una venenosa detractora de sus gestiones pasó a convertirse en su más ardiente defensora porque fue contratada, nada más y nada menos que para directora de su radio.
Quién sabe si desde el 15 de agosto, ya como legítimo propietario de alguna radio, Víctor Benitez no sea su azote con el cual seguirá dando a sus miles de detractores.
En los ocho meses que le queda de poder tengo la legítima tentación de pensar que ya tiene armado su equipo de abogados para lo que vendrá: querellas y reclamos judiciales a tutiplés. Los agujeros negros de su administración serán el deleite de abogados, contadores, consultores de todos los orígenes, analistas, periodistas, chamanes, políticos de nuevo cuño y de los flamantes ministros, viceministros, directores y jefes de secciones. Aduanas, Itaipú, Ande, la telefónica estatal, Yacyretá, Vallemí, Hacienda, Banco Central, Obras Públicas, guardan seductores secretos administrativos que empezarán a salir a la luz del sol desde el 16 de agosto con la magia venida de la mano del nuevo Gobierno.
Entonces, don Nicanor, que no es un nene de pecho, se hará de su propio equipo de abogados. Suponemos que cada profesional, dicho sea de paso, no le cobrará el sueldo mínimo por el servicio. Menudo trabajo espera al letrado a su cargo que, por un buen puñado de dólares, se jugará el prestigio personal y profesional defendiendo lo indefendible.
Esto es lo que se viene para el presidente que se va luego de cinco años de una administración que sólo le fue útil a él, sus parientes y a sus amigos. Ahora ya es tarde para desandar caminos. Don Nicanor hizo todo el esfuerzo necesario para que el país esté patas para arriba. Y logró su objetivo. Desde que asumió el poder procuró para que miles y miles de paraguayos huyeran de su tierra. Y logró su objetivo. El plan administrativo de nuestro ovetense Tendotá procuró dejar sin comida a miles de familias compatriotas. Y ¡vaya que lo había logrado con notas sobresalientes de la Logia Universal de la Delincuencia Suprema!
Quizás, la vida da muchas vueltas, por ahí y en meses más venga a España y que más de un paniaguado compatriota le invite a su casa, a sentarse a su mesa, a salir a tomar una cerveza por ahí como si no pasara nada, como si todo estuviera justo y perfecto en los 406.752 kilómetros cuadros de Sudamérica que parece que todavía es de Paraguay. No faltará quien se fotografíe con él junto al oso de la Plaza del Sol, que le acompañe a escuchar un mariachi en la Plaza Mayor de Madrid o a visitar a los paraguayos un domingo cualquiera en Valdeacederas. No faltará, en fin, quien proteja su relación con otro nefasto presidente paraguayo bajo la frase "lo pasado, pisado". En este sentido espero equivocarme; por lo demás, Nicanor empieza ahora a poner sus barbas en remojo.